#Reseña Queer Eye, una serie para hombres

Queer Eye es un reality show que parece una tontería, pero resulta ser una enorme contribución desde la cultura mass media hacia la inclusión socio cultural y la visibilización de minorías sociales, sexuales y culturales.

«Queer eye, for the straight guy» fue estrenado en el año 2003. La serie original se tradujo como «Una mirada Queer, para chicos heterosexuales», y fue un éxito que logró extenderse por cinco temporadas hasta el año 2008.

Diez años después, Netflix lanza una nueva versión titulada simplemente Queer Eye. El formato del show es sencillo: una persona postula a un ser querido para que los «Fabulosos Cinco» lo ayuden, comprándole ropa, muebles y un corte de pelo.

El show muestra que es posible realizar transformaciones personales a partir de pequeños cambios en el modo de vestir, de aprender a cocinar algo sencillo, de habitar el espacio donde uno vive o de dedicar un momento a peinarse.

La cultura patriarcal y machista en la que vivimos muestra que mantener un aspecto físico «arreglado» es algo exclusivo de las mujeres. Por su parte, Queer Eye demuestra que la forma en que nos vemos se relaciona con la forma en que nos sentimos. La serie demuestra que siempre se pueden realizar cambios, ya sea desde nuestra esencia hacia nuestra apariencia, o al revés: desde nuestra apariencia hacia nuestra esencia.

Queer Eye es una serie que trasciende la mirada binaria sobre los géneros femenino y masculino, y nos demuestra que estar bien es un asunto de todas las personas, más allá de su condición sexual o de su género. Aún así, recomendamos a los varones que se sientan sensibilizados con estos tiempos feministas que derriben sus prejuicios sobre las «series de chicas» y le den una oportunidad a Queer Eye, a la mirada queer.

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«Internaciones involuntarias» como secuestros

Todos los 26 de junio, junto a organizaciones de todo el mundo, la ONG Intercambios promueve en Argentina  la campaña global Support. Don’t Punish (Acompañe. No Castigue), que busca resignificar mensajes, promoviendo el acceso a intervenciones de reducción de daños y la eliminación de la criminalización de las personas que consumen drogas.

Escritura Feminista entrevistó al escritor, investigador y periodista Pablo Galfré, autor del libro La Comunidad, viaje al abismo de una granja de rehabilitación.

 


Escritura Feminista: ¿Qué busca la campaña #AcompañeNoCastigue?

Pablo Galfré: El 26 de junio fue establecido por la ONU como el día internacional de la lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas, pero hace algunos años se resolvió que debía ser el día de «acompañar sin castigar» a las personas que hacen uso de sustancias ilegales.

Se trata de tener una visión mas holística y compleja, en vez de una visión prohibicionista y abstencionista. Proponemos acompañar en vez de castigar, acompañar y preguntar a esas personas qué les pasa.

E. F.: ¿Quiénes y por qué solicitan la clausura de la comunidad terapéutica san Antonio?

P. G.: La solicitud nace de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) y del Órgano de Revisión (OR) de la ley de salud mental de la provincia de Buenos Aires.

Como ya pasó con San Camilo, los miembros de la comisión junto al órgano de revisión resolvieron realizar una inspección a la comunidad terapéutica San Antonio. En febrero, la CPM presentó un habeas corpus en el juzgado N° 6 del doctor Nicolás Ceballos que, si bien fue rechazado, logró que se aceptaran algunas medidas de prueba.

El juez pidió que los internos de San Camilo fueran entrevistados por un equipo de psicología de la municipalidad de Pilar. En el informe, redactado por la CPM y el OR a partir de entrevistas, los chicos reconocen que habían sido secuestrados en sus casas y en la vía publica por los servicios de la granja San Antonio.

El informe constata pruebas de tratos crueles e inhumanos. Los agarraban, los ataban, los «pichicateaban» y los llevaban a San Antonio, donde nuevamente eran atados al comienzo del «tratamiento». Cuando cometían alguna «falta», los ataban con sábanas a las camas. En una habitación, constataron la presencia de menores de edad, más personas internadas de lo habilitado y cucarachas; no había vidrios, no había matafuegos.

E. F.: ¿Qué consecuencias jurídicas generó tu investigación publicada en el libro «La comunidad»?

P. G.: El año pasado, a partir de mi libro, el OR y la CPM inspeccionaron San Camilo, solicitaron la clausura y el Ministerio de Salud de la provincia determinó la clausura. Por otro lado fue elevada a juicio oral la causa sobre la muerte de Saulo Rojas en la granja San Camilo, y la carátula pasó de «muerte dudosa» a «homicidio culposo».

E. F.: ¿Por qué se habla de tratos crueles e inhumanos en comunidades terapéuticas donde se supone los psicólogos, los enfermeros y los psiquiatras te van a tratar de buena manera?

P. G.: Porque secuestran a los chicos en la vía publica y en las casas. Porque apenas entran en la granja, los «pinchan» (como dicen ellos), los sobremedican con drogas psiquiátricas que los dejan convertidos en unos muertos vivos, y después los siguen sobremedicando durante todo el «tratamiento».

San Antonio y San Camilo son los dos lugares que investigué y donde entrevisté a un montón de fuentes con nombre y apellido. Se trata de chicos, chicas, pacientes adultos, ancianos, gente de clase alta, baja, padres y psicólogos que me relatan estos hechos. Los internados eran atados en colchones podridos y malolientes.

Rociaban los colchones con gas pimienta, de ese que usa la policía, para que les quemase el cuerpo desnudo. También les rociaban el cuerpo y los ojos, mientras los tenían atados a la cama con sogas de sujeción psiquiátrica. Chicas tenían que dejarse tocar los senos para recibir cigarrillos. En San Camilo, encerraban a los chicos en celdas y tenían que defecar y orinar en baldes sucios de plástico.

Estos tratos crueles e inhumanos pasan no solo en San Antonio y San Camilo, sino en muchas comunidades terapéuticas que son de puertas abiertas. Les impiden recibir visitas o llamados telefónicos, y eso también es un trato cruel e inhumano.

E. F.: ¿Por qué se habla de secuestro en vez de internaciones involuntarias? ¿Esto es un cambio histórico para la jurisprudencia argentina?

P. G.: Todavía no. El OR y la CPM hablan de secuestros en sus informes. En mi libro, yo los planteo como secuestros porque creo que eso son. En el código penal, no sé si serían secuestros.

Por otro lado, no son «internaciones involuntarias» porque no cumplen con el articulo 20 de la ley de salud mental: no alcanza con tres firmas interdisciplinaras, sino que tiene que constatarse riesgo de vida cierto e inminente. Los consumidores problemáticos de drogas o las personas con una adicción no necesariamente están en riesgo cierto e inminente para sí mismos o para terceros.

Si sos una persona usuaria o paciente de salud mental, tenés que conocer tus derechos garantizados en la ley N° 26.657, enunciados en el artículo 7.


 

#Reflexión Una lengua inclusiva

Soy escritor, pero también soy escritora y escritore. Hay en mi cuerpo aspectos femeninos y aspectos transgénero que se expresan de maneras sutiles en mis procesos creativos. No me ha surgido hasta ahora la necesidad de expresar los aspectos femeninos o transgénero de manera explicita con mi cuerpo.

En este sentido no coincido con la hipótesis que propone Valerie Solanas, en su manifiesto SCUM, sobre el varón como un ser que «es pasivo y desea ser una mujer».

Decidí escribir en primera persona porque creo que quienes más conocemos «la lengua» y «el lenguaje» somos las personas que necesitamos día a día trabajar con ellas.

Ante todo hay que establecer que cuando nos referimos a la lengua, estamos hablando de un idioma, lo que hablamos, escuchamos, leemos y escribimos, pero cuando nos referimos al lenguaje estamos hablando de un sistema de comunicación. Los animales tienen lenguaje, pero no tienen idioma.

El debate que propone el lenguaje inclusivo es sobre los cambios en el idioma tanto escrito como hablado.

El escritor trabaja reuniendo y amontando palabras con la ilusión de poder comunicar algo a sus semejantes. La escritora, también. Pero en mi caso, además de ser escritor, soy varón y tengo la obligación ética de reconocer que como escritor varón en una cultura machista me fue asignado un lugar de privilegio sólo por el hecho de usar mi nombre de varón.

La identidad en las personas que intentamos hacer arte es como el lenguaje, la materia de nuestro trabajo. Les escritores no sólo trabajamos con palabras, sino también con imágenes, emociones e ideas que suceden en nuestro cuerpo.

Una vez un filósofo aseguró que «nada sucede por fuera del lenguaje». Sin embargo, hay cosas que, mal que le pesen a este filósofo, sí lo hacen. Una de ellas es la creación, otra la alucinación y otra el delirio. Estos tres atributos de la naturaleza humana, además de suceder por fuera del lenguaje, son creadores de lenguaje.

En este sentido, el lenguaje inclusivo también es una creación y, como toda creación, necesita transformar estructuras preestablecidas. Antonin Artaud propuso en El teatro y su doble que desde el arte era posible borrar los límites artificiales entre cultura, vida y sociedad.

Quienes creemos que la creación artística puede hacer más bellas nuestras vidas celebramos los cambios en el idioma, más allá de que logremos o no incorporar esos cambios en nuestra vida cotidiana. Tenemos vínculos con personas que antes se referían a nosotros como amigo pero ahora lo hacen nombrándonos amigue, y cuando cambian la «o» por la «e», sonríen.

Y esa sonrisa es suficiente.

Cabeza de globo, con muy buenas intenciones

La invitación de prensa promete lo siguiente: «Tomamos como punto de partida los textos de “Los montes de la loca” de Marisa Wagner (poeta, escritora y loca)«. Vamos al teatro con entusiasmo, emoción y bastante ingenuidad, esperando encontrar en «Cabeza de globo» algo del universo de la maravillosa poeta argentina Marisa Wagner

Al comenzar la obra escuchamos sonidos extraños y perturbadores, sin saber de dónde vienen. Vemos una especie de pecera repleta de globos blancos, en las tinieblas de un humo sutil. La escena dura un minuto hasta que ocho personas terminan de pararse y empiezan a «habitar el lugar».

Ese minuto fue un minuto de belleza, para dar lugar luego a un derrotero de lugares comunes, formas estereotipadas y prejuicios infantiles sobre la locura, la normalidad, el sentido común y, lo que es peor, sobre la memoria de Marisa Wagner.

El diseño de vestuario y de escenografía fue realizado por Victoria Chacón, que aportó la posibilidad de aproximarse a lo artístico. Chacón hizo una lectura sensible acerca de la ironía en la obra de Marisa Wagner, y su trabajo como escenógrafa es generoso, genuino y bello. El diseño de luces acompaña, contiene y cuida a los intérpretes y la dirección. El equipo técnico en general aporta profesionalismo a la propuesta.

Los poemas de Marisa Wagner son pequeños relatos cargados de ironía. «Los montes de la loca» no es sólo un libro: es una pieza de literatura que salvó la vida de Marisa Wagner. Ese libro fue para la autora nada más y nada menos que la diferencia entre la vida y la muerte, el empleo y la desocupación, la libertad y el encierro.

La lectura que realiza la dirección sobre la locura bajo el pretexto del «expresionismo» es por lo menos ingenua. Romina Oslé plasma en escena el conflicto del manicomio desde una posición apolítica, pero sabemos que la posición «apolítica» de la vida también es una posición política, asociada al neoliberalismo y los gobiernos de derechas.

En la otra vereda de la vida, la cultura latinoamericana hoy en día ha empezado a visibilizar a las personas locas como una minoría social y la jurisprudencia avanza en el reconocimiento de sus derechos. ¿Pueden los artistas ser ajenos a estas conquistas sociales? Claro que sí, pero corren el riesgo de volverse unos «cabezas de globo».

La dramaturgia colectiva refuerza la cultura antipsicótica que padecemos, porque abusa de la literatura de Wagner hasta cambiar el mensaje (y, peor aún, la ética) de sus poemas. Ese es el punto en el cual el espectáculo cae: si la literatura de Marisa Wagner es el punto de partida, cambiar su esencia es una forma de abusar de ella.

El espectáculo en general, lejos de ser onírico y expresionista como se presenta en la gacetilla, tiene muchos elementos del art brut. El proyecto tiene todos los elementos necesarios para convertirse en un fenómeno de culto, como sucedió con la película The Room en Estados Unidos, que se proyecta en cines desde el año 2009.

Recomendamos ir a ver este espectáculo, plagado de buenas intenciones, porque de todas formas siempre la última palabra la tiene el público.


 

Documental sobre el origen del orgullo LGBTIQ

«La muerte y la vida de Marsha P. Johnson» es una película obligatoria para quienes defiendan los derechos humanos de alguna minoría. El documental toma la forma de película policial, y narra la investigación que lleva a delante incansablemente Victoria Cruz, quien tiene un propósito: brindar evidencias sobre el homicidio de la activista transgénero Marsha P. Johnson.

Estamos frente a una película excepcional que desde el presente hace historia en la búsqueda de visibilización de los crímenes contra las personas transgénero que suceden en el mundo hace décadas.

La película no tiene grises a la hora de defender a las fundadoras del movimiento LGTBIQ, y plantea un justo reconocimiento a Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera por haber estado presentes en la revuelta espontánea de Stonewall, a partir de la cual la comunidad gay comenzó a defenderse de la persecución, la extorsión y el acoso policial en Nueva York.

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Sin lugar a dudas, esta película pone en crisis valores como «progresismo», «civilización» y «sentido común». Cuando Sylvia Rivera, viviendo en la calle, se lamenta al expresar que «el mundo me volvió loca», uno siente que nada en el mundo tiene sentido.

Sin embargo, la película construye sentido al colocar a estas míticas luchadoras en la memoria de todas nosotras, las personas.

Género: documental
País: Estados Unidos
Año: 2017
Duración: 105 minutos
Director: David France

Disponible en Netflix

«Unsane», una película magistralmente enferma

Steven Soderbergh es el director de esta película que toca los límites de la maldad y los sobrepasa. La película hiperrealista fue filmada íntegramente con un teléfono celular, lo cual le da un tono documental y escalofriante a la historia.

Steven Soderbergh, Claire Foy, and Polly McKie in Unsane (2018)

Sawyer Valentini se mudó de ciudad recientemente para escapar de un acosador, y trabaja en un banco. Un día, buscando participar en un grupo de apoyo mutuo, realiza una consulta psicológica en una clínica privada en la cual es internada en contra de su voluntad.

Los psiquiatras y los enfermeros que la tratan piensan que sufre paranoia. Sin embargo, ella está segura de que el hombre que la acosaba sigue persiguiéndola y ha tomado la identidad de un trabajador de la clínica.

Joshua Leonard and Claire Foy in Unsane (2018)

La película es fuerte y por momentos resulta difícil de digerir. Las sociedades contemporáneas han naturalizados dos formas de violencia hasta volverlas invisibles: la violencia machista y la violencia psiquiátrica.

La protagonista atraviesa un infierno que cualquier mujer que haya sido acosada o psiquiatrizada podrá identificar como real, al tiempo que invisible. En este sentido también se ha vuelto valiosa la consigna feminista «yo te creo, hermana». La película retrata con crueldad y crudeza que a «las locas» nadie les cree.

Juno Temple, Claire Foy, and Zach Cherry in Unsane (2018)

En castellano, unsane significa «insanx», una figura jurídica que representa una condena para muchas personas, porque implica la perdida absoluta de todos los derechos. La insanía, en la jerga jurídica, es la «muerte en vida», que en la película se vuelve la necesidad de la protagonista de sobrevivir al acosador y al manicomio.

Gracias a este tipo de películas podemos ver, comprender y enfrentar una realidad tal cual es. Si estás en un momento sensible, no mires esta película. Pero si querés conocer la mirada de Soderbergh sobre la realidad cotidiana de muchas mujeres psiquiatrizadas, mirala.


 

Una esperanza después de la psiquiatría

Estuvimos presentes en el Primer Encuentro Latinoamericano de Movimientos Sociales en Salud Mental, realizado los días 11 y 12 de mayo en Santiago de Chile con una asistencia de unas 400 personas y que tuvo como protagonistas a personas usuarias y sobrevivientes de la psiquiatría.

Locos por nuestros derechos y Autogestión libremente son las dos agrupaciones sociales que, hoy en día, sobresalen como referencias internacionales al momento de pensar formas de tratar la salud que permitan abolir el manicomio y la lógica manicomial.

Tuvimos el privilegio de participar en una de sus reuniones en la librería Proyeccion y pudimos conocer de cerca su funcionamiento. Una de las tareas de estas agrupaciones sociales,  responsables de sostener el movimiento de la locura y promover el orgullo loco, es mostrar las torturas cotidianas perpetradas por la psicología y la psiquiatría en la vida de miles de personas psiquiatrizadas en el mundo.

Nunca está de mas recordarlo: el negocio de la industria farmacéutica se explaya a nivel mundial. La industria farmacéutica, confabulada con la psicología y la psiquiatría, crea y ubica como «el gran miedo» al brote psicótico, y vende la protección mediante los «psicofármacos».

Sin embargo, en el compromiso social en Santiago de Chile encontramos una alternativa. «Libremente es la mejor terapia, sin ser una terapia«, expresa Carlos, uno de los integrantes de Autogestión libremente. «Quien tiene el amor como bandera, es quien tiene el poder», asegura Rodrigo, otro integrante.

Desde la librería Proyección se organizan distintos grupos como No es lo mismo ser loca que loco, (un grupo de activismo feminista), Larga tu rollo (un grupo de apoyo mutuo) y Niñez libre (un grupo que sostiene una campaña pública para lograr una niñez libre de psicofármacos).

Rayitos de sol desde Leticia Torres

¿De qué trata «Rayito de sol», escrita por Natalia Villamil, dirigida por Cintia Miraglia y desbordada de Leticia Torres? (Sí, «desbordada»: se trata de una actuación que va más allá, porque Leticia Torres desborda la actuación escénica, la estalla y la multiplica).

RAYITO DE SOL, un amor sin tiempo es una travesía femenina de amor. Una mujer que a través de una ventana imagina la vida de las otras y refleja la propia. Relata con humor y dulce melancolía sus peripecias amorosas en las que se cuelan su cotidianidad como mujer, que ilumina con crudeza poética el derrotero que supone superar los miedos, y los obstáculos para vivir su propio deseo.

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Natalia Villamil, la autora de «Noemas», ha dado un salto al vacío con la escritura de «Rayito de sol», su última pieza teatral; nos encontramos con una literatura que baila, canta y pone en crisis las estructuras narrativas que la psicología nos ha enseñado como correctas.

Cintia Miraglia, por su parte, supo poner en escena la estructura exacta para que Leticia Torres pueda desbordarse de actuación. En el aplauso final, se puede ver a Leticia agitada y recuperando el aliento por todo lo que deja en el escenario. Cintia Miraglia supo montar una poética composición entre escenografía, vestuario y música.

El afamado espacio Callejón, en el cual están haciendo temporada, es un espacio muy grande que no cuenta con «patas escénicas» para poder reducirse, y por lo cual pone en manos de la actriz la tarea de captar y mantener la atención de los espectadores durante todo el espectáculo.

Antonin Artaud enseñó que el arte consistía en arder en preguntas. Y Torres no solo arde en preguntas, sino que nos lleva a los espectadores hacia un fuego sagrado en el que podemos entregar todos nuestros prejuicios morales.

«Rayito de sol» es un unipersonal entretenido, divertido y sutil, que nos habla del amor y todas sus formas, incluso aquellas mas temidas.

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ESPACIO CALLEJÓN
Humahuaca 3759 (mapa)
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Teléfono: 4862-1167
Web: http://espaciocallejon.com/
Entrada: $ 220,00 – Sábado – 22:30 hs – Desde el 05/05/2018