Marihuana y feminismo para salir de la Matrix

Valeria Salech, presidenta de Mamá Cultiva Argentina, relata a Escritura Feminista su lucha y la de muchas madres por una mejor calidad de vida para sus hijxs. Una historia sobre feminismo y empoderamiento cannábico, a un día de la Marcha Mundial por la Marihuana.

 

“¿Viste cuando el protagonista de la película sale de la Matrix, y ve las cosas de forma diferente? Bueno, ojalá fuera así. En realidad, son muchos los cables que te conectan con la Matrix y vos vas sacando de a uno”, describe Valeria Salech mientras toma un café en Parque Patricios, su barrio.

Valeria es presidenta de Mamá Cultiva Argentina, una organización que nuclea a madres, familiares de pacientes y usuarixs del cannabis medicinal.

Al descubrir que son las 19 hs., Valeria recuerda una publicidad radial que le molestaba. Decía: “Son las 7 y ¿qué vas a tomar? ¿Un café con leche? No, es hora de tomar una cerveza”. Ella no toma alcohol y detesta la cerveza, porque cree que son hábitos dañinos para la salud e impuestos por el mercado.

“La marihuana no tiene esos niveles de adicción, no es tóxico, no te va a hacer mal al hígado. Y es gratis, cualquiera puede cultivar. Como es algo libre, y no pueden poner el precio que quieran, es criminal, está penalizada”, asegura.

Tiene mirada firme y penetrante, pero habla con calidez. Admite que 2016 fue el año más vertiginoso de todos. Ese año, empezó a golpear varias puertas, a pedir números de diputados, a recorrer el Congreso de arriba a abajo.

En cuestión de semanas, pasó a aparecer en varios canales, a dar entrevistas para muchos medios. Llegó a sentarse en la mesa de Mirtha Legrand para contarle a todo el país cómo había llegado a usar el aceite cannábico cuando todavía era ilegal, para tratar a su hijo menor, Emiliano, que es autista y tiene epilepsia refractaria.

Se enciende un pequeño brillo en sus ojos cada vez que relata que, gracias al cannabis, lo escuchó reír por primera vez mientras miraba dibujos animados.

“Ahora me siento despierta. Desde este lugar, trato de acompañar con amor a aquellas madres que todavía están enchufadas a la Matrix”, cuenta.

Junto con sus compañeras, se organiza para participar de la Marcha Mundial de la Marihuana, que será mañana desde las 13 hs. en Plaza de Mayo, porque, aunque en Argentina rija la ley de cannabis medicinal (N° 27.350), sancionada a raíz de su trabajo y el de todas las familias que se movilizaron, el cultivo casero todavía está penalizado y las políticas de la “guerra contra las drogas” que implementa el gobierno lxs criminaliza y perjudica el acceso de muchxs.

 

Entender la diversidad

Para Valeria, el prejuicio que hay alrededor de la marihuana es lo primero que cae ante la desesperación de ver a unx hijx sufrir los efectos adversos de los medicamentos convencionales. Así fue para ella, que convivía con el estado de ánimo cambiante e irritable de Emiliano cuando consumía a diario Risperidona, un medicamento antipsicótico. Se cerraba, no se comunicaba con nadie y hasta se dañaba a sí mismo de diferentes maneras.

“Cuando algo no encaja, automáticamente se lo patologiza y se lo medica para hacerlo entrar de alguna forma en el sistema”, analiza. Es que, para ella, el autismo no es una enfermedad, sino una condición neurológica y una forma diferente de interpretar el mundo.

“Emiliano es el más sano de la casa. Nos enfermamos todos menos él.  ¿Sabés por qué? Porque es coherente con él mismo, no entra en esas complejidades de somatizar cosas”.

En 2010, Valeria fue a Plaza de Mayo con su marido en el contexto de las marchas por la legalización del matrimonio igualitario y tomó nota de la reacción de quienes estaban en contra del proyecto: “Trataban a la homosexualidad como una enfermedad, y me hacía pensar en los discursos que hay sobre el autismo, porque es eso; es tratar de enferma a una persona que simplemente no percibe el mundo de la misma manera que la mayoría”.

A fines de 2015, cuando Emiliano tenía 9 años, Valeria probó administrarle unas gotas de aceite cannábico, para ver si servía para controlar sus convulsiones de esa forma. Para ese entonces, el chico tomaba cuatro medicaciones diferentes todos los días.

La epilepsia refractaria se diagnostica cuando la persona ya fue tratada con más de dos medicamentos convencionales (es decir, de los permitidos, comercializados y avalados por el Estado) pero los episodios todavía persisten. Es un cuadro clínico resistente a las drogas de laboratorio, ya sea por su naturaleza o por un uso excesivo de estas.

El cannabis significó un cambio rotundo e integral en la calidad de vida de Emiliano y ayudó a disminuir los episodios de convulsiones, por lo que Valeria no dudó un segundo en implementarlo de ahí en más.

“Tenía diez palabras en su vocabulario, hoy las tiene a todas. Habla un montón, repite todo lo que digo, es una radio. Tiene intención de comunicarse, lo cual tiene que ver con un estado de relajación y contrario a la obsesión: si no está con aceite, se pone obsesivo con algunas cosas; con el aceite suelta un poco esas obsesiones y eso da lugar a que se pueda comunicar mejor”, relata Valeria.

Sin embargo, la transición de un tratamiento al otro no fue automática ni fácil. Al haber consumido Risperidona prácticamente toda su vida, Emiliano había generado una dependencia.

“Ahí es donde empezó a desmoronarse mi patriarcado”, cuenta Valeria, electrizada, con bronca en la voz. “Me di cuenta de que lo que me habían vendido era, literalmente, una medicación para adaptarlo a unas normas que no son las de él. Y no sólo no funcionaba, sino que se hizo adicto a eso”.

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Valeria Salech. Foto: Página 12

 

Te discutimos todo, negro

Al haber recorrido el país en plena campaña por la legalización del cannabis medicinal, Valeria tuvo la oportunidad de conocer a muchas personas y escuchar varias experiencias de pacientes y madres.

“Visitamos diferentes provincias y dábamos charlas. En Entre Ríos, en agosto de 2016, dimos una charla para 400 personas. Después, en Córdoba, para 350. En La Pampa y Tierra del Fuego, 400. Yo hablaba por los pibes con epilepsia, con autismo, por la gente grande con Parkinson, por los que tienen esclerosis múltiple”.

“Mamá Cultiva se fue haciendo cada vez más representativo de todo un colectivo de pacientes, familiares y personas que elegían este tratamiento porque sí”.

Algunos de los casos que conoció, los lleva clavados en el pecho. “Hay mujeres que dejan de dar el tratamiento de cannabis a sus hijos porque sus esposos se lo impiden. Una madre me dijo una vez: ‘No le cuento a mi médico que uso el aceite ni loca, me va a matar’. ¿Cómo llega una mujer a decir ‘no le dije porque me mata’?”, se pregunta Valeria.

De eso se trata «la Matrix»: de las violencias instaladas en el sistema de salud, de las ejercidas por el entorno de cada madre y paciente, del mandato social que ubica a las mujeres como las principales responsables del cuidado de los hijos y, por tanto, como las primeras en hacerse cargo de esta lucha.

“Tiene que ver con una relación de poder, donde el médico tiene todo el poder y vos no tenés nada. En donde el médico te dice lo que vos tenés que hacer y vos sos un simple receptor de eso. ¿Dónde están los médicos que comparten con vos las decisiones?”.

Mamá Cultiva Argentina tiene una sede a escasas cuadras de Congreso, donde funciona el Espacio de Contención y de Orientación (ECO) para pacientes y familiares.

Allí, se generan grupos de 7 u 8 personas coordinados por una psicóloga, para acompañar en el tratamiento y guiar una reflexión sobre las relaciones que se construyen con los profesionales de la salud, con el entorno de lxs usuarixs del aceite e inclusive con sus plantas: todo aquello que hace a la salud.

El trato de lxs médicxs es lo primero que se pone bajo la lupa, así como la medicalización compulsiva alentada por el sistema de salud. A través del consumo de aceite cannábico, lxs pacientes suelen prescindir de muchos medicamentos recetados porque los pueden sustituir sin problemas, o tomarlos en menor cantidad porque logran complementarlos.

Emiliano, el hijo de Valeria, pasó de consumir Risperidona y tres anticonvulsivantes todos los días, a consumir un par de gotas de aceite y un medicamento para regular la epilepsia.

Vamos a discutir el sistema de salud heteropatriarcal, hegemónico y mercantilista. Si la madre o la usuaria no se cuestiona cuánto de su salud le pertenece y cuánto de su salud entrega a su médico o médica, no puede avanzar. Esa relación de poder la ponemos en discusión porque somos una ONG con perspectiva de género. Te vamos a discutir todo, negro”.

 

Entre las limitaciones y los puntos ciegos de la ley

El autocultivo está penalizado por el artículo 5° de la ley de estupefacientes (N° 23.737). Cuando Valeria, junto con otras madres, familiares y usuarixs, redactó el proyecto de ley del cannabis medicinal, incluyó la posibilidad de regular y permitir el cultivo casero, pero un dictamen posterior introducido por Cambiemos borró esa parte del texto legal. Por ende, aún es delito y quienes tienen plantas corren el peligro de ser allanados.

“Cuando te allanan, se llevan las plantas y si tenés aceite en la heladera, se llevan el aceite. Yo me muero si a Emiliano le cortan el tratamiento. Además, te pueden imponer un proceso que puede durar una semana o dos meses. Depende de la lotería del juez que te toque, de la celeridad de ese juzgado o si no le entra una causa más importante antes. Mientras tanto, vos estás adentro esperando una resolución”, advierte Valeria.

La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) tiene un Registro Nacional de Pacientes en Tratamiento con Cannabis (RECANN) desde el cual se regula la distribución del único tipo de aceite permitido por el Estado, que sirve solamente para tratar la epilepsia refractaria.

Al existir una amplia variedad de plantas de cannabis, de formas de cultivar y de cepas, también se pueden fabricar diferentes tipos de aceite, cada uno específico para tratar diversas condiciones o enfermedades. Hoy sólo está permitido uno de esos tipos, lo que empuja a muchxs a comprar la sustancia en el mercado negro.

La ley de cannabis medicinal, además, contemplaba el fomento de una producción nacional controlada por el Estado. Recién en abril de este año fueron publicadas en el Boletín Oficial las condiciones que deberían tener los terrenos para que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Conicet cultiven marihuana y la estudien.

Por lo tanto, los avances en la implementación de la ley son pocos y lentos. “Tardaron seis meses en reglamentarla. En ese tiempo, hubo mucha confusión. La gente nos escribía a la página diciendo ‘¿Dónde lo compro?’ o creía que era legal por completo. Aparte, la ley está parada, no tiene asignado presupuesto”, denuncia Valeria.

Como toda conquista, la ley del cannabis medicinal debe ser defendida en la calle, a través de la concientización y en la pulseada por ampliar lo conseguido. “Hay que cuestionarse todo. Hay que entender que pensar en igualdad es también pensar la desigualdad. El feminismo, por suerte, viene con eso”, concluye Valeria mientras toma los últimos tragos de su taza de café.

 


Foto de portada: El Espejo Revista

Todas las voces, todas

El fin de semana del 21 y 22 de abril, se celebró el Primer Parlamento de Mujeres Originarias, para unificar reclamos y posturas de cara al próximo Encuentro de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans. La lucha y el feminismo de los pueblos invisibilizados por la historia oficial.

Para las 15 hs. del domingo 22 de abril, Día Internacional de la Pachamama, en el Polideportivo Municipal de Ensenada se había formado una ronda amplia donde mujeres de las 37 naciones originarias decidían de forma parlamentaria el contenido de un documento para presentar de cara al Encuentro Nacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans 2018.

La mayoría estaba descalza y varias llevaban las vestimentas costumbristas de su comunidad: pañuelos en el cabello, collares de monedas plateadas, vestidos con guardas a la altura de la cadera. Algunas llevaban remeras con la consigna “Sin nosotras, no hay país” y portaban banderas con la leyenda: “Nos queremos plurinacional”. Las banderas Whipala y Mapuche llenaban de color la cancha y las gradas.

El Primer Parlamento de Mujeres Originarias se desarrolló en dos jornadas. La primera fue organizada exclusivamente por y para las mujeres provenientes de las comunidades. Para ello, las asistentes dejaron sus territorios y viajaron durante horas desde diversos puntos del país: Salta, Jujuy, Neuquén, Chubut, Chaco. Para el domingo, se abrió la convocatoria a todas las que quisieran participar.

El evento fue impulsado por la Marcha de Mujeres Originarias por el Buen Vivir, espacio encabezado por la weychafe (“guerrera” en mapuche) Moira Millán, que desde 2015, en su primera movilización al Congreso para exigir la creación de un Consejo femenino y originario, lucha por los derechos de las mujeres y de los pueblos ancestrales.

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“El Buen Vivir es la propuesta de los pueblos originarios para el Estado argentino, para remarcar que en 200 años no supo cómo manejar al territorio y a su gente. Este Estado es genocida, se construye a  partir de matarnos en la pobreza. Planteamos que se puede construir a partir de la armonía entre los pueblos y, sobre todo, la armonía con el medioambiente”, dijo Irma Caupan, vocera de la Marcha.

Construir desde la diversidad y el respeto

Las palabras “compañera” o “camarada” no tenían lugar en el debate: todas eran “hermanas”. El micrófono era coordinado por Moira Millán y toda mujer que quisiera aportar tenía la posibilidad de pedirlo.

El parlamento es un espacio sagrado, de consenso, porque queremos reconocimiento. Un reconocimiento que el Estado nos niega”, dijo Millán y a continuación gritó: “¡Marichiweu!” (“cien veces venceremos” en mapuche) con el puño en alto, gesto que acompañaron todas las presentes.

La demanda que dio origen a la necesidad de reunirse fue la modificación del nombre del evento que todos los años convoca a las mujeres y a las identidades disidentes a discutir sus problemáticas: “Queremos que este año el Encuentro de Mujeres no sea “nacional” sino que sea el Encuentro Plurinacional de Mujeres, porque luchamos por un Estado que tenga en consideración a todas las naciones. ¡Nos queremos plurinacional!”, declaró una originaria ranquel.

“Queremos hacer un llamado a las mujeres indígenas argentinas, queremos que empiecen a emerger, que hagan circular su palabra, que empiecen a participar de esta organización que ha comenzado el camino de unidad con las mujeres no indígenas”, aseguró Millán.

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Todas las realidades en un solo documento

El sol comenzaba a ponerse cuando se presentaron los puntos que conformarían el documento final del Parlamento, producto de los dos días de debate. La discusión se extendió hasta pasadas las 17 hs. del domingo y, a pesar de la gran cantidad de tiempo invertido, quedaba la sensación entre las hermanas de que aún restaba generar muchos consensos.

De las problemáticas que se nombrarían en el texto final, uno de los ejes centrales fue la denuncia de la violencia machista y patriarcal que sufren, tanto desde el Estado como desde los propios compañeros de las comunidades.

“Les pedimos a los hermanos hombres que, junto con la lucha por la libre determinación de nuestro pueblo, caminen hacia la descolonización y despatriarcalización de sus mentes, que han sido contaminadas por la cultura dominante”, afirmaba una coya.

Educación. En términos culturales, se exigió respeto por “todas las formas de educar y de transmitir el conocimiento a nuestros hijos”, ya que, según remarcó Millán: “Estamos atrapados en una política educativa colonizadora que nos quita identidad. No sólo queremos presupuesto de educación sino que queremos discutir el modelo de educación”.

Economía. La economía y la (auto)gestión de los recursos fue un tema recurrente y, de hecho, parecía ser la temática que interpelaba y preocupaba a todas. Durante el Parlamento, a un lado de la ronda de discusión, se habían acomodado algunos puestos con artesanías traídas por hermanas desde sus pueblos para poder vender en el evento.

Una mujer coya comentó la situación que vive actualmente su comunidad en Abra Pampa: el INTA se adueñó de dos mil vicuñas y el Estado prohibió la caza y el aprovechamiento de estas para la subsistencia del poblado indígena. En base a la situación de pobreza generalizada de las comunidades, se llamó a denunciar el asistencialismo del Estado y a diseñar y potenciar una “economía de autodeterminación”.

Medioambiente. La Pachamama y la convivencia en armonía con la naturaleza fue una temática transversal en todas las intervenciones y los discursos. Por ello, denunciaron con énfasis la actividad de las grandes empresas extractivistas y mineras, así como las políticas energéticas que no contemplan las necesidades ni la participación de los pueblos originarios.

“Que la naturaleza no se vea afectada para que las grandes empresas gocen de energía que cada vez es más cara, no solamente en la boleta de la luz, sino también con los asesinatos de los ríos”.

En el mismo sentido, reclamaron que los Parques Nacionales fueran propiedad comunitaria de los pueblos y que los sitios arqueológicos sagrados fueran resguardados. Además, criticaron las restricciones legales que existen para el intercambio y la comercialización de hierbas medicinales y semillas.

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Justicia patriarcal y uninacional. En la discusión por las cuestiones relacionadas a lo legal y la Justicia, surgieron los temas que más ocupan a las comunidades desde que están en la mira de la tergiversación mediática y el prejuicio social. Se planteó la necesidad de construir una Justicia con perspectiva de pueblos originarios para evitar que el “sistema uninacional” siga coartando los derechos indígenas.

Hoy en día, el pueblo mapuche está conmocionado por la grave condición de salud del machi (curandero de la comunidad, generalmente mujer) Celestino Córdova, quien inició una huelga de hambre en enero. Está privado de su libertad hace 5 años por el gobierno chileno, acusado de prender fuego la casa de dos latifundistas y asesinarlos, a pesar de que él se hubiera estado a 2 kilómetros de distancia del lugar de los hechos y no hubiera ninguna prueba fehaciente que lo señalara.

Nuestras autoridades ancestrales y espirituales están siendo perseguidas. Son los portadores de nuestra lengua, de nuestro kimun (conocimiento), de nuestra lawen (medicina). Tienen que ver con la cosmovisión de cada pueblo, por eso los persiguen”, expresó una integrante de la RAM.

No a la extradición de Facundo Jones Huala, y la libertad de cada preso político fue un reclamo unificado. El Parlamento, además, se solidarizó con Milagro Sala, quien envió un mensaje de apoyo a través de una grabación de voz.

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El aborto y las discusiones alrededor de la salud. Algunas participantes no originarias propusieron que las comunidades expresaran adhesión o acompañamiento a la Campaña por el Derecho al Aborto. Sin embargo, la temática no había sido debatida el día anterior, cuando la discusión se planteó entre las originarias, porque no era considerado una prioridad en la realidad de las indígenas.

“Esa una discusión abierta y no vamos a posicionarnos sin antes debatirlo con todas. Sí remarcamos la libre determinación de nuestros cuerpos, nuestros territorios y nuestros pueblos. Hay grupos que se arrogan nuestra voz sin siquiera darnos participación.

Vayan ustedes a los territorios, como hacen las Iglesias católicas y evangelistas, aprendan wichi, qom, mapundungun y acerquen las herramientas para problematizar el aborto clandestino. Nosotras las recibiremos y eso será una solidaridad pragmática”, respondió Millán ante el pedido.

Las mujeres originarias fueron históricamente expulsadas del sistema en general y del sistema de salud en particular. La medicina hegemónica, además, se impone por sobre los saberes y las técnicas ancestrales, que se ven criminalizados y prohibidos en varios casos.

Esto genera que se encuentren poco interpeladas en el reclamo por el aborto legal, que es, en esencia, un debate sobre el acceso y la calidad de la salud pública (y hegemónica) para las mujeres.

Moira Millán explicó: “Queremos que las machis no se queden sin poder venir hasta nuestros territorios a sanarnos, atrapadas por las legislaciones que cercenan la libertad de tránsito de nuestra medicina. No solamente vamos a pedir el acceso a la salud desde lo que ofrece el sistema, sino que nuestro propio sistema de salud sea también reconocido.


 

Machismo 2.0 y ciberfeminismo: disputar igualdad en la Era de la Información

¿Cuántas veces se filtraron videos o fotos íntimas de mujeres en las redes? La lógica es simple: una persona lo distribuye, miles lo multiplican y, en cuestión de horas, llega a una incontable cantidad de usuarios. El resultado: la intimidad de esa mujer queda vulnerada; su identidad, su cara, su cuerpo, su goce privado se convierten en objeto de exposición y de consumo contra su voluntad.

“Repercute no sólo en la vida personal, sino en la vida profesional y laboral. Es una de las violencias que más investigamos y vemos”, aseguró Marina Demtschenko, abogada especializada en el derecho informático y activista del feminismo radical. En el año 2017, tras haber sufrido la violencia digital de género en carne propia, dio vida a la Fundación Activismo Feminista Digital.

La Fundación se encarga de investigar los patrones de la desigualdad expresados en las redes para luego asesorar, pensar en estrategias de protección y acompañar a las víctimas del machismo virtual.

“Nuestra pelea y nuestro ámbito de desarrollo es el ciberfeminismo. Es la cuarta ola del feminismo y engloba todo lo que viven las mujeres en el mundo con respecto a su relación con las tecnologías de la comunicación y la información”, explicó la activista.

Las violencias hacia las mujeres y las identidades disidentes en el entorno virtual, la brecha digital entre los géneros y la necesidad de apropiarnos de las redes para empoderarnos en la Era de la Información son algunos de los temas que ocupan al ciberfeminismo y que Marina Demtschenko analiza en comunicación con Escritura Feminista.

Justicia digital: todavía una utopía

“Lo fundamental de internet es la libertad de expresión. Tiene que ver con la democratización de las herramientas, la posibilidad para los colectivos de mujeres de expresarnos, vincularnos, hacer puentes entre nosotras. Pero, ¿siempre se garantiza esto? Nos encontramos con nuevas formas de silenciarnos, de disciplinarnos en el campo virtual”, advierte la abogada a través de la pantalla, por momentos congelada, por momentos pixelada, de Skype. “Es increíble que estemos en 2018 y tengamos estos problemas de conexión”, dice entre risas.

Lo cierto es que las fallas en la conectividad no son los únicos problemas a los que nos enfrentamos cuando estamos online. Ubicamos tres modalidades principales de la violencia de género digital: la difusión no consentida de material íntimo, el acoso virtual y el hackeo de redes sociales, que reconocemos como una forma de control, de acceso a la privacidad, de estar encima de los contactos, de ver los movimientos de la víctima”.

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Marina Demtschenko. Foto: Ministerio de la Ciudadanía Neuquén

Escritura Feminista: ¿Existen precedentes en la Justicia argentina de fallos a favor de mujeres que hubieran sufrido acoso virtual?

Marina Demtschenko: El acoso virtual no está tipificado como delito por la ley, así que no hay antecedentes judiciales. De lo que sí hay mucha jurisprudencia producida es de difusión no consentida de material en formato digital. No apunta en profundidad a lo que es la violencia digital, pero sí ayuda a determinar una de las faltas, que es la responsabilidad de los buscadores, de los Internet Services Providers (ISP), como pueden ser Google, Yahoo o las plataformas virtuales como Facebook.

Además, los casos por los cuales se pudieron asentar antecedentes son en instancias como la Corte Suprema de Justicia. La víctima tiene que subir muchos escalones y cumplir un montón de condiciones para llegar a una sentencia contra del agresor.

Otro aspecto que agrava la problemática es que los fueros en donde se desarrollan estas causas son los civiles, donde sólo puede conseguirse una indemnización por daños y perjuicios. El fuero penal es diferente, pero el derecho penal es muy estricto con la consideración de casos que no estén tipificados en la letra de la ley. Por tal, es muy poco lo que encontramos en la Justicia a nivel estrictamente digital.

Por eso, decimos que las víctimas de este tipo de conductas dañosas (que, cuando estén tipificadas, serán delitos) tienen un campo muy limitado para defenderse.

E.F.: ¿El acceso a la Justicia es, entonces, uno de los principales problemas para las víctimas de violencia digital?

M.D.: Las mujeres que no tienen recursos económicos suficientes no lo van a litigar, ni lo van a denunciar, ni van a continuar con la prosecución de una investigación penal, porque, de por sí, no tienen dinero para pagarle a una o un profesional. Además, les espera un proceso de años.

En general, una mujer se encuentra con este esquema y elige soportarlo, padecerlo y esperar a que se vaya licuando el foco conflictivo. Por eso el nivel de desprotección es tan acuciante. Porque no sólo es la Ley, también es el sistema.

La cantidad de denuncias que nos llega es impresionante. En diciembre, calculábamos que 1 de cada 8 o 9 víctimas llevaba su situación a la Justicia. Hoy es 1 cada 20. Es un rechazo pasivo al sistema, que termina siendo efectivo para el agresor. Se garantiza que sobre ellos no pese nada.

E.F.: Muchas veces, las mujeres que sufrieron violencia física por parte de su pareja y deciden denunciar el hecho semanas o meses después del último golpe, sólo tienen como evidencia mensajes de texto, capturas de pantalla, videos. ¿Este material sirve para ser presentado ante la Justicia?

M.D.: La evidencia digital no tiene más de 10 años en Argentina y 20 años en el mundo. Presentar una captura de pantalla impresa no garantiza el debido proceso para las partes, porque la prueba puede estar alterada.

Para poder presentar plena prueba informática, la víctima necesita valerse de un perito informático antes de hacer la denuncia que, mediante un proceso técnico, resguarde esa prueba para que después se pueda constatar que no fue alterada, que es legítima. Esto es otro gasto monetario para la víctima.

E.F.: En enero de este año, la gobernadora Vidal lanzó una aplicación de celulares para denunciar casos de violencia de género, medida que fue muy criticada desde el arco feminista. ¿Ustedes cómo se posicionan frente a este tipo de medidas?

M.D.: Vemos la app presentada por el gobierno provincial como una cortina de humo y criticamos mucho su operatividad efectiva. Pone una valla a la denuncia efectiva, porque después tenés que ir a ratificar esa denuncia en el juzgado interviniente. Por otro lado, creemos que no hay un sistema preparado en el Estado para recibir la gran cantidad de denuncias que podrían llegar.

Además, es muy restricta. Es para abusos, lesiones y femicidios solamente. Obliga a la víctima a encuadrar la violencia en una de esas categoría y, si esa situación escapa a las nombradas, es una denuncia que no va a pasar el filtro inicial.

La cantidad de datos que te exige es preocupante. Podría ser útil para la confección de estadísticas, para la confección de políticas públicas al respecto, pero sabiendo que la gestión hace dos años y medio está desfinanciando todos los programas de violencia de género, tampoco creemos que este sea uno de los objetivos.

La contracara de las app para mujeres es la utilización de los datos personales. ¿Qué protección informática se les da a esos datos? Quedan en manos de la gestión, del gobierno provincial, para fines políticos y publicitarios. Está pensada para recopilar datos y estadísticas de cara a la campaña que viene.

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Diferentes posibilidades, diferente acceso

Basta echar un vistazo rápido a cualquier aula de carreras relacionadas a la informática y a las ciencias duras para percibir la poca cantidad de mujeres que eligen esas carreras. La matrícula universitaria en Ciencias de la Computación de la UBA está compuesta por un 11% de mujeres. Para 2015, el Ministerio de Educación calculaba que las mujeres representaban el 15% de los estudiantes de ingeniarías de las telecomunicaciones.

Para Demtschenko, esta situación tiene que ver con los arquetipos de género y con el machismo arraigado en esos espacios, que ponen obstáculos al desarrollo femenino, además de la brecha digital y la falta de una verdadera alfabetización tecnológica.

E.F.: Mucho se habla de la brecha digital que existe entre sectores sociales (es decir, que las clases bajas tienen mucho menos acceso a las tecnologías de la información que las altas). ¿Creés que también existe una brecha entre los géneros?

M.D.: La brecha digital es uno de los pilares del ciberfeminismo, entendido no sólo por una cuestión de clase sino también de género. La Fundación adscribe al feminismo radical, por lo cual entendemos que la brecha de género es preexistente a cualquier brecha social, de clase.

Los varones tienen mayor acceso, por tener mayor capital o un mejor posicionamiento económico histórico, debido también a un mejor acceso a trabajos, oportunidades laborales, cargos jerárquicos.

E.F.: ¿Con qué tipo de iniciativas se acortaría la brecha de alfabetización digital?

M.D.: La alfabetización digital, primero, debería ser una política pública y encarada con perspectiva de género.

Las propuestas desde las organizaciones civiles deberían apuntar a que las mujeres empecemos a integrarnos en el espectro digital y tecnológico, que empecemos a perder esa fobia que nos instalaron y dejar de vernos como meras consumidoras y posicionarnos como productoras, no sólo de contenido sino de tecnología.

En una era digital, donde hay otras condiciones para trabajar, desarrollarnos y valernos, quedamos rezagadas si no tomamos a las nuevas tecnologías como medios de producción. Saber para qué sirven algunas aplicaciones y tener cinco redes sociales no quiere decir que dominemos las tecnologías.

Tenemos un hashtag recurrente, #TomamosLasRedes, que quiere decir que las mujeres nos posicionamos y decimos: “Voy a entender de qué trata y cómo se utiliza”. Así también podemos trasladárselo a otras mujeres. Acá entra en juego la cuestión de la red entre nosotras, de la sororidad, de la puja colectiva. Una o dos que sepan lo pueden trasladar a cientos de mujeres.

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Imagen extraída de video hecho por la Fundación Activismo Feminista Digital

E.F.: ¿Qué recomiendan a las mujeres y a las identidades disidentes para resguardarse de las violencias en Internet? Como en el caso del sexteo o sexting (intercambio de fotos y videos eróticos a través de mensajes privados), que se recomienda enviar material donde no se vea la cara.

M.D.: Para practicar el sexteo seguro, tenés que usar una app que te permita una comunicación encriptada, que te permita la autodestrucción de los mensajes para todos los dispositivos a donde fueron enviados, que no venda los datos o que no se vincule a otras apps.

La utilización de WhatsApp es un problemón. Nosotras recomendamos otras, como Signal. Esto tiene que ver con acostumbrarnos a utilizar plataformas alternativas y no hegemónicas.

Se acercan muchísimos casos a la Fundación de acoso digital anónimo, en los que, después de estudiar los casos, vemos que la víctima tiene los números de teléfono en público en las redes sociales. No siempre el agresor te conoce en persona, a veces se desenvuelve impunemente un desconocido porque somos vistas como objetos de explotación.

Por fuera de lo técnico, recomendamos tomar conciencia sobre lo que implica la libre expresión. Hay que sostenerla, pero abriendo los ojos ante la necesidad de la hiperconectividad. El oversharing o sobreexposición de nuestras vidas nos ha generado grandes problemas. Hay que cuestionarse por qué las mujeres tenemos que sentirnos deseadas o gustadas, por qué esa fiebre por el like, de dónde sale esa demanda creada por el poder tecnológico.

Hay que cuidarnos y esto es lamentable, porque no queremos la “pollerita 2.0”. No queremos dejar de utilizar la plataforma virtual por el miedo a la violencia, pero para eso hay que conocer de qué trata el espacio virtual en donde nos manejamos. Ganémosle al patriarcado digital desde el estudio, la conciencia y el control de las redes.

Pañuelazo en La Matanza

La ola verde llegó a La Matanza. La plaza de San Justo, centro administrativo y comercial del distrito, alzó el pañuelo verde el pasado martes 3 de abril, a poco más de un mes del primer pañuelazo en Plaza de Mayo y a días de que se trate el proyecto de ley presentado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto en Diputados.

Alrededor de 40 activistas y referentes de diferentes espacios políticos pasaron por el micrófono, montado en la esquina de Arieta e Yrigoyen, frente a más de 200 militantes, interesadxs y adolescentes que salían su jornada escolar con los uniformes, brillos en la cara y el emblemático pañuelo colgado de la mochila o como top. La jornada inició a las 5 y media y se extendió hasta casi las 8.

Desde los espacios políticos, se acercaron referentes del Partido Comunista, Plenario de Trabajadoras (Partido Obrero) y las agrupaciones Pan y Rosas, Mumalá, Mala Junta, Somos Patria, Juventud Peronista Descamisados. También se hicieron presentes mujeres despedidas del Hospital Posadas, la CTA Matanza, la Consejería Diversa “La Berkins” de Isidro Casanova y Furia Trava Noticias.

Angélica, trabajadora despedida del Hospital Posadas, opinó: “El aborto clandestino es un problema de salud pública, así como lo es el recorte estructural que se está haciendo en todo el sistema”, y agregó: “Siempre son los pobres los afectados”.

Representantes de la Consejería “La Berkins” recordaron que “no es solamente una problemática de mujeres, sino de todos los cuerpos gestantes” y denunciaron la anulación del Protocolo de Aborto No Punible en la provincia de Buenos Aires por parte de la gobernadora Vidal.

Un joven pidió el micrófono para hacer su descargo en contra del aborto, al que entendía como pecado, y acusar a las mujeres presentes de “endemoniadas”. A continuación, tomó la palabra Romina Pereyra, militante lesbiana y comunista, secretaria de Género de la CTA la Matanza, quien se preguntó: “¿Se violentarán tanto estos hombres cuando matan a las compañeras, cuando la cana persigue a las lesbianas, cuando una piba se muere por un aborto clandestino? Pero somos buenas y les damos lugar para opinar”.

La Campaña por el Derecho al Aborto, organizadora del evento, ofreció pañuelos hechos por la cooperativa feminista “Mestizas: mujeres de máquinas tomar” a contribución. La fiebre por los pañuelos llevó a que vendedores ambulantes y miembros de organizaciones políticas vendieran los propios a 50 pesos.

La Matanza es uno de los distritos de más peso político del conurbano y, por la población que concentra, se dice que es la quinta provincia. Las activistas del territorio le reclaman a la intendenta, Verónica Magario y al ex intendente, Fernando Espinoza, el haber adherido al Pacto de San Antonio de Padua en 2016, propuesto por el Papa Francisco e impulsado por Gustavo Menéndez, presidente del Partido Justicialista en la provincia.

El Pacto se trata de una serie de ejes hacia donde apuntar las políticas públicas, entre ellos, “proteger la vida humana desde la concepción”, lo cual se leyó como un claro posicionamiento en contra del aborto legal. Sin embargo, el pasado 8 de marzo, Magario se lució en la marcha por el Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans con el pañuelo verde al cuello, lo cual podría significar un cambio de rumbo.


Foto de portada: Tamara González Maldonado

La dignidad de las que luchan: Primer Encuentro Internacional de Mujeres

“Vivimos en estas montañas, las montañas del sureste mexicano.

Aquí nacimos,  aquí crecemos.  Aquí luchamos.  Aquí morimos.

Y vemos, por ejemplo, esos árboles que están allá y que ustedes dicen que es ‘bosque’, y nosotras le decimos ‘monte’. Bueno, pero lo sabemos que en ese bosque, en ese monte, hay muchos árboles que son diferentes. Pero también lo sabemos que cada pino o cada ocote no es igual, sino que cada uno es diferente.

Bueno, aquí estamos como un bosque o como un monte.

Todas somos mujeres. Pero lo sabemos que hay de diferentes colores, tamaños, lenguas, culturas, profesiones, pensamientos y formas de lucha.

Nos hace iguales la violencia y la muerte que nos hacen.

Así vemos de lo moderno de este pinche sistema capitalista.  Lo vemos que hizo bosque a las mujeres de todo el mundo con su violencia y su muerte que tienen la cara, el cuerpo y la cabeza pendeja del patriarcado.”

Así se daba inicio al Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, que tuvo lugar en el Caracol Morelia de Chiapas, México, durante los días 8, 9 y 10 de marzo.

El evento fue convocado y organizado por las mujeres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y las palabras de bienvenida estuvieron a cargo de la Insurgenta Érika, aunque, como ella aclaró, no eran suyas, sino del colectivo. “Como hablo en nombre de mis compañeras, mi palabra va a estar revuelta porque somos de distintas edades y de distintas lenguas, y tenemos distintas historias”, explicó.

Participaron más de 10 mil mujeres, provenientes de 34 países del mundo y de 27 estados mexicanos. La convocatoria fue difundida el pasado 29 de diciembre, en el marco de la candidatura independiente a la presidencia de México para las elecciones federales de 2018 que alzó a Marichuy (o María de Jesús Patricio Martínez), una indígena nahua, médica tradicional y defensora de los derechos humanos.

Elegida por el Congreso Nacional Indígena para representar los intereses -históricamente ignorados- de las 56 comunidades originarias, Marichuy sería la primera presidenta mujer e indígena del país, en caso de llegar al cargo.

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Foto: Proceso.

La idea del encuentro fue que cada mujer o colectivo de mujeres que asistiera pudiera acercar su propuesta, arte, disciplina y conocimiento, para enriquecer en conjunto las experiencias de lucha de “todos los mundos”.

“[Al encuentro] lo organizamos desde abajo, o sea que primero hicimos reuniones y discusión en nuestros colectivos en los pueblos y comunidades.  Y ni modo de preguntarle a los compañeros porque ellos tampoco saben cómo hacer, porque, como ya dijimos, nunca se ha hecho algo así antes”, relataron en el acto de cierre.

 

¿Quiénes son las zapatistas?

Según el Atlas del Género que mide las brechas entre hombres y mujeres en México, poco más del 44% de las mujeres tiene una participación económica en la sociedad, mientras que en los hombres, ese número asciende al 78%. Con respecto a las presidencias municipales, la diferencia es aún mayor: casi el 91% las concentran varones; y en la Justicia, hay un 39% de mujeres juezas y magistradas contra un 61% de hombres.

Esa es la realidad de las ciudades y los pueblos mexicanos. En la milicia zapatista parece respirarse un aire diferente.

Hace 24 años, el EZLN, nutrido por diferentes pueblos originarios unidos bajo el legado de Emiliano Zapata, organizó su primer levantamiento armado. Tuvo como objetivo la toma de importantes ciudades del país para la fecha en que entraba en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

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Foto: Pozol.

La mayoría de las ciudades tomadas fueron perdidas a manos de las Fuerzas Armadas estatales en cuestión de horas y, aunque el “mal gobierno” ofreció a lxs zapatistas varios acuerdos, su respuesta fue la traición y el desconocimiento de lo negociado.

Ya en aquel entonces, las mujeres zapatistas tenían voz y mando en las filas del ejército. “Ser miliciano es estar en tu casa, con tu familia. Ser insurgente es abandonar la casa. Pensé cuál de esos me gustaba más y pensé: ‘Pues, ser insurgente’, y venir a prepararme en el monte”, relataba la subteniente Amalia en el documental Las compañeras tienen grado, uno de los pocos materiales fílmicos que existen y que lograron captar la esencia de la vida zapatista, por la política comunicacional restringida que lxs caracteriza.

Organizadxs en Caracoles (bases operativas de gobierno indígena) y en la clandestinidad, la vida zapatista ofreció desde su inicio las mismas condiciones y responsabilidades a hombres y mujeres. Ejemplo de ello es la mítica figura de la Comandanta Ramona, «lo más beligerante, lo más agresivo, lo más intransigente y la mayor señal de guerra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional”, según palabras del subcomandante Marcos. Impulsó la Ley Revolucionaria de las Mujeres, que equiparaba las posibilidades de tareas y crecimiento entre los géneros hacia dentro del EZLN y se convirtió en una heroína de guerra por sus hazañas militares.

“En el pueblo, una mujer sale casada o puta. Era mucho costo para una mujer indígena salir del pueblo. Apostaba más que un varón. Si ya no aguantaba más en la montaña (donde vive y se entrena el EZLN), no podía regresar como un varón a su comunidad otra vez”, explicaba un soldado zapatista.

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Foto: La Jornada

Tras abandonar la lucha armada el 12 de enero de 1994 -aunque no el entrenamiento y la preparación militar-, el arma más potente del EZLN fue siempre la organización popular y la poesía.

 

“Esa pequeña luz es para ti.

Llévala, hermana y compañera.

Cuando te sientas sola.

Cuando tengas miedo.

Cuando sientas que es muy dura la lucha, o sea la vida,

Préndela de nuevo en tu corazón, en tu pensamiento, en tus tripas.

Y no la quedes, compañera y hermana.

Llévala a las desaparecidas.

Llévala a las asesinadas.

Llévala a las presas.

Llévala a las violadas.

Llévala a las golpeadas.

Llévala a las acosadas.

Llévala a las violentadas de todas las formas.

Llévala a las migrantes.

Llévala a las explotadas.

Llévala a las muertas.

Llévala y dile a todas y cada una de ellas que no está sola, que vas a luchar por ella.

Que vas a luchar por la verdad y la justicia que merece su dolor.

Que vas a luchar porque el dolor que carga no se vuelva a repetir en otra mujer en cualquier mundo.

Llévala y conviértela en rabia, en coraje, en decisión.

Llévala y júntala con otras luces.

Llévala y, tal vez, luego llegue en tu pensamiento que no habrá ni verdad, ni justicia, ni libertad en el sistema capitalista patriarcal.

Entonces tal vez nos vamos a volver a ver para prenderle fuego al sistema.

Y tal vez vas a estar junto a nosotras cuidando que nadie apague ese fuego hasta que no queden más que cenizas.

Y entonces, hermana y compañera, ese día que será noche, tal vez podremos decir contigo:

‘Bueno, pues ahora sí vamos a empezar a construir el mundo que merecemos y necesitamos’”.

Palabras compartidas en la clausura del Primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan

 


Foto de portada: La Jornada

#Pañuelazo contra la muerte y la desigualdad

El aborto no es inmoral. El aborto es una realidad. Sucede a diario, en todos los rincones de los barrios y del país. Lo inmoral son las muertes que genera la clandestinidad.

El lunes en la tarde, con esta idea como convicción, nos atamos el pañuelo verde al cuello y nos congregamos de a miles frente al Congreso para discutir el aborto como una problemática de salud pública y de desigualdad social y demandar al Estado una ley de aborto legal, seguro y gratuito.

Entre 370.000 y 522.000 personas abortan de manera clandestina al año, según estima el Ministerio de Salud de la Nación desde el año 2009, dato que no puede confirmar por lo irregular de la práctica pero sí calcular en base a la cantidad de consultas e internaciones por sus consecuencias.

Hoy el aborto clandestino es la principal causa de muerte materna. Un informe del Centro Atenea calculó que, a nivel mundial, el aborto causa la muerte del 11% de las personas gestantes. En América Latina, ese número asciende al 13%. En Argentina alcanza el 20% y supera la media de los países vecinos.

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Foto: Télam

Los números abruman y se suman a la desigualdad que viven las niñas, las mujeres y los trans de forma estructural. Porque quienes mueren a causa de los abortos clandestinos son los mismos sectores de siempre: los excluidos del sistema de salud y del sistema en general. Es decir, las pobres. Quienes no pueden acceder a un aborto seguro porque son caros, ni a salud gratuita y de calidad. Y también los hombres trans, que experimentan la marginación en todas las instituciones por las que pasan: desde la familia y el mercado laboral, hasta en los hospitales.

En el 2007, cuando se presentó por primera vez un proyecto de ley para implementar el aborto legal, seguro y gratuito, algunas voces pedían que esperemos porque la sociedad «aún no estaba preparada para ello». Ya fueron presentados seis proyectos por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito y este año vamos hacia el séptimo. Y aún se pide paciencia. Pero, ¿cuántas  muertes más podemos esperar para hacernos cargo?

En los megáfonos, en los afiches y en las remeras, ayer aparecía una y otra vez una misma consigna: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir. Ese es el horizonte y un paso fundamental para comenzar a construir un mundo un poco más igualitario.

Entre lo clandestino y lo permitido

Antes que nada, cabe aclarar que el aborto no es por completo ilegal en Argentina. Pero tampoco funciona como debería en los casos permitidos por la ley, ya que muchas veces lxs profesionales de la salud deciden no practicarlos por objeción de conciencia, violan el secreto profesional o se interponen procesos judiciales para retrasarlos que culminan al mismo tiempo o después del embarazo.

Otras veces, la idiosincrasia machista encarcela y castiga sin preguntar, como sucedió con Belén, la joven tucumana que llegó al hospital con un cuadro de aborto espontáneo (y sin siquiera saber que estaba embarazada) y salió con una condena de 8 años a prisión.

Desde la segunda reforma al Código Penal, en 1921, la interrupción del embarazo es legal cuando la vida de la mujer peligra o cuando el embarazo es fruto de una violación.

Tras varias modificaciones, dictaduras militares, gobiernos democráticos y reformas constitucionales, en el 2012 la Corte Suprema de Justicia habilitó a lxs médicxs a practicar la Interrupción Legal del Embarazo en las causales previstas desde 1921, en el fallo denominado “F.A.L.”. El único requisito a presentar por las personas gestantes para realizar el aborto sería una declaración jurada sobre el delito sexual que se les hubiera infringido.

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Foto: Primera Piedra

En el año 2015, el Ministerio de Salud de la Nación confeccionó el Protocolo para la Atención Integral de las Personas con Derecho a la Interrupción Legal del Embarazo (Protocolo ILE), basado en los lineamientos de la Corte Suprema y destinado a dictar cómo proceder en hospitales y centros de salud nacionales.

Esta herramienta amplió el concepto de “salud” al incluir los aspectos psicosociales de lxs sujetxs y al tener en cuenta las consecuencias del embarazo y la maternidad obligada en lxs pacientes. Abrió la posibilidad de que el daño psicológico y el estigma social que generaría un embarazo no deseado en la vida de una adolescente, por ejemplo, pudiera llegar a considerarse una causal válida para practicar el aborto. Sin embargo, siempre estuvo sujeto a interpretaciones y a decisiones de la institución interviniente en cada caso.

El problema es que el protocolo ILE no tiene carácter de resolución ministerial, como sí tenían los dos previos, del 2007 y 2010. Además, las autoridades federales no se encargaron de darle una correcta difusión e implementación hasta la fecha. Por lo tanto, las posibilidades de aplicarlo en todo el país disminuyeron.

Sólo ocho provincias adoptaron el protocolo y respetaron en gran medida la disposición del ministerio y la Justicia: Chaco, Chubut, Jujuy, La Rioja, Misiones, Santa Cruz, Santa Fe, Tierra del Fuego y Entre Ríos (esta última, desde noviembre de 2017).

Córdoba, La Pampa, Neuquén, Río Negro y Salta, en cambio, pusieron en funcionamiento un protocolo modificado, con mayores limitaciones que el original. En Córdoba, se encuentra suspendido parcialmente por orden judicial.

En la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri vetó el primer proyecto aprobado por la legislatura cuando aún se desempeñaba como Jefe de Gobierno. El entonces ministro de Salud porteño, Jorge Lemus, presentó otro, mucho más restringido, que aún está siendo tratado por la Justicia.

Otro caso particular es el de la provincia de Buenos Aires, que contaba con la adhesión al protocolo nacional, hasta que la gobernadora María Eugenia Vidal lo anuló en el 2016.

En el resto del país, no existen protocolos y muchas veces no se registran índices de personas atendidas por consecuencias de los abortos inseguros.

 

Foto de portada: Rosario Plus

Paradas frente al ajuste: primera asamblea de organización #8M

Al costado y al fondo de la estación Federico Lacroze del tren Urquiza, sede de la Asociación Mutual Sentimiento, se reunieron más de mil mujeres, lesbianas, trans y travestis el pasado viernes para dar lugar a la primera asamblea de Ni Una Menos del año y prepararse para el paro nacional de mujeres del próximo 8 de marzo.

“No nos echan sólo por sus políticas de ajuste, sino por organizarnos, por ser mujeres, por ser feministas”, dijo una de las mujeres despedidas por PepsiCo a mediados de 2017 en el desmantelamiento de la planta de Florida que dejó a 600 personas en la calle; el 70% de ellas, mujeres.

“Tenemos que generar una unidad antimachista y antineoliberal, el 8M tenemos que llenar de feminismo las calles”, exclamó más tarde una delegada sindical del Ministerio de Economía.

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Asamblea #NiUnaMenos, 2 de febrero del 2018.

Todos los testimonios de la asamblea confluyeron en una misma urgencia: parar contra el plan de ajuste del gobierno nacional, que proyecta un país en el que no entramos todxs y precariza aún más a las mujeres.

“El 80% de las mujeres no se jubila más y nos sacaron el 20% de la jubilación”, opinó Estela Díaz, secretaria de Género de la CTA de los trabajadores, en referencia a la Reforma Jubilatoria aprobada en diciembre por el Congreso. Luego, agregó: «La cantidad de mujeres que somos acá es una expresión de la situación difícil que estamos viviendo».

Según datos del INDEC de 2017, la desocupación fue más dura para las mujeres: en el primer trimestre se registró un 8,5% para los hombres, mientras que la desocupación femenina llegó a un 10,2%.

Mónica, delegada gremial del ferrocarril Sarmiento, explicó que “el saqueo del macrismo nos pega en todo sentido. Junto con los tarifazos impusieron la Reforma Previsional, la reforma laboral que se viene, la implementación de una cobertura universal para la salud, con la cual no va a haber ni aborto legal ni nos van a sacar las muelas gratis”. 

La seguridad durante la marcha fue otro tema de discusión que se repitió en más de una intervención, en referencia a la razzia que efectuó la policía tras la movilización del 8 de marzo de 2017. “Compañeras, no hay que olvidar que la primera presa política del macrismo fue una mujer: Milagro Sala”, recordó Estela Díaz mientras analizaba el contexto de represión vivido el año pasado.

No faltó el llamado a participar de la movilización prevista para el 22 de febrero, organizada por Camioneros y a la cual adhirió un sector de la CGT y las CTA de Hugo Yaski y Pablo Miceli.

Una militante travesti hizo referencia a la pobreza que vive la población trans: “El 8M no significa algo para nosotras porque ni siquiera somos trabajadoras. Pero acompañamos la lucha y los reclamos”. Además, llamó al arco feminista a movilizar el próximo viernes 9 de febrero en el marco del juicio por el travesticidio de Diana Sacayán.

Con intervenciones de 3 minutos y una lista de más de 80 oradoras (que no llegó a finalizarse), la asamblea se extendió hasta las 21 hs. y cada discurso nombró una problemática diferente para enriquecer el comunicado final de cara al 8M. Este viernes se realizará un segundo encuentro, a partir de las 17:30 hs.

La situación precaria de las mujeres con discapacidad frente a situaciones de violencia de género, la lucha de las Madres Amazonas que reclaman la tenencia de sus hijxs negada por el Poder Judicial tras denunciar a sus exparejas violentas, y las experiencias de mujeres organizadas para buscar a compañeras, amigas y familiares desaparecidas, fueron algunos de los temas tocados en la jornada.

 

Foto de portada: Página 12

Roberto Pettinato y el misterio del consentimiento

Acceder a tener relaciones sexuales en contra de la voluntad propia puede ser una tortura. Mirar el reloj y ver que la hora no pasa. Simular goce para complacer. Compartir cuestiones que podemos sentir íntimas y que quizás no queremos dar a conocer de esa forma, en ese momento.

Pero, ¿por qué accedemos entonces? Las razones pueden ser infinitas.

Porque nos enseñaron que la mujer es más atractiva cuando se pone a disposición del deseo ajeno. Porque nuestra pareja nos trajo un regalo y no sabemos cómo decirle que, justo hoy, no. Porque nos sentimos zarpadas. Porque quien nos lo propone es nuestro nuevo jefe, nuestro profesor, alguien con influencia y poder relativos en una estructura jerárquica, o inclusive alguien que nos intimida.

«A veces pienso que el acoso sucede porque la otra persona tarda mucho tiempo en decirte que no quiere coger con vos. Si la otra persona lo dijera rápidamente, el 50% de los hombres se achicarían», propuso el conductor Roberto Pettinato para disminuir los índices de acoso, a los que fue acusado de aportar, según relatos de ex compañeras de trabajo.

Además de no ser el indicado para ofrecer soluciones sin antes rever sus actitudes y discursos, deja por fuera de su visión la violencia sistemática que nos pone en el lugar de la sumisión.

Sí, tenemos que empoderarnos. Y lo estamos haciendo. Las marchas, los paros, los Encuentros Nacionales con convocatorias multitudinarias y las asambleas de Ni Una Menos que organizamos las mujeres, las trans y las lesbianas desde 2015 lo demuestran.

Sí, tenemos que aprender a decir “no”. La cantidad de denuncias públicas a acosadores, violentos y violadores que se desencadenan desde el año pasado en la farándula argentina y en las alfombras rojas hollywoodenses bien podrían ser ejemplo de que muchas mujeres ya no nos bancamos ser las sometidas ni las sumisas.

Detrás de las cámaras, en la vida cotidiana, hay debates que se están colando en todos los espacios y las instituciones, que poco a poco van instalándose para cuestionar el orden de las cosas.

Sí, es cierto, sería mejor si nos fuera más fácil decir “no”. Pero no alcanza. También necesitamos que la sensibilidad y la empatía empiecen a ser signos de “lo masculino”. Educar a los hombres (y a todxs) en la sexualidad, para preocuparse por lo que le pasa a la o las personas que están al lado; esa es la clave para entender la práctica sexual como un placer compartido y no como un deseo que se impone sobre otros.

El consentimiento no es simplemente decir “sí”: es una manera de relacionarse con el otrx, en la cual podemos sentirnos segurxs y cuidadxs, y en donde todas las partes pueden disfrutar. El goce es para todxs o para nadie. Si tuviéramos eso en claro, sería difícil “juzgar mal” las ganas de otras personas y sería simple entender cuándo sí y cuándo no.

Pettinato y su postura de hombre indomable, sin limitaciones, sin consideraciones, es síntoma de una época. El repudio generalizado ante sus dichos, es síntoma de otra. Ya no queremos ese “no” atravesado en la garganta. Queremos gritarlo.