Hay una mujer muerta

Hay una mujer muerta es una obra teatral que tiene como objetivo principal reflexionar sobre la prostitución y la trata de personas.

Un dibujo de una casa y una ruta con la frase “alguien que ayude” lleva escrito un billete arrugado que reparten en la entrada para poder ingresar. Ese es el primer escalofrío que te correrá por la espalda, pero definitivamente no será el último.  

La obra dirigida y adaptada por Ana Maestroni muestra una historia ficticia dentro de un contexto real, que se compone por escenas pequeñas, despojadas de exuberantes escenografías. El arte de la iluminación y las espectaculares actuaciones construyen una trágica puesta en escena.

Una habitación en penumbra. Fotos de chicas con el mismo rostro. Gritos de chicas sin rostro. Oscuridad. Esta es la antesala de un escalofriante burdel de barrio, donde la ambigua construcción de los personajes muestra lo que es vivir en la cotidianeidad del horror.

Un proxeneta (Daniel Liendro) y una mujer triste (Laura Mosquera) son los personajes que van mutando a medida que la historia avanza. La ambivalencia se encarga de mostrar que la gente de mierda también sufre y que, en ocasiones, se debe asumir un rol muy fuerte para sobrevivir.

“El arte, si hay algo que no tiene que tener, es obviedad. Yo siempre digo que hay que contar una historia puntual sin moralizar. Nosotros estamos contando esta historia, que obviamente habla, pero no ponemos ninguna pancarta”, nos cuenta Maestroni.

Reflexionar en soledad

En lugar de hablar de la trata, el espectáculo cuenta con recursos interesantes para que sea el espectador quien reflexione sobre la trata. Los apagones son un recurso excepcional.

Al finalizar cada escena, el teatro queda a oscuras. El negro envuelve al público hasta hacerlo desaparecer y pareciera que uno se queda solo, a oscuras y en silencio.

El apagón, además de permitir que el espectador continúe y termine de armar cada escena, lo incita a pensar sobre lo que acaba de ver y tratar con la conciencia propia.

El arte como martillo

Parafraseando a Brecht, la directora nos cuenta que la obra, con texto original de Patricia Andrés, no busca funcionar como espejo de la realidad sino que busca darle forma.

“Yo creo que el objetivo principal para nosotros y para este tipo de estética es que la gente se vaya y tenga ganas de hacer algo, de cambiar algo. Si no, el teatro no sirve. Me parece que abre un espacio para que cualquiera, el que nunca se interesó en la trata o el que piensa mucho, diga ‘¿Qué pasa con la prostitución?’”.

La obra imperdible terminó con funciones agotadas en el mes de junio y volverá en septiembre a Capital Federal.

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Lucha cotidiana

Cuando las cosas se empiezan a perpetuar de forma sistemática y dejan de ser casos aislados, las personas tienden a acostumbrase. ¡Qué peligrosa es la comodidad de lo conocido!

De repente, me despierto y caigo en la cuenta de que no hay un solo día en que no vea, al menos, cinco casos diferentes de mujeres que relatan en redes sociales diversas situaciones de peligro que vivieron y quieren compartir, para empezar a cuidarnos entre nosotras.

Caigo también en que dos de esos cinco sucedieron en las mismas cuadras que camino para ir a la facultad o para tomarme un remis a la salida de algún bar.

Acto seguido, siguen las acusaciones virtuales sobre la veracidad de la historia y comentarios, de lo más peligrosos, desprestigiando el relato porque “bueno, agradecé estar viva”. Sí, juro que lo agradecemos cada día.

De repente, caigo en lo habitual de las amenazas de las exparejas de mis amigas, tanto así que nos encontramos hablando a las 8 de la mañana sobre los nuevos mensajes que recibieron la madrugada anterior y repetimos un simple “denuncialo, dale”, que últimamente ya se volvió moneda corriente mientras compartimos un mate.

El paso siguiente es planear el rejunte de las pruebas necesarias para que le tomen la denuncia, que no es cosa fácil y que no sirve para mucho más que dejar por sentado que (y desde hace cuánto) estaba cagada hasta las patas.

Luego, salen a hablar del nuevo caso en el que el femicida tenía más de 10 denuncias en su contra, exponiendo sin tapujos la inoperancia judicial.

De repente se cae Whatsapp o cualquier otra red de comunicación y tu amiga no responde. «Eu, ¿llegaste?». No contesta. «Ya pasó una hora, ¿por dónde andás?». No hay última conexión. Y ahí comienza la red de investigación precaria para tratar de encontrarla por algún lado, porque no queremos que sean su nombre y su cara con la que vayamos a pedir Justicia en la próxima marcha.

Nada, falsa alarma, demoró en el banco o se durmió una siesta y cosa va, cosa viene, desapareció unas horas mientras todas ya estábamos pensando el peor desenlace. Porque así estamos, paranoicas y susceptibles hasta la médula.

Nos venden gas pimienta en forma de perfume personal para camuflar nuestra herramienta de defensa y nos criamos repletas de estrategias como, por ejemplo, gritar «fuego» para que la gente accione, porque en nuestro pedido de «ayuda» nadie se involucra.

Vivir se vuelve una supervivencia y solo para nosotras mañana se repite el ciclo.

Estamos pidiendo a gritos que no nos dejen solas.

Replanteate tu lugar en esta lucha.

Dale, pensá si podés decirle con orgullo a tu nieto de qué lado estabas cuando el mundo se quedó sin mujeres.

Periodismo con cara de mujer

Louise Bryant fue una periodista y escritora estadounidense. Líder feminista, partidaria del amor libre y del sufragio universal femenino. Amante de la vida, el arte y la revolución.

Se graduó en la Universidad de Oregón cuando no era muy común que una mujer obtuviera títulos universitarios y su afán por ser escritora la había llevado a ser editora de algunas revistas del ámbito estudiantil.

Se consideraba una mujer libre, muy por encima de lo que se permitía en aquella época, y colaboraba con el comité literario de la Asociación para la Igualdad del Sufragio.

Poco después de terminar sus estudios, consiguió trabajo como reportera de eventos sociales en un semanario de Portland (Oregon) y se unió a las “Sob Sisters”: mujeres reporteras.

Como mujer trabajadora, creía firmemente que la relación entre feminismo, libertad sexual e igualdad económica eran tres factores totalmente indivisibles.

El revolucionario amor  

A partir de 1916, su vida cambiaría para siempre al conocer a John Reed, que para aquel entonces era un reconocido periodista. Juntos utilizaban el estudio de Louise como lugar para encuentros clandestinos.

Ambos eran jóvenes brillantes unidos por una ideología que huía totalmente de los convencionalismos sociales y culturales de la primera década del siglo XX estadounidense.

“Ha crecido (no me imagino cómo) para ser una artista, una individualista rampante y gozosa, una poeta y una revolucionaria» la define Reed en una emocionante nota escrita pocos días después de su primer contacto.

Bryant y Reed
John Reed y Louise Bryant

El cambio radical

Durante el primer tiempo con Reed, Louise escribió poesía, ficción y drama, pero encontró su verdadera expresión cuando decidió viajar con su compañero a Rusia, enviada para cubrir la Revolución.

Entrevistó a heroínas de la Revolución, escribió sobre las condiciones de los niños del país y describió la formación y actividades del llamado Batallón de la Muerte, una unidad de combate compuesto por mujeres rusas.

Eran artículos condimentados con anécdotas personales, comentarios feministas y políticos, que recopiló para para publicar su primer libro: “Seis meses rojos en Rusia”.

Al poco tiempo se convirtió en uno de los mejores relatos de testigos oculares escritos por mujeres periodistas americanas.

Louise se esforzó en darles voz a todas esas mujeres revolucionarias y retratar en cada hoja la lucha de los oprimidos, formando parte de un gran movimiento social que tomó como propio.   

En los años posteriores trabajó en Turquía, Rusia y fue la primera periodista estadounidense en entrevistar a Benito Mussolini. A su vez, su segundo libro, «Espejos de Moscú», está considerado como una obra maestra.


 

Círculo de Costura

Ese fue el nombre que eligieron las actrices hollywoodenses para un club secreto en donde disfrutaban sin tapujos de su sexualidad. Porque en los locos años veinte, Hollywood era sinónimo de éxito y glamour, pero también de mucha censura.

No solo se determinó qué se podía y qué no se podía ver en las pantallas estadounidenses, sino que se introdujo un código de conducta en la producción del cine que hacía referencia a un código de autocensura en la industria, radical y concreto, donde la base fundamental era la prohibición de la homosexualidad. La consecuencia de quebrantar dicha prohibición podía ser la finalización del contrato y la expulsión definitiva.

Por contrato, los actores y actrices no podían hacer gala de su homosexualidad en público y eso incentivó la estampida de secretos y matrimonios pactados para mantener “limpias” sus imágenes públicas. A su vez, fue la chispa que originó el incendio de encuentros clandestinos.

 Hecha la ley, hecha la trampa

Actrices como Greta Carbo, Marlen Dietrich y Joan Crawford se burlaron de la sociedad machista que buscaba ocultar a las lesbianas y las bisexuales de la denominada “Era Dorada”.

No solo porque decidieron reunirse en secreto, sino porque eligieron encubrir esos encuentros con un nombre irónico que aparentaba inocentes reuniones de mujeres bajo la excusa de la muy fina y femenina tarea de bordar pañuelos.

Se desconoce con exactitud el origen de la denominación, pero el nombre Círculos de Costura se atribuye a Alla Nazinova, una actriz famosa en los tiempos del cine mudo cuya bisexualidad era un secreto a gritos en el ambiente.

Lo mencionó por primera vez para referirse a un grupo al que pertenecía su amante Dorothy, sobrina de Oscar Wilde, porque si bien los asuntos privados no llegaban a ser conocidos por el público, dentro de la industria no había secretos.

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Alla Nazinova

Las reuniones se realizaban, por lo general, en un marco privado con un círculo reducido de personas de confianza y, en ocasiones, se encontraban en bares ubicados en el Hollywood Boulevard.

Estas fiestas privadas exclusivas para lesbianas, bisexuales o mujeres que, simplemente, querían experimentar cosas nuevas, no fueron caracterizadas como orgías sexuales, sino que se trataba de un lugar sin miradas indiscretas para relacionarse libremente.

 Mitos y leyendas

Poco a poco, el círculo se fue ampliando y a los encuentros acudían todas las artistas y actrices de la época más dorada de Hollywood.

A partir de aquí, surgió una serie inagotable de historias que sucedieron puertas adentro y que se han convertido en rumores difíciles de desmentir (o confirmar).

Tallulah Bankhead y su fetiche por las actrices que hacían de sirvientas; la entrada de Joan Crawford con pintura dorada sobre su cuerpo como única prenda de vestir; los roces entre Greta Garbo y Marlene Dietrich por conquistar a las mismas chicas.

La lista de anécdotas pertenecientes a estos encuentros de mujeres que siempre intentaron vivir a su manera puede ser larguísima. Tanto como el silencio, el misterio, la ambigüedad y la invisibilidad que siempre ha rodeado a lxs homosexuales de la historia.


El misterio de Maira Benitez

Maira Iris Benitez tiene 19 años, es madre de una nena de 3 años y es oriunda de la ciudad de Villa Ángela en Chaco. Por eso, poco se habla de sus 132 días desaparecida.

El viernes 16 de diciembre, Maira salió de su casa hacia un boliche bailable de la zona pero, esa noche, a diferencia de las anteriores, nunca más volvió.

Fue vista por última vez junto a Rodrigo Silva, principal imputado en la causa quien se encuentra hoy detenido, con una rotunda negativa a romper el silencio que, se cree, ha sido comprado por sectores poderosos.

Crónica de una dudosa investigación

El fiscal Sergio Ríos ordenó la búsqueda y detención de Silva después de 48 horas de realizada la denuncia por parte de Antonia Leiva Morán, madre de Maira y una luchadora incansable por la verdad.

Luego de horas eternas esperando que el detenido diera datos concretos acerca de lo sucedido con la joven, Silva habría solicitado que lo trasladaran hasta el campo por la zona del Lote 11, donde iba a marcar el lugar en el cual se encontraría Maira encerrada.

El personal policial de la División de Investigaciones lo trasladó en forma conjunta con una comisión policial, pero al llegar al campo el detenido se arrojó a un pozo de ocho metros, el cual llamativamente se encontraba vacío, y a pesar de estar esposado, no sufrió ningún tipo de lesiones.

“No hay que tomarlo como víctima a Rodrigo Silva, como lo están queriendo hacer quedar, porque según dicen la policía lo torturó y por eso declaró que la tenía atada a Maira, como desestimando la causa, pero él algo sabe”, aseguró la hermana de la víctima.

Rastrillaje por la zona del Lote 11

Tras 40 días de búsqueda, se encontró un bretel y manchas de sangre en las paredes de la habitación donde el detenido habría llevado a la víctima la madrugada del 17 de diciembre, pero las posteriores investigaciones no encontraron coincidencias en las pruebas de ADN.

A su vez, la prueba de Luminol que debía realizarse en el domicilio del acusado no tuvo buenos resultados dado que se encontraba vencida, y el exjuez Costas, dueño del campo donde se realizaba la búsqueda y patrón del detenido, fue llamado a declarar recién un mes después de comenzada la investigación.

“Investigarlo a Costas es fundamental para saber quién protege a Rodrigo Silva, quien sostiene su silencio y por qué lo hace” expresa Antonia enfurecida, tratando de encontrar la causa por la cual se realizan tantas irregularidades.

Injusta Justicia

La causa llegó a estancarse debido a que el fiscal dejó de citar a nuevos testigos, a ordenar nuevos allanamientos y rastrillajes, y es por eso que actualmente se encuentra inhibido de la causa, con denuncias de imparcialidad por irregularidades en la conducción de la investigación.

La nueva fiscal del caso, Gisela Oñuk, comenzó a agilizar las citaciones y llamar a declarar a viejos testigos que se habían puesto en libertad. De esta forma, descubrió a un nuevo sospechoso, Luis Coria, acusado de cómplice y coautor de los hechos.

Asimismo, la fiscal llamó a declarar a una nueva testigo, que en 2003 fue violada por Silva en el mismo campo donde hoy se busca a Maira.

“Ella dice que a Maira le pudo haber pasado lo peor, no cree que mi hija esté con vida”, indicó la madre de la víctima y consideró que dicha estancia y su propietario, el exjuez Costas, tienen relación con la desaparición de la joven.

Con pericias casi finalizadas y búsqueda con equipamientos complejos sin resultados, los dos detenidos por el caso que moviliza a Villa Ángela se perfilan a ser juzgados únicamente por la privación ilegítima de la libertad.

De ser hallados culpables, recibirían una pena menor a la que estipula la sentencia por femicidio. Es decir, recibirían una condena menor a ocho años.

De todas formas, la familia solicita que el caso lo tome la Justicia Federal, ya que la Justicia local se niega a tomarlo como un caso de trata de personas, una decisión controvertida si se tiene en cuenta que se acaba de encontrar a una chica de Villa Ángela en un prostíbulo en Buenos Aires.

Un grito de ayuda

“Necesito que se investiguen los lazos que vinculan a Silva con personajes poderosos de nuestra ciudad, como los Costas y los Porro. Necesito que den la orden de movilizar, con personal y herramientas, todos los recursos para que se investigue cada rincón de la provincia. Mi hija en algún lado está” manifiesta Antonia en una carta enviada a NORTE, una de las principales cadenas comunicativas de Chaco.

Antonia Morán pide justicia por su hija

A su vez, instó a que la presidente del Superior Tribunal de Justicia, Maria Grillo, se pronuncie sobre el caso e inicie una investigación contra los funcionarios judiciales que han cometido irregularidades en la investigación.

«No sé a quién más recurrir. No sé qué puerta tocar. Quiero que no dejen de buscar a mi hija, quiero que la encuentren, como sea que se encuentre” finaliza su carta.

El pasado 16 de abril se realizó una marcha por justicia donde se concentraron familiares, amigos, vecinos y organizaciones en la plaza 25 de Mayo de Resistencia para reclamar por la aparición de la joven.

Este mes se cumplen cuatro de su desaparición, y la búsqueda ya se convirtió en un pedido desesperado de una madre que pasó el cumpleaños número 19 de su hija sin ella y una hija que cumplió 3 añitos de vida sin su madre.


Terrorismo sexual

      “Además de puta, guerrillera” vociferaban los monstruos, mientras dejaban caer sus cuerpos calientes, llenos de odio e ignorancia, sobre los cuerpos indefensos de las mujeres que allí dentro habían perdido todo individualismo, y solo se consideraban cuerpos, así sin más, con dudas hasta de si tenían vida.

      “Además de puta, guerrillera” justificaba el animal, para nada racional, mientras atacaba con la violencia digna de un depredador que busca conquistar a su presa y así sumar victimas a su estante de trofeos humanos.

      “Además de puta, guerrillera” se terminaban creyendo las victimas de consecutivas violaciones. Era lo único que escuchaban, constantemente, junto con los gritos de agonía de sus compañeros.

El género y el factor biológico fueron agravantes durante el cautiverio en los Centros Clandestinos de Detención. Las violaciones sexuales, los abusos y las vejaciones fueron perpetrados de forma sistemática.

Esclavas sexuales

Por alguna extraña razón, estos simios con poder decidían a dedo limpio quien merecía un ¿mejor? trato, y así separaban a sus víctimas en dos grandes grupos: las que eran llevadas a departamentos privados con sábanas limpias, para que la humillación fuera menor (como si eso fuese posible), y las que eran esposadas a camas de chapa para ser violadas cuando les quedara cómodo.

De todas formas, una vez satisfechas las necesidades de los machitos, las de ambos grupos volvían a los grilletes, las esposas y el tabique.

Los abusos sexuales en los Centros Clandestinos de Detención no constituían hechos aislados, sino que conformaban una práctica habitual que se exteriorizaba, indistintamente, a través de diversas conductas.

Comenzaba con episodios como el momento del baño, donde los guardias las obligaban a desnudarse frente a ellos mientras reían y observaban sus cuerpos, gozando de ese morbo tan característico del disfrutar la humillación ajena.

Las violaciones carnales, donde introducían su miembro o algún objeto de similar apariencia en la vagina de la víctima, eran el final de aquellas vejaciones.

“[…] Yo tengo clarísimo que en ese momento pensé: ¿podrá aguantar una mujer que la violen siete hombres, uno atrás del otro? ¿Podrá el cuerpo? Bueno, si no puede, tendrá que poder. Yo tengo que resistir porque, si no, me van a matar” declaró una víctima en la causa ESMA durante el juicio oral en 2010.

 

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Un instrumento más del terrorismo de Estado

La abogada Analía Aucía, una de las autoras de Grietas en el silencio, un libro sobre la violencia sexual en la dictadura, declara que “los valores de una sociedad patriarcal se trasladaron y agudizaron durante la dictadura”, lo que transformó la violación sexual en “un mecanismo para reubicar a las mujeres”.

    “Esto lo podemos deducir porque las entrevistadas en la investigación nos trasmitieron el discurso de los represores, que les decían frases como ‘Mirá en lo que te metiste, si te hubieras quedado en tu casa, cuidando a tu hijo, no te hubiera pasado esto’. Estos dichos no aparecían en los varones cuando se los torturaba o se les aplicaba cualquier tipo de violencia”, afirma Aucía.

La sobreviviente y periodista Miriam Lewin considera que los delitos sexuales no solo tenían como objetivo la humillación o el quiebre directo en la mujer, sino que también eran una herramienta de disciplinamiento.

    “Muchas veces, las violaciones se hacían en público o de manera que los varones tuvieran conciencia de que eso estaba teniendo lugar. Esto está confirmado por muchísimos testimonios. Había mujeres que eran violadas delante de sus maridos o pared de por medio”, relató Lewin.

Delitos de Lesa Humanidad

En 2010, por primera vez, se consideró a las violaciones ocurridas durante la última dictadura militar argentina como un delito de lesa humanidad, en la sentencia que condenó a cadena perpetua al represor Gregorio Rafael Molina.

La Cámara Nacional de Casación Penal consideró culpable al ex jefe del centro clandestino La Cueva por ser “autor del delito de violación de forma reiterada”, entre otras cosas.

A su vez, dictaminó que las violaciones no hubieran ocurrido “de no encontrarse en aquella situación y amparándose en la posición del poder que detentaba”.   

La violencia sexual fue invisibilizada en los testimonios de la década de 1980 en la Argentina, ya que el relato se construyó en torno a la búsqueda de prueba a través del reconocimiento e identificación de personas que continúan desaparecidas.

Sin dudas la principal dificultad es la negativa de los jueces de instrucción a imputar penalmente a los señalados como responsables por delitos de violación sexual, y la falta de sensibilización de los operadores judiciales con respecto a estos temas.

De todas formas, las violaciones fueron solo otra de las prácticas deshumanizadoras que se instalaron en la última (y más sangrienta) Dictadura Militar Argentina.

Detenidas tras la marcha del #8M

Organizaciones feministas denunciaron que un grupo de mujeres fueron detenidas en distintas zonas del microcentro porteño luego de que finalice la multitudinaria marcha por el Paro Internacional de Mujeres. Tras un largo procedimiento, fueron liberadas ayer por la mañana.

Para festejar la gran convocatoria de la marcha, mujeres de diversas edades se juntaron en bares y pizzerías de la zona. Casi a medianoche, cuando terminaban de cenar, fueron brutalmente sorprendidas y detenidas por la Policía Federal.

La situación está agravada por el hecho de que algunas de las arrestadas son menores de edad, según confirmaron desde la Secretaría de Asuntos Institucionales del Consejo de la Magistratura de la Ciudad.

Laura Arnés, periodista de Página 12 y una de las últimas mujeres liberadas, supuso que “llegó la orden de llevar detenidas mujeres por algo que estaba pasando en la Catedral” pero aseguró que ellas no sabían nada de lo que estaba sucediendo ya que se encontraban lejos del lugar de los incidentes.

“Agarraron a una de nuestras compañeras de los pelos, la tiraron al piso, yo la quise defender, me tiraron a mí y me golpearon. Nos dijeron que eramos unas negras de mierda y que por eso íbamos a ir presas y que si nos resistíamos, nos iban a romper los brazos”, denunció la periodista.

Ocho de las detenidas fueron llevadas a la Comisaría 1°, para luego ser trasladadas a la Comuna 4 y un número mayor de mujeres y algunos hombres fueron repartidos en otras dependencias de la  Policía como las comisarias 4° y 30°. Asimismo, cuatro personas heridas fueron trasladadas al Hospital Argerich y un menor detenido en el Instituto Inchaustegui.

La directora del Instituto contra la Discriminación de la Ciudad de Buenos Aires, María Rachid, acusó que “salieron de cacería dos horas después y agarraron a las primeras que encontraron, que salían de una pizzería”.

A su vez, se denunció que algunos policías se encontraban sin identificación y que hasta entrada la madrugada se negaban a dar los nombres de las personas detenidas. Mucha de la información inmediata fue divulgada por las redes sociales gracias a compañeras que fueron testigos de los hechos.

Según Rachid «La causa de detención es por resistencia a la autoridad y daños», pero no se entiende ya que las mujeres no estaban causando disturbios en la vía pública.

Si bien las mujeres ya fueron liberadas, la causa sigue y se busca la recopilación de testimonios para generar las denuncias correspondientes a las irregularidades que se cometieron. UFEM y PROCUVIN distribuyeron números telefónicos a los cuales pueden comunicarse para brindar información.

La usuaria de Twitter @agosdelmal transmitió en vivo desde la comisaría 1 por la app Periscope.