Enredadxs: sobre rulos y estándares de belleza

«La mujer es un animal de cabellos largos e inteligencia corta».
-Arthur Schopenhauer.

Nací con la cabeza llena, además de sueños y de ideas, de una cualidad heredada de mi familia materna: rulos.

Esta característica nata provocó que, en mi paso por la primaria, los comentarios fueran muchos: «Parece muy seco, ¿probaste con un baño de crema?», «¿Por qué no te hacés un brushing o te pasás la planchita?», «Quizá te quedaría mejor si te sacaras volumen».

Como le sucede a muchas otras ruludas, ninguna de esas opiniones había sido solicitada.

A los siete años, fui a una peluquería. Me senté y, con mis pies movedizos que aún no llegaban a tocar el suelo, le dije que quería el cabello bien corto. «¿Le preguntaste a tus padres?», me cuestionó el peluquero. «El pelo es mío», fue mi respuesta.

Estaba contentx, tenía el largo deseado. Pero estaban los rulos, esos benditos rulos, que parecían no agradarle a la gente y, en consecuencia, incomodarme a mí.
«Estás hecha un varoncito», me decían las amigas de mi abuela. «Ese corte no va con los rulos, pareciera que tenés un afro».

Lo dejé crecer. Traté de pretender que mi cabello no existía. Usé rodete durante años, pero eso no bastó. «¿Nunca usás el pelo suelto? Te quedaría más lindo», «¿Por qué tan tirante? Se te va a arruinar».

Cuando por fin lo soltaba, comenzaban los cuestionamientos acerca de si estaba sucio o era simplemente así, que por qué no lo desenredaba, si usaba crema para peinar o lo acondicionaba como debía. Cuando de rulos se trata, todxs son especialistas en nutrición capilar.

A pedido del público, a los quince años lo alisé. Me lloraban los ojos y no estaba muy segurx de qué producto estaba en mi cabello, pero quedó bien lacio y todo el mundo lo elogió. «Qué lindo que hayas decidido ser más arreglada», «Ahora tenés el pelo más sano, más brilloso». Pero no estaba sano, ni hidratado, ni más limpio: solo estaba lacio. Domado. Liso.

Hubo quienes no podían creer que me hubiera desecho de mis rulos. Imaginaban esos rizos de publicidad, bien armados, retocados, imposibles. No querían los rulos salvajes, los descontrolados, los que hacen caso omiso a cuanta crema para peinar se les imponga. No comprendían la independencia de aquellos cabellos que iban para donde les complacía y no adonde les decían. No encontraban la belleza de lo indomable, lo grande y lo voluminoso.

Cuando, al final, me harté de una rutina que demandaba levantarme una hora antes en la mañana para amoldar mi pelo a lo que les resultara estéticamente agradable a otrxs, fui a la peluquería y lo corté de nuevo.

A cada tijeretazo, se cortaban también de mí esas voces que retumbaban en mi cabeza. «Te quedaría más lindo lacio», ¡zaz! Un mechón menos. «Quizá deberías desenredar más esos rulos». Ya se fue la mitad. «¡Ay, con lo lindo que te quedaba el alisado!». Y se fue todo.

Todo el pelo, todos los comentarios sobre algo que en definitiva es solo mío. Todas las horas tironeando de un cepillo, tratando de coartar esa enrulada forma con dos placas calientes.

Me corté todo el pelo y así entendí que el cabello es una buena metáfora de las mujeres en la sociedad: se lo busca bello, suave, domado, normado y dócil. Hoy se encuentran con que es salvaje, impredecible y se aleja de todo estándar esperado de belleza.

Dejen laburar

María “Malú” López es madre, sostén de hogar y trabajadora autónoma. Desde la noche del martes se encuentra detenida tras un allanamiento en su lugar de trabajo. ¿El motivo? La persecución sin tregua al trabajo sexual autónomo.

El día 10 de octubre, en un operativo violento, el domicilio que Malú López compartía con otras tres compañeras fue allanado en la zona norte de la ciudad de Mar del Plata. Por ser la mayor, María fue separada de las demás y se la dejó incomunicada. Sus amigas declararon que todas eran trabajadoras sexuales autónomas, que estaban allí por propia voluntad y que no había tal situación de trata ni proxenetismo.

Malú es la referente de Mar del Plata de AMMAR, la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, que hoy incluye también diversidad de géneros y de modalidades de trabajo sexual.

En una nota realizada en julio de este año por el portal Cosecha Roja, López decía: “Pasa todo el tiempo. Detienen a las más grandes y las acusan de ‘proxenetas’. Pero somos putas, no sarnosas. Somos mujeres trabajadoras”.

En un comunicado publicado en el día de ayer, AMMAR denuncia que María sufrió una descompensación a causa de estar más de 24 horas sin la medicación que debe tomar a diario.

Por otra parte, Malú es madre de seis hijxs, dos de lxs cuales son menores de edad, y el ingreso que proviene de su trabajo es el único con el que cuenta su hogar. Aun así, se encuentra incomunicada desde su detención.

Desde la Asociación declaran: “Estamos intentando acceder a la causa para poder acompañar y apoyar a María en el proceso judicial al que se tendrá que enfrentar porque en Argentina se equipara trata con trabajo sexual”.

LA INDUSTRIA DEL RESCATE

Esta falta de diferenciación entre trabajo sexual autónomo y el delito de trata de personas se debe a la Ley 26 842, sancionada en el año 2012, yconocida como la “ley anti-trata”.

Esta Ley crea una “industria del rescate”, que revictimiza a las trabajadoras sexuales autónomas organizadas en cooperativas para trabajar de manera más segura. La norma determina de forma expresa que el consentimiento de las partes no exime de responsabilidad penal, civil o administrativa. Las trabajadoras denuncian esta situación como una clara infantilización de sus personas.

Para comprender esta legislación y la actual industria del rescate que se empecina en construir responsables de un delito, aun cuando no lo hay, hay que remontarse a las llamadas Guerras del Sexo que tuvieron lugar en Estados Unidos, entre los sectores abolicionistas del feminismo y aquellos conocidos como prosexo.

Cargos de gobierno y en las Naciones Unidas fueron ocupados por el abolicionismo, gracias a mandatarios conservadores tales como Ronald Reagan.

Los informes realizados por el Departamento de Estado estadounidense, con claro sesgo abolicionista, y las recompensas a aquellos países que “rescatasen” más víctimas también explican cómo llega a constituirse en Argentina el negocio de la fabricación de víctimas.

Por otra parte, en el año 2000, la Organización de las Naciones Unidas adoptó el Protocolo de Palermo, también conocido como el Protocolo contra la trata de personas, el cual nuestro país aprobó y sancionó con fuerza de ley en el año 2002. Este protocolo tampoco contempla el consentimiento de las partes involucradas e iguala trabajo sexual con trata de personas.

Bajo esta lógica rescatista, departamentos donde las trabajadoras sexuales trabajan de manera colectiva son allanados, se acusa de proxenetismo a aquella(s) persona(s) que figuren en el contrato de alquiler y se considera víctimas de trata a las prostitutas que se encuentren en el inmueble, incluso si expresan que se encuentran allí de propia voluntad, como sucedió en la noche del martes con Malú y sus compañeras.

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Fuente: comunicado del sitio web de AMMAR

María Riot (@riotmaria), trabajadora sexual feminista y militante de AMMAR, escribió en su cuenta personal de Twitter que “sus compañeras, a quienes quieren anotar como víctimas, fueron a pedir por ella”. Asimismo, relata que la hija de López pide desesperada poder verla.

Brune, trabajadorx sexual marplatense y militante de la Asociación, denuncia en Facebook: “La parodia que existe en torno a la lucha contra la trata de personas y la industria que se monta en pos de combatirla hace que la policía, funcionarios públicos y agentes municipales [sic] nos criminalicen a quienes ejercemos el trabajo sexual autónomo para hacerse una buena caja chica y, de paso, hacer parecer que trabajan”.

En una publicación en su muro, Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR a nivel nacional, critica como en otras ocasiones a la apelación al derecho penal (y, por tanto, al sistema punitivista) para afrontar problemáticas sociales y, más precisamente, para perseguir y criminalizar a las putas, en clara demostración del funcionamiento patriarcal de la justicia.

Siguiendo el mismo lineamiento, Brune escribe: “Malú son todas las putas que hoy están presas. Lo confirmamos cuando vemos las estadísticas de las personas condenadas por el delito de trata de personas: casi la mitad de ellas son mujeres, mientras que en todos los demás delitos, sólo una de cada diez personas lo es”.

Desde AMMAR denuncian en su comunicado el aumento de la criminalización de la pobreza y la persecución a los sectores vulnerados de la población.

Con esta lógica punitivista, el delito de trata de personas no disminuye, mientras que sí se vulneran los derechos de mujeres trabajadoras, muchas de ellas madres solteras y sostenes de hogar.

Por otra parte, las cárceles se llenan de mujeres pobres, mientras que los verdaderos responsables y sus cómplices en los altos cargos de poder continúan libres e impunes.

Mientras tanto, las putas ponen en marcha mecanismos de acompañamiento y de la denominada “zorroridad”, y son claras en su manifiesto: “Las putas que mandaste presas van a volver”.

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Cuenta de Instagram del Sindicato de Trabajadoras Sexuales.

Muestrans: el ciclo de arte trans ya va por su segunda edición

“Vivan las travestis artistas, que con su arte cambiarán el mundo. Solo el arte nos hará libres”, decía la activista Lohana Berkins. Esas palabras siguen vigentes y toman ahora corporeidad en un ciclo de arte trans que este sábado 23 de septiembre tendrá su segunda edición: Muestrans.

La primera edición de este festival tuvo lugar hace cuatro meses, el 13 de mayo. Fue un éxito rotundo, con una gran asistencia y, lo más importante, se constituyó como un punto de encuentro necesario para lxs artistas de la tantas veces relegada T del colectivo LGBTIQ.

Aquellxs que conforman Muestrans reivindican la importancia del arte como manifestación política y como una herramienta de comunicación poderosa. En el evento de difusión expresan: “Tenemos algo para contarles, desde nosotrxs mismxs que, además de ser personas trans, somos un montón de cosas más, por ejemplo: poetxs, músicxs, dibujantes, pintorxs, escultorxs, etcétera”.

Escritura Feminista entrevistó a Noah Almirón, artista, varón trans y organizador del ciclo de arte; porque sí, tienen muchas cosas para contar, y no dejan que nadie hable por ellxs.

¿Cómo surge el proyecto?

Yo participo de varios grupos de personas trans en Facebook y había notado que en varias oportunidades alguien subía un poema que escribía o subía un dibujo que hacía o una canción que cantaba y pasaba un poco desapercibida.

Como yo tengo una perspectiva artística de la vida, porque soy músico, empecé a notar esto y, con mi ganas también de tener un espacio para compartir las cosas que amamos hacer, para identificarnos con otras personas que hacían una actividad artística, quise que nos agrupemos y nos encontramos desde este lugar, nos conectamos desde este lado artístico que algunx que otrx teníamos.

Fue así que apareció el grupo Pubiz artistas trans. Empecé a invitar a todes en los grupos y se empezaron a copar; en quince días éramos ciento cincuenta personas. Comenzaron a compartir cosas alucinantes en el grupo y a la semana siguiente ya me habían ofrecido un lugar en Tierra Violeta con una fecha determinada. Este fue el horizonte, la meta fijada para organizar un evento.

Pensando en cómo hacer para encontrarnos, cómo hacer para organizar un evento, ya que yo no tenía experiencia con eventos ni de cómo una organización así, empecé a pedir orientación a gente que ya contaba con experiencia, a preguntar cómo se hacía. Todo se fue dando solo y fui aprendiendo en el camino con personas que se coparon y me enseñaron muchas cosas.

En dos meses organizamos el primer evento que fue hermoso y tuvo mucha repercusión. Todavía lo recuerdo con cariño.

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Imagen de la primera edición de Muestrans. Fotografía por Mariano Camilo.

¿Cuál fue la experiencia adquirida de la primera edición de la muestra?

La experiencia adquirida es muchísima, porque como decía, yo no tenía experiencia en hacer eventos de esta magnitud. Creo que me sobrepasó pero como esto es un encuentro colectivo y autoconvocado, independiente y horizontal, y como existía una necesidad de crear un espacio en donde expresarnos y visibilizarnos, hubo un gran empuje de todes quienes fueron parte de la organización.

Aprendí del punto de vista de todes, perspectivas diferentes de cómo hacer las cosas. Gente que, con su experiencia, transmitió ideas muy profesionales, prácticas y económicas: qué materiales utilizar para que las exposiciones fueran ideales, por ejemplo. Vas adquiriendo conocimientos y aprendiendo un montón.

Me he cruzado con personas que estudiaron iluminación y te dan sus puntos de vista o personas que han estudiado cine, curaduría o escenografía y aportan un montón a la propuesta. Me convertí en una esponja y estoy agradecido. Vas tomando el ritmo de cuánto te lleva hacer algo, cuánto cuesta, está buenísimo. Acumulás conocimientos mientras te vas relacionando con otras personas.

En la edición anterior, me hice amigo de Emma (Emma Harumi, música y DJ) con quien terminamos saliendo a tocar juntxs, y estoy armando una banda en la que participa una DJ que a su vez se relacionó con Emma para hacer un proyecto juntas. Eso es lo copado de la Muestrans: que vas haciendo redes.

También quisiera agregar como experiencia el poder conocer a más personas. Se han dado muchas situaciones en las que te das cuenta que esto era esencial, que lo necesitábamos y lo hicimos. Hace que sea hermoso todo lo que está pasando, absolutamente todo, tanto lo que se ve en el escenario como lo que está detrás.

En la Muestrans anterior hubo una visibilidad de los varones trans, que personalmente estábamos muy escondidos, muy alejados de muchos discursos, y la verdad es que ver a tantos expresarse fue hermoso.

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«¿Qué hacés acá? ¡El baño cis es el otro!». Fotografía por Mariano Camilo.

El ciclo de arte hace énfasis en hablar desde lo trans y no de lo trans. ¿Qué implica este cambio de perspectiva con respecto a la representación que se acostumbra a ver de este colectivo?

Nos referimos a que ser una persona trans es una de las tantas características que nos constituye como personas, es una cualidad más que tenemos, junto a las cosas que sabemos hacer, que amamos. Ser trans es parte de quienes somos, yo soy hijo, hermano, amigo, trans, músico, me gusta el café con leche mitad y mitad, amo el blues y así un montón de descripciones más de mi persona.

No necesariamente hablamos de la transición, sino que queremos resaltar otras cosas que nos hace quienes somos y eso es lo que queremos compartir. El hecho de utilizar el arte como medio de expresión y hacernos un espacio para exponer es un hecho político de por sí, porque ponemos nuestros cuerpos allí, organizando y hablando de nosotrxs mismxs. Con nuestras propias voces decimos quiénes somos.

Hablar desde lo trans tiene que ver con que nos molesta que otras personas hablen de nosotrxs sin atravesar la experiencia de ser trans. Entonces, antes de seguir quejándonos, lo hacemos nosotrxs mismxs: levantamos la voz y decimos ¡acá estoy!

Esa fue también la intención de la primera Muestrans: que fuera un evento exclusivamente organizado por personas trans y de géneros fluidos, y hacerlo un lugar de expresión.

Por mi parte creo que sale de una necesidad personal y el sentimiento era compartido con muchas personas que hoy son parte de la organización y las exposiciones.

Vas a notar que en los videos de presentación de Muestrans o en los panfletos no hay una corporalidad, porque creo que sería imposible poder englobar en una sola la palabra trans como la estamos utilizando.

Generalmente, cuando veo que se organiza un evento transfeminista o con temática trans, aparece quizá alguna imagen o corporalidad, que suele ser la de una mujer trans, en la que se hacen notorios los genitales, por ejemplo. Creo que inconscientemente al escuchar la palabra trans, la relacionamos con una mujer.

Claro que esto tiene algunas explicaciones: un recorrido histórico militante muy importante y referentes que han dejado su vida por la lucha de la comunidad trans. Pero la realidad es que cuando yo digo o escribo trans, esa palabra también me pertenece, y como varón trans no me siento visibilizado.

También es una responsabilidad mía la de hacerme notar en esa palabra como una transmasculinidad. Creo que esa idea de hacer flyers con corporalidades hay que cortarla un poco, porque nunca vas a lograr englobar en una sola todas las miles de identidades trans que puede haber.

Sobre todo, también queremos expresar que si bien existe un lado no muy feliz que tiene que ver con ser trans en esta sociedad binaria, patriarcal y machista, también hay otro lado. En lo personal, asumirme como un varón transexual es lo mejor que me pasó en la vida, con todas las letras. Y eso da ganas de expresarlo: que es hermosa la manada trans, en donde hacemos redes de contención, de amistad y de amor, por supuesto.

La segunda edición de la Muestrans, con más de 30 artistas y stands feriantes, tendrá lugar el sábado 23 de septiembre a partir de las 18:30 hs en Feliza, Avenida Córdoba 3271. Entrada: $50 (no excluyente).