El silencio como reconstrucción de la memoria colectiva

El silencio es un cuerpo que cae (2017) fue la ópera prima de Agustina Comedi. Dictadura en Argentina, disidencias sexuales y militancia son algunos de los tópicos que se tocan en el documental creado a partir de las 160 horas de video registradas por su papá. ¿Es todo lo personal político? En un capítulo del podcast El deseo de Pandora, la directora traza lineamientos sobre su concepción de cine feminista.

El silencio es un cuerpo que cae (2017)

Lo primero que nos cuenta la voz en off de su hija es que Jaime falleció en enero de 1999 con la cámara en la mano. Según Agustina, lo que la motivó a comenzar a revisar las cintas de su padre fue que un amigo de su juventud le dijo «Cuando vos naciste, algo de Jaime murió para siempre». Poco tiempo después descubrió que, hasta sus 40 años, Jaime había sido homosexual.

La idiosincrasia de los años 90 se ve cristalizada en imágenes de viajes al exterior y reuniones familiares. Intercaladas con entrevistas actuales a varies amigues de Jaime, El silencio… nos presenta un perfil de lo que podría ser la historia de cualquier disidencia que haya sobrevivido a la represión vivida durante la última dictadura militar.

«Ser puto era una desviación burguesa»

Jaime es descrito por sus hermanas como «distinto a la familia» desde pequeño. Interesado por la cultura y la militancia, estudió derecho y en su adolescencia militó para la izquierda. Sin embargo, en los años 70 ni siquiera esos partidos podían concebir una sexualidad no heterosexual. «Ser puto corrompe el espíritu revolucionario», le dijo a Jaime un compañero de Vanguardia Comunista. Allí también a una de sus amigas la expulsaron y enjuiciaron «por torta», según relata el filme.

«Hacíamos las cosas para transformar el mundo pero no podíamos transformarnos a nosotres mismes».

Amiga de Jaime a Agustina.

El clima político y social de la década hizo que cualquier aparente «desviación de la norma» fuera encarcelada y torturada en búsqueda de información. Los interrogatorios giraban alrededor de las fiestas, las reuniones privadas y los sitios de circulación de homosexuales.

La importancia del filme radica en que el recorrido realizado por Comedi va rellenando los silencios de toda una generación a través de una historia familiar que le escapa a los lugares comunes. ¿Cómo llegó a ese resultado? Podés mirar El silencio es un cuerpo que cae acá.

¿Todo lo personal es político?

El deseo de Pandora es el podcast feminista de Anfibia. Conducido por Leila Mesyngier y Julieta Greco, quienes conciben al mito como una metáfora del día en el que se dijeron feministas. En el episodio 18 de la segunda temporada entrevistaron a Agustina Comedi, quien habló de su rol como cineasta.

Cuando se trabaja con material de archivo heredado, familiar e íntimo, se vuelve fundamental el lugar desde el que se narra. Al respecto, Agustina destaca «la importancia de transparentar la mirada y desafectarse para no caer en sentimentalismos».

«Las imágenes no hablan por sí solas, hay algo de una reflexión previa y es como una especie de conversación con esas imágenes. (…) Las imágenes te modifican y el relato modifica la forma de mirar esas imágenes».

Agustina Comedi para El deseo de Pandora.

¿Qué necesita una película para considerarse feminista?

Varios son los test que, a partir de ciertos cánones, encasillan películas en «niveles de feminismo». ¿Hasta qué punto este procedimiento no achata el análisis en una mera estandarización? Para la cineasta, el feminismo viene centralmente a replantearse las relaciones de poder y, siguiendo este ideal, el cine feminista debería ser irreverente y dejar un lugar abierto para que le espectadore complete, confiando en su mirada.

Agustina Comedi brilló en el Festival de Berlín - Noticias de Córdoba –  HoyDia.com.ar | Noticias de Córdoba – HoyDia.com.ar

A su vez, destaca como una necesidad la presencia de disidencias en las producciones. La pluralidad de voces, sin embargo, no puede considerarse garantía de que una historia contenga una lectura en clave de género. Es por esto que resulta preferible analizar cada caso en particular y evitar las comparaciones que muchas veces pueden empobrecer el análisis.

«No creo que la enunciación política se agote en el yo»

En una entrevista de Revista Colibrí por Paula Colavitto, Comedi habla sobre los años de militancia de su padre, profundizando en que las organizaciones de los años 70 y 80 se regían bajo un esquema de pensamiento centrado en lo colectivo. El giro hacia lo individual en términos políticos puede rastrearse en las últimas décadas y su riesgo, según ella, es quedarse en el plano individual sin dar el paso a lo colectivo.

«No todo lo personal es político. Si no se pueden colectivizar los procesos, materializar en luchas y procesos más colectivos, (…) terminamos todes peleando por ocupar nuestro espacio, por garantizar nuestro espacio, por visibilizar nuestra práctica y me resulta muy poco productivo».

Agustina Comedi para Revista Colibrí.

Su conceptualización de la identidad como algo procesual, anfibio, y su reivindicación de los grises tan criticados actualmente por los movimientos militantes funciona como punto de partida para pensar desde dónde creamos el tipo de producciones que queremos ver en pantalla.


El camino cinematográfico de Chloé Zhao

Chloé Zhao es la segunda mujer en ganar el premio Oscar a la mejor dirección por su film Nomadland y la primera en recibir el Globo de Oro por la misma terna. ¿Cuál fue el camino que recorrió hasta llegar allí? Enterate leyendo esta nota.

«People at birth are inherently good».

– Chloé Zhao en la premiación de los Oscar.

Con esta frase esperanzadora sobre la bondad nata del ser humano comienza uno de los poemas que Chloé memorizaba junto a su padre en China. Ella se encargó de reponer este recuerdo en su discurso al recibir el galardón de La Academia, argumentando que «aunque a veces parece lo contrario, siempre encontré bondad en la gente que fui conociendo alrededor de todo el mundo».

La directora, productora y guionista nació en Pekin, creció en Beijing y pasó su adolescencia en Brighton, Inglaterra. Luego de graduarse en ciencia política viajó a Nueva York para estudiar cine. A los 33 años ya había estrenado su primera película y, desde allí, fue nominada a una serie de premios como el festival de Cannes, Toronto y Venecia.

Director Chloe Zhao Arrives With Early Oscar Contender 'Nomadland' and Next  Year's 'Eternals': "It's a Bit Surreal" | Hollywood Reporter

Desde un principio su cine fue calificado como «reflexivo y observacional» dentro de la escena independiente estadounidense y con Nomadland (2020) logró consagrarse como realizadora. Chloé expresa en una entrevista que lo que más le gusta de un film es cuando el realizador permite sentir algo más allá de lo que vemos en la pantalla y creo que eso es lo más valioso que intenta transmitir en sus películas.

Songs my brothers taught me (2015)

En su primer film Chloé retrata la historia de una familia de nativos de Dakota del Sur, Estados Unidos. Aurelia tiene tres hijos pero solo convive con dos. Mientras que Johnny termina sus estudios secundarios y Jashaun tiene solo 11 años, el mayor de los hermanos se encuentra en prisión. La noticia de la muerte de un padre al que pocas veces vieron irrumpe en la cotidianeidad familiar tanto como el hecho de que les dejó más de 20 hermanos por conocer.

John Reddy: Biofilmografía
Songs my brothers taught me (2015)

El factor común en Pine Ridge es el alcoholismo. Si bien la venta de alcohol está prohibida, el tráfico de bebidas es moneda corriente. Entre escenas de consumo y peleas de grupos de traficantes se mezclan el paisaje y la naturaleza del lugar, dando como resultado una mirada sensible sobre una cruda realidad.

Para lograr tal verosimilitud la directora convivió con habitantes de la comunidad y seleccionó actores y actrices autóctones, no profesionales. La pasividad y monotonía de la vida en Pine Ridge es uno de los tantos factores por los que «irse» aparece como una de las únicas oportunidades de crecer.

Es un retrato sobre el paso a la adultez y la toma de decisiones que eso conlleva. Entre melancolía y excesos, para la generación de Johnny no hay muchas alternativas. Ni él ni sus amigos tienen grandes metas, volviéndose central en este cuadro el rol de la familia. La podés ver acá.

The rider (2017)

La segunda película de Zhao comienza con los ojos desorbitados de una yegua en primer plano que nos auguran el conflicto que recorrerá todo el film. Una pequeña figura de madera de caballo es estrujada entre las manos de Brady. El joven jinete se vio accidentado en un rodeo. Una cicatriz que le recorre medio cráneo y el suficiente miedo como para no volver a domar, fueron sus secuelas más importantes.

The Rider: El más real, desgraciado y optimista vaquero de rodeo :  Cinescopia
The rider (2017)

Brady convive con su padre y su hermana, de quien es muy apegado. Al igual que en la película anterior, Chloé se encarga de poner en primer plano la incondicionalidad del vínculo entre hermanos. Tanto en Songs… como en The Rider los hermanos varones asumen un rol de figura sobreprotectora para con sus hermanas. La lectura de estas relaciones en clave de género puede dejar bastante que desear, ya que las hermanas siempre se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. Sin embargo, la idealización que ellas hacen de sus hermanos mayores dista mucho de la convicción con la que ellos llevan adelante sus vidas.

Las similitudes con el film anterior son varias. Nuevamente aquí las escenas de la soledad de los protagonistas en la inmensidad de un valle árido de Estados Unidos le aportan introspección y sensatez a una historia de madurez y toma de decisiones. A su vez, también presenta elementos reales, ya que el actor que interpreta a Brady era jinete y se accidentó montando y tanto su hermana como su padre son interpretades por sus familiares reales.

Chloé retrata con éxito otro Estados Unidos, a través de historias de jóvenes adolescentes muy alejadas de lo que una película de preparatoria promedio puede ofrecernos. La riqueza de sus producciones radica también en la verosimilitud lograda con simpleza por una cámara que pareciera realizar un registro casi documental donde los hilos se vuelven transparentes y les protagonistas aparentan contar sus historias «sin intermediarios». Mirala acá.

Nomadland (2020) y Eternals (2021)

Podés encontrar la reseña de la película ganadora del último Oscar acá. Y, en cuanto a Eternals (2021), si bien aún no se estrenó, hay que destacar que Zhao está por estrenar una película con la producción de Marvel que se espera que rompa con su tradición de films hasta el momento.


#Reseña El cuidado infantil en el siglo XXI: mujeres malabaristas en una sociedad desigual

En este libro de Eleonor Faur se destaca la necesidad de analizar a nivel político y social de qué forma las madres plantean estrategias para llevar a cabo su vida productiva y reproductiva sin colapsar en el intento. Tareas de cuidado en general y de cuidado infantil en particular que, mal que nos pese, sabemos que son las mujeres y feminidades quienes las llevan a cabo.

La autora lleva adelante una investigación sociológica complementando un análisis de las normativas laborales vigentes con una exploración cualitativa que incluye muestreos y entrevistas realizadas en diferentes barrios vulnerables de nuestro país a madres con diferentes recursos. A lo largo de cuatro capítulos, Faur se pregunta cuál es la incidencia de lo social en sus prácticas y cómo las instituciones tanto públicas como privadas complejizan el entramado perjudicando al supuesto «género débil».

El lugar de lo privado – público

Desde sus inicios, la definición de derechos laborales fue influenciada por la cuestión de género, superpuesta a la siempre presente cuestión de clase. Citando diferentes investigaciones, Eleonor Faur demuestra con números que siendo mujer hay menos posibilidades de conseguir un trabajo formal; que el trabajo precario es más común entre aquellas que no pudieron completar sus estudios; y que las mujeres pobres con hijes son las menos beneficiadas, siendo el servicio doméstico la salida laboral más recurrente en estos casos. 

¿Qué entendemos por cuidado?

Un enfoque reciente realizado por Mary Daly y Jane Lewis (2000) define «cuidado social» como «las actividades y relaciones orientadas a alcanzar los requerimientos físicos y emocionales de niños y adultos dependientes, así como los marcos normativos, económicos y sociales dentro de los cuales estas son asignadas y llevadas a cabo». Lo innovador de esta mirada es que incluye no solo a las familias sino también al Estado como participante de forma directa o indirecta del cuidado

Desde allí se vuelve crucial analizar el cuidado como una categoría más del entramado social, en la que se ponen en juego no solo la incidencia de las políticas sociales sino también la dinámica de los hogares y las relaciones de género.

El rol del Estado

Según la autora, para las instituciones de políticas sociales hay un sujeto que tiene el deber de conciliar las esferas productivas y reproductivas, la familia y el trabajo, lo público y lo privado: las madres. Es a ellas a quienes en el ámbito laboral se les da la titularidad de un derecho relativo al cuidado infantil y no a los padres. De madres a abuelas o niñeras, la matriz societal en la que vivimos impone y traslada las responsabilidades de cuidado de unas mujeres a otras.  

Cuadro de licencias por maternidad. «El cuidado infantil en el Siglo XXI», ed. Siglo XXI.

«Incluso en los sectores que ofrecen más facilidad a los varones para acompañar el nacimiento de sus hijos, queda claro que estas licencias no alcanzan a erigirse como un incentivo a la corresponsabilidad de los varones en el cuidado de sus hijos ya que, en el mejor de los casos, representan una décima parte del período asignado a las madres del mismo sector».

Eleonor Faur en «El cuidado infantil en el siglo XX».

Políticas y planes sociales maternalistas

Resulta interesante destacar el cuarto capítulo de este libro, donde se analizan diferentes «programas de alivios de la pobreza» que se han brindado en los últimos 20 años en nuestro país. Entre ellos: el Plan Jefes y Jefas, el programa Familias por la Inclusión Social y la Asignación Universal por Hijo. Lo que se busca es trazar una línea transversal que demuestre qué lugar ocupa el cuidado en las estrategias estatales de alivio de la pobreza. ¿Quién es el sujeto de la protección social en la Argentina? La respuesta no les sorprenderá… 

Según una encuesta realizada en CABA por la autora, las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres a las tareas de cuidado, mientras que ellos dedican la mayor parte de sus horas al trabajo remunerado. Es aquí donde cabe preguntarnos: ¿sigue vigente en el imaginario social el modelo de hombres proveedores y mujeres amas de casa? Faur intentará responder esa pregunta a través de una profunda exploración cualitativa.

Como horizonte, Eleonor propone la desfamiliarización del cuidado infantil tanto como fuera posible. Esto podría convertirse en un cambio de paradigma sobre todo si se ve impulsado desde políticas públicas que faciliten la oferta de servicios que permitan a madres y padres continuar con su vida productiva en igualdad de condiciones.

La autora y la editorial

Eleonor Faur es socióloga (UBA) y Doctora en Ciencias Sociales (FLACSO). Ella se dedica a la investigación de relaciones sociales, públicas y de género. Fue asesora en diferentes servicios públicos en Argentina y Colombia, siempre bregando por promover programas que integren la perspectiva de derechos humanos en su desarrollo. Hoy en día investiga, escribe para Revista Anfibia y publicó, entre otros, libros como Masculinidades y desarrollo social (2004) y Mitomanías de los sexos (2016) donde, junto a Alejandro Grimson, investigan las ideas contemporáneas asociadas a «los hombres y las mujeres» y cómo fueron evolucionando. 

Por su parte, Siglo XXI es un proyecto editorial que busca difundir el pensamiento crítico y la circulación de ideas del campo de las Ciencias Sociales, Humanidades y la divulgación científica. Sus obras abordan autores clásiques, como Foucault, Barthes, Luxemburgo y Marx, autoras y autores con trayectorias consolidadas y también «a quienes están dando forma a su primer libro y expresan tonos, estilos y temas de una nueva generación».


#Reseña ¡Contrahegemonía ya! de Nancy Fraser

¿Cuál es el lugar de los movimientos antirraciales, LGBT+ y ambientalistas en la crisis actual? Resulta cuanto menos atrapante leer que el progresismo actual le habría dado al neoliberalismo «la pátina de aceptación necesaria para una revitalizada hegemonía». Nancy Fraser polemiza en sus exposiciones una respuesta clara y lo suficientemente convincente.

¿Por qué leer ¡Contrahegemonía ya!?

Corto y llevadero, el libro de Nancy Fraser reúne un artículo y una entrevista de la profesora de filosofía y política de la New School For Social Research neoyorquina donde comparte su hipótesis sobre la crisis global actual. Sus lecturas no solo resultan reveladoras sobre el lugar que ocupan los movimientos sociales en la política, sino también brindan pistas para comprender el contexto global y local desde una perspectiva feminista y marxista.

Hipótesis y principales conceptos

Fraser retoma la hegemonía gramsciana y se pregunta por la posibilidad de la consolidación de una izquierda que incluya las promesas con las que nos encandilan los movimientos feministas, LGBTIQ+ y ambientalistas. Ella lee la crisis política estadounidense actual como una faceta de algo más amplio y mucho más profundo: una crisis de hegemonía.  

Siguiendo sus lineamientos, la hegemonía para Gramsci es definida como un proceso mediante el cual las clases dominantes hacen que su dominación tenga apariencia de natural. La contracara y aparente resistencia de las clases dominadas puede estar basada en un nuevo sentido común, persuasivo y, básicamente, contrahegemónico

Dos de los conceptos principales de las teorías de Fraser son los aspectos a través de los cuales se impuso la hegemonía capitalista según ella: la distribución y el reconocimiento. Mientras que el primero se refiere a la repartición de la riqueza y división de los ingresos en determinada estructura económica, el reconocimiento expresa cómo la sociedad debería atribuir moralmente el respeto y la estima. Desde allí propone analizar no solo la llegada al poder de Trump sino también las perspectivas de un bloque contrahegemónico capaz de resolver la crisis.

Contexto estadounidense y neoliberalización

El mapa político de Estados Unidos es esquematizado por Fraser en tres grandes bloques: el neoliberalismo «progresista» de Barack Obama y Hilary Clinton, el neoliberalismo hiperreaccionario de Donald Trump y el populismo progresista de Bernie Sanders

En la época pretrumpista, el bloque hegemónico del neoliberalismo progresista de Obama se impuso combinando un tipo de distribución que beneficiaba a los sectores financieros más simbólicos y un reconocimiento que incluía alianzas con las corrientes liberales dominantes de diferentes movimientos sociales. En palabras de Fraser: «Un programa económico expropiador y plutocrático con una política meritocrática liberal del reconocimiento»

En el ethos de los nuevos demócratas entonces podemos incluir la política del reconocimiento con apariencia de igualdad y emancipación, donde convivían ideales de diversidad, empoderamiento, posracialismo, multiculturalismo y ambientalismo. Sin embargo, nunca se intentó abolir la desigualdad, en su lugar se la «diversificaba». Este elemento tan superficial le aportó carisma al nuevo espíritu del capitalismo.

«Gracias a este ethos, las políticas que propiciaban la redistribución hacia arriba de la riqueza y el ingreso adquirieron una pátina de legitimidad».

Nancy Fraser en «¡Contrahegemonía ya!».

Uno de los antagonistas de este bloque fue el neoliberalismo reaccionario, que si bien compartía la misma idea de distribución, presentaba un reconocimiento diferente. Las elecciones de 2016 en Estados Unidos enfrentaron al supuesto multiculturalismo demócrata con el nacionalismo étnico republicano. 

Para conquistar los votos de esos sectores, en sus discursos Trump invocó una base obrera blanca, heterosexual, masculina y cristiana. En su campaña esbozó un nuevo sentido común, tan populista como reaccionario. Bien sabemos hoy en día que esas políticas distributivas jamás fueron implementadas en su paso por el poder ejecutivo. 

Cuando el gato populista saltó de la caja…

Volver a apostar por un neoliberalismo populista (aún teniendo en cuenta el carácter oximorónico de esa combinación) resulta, para Fraser, seguir alimentando el nacimiento de futuros Trump. En la actual crisis de hegemonía donde «lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer», considera que el populismo progresista se convierte en el candidato más probable de crear un bloque contrahegemónico

¿Qué propone Fraser entonces? Incitar a las disidencias a apartarse del «feminismo adaptado al mercado» y a los sectores ambientalistas del «capitalismo verde». Reemplazar un feminismo de elite por un feminismo para el 99%. Sin silenciar a los movimientos pero evitando el abordaje desde la condescendencia moralizante. Para esto es fundamental volver a poner en agenda las raíces compartidas del racismo y el capitalismo financiarizado. 

La autora y la editorial

Nancy Fraser: “El feminismo que ha devenido hegemónico ha sido para el uno  por ciento de las mujeres” – Kaos en la red

La doctora argentina en Ciencias Sociales, Laura Fernández Cordero resalta en el prólogo del libro dos aspectos de la perspectiva de Nancy Fraser: ambición teórica y voluntad política. Reconocida por otros libros como Feminismo para el 99%, hoy en día la autora se dedica al análisis del Grundrisse marxista en sus cursos, analizando la relación entre capitalismo, naturaleza y crítica. 

Las críticas que se le hacen apuntan principalmente a que sus argumentos soslayan sistemáticamente la pluralidad de voces que se ven representadas en los movimientos, así como las diferentes transformaciones subjetivas logradas por esos grupos.

Por su parte, Siglo XXI es un proyecto editorial que busca difundir el pensamiento crítico y la circulación de ideas del campo de las Ciencias Sociales, Humanidades y la divulgación científica. Sus obras abordan autores clásiques, como Foucault, Barthes, Luxemburgo y Marx, autoras y autores con trayectorias consolidadas y también «a quienes están dando forma a su primer libro y expresan tonos, estilos y temas de una nueva generación».



#Reseña Los que vuelven

El tercer largometraje de Laura Casabé fue filmado en Misiones y ambientado en 1920, cuando la supuesta civilización intentaba desterrar a la pretendida barbarie con espadas más que con la pluma y la palabra. Con perspectiva de género da vuelta el paradigma hegemónico que tenemos para con los pueblos originarios argentinos mediante un drama fantástico de terror.

La selva misionera, sus saltos, los sonidos de la naturaleza y la constante neblina son el contexto de este filme de terror con trasfondo político. Durante 3 episodios, una familia terrateniente de campos yerbateros se deberá enfrentar a la furia de un grupo de personas originarias que buscan recuperar lo que les han quitado.

«La Iguazú es dadora y destructora»

La película comienza con un fragmento de la leyenda de «la Iguazú», a quien describen como dadora y destructora. En una de las primeras escenas se puede ver cómo Julia (María Solda) carga en brazos a un niño sin vida y le pide a la Iguazú que «se lo devuelva». Inmediatamente el niño llora, como signo de vuelta a la vida, pero con él viene también una sorpresa para ella y su marido (Alberto Ajaka). 

La figura de muertos vivos ha sido usada anteriormente para retratar conflictos políticos, pero lo original de esta historia es la forma en la que se cuenta una relectura a la colonización machista, racista y patriarcal realizada a lo largo del territorio argentino

Con la espada… ¿la pluma y la palabra?

Cualquier residente en Argentina conoce la historia oficial que se cuenta con respecto a la colonización de tierras nativas. Contra ese relato hegemónico, se presenta esta película que, a través de una historia de terror sobre el ciclo de la vida y la muerte, deja en claro que hay otra lectura posible.

La perspectiva de género y la conciencia de clase hacen de esta propuesta un combo muy logrado, ya que las mujeres de la casa son tan indispensables para las tareas de cuidado como prescindibles para las decisiones importantes. Por otro lado, se deja en claro que toda la labor de fuerza la realizan los guaraníes, de quienes la burguesía terrateniente se mofa y abusa siempre que tiene la oportunidad de hacerlo.

Laura Casabé

La directora y guionista tiene 38 años y anteriormente realizó otras dos películas: «El hada buena – Una fábula peronista» y «La valija de Benavidez». En esta oportunidad expresa que buscó representar un retrato de la situación opuesto al tipo de la pintura «La vuelta del malón». Ella define el género de su tercer filme como cine de «terror rural con fuerte carga ideológica».

El terror siempre es un buen anclaje para los horrores del sentido común, lamentablemente reproducidos por los medios de comunicación masivos y las instituciones. La forma sutil de presentar un drama social y político está a la altura de la tríada de Lucrecia Martel, «La Cienaga», «La niña Santa» y «La mujer sin cabeza».

La vuelta del malón, Angel Della Valle. 1892.

El mérito del filme además se encuentra en incluir a una gran cantidad de guaraníes autóctonos en el reparto para su representación, planos cenitales de la selva misionera y un sonido envolvente que logra compenetrar al espectador aún si se encuentra en el ápice de la metrópolis.

¿Cuándo y dónde verla?

Hoy sábado a las 22 por Cine.Ar TV; o hasta el 9/10 por Cine.Ar Play


Fuentes:


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#Reseña Distancia de rescate

La primera novela de Samantha Schweblin logra sumergirnos en una historia intensa con raíces fuertes en la maternidad y en el ataque sistemático a la naturaleza mediante agrotóxicos. No solo son menos de 200 páginas que se leen de un tirón, sino que también es apta para lectores de cualquier género literario.

Resulta difícil encasillar esta historia, en la cual se encuentran más de una similitud con la anteriormente reseñada Cometierra (2019). Si bien ambas tratan problemáticas que podrían desencadenar historias de terror, lo terrorífico es que son tan crudas como realistas. Dos novelas cortas e intensas que tocan temáticas actuales en nuestro país, aunque sus locaciones son anónimas y el tiempo en el que transcurren también.

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En Distancia de rescate (2014), les protagonistas son poques y de elles no se relata vida anterior. Lo esencial y urgente es el presente. Desde el comienzo nos sitúa en el recuerdo, o intento de este, por parte de su protagonista: Amanda necesita recordar para salvarse, aunque no sabemos bien de qué. En este pasado reciente, Amanda y su pequeña hija Nina disfrutaban de unas cortas vacaciones en el campo mientras el padre de la niña trabajaba en la ciudad. En la casa que alquilaban conocieron a Carla y al peculiar David, su hijo. 

La ciudad se sugiere cercana a la ciudad de Buenos Aires pero está rodeada por campos y casas grandes con piletas. El anhelado descanso de la ciudad se verá interrumpido por un misterio que imbrica tanto a la maternidad como a la naturaleza y su cruel alteración por parte de los ya conocidos agrotóxicos.

«Mantengamos la distancia de rescate»

Uno de los fuertes de esta novela es la forma en que está narrada. Resulta adictiva y no decepciona. No hay subtítulos ni divisiones: el relato es un todo, un capítulo único, una eterna conversación entre ella y David. David quiere ayudar a Amanda y, por lo poco que sabemos, para hacerlo necesita que ella recuerde un momento específico. A lo largo de toda la novela él intentará guiarla y evitar que se distraiga.

Algo fundamental a destacar (sin spoilers) es la causa del título: ¿Qué es la distancia de rescate? Es una práctica que Amanda repite de su madre y consiste de la distancia variable que la separa de su hija Nina. De esa distancia va a depender su capacidad de asistirla en el caso de que la pequeña estuviera en peligro repentino. Con los relatos de Carla, Amanda comienza a obsesionarse y a creer que el peligro se acerca cada vez más a su hija. 

Los lazos fuertes entre las madres y sus hijes, su constante desesperación por saber si necesitan ayuda, la culpa que les genera no estar lo suficientemente disponibles para elles y la presente ausencia de los padres, a quienes casi no se hace referencia más que para nimiedades, construyen un universo en el cual se puede empatizar siendo hije o xadre.

Sabemos muy bien que el mundo en el que vivimos considera a las madres como el eje central de las familias: quienes crían, limpian, cocinan, llevan adelante tareas de cuidado y también educan «naturalmente». En esta novela es reconocible cómo eso permea en las actitudes maternales que pueden pecar de sobreprotectoras, dado el alto grado de responsabilidad que se les asigna.

Samantha Schweblin

La escritora nació en Argentina pero hace 8 años se radicó en Berlín. Fue premiada por todas sus producciones literarias. Con Distancia de rescate ganó el Premio Tigre Juan en 2015 y el «Tournament of Books» en 2018 como mejor libro publicado ese año en Estados Unidos. Fue publicada también en el Reino Unido.

Su gran popularidad hizo que Claudia Llosa, la escritora y directora de cine peruana conocida por La teta asustada (2009), decidiera llevar la novela a la pantalla grande. La película de Distancia de rescate planea ser estrenada este año en Netflix y será protagonizada por Dolores Fonzi.

Samantha es conocida por su particular modo de presentar sutil y sigilosamente al catalizador de los conflictos como un factor consecuente del poco cuidado que se tiene en el mundo moderno de la naturaleza, de su constante ataque por parte de las fábricas y grandes multinacionales y cómo eso termina afectando en una cadena más corta de lo que suponemos a sus personajes.

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Tanto ella como Dolores Reyes, María Gainza, Silvia Almada, Camila Sosa Villada, Mariana Enriquez y Gabriela Cabezón Cámara forman parte de la nueva narrativa argentina que, después de tanta desigualdad de género, parece estar dándoles a las feminidades y disidencias literarias el lugar que se merecen.


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#Reseña Cometierra

Cometierra (2019) es la primera novela de Dolores Reyes. Luego de dedicarla «a las víctimas y sobrevivientes de femicidios», la joven escritora argentina se mete de lleno en una temática tan actual como sensible con un tratamiento que está a la altura de las circunstancias.

«Antes tragaba por mí, por la bronca, porque les molestaba y les daba vergüenza. Decían que la tierra es sucia, que se me iba a hinchar la panza como a un sapo. (…) Después empecé a comer tierra por otros que querían hablar. Otros, que ya se fueron».

«Cometierra».

La novela corta adelanta desde el comienzo, de forma clara y en primera persona, el particular hábito de su protagonista: comer tierra. Desde allí adquiere el apodo que titula esta historia. A pesar de que nunca sabemos cuál es su nombre real, llegamos a conocerla desde muy cerca a partir de un episodio que marcará su infancia para siempre: en el entierro de su madre, ella se entera mediante una visión que fue su padre quien la asesinó en un episodio de violencia de género.

Entre ranchos de chapa y barrios humildes, la pequeña deberá buscar junto a su hermano mayor, «el Walter», la forma de sobrevivir sin sus xadres. Ante la necesidad, ella decide empezar a cobrar por sus servicios, sacando provecho de su poder.

«LA TIERRA PARECE ENVENENARME»

El aditamento fundamental de esta novela es lo que sucede cuando Cometierra le hace honor a su apodo. Cuando ingiere tierra relacionada con ciertos cuerpos, ella tiene visiones. Y no cualquier tipo de visiones: puntualmente, ve qué les sucedió a personas desaparecidas que fueron violadas, secuestradas, golpeadas, asesinadas. Ve si están muertas o vivas. Ve en qué lugar les sucedió y hasta a veces ve a los victimarios.

No es algo que disfrute. De hecho, es un hábito que le genera bastante displacer. Sin embargo, con tal de ayudar a su hermano, comienza a aceptar una remuneración por sus servicios. Además, aunque aparenta ser una joven ruda y fría, siempre termina empatizando con esas víctimas y sus seres queridos, quienes buscan consuelo cuando lo único que les queda es la esperanza. La idea surgirá a partir de la insistencia de varios de sus vecinos, que le dejan anónimamente una botella con tierra, el nombre de la desaparecida y un teléfono en el frente de su casa.

tiempo y espacio

La riqueza de esta novela radica en que pudo haber pasado en Retiro, en Avellaneda, en Rosario, en Posadas o en cualquier barrio precario de la extensa Argentina. No es un factor de verdad importante dónde y cuándo transcurre una historia que traspasa la geografía y la temporalidad ya que, lamentablemente, la desaparición, el cautiverio y el asesinato de mujeres y feminidades en manos de la violencia de género es una realidad en nuestro país hace bastante tiempo.

Cometierra no busca ser una heroína. Ella recibe un don y con el tiempo comprende que puede ser muy útil cuando las instituciones estatales y policiales hacen agua en una investigación de este tipo. Si bien es algo que trasciende todas las clases sociales y estilos de vida posibles, sabemos que los índices de violencia de género son aun mayores en barrios carenciados. Cuando en su propia vecindad es moneda corriente el maltrato contra las mujeres, la responsabilidad de Cometierra crece más y más hasta un punto en el que quiere desligarse por completo de ese sexto sentido.

DOLORES REYES

La autora de «Cometierra» es docente, feminista y activista de izquierda. Nació en Buenos Aires, vive en Caseros y tiene siete hijos. Estudió Letras en la UBA pero confesó que el empujón para publicar se lo dieron los talleres de escritura de autores contemporáneos como Selva Almada o Julián López.

Comenzó a escribir esta historia cuatro años antes de publicarla, luego de escuchar una frase de un compañero que le sirvió de disparador: «tierra de cementerio». En ese mismo momento se imaginó a la pequeña Cometierra de espaldas, con las manos y la boca sucias de restos de tierra mezclada con restos humanos. Ella no lo ve como un elemento fantástico sino como un retorno a las raíces. Raíces en sentido figurativo y metafórico. La madre Naturaleza, luego de acoger a la madre de Cometierra, comienza a susurrarle sus secretos.

Cometierra – lavaca
Fuente: La Vaca.

Cuando le preguntan a Dolores qué relación tiene la novela con la actualidad argentina dice que mucha. Y es que Cometierra tiene el plus de un dialecto de fácil lectura para adolescentes, brindando a las vidrieras de las librerías más ostentosas un dialecto de conurbano o villero que le aporta verosimilitud al relato.

En Argentina ya va por la quinta edición y fue vendida a Estados Unidos y Europa. La historia que se compone de desapariciones, conurbano y cerveza barata está dando la vuelta al mundo. La recomiendo con fervor, ya que su extensión es inversamente proporcional al tiempo que continúa acechando en la memoria de le lectore, con cierta dulzura ácida. Igual que un trago de birra caliente en ayunas.


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¿Fondo nacional de las artes relegadas?

Las críticas despertadas por un concurso literario recortado al género fantástico apuntaron principalmente contra Mariana Enríquez, la directora de Letras del Fondo Nacional de las Artes. ¿Fue una medida excluyente? ¿Es el trasfondo de la cuestión una contienda de snobs versus freaks? ¿Es esta una nueva guerra contra las mujeres?

El Concurso de Literatura que se realiza todos los años no escapó de las particularidades con las que 2020 tiñó todo lo que conocemos. En este caso, el Fondo Nacional de las Artes (FNA) cambió de manera excepcional las bases y condiciones de un certamen que normalmente era dividido en 4 categorías diferentes: cuentos, novelas, poesías y no ficción.

Entre el 30 de julio y el 3 de septiembre se recibirán novelas, libros de cuentos, ensayos, libros de poesía y novelas gráficas dentro de los géneros Ciencia Ficción, Fantástico y Terror. Los premios se dividen entre uno nacional y cinco regionales. Dentro de esas regiones, la ciudad de Buenos Aires posee las mismas oportunidades que cinco provincias juntas. Rápidamente se proclamaron fans y detractores en el ágora actual que representa Twitter. El cambio despertó quejas, tomas de postura y, sobre todo, la oportunidad de repensar en qué lugar ubicamos a la literatura hoy.

Nueva normalidad y nueva directriz

Estos cambios fueron presentados bajo el mandato de Mariana Enríquez como flamante directora de Letras. El hecho de que ella sea una de las escritoras de terror más influyentes hizo que se la culpabilice por una selección supuestamente arbitraria de géneros literarios.

A modo de respuesta, otres escritores se expresaron mediante notas de opinión reivindicando tanto a Mariana como a su forma de escribir.

«Es una de las autoras que están haciendo entrar en la literatura argentina lo que la estrechez colonial, machista, positivista y burguesa venía dejando afuera de ella: los mundos otros, los márgenes, los seres invisibilizados y por qué no los invisibles; las cosmovisiones del “otre”, de ese otre que es aquí, este otre que somos».

Beatriz Vignoli, poeta.

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¿Quién está más a la izquierda?

Pronto el debate derivó en un análisis de la literatura fantástica como tal. Que la poesía de terror no existe, que la literatura fantástica es un invento del mercado y que el FNA está al servicio de un gran grupo editorial fueron algunas de las ofensivas más leídas en Twitter. La escritora Cecilia Pavón fue una de las referentes de esta idea.

De la vereda de enfrente, se argumentó que la crítica antimercado es un golpe por izquierda que a esta altura no tiene mucho sentido:

«Les artistas podemos fingir que el mercado es un demonio del que estamos a salvo gracias a nuestra superioridad o nuestro izquierdismo pero sabemos que si no vendemos nuestras obras al mercado, no existen».

Elsa Drucaroff, docente y escritora.

Elitista o no, tanto el realismo como la poesía fueron históricamente presentados como los géneros más nobles. Aún hoy en día, el terror y la ciencia ficción son asociados a la literatura juvenil y «menos culta», como un género plebeyo.

Por otro lado, en el contexto pandémico actual, el arte en general y la literatura en particular ocupan un rol central a la hora de documentar y denunciar la realidad en la que vivimos. A su vez, puede llegar a ser una forma también de escapar de la realidad y ausentarse momentáneamente. Desde allí se elevaron nuevos reclamos que apuntaron a la selección del FNA como una decisión política:

«No es casual que se excluya el realismo. El realismo es la crítica de la realidad. Su exclusión, su omisión, es un efecto de lectura clave, es el gran efecto de lectura de esta decisión en este contexto».

Edgardo Scott, escritor.

Políticas públicas culturales

Un factor importante a tener en cuenta es que, solo dos semanas antes, el FNA fue también cuestionado por la larga lista de requisitos que se pidieron para aplicar a las becas extraordinarias «Sostener Cultura II», que se proponían apoyar artistas golpeades económicamente por la pandemia. La convocatoria permaneció abierta por 5 días hábiles y exigía, por ejemplo, realizar una contraprestación en calidad de actividad solidaria.

Por otro lado, se sugería adjuntar una carta respaldatoria que certificara las actividades realizadas en el sector cultural. En ese momento, se posicionaron de uno y del otro lado de la brecha les que aplaudían la medida y les que creían que se restringía a ciertes artistas, dejando fuera a les menos institucionalizades, como les artistas callejeres.

Si bien resulta fundamental que se tenga en cuenta a les artistas para brindarles una ayuda estatal, una política pública realmente pluralista no debería devenir en una burocracia eterna, con requisitos a les que les menos pudientes no podrían acceder.

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La postura oficial

Ni el FNA ni su directora de Letras tardaron en responder y defenderse en esta contienda. En el comunicado del lanzamiento del concurso se aclaró que:

«Circunstancias extrañas y excepcionales nos decidieron a organizar un concurso que fomente un género tradicionalmente relegado».

Mariana Enríquez.

Sin tapujos, se elevaron como defensores de un género que no suele ganar concursos de literatura. Luego, Mariana declaró en Clarín que la «excepcionalidad» del concurso también tenía que ver con que el Fondo está destinando esfuerzos a las Becas Sostener.

El género en disputa

Que todo el debate se haya dado en contra de las decisiones de una mujer es algo que ya no nos sorprende. No se trata de caer en que «la critican por mujer», ya que este debate va mucho más allá de su género. Sin embargo, hay que aceptar que se volvió una constante el debatir masivamente decisiones tomadas por mujeres.

Quizás porque no estamos acostumbrades a que esto suceda y muches todavía creen que no somos capaces, consciente de ello, la premiada escritora aclaró que:

«(…) Los gestores, directores, etcétera, que tenemos una misión y función también tenemos derecho a orientar y decidir cómo dirigir orientar y decidir. En este caso NO acepté gerenciar el FNA para que todo siga igual, lo hice porque la experiencia y la trayectoria me avalan a tomar determinadas decisiones. Esta es una de ellas».

Mariana Enríquez.

Fuentes: