¿Por qué nos maquillamos?

El maquillaje está presente en la vida de las personas desde la infancia. Aunque en los primeros años de vida puede tener un rol lúdico, con el paso del tiempo las imposiciones sociales comienzan a transformarlo en una práctica cotidiana, como comer y dormir. 

¿Alguna vez se detuvieron a pensar por qué se maquillan? ¿De dónde viene el hábito de cubrir el rostro con productos químicos? ¿Se maquillan para resaltar rasgos u ocultar «imperfecciones»? 

La higiene entre los antiguos egipcios

El maquillaje tiene sus orígenes en la época de la Prehistoria, donde la gente se aplicaba arcilla en la cara, aunque no se definió cuál era el fin. En el Paleolítico, las mujeres se ponían un pigmento marrón rojizo en diferentes partes del cuerpo. 

En el Antiguo Egipto, hombres y mujeres pintaban sus ojos con polvos negros y verdes, y los labios con una mezcla de ocre rojo y óxido de hierro natural. Además de utilizar el maquillaje para resaltar estas partes de la cara, les egipcies creían que eso les protegía de enfermedades. En algunas tumbas faraónicas se encontraron restos de productos cosméticos. Incluso, se cree que el rubor deriva de una mezcla de semillas, ocre rojo y diferentes frutos que se elaboraban en la época. 

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En la Antigua Grecia y Roma, el canon de belleza estaba relacionado a que las mujeres tuvieran la piel blanca y las mejillas coloradas, ya que eso distinguía a quienes pertenecían a la nobleza. La mayoría de los cosméticos eran de origen vegetal y animal. 

Durante el Renacimiento, la tendencia consistía en llevar cejas finas y la piel muy blanca mientras que los ojos se delineaban de color negro, los párpados con azul o verde y los labios se pintaban de color rojo intenso en forma de corazón. Otra de las costumbres era simular tener lunares, ya que se consideraban estéticos, por lo que se usaban tintes para marcarse uno en alguna parte de la cara. 

En el siglo XIX se exageró la palidez en la cara, a un punto en el que las mujeres consumían sustancias como plomo y arsénico. También, se marcaban las ojeras y los pómulos con un leve color rosado. 

Hacia la Modernidad

El siglo XX fue la etapa donde se consolidó la industria cosmética al mismo tiempo que los medios de comunicación comenzaron a tener una fuerte presencia en la sociedad, imponiendo modelos de belleza. 

Historia del maquillaje 1960 – 1969 | Nati De la Dauphine

Más adentrado el tiempo, el desarrollo de industrias culturales como el cine, la televisión, las revistas y las campañas publicitarias promovieron y profundizaron el desarrollo y la difusión de cánones de belleza, estereotipos y mandatos que establecieron la «obligatoriedad» de ciertas prácticas, como la de cubrirse el rostro con productos cosméticos. 

La interpretación del maquillaje modificó, en cierto modo, su eje. No solo se utiliza como sentido de pertenencia (a un grupo social, una tribu, una moda) y signo de diferenciación sino que, también, se suma una «necesidad» de utilizarlo para modificar «errores estéticos» (ojeras, granos, manchas, etc.). 

¿Por qué nos gusta el maquillaje?

Se podría encontrar infinidad de respuestas diferentes, aunque, si se rasca un poco el fondo de la olla, será posible descubrir una intención de querer arreglar algo; quizás, eso que el patriarcado rompió durante todos estos años. 

Afortunadamente, del otro lado de la vereda se viene dando una militancia un poco más silenciosa en redes sociales donde algunes influencers se vuelcan a inculcar el cuidado de la piel para lograr una mejor calidad de vida e, incluso, mostrar las famosas #PielesReales

La condición de la belleza física está quedando cada vez más atrás aunque eso implica un arduo proceso que lleva a la sociedad y la industria comercial a repensar y revisar este concepto en pos de poder transmitir un mensaje un poco menos superficial. 

Maquillarse está bien, ya que forma parte de un ritual histórico donde las personas buscan resaltar ciertos rasgos, pero también hay que comprender que no maquillarse es igual de válido. Las ganas de querer expresarse al mundo a través de la pigmentación en el rostro tienen que ser por gusto y no por deber.

¿Se cumple la paridad en las listas?

El pasado 24 de julio se concretó el cierre de listas de precandidates para las elecciones legislativas Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) 2021 donde, por segunda vez, se aplicó la ley de paridad de género que establece que el 50% de la nómina electoral debe estar conformada por mujeres.

Sin embargo, en un barrido veloz hecho por las principales listas a nivel nacional, pocas figuras femeninas son las que encabezan las precandidaturas, por lo que surge la siguiente pregunta: la paridad en las listas ¿está? La participación de las mujeres en la política argentina data de hace largos años pero el lugar que se les otorgó siempre fue a un costado de la rosca, por fuera de las definiciones y menos que menos en los espacios de representatividad.

No obstante, con el paso de los años y la posterior irrupción de los feminismos, comenzó a hacerse una lectura con mayor perspectiva de género respecto al rol de las mujeres dentro de la política, lo que devino en la promulgación en el año 2019 de la Ley 27.412 de paridad de género, la cual se aplicó para las elecciones presidenciales de ese mismo año.

¿Paridad en el Congreso?

En la actualidad, en la Cámara de Diputados de la Nación, de 257 bancas, 109 son ocupadas por mujeres y 148 por varones. A pesar que no se alcance el 50% de representatividad, el número de legisladoras es el más alto de la historia democrática argentina. En los próximos comicios se renovarán 127 bancas de la Cámara Baja, por lo que, la conformación de listas paritarias es sumamente importante para mantener o superar ese piso histórico actual.

En el Senado, de las 72 bancas, 29 están ocupadas por mujeres y 43 por hombres. Acá la puja es más fuerte porque se renuevan 24 escaños y la posibilidad de mantener o alcanzar una mayor paridad es difícil porque, en este caso, las mujeres deben ser cabeza de lista sí o sí, ya que entran dos lugares de la primera fuerza y uno de la segunda.

Ciudad y Provincia de Buenos Aires

En un pequeño recorte en el que se tomó a les precandidates nacionales por la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, se puede notar que en los dos casos menos de la mitad de las listas son lideradas por figuras femeninas: en el caso del territorio bonaerense, de 20 precandidates, seis son mujeres; mientras que, en la Ciudad, de 15 solo 4 lo son.

En el caso de la Provincia de Buenos Aires, las únicas precandidatas que encabezan las listas de los partidos son Victoria Tolosa Paz, por el Frente de Todos, Manuela Castañeira por el Nuevo Más, Cyntha Hotton por el Partido + Valores, Cinthia Fernández por el Partido Unite, Fabiana Zanutti por el Partido Verde y Ayelén Alancay por el Partido Celeste.

Por su parte, en la Ciudad de Buenos Aires se encuentran María Eugenia Vidal que competirá en la interna de Juntos por el Cambio, Myriam Bregman y Celeste Fierro que definirán la interna de Fit – U y Silvia Vázquez por el Partido Socialista Autónomo.

Vale aclarar, además, que no todas las provincias adhirieron a la ley nacional, como Corrientes, Tierra del Fuego y Tucumán lo que deja a libre albedrío la decisión de los partidos de integrar mujeres en las nóminas.

Por otro lado, es válido destacar que la inclusión de legisladoras tiene que ver con la necesidad de plasmar discusiones tanto en las legislaturas provinciales como en el Congreso Nacional que visibilicen las luchas y las voces de los feminismos en pos de poder seguir conquistando ciertos espacios. A modo de recordatorio, sin mujeres en las bancas, leyes como el matrimonio igualitario o la interrupción legal del embarazo no hubiesen llegado a discutirse siquiera en las comisiones legislativas.

¿Y el colectivo LGBTIQA+?

Un capítulo aparte merece la participación de les trans en las bancas. A partir de la campaña #TransEnLasBancas, el colectivo travesti trans comenzó una lucha para que se incluya a les compañeres en la listas en un lugar que les permita ingresar al Congreso.

Es así que el Frente de Todos presentará en sus listas de diputades nacionales a Claudia Vázquez Haro por la Provincia de Buenos Aires, Paula Arraigada por la Ciudad de Buenos Aires, Thiago Galván por la Provincia de Córdoba, Julieta Antúnez Ríos por la Provincia de Mendoza, Alexandra Lobos por la Provincia de La Rioja y Úrsula Sabarece por la Provincia de Chaco.

Hay que celebrar que el camino se va allanando de a poco para que la participación legislativa de las mujeres y el colectivo travesti trans sea cada vez mayor, pero no hay que dejar de marcar que el terreno político sigue siendo un espacio dominado por varones, en el que las voces disidentes deben luchar día a día para tener el lugar que les corresponde.

El comienzo es alentador pero, aún, resta mucho por trabajar para que la representatividad en las bancas sea de todes y para todes.


Reino Unido eliminó el impuesto a productos de higiene menstrual

Desde el 1 de enero de este año, Reino Unido integra el listado de países en sacar el «tampon tax» del 5% a los productos de higiene menstrual como tampones y toallas sanitarias.

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#Reseña Corazón loco: el cine del pasado

«Este soy yo, aparentemente un hombre común. Sin embargo, mi corazón tiene la capacidad de amar mucho más que la de cualquier otro ser humano».

Con el primer plano de Fernando Ferro (Adrián Suar) en el piso, mientras su voz en off relata este fragmento, empieza la película Corazón loco. Inmediatamente después, el relato se abre para introducir la «explicación» de lo que cuenta el protagonista: su corazón ama a dos mujeres al mismo tiempo.

La película dirigida por Marcos Carnevale (Dos más dos, El fútbol o yo, Me casé con un boludo) presenta un esquema de humor que remonta a las producciones de fines de los 90, principios de los 2000. Categorizada como una comedia en la que hay que buscar minuciosamente alguna escena que produzca risa, pretende seguir instalando el discurso «gracioso» y «canchero» del hombre infiel que intenta disfrazar sus actos como bígamos y a las mujeres despechadas e irracionales en plan de venganza.

Fernando Ferro está casado con Paula (Gabriela Toscano) desde hace 19 años. Ella es maestra con un carácter que presume ser tranquilo y esconde algo de sumisión. Tienen dos hijas y viven en Mar del Plata. Paralelamente, hace 9 años, Ferro está en pareja con Vera (Soledad Villamil), una médica decidida, persistente e independiente que vive en Buenos Aires y con la que tiene un hijo.

Durante los primeros minutos se podría pensar que el filme pretende ser una copia nacional de Mujeres al ataque (del director Nick Cassavetes, año 2014), película en la que tres mujeres engañadas por el mismo hombre deciden unirse para cobrar venganza. A grandes rasgos, en la cinta de Cassavetes la construcción de los personajes gira en torno a mostrar al protagonista varón como alguien completamente machista, mientras que las mujeres toman actitudes sororas y de comprensión entre sí.

En este caso, Corazón loco se distancia completamente de esa idea e, incluso, de tener algún tipo de abordaje moldeado a los tiempos que corren. El eje apela a justificar actos de irresponsabilidad afectiva y a reforzar una relación de poder donde el único que decide de qué forma estar en pareja es el varón.

El título elegido, no al azar, acompaña a la perfección la intención del director de continuar profundizando estereotipos. Por un lado, se presenta al personaje de Suar como un tipo incomprendido por la sociedad, por sus amigos y por sus mujeres. Por otro lado, están las mujeres engañadas, representadas como unas desquiciadas, fuera de sí, que lo único que buscan es vengarse y hacerle daño físico al marido mediante la castración.

La hegemonía patriarcal construyó e instaló en la sociedad el discurso de que la bigamia, la poligamia y la infidelidad (en comunidades monógamas) están permitidas y avaladas únicamente en el varón, por lo que los actos de Fernando Ferro se enmarcan en la «locura linda» de un tipo que tiene mucho amor para dar.

¿Qué pasa con la actitud que muestran de las mujeres? Se las expone como sujetas privadas de su juicio y sin uso de la razón, «como unas locas» cuyas actitudes vengativas (llevadas al extremo burdo, violento y con un mensaje hasta peligroso, con el uso de la burundanga) lo único que pueden generar ante une otre es rechazo. No hay manera que las escenas logren generar empatía de le espectadore hacia ellas sino todo lo contrario: se hace hincapié en la mujer «sacada de sus casillas», mientras que el varón queda en un lugar vulnerable.

Así como se esboza un doble discurso en torno a qué actos, hechos bajo el mote de locura, son aceptados o no, también se transmite un mensaje clasista («responder como enfermero») sobre qué profesiones, trabajos y estatus social definen que una persona tenga validez como tal, como ciudadane, y pueda pertenecer al núcleo social.

Sería interesante pensar a qué tipo de espectadore busca interpelar Corazón loco y poner en discusión por qué todavía se apuesta —y se gana plata— a reproducir discursos hegemónicos y estereotipantes que siguen siendo naturalizados y que, además, contribuyen a la constitución de un imaginario social donde la falta de perspectiva de género, la meritocracia, la condición de clase, el poder y el privilegio del varón siguen presentes.  


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Mundo gamer: la deconstrucción empieza a jugar

El 29 de agosto fue el Día Internacional del Gamer, una fecha creada por la industria de videojuegos que busca darle mayor visibilidad a este sector. Sin dudas, la pandemia de COVID-19 hizo que los eSports y los videojuegos estuvieran más presentes en la vida de las personas.

Si de números se trata, el uso de videojuegos —con 2800 millones de jugadores en el mundo— aumentó un 30%, según el estudio Mobility Report 2020 de Ericsson. En Argentina, la mitad de los menores de 24 años y 4 de cada 10 personas de entre 25 y 49 años son gamers.

A pesar de la idea de que la mayoría de los jugadores son hombres y la construcción del estereotipo que afirma que las mujeres no pertenecen al mundo gamer, existe un gran porcentaje de mujeres dedicadas a jugar, strimear (del inglés stream, transmitir en línea mientras se juega) o ser audiencia de videojuegos: según la Asociación de Software de Entretenimiento, el 45% de les jugadores en EE. UU. son mujeres. Por otro lado, el estudio Descubriendo los eSports en España de WINK TTD asegura que en ese país representan al 43% del total, un 19,3% más que en 2017.

Bionda es cosplayer, streamer y, según ella, una gamer fuera de tiempo «porque mis papás no me permitían ver más de una hora de TV ni estar más de una hora en la PC, y tampoco tenía ninguna consola de juegos. Solo tenía una consola de segunda línea que venía con un solo juego».

«El primer juego que jugué mucho fue el Crash Bandicoot cuando iba a la casa de una amiga que tenía la Play Station 1. En la adolescencia ya pude probar más juegos: enfrenté también un poco a mis padres y pude lograr más horas en la PC y ahí fue cuando descubrí League of Leyends. Me puse las pilas para jugarlo, rankeé, realmente fue el primer juego que me tomé más en serio y el que me empezó a introducir en el mundo del cosplay y los videojuegos».

Ella no solamente juega por hobby sino que encontró en el gaming y el streaming un trabajo. «Strimeo todos los días y está bueno compartir con la gente videojuegos con historia, que me dejen algo más que entretenimiento, que me dejen una reflexión. Ese es mi camino en el gaming y un poco lo que hago hoy».

Más allá de que los números sean elevados y signifiquen una pequeña conquista dentro de un universo muy masculino, ser mujer gamer es una lucha diaria como las que se dan en otros espacios, en los que hay que hacerse valer constantemente para hacerse respetar y poder permanecer.

«De a poco se está logrando y se va a ir sacando el estigma de que el género tiene que ver con la capacidad de jugar pero eso también hay que cambiarlo en la sociedad. Es muy difícil meterse en un juego online con chat de voz porque, la mayoría de las veces, te cruzás con personas que, cuando escuchan tu tono de voz, automáticamente te cancelan, no toman en cuenta tus decisiones, tus consejos, y piensan que tu presencia va a arruinar el juego porque no sabes jugar».

El rol de las empresas

Las empresas creadoras de videojuegos y productos electrónicos recién ahora están comenzando a dar pequeños pasos respecto de la inclusión de personajes femeninas en los juegos y en la venta de productos de tamaños adaptables a distintos cuerpos. «Nunca vi un FIFA femenino, por ejemplo; juegos de deportes femeninos hay muy pocos. Grandes equipos de eSports, que marcan a la gente, no tienen equipos mixtos o ni siquiera tienen equipos femeninos», explica la streamer.

Según Bionda, la inclusión no es una mera cuestión de todes les que se involucran en el mundo gamer sino que: «Como sociedad tenemos que cambiar y exigirle a las empresas que integren personajes femeninos fuertes, que los hay pero son los menos. Exigirles también que elijan grupos de eSports mixtos donde se note que el género no tiene nada que ver, que cualquier persona tiene la misma dedicación por el deporte electrónico y que lo pueden llevar adelante como una profesión».

Al ser una industria que mueve millones de dólares en todo el mundo —según Newzoo Global Games Market Report 2020, se recaudarán unos 159 mil millones de dólares en 2020—, las empresas van detrás de lo que les genera dinero. «Si la manera de hacer dinero es apuntar a los gamers masculinos es porque todavía el mundo del gaming es machista. Vivimos en un mundo capitalista donde, si la empresa no vende cierto producto, no se va a gastar en producirlo y si el producto se vende o no depende de si la sociedad lo acepta. Si todavía los eSports y juegos no son para nada inclusivos es porque la sociedad no los acepta como tales», manifiesta Bionda.

Ser mujer streamer

Una de las actividades que visibilizó la pandemia fue el streaming, que resulta ser un encuentro virtual (y versátil) entre muchas personas donde le streamer se muestra jugando un juego, explicándolo, mostrando videos de YouTube, entre otras acciones. La plataforma Twitch es una de las más utilizadas.

Bionda hace streamings variados todos los días. «Puedo estar concentrada o debatiendo sobre un juego, podemos estar teniendo un consultorio con gente que necesita un espacio para poder charlar o puedo estar hablando de mis cosplays», cuenta. Lo que también le pasa todos los días es tener que lidiar con hombres que la acosan, le dan su opinión sobre su aspecto y piensan que ella está ahí para «levantarse a alguien». Hace pocos días, vivió una situación que la hizo sentirse muy mal y la llevó a reflexionar al respecto:

«Entró una persona que no paraba de acosarme y molestarme. Mis moderadores me ayudaron a bannearlo y sacarlo del chat pero otra persona comentó: “A Bionda no podés hablarle así, a Bionda te la tenes que ir ganando de a poquito, tenés que ir trabajándotela, si le vas de frente te va a bannear”. Realmente me hizo muy mal y les dije que tenían que reflexionar e irse del stream si creían que yo estaba ahí para satisfacerlos en cualquier aspecto sexual. Se tienen que replantear qué están haciendo en Twitch, hablándole de esa manera a la gente».

La brecha de género en el streaming es muy grande debido a la creencia naturalizada de que ese es un ámbito exclusivo de varones y que la mujer no puede ni debe pertenecer. «A los streamers varones se los toma en serio, la gente reacciona de manera positiva en el chat. Pero cuando yo hablo de las cosas malas que me pasan, de las cosas que no se tienen que hacer, me toman de loca, exagerada, que me vino. Ese es el gran obstáculo que tenemos las mujeres para strimear. Somos cosificadas constantemente y no nos toman en serio. Y no es una cosa exclusiva del streaming, sino que es una falla cultural que se extiende y llega a Twitch», expresa Bionda.

Hacia dónde se dirige el gaming

La creciente participación de mujeres y diversidades en el universo de los eSports y videojuegos abrió un camino que, poco a poco, va ganando terreno y poniendo en la mesa la discusión de hacer del gaming un lugar inclusivo y empático para poder llegar, en algún momento, a lograr que el género no sea una condición excluyente para jugar.

«Yo como streamer, cosplayer y gamer femenina hago mi mejor esfuerzo por tratar de integrar y educar a mi público en que no me tienen que tratar como una cosa. Una tiene que ser el ejemplo y, si pasan cosas negativas, hablarlo, porque no solo me ayuda a mi sino que, capaz, puedo ayudar a una persona del otro lado a que se levante y exija que la traten bien y se la respete. Es muy importante de parte de todas las influencers, jugadoras y figuras femeninas del mundo del gaming que se paren y exijan que sea un mundo más igualitario, empático y equitativo».


Imagen: Bionda Cosplay


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Eulalia Ares: primera gobernadora en Argentina

Si de revoluciones se trata, el siglo XIX argentino tuvo incontables encuentros armados. Los relatos sobre estos hechos (escritos, casualmente, por hombres) contaron y describieron durante mucho tiempo la actitud heroica, valiente y patriótica de cientos de hombres dispuestos a defender el territorio.

No hace tanto tiempo, el enfoque cambió y se abrió el telón que descubrió a muchas mujeres activas en la defensa nacional argentina. La estereotipada idea construida a lo largo de los años en donde las mujeres tiraban aceite, criaban a sus hijos y asistían a fiestas se vio desdibujada por la contraposición de las tenientes, las generales y las combatientes.

Eulalia Ares fue una de las tantas mujeres que decidió tomar las armas para combatir el orden constitucional establecido. Con Bartolomé Mitre como presidente de facto (1862), algunas provincias modificaban también sus gobernaciones. En Catamarca, Ramón Rosa Correa había vencido en elecciones al gobernador provisional Moisés Omill.

Sin embargo, Omill no cedió el cargo argumentando que Correa no había conseguido la mayoría absoluta de los dos tercios de la asamblea electoral. Con ánimos de defender su legítimo lugar, Correa se enfrentó al usurpador Omill, junto al general Vildoza y otros militares. No tuvieron suerte y fueron derrotados, lo cual forzó su exilio en Santiago del Estero.

Eulalia Ares, catamarqueña nacida en 1809, había asistido al Colegio de las Carmelitas y, cuando falleció su padre, se hizo cargo de los negocios. Años después se casó con el general Vildoza y su activismo político hizo que su vida no se resumiera a ocuparse de su familia puertas adentro de su casa.

Después de la derrota que sufrieron su marido y Correa, y con Omill autoproclamado gobernador constitucional, Eulalia Ares reunió a las esposas de varios exiliados políticos, compró armas en Santiago del Estero y armó la «Revolución de las mujeres». Camufladas con ropa de hombre sorprendieron a la custodia del Cabildo. En el medio de la balacera, Omill se fugó saltando los paredones y huyó a caballo (con ayuda de unos frailes), vestido de monje, hacia Tucumán.

Eulalia fue la primera mujer gobernadora de una provincia argentina, ya que tuvo que ocupar el cargo mientras Vildoza y el resto de los exiliados regresaban de Santiago del Estero.

Aunque fueron solo 10 horas las que estuvo al mando de Catamarca, la gobernadora llegó a establecer algunas medidas como ordenar rezos en agradecimiento al triunfo de la revolución y que se repartieran limosnas entre las personas pobres. Además, convocó al Cabildo y dictó un plebiscito en el que designaba como gobernador provisorio a Pedro Cano hasta que Ramón Correa pudiera regresar.

Después de la Revolución, Eulalia siguió vinculada a la política y marcó huellas de lucha activa y compromiso social de las mujeres para con la patria.


Twerk Army: el ejército que se planta bailando

Daniela Pérez de Udaeta y Victoria Hortel son las directoras de esta tropa de bailarines que comenzó en la ciudad de La Plata en 2015, con la simple intención de probar nuevos movimientos en la danza. Al día de hoy, tienen un ejército que pisa fuerte en escenarios, festivales, competencias y shows, haciendo de la danza una herramienta de lucha.

Día a día, este ejército de culos (como se autoproclaman) busca romper con los estereotipos impuestos por esta sociedad patriarcal que rodea a todes y ofrece un espacio seguro en el que cada une puede ser libre sin ser juzgade.

Escritura Feminista: ¿Qué las motivó a crear Twerk Army?

Daniela Pérez: Al principio no éramos tan conscientes del movimiento en sí, lo hicimos porque queríamos hacer algo nuevo. Nos llamó la atención, nos gustó el twerk y lo quisimos probar sin darnos cuenta de la magnitud de lo que sucedería después. Ni siquiera tenía nombre, le decíamos booty dance al principio. Fuimos autodidactas porque no existía en ningún lugar, solamente había otro grupo que eran las «Altas Wachas», que lo hacían en Capital Federal, a las que conocimos después.

Victoria Hortel: Empezamos siendo un grupo de mix dance en el que probamos cosas y de repente nos encontramos siendo 20 chicas haciendo twerk, así que nos pusimos un nombre y empezamos a probar. En el momento nos imaginamos como un ejército por esto de que éramos «las locas contra todo»: se creía que éramos «las putas que movían el culo contra todo lo demás», entonces, nos agarramos del ejército para hacerle frente a lo que viniera. No sé si en ese momento éramos conscientes de a qué nos enfrentábamos, pero dijimos: «Nos plantamos, no sabemos bien pero nos vamos a plantar igual y acá estamos».

E. F.: En paralelo al surgimiento de Twerk Army se dio la irrupción del feminismo, ¿se sintieron interpeladas?

V. H.: A mí personalmente me pasó que el twerk fue el ejercicio práctico del feminismo más fácil que tuve. También tuvimos muchas alumnas feministas entonces ellas nos guiaban también. Fue una construcción que salió del grupo y por ahí había un montón de cosas que no estábamos pensando pero ya las estábamos haciendo.

«No es casualidad, para mí, que haya irrumpido el feminismo y nosotras hayamos empezados con Twerk Army al mismo tiempo y que, por algo, terminaron convergiendo».

D. P.: Se fueron juntando también porque venían medio en paralelo, el feminismo nos venía atravesando a nosotras a la misma vez que empezábamos a formar Twerk Army.

Capaz que, unos años antes, ni te imaginabas hacer una cosa así porque estaba mal visto, significaba llevar una marca de «mirá a la puta esa, no sabe hacer nada, baila mal, entonces mueve el culo nada más».

E. F.: ¿A qué se le tuvieron que plantar? ¿A qué le hicieron frente?

V. H.: Nosotras teníamos que promocionar las clases y queríamos hacerlo porque estábamos muy entusiasmadas pero subir un video en Instagram era enfrentarse a ser. «¿Cómo vas a decir que sos profesional si estás moviendo el culo y lo estás subiendo a las redes?». Eso fue a lo primero que nos tuvimos que plantar porque, de pronto, se nos cuestionaba nuestra condición de bailarinas y artistas. Fue toda una decisión porque dijimos: «Bueno, van a decir esto de nosotras, no es nuestro problema la opinión del resto».

D. P.: Trabajando con artistas nos pasó que algunos entendían que era nuestro laburo, nos dejaban decidir a nosotras como coreógrafas, podíamos decidir qué hacer, qué ponernos y cómo bailar. Mientras que otros lo tomaban desde el lugar típico de la mina moviendo el culo frente a cámara y en el que nos pedían que nos subiéramos más el short.

«Una vez nos invitaron de un programa de televisión y estábamos todes haciendo un juego que era mover un vaso con la cola. Cuando terminó el programa, Twitter explotaba de comentarios como «Qué asco el culo de esa mina, estoy comiendo», «Mi hija está viendo este programa, es una vergüenza, no lo veo más». ¡Y todes habíamos jugado! ¿Por qué a nosotras nos estaban lapidando?».

En un momento nos empezaron a surgir trabajos diferentes que tuvieron que ver con el rumbo que tomamos después. Dejaron de aparecer los comerciales pero empezaron a aparecer otras cosas que nos interesan más en este momento. El año pasado estuvimos en el Provincia Emergente: pudimos hacer un show de twerk, enseñarle a bailar a la gente y fuimos presentadas así. Era Twerk Army bailando para la gente, mostrando ese show. Fue algo nuestro, propio.

V. H.: ¿Qué es lo que tuvimos que soportar todo este tiempo? Hacerle entender a la gente que nosotras elegimos hacer esto por motu proprio y es nuestro trabajo. Que por mover el culo no dejamos de ser serias. La danza mucho tiempo solo fue folclore, danza clásica y contemporánea y resulta que la danza creció un montón fuera de esos tres ejes técnicos y somos muches les que vivimos de la danza.

Nosotras somos bailarinas haciendo twerk que, por lo general, no es lo normal porque la mayoría no son del palo técnico sino que vienen de otras ramas. Nosotras nos encontramos con el estilo y usamos las herramientas del clásico y del contemporáneo para entender el twerk. Y eso fue algo que molesto un montón.

Así como vemos que todo está viejo y hay que cambiarlo, todo lo que es danza clásica todavía sigue siendo arcaico: el método de enseñanza, la bajada de línea de las clases, los comentarios sobre los cuerpos, sobre la vestimenta, sobre lo poco o muy femenina que hay que ser, etc.

E. F.: ¿Se sintieron apoyadas por el entorno de la danza?

D. P.: Fue mal recibido por la gente y por el entorno de la danza en La Plata que hiciéramos twerk porque todos pensaban que se mataban estudiando danza para que nosotras, moviendo el culo, nos lleváramos todo. Nosotras también estudiamos danza.

V. H.: A mí me han llegado a decir: «Yo no necesito mostrar el culo para que me vaya bien en la danza». En algún momento, nosotras entendimos que la gente no entiende y no podemos andar educando por todos lados.

E. F.: ¿Cuál es el mensaje que pretenden transmitir puertas adentro y hacia el afuera?

V. H: Twerk Army es un ejercicio práctico del feminismo porque nos invitó a pensar qué estábamos haciendo, por qué y cómo lo íbamos a hacer. El mensaje que vamos a dar siempre es que la gente venga a sentirse cómoda, a disfrutar, a entender su cuerpo.

D. P.: Una de las cosas que promovemos es la libertad. Cuando empiezan a ser parte de Twerk Army, les alumnes empiezan a ser libres a la hora de salir a bailar, de vestirse… Les cambia mucho la cabeza.

V. H.: Es increíble ver como una persona entra a la primer clase toda indefensa y, de repente, se encuentra en un lugar en el que simplemente puede ser, donde nadie le va a decir nada y de pronto se convierten en algo increíble.

«La gente que va ahí encontró en las clases de twerk un espacio en el que pueden desarrollar su personalidad sin ser juzgada y se encuentran con personas en la misma».

D.P.: En Twerk Army no se da lugar a la gilada. Cada une está en la suya, hay buena onda continua y, si no la hay, bajamos nosotras una línea para que la haya. No se permite ningún tipo de rivalidad. Se liberan un montón porque encuentran un espacio donde no tienen que ajustarse a cierta apariencia. Todo lo que es Twerk Army (las clases, las fiestas que armamos, les alumnes) tiene una personalidad que une no puede mostrar en otros ámbitos, que no es socialmente aceptada.

V.H.: ¿Qué mensaje queremos dar? Que se puede ser re piola y no joder a nadie. Podemos encontrarnos en la danza sin tener que ser, sin tener que tener el cuerpo ese que hay que tener para bailar, sin tener que ponerte determinada ropa. Vení que va a estar todo piola, va a ser un lugar seguro.

Nosotras somos un ejército de twerk, enseñamos la técnica, buscamos formar a la gente desde ese lugar pero, además, trabajar esto hace que la gente se empiece a replantear un par de cuestiones de su vida que nosotras nos tuvimos que replantear también.

La danza es una herramienta de lucha y el twerk viene perfecto para romper todo lo que hay romper. Te presenta en la cara todo lo que está mal y hay que reventar. Y encima hay un montón de gente que nos avala para pelear contra esto. Vamos a seguir en esta.


Imagen de portada: Luisina Baigorria


Techo de cristal: la participación de la mujer en el mercado laboral argentino

A partir del Movimiento Ni Una Menos, que empezó a tomar forma en el año 2015, comenzó a romperse el cascarón de una pelea gestada en el interior del espacio social que data de hace muchos años. Fue así como la puja de las mujeres y su necesidad (no confundamos con deseo) de que sus derechos como personas se legitimen les otorgó voz y entidad en el espacio público y privado. 

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