El cambio climático también afecta tu salud

El cambio climático también tiene sus consecuencias en nuestra salud. Esta es una realidad que ya no podemos desconocer. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), «el cambio climático es la mayor amenaza para la salud mundial del siglo XXI». La organización también advierte que desde 2030 en adelante, habrá 250 000 muertes adicionales por enfermedades sensibles al clima (estrés por calor, desnutrición, dengue, malaria). Así, vemos que los efectos de esta problemática como las olas de calor, las sequías, las inundaciones y el deterioro en la calidad del aire impactan directamente en la vida de las personas. Y no sólo eso, sino que también sus efectos son desiguales: tanto las personas más pobres, como las que se encuentran en una posición de vulnerabilidad, como mujeres y niñas, son quienes soportan las peores consecuencias de las transiciones ambientales. 

Fuente: CDC

A menudo, las mujeres y las niñas son las últimas en comer o en ser rescatadas, se enfrentan a mayores riesgos de salud y seguridad cuando los sistemas de agua y saneamiento se ven comprometidos y asumen una mayor carga de trabajo doméstico y de cuidado cuando se acaban los recursos, afirman desde Naciones Unidas. Estos efectos en las poblaciones que se perciben femeninas son mayores, si consideramos que la salud ha tenido, históricamente, una perspectiva machista y patriarcal. Son más susceptibles a sufrir desnutrición, estrés por calor, malaria, dengue y discriminación. Además, el riesgo de salud también se incrementa si consideramos que el cambio climático provoca una mayor violencia contra las mujeres. En este sentido, los desastres ambientales y la presión ante la falta de recursos refuerzan los desequilibrios de poder ya existentes, causando que mujeres y niñas en todo el mundo vean amenazado no sólo su bienestar, sino también su vida. 

Por otro lado, el cambio climático también afecta nuestra salud mental. Un término recientemente acuñado por psicólogues y psiquiatres lo explica: la «eco-ansiedad» o ansiedad climática. Ante la inacción actual que vemos por parte de las personas en el poder, es frecuente pensar que ninguna acción es suficiente y tener sentimientos de impotencia. Ante esto, científiques y activistas ambientales fueron les primeres en reportar sentirse abrumades, tristes y ansioses. La necesidad urgente de actuar para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) ha causado que muchas personas sientan culpa por continuar comiendo carne, usando el auto o viajando en avión. Mucha gente cree que o bien no puede hacer nada, o bien no quiere hacer lo que se supone que debe hacer. Algunas veces, no hay un incentivo claro para actuar contra el cambio climático y otras, una persona puede hacer algo pero el resto no actúa, sobre todo las empresas más contaminantes.

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Por esto, es importante hacer hincapié en la perspectiva de salud cuando hablamos de cambio climático, según explican desde la Organización Salud sin Daño. También la CEPAL y la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten sobre el impacto que los cambios en nuestro planeta traen aparejados. Hoy más que nunca es necesario poner en marcha medidas de adaptación y mitigación

¿Qué son la adaptación y la mitigación?  

Traducción de la imagen: «Asegúrense de lavarse las manos y todo estará bien»; COVID-19; recesión; cambio climático. Fuente: Mackay Cartoons.

Es frecuente oír a expertes en cambio climático mencionar estos dos conceptos. El primero se refiere a llevar adelante políticas, medidas y acciones que tiendan a minimizar los impactos del cambio climático.

Por mitigación entendemos a las acciones que determina cada región para disminuir sus emisiones de GEI y así reducir o hacer menos graves los efectos del cambio climático. Estas soluciones tienen como objetivo principal disminuir la vulnerabilidad de las poblaciones y hacerlas más resilientes ante los desastres naturales y otras variables, como la pobreza y la inequidad. 

Existen diversas soluciones de adaptación y mitigación que las naciones pueden realizar. Estas dependen del contexto único de cada comunidad y del mismo país. Las acciones que ponga en práctica una localidad pueden no funcionar para otra y viceversa; por ello, es importante tener en cuenta las necesidades y los recursos con los que cuenta cada región. Así, cada medida de adaptación y de mitigación debe ser diseñada cuidadosamente, para evitar lo que les científiques dieron en llamar «mala adaptación».

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Este término apareció por primera vez en el informe del Grupo de Trabajo II del Panel Intergubernamental de Especialistas sobre Cambio Climático (IPCC) que fue publicado en febrero de 2022. Con él, les especialistas advierten que es vital pensar en las consecuencias a mediano y largo plazo cuando se propone una acción de adaptación o mitigación. No sólo es importante atacar el problema, sino asegurarse, mediante estudios de impacto ambiental, que la solución propuesta no genere nuevos problemas en el clima y los ecosistemas. Un ejemplo de esto es la aforestación. Consiste en sembrar árboles donde antes no había árboles de esa especie. Esta actividad, aunque nació de la buena voluntad y la acción climática, puede tener consecuencias devastadoras sobre un ecosistema que ve su equilibrio amenazado por la invasión de una especie exótica. 

¿Qué hacer?

Es importante, entonces, tener en cuenta todas las variables que afectan a nuestro bienestar. Es un proceso complejo, como también lo es nuestro planeta. Entender a la salud como un concepto integrador, donde también se tenga en cuenta la salud mental, es vital para proponer acciones colectivas contra los efectos nocivos del cambio climático. En este sentido, es vital poner en marcha acciones de adaptación y mitigación. Debemos reclamar, ante les tomadores de decisiones de nuestro país, por acciones climáticas efectivas para disminuir la vulnerabilidad de nuestra población y estar preparades para atender estas consecuencias. Específicamente en Argentina, tenemos que comenzar a hablar del cambio climático y entenderlo como un problema de salud pública mundial. 

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Advierten que el Amazonas se acerca a un punto de no retorno

Un nuevo artículo de la revista Nature advierte que la selva amazónica podría estar acercándose a su punto de no retorno. Les especialistas encontraron que más del 75% de la selva amazónica ha estado perdiendo resiliencia desde principios de este siglo. A su vez, explican que esto ocurre más rápido en regiones menos lluviosas y en las zonas más próximas a la actividad humana. Este deterioro resulta alarmante, pero no se presenta como una sorpresa: ya en 2019, científiques de Brasil habían advertido sobre este fenómeno

¿Por qué es importante el Amazonas?

Actualmente, el Amazonas representa más de la mitad de los bosques tropicales del mundo y es hogar de millones de especies, constituyendo uno de los lugares más ricos en biodiversidad del mundo. En el contexto de hoy, donde los efectos del cambio climático se vuelven cada vez más severos, es necesario preservar la mayor cantidad de ecosistemas y no retrasar la acción climática. Con este informe, les expertes advierten que, si no se actúa rápido para recuperar las zonas dañadas, la selva podría convertirse en sabana. Ese bosque tropical tupido, lleno de seres vivos que aún ni siquiera conocemos pasaría a ser otro completamente opuesto, con árboles pequeños, arbustos y menor densidad.

Según WWF, en el Amazonas hay 427 especies de mamíferos, 1300 aves, 378 reptiles, más de 400 anfibios y alrededor de 3000 peces de agua dulce, además de por lo menos 40 000 plantas y, solo en Brasil, un estimado de unos 100 000 invertebrados. Foto: Renting C.

Otra de las razones por las que esta investigación preocupa a personas en todo el mundo es que la selva amazónica es considerada un «tipping element», es decir, un elemento clave que podría inclinar la balanza y ser un aliado contra el cambio climático o convertirse en un acelerador de la crisis. ¿Por qué? Debido a que el Amazonas es un sumidero de carbono: absorbe las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), contribuyendo a disminuir el calentamiento global. Pero esto no ocurre si el equilibrio del ecosistema se ve comprometido, por ejemplo, durante incendios forestales donde muchos árboles mueren o en períodos de sequía. 

De hecho, ya en 2021 otro artículo de la revista Nature advertía que la Amazonía está emitiendo más carbono del que captura. El estudio afirma que la causa principal son los incendios provocados: los bosques a menudo se talan durante las temporadas de lluvia y se queman durante la época seca para dar paso a la agroindustria y a las pasturas para el ganado. Esto causa que las emisiones aumenten y que el ecosistema no pueda adaptarse a la pérdida de biomasa y a los daños, lo que hace que disminuya su resiliencia. 

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Las causas

Según la Real Academia Española (RAE), entendemos por resiliencia a la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. En este caso, diversos factores externos afectan la capacidad de la selva amazónica de adaptarse para continuar funcionando. Les expertes afirman que la deforestación, los incendios forestales cada vez más frecuentes y más incontrolables, el cambio climático y la explotación del suelo por parte de les humanes crean las condiciones ideales para que la selva amazónica pierda su resiliencia. El cambio climático hace que las sequías sean más prolongadas, por lo que también los incendios se propagan a gran velocidad. Esto libera grandes cantidades de GEI, sobre todo CO2, lo que contribuye al calentamiento global. Así, el ciclo comienza nuevamente. Sumado a esto, la tala y quema de zonas de selva para la agricultura y la ganadería no sólo es también fuente de emisión de GEI, sino que provoca desequilibrios que se vuelven más difíciles de superar. 

Los incendios forestales dañan a todo el ecosistema y son grandes emisores de gases de efecto invernadero. Foto: Fabian Jones.

«Esto es alarmante, ya que los modelos del IPCC proyectan un secado general de la región amazónica en respuesta al calentamiento global antropogénico», señala uno de los autores del estudio, Niklas Boers, de la Universidad Técnica de Múnich y el Instituto de Investigación del Impacto Climático de Potsdam en Alemania.

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No es casualidad que las diversas advertencias de les científiques se den luego de pasados 3 años de la presidencia de Jair Bolsonaro, durante la cual, según datos de Mapbiomas, se deforestaron más de 3 millones de hectáreas. Esto sucedió después de que el presidente de Brasil redujera el presupuesto destinado a combatir los delitos de deforestación y quemas ilegales. Según un estudio del Instituto Socio Ambiental (ISA), en este período, la tala en las zonas protegidas de la Amazonía brasileña creció un 79%, comparado con el período 2016-2018. 

Las conclusiones   

El estudio explica que, en muchas zonas, esta desestabilización y pérdida de resiliencia parece ya estar sucediendo y advierten que si esperamos para actuar puede ser demasiado tarde.

«Cuando sea observable, probablemente será demasiado tarde para detenerla. Si se pierde demasiada capacidad de recuperación, el retroceso puede ser inevitable, pero no se hará evidente hasta que se produzca un acontecimiento importante que haga caer el sistema».

Niklas Boers.

Los autores también analizaron lo que podría suceder en un futuro si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando y llegaron a la conclusión de que la capacidad de los bosques para volver a crecer una vez que se perdieran los árboles se reduciría significativamente.

En una situación urgente como la que vivimos hoy, donde es necesario disminuir nuestras emisiones pero también captar el carbono que liberamos al ambiente, nuestra mejor opción es cuidar los ecosistemas que nos ayudan a hacerlo: selvas, bosques, humedales y océanos. La respuesta está en la naturaleza pero debemos dejar de destruirla en beneficio de un sistema productivo extractivista y explotador que no nos lleva a ningún lado.

También, es importante recordar que América Latina es el lugar más peligroso para ser activista ambiental, según un informe de Global Witness. En 2020, Colombia registró la mayor cantidad de asesinatos, con 65 personas defensoras de la tierra y del medio ambiente asesinadas, mientras que en México fueron 30 y Brasil se colocó en cuarto lugar, por detrás de Filipinas, con 20 asesinatos. Es por estas razones que la respuesta para cuidar nuestros ecosistemas no debe provenir únicamente de la sociedad civil, sino también debe ser acompañada del apoyo de quienes toman las decisiones y los sectores del gobierno.

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Mendoza regala la Cordillera

A tres años de que la provincia de Mendoza saliera a las calles para proteger el agua, el gobernador Rodolfo Suárez vuelve a minimizar la importancia de los recursos naturales. Pocos días después de la última Navidad, le cedió las tierras del Campo Potreros de Cordillera a la empresa El Azufre S.A. Estas se encuentran cerca del límite con Chile, a 190 km de la ciudad de Malargüe. 

La entrega fue hecha por decreto, con la excusa de que la empresa ya había invertido mucho en esos terrenos, por lo que no era necesario llamar a una licitación pública. Es decir, que la empresa en cuestión avanzó sobre las tierras que pertenecen a la población mendocina con total impunidad. Según los registros, han ocupado el valle desde 2019, cuando instalaron una base con energía renovable y comunicación satelital allí. Aparentemente, El Azufre está construyendo un centro de esquí que promete ser 100% sustentable. Pero no realizó ninguna Audiencia Pública, ni hizo público ningún expediente del proyecto y mucho menos presentó un estudio de impacto ambiental. 

Este video de hace dos años muestra cómo la empresa avanzó sobre las tierras que eran patrimonio público.

Estos pasos resultan fundamentales, ya que se sabe que en esta zona se encuentran glaciares, nacientes de ríos y arroyos, humedales altoandinos y vertientes termales, además de que, por su proximidad con el Volcán Peteroa, es una zona volcánica riesgosa. Por no mencionar que esos documentos y estudios son instancias obligatorias según la Ley Nacional 25.675 y la Ley Provincial 5.961.

En la zona podemos encontrar glaciares, nacientes de ríos, humedales y el volcán Peteroa. Estos recursos naturales presentes en las tierras cedidas son vitales para les mendocines y deben ser protegidos. Fuente: IANIGLA-Inventario Nacional de Glaciares. 2018. Informe de la subcuenca del río Grande (Sectores norte y sur). Cuenca del río Colorado. IANIGLA-CONICET, Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, pp. 83.

Campo Potreros de Cordillera, un terreno en disputa

Las 12.351 hectáreas entregadas a la empresa El Azufre pertenecen a Nación pero en 1969 se cedió la posesión a Mendoza. Esto significa que la provincia no puede venderlas ni comercializarlas, pero sí puede asignarlas. Para ello, se ampara en la Ley 21.900 que establece que para la adjudicación de zonas de frontera, «se tendrán especialmente en cuenta las actividades agropecuarias, forestales, mineras, industriales, pesqueras, turísticas, energéticas, sociales, urbanísticas y de conexidad». El famoso centro de esquí entra en la denominación de turismo. 

Sin embargo, surgen voces que cuestionan la extensión del terreno que ahora es propiedad de El Azufre: son 120 km², más de 2 veces la superficie de la Capital de Mendoza, o la mitad de la superficie de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. «¿Por qué 12 mil hectáreas? El centro más grande de esquí de Latinoamérica, el cerro Catedral, tiene 2 mil hectáreas. ¿Por qué se lo entregó a una empresa que tiene solo cuatro años?», consultó al respecto el senador provincial mendocino Lucas Ilardo.

Por otra parte, resulta llamativo que no se le haya solicitado presentar estudios que certifiquen que la edificación que se pretende realizar no dañará el ambiente cordillerano ni sus glaciares. Desde la empresa reconocieron la presencia de glaciares pero aseguraron que en su actividad «no los tocan». También es importante saber que 4000 de esas hectáreas están cubiertas por el humedal altoandino más grande de la provincia: las vegas (terrenos fértiles que constituyen las llanuras aluviales de los ríos) del Valenzuela. Este comprende un humedal de varios kilómetros de extensión, conformado por miles de hectáreas de pastizales higrófilos y pantanos de altura, y cientos de lagunas y manantiales, una enorme fuente de agua dulce. Sabiendo que Mendoza es una provincia que lleva más de 10 años de sequía histórica, es fundamental para les ciudadanes proteger sus fuentes de agua potable.

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Otro punto de conflicto son los puesteros y las puesteras. En 1969 se les pidió que ocuparan la zona del valle, debido a su proximidad con Chile. Ahora, desde la empresa y el gobierno provincial aseguran que hubo solo dos propietaries con quienes pudieron llegar a un acuerdo. Mientras que el peronismo y diversos abogados afirman que se trata de más de 20 puesteros y puesteras que vieron vulnerados sus derechos de reclamar las tierras, ya se han llevado a cabo reclamos en la fiscalía para que se investigue sobre estos hechos.

Y aún hay más: el valle en cuestión está comprendido dentro del relevamiento de pueblos originarios, por ser reclamada por las lof Buta Mallín y Pincheira, como zona de veranada para la pastura de su ganado y desde ya como ocupantes ancestrales de esas tierras.

También hay denuncias que aseguran que a la empresa se le han otorgado los derechos de uso del agua del Río Valenzuela por parte del Departamento General de Irrigación, sin ser aún titulares de la tierra. De confirmarse, esto representaría un suceso sin precedentes en la provincia ya que, de acuerdo a la Ley de Aguas de Mendoza, este bien natural es inherente a la tierra. Por estas cuestiones es que surgieron voces del justicialismo que cuestionaron las alteraciones cometidas en este proceso e hicieron un pedido de informe por irregularidades.

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El centro de esquí más importante de Latinoamérica

El megaproyecto fue anunciado en 2019 y promete ser 100% autosustentable: se mantendrá con energía solar, eólica y micro-hidroeléctrica. También afirman desde El Azufre que se trabaja en un plan de forestación que comprende la plantación de 1 millón de árboles y el tratamiento de los residuos y efluentes. Los inversores alaban la ubicación del centro de esquí, ya que les permitirá tener hasta 5 meses de nieve al año, una característica que no es común en los centros del país. Al respecto, Alejandro Spinello, uno de los socios del proyecto aseguró: «Estudiamos el promedio de nieve histórico, corroboramos datos de precipitaciones, vientos, laderas y hasta instalamos un campamento en la zona durante un invierno». 

Mapa del Complejo El Azufre. Fuente: Energía Online

Además, prevee la construcción de un centro de esquí con 6 medios de elevación, 7 hoteles, 10 restaurantes, lotes para casas y comercios. Para cerrar con broche de oro, contempla un nuevo aeropuerto en la ciudad de Malargüe y uno pequeño en el valle para aviones privados.

Si bien se presenta como una oportunidad turística y comercial, no hay que dejar de ver la imagen completa. El Azufre S.A. avanzó sobre unas tierras que no le pertenecían y comenzó a construir su centro de esquí, que promete mucho, pero que se establece en un zona que está llena de recursos naturales y ecosistemas que deben ser preservados, para lo que es fundamental realizar un estudio de impacto ambiental que brilla por su ausencia. ¿Es este el modelo de negocio que queremos para Mendoza y para Argentina? 

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#BastaDeVenenos: los agrotóxicos afectan la salud humana

Esto se sabe hace mucho. El investigador argentino Andrés Carrasco advirtió sobre los efectos adversos del glifosato. Ese estudio le valió amenazas, persecuciones y el descrédito público de pares, medios de comunicación y el entonces ministro de Ciencia, Lino Barañao. 

Desde entonces, más de 200 estudios de universidades públicas argentinas han probado que la utilización de agrotóxicos es perjudicial para la salud de las personas, del ambiente y de la biodiversidad. Muchos de ellos investigaron los efectos del glifosato (que es el más utilizado), pero también de la atrazina, el endosulfán y el 2-4D. A pesar de todas estas pruebas, Argentina es el país que más litros de herbicidas utiliza por persona por año: 12 litros por habitante. 

Estos elementos tóxicos llegan a nuestros cuerpos a través del agua y el aire, pero también están presentes en el suelo, el algodón (que luego se transforma en productos de uso diario como pañales o toallitas) y, según el Senasa, hasta están presentes en nuestros alimentos. En 2019, se registraron 80 tipos de agrotóxicos en diferentes frutas y verduras, esas que llegan a nuestros hogares y estómagos a diario. Además, hay que destacar que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó al glifosato como «probablemente carcinogénico para los seres humanos». 

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Descripción de imagen: fotografía en blanco y negro de un campo arado sin cultivos visibles, cubierto por la neblina causada por la pulverización de agrotóxicos. De costado, una persona de pie se inclina hacia adelante con el rostro y toda la piel cubierta de ropa mientras arrastra una saco lleno entre las piernas.
El costo humano de los agrotóxicos, por Pablo E. Piovano.

Otro aspecto a considerar es qué pasa con las comunidades que viven cerca de los cultivos fumigados. Una investigación de Damián Verzeñassi, director del Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario, en conjunto con estudiantes del último año de Medicina, encontró que son las más vulnerables ante el agronegocio. En los pueblos analizados por el investigador, la gran mayoría ubicados a menos de 1000 metros de campos de fumigación, encontraron que la causa número uno de mortalidad era el cáncer. Allí, donde los agrotóxicos se concentran y se esparcen a diario, las personas son más propensas a desarrollar esta enfermedad.

Estas poblaciones están más expuestas que ninguna otra a los efectos nocivos de los agrotóxicos, que llegaron prometiendo trabajo y abundancia. Les niñes se quejan de que les arde la garganta y los ojos cuando pulverizan estos herbicidas. También, mujeres de las comunidades han denunciado abortos espontáneos y que sus hijes nacen con malformaciones. Hoy, esas personas luchan por sus vidas, porque el agronegocio se benefició a costa de su salud. 

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El mundo del agro parece no querer dar marcha atrás. El gobierno actual (y los anteriores) lo apoya. Los medios de comunicación guardan silencio ante el atropello de los derechos humanos con los que se enriquece el agronegocio. Y el pueblo paga con su salud.

Por esto, es necesario impulsar un cambio hacia un modelo de Soberanía Alimentaria, donde se pueda confiar en la comida que llevamos a nuestras casas, donde la alimentación la garantice el propio pueblo. Este concepto se explica como el «derecho de cada pueblo y de todos los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias de producción, distribución y consumo de alimentos, a fin de garantizar una alimentación cultural, nutricionalmente apropiada y suficiente para toda la población». La Soberanía Alimentaria hace hincapié en la necesidad de producir alimentos respetando los ecosistemas, la biodiversidad y la cultura propias de cada región. 

Descripción de imagen: fotografía en blanco y negro de un campo sembrado. En primer plano, se distinguen las plantas individuales cultivadas a corta distancia entre sí. Los surcos plantados se extienden hacia el fondo de la imagen y culminan contra una línea de casas que limitan el sembradío.
Lo monocultivos y los agrotóxicos destruyen los suelos y su recuperación es casi nula, una vez que los cultivos han tomado todos sus nutrientes y envenenado sus aguas.

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El problema principal, entonces, no son los herbicidas tóxicos, sino este modelo productivo que, apoyándose en transgénicos y venenos, avanza sin importar el costo humano y ambiental. Debemos preguntarnos cómo queremos producir. ¿Acaso el enriquecimiento de unos pocos justifica los peligros de salud que implican los agrotóxicos? ¿El fin justifica los medios?


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Imagen destacada: Pablo E. Piovano

¿Por qué necesitamos una ley de envases?

La basura es un problema mundial. ¿Qué hacer con ella? ¿Cómo evitar que contamine fuentes de agua? ¿Cómo reducir la cantidad de basura que generamos? Una respuesta a esto son las 3R: reducir, reutilizar y reciclar. En Argentina, cada día se producen 50 mil toneladas de basura. Kilos y kilos de plásticos, cartón, electrodomésticos, vidrio y restos de comida son desechados sin discriminación. Generalmente, terminan en basurales a cielo abierto o rellenos sanitarios, creando una situación de riesgo ambiental y sanitario que debe ser resuelta.

Acá entran los cartoneros y las cartoneras. Su trabajo es vital para asegurar la separación de los residuos y su correcto reciclaje. Sin embargo, su trabajo es poco reconocido y, en muchas ocasiones, se realiza en condiciones muy precarias. Elles son quienes evitan una crisis sanitaria y ecológica y lo hacen sin cobrar un peso. 

El proyecto de ley de envases con inclusión social busca visibilizar el trabajo de estes recicladores y su contribución diaria a la gestión de residuos. En este sentido, plantea que les productores que colocan envases en el circuito productivo tienen una responsabilidad social extendida sobre ese residuo que están generando. Es por esto que el proyecto establece que son elles quienes deben absorber el gasto del reciclado de sus envases. ¿Cómo? Se propone que paguen una «tasa ambiental» de hasta el 3% del valor del producto. Esta se establece de acuerdo a ciertas variables, entre las cuales se encuentra que tan «amigable» es dicho envase con el ambiente, es decir, qué tan reciclable es. A mayor reciclabilidad, menor es la tasa aplicada.

Si se obtiene una buena calificación por material reciclado contenido y ecodiseño, la tasa de un envase de una gaseosa de litro y medio sería de un 0,55 % de su precio. Fuente: Federación de Cartoneros.

Lo que se recaude de esta tasa se orientará a crear de nuevas plantas de reciclaje y tratamiento de residuos, reducir el costo de la logística y la comercialización y fortalecer las cooperativas de cartoneros y cartoneras, para ir minimizando la cantidad de recicladores que trabajan informalmente. El proyecto plantea la creación de un fideicomiso para administrar esos fondos, que contaría con la participación del Ministerio de Ambiente y de distintos actores como les productores, les cartoneres y las cooperativas. 

Es así que el proyecto busca dignificar a los actores principales de la gestión de residuos y es uno de los primeros en incluir a la economía circular como parte de la solución al problema de la basura. A través del reciclaje, vecines, cooperativas, empresas, comercios y ONG colaboran en esta red que cuida el ambiente y genera trabajo

Se espera que para fin de 2021 se apruebe esta ley en el Congreso. Sin embargo, la oposición empresarial se ha hecho escuchar estos últimos días. Desde el empresariado explican que el proyecto debe implementarse pero no a través de la aplicación de un nuevo impuesto, que se sumaría a la larga fila de cargas tributarias que soportan las empresas. Por otro lado, la oposición afirma que el proyecto se escuda en los rótulos de ecología y de inclusión social para desviar los fondos obtenidos de la «tasa ambiental» para hacer política partidaria y que coloca una nueva carga contra las empresas para continuar creciendo, ya que hoy se encuentran muy debilitadas por la inflación y la falta de dólares.

Una persona produce 1,15 kg de basura cada día.

Además surgió preocupación entre la población. Las personas se preguntaron si no impactaría esta tasa en el precio de los productos que consumen. Es decir, si no serían elles quienes terminarían pagando los residuos poco reciclables al comprar el producto. La ley propone que esto no suceda, sino que sean las empresas y les productores quienes deben absorber el costo del reciclado

Lo cierto es que se trata de una acción necesaria para solucionar el problema de la basura. El apoyo social al proyecto es amplio y el objetivo es formalizar el trabajo de les cartoneres, así como fomentar que las empresas puedan repensar los residuos que generan sus envases


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Youth4Climate: «Basta de promesas huecas»

En la conferencia Youth4Climate, Greta Thunberg acusó a los líderes mundiales de «ahogar» las esperanzas de la juventud con sus «promesas huecas».

La activista sueca reclamó nuevamente acciones urgentes para mitigar los efectos del cambio climático. El pasado miércoles 28, la creadora de Fridays for Future dio un discurso contundente en la conferencia Youth4Climate en Milán. Durante casi 5 minutos frente a más de 400 jóvenes de casi 200 países, se dirigió a los líderes mundiales e hizo hincapié en su falta de acción. 

«Reconstruir mejor, bla bla bla, no hay un planeta B, no hay planeta bla bla, bla bla bla, bla bla bla, economía verde bla bla, neutralidad de carbono para 2050 bla bla. Eso es todo lo que escuchamos por parte de nuestros llamados líderes: palabras. Palabras que suenan bien pero que no han provocado ninguna acción. Nuestras esperanzas y sueños se ahogan en sus palabras de promesas vacías. Por supuesto, necesitamos un diálogo constructivo pero ellos ya llevan 30 años de bla bla y ¿a dónde nos ha conducido eso?».

– Greta Thunberg en Youth4Climate.

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Thunberg afirmó que «se proyecta que en 2021 se experimentará la segunda emisión de gases de efecto invernadero (GEI) más alta de la historia» y que «seguimos acelerando en la dirección equivocada». Y los números le dan la razón. Según el último reporte del IPCC, la concentración de dióxido de carbono (CO2) es la más alta en, al menos, 2 millones de años.

Además, el informe asegura que sobrepasaremos el objetivo del Acuerdo de París de contener ese recalentamiento en 1,5ºC o 2°C este siglo «a menos que se hagan profundas reducciones en la emisión de CO2 y otros GEI en las próximas décadas». Es vital limitar el calentamiento por debajo de 1,5°C. Con estas temperaturas aún sentiremos los efectos del cambio climático pero serán mucho menos graves que si no hacemos nada.

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«La falta de acción intencional de nuestros líderes es una traición hacia todas las generaciones presentes y futuras. Las personas en el poder no pueden afirmar que están tratando porque es claro que no lo están haciendo. Si esto es lo que consideran que es acción climática, entonces no lo queremos», exclamó Greta.

A su vez, la activista ambiental reclamó que los líderes no les escuchan: «Elles invitan a gente joven de pueblos originarios a reuniones como esta para pretender que nos están escuchando, pero no lo están haciendo. Claramente, elles no nos están escuchando y nunca lo han hecho. Tan solo miren los números, miren las estadísticas: las emisiones siguen subiendo». 

Discurso completo de Greta Thunberg en la conferencia Youth4Climate

El mensaje final de la activista es que aún hay esperanza, no todo está perdido, pero hay que actuar ya. Las personas somos las responsables del cambio climático, pero también somos quienes podemos minimizar sus efectos. La ciencia asegura que necesitamos reducir nuestras emisiones de GEI de manera drástica y sostenida. Para ello, necesitamos políticas públicas que protejan nuestros ecosistemas y financien energías renovables y limpias. 

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«Se necesitarán reducciones de emisiones drásticas y anuales como nunca se ha visto en el mundo. Y, como no tenemos las soluciones tecnológicas que, solas, pueden lograr algo cercano a eso, significa que tendremos que cambiar. Ya no podemos dejar a las personas en el poder decidir lo que es políticamente posible y lo que no lo es. Ya no podemos dejar a las personas en el poder decidir qué es la esperanza. La esperanza no es pasiva. La esperanza no es bla, bla, bla. La esperanza es decir la verdad. La esperanza es actuar. Y la esperanza siempre viene de la gente» finalizó la joven, entre los aplausos de sus pares.


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Hay que actuar ya: ¿qué dice el nuevo informe del IPCC?

El reporte muestra la información más relevante en materia de cambio climático. Destacó la necesidad urgente de una disminución fuerte y continuada de las emisiones de gases de efecto invernadero, sobre todo de dióxido de carbono.

El cambio climático es irrefutable y la responsabilidad humana sobre él también. Eso concluyó el nuevo informe AR6 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Se trata del reporte correspondiente al Grupo de Trabajo I del IPCC que se ocupa de las bases físicas del cambio climático y el sistema climático. El mismo se presentó el lunes 9 de agosto y advirtió (otra vez) sobre los efectos de esta problemática y la necesidad urgente de actuar.

Fuente: IPCC

El reporte explica que los efectos del cambio climático ya se han hecho presentes y no hay región del planeta que se encuentre a salvo. Como vemos en la imagen, la concentración de dióxido de carbono (CO2) es la más alta en, al menos, 2 millones de años. El aumento del nivel del mar sucede en un ritmo más rápido del que se ha visto en 3 mil años. El área de hielo marino en el Ártico se encuentra en su nivel más bajo en al menos mil años y el retroceso de los glaciares que hoy vemos no tiene precedentes en al menos 2 mil años.

Los eventos climáticos extremos, como las fuertes precipitaciones en Alemania, los incendios masivos en Grecia y la letal ola de calor en Canadá, solo van a intensificarse a medida que pase el tiempo. 

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La influencia humana está 100% relacionada con esto: les más de 230 científiques de 66 países que participaron del escrito pudieron comprobar que la alteración climática provocada por los seres humanos se ha agravado de tal manera que «la temperatura global continuará incrementándose hasta la mitad del siglo XXI» y que sobrepasaremos el objetivo del Acuerdo de París de contener ese recalentamiento en 1,5ºC o 2°C este siglo «a menos que se hagan profundas reducciones en la emisión de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero (GEI) en las próximas décadas». 

No todo está perdido

Por otro lado, el reporte del IPCC explica que algunos efectos del cambio climático son irreversibles. Ciertas consecuencias del calentamiento del planeta, como el aumento del nivel del mar, ya son permanentes y estarán con nosotres durante cientos de años. Sin embargo, el Grupo de Trabajo I hace hincapié que con acciones inmediatas, en pos de reducir la emisión de CO2 y otros GEI, otros efectos, como las olas de calor, las precipitaciones torrenciales y las sequías, pueden suavizarse y no resultar tan extremos.

Esto hace que la necesidad de actuar sea urgente. Rodrigo Rodriguez Tornquist, secretario de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, afirmó: «Tenemos una oportunidad pero es muy pequeña, yo creo que estamos hablando de meses para ponernos de acuerdo de aquí a Glasgow para poder lograr medios de implementación para poder llevar adelante los compromisos que asumimos los países y pocos años para llevarlos a la práctica».

Pero, ¿qué beneficios tiene mantenerse dentro de los 1,5°C, como estipula el Acuerdo de París? Según el World Resources Institute, con un aumento de 2°C, la cantidad de personas expuestas a olas de calor severas afecta hasta casi el 37% de la población, frente al 14% en un escenario de 1,5°C. Además, el impacto sobre los ecosistemas también aumenta a casi el doble: el daño a los ecosistemas y el permafrost y el rendimiento de los cultivos empeora. Esto pone en riesgo la seguridad hídrica y alimentaria. Y lo que es más, ciertos ecosistemas son muy frágiles frente a los aumentos en la temperatura porque no se pueden adaptar rápidamente a cambios tan bruscos, por ejemplo, los arrecifes de coral, que junto con otros ecosistemas marinos, contribuyen al 80% del oxígeno que respiramos.

Otra cuestión a tener en cuenta es lo que explica la científica climática argentina Inés Camilloni: «El cambio climático es un proceso. No es que un día de un año particular va a significar el cambio irreversible. Cuando se habla del objetivo necesario de estabilizar el aumento de la temperatura en 1,5°C, no significa alcanzar la cifra en un año en particular, sino en un promedio de 30 años continuados». Es decir, es necesario mantener la temperatura por debajo de 1,5°C por 30 años o hasta 2100 para evitar las consecuencias más graves del cambio climático. 

Efectos en América Latina

¿Qué sucederá en esta región del planeta? El reporte AR6 detalla los eventos climáticos extremos que afectarán a Sudamérica, fruto del cambio climático. Afirma que la ocurrencia de estos acontecimientos será cada vez más frecuente y que se sufrirán más sequías y olas de calor. También advierte por la suba de la temperatura media en la zona de los Andes centrales y la Patagonia.

Otro de los efectos es el aumento del nivel del mar. Durante las últimas tres décadas, en el Atlántico Sur y el Atlántico norte subtropical el nivel del mar ha aumentado a un ritmo más alto. Es «extremadamente probable» que el aumento relativo del nivel del mar siga aumentando en los océanos alrededor de América Latina y Centroamérica, contribuyendo a la inundación de las costas

Fuente: IPCC

A su vez, el informe propone 5 escenarios posibles a futuro. El primer escenario es el más positivo, solo aquí se cumple el objetivo del Acuerdo de París. El segundo considera que la temperatura media sobrepasará los 1,5°C (mapa del medio). Sin embargo, para mantenernos en estos valores se requiere acción inmediata. Y una novedad: ya no es suficiente con lograr la neutralidad de carbono, sino que también se necesita la captura de CO2 para evitar el calentamiento por encima de los 2°C.

Esto se logrará con la acción conjunta de la tecnología y la reforestación con especies autóctonas. Así, se vuelve una prioridad detener la deforestación de la Amazonia y del Gran Chaco de manera urgente. El resto de los escenarios proyecta un aumento de las temperaturas mucho mayor, llegando en el escenario 5 a sobrepasar los 4°C, con consecuencias catastróficas (mapa inferior).

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La publicación de este escrito se da en un momento clave: a pocos meses de la Conferencia de las Partes N°26 (COP26) en Glasgow, Escocia. Esta reunión entre los países miembro de las Naciones Unidas (ONU) debe ser el momento en que las naciones transformen sus palabras en acciones concretas, urgentes y ambiciosas. No podemos darnos el lujo de esperar otro año a una nueva COP. Debemos poner en marcha políticas públicas que apunten a reducir las emisiones de GEI hasta llegar a la neutralidad de carbono y, así, emprender el camino por la senda de un calentamiento de 1,5°C.

Los contundentes datos del reporte evidencian que cada medida que contribuya a disminuir la emisión de CO2 importa. Si logramos limitar el calentamiento por debajo de 1,5°C, aún sentiremos los efectos del cambio climático pero serán mucho menos graves que si no hacemos nada. Cada grado menos cuenta y cada acción más vale la pena. 


Fuentes:


Lo que faltaba: se incendió el océano

A principios de este mes, el día 2 de julio, las imágenes impactantes de un «ojo de fuego» enorme en el medio del mar recorrieron el mundo. ¿Por qué sucedió? ¿Qué consecuencias tiene para el ambiente?

El incendio fue provocado por una fuga de gas en un ducto submarino de Petróleos Mexicanos (Pemex), ubicado en aguas del Estado de Campeche, en el Golfo de México. Además, según la empresa, el fuego se inició debido a las fuertes descargas eléctricas, producto de una tormenta que ocurría en la zona al momento de la fuga de gas. En resumen, mala suerte. Pero, ¿solo podemos culpar a la mala suerte? 

Las llamas fueron apagadas por operadores de la empresa petrolera después de 5 horas. Desde Pemex comunicaron que «no existió derrame de crudo» y que las acciones para controlar el fuego «evitaron daño ambiental». Sin embargo, no pueden asegurarlo ya que no se realizó ninguna investigación posterior para evaluar los daños al ecosistema.

Sumado a esto, la petrolera afirmó que pudo controlar las llamas gracias a que «utilizó nitrógeno» sobre el oleoducto. Esta sustancia «es el peor contaminante del mundo que afecta a los océanos», explica el Instituto Ocean River, porque causa la proliferación de algas nocivas, el enriquecimiento excesivo en nutrientes del ecosistema acuático y la aparición de zonas muertas del océano por hipoxia. En conjunto, hace que la vida marina sea más vulnerable a las enfermedades, que se reduzca la biodiversidad, que se degraden los ecosistemas oceánicos.

Por otro lado, el nitrógeno en las floraciones de algas también produce óxido nitroso (N20), un gas de efecto invernadero (GEI) mucho más potente que el dióxido de carbono. Todos estos efectos contribuyen al calentamiento global, ya que se degradan aún más los océanos al aumentar la acidez del agua a medida que los océanos absorben cada vez más carbono.

Son plataformas como la del Golfo de México las que se quieren poner en el mar argentino. El aumento en la explotación de petróleo que pretende el gobierno de Alberto Fernández no solo dañará el ecosistema marino, sino que también va en contra de la meta de reducción de la emisión de GEI con la que se comprometió Argentina en la última Contribución Nacional Determinada (NDC). Aún estamos a tiempo de evitar otra catástrofe similar en nuestro país.

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El incendio en el Golfo de México demuestra la falacia de la seguridad que intentan instalar las petroleras. Estos mal llamados «accidentes» se repiten varias veces en el año: hay reportes de fugas de gas en líneas de Pemex ocurridas en agosto y septiembre de 2019 y en febrero y abril de 2021. Y estos son solo los que han sido informados al público.

En este caso, el video del «ojo de fuego» fue compartido en Twitter, Instagram y Facebook por millones de personas. Esto hizo que la empresa Pemex tuviera que dar explicaciones. Sin embargo, si nadie hubiera grabado ese video o nadie hubiera sacado una foto, ¿tendríamos hoy conocimiento de esta catástrofe?

El incendio puede haber tenido consecuencias terribles para el ecosistema marino. Tal vez no veremos las evidencias de este ecocidio hasta dentro de algunos años. Para Greenpeace se considera ecocidio porque es un «acto ilícito o arbitrario perpetrado a sabiendas de que existen grandes probabilidades de que cause daños graves, extensos o duraderos al medio ambiente». Lo cierto es que la vida marina no preocupa a las petroleras, solo interesan las ganancias.

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Las empresas que explotan los combustibles fósiles operan con impunidad en todo el mundo. El caso de Pemex, además, es particular porque el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, apoya fuertemente la explotación del petróleo y busca basar la economía del país en el autoabastecimiento de combustibles. La protección del presidente de México para con Pemex es tal que ha propuesto hacerse cargo de la deuda millonaria que tiene a la empresa en bancarrota desde hace años, según France 24.

Pero el aval a la explotación petrolera debe terminar. Greenpeace México denunció que el complejo Ku-Maloob-Zaap, donde ocurrió el incendio, representa «el 40% de los 1,68 millones de barriles diarios de crudo que produce Pemex». Desde la organización ambiental calculan que esas instalaciones emiten 158.390 toneladas de CO2 a la atmósfera por día. En este sentido, resulta vital que la petrolera disminuya sus emisiones de GEI si se quiere cumplir con el Acuerdo de París

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Pemex ocupa el tercer lugar entre las empresas petroleras con mayor riesgo ambiental del planeta, según el análisis del Think Tank México Evalúa. Además, como lo evidencian las múltiples fugas y rupturas de líneas, tiene infraestructura muy vieja cuya operación ha bajado significativamente el rendimiento y ha aumentado el riesgo para el planeta. Esto se agrava cuando consideramos que esta empresa se encuentra en el puesto 9 de 20 en cantidad de emisiones de metano y dióxido de carbono. Asimismo, la explotación de petróleo hace que México sea el quinto país a nivel mundial con más emisiones de dióxido de azufre, un gas altamente tóxico que tiene severos impactos a la salud. 

Es evidente, entonces, que esta actividad extractiva solo acelera el calentamiento global y, mientras dejamos morir a los océanos, no nos damos cuenta que los necesitamos para nuestra propia supervivencia como especie. Lo ocurrido es otro ejemplo de la necesidad urgente que tiene la humanidad de dejar de financiar la explotación de combustibles fósiles y transicione a energías renovables y sostenibles.


Fuentes: