Lo que faltaba: se incendió el océano

A principios de este mes, el día 2 de julio, las imágenes impactantes de un «ojo de fuego» enorme en el medio del mar recorrieron el mundo. ¿Por qué sucedió? ¿Qué consecuencias tiene para el ambiente?

El incendio fue provocado por una fuga de gas en un ducto submarino de Petróleos Mexicanos (Pemex), ubicado en aguas del Estado de Campeche, en el Golfo de México. Además, según la empresa, el fuego se inició debido a las fuertes descargas eléctricas, producto de una tormenta que ocurría en la zona al momento de la fuga de gas. En resumen, mala suerte. Pero, ¿solo podemos culpar a la mala suerte? 

Las llamas fueron apagadas por operadores de la empresa petrolera después de 5 horas. Desde Pemex comunicaron que «no existió derrame de crudo» y que las acciones para controlar el fuego «evitaron daño ambiental». Sin embargo, no pueden asegurarlo ya que no se realizó ninguna investigación posterior para evaluar los daños al ecosistema.

Sumado a esto, la petrolera afirmó que pudo controlar las llamas gracias a que «utilizó nitrógeno» sobre el oleoducto. Esta sustancia «es el peor contaminante del mundo que afecta a los océanos», explica el Instituto Ocean River, porque causa la proliferación de algas nocivas, el enriquecimiento excesivo en nutrientes del ecosistema acuático y la aparición de zonas muertas del océano por hipoxia. En conjunto, hace que la vida marina sea más vulnerable a las enfermedades, que se reduzca la biodiversidad, que se degraden los ecosistemas oceánicos.

Por otro lado, el nitrógeno en las floraciones de algas también produce óxido nitroso (N20), un gas de efecto invernadero (GEI) mucho más potente que el dióxido de carbono. Todos estos efectos contribuyen al calentamiento global, ya que se degradan aún más los océanos al aumentar la acidez del agua a medida que los océanos absorben cada vez más carbono.

Son plataformas como la del Golfo de México las que se quieren poner en el mar argentino. El aumento en la explotación de petróleo que pretende el gobierno de Alberto Fernández no solo dañará el ecosistema marino, sino que también va en contra de la meta de reducción de la emisión de GEI con la que se comprometió Argentina en la última Contribución Nacional Determinada (NDC). Aún estamos a tiempo de evitar otra catástrofe similar en nuestro país.

Quizás te interese leer: «Bombardean el mar argentino», por Martina Storoni

El incendio en el Golfo de México demuestra la falacia de la seguridad que intentan instalar las petroleras. Estos mal llamados «accidentes» se repiten varias veces en el año: hay reportes de fugas de gas en líneas de Pemex ocurridas en agosto y septiembre de 2019 y en febrero y abril de 2021. Y estos son solo los que han sido informados al público.

En este caso, el video del «ojo de fuego» fue compartido en Twitter, Instagram y Facebook por millones de personas. Esto hizo que la empresa Pemex tuviera que dar explicaciones. Sin embargo, si nadie hubiera grabado ese video o nadie hubiera sacado una foto, ¿tendríamos hoy conocimiento de esta catástrofe?

El incendio puede haber tenido consecuencias terribles para el ecosistema marino. Tal vez no veremos las evidencias de este ecocidio hasta dentro de algunos años. Para Greenpeace se considera ecocidio porque es un «acto ilícito o arbitrario perpetrado a sabiendas de que existen grandes probabilidades de que cause daños graves, extensos o duraderos al medio ambiente». Lo cierto es que la vida marina no preocupa a las petroleras, solo interesan las ganancias.

Quizás te interese leer: «Día Mundial de los Océanos: una propuesta especista», por Martina Storoni

Las empresas que explotan los combustibles fósiles operan con impunidad en todo el mundo. El caso de Pemex, además, es particular porque el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, apoya fuertemente la explotación del petróleo y busca basar la economía del país en el autoabastecimiento de combustibles. La protección del presidente de México para con Pemex es tal que ha propuesto hacerse cargo de la deuda millonaria que tiene a la empresa en bancarrota desde hace años, según France 24.

Pero el aval a la explotación petrolera debe terminar. Greenpeace México denunció que el complejo Ku-Maloob-Zaap, donde ocurrió el incendio, representa «el 40% de los 1,68 millones de barriles diarios de crudo que produce Pemex». Desde la organización ambiental calculan que esas instalaciones emiten 158.390 toneladas de CO2 a la atmósfera por día. En este sentido, resulta vital que la petrolera disminuya sus emisiones de GEI si se quiere cumplir con el Acuerdo de París

Quizás te interese leer: «Día Mundial del ambiente: poco o nada para festejar», por Nicolás Debowicz

Pemex ocupa el tercer lugar entre las empresas petroleras con mayor riesgo ambiental del planeta, según el análisis del Think Tank México Evalúa. Además, como lo evidencian las múltiples fugas y rupturas de líneas, tiene infraestructura muy vieja cuya operación ha bajado significativamente el rendimiento y ha aumentado el riesgo para el planeta. Esto se agrava cuando consideramos que esta empresa se encuentra en el puesto 9 de 20 en cantidad de emisiones de metano y dióxido de carbono. Asimismo, la explotación de petróleo hace que México sea el quinto país a nivel mundial con más emisiones de dióxido de azufre, un gas altamente tóxico que tiene severos impactos a la salud. 

Es evidente, entonces, que esta actividad extractiva solo acelera el calentamiento global y, mientras dejamos morir a los océanos, no nos damos cuenta que los necesitamos para nuestra propia supervivencia como especie. Lo ocurrido es otro ejemplo de la necesidad urgente que tiene la humanidad de dejar de financiar la explotación de combustibles fósiles y transicione a energías renovables y sostenibles.


Fuentes:


Día Mundial de los Océanos: una propuesta especista

Se celebró el pasado 8 de junio. El tema propuesto este año por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) fue «El océano: vida y medio de subsistencia». En esta línea, la organización insiste en que debemos cuidar los mares por los recursos que nos brindan. 

El objetivo de celebrar el Día Mundial de los Océanos es concientizar sobre la importancia de los mismos y poner en relevancia lo urgente que resulta poder gestionar de manera cuidadosa este recurso mundial esencial.

Para Volkan Bozkir, el Presidente de la Asamblea General de la ONU: «El océano es una potencia económica, generando trillones de dólares cada año y es una potencia de biodiversidad». Las palabras del mandatario, pronunciadas en el marco de las celebraciones de la ONU de este día, reflejan la mirada antropocéntrica y especista que mantenemos sobre los mares. Evidentemente, en esta celebración quedan por fuera las víctimas principales de la explotación humana: las especies que habitan las aguas marinas. 

Medusas en Monterrey, Estados Unidos. Foto de Kevin Lanceplaine en Unsplash.

La organización señala en su comunicado que los océanos son «una fuente importante de alimentos y medicina y una parte fundamental de la biósfera» y destaca su importancia económica; explica que son «la mayor fuente de proteínas del mundo». La importancia de este ecosistema que representa más del 70% de nuestro planeta va mucho más allá de los recursos que puede brindarnos. Son una parte vital del ecosistema mundial, ya que contienen el 97% del agua y representan el 99% de la superficie habitable del planeta en volumen.

Además, ayudan a mitigar los impactos del cambio climático: absorben, aproximadamente, el 30% del dióxido de carbono emitido por el ser humano. Son los verdaderos pulmones del planeta, no solo porque absorben este gas, sino porque el fitoplancton que habita en los mares produce entre el 50 y el 85% del oxígeno que se libera cada año a la atmósfera, según datos de National Geographic. Por esto, la salud de los océanos es vital para la salud humana.

Quizás te interese leer: «Día Mundial del Ambiente: poco o nada para festejar», por Nicolás Debowicz

Los microorganismos, los mamíferos, los peces, los cetáceos y los crustáceos son una parte fundamental del esquema marino. Estos mal llamados «recursos» son los seres vivos que permiten que los océanos funcionen. Sin ellos, el equilibrio natural se tambalea y, si bien aún no es tarde para detener la pérdida de biodiversidad que sufren los mares, debemos actuar con rapidez.

A pesar de su importancia, los océanos y sus animales están en peligro. El calentamiento global pone en riesgo toda la vida en el mar. Causa la acidificación de los mares, haciendo del agua un lugar inhabitable para varios miles de especies marinas; derrite las capas polares, hogar de muchos peces, cetáceos, mamíferos y plantas marinas y genera la aparición de zonas sin oxígeno bajo el agua. 

No solo esto, sino que también deben soportar la contaminación constante producida por los humanos. Los contaminantes más comunes son «plaguicidas, herbicidas, fertilizantes químicos, detergentes, hidrocarburos, aguas residuales, plásticos y otros sólidos», explica National Geographic. Pero la contaminación acústica también representa una amenaza para la vida marina. Los buques pesqueros y la búsqueda de petróleo tienden a aturdir a las especies que se comunican con ecolocalización y pueden llegar a causar su muerte. 

Quizás te interese leer: «Bombardean el mar argentino», por Martina Storoni

La acción humana está llevando a los océanos a un punto límite

Pescadores en Mui Ne, Vietnam. Foto de Evgeny Nelmin en Unsplash.

Desde que conquistamos los mares como especie, no hemos dejado de explotarlos hasta su destrucción. No solo con los constantes derrames de petróleo, los plásticos que tiramos a sus aguas y la sobrepesca, sino que también la acción humana ha causado que el 90% de las grandes especies marítimas de peces hayan disminuido y que el 50% de los arrecifes de coral hayan sido destruidos, según Naciones Unidas. Además, debemos agregar el bombardeo de los océanos en busca de petróleo, un fenómeno reciente en Argentina, increíblemente dañino para nuestros ecosistemas marinos. 

«Estamos en el punto de, o bien, continuar con esta actitud extractivista de tomar, tomar, tomar de la naturaleza, o darnos cuenta de que lo más importante que tomamos de la naturaleza es nuestra existencia».

– Sylvia Earle, Presidente de Mission Blue.

Quizás te interese leer: «La importancia de la Cumbre Climática 2021», por Martina Storoni

La pérdida de biodiversidad que sucede en los océanos no tiene precedentes. La desaparición de muchos de estos seres vivos es imposible de revertir y los efectos de su extinción podrían ser catastróficos. Por ello, si bien la ONU enunció como objetivo la regulación de la pesca para evitar la explotación pesquera, esta medida resulta insuficiente.

Es vital poner en marcha planes de reconstrucción de los corales, iniciativas de reproducción en cautiverio de las especies en peligro de extinción y proyectos que prohíban la pesca indiscriminada y la caza de ballenas. También, como ya dijimos, debemos proteger los mares de los efectos del cambio climático y, para ello, hay que dejar de financiar los combustibles fósiles, restaurar ecosistemas e impulsar políticas ambientales que reconozcan la importancia de las especies marinas. Pero, sobre todo, debemos repensar nuestra relación con la naturaleza y cambiarla por una más respetuosa y consciente. 


Fuentes: 


Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía

Hoy 17 de junio es el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. El lema de este año propuesto por las Naciones Unidas (ONU) es «Restauración. Tierras. Recuperación». De cara a esta fecha, diversas organizaciones han manifestado la necesidad de trabajar para la recuperación de los suelos.

Este día se centra en la concientización de la importancia de la transformación de las tierras degradadas en tierras sanas. Las principales causas de estas problemáticas son: por un lado, la acción humana, que ha alterado casi el 75% de la superficie terrestre y, por el otro, el cambio climático provocado y exacerbado por les seres humanos. La acción conjunta de los países es vital para luchar contra estas problemáticas que amenazan con exacerbar las consecuencias del cambio climático y acelerar la pérdida de biodiversidad. 

Póster oficial de la ONU para el Día de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía.

En Argentina, la deforestación, los incendios forestales y la sobreexplotación de los suelos provocada por la ganadería y la agricultura son la razón del desgaste de la tierra. Según el Informe Ambiental 2021 de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN): «Los procesos que la agricultura y la ganadería moderna han generado son la pérdida de biodiversidad, la destrucción de ambientes naturales por el cambio en el uso de la tierra, niveles críticos de los flujos de nitrógeno y fósforo, excesivo uso de agua dulce y el cambio climático». 

En el resto del mundo las condiciones tampoco mejoran. La creciente necesidad de generar alimento con mayor velocidad y mayor rendimiento y la demanda constante de espacios habitables para las personas son parte del por qué se recurre a la deforestación. 

Quizás te interese leer: «A 42 días de los incendios en el sur argentino: la reconstrucción», por Tatiana Fernández Santos

Un ejemplo es Brasil donde aumentaron los puntos críticos de deforestación durante la presidencia de Jair Bolsonaro. El presidente, conocido por su oposición a políticas ambientales, prometió abrir la selva amazónica al ganado, la explotación de minerales, la tala y otras industrias cuando asumió su cargo en 2018. Las medidas tomadas por el presidente brasileño han hecho un muy buen trabajo para asegurar que la deforestación ilegal quede impune y se vuelva una práctica frecuente, según Global Citizen.

No es casual que el país haya aumentado la cantidad de hectáreas taladas durante la pandemia, alcanzando niveles récord. Con respecto a esto, el reporte Frentes de Deforestación; impulsores y respuestas en un mundo cambiante del World Wildlife Fund (WWF) afirma que la selva tropical de 395 millones de hectáreas «está por alcanzar un punto sin retorno, en el que perderá su balance y sufrirá una disminución de lluvias y estaciones secas prolongadas».

Cuando se degrada la tierra y se pone en juego su capacidad productiva, esos espacios se transforman y desgastan, causando que aumenten las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y peligre la biodiversidad. También supone la disminución de espacios silvestres que nos protejan de fenómenos climáticos extremos, como las sequías, las inundaciones y las tormentas de arena y polvo. La desertificación y las sequías contribuyen a la alteración de ecosistemas y acelera los efectos del cambio climático. Por estas razones, es vital la restauración de las tierras degradadas.

Las Naciones Unidas (ONU) explican que su recuperación «contribuye a la resiliencia económica, a la creación de empleo, al aumento de los ingresos y a una mayor seguridad alimentaria; ayuda a recuperar la biodiversidad; permite capturar el carbono atmosférico que calienta la Tierra, disminuyendo así el efecto del cambio climático; y favorece una recuperación verde de la pandemia de COVID-19, ya que la restauración de los paisajes naturales reduce el contacto directo entre la vida silvestre y los asentamientos humanos, lo que crea una barrera natural contra las zoonosis».

Quizás te interese leer: «Día Mundial del Ambiente: poco o nada para festejar», por Nicolás Debowicz

Es por todo esto que el Programa para el Medio Ambiente de la ONU propone El Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas. Entendiendo que la salud de nuestro planeta y sus habitantes depende de la salud de los ecosistemas, hace un llamado a los países para que se cumplan su compromiso de restaurar entre 2021 a 2030 al menos 1000 millones de hectáreas de tierras degradadas.

Esto resultaría en aire y agua más limpios, mitigación de condiciones climáticas extremas, mejor salud humana y recuperación de la biodiversidad. Además, estas acciones que previenen y revierten los efectos de la desertificación son clave si queremos cumplir con el objetivo del Acuerdo de París de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 2°C

«La desertificación, la degradación de las tierras y la sequía son grandes amenazas que afectan a millones de personas en todo el mundo, en particular mujeres y niños. Hace 25 años, 197 partes aprobaron una convención histórica encaminada a movilizar la acción mundial. Sin embargo, queda mucho por hacer. Cada año el mundo pierde 24 millones de toneladas de suelo fértil. Además, la degradación de las tierras secas reduce el producto interno nacional. Los países en desarrollo hasta en un 8% anual. Debemos cambiar urgentemente esas tendencias. Proteger y restaurar la tierra y utilizarla mejor, puede reducir la migración forzada, aumentar la seguridad alimentaria y estimular el crecimiento económico. También puede ayudarnos a afrontar la emergencia climática mundial. En este Día Mundial, reconozcamos el imperativo de luchar contra la desertificación como parte de nuestros esfuerzos por alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

– António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas en el marco del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía en 2019.

Para la ONU, la solución a esta problemática está en la cooperación en todos los niveles y en la participación activa de la comunidad, respetando las necesidades y los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales e incorporando sus conocimientos, experiencias y capacidades para garantizar que los planes de restauración se implementen y se mantengan. Por otro lado, es crucial exigir el cumplimiento de las leyes que protegen los bosques y glaciares en nuestro país, así como reclamar que dejen de ser desfinanciadas y demandar la creación de nuevas leyes que protejan la biodiversidad de Argentina y regulen el uso del suelo de una manera sustentable


Fuentes:


La importancia de la Cumbre Climática 2021

El pasado jueves 22 y viernes 23 de abril se llevó a cabo la Cumbre Climática 2021, convocada por Joe Biden, presidente de Estados Unidos. Esta reunió a más de 40 líderes de todo el mundo para tratar la problemática urgente del cambio climático.

Fue un encuentro necesario e importante y funcionó como antesala de la Conferencia de las Partes (COP) N° 26 que se hará en noviembre de este año en Glasgow, Escocia. El gran objetivo mundial es que la temperatura media de la Tierra no supere los 2 °C (siendo la meta para 2050 no superar el 1,5 °C) con respecto a las temperaturas preindustriales. Si bien hubieron varias propuestas para mejorar la acción climática global, ¿son estos nuevos compromisos suficientes para frenar el cambio climático?

Metas más ambiciosas

La novedad de la cumbre fue que contó con la participación de los principales países emisores de gases de efecto invernadero (GEI): China, Estados Unidos, Brasil y países de la Unión Europea. Además, muchos de ellos propusieron objetivos de acción climática más ambiciosos que los que habían presentado en años anteriores. Por ejemplo, Reino Unido se comprometió a reducir sus emisiones en un 78% para 2035 comparado con los niveles de 1990, mientras que Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, prometió bajarlas en un 45% para 2030; otro gobierno presente fue el de India que, si bien no hizo promesas sobre el carbono, se comprometió a instalar energías renovables en su país.

Una intervención esperada y necesaria fue la del presidente Jair Bolsonaro, quien se comprometió a erradicar la deforestación ilegal en Brasil para 2030 y lograr la neutralidad de carbono para 2050. Lo cierto es que estas promesas sorprenden, ya que desde que asumió el poder, la deforestación del Amazonas se aceleró, así como la desfinanciación de los órganos ambientales que luchan contra estas problemáticas. Por su parte, Biden prometió que su país reducirá las emisiones en más de un 50% para fines de esta década y China afirmó que va a lograr la neutralidad de carbono para 2060.

Quizás te interese leer: «A 42 días de los incendios en el sur argentino: la reconstrucción», por Tatiana Fernández Santos

Los 5 principales emisores de GEI son China, Estados Unidos, la Unión Europea, la India y Rusia. Brasil es el país más contaminante de América Latina, ocupando el 7mo lugar. Argentina está en el puesto 19.

¿Qué pasó con Argentina? 

Alberto Fernández abrió su discurso con la frase: «Debemos tomar conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biósfera». Luego anunció nuevos compromisos: «Elevamos nuestra contribución determinada nacional un 27,7% con respecto a la de 2016, que son dos puntos adicionales porcentuales a la ya presentada en 2020». ¿Qué quiere decir esto? 

Primero, las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) son los compromisos asumidos por los países que forman parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y que deben llevar a cabo para intensificar sus acciones contra el cambio climático, ya sea para reducir las emisiones de GEI o para adaptarse a los impactos producidos por ese fenómeno. Las contribuciones de cada país son establecidas en función de sus circunstancias nacionales y sus respectivas capacidades. El conjunto de las NDC presentadas por cada país debería contribuir con el cumplimiento del objetivo del Acuerdo de París

La NDC de 2016 afirmó que la Argentina se comprometió a no exceder la emisión neta de 483 millones de toneladas de dióxido de carbono (MtCO2) para 2030. La NDC publicada el año pasado proponía una reducción más ambiciosa: no exceder la emisión de 359 MtCO2. Ahora, según las palabras de Fernández, nuestro país se compromete a reducir aun más esa cantidad, a unas 349 MtCO2.

Sin embargo, la NDC que incluirá los detalles de cómo se logrará no ha sido publicada aún, sino que se hará camino a la COP26. El presidente argentino también anunció que se adoptarán «medidas profundas para erradicar la deforestación ilegal, tipificándola como un delito ambiental» y que se enviará un nuevo proyecto de ley de presupuestos mínimos de protección ambiental de los bosques nativos al Congreso. Además, llamó a sus colegas de América Latina y el Caribe para coordinar medidas regionales y solidarias.

«Estos son pasos consistentes con la meta de 1,5 °C y con la neutralidad de carbono hacia el 2050».

Alberto Fernández, presidente de Argentina, en el marco de la Cumbre Climática 2021.

Según les expertes, las metas más urgentes que debemos plantear a nivel nacional son las relacionadas con frenar la deforestación, cambiar las prácticas agrícolas y ganaderas para que sean sostenibles y promover una transición energética hacia energías y transporte más sustentables. Esto no puede hacerse sin políticas públicas efectivas y financiación suficiente. 

Quizás te interese leer: «Un plan de políticas ambientales con sabor a poco», por Martina Storoni

¿Por qué limitar el calentamiento a 1,5 °C?

Si bien todas estas metas de los distintos Estados constituyen una mejora, todavía no son suficientes para alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de 1,5 °C, que es el que indican les científiques que nos va a permitir alcanzar un escenario con efectos menos dramáticos para la humanidad. De todos modos, sientan un precedente optimista de cara a la reunión de noviembre en Escocia.

Limitar el calentamiento a 1,5 °C no es imposible pero va a requerir transiciones sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad. Los próximos 10 años son críticos. Las emisiones globales netas de CO2 causadas por el ser humano tendrían que reducirse en un 45% con respecto a los niveles de 2010 para 2030, llegando a «cero neto» alrededor de 2050. Hay claros beneficios en limitar el calentamiento a 1,5 °C en comparación con 2 °C: 420 millones de personas menos expuestas a olas de calor severas, supervivencia de algunos arrecifes de coral tropicales, pérdida de menos especies de plantas y animales y protección de bosques y humedales.

Sin embargo, esta limitación debe ser continuada en el tiempo, ya que solo con alcanzarla no basta. Para que los efectos catastróficos no se hagan presentes debemos mantener la temperatura media por debajo de 1,5 °C. Por ello, la mayoría de los objetivos apuntan a 2030. Esto no significa que las consecuencias surgirán de un día para otro y estaremos condenades. El cambio climático es un proceso. De hecho, ya está causando problemas en todo el mundo. El objetivo planteado en el Acuerdo de París es evitar que estos sean irreversibles

Quizás te interese leer: «¿Sexta extinción masiva? Informe Planeta Vivo 2020», por Carolina Pinochi

Las consecuencias del cambio climático ya están acá: sequías, migraciones, desplazamientos, hambrunas, guerras, destrucción de ecosistemas. Pero los impactos tienden a recaer de manera desproporcionada en les más vulnerables y vulnerades, así como en les menos responsables del problema. El cambio climático amenaza a la seguridad de los países y de las personas. Este es el momento para hacerle frente.

«Mientras el mundo se centra en la recuperación del COVID-19, usemos la oportunidad para volver a encarrilarnos para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible y reducir la amenaza del cambio climático. Hago un llamado a todos, gobiernos, sociedad civil y empresas hasta a los ciudadanos individuales, a trabajar para que el 2021 cuente».

Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas.

Fuentes:


Bombardean el mar argentino

Empresas multinacionales buscan petróleo en nuestras costas y, en su afán por conseguir el «oro negro», dañan el ecosistema marino de Argentina.

Greenpeace denunció que varias petroleras están bombardeando el mar argentino en busca de hidrocarburos. Esta práctica perjudica a las especies de animales que habitan allí. Aparentemente, ni el Acuerdo de Megafábricas Porcinas con China, ni los incendios en El Bolsón, ni la deforestación en el Chaco fueron suficientes para hacer entender al gobierno la importancia de cuidar la biodiversidad

La exploración sísmica se realiza a través de una serie de cañones submarinos que provocan un bombardeo acústico dentro del agua. Estas explosiones rebotan en el lecho submarino y permiten a expertos encontrar reservas de petróleo. Estas reservas abarcan buena parte del mar argentino: desde las cercanías de Buenos Aires, pasando por Mar del Plata y la costa patagónica, hasta Tierra del Fuego, en donde actualmente están operando buques de las empresas Exxon y Qatar, en la cuenca Malvinas Oeste.

¿Por qué es perjudicial para la biodiversidad marina?

Para les especialistas, esta práctica afecta y lesiona a la vida marina que allí habita: peces, lobos marinos, delfines y ballenas. Tan solo entre el 20 y el 22 de octubre de 2020 se encontraron 3 cuerpos de hembras de ballena franca austral en las costas bonaerenses de Necochea, Chapadmalal y Miramar. En la provincia patagónica, investigadores del Programa de Monitoreo Sanitario Ballena Franca Austral, que estudian cada ballena que muere en Península Valdés y alrededores, desde 2003 registraron 10 animales muertos hasta esa fecha, aunque podrían ser más los que murieron y no fueron registrados. 

«Desde que comenzaron las prospecciones en el Mar Argentino se han observado varios eventos de varaduras en playas de nuestro país y los animales varados eran principalmente cetáceos. La bibliografía científica hace referencia a los varamientos como posibles consecuencias de esta actividad».

Luisina Vueso, coordinadora de la campaña por la protección del Mar Argentino de Greenpeace para Página/12.

El bombardeo acústico por parte de los buques petroleros podría ser la explicación de la aparición en las costas de ballenas y delfines muertos. Los estruendos pueden producir cambios en su comportamiento: estrés, reducción del crecimiento, discapacidad auditiva, lesiones masivas y hasta la muerte por ahogamiento o varamientos, ya que estos tienen una magnitud similar al de las bombas de Hiroshima o Nagasaki y se extienden a través de un área de 300 mil km², distancia equivalente a la superficie de la Provincia de Buenos Aires.

¿Por qué se permite esto?

En el sitio web del Ministerio de Energía, se menciona que «la costa afuera argentina es uno de los espacios menos explorados de nuestro territorio y con el que podemos ampliar nuestro horizonte de reservas de gas y petróleo a nivel global. Siendo así, una oportunidad única para la atracción de inversiones al país».

La empresa noruega TGS fue la que obtuvo los permisos otorgados por el ex ministro de Energía, Juan José Aranguren, y por el ex secretario de Energía, Gustavo Lopetegui. Dichos permisos tienen vigencia hasta 2025. Hoy, también participan YPF y Shell en esta práctica potencialmente nociva para la vida marina. Desde Greenpeace denuncian que la entrega de los permisos fue por medio de resoluciones ministeriales, sin ningún tipo de consulta pública o tratamiento parlamentario.

Por otra parte, dentro del Reglamento de Reconocimiento Superficial Costa Afuera se expresa en el artículo 19 que una de las cuestiones a considerar para otorgar el permiso es la protección del medio ambiente: «En ningún caso el Permisionario podrá realizar actividades de Reconocimiento Superficial sin la previa evaluación de impacto ambiental, de conformidad con la normativa aplicable»

Sin embargo, desde la organización advierten que, según la información brindada por la Secretaría de Energía a Greenpeace, la empresa adjudicataria «no realizó ni un solo estudio ad hoc, dejando fuera observaciones in situ, antes, durante y después de las prospecciones sísmicas. Es decir que no se realizó una efectiva evaluación de los impactos de la actividad en los ecosistemas del mar Argentino», expresa Vueso. Entendemos por esto que a las empresas habilitadas no les interesa conservar el ecosistema marino de Argentina y que ni el gobierno anterior ni el actual se han esforzado por exigirles ese cuidado.

Los permisos para la exploración sísmica en un millón de kilómetros cuadrados del mar argentino abarcan incluso la región de Península Valdés, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Esta zona recibe anualmente la mayor población reproductora de ballenas franca austral y posee un gran valor ambiental por su biodiversidad. 

«Que se permita la exploración sísmica en el límite de este Patrimonio de la Humanidad es realmente inadmisible. El Ministerio de Ambiente, organismo público que vela por derechos fundamentales, como la protección y conservación del patrimonio natural argentino, y que a su vez tiene como una de sus atribuciones preservar los monumentos naturales, debería impedirlo».

Luisina Vueso, coordinadora de la campaña por la protección del Mar Argentino de Greenpeace para Página/12.

La explotación costa afuera, según la ambientalista, «va en contra de los compromisos asumidos por Argentina en el Acuerdo de París» en noviembre de 2015. «Estamos atravesando una crisis climática global, es momento de abandonar nuestra dependencia de los combustibles fósiles», comenta. Una parte vital para evitar que los efectos de esta crisis empeoren es la conservación de los ecosistemas y de la biodiversidad.

Los ecosistemas marinos juegan un gran papel en mantener la temperatura media del planeta y ayudan a regular la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera. Esto, en conjunto, significa que son aliados sumamente necesarios para prevenir que la temperatura aumente y así permitir que la vida como la conocemos pueda continuar desarrollándose.


Fuentes:


Chubut: minería y corrupción

Corrupción y minería van de la mano. No se trata de «sacar adelante» a Chubut, sino de enriquecerse a costa del bienestar social y del ecosistema.

Sigue leyendo Chubut: minería y corrupción

¿Los residuos electrónicos también se reciclan?

Argentina ocupa el tercer puesto como generadora de desechos electrónicos con casi 500 kilotoneladas (kt), según el reporte Tecnología para la acción climática en América Latina de la Asociación GSMA y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), publicado en junio de 2018. Se estima que se producen anualmente 8,7 kg per cápita.

¿Qué son los residuos electrónicos?

Son los aparatos eléctricos que utilizan energía para funcionar y que tienen algún componente electrónico por dentro. Estos residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) no son basura, sino que son residuos peligrosos ya que poseen sustancias químicas tóxicas —gases y metales pesados— que, si no son tratados correctamente, pueden contaminar el aire, la tierra y el agua y poner en peligro a los trabajadores que los producen.

Un teléfono celular, por ejemplo, tiene entre 500 y 1000 de estos compuestos diferentes. Por esto es necesario desecharlos adecuadamente en centros especializados. Sin embargo, en Argentina no existe una regulación a nivel nacional para su tratamiento sino que cada provincia tiene su propia legislación. Por ello, los RAEE en general terminan en los basurales o en rellenos sanitarios. Esto pone en riesgo la salud de todes les argentines.

En 2008, desde Greenpeace impulsaron una Ley Nacional de Gestión de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos bajo la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), la cual exige que los fabricantes se ocupen de los residuos de sus propios productos. La norma además promueve un sistema de mejora en la fase de producción para eliminar las sustancias tóxicas en los aparatos y una disminución en el consumo. Sin embargo, en 2012 perdió estado parlamentario, luego de que les diputades se negaran a debatirlo en el Congreso.

La ONU advierte que un tercio de todos los residuos urbanos generados en América Latina y el Caribe aún termina en basurales a cielo abierto o en el ambiente. El organismo urge a los países al cierre progresivo de dichos basurales que generan un elevado riesgo para la salud de las personas que viven cerca y de quienes recolectan materiales. Además son un foco de gases de efecto invernadero, infligen serios daños a la actividad turística y agropecuaria y atentan contra la biodiversidad.

¡Peligro! material tóxico

Algunos de los elementos tóxicos que poseen estos compuestos son mercurio, plomo, cadmio, níquel, cromo (que es cancerígeno) y retardantes de fuego bromados (RFB). Estos últimos se utilizan en teléfonos celulares y computadoras y la exposición permanente a ellos puede provocar problemas de aprendizaje y memoria e interferir con la tiroides y con el sistema hormonal del estrógeno.

Por otro lado, el cadmio se encuentra en baterías recargables de computadoras, contactos eléctricos y switches. Tiene la capacidad de acumularse en el ambiente y afecta principalmente a riñones y huesos. El mercurio se emplea en monitores de pantalla plana como dispositivo de iluminación y en pilas no recargables. Puede afectar los sistemas nervioso central —particularmente en etapas tempranas de desarrollo—, cardiovascular y pulmonar así como provocar daños en los riñones y la vista. Es tóxico incluso en dosis muy bajas.

El níquel, por su parte, aparece en baterías, junto con el litio. Ambos producen efectos sobre el sistema respiratorio e irritación en los ojos y la piel. El litio, además, ocasiona afecciones en el sistema nervioso y náuseas. Un solo tubo de luz fluorescente que posee mercurio puede contaminar 16 000 litros de agua; una batería de níquel-cadmio como las empleadas en telefonía móvil, 50 000 litros de agua; mientras que un televisor puede contaminar hasta 80 000 litros de agua. Por eso es importante que sean tratados adecuadamente y no sean desechados cerca de ríos u otros espacios naturales. 

¿Qué hacer con los aparatos eléctricos y electrónicos que ya no usás?

Los desechos electrónicos también pueden reciclarse. Muchos contienen metales preciosos incluyendo oro, plata, cobre, platino, y paladio, pero también un valioso volumen de hierro, aluminio y plásticos. Según Blonda Verde, hay más oro en una tonelada de celulares viejos que en una tonelada de mina de oro.

Todos los aparatos pueden reciclarse y las estimaciones calculan que de los desechos electrónicos pueden obtenerse hasta 55 000 millones de euros al año en materiales. De ser debidamente tratados y reciclados, podrían ser una fuente importante de riqueza. Sin embargo, la región de América Latina y el Caribe solo aprovecha el 10% de estos desechos, a pesar de que el 90% de las partes de los equipos electrónicos puede reciclarse. 

Entonces, primero, evitá tirarlos con la basura domiciliaria o desecharlos en la calle. Lo recomendable es consultar en cada municipio el lugar correcto para llevarlos. También, averiguá si en tu ciudad existen centros de recolección de RAEE y empresas que se dediquen al reciclado y la reutilización, ya que si los residuos electrónicos se depositan en el ambiente o en rellenos sanitarios, comienzan a descomponerse mediante una serie de procesos químicos complejos.

Los productos principales de la descomposición son los líquidos lixiviados y los gases y ambos pueden afectar la salud de las personas que viven alrededor de estos lugares. Por eso, la próxima vez que cambies de teléfono, computadora o televisor, es importante llevarlo a un punto especializado en residuos electrónicos.


Fuentes:


¿Te gustó la nota?

Invitame un café en cafecito.app

Un plan de políticas ambientales con sabor a poco

Incluye la ley de educación ambiental, el fomento de la agroecología y la erradicación de basurales a cielo abierto. ¿Por qué estas medidas resultan insuficientes?

El lunes 21 de septiembre en Olivos, junto al ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié, y al jefe de Gabinete de Ministros, Santiago Cafiero, Alberto Fernández presentó el Plan de Políticas Ambientales. El presidente planteó la necesidad de un «cambio de cultura» para «amigarnos con la naturaleza». Este paquete está conformado por el Plan Casa Común, el Plan Federal de Erradicación de Basurales a Cielo Abierto, el Proyecto de Ley de Educación Ambiental y el Programa Nacional de Prevención de Incendios y Manejo del Fuego. Las medidas en cuestión tienen como objetivo «construir un modelo sostenible, de consumo responsable y de cuidado del medio ambiente a nivel nacional».

La ley de educación ambiental, un proyecto que deberá ser aprobado en el Congreso, consistiría en integrar la perspectiva ambiental a todos los niveles de educación formal e informal, algo que ya contempla la ley nacional de educación (art. 89). Se busca promover la sostenibilidad como proyecto educativo, impulsar procesos de construcción de ciudadanía ambiental y fomentar un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza.

«Necesitamos una ley de educación ambiental para poner en la cabeza de cada uno de nuestros niños y adolescentes por qué tiene sentido esta pelea», expresó el presidente de la Nación. Propuso también instaurar el «juramento al medio ambiente» por parte de alumnos y alumnas, con el fin de concientizar sobre esta problemática y promover el compromiso. Y aseguró que «son los jóvenes los que tienen que ponerse al frente de la demanda por el cuidado del medio ambiente porque eso nos va a permitir tener un mejor mundo», explicando que elles «son los dueños del futuro».

Con estas palabras, Fernández contribuye a la romantización del activismo juvenil. La responsabilidad ambiental y la mitigación del cambio climático no pueden quedar exclusivamente en manos de les jóvenes. Esto no es un problema futuro, las consecuencias las estamos sintiendo hoy y empeoran cada día. Lo cierto es que esta ley debería tener un público más amplio, como les funcionaries públiques, que son quienes toman las decisiones políticas, económicas y culturales que impactan en nuestro país hoy. Que cuenten con esta formación es fundamental para que las medidas que rigen a les argentines sean tomadas con conciencia ambiental.

El presidente continuó haciendo hincapié en la importancia de reducir el uso de combustibles fósiles para mitigar la contaminación y «aprovechar más las energías renovables». Comentario curioso, por decir lo menos, ya que no se comunicaron proyectos ni planes con esos objetivos. Tan solo el año pasado, el sector ganadero, agricultor y silvicultor fue responsable del 37% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero (GEI) de Argentina, mientras que el sector de energía (quema de combustible, transporte e industria manufacturera y de la construcción) concentró el 53%. Siguiendo estos números, entendemos que las grandes empresas también deberían estar obligadas a educarse en ambiente, ya que son ellas las principales responsables de los mayores porcentajes de GEI, de la contaminación del agua y de la contaminación del aire. 

Inventario de GEI de la República Argentina, correspondientes al Tercer BUR elaborado en 2018-2019.

Por otra parte, se anunció el Plan Federal de Erradicación de Basurales a Cielo Abierto. Además del cierre de estos lugares, el plan incluye la construcción de Complejos Socioambientales para el tratamiento diferenciado y eficiente de los residuos y la adquisición de equipamiento y productos básicos para protección de recicladoras y recicladores urbanos. Desde el gobierno afirman que la falta de control de operación y las escasas o nulas medidas de protección implican que estos sitios constituyan uno de los riesgos ambientales y sanitarios más urgentes de nuestro país. Un dato importante es que en la Argentina existen 5000 basurales a cielo abierto y solo hay 2500 municipios. 

Otra de las medidas que se informaron en Olivos fue el traspaso del Programa Nacional de Prevención de Incendios y Manejo del Fuego al Ministerio de Ambiente, que contará con una inversión inicial de 45.5 millones de pesos para la contratación de equipamiento para la Red de Faros de Conservación y pondrá énfasis en la preservación de los bienes naturales del país. El Ministro de Ambiente también se refirió a los incendios que hoy sufren distintas provincias. Al respecto, declaró que son el ejemplo más nítido del cambio climático por las «altas temperaturas y sequías prolongadas».

De esta manera, el funcionario atribuyó las quemas intencionales de los humedales y otros ecosistemas al cambio climático. Contrario a los casos de Australia y California, los incendios de la Argentina tienen relación directa con los intereses de los sectores agropecuarios, ganaderos e inmobiliarios. La sequía prolongada y el aumento del calor no fueron los causantes de miles de focos de incendios que arrasaron con cientos de miles de hectáreas.

«Muchas veces como uso y costumbre ciertos sectores productivos tendieron a quemar pastizales», afirmó Cabandié, para luego llamar a la acción a la Justicia ya que «hace 6 meses que hay fuegos continuos y todavía no apresó a un responsable». Pese a esto, no se pronunció palabra sobre la urgente necesidad de una ley de humedales. Por su parte, Alberto Fernández calificó como «pícaros» a los terratenientes que perpetúan estas prácticas.

Quizás te interese leer: «¿Qué son los humedales? Hacia una ley que los proteja», por Tatiana Fernández Santos

Por último, Cabandié presentó el Plan Casa Común. Este se orienta a la transformación social y la reactivación económica a través de asistencia técnica y financiera a gobiernos locales y organizaciones comunitarias para la realización de proyectos ambientales con impacto social y la generación y preservación de reservas naturales urbanas, viveros y áreas verdes. 

«Vamos a terminar de consumir nuestra casa común en perjuicio de los que nos sucedan y no tenemos ningún derecho a hacer semejante cosa».

El presidente Alberto Fernández, apuntó que esto sucederá en caso de no atender la temática ambiental.

Sin embargo, pese a todas estas nuevas medidas, los anuncios resultan insuficientes. La urgencia ecológica es demasiado grave y grande como para realizar planes poco ambiciosos. Desde Greenpeace consideraron que «son pasos necesarios pero insuficientes ante la emergencia sanitaria, climática y de biodiversidad que vivimos. Es urgente que se catalogue como delito penal a los incendios y desmontes de bosques y de humedales y que se obligue a los responsables a su restauración». El compromiso del gobierno nacional para con el cuidado y respeto del ambiente no puede ser parcial. Es necesario que el resto de las políticas nacionales y locales estén en concordancia con este Plan. 

Esto también significa quitar el subsidio a los proyectos mineros y de combustibles fósiles que contaminan y llevan nuestros ecosistemas al extremo, rechazar el acuerdo bilateral con China para la instalación de megagranjas, fomentar la aprobación de la ley de humedales y aplicar sanciones más efectivas para evitar los desmontes y así cumplir con la ley de bosques.

Quizás te interese leer: «Granjas industriales: ¿potenciales generadoras de pandemias?», por Tatiana Fernández Santos

El Presupuesto 2021, presentado el 22 de septiembre (un día después de los anuncios en Olivos), muestra cómo el compromiso de lucha contra el cambio climático del gobierno es una mera formalidad: los fondos asignados por el propio presupuesto para la Ecología y Medio Ambiente totalizan $23.521 millones, un 0,3% del total, mientras que para Energía, Combustibles y Minería alcanzan un 8%, con $681.925 millones.

Es necesario que el gobierno de Alberto Fernández deje en claro cuáles son sus intenciones en cuanto a tomar o no la responsabilidad por el cambio climático y sus efectos. Y, si deciden apostar por el ambiente, deben hacerlo con políticas nacionales de alto impacto, que solucionen los problemas inmediatos causados por la humanidad. Es hora de decidir de qué lado de la historia nos vamos a parar como país: ser quienes se quedaron sentades mientras causábamos la extinción de nuestra especie y de la naturaleza o aquelles que impulsaron soluciones y lucharon por un mundo en equilibrio.


Fuentes:


¿Te gustó la nota?

Invitame un café en cafecito.app