Violencia obstétrica en Tucumán

Yamila, de 23 años de edad, estuvo más de 16 horas con su bebé muerto en su vientre. Después de llegar al Instituto de Maternidad y Ginecología de Tucumán por un malestar en la panza y de estar varias horas hospitalizada, les médiques se negaron a operarla. 

La joven llegó al centro de salud con urgencia después de encontrar su panza dura. Cursaba su primer embarazo y estaba de 32 semanas de gestación. Llegó solicitando información, entre el apuro, el miedo y el dolor. Llegó esperando ser asistida y acompañada pero no se imaginó lo que pasaría después. 

El mismo miércoles que acudió al hospital con la panza hinchada quedó internada. El jueves volvió a sentir algunos malestares. El viernes dejó de sentir los movimientos del feto y tuvo que pedir una ecografía porque ni siquiera habían reparado en eso. Efectivamente el feto estaba muerto. Solicitó una cesárea pero no se la hicieron porque les médiques querían esperar a que tuviera un parto vaginal. Ese sábado, el resto de las semanas y todo el año se vulneran los derechos de mujeres y otras identidades gestantes. 

Les familiares que acompañaban a la joven se presentaron en el centro de salud para exigir explicaciones y pedir por una operación para que ella no corriera riesgos de contraer alguna infección, pero sus reclamos no fueron escuchados. 

El médico a cargo de la paciente comentó que Yamila estuvo contenida todo el tiempo y cuando fue el cambio de guardia autorizó la cesárea. También agregó que la decisión de esperar a tener un parto vaginal y no hacer una intervención quirúrgica estuvo consensuado con ella. La joven y su familia no dicen lo mismo, sino todo lo contrario. Además de no haber tenido acceso a un buen tratamiento en lo que respecta a su salud, tampoco estuvo acompañada en lo que respecta a lo emocional. Una vez más se vulneraron los derechos de una mujer joven. Una vez más los hechos ocurrieron en Tucumán. 

Otra vez Tucumán. La provincia de Belén, la joven que estuvo presa más de dos años por un aborto espontáneo. Tucumán, otra vez custodiada por un policía una puerta de ingreso mientras la vida de una mujer corre peligro. Otra vez la Tucumán de Romina Tejerina, acusada de matar a su bebé producto de una violación luego de un brote psicótico causado por el trauma. Otra vez, las que padecen las consecuencias de este sistema patriarcal son mujeres, jóvenes y las de menos recursos. Otra vez, Tucumán. 

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En 2006, La Vaca decía: «Las mujeres vienen sufriendo distintas violencias, el acoso sexual y las violaciones son una problemática que vienen padeciendo en distintas regiones del país. La presencia de dichos casos y la ausencia de justicia en la mayoría de ellos, acompañada de una campaña feroz que apunta al olvido, invisibilización e indiferencia, demuestra que vivimos en una sociedad que naturaliza las violencias existentes hacia las mujeres», sobre el caso de Romina. Hoy la historia se repite con el nombre de otra mujer. 


Fuentes:

Imágenes: Clarín


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Plan de los mil días: ¿qué propone la ley?

Junto con la ley de interrupción voluntaria del embarazo, se sancionó la ley nacional de atención y cuidado integral de la salud durante el embarazo y la primera infancia, conocido también por el nombre «Plan de los 1000 días». Si bien la primera opacó un poco a la otra, ambas son fundamentales para ampliar derechos. 

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Ley Ángel Azul: un nuevo derecho para infantes y jóvenes en adopción

El pasado jueves 19 de noviembre se aprobó la ley Ángel Azul que garantiza a niños, niñas y adolescentes que estén bajo la tutela del Estado el acceso a una cobertura de salud integral, incorporándoles como afiliades a la obra social IOMA. La iniciativa prevé que la cobertura abarque a niños, niñas y jóvenes en situación de adopción en la Provincia de Buenos Aires. 

¿Qué garantiza la ley? 

La misma garantiza darle cobertura a niños, niñas y adolescentes que estén en situación de adoptabilidad, para que puedan tener continuidad en los tratamientos de salud que requieran durante su espera a ser adoptades. 

La norma modificará al artículo 16 de la ley 6.982 para garantizar a les niñes que se encuentran en situación de adoptabilidad y sin cuidados parentales, el acceso efectivo a una cobertura de salud integral, siendo incorporades como afiliades obligatories a la obra social del Estado bonaerense. 

Esta ley es fundamental porque se trata de darle abrigo a quienes más lo necesitan. El resto de les niñes y adolescentes tienen un adulto responsable a cargo que les contiene, pero eses chiques no tienen a nadie más que quienes están en los hogares acompañándoles durante su tránsito. Además, en general cuando eses niñes cumplen 18 años, si nadie les adopta, se quedan en la calle y con el agregado de no haber podido acceder al sistema de salud durante muchos años. 

Imagen de El Teclado

«Cada vez que uno de estos niños se enferma no es que no tengan un sistema de salud al cual recurrir. Tienen un sistema de salud público que los atiende y los cobija, como nos atienden a todos. Pero la mayoría de estos niños atraviesan por una situación que no es igual a la de todos. Son niños en los que el abuso, en el sentido más amplio de esa palabra, los marca desde que son muy chiquitos. Y muchos de ellos necesitan de un acompañamiento psicológico para transitar su niñez y algunos hasta su adolescencia».

– Susana González, legisladora en la sesión de la Cámara de Diputados para Pulso Noticias.

A su vez, remarcó que muchas niñas no tenían derecho, antes de esta medida, a poder elegir una ginecóloga y poder seguir el tratamiento con la misma persona de manera continuada. Esto es fundamental teniendo en cuenta la situación de las niñas y mujeres respecto al sistema de salud y siendo ellas quienes sufren mayores abusos y violaciones.

El camino hacia la ley 

La ley es denominada Ángel Azul en alusión a un hogar de La Plata que cobija a niñes y adolescentes mientras dure la medida de abrigo. 

El proyecto fue presentado hace dos años por la diputada Susana Gonzáles, parte del Frente de Todos, pero recién en 2020 pudo ser tratada. El camino no fue sencillo porque luego de que se negaran a tratarla, tuvo que atravesar un presupuesto prorrogado y la urgencia de la pandemia en relación a los recursos destinados para el sistema de salud. El argumento para no tratarla era que no había plata para destinar y el vaciamiento de las políticas para niñas, niños y adolescentes, la baja de becas y programas. 

El hogar Ángel Azul 

Imagen de El Colono Digital

Elena Vita, fundadora del hogar Ángel Azul, comenzó ese camino luego de que su hija de 7 años falleciera en un accidente. Comenzó a repensar su vida a partir de ese hecho y construyó una casa adaptada para hospedar a niños y niñas de 2 a 18 años de edad que conviven a la espera de ser adoptades. 

El hogar brinda cuidado y contención a chiques que por diferentes motivos no pueden contar con su entorno familiar. Además, realizan talleres de teatro, música, plástica y vida en la naturaleza que dictan talleristas a voluntad. Les úniques que tienen una remuneración por su trabajo son les del equipo técnico: médique y psicólogue. Todes les niñes y jóvenes están escolarizades. Y, si bien se fijó un límite de edad de 18 años, comentan que suelen hacer excepciones. 

Se espera que les chiques no pasen allá más de unas semanas o, algunos meses, hasta que alguien les adopte, pero los tiempos legales para eso son lentos y, en general, conviven allí durante años. También hay muchos casos de niñes que les han adoptado y les devuelven. 

Esta nueva ley representa un avance muy importante en los derechos de las infancias, pero todavía falta mucho para que puedan vivir una vida saludable, en el sentido amplio de la palabra. 

El índice de adoptabilidad en nuestro país es bajo y es de 0 a 3 años, por lo cual es necesario trabajar en campañas que estimulen la adopción de niñes mayores a los 3 años de edad. «Porque esos niños están condenados a estar hasta los 18 años en institutos u hogares porque las familias adoptantes no quieren adoptarlos. Esos niños la mayoría son niños que tienen problemas de abusos. Abusos en el sentido amplio de la palabra, es decir, no solo abuso sexual, sino también abuso verbal. Hoy los hospitales públicos cuentan con muy pocos psicólogos infantiles y esos niños tienen que tener el derecho de asistir a un psicólogo porque están dañados», afirmó la diputada González para Pulso Noticias.


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Imagen destacada: Todo Provincial

«Niñas soldado» y «malas madres»: el relato del gobierno paraguayo

En un mundo paralelo, el gobierno paraguayo intenta instaurar un relato oficial en el que dos niñas de 11 años de edad aparecieron muertas por unirse a una guerrilla y sus madres, las «malas madres», las habrían entregado. 

Desde ese discurso se afirma que las dos niñas ingresaron en Paraguay desde Argentina y fueron dejadas en el campamento guerrillero, en donde se enfrentaron la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) de las Fuerzas Armadas y el Ejército del Pueblo paraguayo (EPP).  En ese mundo paralelo, un fiscal sostiene que, por ser hijas de miembros del grupo, son niñas soldados parte de la guerrilla y que una de ellas «disparó a los efectivos de la FTC con una pistola 9 milímetros»

Al mismo tiempo que se las responsabiliza de pertenecer una guerrilla, se las invisibiliza hasta en el lenguaje llamándolas «soldado». Aun cuando se las exhibe, también se las ausenta. Habría que preguntarse entonces ¿qué se muestra de ellas? Podríamos suponer que se construye una imagen en la que se las puede acusar de llevar adelante actos guerrilleros pero, a la vez, no las reconocen como mujeres porque el ejército y el lenguaje son lugares de dominio masculino, las mujeres no podemos ocupar esos espacios.

No importa la respuesta a la que lleguemos, en un mundo justo las niñas son visibles en el lugar donde les corresponde estar: jugando. En un mundo justo, a las niñas se les cree y se sospecha de que agarraron un juguete, no una pistola. 

La madre de Lilian, una de las niñas asesinadas, relató que el motivo del viaje era conocer a sus progenitores. Las dos nacieron en Formosa y se radicaron en Misiones, Argentina. Habían querido hacer el viaje a Paraguay antes pero no pudieron por las restricciones de la pandemia de COVID-19. 

En ese mundo paralelo, los diarios redactan que «el gobierno paraguayo afronta una ola de cuestionamientos nacionales e internacionales, tras confirmarse que las menores muertas en un operativo contra la guerrilla tenían 11 años». En este mundo, redactamos que el gobierno paraguayo debe investigar y esclarecer los hechos sobre el asesinato de dos niñas. Redactamos que el Estado debía protegerlas y garantizar sus derechos humanos: ya les dijimos que ni una menos

Mientras tanto en redes sociales circula una foto de ellas. De un lado está María Carmen, con una calza estampada, llena de colores. Del otro lado está Lilian, con una remera rosa clara y dibujos de osos pandas. Probablemente horas antes decidían si ponerse la pollera con glitter o la remera de sirena, porque en un mundo justo eso es lo que se hace en la infancia. Ambas sonríen y los pómulos se les acercan a los ojos. Parecen desconocer este mundo horrible en el que de un segundo a otro pueden sacarles la vida.

En un mundo paralelo, dos niñas son enterradas sin ser identificadas, con la excusa de atender al protocolo de la pandemia. En ese miserable mundo, la excusa vale doble y se usa también para prender fuego su ropa y, junto a ella, toda marca de evidencia posible. Es sabido que las mujeres debemos rendir cuentas de que nos asesinaron, incluso estando muertas. Y como una especie sabiduría corporal, los cuerpos quedan marcados y hablan: las niñas presentaban numerosos impactos de armas de fuego. En un mundo justo, el cuerpo de una infante puede presentar raspones en las rodillas por haber estado jugando, no seis impactos de bala que le provocaron un shock hipovolémico.

Como si no fuera suficiente con revictimizarlas, con sembrar la duda de que dos niñas puedan  portar armas y unirse a una guerrilla, con acusar a sus madres de haberlas impulsado a hacerlo, alguien decidió que, después de muertas, podían quitarles su calza psicodélica y su remera con animales para ponerles un uniforme. Uniforme que no tenía una pizca de sangre. Uniforme que, luego de que las «malas madres» enterraran el cuerpo de sus hijas, el presidente Mario Abdo Benítez utilizó para sacarse fotos y calificar de «exitoso» el operativo contra el EEP. 

Mientras organismos de Derechos Humanos buscan esclarecer los hechos, otros parecieran montar una escena en la que dos niñas pertenecían a un ejército y en consecuencia aparecieron muertas, como si fuera un hecho cotidiano cualquiera. 

En un mundo paralelo, se califican como irresponsables las expresiones del canciller Jan Jarab, quien pidió que «durante la investigación se tengan en cuenta las normas internacionales de derechos humanos», ya que recibió información sobre intentos de manipulación en las pruebas de lo ocurrido. 

Desafortunadamente, ese mundo paralelo no es ficción, sino que existe y mata. No discrimina países ni personas. Hace unos días fueron María y Lilian pero antes fueron tantas otras Marías y mañana serán tantas otras Lilian. Hace unos días fue en América, pero antes fue en Europa y mañana será en Asia, África y la Antártida. 

Esa forma de habitar la vida convive con este otro mundo, el del #NiUnaMenos y el del #NuncaMás. Un mundo en que las niñas no aparecen muertas por guerrilleras y las «malas madres» no entregan a sus hijas. En este mundo luchamos porque las niñas no sigan siendo asesinadas y las madres no tengan que salir a buscar sus cuerpos exigiendo justicia.


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Imagen: Ni una menos


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El derecho a la infancia y adolescencia libres de violencia

En el contexto de aislamiento social, preventivo y obligatorio forzado por la COVID-19, la violencia infantil en el hogar ha ido en aumento. Con el objetivo de concientizar sobre el maltrato y erradicarlo, el gobierno creó un spot titulado «De los chicos y las chicas #SomosResponsables». 

Esta campaña surgió en conjunto con otras organizaciones como Unicef, los Ministerios de Desarrollo Social, de Educación y de Derechos Humanos, la Defensoría del Pueblo y la de los Derechos de las niñas, niños y adolescentes, la organización Infancia en Deuda y la Red por la infancia. Todas estas instituciones y organismos públicos buscan prevenir y proteger a niñas, niños y adolescentes frente a esta problemática pero también que las personas adultas tomen conciencia para poder actuar a tiempo. 

En esa misma línea, se busca visibilizar esta forma de violencia muchas veces silenciada y fomentar el reconocimiento de niñas, niños y adolescentes como sujetos de derechos. Frente a un creciente adultocentrismo, es importante que se les incluya en las participaciones sociales, comunitarias y ciudadanas, a través de la promoción de sus derechos en contextos adecuados para el desarrollo de las infancias. 

Generalmente, no se les tiene en cuenta dentro de las políticas públicas y ni siquiera se les habla en los discursos presidenciales o emitidos por algún organismo estatal. Esto también quedó expuesto desde el inicio de la pandemia, ya que en ninguno de los informes oficiales se les habló a niños, niñas y adolescentes, cuando se trata de uno de los grupos sociales que más están sufriendo la pandemia. Cuando se promueven iniciativas para incluirles, generan repudio por una parte de la sociedad. Un ejemplo de esto fue el caso de la payasa que apareció en un informe matutino sobre COVID-19, en el marco del mes de la niñez para celebrar esa fecha. 

Para poder detectar la violencia a tiempo es necesario conocer cuáles son los distintos tipos que existen. Según la organización Infancias sin Violencia, se pueden dividir en: violencia física, violencia psicológica, abuso sexual, violencia de género, explotación sexual, violencia en entornos digitales y violencia institucional. 

Se considera que la violencia psicológica es una de las más difíciles de reconocer porque no deja marcas físicas, fácilmente detectables. Es un maltrato que se da a través de las palabras o conductas y generan sentimientos de humillación o descalificación en niñas, niños y adolescentes. Muchas de estas palabras son naturalizadas tanto socialmente como en el interior de los hogares y se considera que es menos grave que otros tipos de violencia, pero esto no es así porque deja marcas importantes en la subjetividad. Algunos ejemplos de violencia psicológica son los gritos, la indiferencia, las amenazas, los insultos, algunas formas de castigo y la manipulación. Esto impacta de forma directa en su salud psíquica y física, afectando su desarrollo y autoestima. 

¿Qué se puede hacer? 

Meternos. Meternos para derribar la falsa idea de que no es correcto meterse en entornos de violencia porque es cosa de quienes lo viven. Si sospechamos que un niño, niña o adolescente puede estar sufriendo maltrato, es importante intentar hablar con él o ella, escucharle sin juzgar, hacerle saber que está bien contarlo, afirmarle que no es su culpa, no enfrentar a quien comete la agresión e informarle al infante qué se va a hacer con la información que él o ella nos dio. 

¿A dónde comunicarse? 

Desde cualquier lugar del país se puede llamar a la línea 137, por WhatsApp al 11 3133-1000 o a la línea provincial de niñez. En caso de emergencia médica, es importante recurrir al Centro de Salud más cercano.

Para hacer la denuncia, es posible dirigirse a una Comisaría de la Mujer, una Fiscalía especializada, la comisaría más cercana a tu domicilio u otros organismos del sistema de justicia de tu jurisdicción. Para recibir asistencia legal se puede consultar el Centro de Acceso a la Justicia de tu provincia. En caso de embarazo forzado, se puede recibir asesoramiento llamando al 0800-222-3444 (Dirección Nacional De Salud Sexual y Reproductiva).

Para recibir información, asesoramiento y asistencia sobre violencia en entornos digitales, violencia de género, abuso sexual, explotación sexual y trata, podés llamar desde cualquier parte del país a la línea 137 o por WhatsApp al 11 3133-1000. Informar (o denunciar) una situación de trata se puede hacer de forma anónima y gratuita desde cualquier parte del país llamando al 145

Una de las principales fuentes de vulneración de los derechos de las niñas, niños y adolescentes es el maltrato infantojuvenil. Es un proceso complejo, en gran medida por estar naturalizado social, política, económica, cultural e históricamente. Para poder prevenir y erradicar el maltrato en las infancias y adolescencias se requiere de la participación del Estado a través de políticas que aseguren la protección de cada sujeto en particular y la participación de la sociedad, dejando de naturalizar y descalificar el maltrato infantil.

Vivir una infancia y adolescencia libres de violencia es un derecho.


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Aniversario de la sanción del voto femenino

El 21 de agosto de 1946 se sancionó por primera vez el voto femenino en Argentina y se aplicó en las elecciones de 1951. El proyecto de ley fue promovido por Eva Perón y fue el resultado de las múltiples luchas colectivas que se fueron dando durante años por el movimiento feminista.  

Aquel debate que se inició a finales del siglo XIX fue impulsado en sus orígenes por un grupo de mujeres como Julieta Lanteri, Carolina Muzzilli, Alfonsina Storni y Salvadora Medina Onrubia. La mayoría de estas luchadoras por la igualdad de los derechos civiles y políticos no fue nombrada en la historia, como tantas otras mujeres, razón por la cual todavía hoy se desconoce este camino hacia la lucha por los derechos de las mujeres. 

Ese recorrido contaba con algunos antecedentes, como la creación del Comité Pro-Sufragio Femenino en 1907 por parte de Alicia Moreau, integrante del partido socialista. La primera mujer que votó en el país y en América latina fue la primera médica argentina, Julieta Lanteri, después de lograr, a través de un amparo judicial, que se la incorporara al padrón electoral en 1911.

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Se convirtió en la primera mujer de toda Sudamérica en ejercer el derecho al voto en las elecciones de 1951, pero previamente había lanzado su candidatura a diputada por la Unión Feminista Nacional. Pudo hacerlo porque, antes de que se sancionara la ley, las mujeres estaban inhabilitadas para votar pero no para postularse a las elecciones. Es decir, las mujeres podían ser elegidas pero no elegir. 

En 1911, el diputado socialista Alfredo Palacios había presentado el primer proyecto de ley de voto femenino en el Parlamento, un año antes que se sancionara la ley electoral Sáenz Peña de voto secreto, universal y obligatorio. «Universal» significaba, claro está, hombres mayores de 18 años: una vez más se excluía a las mujeres. 

En 1926, el nuevo Código Civil establecía que las mujeres no tenían prácticamente ningún derecho, ni político, ni económico; para trabajar necesitaban el permiso de su marido y era él quien administraba el dinero ganado. Ni siquiera existía la patria potestad. 

Algunos de los argumentos que se esbozaban en contra del voto femenino apuntaban a que las mujeres no eran capaces de tomar decisiones. También se creía que la mujer no tenía una preparación para elegir un representante y que el hombre era el sostén de la sociedad y por eso debía tener el derecho de votar. En la misma línea, algunos legisladores (como Uriburu) consideraban que una mujer parada sobre una mesa en manifestaciones perdía todo su encanto porque su lugar era la cocina, la familia y las tareas del hogar.

El razonamiento era que si las mujeres votaban, iban a ir en contra de lo que históricamente se esperaba de ellas. De ahí surgen también las representaciones estigmatizantes que se hacían en esa época, muchas de las cuales todavía hoy se repiten, de las mujeres militantes. La mujer estaba reservada al espacio privado y una mujer pública tenía significados únicamente negativos. 

Una mujer que salía del espacio doméstico hacia el espacio público ya era mal vista pero si encima reclamaba derechos y gozaba, era peor vista. Ahí aparece la figura de «la loca» y «la mujer fea», que no servía para el único papel destinado a las mujeres: complacer a los hombres y servir a la familia. Se la consideraba descentrada y se la trataba de «masculina, desalineada, desaforada, mal vestida». Abundaba un descrédito moral y estético.

Las mujeres del voto

Julieta Lanteri

Julieta Lanteri representa un ejemplo de estigmatización hacia las mujeres que, como ella —que había dedicado su vida a la medicina y no a la familia—, eran independientes, contaban con una carrera universitaria, eran feministas y además militantes. La posición que asumieron muchos políticos al encontrarse con ella fue la burla y la concibieron como aquella mujer que no tiene marido y sale a reclamar cosas que no le corresponden. 

Carolina Muzzilli

A pesar de esas trabas que le impusieron, Julieta, como tantas otras, encaró la difícil tarea de convencer a otras mujeres y de demandar a los hombres que estaban en posiciones políticas claves, es decir, a los hombres del Estado.

Salvadora Medina Onrubia

Carolina Muzzilli fue otra de las mujeres que presionó por el derecho al voto femenino. Ella denunciaba las malas condiciones de trabajo, buscaba que la mujer no fuera sometida por sus patrones y tuviera derechos para así poder tener también libertades. Recorrió miles de fábricas y talleres con el objetivo de registrar las condiciones de esos trabajos, para lo cual incluso llegó a emplearse ella misma para vivirlo en carne propia. 

Alfonsina Storni

Salvadora Medina Onrubia fue también muy importante en la lucha: era maestra y escribió la primera obra de teatro escrita por una mujer de temática anarquista.

Alfonsina Storni escribió poesía y críticas feministas, fundamentalmente contra el modelo de mujer de clase media, es decir, el estereotipo de la niña protegida en un hogar y educada solo para llegar al matrimonio. Mientras escribió en la Revista «La nota», dedicó varias crónica a cuestiones que tenían que ver con el feminismo y en especial el sufragio femenino. 

En apoyo a la ley, muchas mujeres de todo el país enviaron al parlamento boletas firmadas con la siguiente consigna: «Creo en la conveniencia del voto consciente de la mujer, mayor de edad y argentina. Me comprometo a propender a su mayor cultura»

El 23 de septiembre, Evita emitió un discurso en la Casa Rosada celebrando la obtención del voto femenino. La ley 13.010, conocida como ley Evita, establecía este último día como «Día Nacional de los Derechos Políticos de la Mujer». Fecha en la que se reconoció la igualdad de derechos políticos entre mujeres y hombres, entre ellos, el derecho de las mujeres a elegir y ser elegidas para todos los cargos políticos nacionales, estableciéndose así en nuestro país el sufragio universal

Si bien fue Evita quien impulsó la sanción de ley, esta es el resultado de una enorme lucha colectiva de la que muchas mujeres formaron parte, algunas de ellas incluso dejando la vida. 


Fuentes:

Imagen destacada: Ushuia Noticias

Imágenes: Ministerio de Cultura, La Tinta


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#Reseña Normal People: cuando el amor copia las formas

Esta historia se centra en la relación amorosa de dos jóvenes irlandeses que, con sus idas y vueltas, se acompañan a lo largo de los años intentando atravesar algunos obstáculos. No es la típica serie de dos personas que quieren estar juntas y no pueden sino que, además, toca temas como el consentimiento, la responsabilidad afectiva, los vínculos amorosos y cómo estos se van transformando. Por otro lado, también es una historia sobre cómo y qué tan distintas pueden ser las crianzas masculinas y cómo esto influye notablemente en el trato hacia las mujeres. 

Normal People es una miniserie de 12 episodios de 30 minutos cada uno, coproducida por la BBC y Hulu, adaptada de una novela escrita por Sally Rooney. Las primeras escenas transcurren dentro de una escuela secundaria, ubicada en una pequeña ciudad irlandesa del condado de Sligo, donde Marianne es maltratada constantemente por sus compañeres y a veces también por las autoridades. Ella tiene una personalidad ácida, inteligente y confrontativa que cuestiona constantemente a la institución educativa.

Suele ser impertinente con las autoridades, sobre todo luego de atravesar algunas situaciones de violencia en su casa. La escuela no está capacitada para contenerla, ni siquiera existe el espacio para registrar esas violencias. Esto pone en el centro de la cuestión el rol de la escuela frente a la violencia —que, en la vida real, abandona la ficción desglosada en un guión y se hace cuerpo cobrándose la vida de las mujeres—, siendo esta institución un espacio y, a veces, la última herramienta con la que se cuenta para frenar los actos violentos. 

Marianne es una chica solitaria dentro de la escuela y también en su casa, en donde esas mismas situaciones violentas la llevan a aislarse. No tiene amigues, no forma parte de ningún grupo ni asiste a fiestas y suele ser bastante arisca, pero encuentra en Connell, uno de sus compañeres, una persona con quien puede abrirse.

La personalidad de él, en cambio, es más amable; es generoso y querido por todes pero rara vez entra en contacto con sus emociones para tomar decisiones, sea pública como íntimamente. Es un joven que juega fútbol gaélico, un deporte típico de Irlanda que es una mezcla entre rugby y fútbol.

Su madre, Lorraine, limpia la casa grande de la protagonista, que pertenece a una clase social alta, a diferencia de sus compañeres. Sin embargo, ella no se siente representada por el rol económico y social asignado. Esta escena despierta en el espectador la curiosidad de saber qué le sucede a un hombre cuando se encuentra con una mujer que pertenece a una clase social alta, siendo ella quien tiene un poder económico, cuando históricamente han sido ellos los que han ocupado lugares —simbólicos y físicos— de poder. En el caso del protagonista, pareciera que eso le genera inseguridad y sentimientos de inferioridad, que representan un primer obstáculo para la pareja.

El primer encuentro entre les protagonistas se da por fuera del colegio y empiezan a descubrir que tienen intereses en común, lejos de la mirada de sus compañeres. Al poco tiempo llega también el primer desencuentro, ligado a cuestiones propias de la adolescencia, además de los miedos, las inseguridades, las dificultades para hacerse cargo de algunas emociones y la necesidad de pertenecer a un grupo. Se juegan sus propias contradicciones emocionales y la pertenencia a distintas clases sociales. Además, la dificultad de poner en palabras sus emociones hace que muchas veces queden libradas a las interpretaciones de le otre, situación que les lleva a desencontrarse. 

Es interesante el modo en que se construye la intimidad de la pareja, basada sobre todo en el consentimiento y la responsabilidad afectiva. Sin embargo, elles no hacen pública su relación y, por lo tanto, no se hablan dentro de la escuela. Al mismo tiempo, cuando Marianne recibe algunas agresiones por parte de sus compañeres, se defiende y él la acompaña cuando ella lo pide. No lo hace ocupando el rol de «macho que se agarra a piñas con los amigos», como suele mostrarse, sino que es ella quien se defiende haciéndose cargo de su propia historia y es Connell quien muestra otros modos de intervención posibles frente al machismo.

Incluso, a veces, habla a solas con sus compañeros sobre sus actitudes patriarcales, lo cual no es nada fácil para un adolescente. Esas escenas habilitan a preguntarnos cuál es el lugar del hombre frente a la violencia machista y cómo dar esas herramientas a les jóvenes para que se involucren en una etapa vulnerable, de mucha exposición, en donde la subjetividad está construyéndose todavía. Cómo hacer que defiendan sus ideas cuando el entorno puede ser muy cruel y, además, puede implicar diferenciarse del grupo. 

En paralelo a su historia de amor principal, hay otra historia —también de amor— sobre cómo las madres criaron a sus hijos varones, tanto a Connell como al hermano de Marianne, ya que en ambas familias los padres están ausentes. En el caso de Connell se muestra un vínculo fortalecido con su madre, con límites claros y constante transmisión de respeto. En cambio, en el otro caso, es el hermano de Marianne quien pasa a ser el «hombre» de la familia cuando su padre muere.

Las escenas muestran una persona violenta hacia las mujeres, con complejo de inferioridad y con una necesidad constante de mostrar poder a través de la violencia. Acompañado de esto se hace visible una madre con dificultades para ponerle límites a él —no es así con su hija mujer—, que al mismo tiempo justifica y apoya sus comportamientos agresivos, incluso cuando son dirigidos hacia ella. 

Después de un tiempo, les protagonistas vuelven a encontrarse en Trinity College, Universidad de Dublín, en donde la dinámica está a punto de cambiar. En ese momento y en ese lugar, Marianne pareciera sentirse mucho más cómoda respecto a los vínculos con las personas que asisten, en su mayoría de clase media, mientras que Connell siente que está completamente desconectado de ese universo. Los años pasan y su vínculo sigue cruzándose y transformándose, incluso por momentos en una amistad. Entre encuentros y desencuentros en los que intentan reformular su relación, muchas veces con dolor, siguen acompañándose de algún modo. Más o menos cerca, no dejan de estar presentes en la vida de le otre. 

Muchas cosas van cambiando durante su relación, pero lo que se sostiene en toda su historia es la capacidad que tienen de transmitir lo que les está pasando sin necesidad de ponerle palabras. Gran parte de su relación se sostiene sin hablar, dejando que predomine su conexión corporal. Por momentos se muestra como romántico que le otre nos comprenda sin la necesidad de dar demasiadas explicaciones, sobre todo cuando el entorno es hostil, pero también posibilita los desencuentros que se dan por esa misma falta de comunicación.

Por momentos, su historia es de una conexión intensa y por otros, de una desconexión que les lleva a separarse y encontrarse constantemente. No quedan dudas de que hay amor entre elles pero ¿es suficiente? ¿Qué pasa cuando el amor no alcanza? 


Imagen destacada: La Rata

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Zulma Lobato: la deshumanización de las travestis

El 27 de julio pasado, Zulma Lobato fue víctima de un violento robo en las calles Vélez Sarsfield y Baigorria de Vicente López. Los delincuentes la atacaron, le dejaron el cuerpo destrozado y le robaron una gran cantidad de dinero. Después del hecho, intervino la policía y fue trasladada de urgencia en una ambulancia del SAME al hospital de la localidad

Los ladrones la golpearon y lastimaron al punto de dejarla prácticamente desfigurada. Algunos detalles fueron aportados, horas más tarde, por Lautaro Reyes, amigo íntimo y exrepresentante de la mediática. El lunes por la madrugada publicó en su cuenta oficial de Twitter: «Molieron a palos a Zulma Lobato. Le partieron la cabeza y los delincuentes le robaron sus pertenencias y $15.000 de su pensión. ¡¡¡Basta de lastimar y robar a los gerontes!!!».

En el transcurso del mismo día, el amigo de Zulma compartió en esa red social algunas imágenes de ella golpeada y ensangrentada en la calle, antes de ser atendida por una persona profesional. «Indignado. Así dejaron a Zulma Lobato. Hijos de re mil puta. Encima de robarla, la lastiman y la dejan casi desnuda. Zulma no jode a nadie, vive en su mundo. ¿Por qué tanta maldad? ¡¡¡Basta de aprovecharse de la vulnerabilidad de los grandes, mierdas!!!», expresó en su cuenta.

En tanto, Zulma relató que el hecho ocurrió cuando estaba yendo a comprar a la proveeduría y la agarraron de atrás repentinamente, sin que ella pudiera defenderse. Le pidieron que les entregara sus dólares, pensando que por ser una persona famosa tenía mucha plata. Como no tenía, les dio dos mil pesos solamente, lo cual en principio no coincide con el relato de su amigo Lautaro. 

A pesar de haberles entregado todo el dinero que tenía, le pegaron patadas hasta dejarla tirada en el piso y con el cuerpo desfigurado. El ataque duró unos veinte minutos y de no haber llegado la policía, es posible que terminaran matándola. Además, cree que alguien pudo haberla entregado y que algún delincuente de la zona puede haberla marcado antes, ya que los ladrones sabían que ella tenía en su bolso el dinero de la pensión. 

Zulma vive tan solo con el dinero justo para pagar el mes de una pensión y la ayuda de sus vecinos y gente conocida, pero necesita trabajar. Desde que empezó la pandemia, su situación económica se agudizó, ya que no puede obtener ni siquiera lo poco que tenía antes. Además, esta situación se ve afectada por la ridiculización que hicieron los medios de ella y el actual abandono, cuando ya no les sirve más mediáticamente.

Como si esto no fuera suficiente, mucha gente la llama para realizar eventos privados que resultan ser falsos. Cuando ella logra llegar a la dirección que le envían, se encuentra con que el domicilio es falso. No solo se juega con la necesidad económica y emocional en ese acto, sino que además le hacen gastar lo poco que tiene en colectivos. Sin mencionar, la ilusión que le generan cuando le prometen un buen sueldo y después todo queda en la nada.  

Esta no es la primera vez que Zulma es víctima este sistema injusto que violenta constantemente a las identidades trans y travestis, particularmente a las feminidades. El pasado 27 de marzo también sufrió el robo de su celular, tarjetas de débito, crédito y DNI, mientras estaba yendo al supermercado a comprar comida. 

Generalmente es su amigo Lautaro quien le provee dinero y también quien la ayuda a administrarlo, ya que por su estado de salud mental muchas veces no puede hacerse cargo y la terminan estafando. Algunos períodos depresivos la llevaron a dejar de atender el teléfono a la gente que quería ayudarla y, después del robo el 27 de marzo, a instalarse en la calle con un cartel con su número de celular que decía: «Para contratar a Zulma Lobato en boliches, casamientos, despedida de solteros y todo tipo de eventos»

La Asociación Civil Mariposas Libres, que apoya a la comunidad trans en todo el país, buscó recaudar fondos para ayudarla, junto a algunos famosos como Martín Cirio, Vanesa Strauch y el abogado Mauricio D’alessandro, entre otres. A pesar de querer colaborar resulta imposible realizar depósitos, porque su frágil estado de salud hace que termine siendo víctima de robos. Quien sigue intentando contenerla en ese estado, más allá de todo pronóstico, es Vanesa Strauch. 

Zulma Lobato no es simplemente una persona que ha sido víctima de numerosas situaciones de violencia y abandono. No es mala suerte, ni casualidad. Zulma es la imagen que representa a toda una generación de travestís. Es todo lo que representa, es todas las otras Zulmas. La representación del colectivo trans ridiculizado en los medios hasta que ya no sirve más para su consumo personal. Es la violencia machista y heteronormativa que castiga a aquellos cuerpos que han salido de la norma. Cuando castiga a esos cuerpos lo que hace es dar una lección y un ejemplo para el resto de la sociedad de lo que puede pasarles si se salen de la norma. Correcciona y ejemplifica. 

Históricamente, el lugar donde el patriarcado y el transodio ponen a gran parte de la población trans permite ridiculizarles y da lugar a la mediatización de los cuerpos travestis y trans. Al ridiculizar a esas identidades, lo que hace también es deshumanizarlas. Construyen constantemente discursos de odios, en los que se expresa claramente que las vidas de elles valen menos que otras. 

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La situación de Zulma Lobato dejó a la vista las enormes desigualdades que atraviesa a toda la comunidad trans. Por un lado, son expulsades de todas las instituciones, empezando por la familia que les deja en la calle y les abandona a su suerte. A pesar de que desde distintas organizaciones, como el bachillerato Mocha Celis, se crearon redes para contener al colectivo travesti y trans, resulta imposible poder abordar todo ese entramado complejo prácticamente en soledad.

Muches de elles no llegaron ni siquiera a terminar la escuela, lo que les obliga a encontrar como único medio de trabajo la prostitución. Todo eso desemboca en una realidad en la que el 90% de las personas trans no tienen acceso a un trabajo formal y casi el 80% vive de la prostitución o del trabajo sexual. Y su vez, generalmente esto desemboca en la muerte de muches de elles, por falta de contención, acceso a la salud y presencia amorosa.

Si podés colaborar con el colectivo travesti-trans, comunicate con las organizaciones aquí mencionadas.


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