#Reseña «Crímenes de familia»: un ángulo improbable de una causa noble

Crímenes de familia se estrenó el jueves 20 de agosto: la semana pasada estuvo entre las 10 películas más populares de Netflix en todo el mundo y fue centro de varias conversaciones y polémicas insólitas.

En el núcleo de la película está una «familia bien» de Recoleta, conformada por Alicia (Cecilia Roth), Ignacio (Miguel Ángel Solá) y su hijo Daniel (Benjamín Amadeo). Típica familia de clase media-alta, el matrimonio convive con una empleada doméstica «con cama dentro», Gladys (Yanina Àvila), y su hijo pequeño Santi (interpretado por el hijo real de la actriz).

La película narra dos procesos judiciales y la familia que los atraviesa: uno, por violación e intento de homicidio, que enfrenta Daniel contra su exmujer y madre de su hijo pequeño, Martín. Otro, el misterioso crimen del que es acusada Gladys. Del último crimen somos parcialmente testigos: recibimos poco a poco las imágenes oscuras de un baño al fondo de un pasillo que, al acercarse, nos deja entrever restos de sangre. Del primero, lo único que vemos son los testigos de los personajes en la corte, que funcionan como un juicio modelo sobre abuso y violación.

Fuente: Netflix.

SPOILERS alert!

La película muestra con gran eficacia las diferencias entre la figura de Daniel y la de Gladys, no como individuos dentro del sistema judicial, sino como símbolos de un trasfondo social. Daniel, hombre blanco de clase acomodada, es ayudado por sus padres para conseguir un abogado privado, e incluso tiene acceso a métodos extraoficiales (y no por eso menos frecuentes) por el monto de US$400.000. Sin una prueba, se ve en un plano de clara ventaja ante su exmujer, Marcela (Sofía Gala Castiglione), por quien es acusado de haberla violentado en repetidas ocasiones.

Lejos está el caso de Gladys: una mujer joven misionera que padece un retraso madurativo, es semianalfabeta y depende por completo de su empleadora en cuanto a trabajo y domicilio. Además, fue víctima de pobreza extrema, abuso intrafamiliar y abandono en su infancia. Como personaje, es de pocas palabras (prácticamente silente). Acusada de asesinar a su recién nacido, enfrenta una probable condena por homicidio agravado por vínculo.

La diferencia entre las condiciones sociales de Daniel y Gladys es claramente abismal. Cuando comienza el juicio de ella, lo vemos en el propio plano que lo introduce: Gladys es la primera en sentarse en una corte vacía para ser juzgada y condenada. Daniel será absuelto y Gladys será condenada a casi dos décadas de cárcel.

En el juicio de Gladys, presenciamos la intensa charla entre el fiscal y la psicóloga que la examinó, hábilmente retratada por Paola Barrientos. Este diálogo durante el juicio encarna la discusión constante sobre la maternidad no deseada y la ley y provoca escalofríos en su transversalidad. «¿Por qué mató a su hijo? ¿Por qué no darlo en adopción? ¿Por qué no dejarlo en la puerta de una iglesia?», pregunta el fiscal. La psicóloga responde: «No era una opción para ella».

Fuente: Netflix.

¿Qué opción tenía realmente Gladys, ante su contexto social y su condición psicológica? Incluso ante la tragicidad del caso y sus terribles consecuencias, el fiscal no hace más que buscar una respuesta que no existe. Este diálogo exhibe la hipocresía del sistema judicial a través de un caso extremo, que no por eso deja de ser extrapolable a tantos otros. De ninguna manera se justifica el asesinato como una situación o solución benigna, sino que el elefante en la sala grita: «¿Qué esperabas ante la ausencia del Estado?».

Alicia se hace cargo de Santi, el hijo de Gladys, a quien crió toda la vida como un hijo. Cuando lo lleva a visitar a su madre en la cárcel, Gladys le pide que se quede con él para «darle lo que le debe», se lo ofrece como hijo y admite que el bebé asesinado era fruto de una violación de parte de su hijo, Daniel.

Una heroína improbable, Alicia decide ofrecerle la evidencia (aquella que le costó su matrimonio y US$400.000) del crimen de Daniel contra su exmujer, Marcela. Intenta averiguar si el juicio de Gladys puede ser apelado para bajar la condena y con su nuevo testimonio, colabora a favor de Gladys. Daniel termina en la cárcel, Alicia se acomoda con Santi en un monoambiente y su marido prácticamente desaparece. La película termina con Alicia y Marcela en una fiesta de cumpleaños, donde Santi y Martín juegan con su abuela.

FANTASÍA Y REALIDAD

Dentro de los estándares de la realidad, es una película idealista. No habría manera de remontar la situación si no fuera por el personaje ideal de Alicia: el final nos da algo de esperanza, un respiro de oxígeno entre tanto barro. Sin embargo, hay que rever la verosimilitud que se maneja en el personaje que salva la película, más que nada para practicar el ejercicio saludable de separar ficción y realidad en nuestros consumos diarios.

Nuestra heroína es, efectivamente, improbable. La figura de la mujer en la clase alta, en su mayor parte, es decorativa y maternal. Generaciones de mujeres han sido criadas y educadas para ese fin diplomático infaltable en una «casa bien». En pocas familias tienen un trabajo que las haga independientes en lo económico y menos aún tienen la decisión sobre las propiedades familiares. Si bien Ignacio podría considerarse permisivo, no se puede dejar de lado que, al ausentarse como lo hizo, estaría dejando atrás un departamento de al menos US$500.000 en Recoleta.

Aún si tuvieran un patrimonio que no se preocupa por esos montos, sigue siendo una mujer de clase alta que decide perder sus privilegios sin chistar y luego enfrenta la hipocresía de su círculo para ser honesta con los actos de su hijo y llevarlo a la Justicia. Algo que, si se considera la codicia por estatus de muchas familias adineradas, es poco probable. No es que Alicia no exista, sino que Alicia es el uno en un millón. Esto justifica aun más que sea una película, porque es extraordinaria, pero acordémonos de que lo es: tomemos esta bella historia como un ángulo más de la resistencia contra la desigualdad, cuya cara no es solo blanca y rica y cuya universalidad merece el mismo tipo de representación.

No olvidemos que la desigualdad trasciende la pantalla. Hace menos de una semana, Red Magazine Central reveló en una entrevista con Yanina Ávila (la actriz que intepreta a Gladys) que ella aún no había recibido sus honorarios. Cabe mencionar que Yanina trabaja en el área de limpieza y lucha por sobrevivir en su vida diaria. Además, al no tener cable ni Internet, no había visto la película siquiera. Un día después y luego de una gran polémica, recibió sus honorarios (que algunos dicen son demasiado bajos para un papel coprotagónico, sumado a la actuación de su hijo). Efectivamente, la realidad supera la ficción.

Más allá de la ironía de producción ya mencionada, Crímenes de familia describe una historia que no oculta un sistema perverso, sino que lo lleva a flor de piel con la certeza de que no todo está perdido. La política la atraviesa completamente, exhibiendo la vulgaridad sobre a quiénes cuida y a quiénes no y, en vez de negarla, introduce una luz pequeña esperanzadora. Intenta contagiarnos su búsqueda por la justicia y la verdad desde el lugar menos pensado. Bravo, porque lo logra.


Fuentes:


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La poesía independiente como resistencia cultural

«A mí los libros me acompañan todo el tiempo», cuenta Soledad Blanco, el cerebro y motor detrás de la editorial independiente Peces de Ciudad. «Hay poesía que tiene unas imágenes… La poesía te lleva. Te saca de la realidad, te transporta».

Pocos momentos son mejores que el que atravesamos para transportarse a otro mundo a través de la literatura. Peces de Ciudad es una de las editoriales independientes que luchan diariamente para acercar la magia de la poesía a todos los rincones del país. «La misión de la editorial es traer al mundo libros cuidados, ediciones con material seleccionado y que podamos cuidar también a la obra y al autor o la autora. Peces de Ciudad es un proyecto federal y buscamos que los libros puedan estar al alcance de quien los quiera a lo largo y a lo ancho del país».

Soledad me habla desde su casa en Bahía Blanca, ciudad donde se encuentra la sede central. Ante su pasión contagiosa, la frialdad virtual que corta las distancias entre Bahía y Buenos Aires se disipa más fácil. El poder de la lucha colectiva por el arte y su difusión se vislumbra en la propia existencia de la editorial autogestiva, que le otorga la posibilidad de publicación y distribución nacional a poetas de todo el país. Muches de elles publican con ella sus primeros libros.

En su página web, reza la frase «Militamos nuestros libros». Soledad me explica: «Es un laburo en conjunto con mucha gente. Ponerle el cuerpo, laburar con otras editoriales, con los autores y las autoras. Con los años, el proyecto se volvió mucho más federal y militante y mucho más comprometido con causas y cosas más urgentes. Lo que mantenemos es la calidad de los libros».

Fue en 2015 cuando Peces de Ciudad empezó con publicaciones de poesía, lanzando «Panfletos de papel picado» por Rodolfo Edwards. «La venta de ese libro a nosotras nos permitió imprimir tres libros más. Con esos tres, imprimíamos otros tres. Y así sucesivamente. En 2016 comenzamos la colección de narrativa con Verónica Martínez, “Momentos Felices S.A.”. La proporción era siempre 4 de poesía, 1 de narrativa. Ahora ya desde un tiempo estamos abocados a la poesía y trabajamos con autores y autoras fuera de Capital. La idea es federalizar el proyecto lo más que se pueda», expresa Soledad.

Los libros de Peces de Ciudad encuentran con palabras simples cómo nombrar lo sutil y lo omnipresente de la belleza cotidiana. Le pregunto por qué piensa que la horizontalidad linguística está en auge: «Hay libros que tienen lenguaje coloquial porque la gente se siente más representada en la poesía. Como el libro de Martín Gordillo, “El Jardín de los Amores Imposibles”, que ya va por su tercera edición. Habla del amor, ¿hay algo más universal que el amor? Todo el mundo se siente identificado».

Hoy en día, la democratización de la literatura a través de Internet y la facilidad de la difusión en las redes sociales propicia el surgimiento de nueves poetas y una mayor diversidad de estilos. Sin embargo, el mundo literario está dividido en debates sobre si el género de la poesía sale o no beneficiado. «Antes estaba la vara de “esto está bien, esto está mal”. ¿Pero quién mide dónde está la línea?», dice Soledad. «Ahora se trata de acompañar, de llevar al autor o a la autora a encontrar su propia voz y estilo. Me parece que las redes sociales son un recurso muy válido, que acerca a la gente a la lectura. Después hay quejas de que la gente no lee. Te puede gustar o no, pero pararse en ese lugar y decir “esto es poesía y esto no” me parece que ya no da».

Las seis publicaciones pautadas para 2020 son de autoras mujeres, dos de las cuales ya están a la venta. Cuando le pregunto si todavía existen reservas en cuanto al género, me responde sin dudar: «Siempre noté una diferencia en las ferias. Las menos somos las pibas. También me genera impotencia cuando compartimos feria con gente que ha sido escrachada. Es muy incómodo, por la impunidad que manejan. Lo bueno es que nos agrupamos, tratamos de visibilizar el laburo en conjunto y hay círculos de escritoras, distintas charlas… Hay una consciencia del papel de la mujer y de la paridad que es un montón, que la gente misma se da cuenta. Es todo mérito del laburo de las pibas».

La semana pasada, la editorial cumplió 5 años. «Fue mutando porque es todo prueba y error, por más que le pongas el corazón y labures con gente que sabe. Aprendes a cultivar la paciencia, especialmente al poder acompañar a alguien en el proceso de su primer libro. Después, aprendés a laburar de manera colectiva, ya sea con un equipo de gente, proveedores u otras editoriales».

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En el contexto de inestabilidad actual, el mundo de las librerías y editoriales fue una industria muy afectada. Uno de los pocos eventos que pudo realizarse virtualmente fue la Feria de Editorxs, que tuvo lugar el 7, 8 y 9 de agosto a través de stands virtuales con charlas en vivo. «La participación de la gente estuvo buenísima. Aprovechamos el envión para lanzar los libros de Morena Ponce y Virginia Caresani, que estuvo bárbaro porque vendimos libros. Además, la respuesta de redes y de gente que venía a los vivos resultó increíble».

«Ir a una feria es salir del círculo “yo te leo, yo te reseño, yo te vendo, yo te publico”. En, por ejemplo, Villa Mercedes una piba pasaba, veía el libro, charlabamos y se lo llevaba. Por eso las ferias son tan importantes: generan otras cosas no comerciales. Hoy es todo rarísimo. Ahora la gente va a la librería y tiene miedo de tocar los libros. Las ferias que teníamos planeadas los y las editores, tanto acá como en otros lugares, terminan suspendiéndose. Pero en algún momento tenemos que volver».

Soledad Blanco, Peces de Ciudad.

Una vez más, la poesía forma parte de la resistencia.

Podés conseguir los libros de Peces de Ciudad en su web y seguirles en Instagram, Facebook y Twitter.


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Alice Guy: una pionera del cine olvidada por la historia

Los pies de una mujer se recuestan en altura mientras fuma un cigarrillo. Relajada, observa con una bebida en la mano a su marido e hijo, que cosen y planchan la ropa. Es un mundo de mujeres a cargo, que gritan mientras golpean con whisky las mesas de los bares y persiguen por la calle padres inocentes para seducirlos. No, no es «No soy un hombre fácil». Tampoco es una película moderna, ni siquiera de los últimos cien años. Se trata de «Los resultados del feminismo», un corto realizado en el año 1906 por Alice Guy, pionera del cine francés y americano olvidada por los libros de historia hasta su redescubrimiento actual.

Alice Guy, también llamada Alice Guy-Blaché por su primer matrimonio, fue la primera directora mujer en la historia del cine y más tarde la primera mujer en fundar su propio estudio. Hoy todavía es parte de una discusión vigente acerca de si su cortometraje El Hada de las lechugas fue la primera realización ficcional de la historia del cine. Otras personas le adjudican múltiples logros cinematográficos, desde la primer colorización hasta el primer videoclip, si bien son debatibles dada la ceguera especulativa característica de la historia.

Lo que es seguro es que fue la primera mujer en dirigir y producir películas, fundar un estudio e introducir en la narrativa cinematográfica la voz de la mujer. Formó parte del grupo histórico de personas que protagonizaron el nacimiento y desarrollo del cine, desde su incipiente nacimiento hasta el crecimiento exponencial industrial que lo haría inmortal. Otra de tantas mujeres que cambiaron la historia y fueron olvidadas por su género, hoy recordamos a Alice Guy, una de las #GrandesMujeres que han hecho el camino para que nosotres podamos avanzar detrás.

Fue en un bote rumbo a Sudamérica cuando Émile Guy se casó con Marie, su esposa francesa por encargo recién salida del convento en plena adolescencia. Alice nació en un suburbio parisino ante la insistencia de su madre en tenerla en su país materno. Guy contaba que esta terquedad se debía a que la madre tenía una relación extramarital con un gaucho chileno y temía verla representada en el aspecto de su bebé ante los ojos del padre. Sin embargo, Guy nunca la confirmó, por lo que puede considerarse un secreto familiar o simplemente su sentido del humor.

En 1984, cuando el pionero francés Gaumont (cuyo nombre lleva el preciado cine histórico ubicado en nuestra avenida Rivadavia) todavía estaba en una compañía de insumos fotográficos, Guy lo convenció de contratarla como secretaria a pesar de su edad. Más tarde, cuando Gaumont fundó su compañía en 1895, ella retuvo un puesto importante que le permitió ser testigo y partícipe del desarrollo temprano del cine. Tan sólo un año después y solo luego de prometerle a Gaumont que no afectaría su trabajo, comenzó a rodar su primera película de ficción: el corto silente que escribió, produjo y dirigió fue titulado «El Hada de las lechugas».

Uno de los aspectos más curiosos de la historia de Alice Guy podría ser el debate sobre si fue este cortometraje de ficción el primero de la historia. Cuando alguien lo afirmaba, ella rápidamente corregía que había sido «L’Arroseur Arrosé», un cortometraje estrenado en mayo del 1895 por los Lumière, los inventores del cinematógrafo. Sin embargo, en sus memorias y documentos escritos, el discurso de Guy difiere, por lo que muchos estudiosos del cine —particularmente, estudiosas feministas— hipotetizan que es en sus escritos donde dice ser efectivamente la realizadora del primer corto de ficción.

Se contempla que su cortometraje pueda haber sido realizado por Guy antes de la publicación del corto de los Lumière, en especial considerando las investigaciones de varios historiadores. Sin embargo, al haber sido publicado después, solo podemos especular al respecto. A pesar de la competencia con los Lumière, tenían una muy buena relación, ya que compartían la misma estructura familiar, sus valores empresariales y hasta sus sets de rodaje.

Rediscover the first woman of film history: Alice Guy | Film | DW ...
Fotograma de «Los resultados del feminismo» (1906).

En 1986, Guy se convirtió en la jefa de producción de Gaumont, puesto con el que probablemente dirigió todas las películas realizadas por la compañía hasta 1905. En 1907, se casó con su compañero de trabajo Henry Blaché y viajó a EE. UU. Tres años más tarde, bajo el nombre Guy-Blaché, tuvo a su primera hija y fundó Solax Co. en Nueva York, el primer estudio fundado por una mujer.

El estudio tuvo un gran éxito: Guy innovó en sus películas con la elección de locaciones de todo tipo y promovió el sistema de estrellas naciente de la industria lanzando artistas a la fama. En solo dos años, el crecimiento de la empresa llevó a Guy a construir un nuevo estudio moderno en Nueva Jersey, a donde mudó la compañía. Ese mismo año, Guy dió a luz a su segundo hijo. En 1913 estableció una nueva empresa con su esposo, Blaché Features, y tomó el nombre de Solax Co. para algunas producciones, aunque los establecimientos físicos de Solax cerraron un año después. Guy continuó dirigiendo películas en Blaché Features.

Ante las dificultades de una industria monopólica, el matrimonio terminó por unirse con otros estudios más grandes, ya que su formación en la compañía Gaumont no dejaba de ser el de una estructura familiar, incompatible con los grandes conflictos competitivos en el mercado cinematográfico industrial de EEUU. En 1922, la persona jurídica de Solax se subastó y, ante el final de su matrimonio y otras complicaciones financieras, Alice Guy volvió divorciada a Francia con sus dos hijos.

En su país de origen, no encontró trabajo en la industria: en el auge de la industrialización del cine, las mujeres ya no eran bienvenidas en los espacios de mayor autoridad. Por lo tanto, se limitó a vender libros y pinturas, a escribir artículos y cuentos infantiles. También dio entrevistas e intentó retener algo de crédito por su trabajo previo. Recordemos que el cine primitivo, al no tener créditos como los de hoy, no llevaba los nombres de sus realizadores, por lo que el nombre de Alice Guy se había vuelto invisible más allá de su conocimiento en los círculos de la industria. Sus aportes en la historia del cine contrastan con la poca representación y crédito que obtuvo posteriormente.

Las películas que realizó la cineasta le daban voz al personaje femenino auténtico, dominante e irreverente: introdujo heroínas, roles de género invertidos, cross-dressing y narrativas en ese momento inexistentes, dando lugares de importancia a personajes mujeres y resignificando relatos previos a través del enfoque particular en ellas, como hizo en «La Vie Du Christ». Alice Guy fue la primera en darle una voz a la mujer en el cine, así como a su necesidad de representación: muchas de sus películas eran narradas desde el punto de vista de una mujer y, si no lo eran, contenían una línea argumental femenina. En el final de «Los resultados del feminismo», pasamos de un mundo hembrista a la restauración del orden establecido (o su contraste con la realidad).

Sea considerado feminista en términos modernos o no, es una película que rompió el esquema hegemónico mostrando un universo en contra de los rígidos estándares sociales de la época, donde en muchos lugares la mujer ni siquiera podía votar. Además, presenta un universo utópico de ciencia ficción feminista por primera vez en soporte audiovisual en el comienzo del siglo XX, algo verdaderamente remarcable. En el contexto de sus documentos escritos y películas realizadas, no queda duda de que la posición política de Guy favorecía el desarrollo y la libertad de la mujer. Solo nos queda agradecer que el nacimiento del cine coincidiera con el creciente movimiento político feminista, permitiendo el desarrollo de artistas mujeres como Alice que, más allá de sus numerosos obstáculos, pudieron ser pioneras en el séptimo arte y cuyos documentos históricos nos son relativamente disponibles, a diferencia de otras disciplinas.

«Por mucho tiempo ha sido para mí una fuente de asombro que muchas mujeres no hayan tomado ventaja de las increíbles oportunidades que ofrece el arte de la cinematografía para hacer su camino hacia la fama y la fortuna como productoras (…). De todas las artes, probablemente no hay ninguna en la cual puedan hacer tal uso espléndido de sus talentos, tanto más natural en la mujer que en el hombre y tan necesario para su perfección».

Alice Guy en «The Moving Picture World», Vol. XXI, No. 2, July 11, 1914 p. 195.

Alice Guy volvió a Nueva Jersey en 1962, donde falleció a sus 94 años en un geriátrico y fue enterrada con una lápida sin más que su nombre. De sus más de 1000 películas realizadas, pocas sobrevivieron. Sin embargo, gracias a su redescubrimiento actual, su legado de determinación, creatividad y liderazgo está siendo escrito en las páginas de los libros que alguna vez escaparon a su nombre, esta vez en tinta permanente.


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