La cantera del diablo

Un secreto a voces. La naturalización del abuso, el sacar provecho de la inocencia y la necesidad, el quedarse callado por miedo. El deporte finalmente abrió las puertas de una realidad que todos imaginaban pero nadie quería creer.

Pasaron casi ya tres semanas desde que la noticia salió a la luz: el Club Atlético Independiente denunció una red que prostituía a los jugadores de las inferiores que se alojaban en la pensión del club. Desde entonces, se han conocido nuevas denuncias de abusos en el mundo del deporte.

El caso Independiente

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La pensión del Club Atlético Independiente | Fuente: Ámbito Financiero

Todo comenzó cuando uno de los chicos que vivían en la pensión comentó lo que estaba pasando. El psicólogo de la institución alertó a las autoridades y casi de manera inmediata Fernando Berón (Coordinador de las Inferiores del Club) realizó la denuncia.

Desde entonces, la causa que está a cargo de la fiscal María Soledad Garibaldi, de la UFI N° 4 de Avellaneda, no ha hecho más que agrandarse y rodearse de escándalos.

Hasta ahora hay cinco detenidos, acusados de ser parte de una red que prostituía a los jugadores de las inferiores del club a cambio de regalos y dinero: Leonardo Cohen Arazi (relacionista público), Martín Bustos (árbitro), Silvio Fleyta (estudiante), Juan Manuel Diaz Vallone (organizador de torneos/representante de jugadores) y Alejandro Carlos Dal Cin (organizador de torneos).

Las víctimas confirmadas serían siete, pero la fiscal dio a conocer que podría haber otras diez. Algunos seguían en Independiente y otros ya estaban en otros clubes.

Esta red funcionaba a partir de la vulnerabilidad de las víctimas: chicos que vienen de distintas provincias del país, que no conocen a nadie y tienen la ilusión de pegarla en el fútbol. Esta red se encargaba de seducirlos con promesas económicas, con conseguirles botines, ropa e incluso pasajes para ir a visitar a sus familias.

En medio del caso, estalló un escándalo en la mesa de Mirtha Legrand. Fue cuando Natacha Jaitt, conocida por no guardarse nada, dio detalles sobre posibles involucrados en la causa. Habló de periodistas reconocidos y figuras del espectáculo.

Sin embargo, el Procurador General de la Provincia de Buenos Aires, Julio Conte Grand, durante una conferencia de prensa se encargó de aclarar que no figuran tales nombres en la causa. Aun así, Jaitt fue citada a declarar a la UFI N° 4 y se prevé que lo hará la semana próxima, tras reprogramar la declaración que debía realizar la semana pasada argumentando que la habían amenazado si hablaba.

Si bien aún no se sabe a ciencia cierta, la fiscal Garibaldi dijo que es posible que esta red exceda al club.

Los casos que se destaparon

Tras la denuncia realizada por Independiente, no tardaron en llegar denuncias de otros clubes. Así fue como desde la ONG Ayuda a Víctimas de Violación (AViVi) se denunciaron casos de abusos en el Club Atlético River Plate.

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Comunicado del Club Atlético River Plate | Fuente: Diario Clarín

La denuncia se realizó a raíz del testimonio de una médica que trabajó en el club y supo de ciertas situaciones fuera de lo habitual que ocurrían dentro de la institución. Entre las personas señaladas como victimarios se habla de quienes ingresaban al club y abusaban de los chicos y también de un médico.

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Gerardo Werthein, director del COA | Fuente: Prensa COA

También se dio a conocer que el Comité Olímpico Argentino, a través de su presidente Gerardo Werthein, presentó una denuncia contra un entrenador de la Selección Argentina de Gimnasia Artística por casos de abusos que habrían ocurrido en los años 90 y de los cuales se tomó conocimiento hace poco tiempo.

Durante una reunión de amigos, un exgimnasta se quebró y contó lo que le había sucedido. Tras ese relato, hubo varios exgimnastas que se sumaron y contaron diversas situaciones vividas con ese mismo entrenador.


Fuentes:
Infobae
Revista Anfibia
Perfil
Brown Online
Página 12
La Nación

 

Les queda poco tiempo

No más silencio. No más espera. No más tolerancia a la discriminación, el acoso o el abuso.

El tiempo se acabó.

La fundación «Time’s up» es una muestra de sororidad impulsada por más de 300 trabajadoras del cine, el teatro y la televisión estadounidenses que siguen sumando valor para denunciar los acosos psicológicos, físicos y económicos que viven en su trabajo, y que a su vez empoderaron a uno de los sectores más marginados, las mujeres del campo.

La Alianza Nacional de Campesinas, las mujeres del campo de Estados Unidos, fueron las encargadas de empoderarlas aún más a ellas, a las actrices hollywoodenses, quienes disponen del acceso necesario para difundir el mensaje y hacerlo llegar a más gente. Fue gracias a su carta y profundo mensaje que surgió «Time’s up».

Publicada originalmente el 10 de noviembre

«Queridas Hermanas,

Escribimos en nombre de las aproximadamente 700 000 mujeres que trabajan en los campos agrícolas y los galpones de empaque a lo largo y a lo ancho de los Estados Unidos. Durante las últimas semanas, hemos visto y escuchado con tristeza las noticias de las actrices, las modelos y los demás individuos que se han animado a denunciar la violencia de género que sufrían a manos de los jefes, los compañeros de trabajo y otras personas poderosas en la industria del entretenimiento. Desearíamos poder decir que nos asombra enterarnos de que esto es un problema tan dominante en su industria. Lamentablemente, no nos sorprendió, porque es una realidad que conocemos muy bien. Innumerables mujeres campesinas en todo el país sufren en silencio debido al hostigamiento y el acoso sexual generalizados que enfrentan en el trabajo.

No trabajamos bajo reflectores brillantes en un escenario ni en la pantalla grande.  Trabajamos en las sombras de la sociedad, en campos aislados y galpones de empaque fuera de la vista y fuera de la mente de la mayoría de la gente en este país.  Su trabajo alimenta las almas, llena corazones y difunde alegría.  Nuestro trabajo nutre a la nación con las frutas, las verduras y los demás cultivos que plantamos, recogemos y empacamos.

A pesar de que trabajamos en entornos muy diferentes, compartimos una experiencia común de ser presa de personas que tienen el poder para contratar, despedir, poner en la lista negra y amenazar nuestra seguridad económica, física y emocional.  Como ustedes, hay pocos puestos a nuestra disposición y denunciar cualquier tipo de daño o injusticia contra nosotras no parece ser una opción viable. Reclamar por cualquier cosa, incluso por acoso sexual, es impensable porque arriesgamos mucho, incluida la capacidad de alimentar a nuestras familias y preservar nuestra reputación.

Entendemos el dolor, la confusión, el aislamiento y la traición que ustedes deben sentir.  También llevamos a cuestas la vergüenza y el miedo que resultan de esta violencia, como un peso aplastante sobre nuestras espaldas. Pero, en lo más profundo de nuestros corazones, sabemos que no es culpa nuestra. Los únicos culpables son los individuos que deciden abusar de su poder para acosarnos, amenazarnos y hacernos daño, como lo han hecho con ustedes.

En estos momentos de desesperación, en que deben lidiar con el escrutinio y las críticas de extraños solo porque decidieron denunciar con valentía los hechos violentos que se han cometidos en su contra, por favor, sepan que no están solas.  Les creemos y estamos con ustedes.

En solidaridad,

Alianza Nacional de Campesinas

La Alianza Nacional de Campesinas es una organización conformada por trabajadoras y extrabajadoras agrícolas, junto con las mujeres que provienen de familias de trabajadores agrícolas.»

Texto original en inglés

Después de un 2017 con campañas fuertes como el #MeToo, el #NoesNo y diversas denuncias públicas, el 1 de enero de 2018 es la fecha de inauguración de esta organización que busca el cambio en la vida de las mujeres, tanto del ámbito del espectáculo como de todas partes.

Manifiesto de Time’s Up en español. Leé la versión original en inglés acá.

La difusión de esta organización fue realizada exclusivamente a través de las redes, donde actrices como Anne Hathaway, Reese Witherspoon, Jennifer Lawrence, Laura Dern, Emma Stone, Emma Watson, Amber Tamblyn y Dakota Johnson, entre muchas otras, se sumaron a la campaña publicando su apoyo a la causa.

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Los fondos que se recauden serán destinados a la defensa legal de quienes tienen empleos menos privilegiados. De esta manera, buscan proteger a víctimas con realidades laborales de mayor vulnerabilidad.

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Por otro lado, este domingo se realizarán los premios Golden Globe y una de las consignas entre las actrices y las productoras del espectáculo hollywoodense es ir vestidas de negro.

¿Será que esta vez, cuando alguien les haga una entrevista, en vez de preguntarles por sus vestidos, les preguntarán cuánto donaron a Time’s Up? O, ¿cómo se siente participar en una causa feminista? ¿Qué significa Time’s Up para ellas? O, simplemente, cualquier pregunta más interesante que ¿Quién hizo tu vestido?


Traducción de la carta de la Alianza Nacional de Campesinas: Rocio Sileo.

Fuentes:

Página oficial de Time’s up 

Instagram de Time’s up

Twitter de Time’s up 

#Opinión: Con nosotres no van a poder

Asistimos a un momento de transición, en el cual las voces ya no se callan. Se dice lo que está pasando; estamos perdiendo el miedo y eso nos empodera, nos da valor. Pero en muchos sectores eso molesta, se niegan el abuso, las violaciones, y se termina cuestionando -como en tantos otros casos- a la víctima.

Hace años, se vienen gestando nuevas formas de representación y de acción al pensar en lo femenino y lo masculino, así como también han surgido nuevas elecciones de género con todo lo que esto conlleva.

El movimiento es mundial. En nuestro país, por dar tan solo un ejemplo, desde el colectivo #NiUnaMenos se visibilizan los casos de violencia de género en todas sus formas, se convoca a salir a la calle, se apoya a quienes hayan sido víctimas, y por sobre todo se construye un nuevo escenario donde se intenta crear conciencia de que no debemos callar.

Que nadie tiene derecho a coartar nuestras libertades, ni a forzarnos sexual o psicológicamente para realizar actos que no queramos.

Hemos tomado conciencia (más tarde o más temprano) de que los mensajes, las palabras y las acciones que vienen colándose por todos las fisuras de la sociedad avalan un eje machista, patriarcal y heteronormativo.

Además, empezamos a ver la cantidad de veces en que el micro-poder (que muchos creen tener sobre nosotres) es y ha sido utilizado en cada intersticio de nuestras vidas, por creerse los ajenos dueños de nuestros cuerpos, de nuestras mentes y de nuestras vidas.

Damos batalla, claro. Pero hay que ser constante y no dejar pasar nada.

En estos meses,  el ambiente de Hollywood, se dieron a conocer casos que habían estado ocultos por décadas. Harvey Weinstein fue el primero; leer cada relato, cada caso, es confirmar una vez más que quien ejerce la violencia se siente impune, se ampara en su poder, al mismo tiempo que crea una red que lo consiente, lo avala y hasta llega a poner sus ojos sobre las víctimas.

Se cuestiona por qué «no hablaron antes», por qué siguieron en la industria, cuál es el fin de denunciar ya ocurrido el hecho, y una multitud de preguntas que conducen como mínimo a dos respuestas: ¿para qué? Alzar la voz para que no siga ocurriendo, y dejar de cargar con ese dolor y la culpa de no haber hablado.

Alguien que fue abusado, acosado, o que fue víctima de una violación no encuentra fácil decirlo. Se necesita mucha fuerza, y una cierta red de contención para que, cuando cuente lo ocurrido, sepa que va a estar a salvo. La víctima vuelve a revivir lo que le ha pasado, y se expone. Expone su intimidad, se abre y lo que suele recibir son más golpes de toda una sociedad que se supone debiera estar de su lado. Pero no, no lo hace.

Harvey fue la gota que rebalsó el vaso, pero detrás de él vinieron Kevin Spacey, Ed Westwick y Casey Affleck, entre otros.

A medida que las denuncias salían a la luz, así también empezaba a quedar expuesta la forma en que el mercado propicia este tipo de situaciones y mira para otro lado, hasta que todo explota en sus caras. Entonces comienzan los comunicados, los «despegues» tal vez más mediáticos que sinceros, y el rol de los medios como algo fundamental una vez más.

En nuestro país, de unos años a esta parte también hemos asistido a “la caída” de ciertos ídolos, sobre todo en los ámbitos de la música y la televisión. Ya no son impunes, ya no se les tiene miedo, aunque eso muchas veces implique quedarse sin trabajo, quedar expuesto y recibir todo tipo de cuestionamientos y amenazas en la era 2.0 que todo lo ve y todo lo opina.

En redes y en otros ámbitos se banca a “los ídolos”, y uno llega a preguntarse ¿ídolos de qué?

Empezando con las declaraciones de Gustavo Cordera, que le costaron mucho más que su condena mediática, y cómo se intentó fingir que no había pasado nada, o al menos que no había sido para tanto: desde Vorterix, Mario Pergolini, un hombre hábil para los medios y los negocios así como también uno de quienes mayor acceso tienen a todo este mundo, decía que no creía que lo de Cordera hubiera sido tan grave.

Puntos a su compañera de piso, quien se puso firme y al aire le cuestionó su postura.

Hace poco tiempo se dio una situación similar en una entrevista a Santiago Aysine (cantante de Salta La Banca), quien fue denunciado por abuso de parte de distintas mujeres. En la misma radio y bajo las mismas reglas, se le dio la palabra a Aysine y hubo un intento de limpiar un poco su imagen.

Con una lectura un poco más profunda de aquella entrevista, hay cosas que suenan poco creíbles o, como mínimo, demagogas. Y claro, nosotres no tenemos la verdad, pero la verdad es necesaria para las víctimas, y si alguien hizo uso de su fama, su estatus o su nivel para forzar a otra persona a hacer algo, eso es abuso, acá y en todas partes.

A fuerza de lucha, lectura y conciencia, el pensamiento ha cambiado y nuestra fortaleza también. Nadie puede hostigarnos, ni tocarnos, ni hacernos absolutamente nada que no deseemos, y si lo hacen, sepan que no nos vamos a quedar quietxs ni calladxs. Porque sabemos quiénes somos, hacia dónde vamos, y lo que valemos.

En la vida diaria no se hace fácil esa lucha, pero la damos porque es necesaria. Cada día, están presentes esos paradigmas y pensamientos que atrasan siglos, pero muchxs tratamos de combatirlos: argumentamos, leemos, escribimos, ampliamos otras voces, ponemos un tope en cada fisura por donde intenten colarse esas formas de poder, esas normas, esas personas que se sienten dueñxs de otres.

Ahí estaremos, y ahí estamos para contarles y mostrarles que no.

Que con nosotres ya NO VAN A PODER.

Castigar a la víctima

Circula por las redes sociales una reflexión bastante simple: si 5 varones dicen que una mujer es puta o fácil, no se pone en duda, pero si 5 mujeres acusan a un hombre de violador o acosador, se las cuestiona.

Hasta el momento, 5 mujeres denunciaron haber sido acosadas por el conductor de radio y televisión Ari Paluch. Las experiencias que expusieron hablan de abuso en el ámbito laboral e incluyen frases desubicadas, insinuaciones, cuestionamiento de sus capacidades, maltrato cotidiano.

Estas denuncias se escriben en un marco más amplio, donde encontramos cada vez más víctimas que se animan a contar lo que les hicieron, ya sea porque se impone un clima de época atravesado por el feminismo o porque las redes sociales se convierten en una vía de difusión rápida. El problema es que, al mismo tiempo, las redes sociales dan lugar al nuevo método de lapidación del siglo XXI.

En Argentina, vimos las denuncias de varias jóvenes contra el cantante de Salta la Banca, Santiago Aysine, y contra otros miembros de la misma banda como Santiago Maggi y Juanjo Gaspari. Esta semana, sin ir más lejos, salieron a la luz los testimonios de casi 40 mujeres que aseguraban haber sido abusadas por James Toback, director de cine estadounidense.

No todos los ambientes son iguales y no todas las figuras tienen la misma relevancia, pero hay patrones que se repiten: los denunciados son hombres que gozan de determinada fama y éxito laboral, tienen personas o proyectos a cargo, y ese poder relativo parece traducirse en poder sobre los cuerpos de personas que los idolatran o que están subordinadas a ellos.

La pregunta importante es ¿qué pasa en las audiencias cuando las denuncias toman conocimiento público a través de las redes sociales? Varias reacciones también siguen un patrón.

El desprestigio a las mujeres que denuncian es moneda corriente y va en diferentes sentidos. A veces, porque “no denunciaron en el momento” en que ocurrieron los hechos, como si el ejercicio de romper el silencio fuera simple y automático. Otras veces, porque estiman que son parte de una conspiración contra el denunciado.

También entra en juego alguna cuota de identificación: si es tan fácil que una mujer denuncie a un hombre y “arruine su carrera”, ¿por qué no podría pasarme a mí? Entonces, los fusiles apuntan al feminismo: “Esto es todo parte de una moda”.

En todo caso, la culpa recae siempre en la víctima y en los colectivos del feminismo que llevan adelante sus causas, mientras el acusado puede gozar no sólo de los privilegios con los que ya contaba -como el de tener una posición social cómoda, ser reconocido y admirado, ser jefe-, sino también de un ejército de usuarios de las redes sociales dispuestos a defenderlos y creerles gratuitamente.

Se constituye así una forma actualizada de lapidar reclamos y personas. Si en la Biblia se describía cómo se le arrojaban piedras a María Magdalena por cometer adulterio, hoy los comentarios en las redes sociales suplen esa función con una gran dosis de desapego y apatía: los usuarios desconocen a la víctima y al tema en discusión, y pueden injuriar sin tener ningún tipo de responsabilidad sobre lo que suceda a la persona violentada.

Estas situaciones deben servir para analizar el inconsciente colectivo -si es que hay solamente uno- y la lógica de las redes sociales que, lejos de ayudar a la profundización de los debates, ayuda a banalizarlos.

Cuando se hace necesario debatir por qué tenemos que erradicar el abuso en todas sus versiones posibles o por qué es necesario tomar en cuenta la palabra de la víctima en lugar de desmerecerla, se evidencian las raíces del machismo que nos condiciona.

No sólo queda expuesta una solidaridad generalizada con el abusador, sino que se ve entre líneas la imagen de la mujer en falta. La mujer que está en falta por denunciar, por aprovechadora. La mujer que está en falta por no denunciar a tiempo. La mujer que está en falta por no bancársela, la mujer que está en falta por bancársela. La mujer que está en falta por despertar en el hombre deseos sexuales irrefrenables. La mujer que está en falta por no ceder ante el deseo masculino.

En sí, la mujer que está en falta por ser mujer.

Celebramos la decisión del canal América 24 de rescindir el contrato de Paluch, ya que habla de un gesto de la empresa contra una sociedad menos receptiva y menos comprensiva ante los casos de violencia de género.

Todavía queda cuestionarnos la desigualdad. El día que entendamos que un jefe que abusa de su empleada no puede ser lo normal y que una mujer que habla no debe ser castigada, estaremos hablando de un cambio verdadero.

 

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Terrorismo sexual

      “Además de puta, guerrillera” vociferaban los monstruos, mientras dejaban caer sus cuerpos calientes, llenos de odio e ignorancia, sobre los cuerpos indefensos de las mujeres que allí dentro habían perdido todo individualismo, y solo se consideraban cuerpos, así sin más, con dudas hasta de si tenían vida.

      “Además de puta, guerrillera” justificaba el animal, para nada racional, mientras atacaba con la violencia digna de un depredador que busca conquistar a su presa y así sumar victimas a su estante de trofeos humanos.

      “Además de puta, guerrillera” se terminaban creyendo las victimas de consecutivas violaciones. Era lo único que escuchaban, constantemente, junto con los gritos de agonía de sus compañeros.

El género y el factor biológico fueron agravantes durante el cautiverio en los Centros Clandestinos de Detención. Las violaciones sexuales, los abusos y las vejaciones fueron perpetrados de forma sistemática.

Esclavas sexuales

Por alguna extraña razón, estos simios con poder decidían a dedo limpio quien merecía un ¿mejor? trato, y así separaban a sus víctimas en dos grandes grupos: las que eran llevadas a departamentos privados con sábanas limpias, para que la humillación fuera menor (como si eso fuese posible), y las que eran esposadas a camas de chapa para ser violadas cuando les quedara cómodo.

De todas formas, una vez satisfechas las necesidades de los machitos, las de ambos grupos volvían a los grilletes, las esposas y el tabique.

Los abusos sexuales en los Centros Clandestinos de Detención no constituían hechos aislados, sino que conformaban una práctica habitual que se exteriorizaba, indistintamente, a través de diversas conductas.

Comenzaba con episodios como el momento del baño, donde los guardias las obligaban a desnudarse frente a ellos mientras reían y observaban sus cuerpos, gozando de ese morbo tan característico del disfrutar la humillación ajena.

Las violaciones carnales, donde introducían su miembro o algún objeto de similar apariencia en la vagina de la víctima, eran el final de aquellas vejaciones.

“[…] Yo tengo clarísimo que en ese momento pensé: ¿podrá aguantar una mujer que la violen siete hombres, uno atrás del otro? ¿Podrá el cuerpo? Bueno, si no puede, tendrá que poder. Yo tengo que resistir porque, si no, me van a matar” declaró una víctima en la causa ESMA durante el juicio oral en 2010.

 

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Un instrumento más del terrorismo de Estado

La abogada Analía Aucía, una de las autoras de Grietas en el silencio, un libro sobre la violencia sexual en la dictadura, declara que “los valores de una sociedad patriarcal se trasladaron y agudizaron durante la dictadura”, lo que transformó la violación sexual en “un mecanismo para reubicar a las mujeres”.

    “Esto lo podemos deducir porque las entrevistadas en la investigación nos trasmitieron el discurso de los represores, que les decían frases como ‘Mirá en lo que te metiste, si te hubieras quedado en tu casa, cuidando a tu hijo, no te hubiera pasado esto’. Estos dichos no aparecían en los varones cuando se los torturaba o se les aplicaba cualquier tipo de violencia”, afirma Aucía.

La sobreviviente y periodista Miriam Lewin considera que los delitos sexuales no solo tenían como objetivo la humillación o el quiebre directo en la mujer, sino que también eran una herramienta de disciplinamiento.

    “Muchas veces, las violaciones se hacían en público o de manera que los varones tuvieran conciencia de que eso estaba teniendo lugar. Esto está confirmado por muchísimos testimonios. Había mujeres que eran violadas delante de sus maridos o pared de por medio”, relató Lewin.

Delitos de Lesa Humanidad

En 2010, por primera vez, se consideró a las violaciones ocurridas durante la última dictadura militar argentina como un delito de lesa humanidad, en la sentencia que condenó a cadena perpetua al represor Gregorio Rafael Molina.

La Cámara Nacional de Casación Penal consideró culpable al ex jefe del centro clandestino La Cueva por ser “autor del delito de violación de forma reiterada”, entre otras cosas.

A su vez, dictaminó que las violaciones no hubieran ocurrido “de no encontrarse en aquella situación y amparándose en la posición del poder que detentaba”.   

La violencia sexual fue invisibilizada en los testimonios de la década de 1980 en la Argentina, ya que el relato se construyó en torno a la búsqueda de prueba a través del reconocimiento e identificación de personas que continúan desaparecidas.

Sin dudas la principal dificultad es la negativa de los jueces de instrucción a imputar penalmente a los señalados como responsables por delitos de violación sexual, y la falta de sensibilización de los operadores judiciales con respecto a estos temas.

De todas formas, las violaciones fueron solo otra de las prácticas deshumanizadoras que se instalaron en la última (y más sangrienta) Dictadura Militar Argentina.