Inglaterra: el 97% de las mujeres ha sufrido acoso sexual

Un estudio realizado por la ONU en Inglaterra reveló que el 97% de mujeres entre 18 y 24 años de edad ha sufrido acoso sexual en espacios públicos. El 96% de ellas no denunciaron la situación porque no creen que se pueda hacer justicia. El caso de Sarah Everard que conmociona a Gran Bretaña es tan solo la punta de un enorme iceberg.

El estudio se llevo a cabo a través de la recolección de testimonios e historias de más de 1000 mujeres y niñas de Inglaterra. Con el objetivo de generar conciencia sobre la realidad en el país, ahora buscan que les polítiques legislen a favor de las mujeres y su seguridad.

La ONU define al acoso sexual como una práctica violenta contra las mujeres que puede tomar varias formas: violación, otras formas de abuso sexual, toma y circulación de imágenes sexuales sin consentimiento y piropos o silbidos. Los datos son abrumadores: tan solo el 3% de mujeres entre 18 y 24 años dijeron que no habían sufrido ninguna de las distintas formas.

Londres es la ciudad con las tasas más altas de acoso de Gran Bretaña y los espacios públicos son donde más se llevan a cabo; lugares como los medios de transporte, las veredas y los bares son donde esta realidad afecta más a las británicas.

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Lo que narra el estudio se vio ilustrado por el caso de Sarah Everard, de 33 años, que fue asesinada a principios del mes pasado. Luego de visitar a una amiga, a las 21 h salió de regreso a su casa a la que nunca llegó. Unos días después fue hallada muerta en un bosque en Kent. La investigación tiene como principal sospechoso a un policía que la habría secuestrado y luego asesinado.

Desde que se dio a conocer el caso de Sarah, miles de mujeres se manifestaron tanto por redes sociales como en movilizaciones reclamando por justicia y acción política. Una oleada de ira se apoderó de las calles de Inglaterra: los colectivos y las mujeres están cansadas de esta realidad y buscan obtener justicia por Sarah y por todas las que han sufrido algo similar.

Traducción del cartel: «Vivimos con miedo. No todas sobreviven. La policía no nos cuida». Fuente: Shutterstock.

¿Y la justicia?

Los sistemas encargados de reducir la violencia y el acoso no están funcionando. Los dos motivos principales por los cuales las victimas no realizan denuncias contra sus acosadores son porque no creen que haya sido lo suficientemente grave como para reportarlo o porque no creen que hacerlo sirva de algo. Las encuestadas también declararon que no sienten que hacer la denuncia evite que estas situaciones sigan ocurriendo.

Cuando llega la hora de denunciar, otro estudio realizado por la Universidad de Washington reveló que la policía y la justicia suelen creerle más a las mujeres «convencionalmente atractivas» y que actúan de manera más «femenina» cuando reciben sus denuncias. Esto crea una gran división entre las experiencias de las mujeres que presentan sus denuncias, ya que algunas son tomadas como más validas que las de otras.

Cuando se percibe el acoso, también se establece una conexión con la idea de feminidad, pero esta forma en que entendemos a la feminidad se define de una manera muy rígida y estereotipada. Entonces, para cualquiera que se salga de esta definición, es difícil establecer la conexión con el acoso.

De esa manera, no solo se ve afectado el derecho de las mujeres de sentirse a salvo en los espacios públicos sino que además el de recibir justicia cuando esos derechos son violados. La ONU entiende que para solucionar esto se debe buscar la manera de que los sistemas judicial y penitenciario brinden confianza al público, además de que el proceso sea tomado con seriedad por parte de las autoridades brindando seguimiento y atención a las afectadas.

El problema va más allá de Inglaterra. Esto sucede en todo el mundo: casi 9 de 10 mujeres no se sienten seguras en espacios públicos y cada 10 minutos una adolescente muere como resultado de violencia machista.

Un primer paso

Tan solo diez días después de la publicación de este estudio que pasmó a gran parte de la población, el gobierno de Inglaterra realizó un cambio en la legislación que sirve como primer paso para garantizar justicia: la misoginia es considerada un crimen de odio.

Se espera que este cambio en la ley colabore con las víctimas en los procesos judiciales. El año pasado tan solo una de cada 70 denuncias de violación resultó en condena. Esta claro que queda un enorme y arduo camino por delante pero este parece ser un buen primer paso.


Fuentes:


Noviembre con N de Nuevas leyes

En una jornada maratónica, durante la última sesión ordinaria de la Cámara Baja del Congreso se aprobaron más de 70 proyectos de ley. A su vez, esta semana aparecieron tensiones en el Poder Ejecutivo por la resolución de la Secretaría de Salud de la Nación que actualizaba el protocolo para la interrupción legal del embarazo (ILE): la actualización fue derogada 48 horas después y el Secretario de Salud renunció.

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#CambiáElTrato: para que los hombres dejen de mirar a un costado

Con motivo de los 16 días de activismo para eliminar la violencia hacia mujeres y niñas, la Fundación Avon lanzó a principio de mes la campaña #CambiáElTrato.

La campaña #CambiáElTrato, dirigida por Silvina Chague, consta de una serie de tres pautas que buscan retratar y visibilizar tres tipos de violencia que enfrentamos a diario las mujeres.

Sus protagonistas son hombres que interactúan con otros hombres. Según Florencia Yanuzzo, directora de la Fundación, la idea era «poder sumar directamente a los hombres, como interlocutores del cambio necesario y urgente de cara a erradicar la violencia hacia mujeres y niñas».

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El equipo de la Fundación Avon en el lanzamiento de #CambiáElTrato.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, una de cada tres mujeres sufrirá violencia en algún punto de su vida. Casi un tercio de las mujeres que han estado en una relación heterosexual manifiesta haber sufrido algún tipo de violencia (física, sexual, psicológica) por parte de sus parejas.

La campaña fue lanzada en el marco de los 16 días de activismo para eliminar la violencia hacia mujeres y niñas, período que comienza el 25 de noviembre con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y culmina el 10 de diciembre con el Día de los Derechos Humanos.

Para saber más sobre esta campaña, hablamos con tres de sus protagonistas.

El acoso callejero es un tipo de violencia con el que nos topamos a diario. Comentarios desagradables, miradas intimidantes, bocinazos e incluso acoso físico. En este último tiempo es un tema en el que se puso el foco: desde escraches a acosadores en transportes públicos hasta la implementación de una línea de contención gratuita por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

«Venimos de una cultura en donde el chamullo, la galantería, la caballerosidad siempre estuvieron bien vistas y me parece que había algo, cuando yo era más pibe, en relación al “levante” en general, en donde se creía que si uno insistía la otra persona iba a ir aflojando», nos dijo Martín Slipak, quien protagoniza este spot junto a Andrés Gil.

Al naturalizar el famoso «piropo», muchos hombres, incluso sin tomar dimensión de la violencia y la incomodidad que estos representan, se ven a sí mismos instigadores, involucrados en este tipo de situaciones.

«Cuando era pibe me pasó de encontrarme en esa situación de haber estado tratando de levantarme a alguien y haber sido insistente, y ahora es algo que repudio. (…) Uno no puede convertir en subjetivo el tema de si el piropo es lindo o no. El piropo callejero me parece que no corresponde, que no debe existir. Uno tiene derecho a estar tranquilo por la calle sin que nadie le diga nada». Martín Slipak

La violencia doméstica o violencia intrafamiliar es un flagelo que se manifiesta de muchas maneras y la mayoría de las veces sucede a puertas cerradas, en el ámbito privado, y solo nos enteramos cuando es muy tarde para actuar.

Se manifiesta a través de pequeños signos de violencia que suelen pasar desapercibidos por la sociedad machista y patriarcal, que tiende a naturalizar el control de la mujer por parte del hombre. Cosas como controlar horarios, revisar celulares, prohibir ciertas actividades y amistades, sugerir cambios de ropa y humillar frente a terceros son parte del problema.

Agustín Corsi, quien protagoniza este spot junto a Carlos Portaluppi, nos expresó:

«Me quedé pensando en que, cuando era chico, en la casa de unos amigos, el padre de mi amigo había denigrado a la esposa de manera «graciosa» y yo también me reí. Por ahí ahora, si vuelvo el tiempo atrás, le diría algo o no me reiría. Pero cuando leía el texto me generaba angustia pensar en que realmente pasa esto».

La violencia doméstica no solo afecta a la mujer sino también a sus hijes, que muchas veces terminan rehenes de situaciones violentas e incluso se vuelven un arma que los hombres utilizan para manipular a sus parejas.

La violencia sexual digital es algo característico de las nuevas generaciones. Atenta contra la intimidad y la privacidad de las mujeres, así como también contra su integridad física o psicológica.

Desde sacar una foto sin consentimiento de la persona hasta compartirla en grupos de WhatsApp o en redes sociales, muchas veces a modo de «alarde», como una victoria, como una manera de vanagloriarse de sus conquistas con sus pares. Otras veces, a modo de castigo ya sea por haber sido rechazados, engañados, o simplemente con intención de humillar y exponer a una mujer.

«Me tocó conocer a alguien a quien le pasó, aunque no creo poder decir haberlo vivido de cerca. Pero, la verdad, cuando le pasa algo así a alguien que conoces, con quien tenés un vínculo, a quien le tenés afecto, es realmente tremendo. Te das cuenta del dolor, la humillación que puede causar», nos contó Matías Mayer, quien protagoniza esta pauta junto a Felipe Colombo.

«Hoy en día creo que esta muy naturalizado que este tipo de violencia pasa. Creo que el desafío es empezar a fomentar que cada vez más personas se planten cuando ven una situación así. En ese sentido, creo que esta campaña puede jugar un papel súper importante. Me parece que es un buen paso en este camino que, sin dudas, va a ser muy largo». Matías Mayer

Si bien tratan temas distintos, los tres spots apuntan a lo mismo: no te quedes callado, frená a tu amigo, a tu papá, a tu hermano o a quien sea que veas que está siendo violento con una mujer.

Usar un pañuelo verde y el #NiUnaMenos en redes sociales no sirve si en tu vida diaria seguís riéndote de comentarios misóginos, descargás las fotos y videos privados que te comparten por WhatsApp y seguís avalando o reproduciendo conductas violentas hacia las mujeres.


Crítica en redes sociales

Si bien la campaña fue bien recibida por una gran cantidad de público, hubo muchas críticas con respecto a que fuera protagonizada por hombres. El movimiento de mujeres viene haciendo visibles estos tipos de violencia desde hace años y, sin embargo, parece que aún la figura masculina pesa más a la hora de interpelar al público.

«Pienso que lamentablemente (y remarco esa palabra), estamos en una sociedad donde todavía los tipos escuchan más a los tipos que a las minas. Pareciera que hay algo, hoy en día y en relación al lugar que va a tomar el feminismo, donde cierto sector de la masculinidad cree que cualquier comentario que venga de una mujer es un ataque». Martín Slipak

 

«En cuanto a que sean hombres hablándole a otros hombres, yo no siento que le de un tono distinto al mensaje. Yo creo que acá hay un solo mensaje y es que este tipo de violencia deje de pasar, o que pase cada vez menos. Me parece que en este caso puntual se usó a hombres para interpretar a los personajes porque se buscó que el hombre se vea identificado en esa situación y que lo incentive a frenar a otros pares». Matías Mayer

 

Acoso callejero: la inseguridad de la que no se habla

Una tarde iba caminando por la calle; tenía puesto un monito rosa, medio ajustado y de pantalón largo. El trayecto era de mi casa al cajero automático a la vuelta, no tenía que caminar tanto. Llegando a la esquina, frena una moto y me dicen: “Cómo te chuparía el culo”.

Debo reconocer que me quedé quieta, sin reacción. No era la primera vez que me pasaba, no era la primera vez que me pasaba cuando me vestía así. No era la primera vez que me pasaba cuando me ponía ese monito.

Debo reconocer que, antes de vestirme con mi enterito hermoso, lo pienso dos veces. No deberíamos detenernos en ese instante de duda, porque no hay que darle lugar a aquellos hombres que nos inhiben.

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La palabra acoso viene de la acción de acosar, y puede referirse a algo físico, sexual, callejero y muchos más. Cuando las mujeres comenzamos a hablar, dicha palabra fue mutando. Antes, caminábamos por la calle y al lado nuestro pasaba un sinfín de palabras de todo tipo, desde un “qué linda” hasta un “te parto”, más todo lo que se les ocurra.

Ahora sigue pasando lo mismo, pero la palabra acoso se mira de otra manera, se mira con otros ojos, porque algunas mujeres hablaron y eso que dejábamos pasar, hoy ya no lo hacemos. Hoy contestamos, hoy denunciamos.

Algunos hombres parecen creer que eso nos gusta, que nos encanta. Díganme que algunas vez no les dijeron “Si querés levantar tu autoestima, pasá por una obra en construcción”.  No entienden que eso no nos levanta el ánimo, no nos gusta.

¿Por qué tenemos que escuchar esas cosas cuando usamos una pollera minifalda? O algo ajustado, o lo que queramos ponernos. ¿Acaso nosotras vamos por la calle gritando “Mirá qué bulto”, “Pero si te agarro…”? Pero sí tenemos que soportar esos gritos de algunos hombres.

Nunca falta quien proclama que “ahora ni un piropo se les puede decir”. Nos gritan cosas por la calle sin siquiera conocernos. ¿Con qué intención vienen, se acercan y reproducen palabras sobre nosotras? No es lo mismo un piropo que el acoso; acosar es pasar un límite, uno que no está permitido. ¿Le dirías a tu mamá lo que a mí me gritás por la calle?

“Para nosotras, el acoso callejero es un obstáculo muy grande para la libre circulación de las mujeres y para sentirnos bien, cómodas y libres cuando transitamos el espacio público, ya sea en la calle o el transporte por ejemplo”, dice Sofia Botto, coordinadora de Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumala), en la ciudad de Rosario.

Una de las principales cuestiones para ponerle fin a esto es una ley contra este tipo de acoso. “Seguimos pensando la posibilidad de que se pueda aprobar la ley de acoso callejero nacional. Nos parece que esto es importante para poder debatir los Códigos de faltas; por ejemplo, que se contemple dentro del Código de faltas el acoso callejero, que se pueda denunciar, que eso tenga alguna consecuencia”, afirma Sofía.

 

Datos para tener en cuenta

Desde Mumala, se realizó un estudio de datos sobre 1300 mujeres en distintas provincias de la Argentina en base a “la violencia contra las mujeres en el espacio público”. Se consultó a mujeres de Buenos Aires, gran Buenos Aires y Mar del Plata, Salta, Mendoza, Rosario, Santiago Del Estero, Córdoba, Corrientes, Tucumán y Neuquén.

  • El 80% de las mujeres encuestadas se sienten inseguras al transitar el espacio público.
  • El 93% de las mujeres dijo haber sufrido acoso sexual callejero a lo largo de su vida.
  • El 77% prefiere ser acompañada a las paradas de colectivo o ser esperadas allí (porcentaje que se mantiene de manera uniforme en todas las provincias consultadas).
  • El 20% dice haber sufrido abuso (roces, manoseo) dentro del colectivo. Aumenta en Córdoba (37%) y en Buenos Aires (34%).
  • El 90% se mantiene en comunicación con un familiar cuando viaja en taxi.
  • De las mujeres acosadas, el 74% no denunció la situación durante el viaje.
  • El 30% fue acosada por el conductor del taxi. En Buenos Aires y Córdoba, el número llega al 25%.
  • El 100% refiere haber llevado adelante diferentes estrategias para sentirse más seguras en la vía pública, de forma consciente.

No hay que callar, no hay reprimirse. Es importante denunciar al tipo que nos acosa en la vía pública. Somos nosotras las que no tenemos que tener esa sensación de miedo mientras vamos de un lugar al otro, porque son ellos los que están fuera de la línea.

Salgamos a la calle y pongámonos los que se nos antoje. No se repriman, no se inhiban por el solo hecho de saber que nos van a decir algo por la calle. Quiero salir y mostrar mi escote, mis piernas, mi cuerpo. Mostremos, chicas, mostremos lo que tengamos ganas de mostrar, y ganémosle a ese hombre machista que siente que por gritarnos guarangadas es más hombre.

Ponete lo que quieras porque sos una mujer libre y porque hay que romper esa barrera. Ponete y salí a deslumbrar al mundo exterior.

 

#Reflexión: «No me hizo nada»

Hace unos días, presencié una situación asquerosa en la calle y no pude quedarme callada.

Un hombre mayor acosaba a una chica joven mientras ella trabajaba en la puerta de un centro comercial. Ella repartía folletos mientras este señor, a unos muy pocos centímetros de ella, se le insinuaba y le preguntaba cosas como “¿Tenés que estar acá todo el día, linda? Qué aburrido… ¿Sin que te acompañe nadie?” con un tono de voz desagradable.

La chica claramente estaba incómoda, se le notaba en la cara. No buscaba continuar esa conversación, pero ella misma me explicó más tarde que debe responder bien a quienes se le acerquen. Mientras que ella intentaba seguir trabajando, él insistía.

En un momento, le dio la espalda al señor para alcanzarle un folleto a una persona que pasaba y este la examinó de arriba abajo, con un gesto en el rostro que me revolvió el estómago.

Me acerqué a ambos y le pregunté a la chica si conocía a ese hombre y si necesitaba ayuda. Claro que recibí insultos por ser «irrespetuosa» y enfrentar a alguien de su edad, ya que él “solo estaba hablando con la señorita”. Cuando terminó de escupirme en la cara todo lo que tenía, se fue.

La chica me agradeció de corazón y, al final, con un poco de vergüenza, agregó: “Igualmente no me estaba haciendo nada”. Por un segundo, pensé que tal vez había exagerado, que ella no necesitaba mi ayuda. Y ahí fue cuando me enojé de verdad. Ese hombre la estaba incomodando, la estaba acosando mientras ella trabajaba, rodeados de muchísima gente que ignoraba la situación.

Un estudio realizado en 2016 por MuMalá y el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana evidenció que el 100% de las mujeres encuestadas había sufrido en algún momento de su vida una situación de acoso en la vía pública. El 84% de ellas había recibido bocinazos o silbidos, el 70% había sido víctima de comentarios sobre su aspecto físico, al 47% de ellas las siguieron y un 29% llego a ser víctima de tocamientos. (Acoso callejero: otra forma de violencia sexual)

Estamos tan acostumbradas al acoso callejero que este tipo de conductas no nos parecen extrañas, no nos enojan. No actuamos al respecto ni nos defendemos entre nosotras. ¿Será por miedo o vergüenza? Seguramente.

Es recomendable enfrentar al acosador, siempre y cuando la situación no vaya a ponernos en riesgo, pero ¿será posible que en ocasiones no reconozcamos la gravedad de la situación y veamos los “piropos” como algo inofensivo? ¿Será que no consideremos necesario intervenir ,ya que es algo «normal»?

Hay que ofenderse y estar alertas. Hay que eliminar el acoso callejero de nuestro escenario cotidiano. Es preferible ser “exageradas” y ayudarnos entre nosotras, siempre.

Es difícil ser feminista, incluso doloroso, porque la verdad siempre duele y ya una se cree que no le están haciendo “nada”.

Acoso callejero: otra forma de violencia sexual

Del 7 al 13 de abril, se ha celebrado la semana internacional contra el acoso callejero: otra forma de violencia machista que afecta a diario a millones de personas, principalmente mujeres, y que está totalmente naturalizada en nuestras sociedades. 

El Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile define el acoso sexual callejero como aquellas prácticas de connotación sexual ejercidas por una persona desconocida, en espacios públicos, como la calle y el transporte, o espacios semipúblicos, que suelen generar malestar en la víctima. Estas acciones son unidireccionales, es decir, no son consentidas por la víctima, y quien acosa no tiene interés en entablar una comunicación real con la persona agredida.

A partir de alrededor de los 12 años, las niñas comienzan a vivir situaciones de acoso sexual callejero que se extenderán durante el resto de sus vidas. Este tipo de comportamientos incluyen desde los llamados «piropos», comentarios obscenos o silbidos, hasta exhibicionismo por parte del acosador, persecuciones a la víctima e incluso tocamientos y agresiones físicas.

Un estudio realizado en 2016 por MuMalá y el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana evidenció que el 100% de las mujeres encuestadas había sufrido en algún momento de su vida una situación de acoso en la vía publica. El 84% de ellas había recibido bocinazos o silbidos, el 70% había sido víctima de comentarios sobre su aspecto físico, al 47% de ellas las siguieron y un 29% llego a ser víctima de tocamientos.

Gran parte de la sociedad, en su mayoría hombres, considera que los «piropos» son halagos, e insinúa que las mujeres que se quejan de esta clase de comportamientos están exagerando. Incluso se tiende a culpar a la víctima tanto por su forma de vestir, por las calles por las que transita, por los horarios en los que hace uso del espacio público o por si se mueve sola o acompañada.

Estas personas consideran que llamar acoso sexual callejero a lo que ellos entienden como simples comentarios es un despropósito, porque no son conscientes de la forma en la que estas acciones condicionan el día a día de las mujeres. El mismo estudio antes mencionado destacó que el 87% de las mujeres evita zonas oscuras o con poca gente, el 67% opta por rutas alternativas, el 63% busca salir acompañadas y el 51% altera su vestimenta con el objetivo de pasar lo más desapercibidas posible.

El Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile recomienda responder al agresor siempre que el entorno sea seguro y el agresor no amenace nuestra integridad física. Debemos mantener una actitud calmada, con respuestas asertivas, claras y potentes, adoptando una postura segura, mirándolo a los ojos y hablando fuerte y claro. Asimismo, siempre se recomienda denunciar las situaciones de acoso y en lo posible recoger pruebas del hecho, como grabaciones o fotografías, siempre que sea seguro para nosotras obtenerlas.

Pero cuando pensamos en cómo debemos reaccionar ante este tipo de acciones, resulta indignante ver como es la propia policía la que en ocasiones recomienda a las mujeres no enfrentarse a los acosadores, tal y como sucedió en el caso de Aixa Rizo, la joven que denunció a través de las redes sociales la situación de acoso que vivía por parte de unos operarios que trabajaban en su calle.

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires aprobó una ley que establece multas de entre 200 y 1000 pesos y entre 2 y 10 días de trabajo comunitario a aquellas personas que acosen sexualmente a otras en lugares públicos o privados de acceso público siempre que el hecho no constituya delito. Otros países también tienen sus propias leyes contra el acoso callejero, como Estados Unidos, que castiga con prisión los casos comprobados de hostigamiento sexual, o México y Perú, que también disponen de sus propios mecanismos legales contra el acoso sexual callejero.

El problema de este tipo de leyes, además de la dificultad que supone para una víctima de acoso callejero comprobar que ha sido acosada, es que, por si solo, el aumento de las penas no trae aparejada una reducción de los comportamientos que pretendemos modificar. De aquí la importancia de realizar fuertes campañas de educación ciudadana para concienciar al conjunto de la sociedad de que este tipo de prácticas son actitudes machistas que han de ser erradicadas.

Aquellas personas que sean testigos de acoso sexual callejero también han de pronunciarse, ya que de otro modo están siendo cómplices de la perpetuación de prácticas sexistas. Es importante que la ciudadanía entienda que el acoso callejero no forma parte de la libertad de expresión individual, ya que se está vulnerando de manera expresa el derecho al libre tránsito de las personas y nadie debe sentirse cohibido a la hora de utilizar los espacios públicos que nos pertenecen a todos.