Caso Thelma Fardín: cuando la Justicia actúa correctamente

Pasaron casi tres años desde que la declaración pública de Thelma Fardin sobre el abuso sexual que sufrió por parte de Juan Darthés se volviera un hito sin igual para el feminismo argentino. El caso de esta actriz tiene un triunfo excepcional y festejable ya que, el pasado 6 de abril, una fiscalía de Brasil presentó la denuncia formal contra Darthés. Son tres Ministerios Públicos Fiscales los implicados en esta causa y no deberíamos esperar menos.

El 11 de diciembre de 2018, nos enterábamos con una conferencia de prensa del Colectivo Actrices Argentinas del abuso sexual que había sufrido Thelma Fardín en 2009 por parte de Juan Darthés durante las presentaciones teatrales en Nicaragua de Patito Feo, la serie televisiva en la que trabajan juntes. Ella actuaba como amiga de la protagonista con 16 años de edad y él como padre de esta última con 45 años.

Declaración de Thelma Fardín, 11 de diciembre de 2018.

La respuesta de la Justicia

El hecho caló en el cuerpo social y el feminismo de una manera muy particular pero claramente el accionar de la Justicia y de organismos internacionales que respondieron ante la denuncia de Thelma, demuestran también una preocupación igual de especial. 

Como el hecho sucedió en Nicaragua, la denuncia de Thelma debió hacerse en ese país. La respuesta fue positiva y se pidió la extradición de Darthés en 2019 para juzgarlo en la corte de este país, junto con la Interpol. Según el código penal de Nicaragua la condena que le corresponde a Darthés es de 15 a 20 años en prisión. 

Sin embargo, el imputado se fugó hacia Brasil, donde se prohíbe la extradición de sus nacionales. Esta sugerencia fue propuesta por Fernando Burlando, abogado encargado de la causa de Darthés, ya que el abusador tiene doble nacionalidad y es oriundo de Brasil.

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Parecía que la causa iba a quedar trabada hasta que el pasado 7 de abril, a través de una nueva conferencia, Thelma Fardín junto con su nuevo equipo de abogades, Actrices Argentinas y Amnistía Internacional Argentina hizo público que una fiscalía de Brasil había presentado el día anterior una denuncia formal contra Darthés. Por ende, si un juez toma la causa en el futuro, el imputado será juzgado por la Justicia de Brasil por el hecho ocurrido en 2009 en Nicaragua. Es importante destacar que esta acción que llevó a cabo el Ministerio Público Fiscal de Brasil fue de oficio, lo que quiere decir que fue una iniciativa propia de este ministerio sin que Thelma Fardín o sus abogades lo impulsaran. 

El accionar de la Justicia de Argentina, Nicaragua y Brasil es alentador ya que el abogado de Thelma, Martín Arias Duval declaró para Télam que «el Ministerio Público Fiscal de Brasil decide promover la causa porque hay un pedido de extradición por parte de Nicaragua que mantiene la orden de captura. Además, la circular roja de Interpol sigue vigente»

La respuesta de la sociedad

El impacto de la primera conferencia de Actrices Argentinas en 2018 fue sin igual: el conmovedor video de Thelma contando el hecho y su final, donde se muestra todo el apoyo que tenía (y tiene) por parte de sus colegas y figuras públicas, fueron inspiradores. 

Luego de la conferencia de este Colectivo, reportamos un aumento de llamadas al 144, la línea de violencia contra la mujer y el aumento en un 1240% de las denuncias en la línea contra el abuso sexual infantil del Ministerio de Justica de la Nación.

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Además, el repudio público por Darthés cruzó fronteras cuando él se fugó hacia Brasil. Allí, el 21 de diciembre de 2018 lo recibió una manifestación de mujeres argentinas que residían en el país vecino, exponiendo con carteles la cara de Darthés y los hechos que él cometió.

Es importante resaltar, como dijo en su comunicado del 7 de abril el Colectivo de Actrices Argentinas, cómo el caso de Thelma es «la excepción y la regla» a la vez: la excepción, porque son muy pocos los casos que tienen apoyo social y judicial y, además, tal relevancia mediática. Pero también debería ser la regla, como dicen las actrices: «Hoy estamos acá, otra vez, para hacer pública esta victoria y corroborar que, a pesar de los innumerables obstáculos, este es un camino que para las mujeres y disidencias de América Latina no tiene vuelta atrás».

La relevancia del caso tiene que ver con las maneras en que pudo organizarse el Colectivo que respalda a Thelma Fardín -y a todas las denunciantes de Darthés- y la valentía que ella misma tuvo y tiene día a día para enfrentar esta exposición.

Es una inspiración para todas las personas que sufrimos abusos. Animarse a hablar sobre estas cosas es tan complicado que es igual de difícil ponerle palabras: el estigma y «la deslegitimación siempre están a la orden del día». La empatía y el poder escuchar sin intentar refutar o justificar a los abusadores son acciones que faltan en sociedades en las que estas temáticas recién ahora empiezan a ser preocupaciones públicas realmente.

Este es un caso que nos demuestra una manera eficaz de accionar de la Justicia pero que además pone en tela de juicio las formas en que se perciben socialmente estas declaraciones de abusos. Recién después de tres años, porque la justicia de tres países lo están afirmando y por las pericias psicológicas como fuente de prueba para este caso, se alcanza a juzgar a Darthés. Sin embargo, cuando esto no era así, se dudaba de la suficiencia de estas pruebas y lo que menos se necesita en estos casos es la templanza de una supuesta objetividad que de objetiva no tiene nada y responde a una construcción patriarcal de la justicia.

Los rastros de una violación se puede limpiar fácilmente y las lastimaduras en el cuerpo sanan. Pero lo que más cuesta curar son los traumas psicológicos. Que casos de violación no puedan prosperar porque no hay pruebas físicas es algo que necesita cambiar y este caso es la demostración de que eso es posible. 


Fuentes:


«Bombshell»: El comportamiento tóxico como regla natural

Incómoda, tensa y necesaria. Esta película pone en primer plano la normalización del machismo, el acoso y la coerción sexual en el trabajo. Sin escrúpulos, escena tras escena, se muestran situaciones hostiles contra las mujeres, que no pueden alzar su voz sin ser tratadas como «exageradas» y «complicadas». Sigue leyendo «Bombshell»: El comportamiento tóxico como regla natural

El olvido también es violencia: coraje con rostro de mujer

Fueron ignoradas por el poder e invisibilizadas por la sociedad, por los libros históricos y por el colectivo social. Sus voces fueron escuchadas por unxs pocxs pero sus roles fueron importantísimos. Es deber de todxs arrancarlas del olvido y hacer florecer su historia, porque como sostiene Alicia Reynoso, una de las enfermeras del hospital de guerra, la sociedad tiene una deuda con la mujer.

Entre la infinidad de artículos que circulan por las redes sociales y por los medios tradicionales de comunicación durante el 2 de abril, pocos hablan sobre las mujeres que, aunque estuvieron presentes en la guerra de Malvinas, fueron víctimas del olvido.  Se insertaron en un ambiente dominado por hombres y, aunque su trabajo fue esencial, sus nombres no se conocerían sino hasta tiempo después.

No es extraño, de hecho, que en la mayoría de los acontecimientos en donde tuvieron algún tipo de participación, las mujeres pasan a ser algo etéreo, casi invisible. Por eso, en busca de su papel en la historia a 37 años de uno de los eventos históricos más nefastos de la República Argentina, emergen las figuras de aquellas que se desempeñaron como enfermeras voluntarias e instrumentadoras quirúrgicas, que aún hoy luchan por el reconocimiento de su trabajo durante esa época oscura.

Como sostiene el portal Diagonales, a pesar de los obstáculos presentes respecto de las políticas de género, poder analizar este hecho histórico desde una perspectiva de género, distinguiendo el arduo trabajo no reconocido de un grupo de mujeres, es movilizador. Devolverles la voz, aunque sea un poco, propagando sus historias para que otrxs las conozcan.

Las seis voluntarias que abordaron el Rompehielos ARA Almirante Irízar y las 13 enfermeras integrantes de la Fuerza Aérea que trabajaban en el Hospital Reubicable de Comodoro Rivadavia pelean por su lugar como veteranas de la Guerra de Malvinas. En un constante trato con los heridos y a pesar de su inexperiencia, se encargaban de recibirlos y atenderlos no solo por heridas físicas sino también con contención emocional: ellas eran el primer contacto que los soldados tenían cuando salían de la zona de conflicto.

«Los que venían del infierno encontraban una mano cálida; hacíamos de madres, de hermanas, de amigas. Hasta a veces de cartero: nos daban notas y nos pedían por favor que las hiciéramos llegar a sus familias», narra una de las veteranas.

Entre libros y testimonios

Alicia Reynoso tenía 24 años cuando afrontó esa angustia desesperanzada, en aquel 1982 que parece tan lejano. Publicó un libro llamado Crónica de un olvido con el fin de narrar lo vivido y, en diálogo con El Teclado, sostuvo: «Levantamos la bandera de la visibilidad porque el olvido también es violencia».

«Las mujeres de la Fuerza Aérea no estamos atrás de un resarcimiento económico, no queremos plata. Esto es una cuestión de olvido y violencia. Casi nos borran de la historia y aunque nos negaron la posibilidad de mostrarnos, nosotras logramos darnos a conocer con nuestros testimonios y nuestra verdad.

Tenemos que recordar no sólo el 2 de abril. No se ama lo que no se conoce, así que tenemos la tarea de conocer nuestra historia para honrar a los héroes que tuvimos».

Es responsabilidad de la nación recordar su historia para resurgir esos hechos del pasado que cada vez se alejan más y que se necesitan cerca para volverlos vívidos.

La escritora Alicia Panero fue una de las pocas en contar la historia de las mujeres de Malvinas; una de las pocas en darles un lugar en la historia, que quedaría plasmado en casi 270 páginas. El libro fue publicado luego de una larga investigación sobre aquellas que desempeñaron un papel en la guerra del Atlántico Sur, tal como dice su biografía en la plataforma digital Bubok, donde se puede descargar el libro de manera gratuita.

Mujeres Invisibles, editado en 2014, les da un grito a las mujeres silenciadas, reúne los testimonios de las trabajadoras que tenían entre 15 y 30 años de edad cuando desempeñaron un papel crucial para la patria y que tuvieron que soportar la ignorancia histórica por tanto tiempo. Panero no solo encarna esa lucha por la visibilización, sino que también narra el maltrato y el acoso que sufrieron las mujeres por parte de los hombres en sus puestos de trabajo.

En las primeras páginas explica que el objetivo del libro es demostrar cómo pueden ser las mujeres luz donde solo hay sombra y oscuridad. Además, sostiene que son víctimas de un anonimato muy grande ya que no se las reconoce, cuestión aún más compleja para las civiles que fueron voluntarias o que vieron su vida en peligro por estar en la zona de guerra y que caen en un olvido aún más grande porque, como dice la autora, nadie se acuerda de lxs civiles después de una guerra.

«Las guerras dejan en la invisibilidad a las mujeres, y hacerlas visibles es un mensaje de paz, que aporta al diálogo permanente. Quien no esté preparado para superar las diferencias, no comprenderá desde donde se trabaja para la paz. Las escenas de combate se mencionan y describen tomadas de los propios protagonistas, a manera de vincularlas a las mujeres que se vieron afectadas por sus secuelas. No es este un libro de guerra, ni un diario de batallas. Es un trabajo basado en emociones, donde todos han perdido».

«La enfermera de guerra trasciende la batalla, porque queda frente a la esencia misma del ser humano que sufre. Sin banderas, sin territorio, humanitariamente. Es, por eso, forjadora de la paz».

«El fin de este trabajo ha sido siempre la esperanza de la visibilidad, difusión y conocimiento de hechos y personajes que no están en nuestro inconsciente colectivo. Hablar de veteranos de guerra debe incluir a aquellas que lo fueron, estuvieran o no dentro del teatro de operaciones. Porque la guerra, con sus amenazas, y sus heridos, se trasladó mas allá de las islas y el mar». (Panero, Mujeres Invisibles)

Esas mujeres fueron las Florence Nightingale argentinas, quien, como Panero relata, cobró atención durante la Guerra de Crimea por atender a los heridos y pasearse durante la noche con el farol que la identificaba y que le dio el mote de «la dama de la lámpara».

Por esos tiempos, en conflictos armados el rol de la mujer era el de madre, hermana y viuda; durante la Primera Guerra Mundial, comenzaron a incorporarse a los ejércitos como enfermeras y recién durante la Segunda Guerra Mundial se insertaron en la vida productiva (debido a que los hombres se encontraban en combate) y en las Fuerzas Armadas.

«Claudia Patricia Lorenzini, Nancy Stancato, María Graciela Trinchin, María Alejandra Rossini, Nancy Castro, Liliana Castro, y Cristina Battistela –en su mayoría oriundas de la Provincia de Buenos Aires– eran estudiantes de enfermería con 15, 16 y 17 años de edad en las épocas en las que prestaron servicio». (Panero, Mujeres Invisibles)

Hace algunos años, estas enfermeras fueron declaradas «Forjadoras de la Paz» por la ministra de Gobierno bonaerense y presidenta del Consejo Provincial de las Mujeres, Cristina Álvarez Rodríguez, en el marco del programa «Gestión de Paz-Cultura de Paz», a partir del cual se declara como Forjadorxs de Paz, a personas que por sus valores, vida, y/o trayectoria han transformado su vida y la de lxs demás.

«Estas mujeres, que dieron todo de sí en la asistencia a los soldados heridos durante la guerra, no han sido mencionadas en el relato de la historia de Malvinas. Por eso es importante que, en la víspera de cumplirse un nuevo aniversario del desembarco argentino en las islas, destaquemos su trabajo y su entrega». (Álvarez Rodríguez)

El horror dentro del horror

Pero las cosas no siempre fueron pacíficas y entre las historias jamás contadas por el horror bélico, algunas encarnan los abusos y los maltratos por parte de superiores. El teniente José Italia y el suboficial José Vivanco son los principales acusados. Claudia Patricia Lorenzini fue de las primeras en relatar su dolor. En 2015, Infobae publica los siguientes dichos de Lorenzini:

«“Aspirante Lorenzini, venga, vamos a ir a que se pruebe su uniforme de gala”, me decía [el teniente Italia]. Y yo me subía a su cupé Fiat celeste. “Vos me gustas. Yo te voy ayudar, pero no tenes que decir nada a nadie porque te puede costar la baja. Además no te creerían”, me advertía. Y sus manos comenzaban a meterse debajo de mi chaqueta de fajina. Luego me besaba y llevaba mi mano a su miembro, mientras acariciaba mis entrepiernas. Sucedió muchas veces.

Para mí era parte de la instrucción. ¿Mis sentimientos? No sé, parecía un juego, pero puedo aseverar que me causaba temor. Cada vez que él aparecía me producía un gran malestar, me irritaba su presencia. Mis manos se abrían y cerraban con mucha transpiración, me mordía los labios. Cuando comenzó la guerra solía verme con él, pero con menos frecuencia. Me ha llevado al Bahía Paraíso a mí sola para trasladar algo, y de paso aprovechaba».

Cuando estos hechos llegaron a oídos de sus superiores, la dieron de baja con una amenaza:

«Ojo con contarle esto a alguien, ni a su madre, o con contar lo que vio con respecto a los heridos o a los simulacros. Recuerde que sabemos dónde están sus familiares, qué hacen y dónde trabajan. También recuerde que el servicio de contrainteligencia va a estar permanentemente detrás suyo. Bueno, ahora firme estos papeles».

Otro testimonio desgarrador, anónimo, remarca el horror de otra veterana que, poco después, tuvo que pedir la baja:

«Es una pesadilla que me llevaré a la tumba. Prefiero olvidar y tratar de pasar lo mejor posible lo poco o mucho que me queda de vida. (…) Me vejaron y violaron en la habitación donde se guardaban las valijas y los bolsos que teníamos cuando ingresamos».

Por otra parte, Silvia Barrera, una de las seis instrumentadoras quirúrgicas que, a sus 23 años, se encontraba en Puerto Argentino, relata a Tiempo Sur que ellas se ofrecieron como voluntarias porque en Malvinas sólo había enfermeros militares varones. Cuando el hospital comenzó a colapsar, ellas se hicieron eco del pedido específico de instrumentadoras quirúrgicas y decidieron ser pioneras, enfrentándose a un ambiente machista en el que no eran bien vistas.

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Ilustración: Miguel Castro Rodriguez. Guión: Armando Fernandez.

«Tuvimos que comprender el shock de los hombres de ver a las mujeres vestidas de militar. Los marinos tienen una cábala, que las mujeres no tienen que subir a bordo de los barcos, y entonces cuando se abrió la puerta del helicóptero y vieron que éramos mujeres comenzó una discusión, decían que lo iban a bombardear.

Cuando fuimos a Río Gallegos nos encontramos con que no sabían que llegábamos, no nos esperaba nadie, los hombres que había ni siquiera nos contestaban cuando les preguntábamos. Nos miraban vestidas de verde con cara de asco y ni siquiera nos preguntaban por qué estábamos ahí, nos ignoraron totalmente».

Sin embargo, también afirma que esta situación cambió cuando, con el pasar de los días y el desarrollo de su trabajo, comenzaron a ser un pilar emocional y un sostén para los soldados. Hoy, sigue luchando por su reconocimiento:

«Todos conocen al Jefe del Estado Mayor del Ejército, hablan de los veteranos y del que tiene más condecoraciones. Yo soy la mujer más condecorada de las Fuerzas Armadas en la historia y si vos preguntas quién es Silvia Barrera, nadie lo sabe. Imaginate que, si a la gente le cuesta saber quién es el soldado más condecorado de Malvinas, quién es la mujer menos saben».


Enfermeras, instrumentadoras quirúrgicas, voluntarias y aspirantes de enfermería que sufrieron y padecieron la guerra, y fueron el sostén principal para los soldados, la cara amiga después del combate, y actuaron de madres y hermanas, para ustedes el olvido NUNCA MÁS.


Fuentes

Por qué no denuncié

A un año del nacimiento del movimiento #MeToo, surgió en Nueva York un nuevo proyecto: #WhyIDidntReport. Sus creadores, los estudiantes Ha Jung Song y Bowook Yoondos, se plantearon como parte de un trabajo escolar conocer las razones que llevaron, y llevan, a tantas personas a no radicar una denuncia contra su abusadorx o acosadorx.

El movimiento se inició a partir de las varias denuncias de acoso sexual que salieron a la luz en contra del candidato a la Corte Suprema de los Estados Unidos, Brett Kavanaugh. Frente a estas acusaciones, el presidente Donald Trump intervino, afirmando que si las acciones de Kavanaugh hubieran sido realmente graves, se hubieran presentado cargos antes.

Cientos de víctimas de abuso condenaron los dichos de Trump y, con el correr de la semana, distintos folletos comenzaron a aparecer pegados en columnas, estaciones de subte y otros lugares de la ciudad neoyorquina.

por que no denuncie
Gothamist

«Por qué no denuncié»: ¿qué es lo que te detuvo?
Así se presentan las notas, que invitan a escribir las razones, sacar una foto y compartirla mediante Twitter utilizando #WhyIDidntReport, o mediante las historias de Instagram etiquetando al usuario @Whyididntreportit.

En entrevista con Gothamist, Ha Jung Song sostuvo:

«La gente está asustada. Solo quieren a alguien que escuche, que les crea, que les de coraje y apoyo. No solo están compartiendo su experiencia; también comparten sentimientos, su enojo. La gente está asustada, pero ya no quiere esconderse».

La repercusión del hashtag fue viral, no solo vía Twitter sino también a través de Instagram, donde cientos de personas se conectaron para contar sus historias. Además, varias reconocidas actrices decidieron participar de la convocatoria, que se convirtió en un movimiento solidario para lxs sobrevivientes de abuso sexual.

La modelo inglesa Cara Delevigne compartió un tuit en el que relató la vergüenza y la culpa que sintió tras su encuentro con Harvey Weinstein. Sin embargo, expresó que en su momento prefirió no arruinar públicamente la vida del productor, a pesar de él hubiera arruinado la suya.

Ashley Judd también contó su historia:

«La primera vez que sucedió tenía 7 años. Se lo conté a los primeros adultos que encontré y dijeron: «Oh, él es un buen hombre, no lo hizo a propósito». Entonces, cuando me violaron a los 15, solo se lo conté a mi diario. Cuando un adulto lo leyó, me acusó de haber tenido sexo con un hombre mayor».

Sarah Hyland, actriz de la reconocida serie Modern Family, escribió:

«Era un amigo. Era la noche de año nuevo de mi último año de escuela. Todxs estaban borrachos. Él se metió en el baño en el que yo estaba. Esperaba que todo hubiera sido un sueño, pero mis medias rasgadas la mañana siguiente probaron lo contrario. Pensé que nadie me iba a creer. No quería que me llamaran dramática; después de todo, yo no dije que no. El shock puede hacerle eso a una persona».

 

 


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Fuentes

No se callan más en el CNBA

Las egresadas del CNBA entraron altivas, serias, con mucho para decir, y comenzaron un discurso histórico. Pusieron de manifiesto lo que ocurrió en uno de los colegios públicos más prestigiosos de Buenos Aires.

Además, con un discurso aplaudido de pie, las feministas y las disidencias nos recordaron lo que ocurría (¿o tal vez sigue ocurriendo?) en escuelas de todo el país. Vinieron a recordarnos la violencia que normalizamos sobre todo las mujeres, las lesbianas, los gays, lxs que no toleran que la norma y la regla sean impunes, machistas y misóginas.

«Somos un grupo de mujeres y disidencias egresadas del turno mañana 2016. Venimos a denunciar la violencia institucional ejercida y avalada por la comunidad educativa hacia nosotres». Así empezaron su discurso, que denunciaría acosos y abusos perpetrados por quienes se suponía debían ser sus educadores, personas con diferentes cargos dentro del  colegio.

En el relato se incluyen fechas y maneras, y se describen las situaciones que vivieron a lo largo de sus años dentro de la institución. Años, por cierto, durante los que todas las personas van descubriendo su sexualidad y sus formas de relacionarse, donde forjan una identidad que ante cualquier acoso o abuso se ve violentada, vapuleada, y cuyas consecuencias pueden hacer estragos en la vida adulta y, por supuesto, en la adolescencia misma.

Resulta que no asombra lo que relatan les egresades del Nacional, sino que recuerda y saca a la superficie todo los que hemos callado como sociedad, como alumnes no solo de la escuela sino también de la facultad, y como parte de espacios no académicos. Ahí está el machismo, haciendo estragos.

Ahí hay adultes, niñes y adolescentes que sostienen años y años de historia patriarcal, heteronormativa, en promoción de la buena moral y las buenas costumbres. Promueven todo lo que quedó añejo y hacen que el paso por lugares de formación, que debieran ser espacios en donde cada alumne pueda expresarse sin miedo, se convierta en una carrera de obstáculos para la cual hay que aprender a defenderse, a cuidarnos entre todes les que deseamos espacios sin violencia, con igualdad, contención e inclusión.

Las autoridades denunciadas por las alumnas del Nacional amenazan con iniciarles acciones legales. Además, se les cuestiona por qué no denunciaron ante la oficina de Violencia de Género del CNBA. Lo que Ema Graña (quien comienza el discurso) explica es que querían resignificar la forma de volver a la escuela. Como no fueron escuchades cuando hablaron sobre el tema, tomaron esta acción en la entrega de diplomas.

Este colectivo denunció en el discurso que estas acciones que describen de acoso, homofobia, violencia y abuso eran también sabidas por sus compañeros varones, y nombraron al rector Gustavo Zorzoli como principal responsable y encubridor. Acompañando a las tres oradoras estuvieron mujeres, lesbianas, gays y trans que sostenían carteles con leyendas como «Son opresores y testigos», «Exigimos que nos escuchen», y «El colegio es responsable».

Las pibas se pusieron los pañuelos y salieron a defenderse. Las agrupaciones feministas y otros sectores de la sociedad celebramos con orgullo su discurso, que se animó a tomar la palabra. Las pibas perdieron el miedo, como todes nosotres, y empiezan a caer las formas de hacer, las instituciones, los hombres que en todos los ámbitos se creían superiores o intocables. No hay más chances.

 

 

 

¿Quién está del otro lado?

El Internet, las redes sociales y la tecnología son armas de doble filo. Si bien tienen aspectos positivos en cuanto nos permiten acceder a las nuevas informaciones, comunicaciones e imágenes, entre otras cosas, también cuentan con un lado opuesto negativo.

Hoy todo está al alcance de la mano: se puede acceder a cualquier cosa desde cualquier punto del mundo, a cualquier hora, en cualquier momento, a cualquier edad… y esa quizás sea la característica más preocupante. Desde que son pequeñxs, lxs niñxs tienen acceso a diferentes formas de conexión.

A través de videos en Youtube, juegos, textos para leer en línea y plataformas de mensajería, entre otros, se enfrentan a una posible amenaza de la que muchas veces no se tiene información.

“Hablá con tus hijxs, antes de que otrx lo haga” es lema con el que se presenta Grooming Argentina, el portal que busca ayudar, concientizar y evitar engaños cibernéticos. La ONG está conformada por un grupo multidisciplinario, enfocado en tratar de erradicar este tipo de acoso cada vez más frecuente.

Grooming (child-grooming/internet grooming) es un término que corresponde al delito de ciberacoso o acoso virtual. En general es la antesala a un abuso sexual físico (por lo que algunxs lo traducen como “engatusamiento”), y describe las prácticas que ciertos adultos realizan de manera virtual para ganarse la confianza de lxs menores de edad y lxs adolescentes.

Estas relaciones de supuesta amistad se pueden generar fingiendo empatía, cariño e incluso engañándolxs con una identidad falsa. Aunque casi siempre se busque atraer a menores, lxs adultxs también pueden caer en la trampa.

Lo principal de la cuestión es el magnetismo que generan lxs mayores sobre los niñxs. Se produce un vínculo muy peligroso de sujeción o manipulación, del cual lxs menores no son conscientes. Los casos se relacionan con la pederastia, el abuso y la pornografía infantil: la mayoría de las veces, lxs adultos buscan recibir imágenes de lxs chicxs. Por ello, uno de los elementos con los que hay que tener cuidado es la webcam.

 

No hay una única forma de establecer contacto con menores, pero los patrones generales indican que lxs adultxs buscan establecer un lazo emocional con lx niñx fingiendo ser otrx niñx, para evitar inhibiciones. La finalidad suele ser concretar un encuentro, que puede terminar en un caso de abuso sexual.

Una vez establecido el contacto, es fácil conseguir los datos y la información personal de lx niñx en cuestión. Lx acosadorx intenta generar el encuentro físico mediante dos maneras: la seducción o la provocación, con el intercambio de imágenes de contenido sexual que luego utiliza para chantajear a lx menor; y mediante el engaño, haciéndose pasar por alguien de interés para lx menor, alguien con quien le gustaría encontrarse.

Hay formas de prevenirlo, formas de detectarlo y formas de denunciarlo, porque el grooming constituye un delito penal. La ley 26.904, sancionada el 13 de noviembre de 2013 e impulsada por Argentina Cibersegura, sostiene que:

“Será penada con prisión de tres meses a dos años la persona mayor de edad, que por medio de comunicaciones electrónicas, telecomunicaciones o cualquier otra tecnología de transmisión de datos, le requiera de cualquier modo a una persona menor de trece años, que realice actividades sexuales explícitas o actos con connotación sexual o le solicite imágenes de sí misma con contenido sexual.

En la misma pena incurrirá la persona mayor de edad que realizare las acciones previstas en el párrafo anterior con una persona mayor de trece y menor de dieciséis años, cuando mediare engaño, abuso de autoridad o intimidación”.

Para más información sobre cómo llevar a cabo una denuncia, hacer click aquí.

La Policía de la Ciudad afirma que lo principal es prestar atención al comportamiento de lxs menores: si aumentan o disminuyen el uso de los dispositivos electrónicos, si muestran respuestas emocionales frente a la pantalla, si ocultan la pantalla cuando hay adultxs alrededor, si evitan situaciones sociales, si se vuelven retraídos o se deprimen.

Las formas de prevenirlo son dialogando con lxs menores, evitando que compartan información personal, utilizando herramientas de control parental, previniendo y educando sobre los peligros que puede ocasionar el relacionarse con alguien desconocido.

También es de ayuda colocar el dispositivo con conexión a Internet en un espacio común de la casa, en donde lxs menores no estén solxs, así como cuidarse del malware y los virus que intenten quebrar la seguridad de la computadora para robar datos personales.

En caso de comprobar que efectivamente su hijx está siendo acosadx por alguien, no debe borrar ningún contenido del dispositivo. Todos los datos y las imágenes sirven y serán utilizados como pruebas. Saque fotos y capturas de pantalla para almacenar todo en otro dispositivo, como medida de seguridad. No denuncie el perfil de lx acosadorx en las redes sociales, ya que si el usuario es bloqueado se puede perder información.

Quien quiera denunciar un caso de grooming deberá presentarse en una comisaría o fiscalía, aunque también puede hacerlo de manera online, en Ministerio Público Fiscal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, o llamando al 134 o al 0800-3334-7225.

 

Recientemente fue detenido un jornalero de 34 años en Larroque, provincia de Entre Ríos, acusado de grooming. No solo tenía una orden de restricción que le impedía acercarse a la casa de una menor a quien ya había acosado, sino que al momento de allanar su casa se encontraron videos de alto contenido sexual y prendas íntimas de niñas.

Para evitar casos como este, la organización Grooming Argentina decidió crear la aplicación virtual GAAP con la que se puede realizar una denuncia apretando solo un botón, que redirige al Whatsapp de la institución, disponible las 24 horas. GAAP permite denunciar el acoso sexual en Internet de forma instantánea, ágil, segura y en tiempo real.

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Imagen Yahoo

Mientras se contiene a la víctima, se ejecuta un protocolo para radicar la denuncia ante la justicia. Además, brinda la opción de denunciar anónimamente.

GAAP logra que las acusaciones puedan realizarse desde cualquier punto del país, y permite que sean atendidas en el momento y de manera confidencial.

Se puede descargar tanto en Google Play para usuarios Android como desde App Store para usuarios de iPhone.

 

Según el portal La Nueva, el presidente de Grooming Argentina, Hernán Navarro, sostuvo:

“Tenemos muchos casos de chicos que envían fotos o videos y les da vergüenza decir lo ocurrido. También hay gente que observa o detecta cosas extrañas en las redes y las informa.

Cuando lanzamos Grooming Argentina, habíamos puesto en funcionamiento un 0800, pero nos dimos cuenta que la mayoría de las denuncias eran realizadas por los chicos y no por los padres. Por un lado, eso nos dio la pauta de que había un cortocircuito en el diálogo entre ambas generaciones. Por otro, nos dimos cuenta que ese teléfono no lo iban a usar y establecimos una línea de WhatsApp, que ahora profundizamos con la aplicación.

El grooming es un delito de acción pública a diferencia de los hechos contra la integridad sexual, que son de instancia privada. Nosotros denunciamos y lo dejamos para que la justicia investigue”.

Organizaciones como Grooming Argentina y Argentina Cibersegura, impulsan campañas y ofrecen charlas, así como la posibilidad de donar para sumarse a la causa, participar como voluntario y acceder a materiales tanto para niñxs, y adolescentes como para adultxs.

El contacto con las diferentes instituciones se puede realizar mediante todas las redes sociales, y también mediante sus propios sitios web.

Grooming Argentina

  • Ubicada en Juan Francisco Segui C1425 (Buenos Aires). Aquí se toman denuncias y se brinda asistencia las 24 h. 
  • Teléfono: +54 9 11-2481-1722
  • Mail: contacto@groomingargentina.org
  • Instagram
  • Facebook
  • Twitter
  • Youtube

Argentina Cibersegura 

  • Ubicada en Juan Díaz de Solís 1270, 2do piso, Vicente López.
  • Teléfono: +54 (11) 2150 – 3797
  • Mail: info@argentinacibersegura.org
  • Instagram
  • Facebook
  • Twitter
  • Youtube

 


Fuentes

Cuando denunciar es delito

Las mujeres de Corea del Sur son víctimas de un sistema desigual, paralizador e intimidante. A pesar de los progresos alcanzados tanto a nivel económico como tecnológico, en lo social sigue siendo un país de índole patriarcal, donde el 52% de las víctimas de asesinato son mujeres y donde denunciar puede convertirse en un arma de doble filo.

Según el portal español El Mundo, en el país asiático una persona puede ser juzgada incluso si ha dicho la verdad, por manchar la reputación de otra. Un caso reciente conocido es el de una oficinista, cuya identidad se resguarda bajo la letra “D”, que presentó una denuncia en la que afirmó haber sido violada. Frente a esto, su agresor contraatacó bombardeándola con querellas.

Las estrictas leyes contra la difamación provocan que decir la verdad pueda ser considerado un delito. La Vanguardia expuso que «D» fue sometida a numerosas preguntas por parte de un investigador sobre “sus intenciones de destruir la vida de un joven prometedor”, e incluso los fiscales fueron alentados a no acusar al joven.

«D» renunció a su trabajo y querelló contra la policía, contra la fiscalía y contra el mediador del gobierno encargado de los derechos humanos para lograr que su caso avanzase frente a las numerosas denuncias y los acosos del agresor y sus familiares.

“Presentó querella tras querella contra mí, acusándome de difamación, de insultos, de perjurio, de intimidación e incluso de acoso sexual. Durante meses no pude comer. No podía dormir, tenía la impresión de estar sumida en un pantano del que no saldría nunca”. – “D”

Aunque el caso de “D” fue “resuelto” con solo dos años de cárcel a su agresor, estas situaciones no son inusuales: un número creciente de agresores sexuales utilizan este sistema en su beneficio, para obligar a las victimas a callar o retractarse. Presentar una denuncia en la comisaría no es motivo de difamación, mas sí lo es hablar en público, y si la justicia lo decide, la victima puede ser juzgada por falsa acusación.

“Todo el sistema tiene un efecto paralizador sobre las mujeres. Muchos agresores usan abiertamente la amenaza de querella para intimidar”. – Seo Hye-Jin,(Asociación de Abogadas Coreanas).

Cho Jae-Yeon trabaja para el Teléfono Rojo de las Coreanas, y asegura que muchas víctimas no se dan a conocer porque sostienen que no podrían soportar ser investigadas ni arriesgarse a una eventual condena, como si no hubiesen sufrido suficiente ya.

En caso de denunciar, la víctima debe demostrar que opuso resistencia al momento del ataque, porque la violación se define como el resultado “de la violencia o la intimidación” y no de la ausencia de consentimiento. En el pasado, se desestimaron varios juicios por violación porque las víctimas “no se resistieron lo suficiente”.

Pese a todas estas situaciones, gracias al movimiento MeToo, cada vez son más las que se animan a denunciar a figuras importantes del campo de la política, el arte y la religión, entre otros.

 


Fuentes

Compañera, yo te creo

Fotografía de portada: Mara Fredes

Hacerle una entrevista a Karen Maydana fue una experiencia muy amena para mí. Ella tiene 23 años, se desempeña como fotógrafa para el sitio web Rock and Ball y está cursando el ingreso para el Profesorado de Historia en la UNTREF.

Acordamos encontrarnos a las dos de la tarde en la estación de Ramos Mejía. Ella llegó puntual, me esperó en las escaleras a la salida del andén y me recibió amablemente (aún cuando quien escribe se presentó media hora después del horario pautado).

En camino al lugar donde íbamos a comenzar la entrevista, Karen me comentó sobre su profesión como fotógrafa: toma fotos en conciertos de rock y nunca deja de llevar su cámara cuando asiste a manifestaciones por Derechos Humanos o causas feministas, para retratar todo lo que percibe en las multitudinarias convocatorias.

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Karen en el #8M – Vía Instagram

Cursó la primaria y la secundaria en el colegio San José Obrero de Caseros, situado a pocas cuadras de su casa. Su mamá y sus tres hermanas mayores también realizaron sus estudios en el mencionado instituto, el cual está ubicado al lado de la parroquia homónima.

Los recuerdos de su infancia y su adolescencia están cargados de imágenes de angustia, pensamientos suicidas y dificultad para relacionarse con los demás. Frente a esta situación, empezó a realizar tratamiento psicológico y psiquiátrico a los 13 años.

Su persona y su vida sufrieron una transformación radical luego de que el cura de la parroquia de su colegio, Carlos José, abusara sexualmente de ella en la confesión previa a su primera comunión.

 


Escritura Feminista: Hay un punto de giro en tu vida cuando te encontrás en una situación de abuso dentro de la parroquia del instituto San José Obrero. ¿Qué edad tenías cuando ocurrió esto por primera vez?

Karen Maydana: Tenía nueve años. Quiero aclarar que la parroquia está al lado colegio, es decir, dentro del colegio hay comunicación con la iglesia (que se llama San José Obrero, como la escuela). No es que esté aislada. Yo sufrí mi primer abuso en la parroquia, en un banco de la iglesia, cuando tenía nueve años durante la primera confesión para tomar mi primera comunión, a manos de Carlos José.

E.F.: ¿Qué hiciste después de que pasara esto? ¿Se lo contaste a alguien? ¿Cómo te afectó personalmente? ¿Te angustió, lo tomaste como algo natural de parte de una autoridad?

K. M.: Empecé a tener recuerdos de eso recién a los dieciséis años. Tuve una suerte de bloqueo mental, los primeros recuerdos que tenía eran de su cara y de él tocándome la pierna derecha, pero no me acordaba mucho, sólo sabía que esa imagen me hacía sentir mal, me hacía sentir rara.

Lo seguía viendo porque él era amigo de toda la comunidad de la iglesia y del colegio, nos veíamos hasta en los cumpleaños de mis compañeras. Fue mucho el tiempo que lo seguí viendo, incluso de grande, y me causaba asco, rechazo; me daba miedo y no entendía por qué.

Cuando fui más grande, cuando tuve mis primeros contactos en cuanto a relaciones sexuales con varones, empezaron a venir los recuerdos.

E.F.: ¿Estabas sola con él en el confesionario de la iglesia cuando ocurrió?

K. M.: No, no estaba sola. La iglesia tiene muchos bancos, yo estaba en el de adelante de todo y él estaba ahí, al lado mío. También se estaban confesando mis otros compañeros, pero nadie vio nada.

E.F.: ¿Ocurrió más de una vez?

K. M.: Sí. En mi declaración judicial describí tres hechos, todos de la misma época. El tercero lo recordé hace poco y no sé si habrá pasado más veces, hubo mucho contacto con él. Todas las chicas de ese colegio tuvimos mucha relación y contacto con él.

E.F.: ¿Conocías compañeros o compañeras que hubiesen estado en una situación parecida antes de lo que te pasó a vos?

K. M.: No. En ese momento lo teníamos todos naturalizado. De hecho, vos le podés preguntar a cualquier persona y todos se lo veían venir, pero nadie dijo ni hizo nada. Por eso también el colegio y los maestros son cómplices, y la iglesia es responsable. Pero no, no sabía de ningún caso en aquel entonces.

E.F.: ¿Qué decidiste hacer? ¿Se lo contaste a alguien, les dijiste a tus papás?

K. M.: Cuando me vinieron los recuerdos me quise suicidar. Desde los trece años sufrí depresión. Toda mi vida, desde los nueve años, tuve problemas con mi cuerpo. Me cortaba y no entendía muy bien por qué. Cuando empecé a tener los primeros recuerdos, a los dieciséis, tuve el intento de suicidio.

Nunca se lo pude contar a nadie, hasta ahora. Recién el año pasado pude contarlo y a la semana hice la denuncia penal.

E.F.: ¿A quién se lo contaste?

K. M.: Primero se lo conté a dos amigas, en junio del año pasado. Y en julio se lo conté a una de mis hermanas para que me ayudase a contárselo a mi mamá. Al otro día nos sentamos y se lo conté. Ese fue el momento más difícil de mi vida. Después, sí, se lo conté al resto de los integrantes de mi familia.

E.F.: ¿Cuál es la situación actual del colegio? ¿Reconocen que el cura cometió estos abusos?

K. M.: Cuando nosotras hicimos la denuncia, el colegio no se comunicó con nosotras. No sabíamos nada, no recibimos apoyo, nada.

Actualmente, desde que se hizo público el caso, a los alumnos se les prohibió hablar del tema. La iglesia sí ya lo venía encubriendo y no sorprende, pero el colegio actuó peor porque se supone que es gente que yo conocía, que era como mi segunda casa, ¿no?

Cuando me quise suicidar, fueron los primeros en estar, y ahora que saben que yo me quise suicidar por algo que pasó ahí, que ellos tienen la culpa, no… No hicieron nada. Y encima prohíben a los alumnos hablar del tema, eso es gravísimo.

E.F.: ¿Cuál es la situación legal del cura ahora? ¿Él está preso?

K. M.: Sí. Cuando se hicieron las primeras denuncias penales él estaba prófugo, durante meses no pasó nada. El 10 de julio del año pasado salieron las dos primeras notas de las chicas en la televisión y eso apresuró un poco las cosas a nivel judicial, sacaron un pedido de captura.

El día 14 de julio se entregó en la fiscalía de San Martín con dos abogados. Ahora se encuentra en prisión preventiva. Estamos esperando porque es un proceso largo pero ya han pedido la excarcelación y están haciendo todo para largarlo. No podemos permitirlo.

 

E.F.: ¿Cómo te sentís en relación a los otros casos que salieron después que el tuyo? ¿Qué herramientas creés que pueden ayudar a otras chicas que hayan pasado por lo mismo y que no se sientan listas para contarlo?

K. M.: Yo me enteré hace poco de esto y me parece que está bueno contarlo porque necesitamos apoyo: hay un par de chicas que se quieren bajar del caso porque ya no soportan cómo nos trata la justicia, no lo soportan. Es difícil, la justicia es muy machista.

En mi caso, en la primera pericia me preguntaron si yo había hecho algo para provocarlo. ¡Yo tenía nueve años cuando me abusó! Me puse a llorar cuando me preguntaron eso. No sé si siguen un protocolo o qué, pero son muy fríos y siguen esa cultura de la violación de: “Bueno, pero si te pasó esto es porque vos hiciste algo”.

No, no, no hice nada. Yo, más o menos, me la banqué. Pero a otras chicas les hicieron otras preguntas feas, muy chocantes e inapropiadas. Tuvieron que cortar una de las declaraciones porque la denunciante se puso muy mal, la familia se enojó con el abogado del cura por lo inadecuado de lo que le dijo. Me enteré que otras chicas tuvieron que empezar de nuevo el tratamiento psiquiátrico y psicológico.

Nos ponen muchas trabas, tiene sentido que haya chicas que se quieran bajar. El tema es que sería un problema muy grave que se bajaran porque se desestabilizaría todo este proceso, toda la causa que veníamos encaminando.

Me tomo la responsabilidad de salir a visibilizarlo porque creo que soy la más entera, dentro de todo, de todas. Para que nos ayuden y dejen de cuestionar a las víctimas. Para nosotras no es divertido ir a la tele y decir: “Che, mirá, ¡abusaron de mí!”. Nadie se quiere hacer famoso por eso y es cruel sostener ese tipo de miradas.

Por eso entiendo a las chicas que no quieren salir a hablar, porque tenemos toda una sociedad detrás que no nos apoya. Si querés hablar te tenés que, encima, preparar para todos los comentarios de mierda que vienen atrás: “No, estás mintiendo”, “¿Estás segura? No sé si fue así”. La gente, en vez de escuchar, opta por cuestionarnos y apoyar al abusador, haciéndose cómplices.

Las entiendo, pero me gustaría decirle a cualquier chico o chica que haya pasado por una situación de abuso o violación que no se lo guarde, que lo hable. Por más que gran parte de la sociedad perpetúe la cultura de la violación, sea machista o esté en una situación de alineación en relación al patriarcado, van a encontrar un grupo, aunque sea pequeño, de gente que los va a apoyar como yo lo encontré ahora.

Recibí un montón de comentarios (para que te des una idea: chicas que eran amigas mías en la secundaria fueron a declarar a favor de él). Imaginate el dolor que me significó eso. Hoy, al final del día, no me interesa esa gente porque quien está sanando soy yo. Yo pude hablar, yo salgo a dar la cara y soy yo la que se está recuperando.

Hablar te ayuda a sanar, eso es lo que yo rescato.


Si fuiste víctima de abuso sexual por parte del cura Carlos José, podés acercarte a la fiscalía de San Martín, unidad 14 (Villa Ballester) o comunicarte con Karen mediante sus redes, Twitter e Instagram.