#BastaDeVenenos: los agrotóxicos afectan la salud humana

Esto se sabe hace mucho. El investigador argentino Andrés Carrasco advirtió sobre los efectos adversos del glifosato. Ese estudio le valió amenazas, persecuciones y el descrédito público de pares, medios de comunicación y el entonces ministro de Ciencia, Lino Barañao. 

Desde entonces, más de 200 estudios de universidades públicas argentinas han probado que la utilización de agrotóxicos es perjudicial para la salud de las personas, del ambiente y de la biodiversidad. Muchos de ellos investigaron los efectos del glifosato (que es el más utilizado), pero también de la atrazina, el endosulfán y el 2-4D. A pesar de todas estas pruebas, Argentina es el país que más litros de herbicidas utiliza por persona por año: 12 litros por habitante. 

Estos elementos tóxicos llegan a nuestros cuerpos a través del agua y el aire, pero también están presentes en el suelo, el algodón (que luego se transforma en productos de uso diario como pañales o toallitas) y, según el Senasa, hasta están presentes en nuestros alimentos. En 2019, se registraron 80 tipos de agrotóxicos en diferentes frutas y verduras, esas que llegan a nuestros hogares y estómagos a diario. Además, hay que destacar que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó al glifosato como «probablemente carcinogénico para los seres humanos». 

Quizás te interese leer: «¡Alerta! Trigo transgénico en Argentina», por Estefanía Arena

Descripción de imagen: fotografía en blanco y negro de un campo arado sin cultivos visibles, cubierto por la neblina causada por la pulverización de agrotóxicos. De costado, una persona de pie se inclina hacia adelante con el rostro y toda la piel cubierta de ropa mientras arrastra una saco lleno entre las piernas.
El costo humano de los agrotóxicos, por Pablo E. Piovano.

Otro aspecto a considerar es qué pasa con las comunidades que viven cerca de los cultivos fumigados. Una investigación de Damián Verzeñassi, director del Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario, en conjunto con estudiantes del último año de Medicina, encontró que son las más vulnerables ante el agronegocio. En los pueblos analizados por el investigador, la gran mayoría ubicados a menos de 1000 metros de campos de fumigación, encontraron que la causa número uno de mortalidad era el cáncer. Allí, donde los agrotóxicos se concentran y se esparcen a diario, las personas son más propensas a desarrollar esta enfermedad.

Estas poblaciones están más expuestas que ninguna otra a los efectos nocivos de los agrotóxicos, que llegaron prometiendo trabajo y abundancia. Les niñes se quejan de que les arde la garganta y los ojos cuando pulverizan estos herbicidas. También, mujeres de las comunidades han denunciado abortos espontáneos y que sus hijes nacen con malformaciones. Hoy, esas personas luchan por sus vidas, porque el agronegocio se benefició a costa de su salud. 

Quizás te interese leer: «Agrotóxicos y OGM: el impacto sobre la salud», por Yamila Figueroa

El mundo del agro parece no querer dar marcha atrás. El gobierno actual (y los anteriores) lo apoya. Los medios de comunicación guardan silencio ante el atropello de los derechos humanos con los que se enriquece el agronegocio. Y el pueblo paga con su salud.

Por esto, es necesario impulsar un cambio hacia un modelo de Soberanía Alimentaria, donde se pueda confiar en la comida que llevamos a nuestras casas, donde la alimentación la garantice el propio pueblo. Este concepto se explica como el «derecho de cada pueblo y de todos los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias de producción, distribución y consumo de alimentos, a fin de garantizar una alimentación cultural, nutricionalmente apropiada y suficiente para toda la población». La Soberanía Alimentaria hace hincapié en la necesidad de producir alimentos respetando los ecosistemas, la biodiversidad y la cultura propias de cada región. 

Descripción de imagen: fotografía en blanco y negro de un campo sembrado. En primer plano, se distinguen las plantas individuales cultivadas a corta distancia entre sí. Los surcos plantados se extienden hacia el fondo de la imagen y culminan contra una línea de casas que limitan el sembradío.
Lo monocultivos y los agrotóxicos destruyen los suelos y su recuperación es casi nula, una vez que los cultivos han tomado todos sus nutrientes y envenenado sus aguas.

Quizás te interese leer: «¿Qué es la Soberanía Alimentaria?», por Yamila Figuera

El problema principal, entonces, no son los herbicidas tóxicos, sino este modelo productivo que, apoyándose en transgénicos y venenos, avanza sin importar el costo humano y ambiental. Debemos preguntarnos cómo queremos producir. ¿Acaso el enriquecimiento de unos pocos justifica los peligros de salud que implican los agrotóxicos? ¿El fin justifica los medios?


Fuentes:

Imagen destacada: Pablo E. Piovano

¿Por qué Havanna quiere tener alfajores tóxicos?

Artículo en colaboración escrito por el Licenciado en Biología Nicolás Debowicz


Mientras atravesamos la segunda ola de COVID-19, entre crisis económicas y sanitarias nace un acuerdo entre Bioceres y Havanna. La famosa y simpática marca de alfajores marplatense incluirá en sus productos alimentos con trigo genéticamente modificado (GM).

Se trata, en este caso, de la tecnología HB4 desarrollada por Bioceres, empresa argentina de Biotecnología Agropecuaria, propiedad en parte del Grupo Insud, de Hugo Sigman, y el grupo de investigación de la doctora Raquel Chan (Instituto de Agrobiotecnología del Litoral).

¿Qué significa «modificado genéticamente»?

Un organismo genéticamente modificado (OGM) es aquel al que se le ha añadido un gen o un conjunto de genes ajenos, provenientes de virus, bacterias, plantas, hongos o animales. Con ello, se busca generar un rasgo o característica que no estaba presente en el organismo original. Vale destacar que HB4 es el nombre del gen en cuestión, que se aplica en este caso al trigo pero también a otros cultivos, como la soja.

Quizás te interese leer: «Agrotóxicos y OGM: el impacto sobre la salud», por Yamila Figueroa

En este caso, se agregó un gen de girasol, el cual confiere tolerancia a la sequía y resistencia al glufosinato de amonio. Estamos ante lo que se conoce como un organismo vegetal genéticamente modificado (OVGM). A nivel nacional, este proyecto data del año 2018, cuando Bioceres, a través de Trigall Genetics, presentó el primer transgénico para este cultivo. La presentación se realizó en Pergamino, localidad famosa por la sojización, en particular en los últimos veinte años.

Pero hubo un problema. Brasil, nuestro principal comprador de este trigo, se oponía. Desde la Asociación Brasileña de la Industria del Trigo se solicitó al gobierno nacional que no autorizara variedades transgénicas. Manifestaron que no se habían identificado beneficios evidentes para las personas ni para la productividad del campo, así como también notaron el rechazo de la población de ese país. Fue así que, durante el gobierno neoliberal de Mauricio Macri, el trigo GM no se aprobó por SENASA ni por la CONABIA.

En la actualidad, el gobierno peronista del Frente de Todos encabezado por Alberto Fernández, lejos de diferenciarse de su predecesor macrista, profundizó aun más el extractivismo y la aprobación de este evento resulta hoy muy probable. Se tratará del primer trigo modificado genéticamente para Argentina y la variedad transgénica número 62 para este país.

Glifosato… ¿Glufosinato?

La tolerancia y resistencia a agroquímicos es una realidad constante y evidente. La soja RR, con tolerancia al glifosato, se origina por la introducción del gen de una enzima de la bacteria agrobacterium tumefaciens. Este hecho ocurrió el 25 de marzo de 1996, cuando el entonces secretario de Agricultura Felipe Sola lo autorizó con un trámite exprés.

Quizás te interese leer: «OGM: ¿armas de guerra?», por Yamila Figueroa

La utilización masiva del glifosato llevó a que diversas (mal llamadas) malezas generasen resistencia a este herbicida: las herbáceas sorgo de Alepo, yuyo colorado y rama negra son solo algunos ejemplos. Para contrarrestar este efecto, se comenzó a utilizar mayor cantidad de este producto o bien de herbicidas más potentes y, en muchos casos, más dañinos. Ese fue el caso del glufosinato de amonio.

Salir de este sistema

La prohibición de los transgénicos o del glifosato son cambios parciales que, lejos de terminar con la problemática, fortalecen al mismo sistema al utilizar otros agroquímicos más tóxicos. El impacto del neoextractivismo (capitalismo en su fase actual) se evidencia en la agricultura tradicional por medio de la utilización masiva de agroquímicos, el despojo, la mano de obra esclava y el encarecimiento de los productos comestibles provenientes de los cultivos que están en manos de las corporaciones.

El agotamiento de los suelos al extraer nutrientes como el nitrógeno y el fósforo es un tema que fue estudiado por Justus von Liebig, químico alemán estudiado a su vez por Engels y citado en su obra Dialéctica de la naturaleza. La evidencia de beneficios en el incremento de nutrientes, el intercambio de semillas y la soberanía alimentaria son logros que se han podido llevar a cabo por medio de técnicas ancestrales como la agroecología, la agricultura regenerativa, la agricultura biodinámica y la pequeña agricultura campesina.

Quizás te interese leer: «Agroecología: solución, presente y futuro», por Yamila Figueroa


Foto de portada: Proyecto Squatters


¡Alerta! Trigo transgénico en Argentina

Una vez más, Argentina lleva la delantera pero ahora con la aprobación de la comercialización del trigo transgénico. Ningún otro país se atrevió pero les polítiques locales no le tienen miedo a nada. Meses de incendios, años de talas de árboles y contaminación, pobreza, todo con el fin de crear más hectáreas para el agronegocio.

Esta decisión fue tomada por el Ministerio de Agricultura que otorga esta regulación a la empresa Bioceres, la creadora de esta semilla HB4, resistente a la sequía y al herbicida glufosinato. Esto fue financiado con fondos públicos, ya que el CONICET (organismo estatal) prestó su ayuda en el desarrollo de este producto.

El aumento de la tala de árboles está completamente relacionado con la sequía y que el suelo no absorba ya que está completamente dañado. Así está el combo. Otro punto en el que el gobierno no invierte dinero es en saber cuán contraproducente que podría llegar a ser el hecho de consumir este producto. Los agroquímicos se relacionan con la causa y el aumento en cantidad de diferentes enfermedades.

Los monocultivos (el uso de la tierra para una sola especie vegetal) sin rotación de cultivo es una opción rentable pero altamente problemática para la sociedad, el ecosistema y la sanidad. Las consecuencias van desde cambios en los ciclos del agua y el sistema hidrológico hasta la disminución de variabilidad genética de especies, la contaminación y la amenaza a la biodiversidad.

Esto no solo afecta a la sociedad en sí, sino que toca de forma directa a les productores. Las políticas del suelo son muy importantes, ya que este sistema trae aparejada la degradación de los suelos y la potenciación de especies resistentes a los herbicidas. Es decir que sí, cada vez necesitaríamos muchos más herbicidas para poder controlar plagas.  Pero ¿en qué suelo van a poder cultivar? ¿En uno muerto?

El proceso de cosecha y cultivo constante no permite que el suelo tenga el tiempo necesario para recuperar los nutrientes que tomó la planta. Así, conlleva a un desgaste en la fertilidad y erosión del suelo. En poco tiempo los suelos estarán deteriorados, con poca o nula posibilidad de regeneración, imposibilitando el crecimiento de otra planta.

¿Y cómo hablar de Soberanía Alimentaria si estamos tratando con productos y no con alimentos? Este es el momento de la disputa entre si se debería consumir orgánico/agroecológico o seguir comiendo las verduras tradicionales solo por su precio. Es importante saber que el sello que certifica que el alimento es orgánico es costoso, pero el  proceso con las normas para conseguir esa certificación es aun más alto el valor, ya que es muy exigente y no todes les productores pueden afrontarlo.

Quizás te interese leer: «¿Qué es la Soberanía Alimentaria?», por Yamila Figueroa

Según un informe del Senasa, el mayor porcentaje de lo orgánico se exporta a Estados Unidos y Europa; solamente el 1,2% de lo que se produce queda en Argentina. De igual forma, en el país, el mercado orgánico-agroecológico cada vez crece más. Esto es beneficioso, ya que nuestra salud está en juego. Así como en el año 1996 no se hicieron los estudios pertinentes al impacto ambiental que produciría la introducción de la soja al país y a la alimentación, lo mismo pasa hoy con el trigo HB4. Ni Bioceres ni el Estado hicieron las evaluaciones necesarias ni los ensayos de los efectos crónicos o cancerígenos que pueda producir esta semilla a largo plazo. De igual forma, no hay ninguna reglamentación que exija estos ensayos.

Los efectos de las verduras-frutas transgénicas en nuestro cuerpo

Un estudio de la ONG BIOS de Mar del Plata encontró altos niveles de agrotóxicos en los estudios de sangre. Esto puede venir no solo desde los alimentos sino también desde el aire. Están los casos de las ciudades o pueblos que viven cerca de campos fumigados constantemente por estos químicos. Entonces, ¿qué medidas puede tomar el gobierno para cuidar a sus ciudadanes? Estudios confirman que los agroquímicos producen una deficiencia en el sistema inmunológico, por lo tanto, nos dejan más propensos a sufrir enfermedades.

El agronegocio llevó a que en los últimos 20 años nuestra agricultura diese un giro: ya no produce alimentos, sino mercancía. Los problemas ambientales no son considerados de alta importancia cuando, sin un planeta sano, todo cae y todo afecta. El uso de semillas transgénicas es pérdida de la autonomía, la soberanía y la libertad.


Fuentes:


¿Te gustó la nota?

Invitame un café en cafecito.app

Día Mundial del Medio Ambiente

El Día Mundial del Medio Ambiente se conmemora el 5 de junio por iniciativa de la ONU desde 1974 para poder reflexionar y sensibilizar a la población sobre las cuestiones ambientales, el cuidado de la naturaleza y la preservación de la biodiversidad. Justamente, este año el tema es la biodiversidad como motivo de preocupación tanto urgente como existencial debido a eventos recientes, como los incendios forestales sin precedentes en Brasil, California y Australia, la invasión de langostas en el Cuerno de África y la pandemia de COVID-19.

En esta oportunidad queremos, en principio, retomar los puntos más importantes del cambio climático que estamos viviendo para poder brindarles información y así entender qué acciones debemos tomar y qué medidas reclamar como políticas públicas que protejan a nuestro territorio de los efectos del cambio climático. Por eso también se esbozarán algunas cuestiones ambientales relacionadas en nuestro país y por último les dejaremos recomendaciones para poder tener una conexión más amigable y sustentable con el medio ambiente.

El cambio climático es causado por los gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por acciones humanas. Estos perduran en la atmósfera por muchos años (de 15 a más de 100). No se emiten homogéneamente sobre el planeta pero después de uno o dos años se esparcen y se mezclan totalmente en la atmósfera y así sus concentraciones se hacen geográficamente casi homogéneas.

Las emisiones de gases de efecto invernadero resultantes de actividades humanas han sido la principal causa del rápido calentamiento del planeta durante los últimos 150 años. El cambio climático no solo afecta a la temperatura global sino, que, como consecuencia de ello, impacta también en las otras variables climáticas: las lluvias, los vientos y el nivel del mar.

¿Cuáles son los principales GEI?

El vapor de agua H2O, el dióxido de carbono CO2, el metano CH4 y el óxido nitroso N2O.

Las emisiones de dióxido de carbono, originadas en la combustión de fósiles, crecieron exponencialmente desde el comienzo del período industrial. A estas se le suman las causadas por la deforestación, por eso este gas es el más peligroso en cuanto su acumulación y la cantidad de años que dura en el planeta.

¿Cuánto duran las alteraciones de cada GEI?

Metano: entre 15 y 20 años.

Dióxido de carbono: entre 100 y 150 años

Óxido nitroso: 100 años.

Otros gases artificiales: entre 40 a varios miles de años (por suerte, estos son de muy baja emisión, pero existen).

¿Cuáles son las principales actividades emisoras de GEI?

Dióxido de carbono: quema de combustible fósil, petróleo, gas y carbón. La deforestación.

Metano y óxido nitroso: se originan principalmente en el sector agrícola ganadero. Las mayores emisiones de metano se originan en la fermentación entérica de los rumiantes, es decir, a través del estiércol y los desechos de los animales que se crían como ganado de manera extensiva para la industria. En la agricultura se emite óxido nitroso en los procesos de fertilización.

Metano: se emiten en la descomposición de basura domiciliaria o industrial.


Quizás te interese leer: Rompiendo récords: CO2 + deforestación por Estefanía Arena


¿Qué hay que tener en cuenta de todo esto?

El efecto acumulativo. Aun cuando hoy las emisiones de estos gases se redujeran a 0, la atmósfera continuaría con concentraciones superiores a las del periodo preindustrial: son necesarios siglos para que vuelvan a los valores previos.

Es decir, en este momento, nosotres estamos viviendo las consecuencias del cambio climático relacionadas a las emisiones pasadas y aun así continuamos emitiendo gases, que, según les especialistas, van a impactar gravemente en el clima de la segunda mitad del siglo si es que no se actúa antes.

De esto se desprenden las responsabilidades de los países emisores de GEI que, en el caso de los desarrollados, son muchas más emisiones por habitante que en los que están en vías de desarrollo. No solo tienen una gran responsabilidad por las emisiones presentes sino por las pasadas y, por eso, son los mayores responsables de los cambios climáticos ya observados y que estamos observando, así como de sus impactos.

Al mismo tiempo estos impactos se sienten más en los países en vías de desarrollo, ya que poseen una debilidad institucional y una falta de recursos humanos y materiales que los hacen más vulnerables a las consecuencias del cambio climático.

¿Qué pasa en Argentina?

La expansión de la frontera agropecuaria con siembra directa, nuevos agroquímicos y especies transgénicas elevaron los rendimientos de la producción en nuestro país. Pero esto significó que esta frontera atravesara la selva misionera, las zonas de yungas de las sierras de Orán y Tucumán, el pastizal y monte pampeanos semiáridos y la región chaqueña. Si bien esta expansión trajo grandes beneficios económicos a corto plazo, las consecuencias ambientales son críticas por el avance sobre los ecosistemas naturales a los cuales están deteriorando. La deforestación del bosque nativo es el aspecto de la expansión agropecuaria con mayores impactos ambientales y es la región chaqueña el lugar donde este proceso es más intenso.

Por otra parte, en épocas de aislamiento social a causa del COVID-19, en nuestro país aumentó la generación de energía renovable debido a que en este momento es más barata que las que están generadas a base de combustibles fósiles. Hay que tener en cuenta que vivimos en un país donde prima la producción de energías no renovables, que cuentan con subsidios y el apoyo por parte de los gobiernos, aún cuando la opciones como la energía eólica y solar signifiquen una oportunidad más justa a nivel humano y climático.

Lo que nos lleva a preguntar: ¿habrá un cambio respecto al uso y la producción de energía en Argentina una vez que pase el aislamiento obligatorio?

Quizás te interese leer: Crisis sanitaria, climática y ecológica por Martina Storini

¿Qué podemos hacer?

Seguir informándonos.

• Reclamar políticas públicas y acción por parte de los gobiernos para que preserven los ecosistemas autóctonos y tomen medidas que reduzcan el impacto ambiental.

• Reducir el consumo de animales como alimentos. Elegir apoyar emprendedores locales que producen de manera agroecológica como la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) como una opción tanto saludable con las personas como con el ambiente.

• Animarse a crear la propia huerta incluso si vivís en un departamento, hay maneras, siempre se puede investigar sobre la agricultura urbana y la horticultura vertical o la hidroponía.

• Plantar árboles (parece algo cliché pero es realmente muy importante en estos momentos críticos que estamos viviendo).

• Reflexionar sobre nuestra movilidad. Es importante pensar varias veces antes de hacer un viaje innecesario, principalmente en avión. También es sano aprovechar algunas cuadras para caminarlas, correrlas, andar en bici, en skate, en longboard o la manera más entretenida que encuentres, no sólo como un juego, sino como un habito de movilidad que llega para quedarse en tu vida.

• Reducir el consumo de plásticos y reemplazar determinados productos por otros que sean reutilizables y sustentables: el uso de los productos de higiene menstrual reutilizables (copas menstruales, toallitas y protectores de tela, entre otros) además mejora la salud de la persona ya que evita infecciones provocadas por lo químicos que tienen los productos descartables.

• Reducir la cantidad de basura que se destinan a los basurales: compostar es una buena estrategia para esto y hay muchas maneras de hacerlo tanto si vivís en un departamento como en una casa, cada una se puede ajustar a tu ambiente y necesidades. La clave es reducir lo que podamos.

• Charlar sobre este tema con nuestres seres querides y con las personas que nos rodean, cambiar nuestros hábitos alimentarios y cotidianos: el mundo no es descartable.

Recomendaciones:

Literarias:
  • «Más luz por favor» de Connie Isla.
  • «Cambiemos el mundo» de Greta Thunberg.
  • «Malcomidos» y «Mala Leche» de Soledad Barruti.
  • «La Argentina y el cambio climático» de Inés Camiloni y Vicente Barros.
Audiovisuales en Netflix:
  • Nuestro planeta
  • A plastic ocean
  • Cowspiracy: el secreto de la sostenibilidad
  • Rotten

Fuentes:

  • Barros, Vicente y Camilloni, Inés (2016) «La Argentina y el cambio climático: de la física a la política». En Eudeba: Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
  • RedAccion.com.ar
  • ONU

Los transgénicos no paran

La importancia de los negocios antes que la salud parece ser un ejemplo para gran parte de la agronomía. En los campos, las fumigaciones con agrotóxicos continúan. Nosotres tenemos la obligación de mantenernos protegidos en nuestros hogares, pero nuestros alimentos siguen enfermándonos.

Hace unas semanas, organizaciones ambientales, sociales y rurales denunciaron el aumento y el descontrol de fumigaciones en lo que va de la cuarentena. Esto sucede en provincias como Santa Fe, Santiago del Estero, Entre Ríos y Buenos Aires. A les habitantes les fumigan a menos de 50 metros y por aire. 

Les vecines exigen a los municipios que tomen cartas en el asunto y empiecen a cuidar a sus ciudadanes. ¿Será que les gobernantes son parte de este mercado arrasante y especulador? Nos deberíamos replantear el modelo agropecuario para poner la salud de la población en un primer plano. 

En Argentina existe la ley 25.675, ley general del ambiente, la cual impulsa al gobierno a tomar las medidas necesarias para proteger de riesgos en la salud de les ciudadanes y al medioambiente. Aunque fue sancionada en 2002, hasta ahora no vemos avances. Por año, se estima que el uso de agrotóxicos ronda los 500.000 litros, que 3 millones de personas se enferman por agroquímicos y que mueren más de 220 mil. Lo que significa que hay 660 muertes por día, 25 muertes por hora. 

En Misiones, 5 de cada 1000 niñes nacen con problemas en el sistema nervioso por Meliomelingocele. Esta patología aparece cuando la médula espinal no se desarrolla con normalidad. Dado que las probabilidades generales de que nazcan niñes con esa enfermedad es de 1 cada 1000, pareciera que Argentina lleva la delantera. 

Este modelo productivo tiene como base la química. El glifosato es uno de los diferentes fertilizantes usados, pero uno de los más efectivos para destruir nuestros ecosistemas y crear una pérdida inimaginable en nuestra biodiversidad. En 2018, investigadores de la Universidad de la Plata encontraron glifosato en la cuenca del Río Paraná en el tramo argentino, una de las fuentes de provisión de agua para consumo humano.

Las empresas se preocupan únicamente por su negocio, mientras que en la mayoría de los casos sus productos no quedan en el país. Destruyen bosques nativos, dañan nuestros suelos, fumigan viviendas, escuelas, barrios enteros e impulsan el desalojo de les campesines y pueblos originarios.

La crisis global que estamos viviendo beneficia a estas compañías. Sus métodos de publicidad, como, por ejemplo, hacer campañas con el lavado de manos en el día mundial de la salud, regalar alcohol en gel e incluso entregar alimentos transgénicos a comedores, resultan irónicos por la forma en que se contraponen con el perjuicio que nos ocasionan.

Nosotres, como consumidores, tenemos la responsabilidad de debatir qué tipo de modelo queremos para nuestros pueblos y decidir qué tipo de alimentos queremos consumir. Somos actores sociales fundamentales en esta cadena. Debemos ser protagonistas responsables del bienestar común, nuestro y del ambiente. 

El coronavirus nos demostró el consumismo exacerbado que existe en lo ambiental y en la manera en que nos presentamos frente a la naturaleza. Es aquí cuando nos tenemos que replantear nuestra alimentación para mejorar nuestra salud y, desde un cuerpo sano, poder hacerle frente al COVID-19.


Fuentes: