Industria alimentaria: ¿sabés qué comemos?

En medio de la aprobación de la ley de educación ambiental y a la espera de la ley de etiquetado frontal, las políticas públicas no bastan para frenar a la industria alimentaria. Lejos de pensar en el planeta y en la salud, las empresas desarrollan productos con trigo transgénico e intervienen ultraprocesados para publicitarlos como los más saludables existentes.

Las distintas leyes deben servir para cuestionarnos qué es lo que estamos comiendo, de dónde viene, cómo fue elaborado. ¿En qué condiciones ambientales se realiza su producción? ¿Por qué tenemos las góndolas de los supermercados llenas de paquetes mientras 1 de cada 9 personas tiene hambre en el mundo? El hambre, la desnutrición y la exclusión social de millones de personas son una consecuencia de las políticas económicas, agrícolas y comerciales a escala mundial, regional y nacional.

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Educación ambiental

Días atrás, la Cámara de Senadores de la Nación aprobó por unanimidad la ley de educación ambiental integral que plantea una política pública nacional «permanente, transversal e integral» en todos los establecimientos educativos de Argentina. El proyecto aprobado busca que les estudiantes puedan comprender la interdependencia de todos los elementos que conforman el ambiente e interactúan en él: el respeto y valor de la biodiversidad, el reconocimiento de la diversidad cultural, el cuidado del patrimonio natural y cultural y el ejercicio del derecho a un ambiente sano.

La iniciativa crea la Estrategia Nacional de Educación Ambiental Integral (ENEAI) como «principal instrumento de la política de educación ambiental en todo el territorio nacional». Sus objetivos son promover la elaboración y el desarrollo de la ENEAI y de las Estrategias Jurisdiccionales de Educación Ambiental Integral (EJEAI); elaborar y diseñar políticas nacionales y orientar políticas jurisdiccionales, estrategias y acciones de educación ambiental integral; alcanzar la más amplia cobertura territorial, social y sectorial a nivel nacional; y generar consensos sociales sobre los cuales establecer acuerdos temáticos y prioridades.

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Pero no todas son buenas noticias: otro proyecto que espera convertirse en ley es el de promoción de la alimentación saludable, aprobada por la Cámara de Senadores en el año 2020 pero frenada en la de Diputados. Se la conoce como la ley de etiquetado y, en líneas generales, contempla varios ejes con el fin de garantizar una adecuada alimentación. Estipula que los productos alimenticios envasados y las bebidas sin alcohol que contengan un elevado nivel de calorías, azúcar, sodio, grasas saturadas o grasas totales deberán tener un sello por cada punto excedido.

Este rótulo será un octógono de color negro y blanco y deberá ocupar, por lo menos, el 5% de la superficie de la cara principal del envase de cada alimento. En la misma línea, los productos no podrán tener menciones de sociedades científicas ni asociaciones civiles que recomienden su consumo. Se prohíbe además la publicidad, promoción y patrocinio de cualquier bebida o alimento que tenga al menos una etiqueta negra y esté dirigida a niñes y adolescentes. Estos productos tampoco podrán ser comercializados en las escuelas, donde se buscará generar hábitos de alimentación saludable.

Campaña de Etiquetado Claro (México).

En 2019, México aprobó el uso obligatorio de estas etiquetas de advertencia de exceso de grasas, azúcares o sodio, recomendados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) hicieron un modelo del impacto del etiquetado frontal de advertencia sobre las tasas de obesidad y los costos relacionados en un periodo de cinco años. El estudio afirma que se podrían prevenir 1.3 millones de nuevos casos de obesidad y ahorrar 1.8 mil millones de dólares en costos de atención médica.

Marketing vs. salud

El gran aliado de las empresas es el dinero invertido tanto en pauta publicitaria como en marketing. Según un estudio de Unicef Argentina, casi el 70% de les menores de 9 años pide productos que ven en publicidades de plataformas digitales, la mayoría no saludables. La ley de etiquetado frontal desarmaría esas estrategias.

Unicef, en conjunto con otras organizaciones, identificó las estrategias publicitarias que tienen como objetivo al público infantil y adolescente. En primer lugar, el producto suele mostrarse fuera del envase para que sea más efectiva la tentación y se asocian las palabras «diversión» o «juego» al concepto de «sabor». También es frecuente que las grandes agencias contraten a celebridades para que promocionen el producto y creen personajes ficticios o mascotas que hacen referencia a las marcas.

El informe asegura que «1 de cada 2 chicos y chicas compran alimentos poco saludables atraídos por la publicidad». Además, dentro de los productos publicitados, la mitad es alto en azúcares y cuatro de cada 10 son altos en grasas saturadas y/o grasas totales. Ninguno de ellos estaría permitido si se aplicaran los criterios del perfil nutricional de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), por ser altos en algún nutriente crítico, como azúcar, grasas o sodio.

A la industria le importan sus ganancias

Pero, a pesar de los intentos, las ganancias de los de siempre se imponen sobre el ambiente y la salud de millones de personas. Hace unos días, se dio a conocer la noticia de que Havanna avanzaría en el desarrollo de alfajores con trigo transgénico mediante un acuerdo con Bioceres, empresa agrotecnológica ligada al grupo Insud.

Los pueblos siguen resistiendo contra la instalación de megaminerías, la contaminación y la deforestación mientras las empresas invierten en marketing para convencernos de que los productos llenos de aditivos y emulsionantes que encontramos en las góndolas de los supermercados son alimento.

Según una encuesta realizada por la ONG Fundación InterAmericana del Corazón Argentina (FIC), el 91% de las 1167 personas entrevistadas «apoya una política que incluya sellos negros de advertencia en el frente de los envases de alimentos y bebidas con exceso en nutrientes críticos». Entonces, ¿qué están esperando?

Este tema no suele ser parte de la agenda mediática gracias a la gran inversión en pauta publicitaria de las grandes empresas. Es necesario que todas las personas tengan acceso a un etiquetado claro que les permita informarse acerca de qué están comprando y cómo se están alimentando. Y la mejor forma de lograrlo, si no es la única, es mediante una ley que obligue a las grandes industrias a decir la verdad acerca del contenido de sus productos.


Fuentes:


¿Qué tienen en común el patriarcado y el especismo?

Si el feminismo implica, entre otras cosas, cuestionar el orden de lo establecido, también propone repensar nuestros consumos, nuestra alimentación y el modo de relacionarnos con otras especies. La unión entre el feminismo y el antiespecismo —movimiento que rechaza la opresión y discriminación en función de la especie a la que se pertenece— toma fuerza en nuestro país y propone que la salida de la crisis socioambiental y económica y del poder patriarcal debe estar libre de crueldad hacia los animales.

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La metamorfosis

Los trastornos alimenticios están relacionados con el enfoque obsesivo que se tiene tanto en la comida como en el peso, y que incluye, por ejemplo, la manía de contar la cantidad de calorías que se ingiere en cada comida. Las más comunes suelen ser la bulimia y la anorexia, y muchas veces están conectadas con el acoso o las burlas (por cuestiones estéticas) que se reciben por parte de otras personas, incluso de la propia familia.

Aquellxs que sufren de este tipo de trastornos vinculados con factores biológicos, psicológicos, emocionales y personales, entre otros, encuentran un refugio en la comida. Pero, después del atracón, llega la angustia y una nueva dieta a seguir o un método conocido para eliminar lo que se acaba de ingerir, el vómito.

La carga emocional que aísla, avergüenza y por sobre todas las cosas genera una profunda tristeza y ansiedad, puede dar el pie para iniciar el cambio del cuerpo. Mirarse al espejo duele, pensar en unx mismx duele y buscar la vía más rápida para alcanzar lo que se desea suele ser la solución.

Según Family Doctor, los cambios en la alimentación suelen ser regulares, se omiten comidas y se generan otras transformaciones, que a veces son obvias pero en otros casos no, y con frecuencia aquellxs que padecen trastornos alimenticios intentan ocultarlo de todas las maneras posibles.

Everyday Feminism publicó un poema escrito por Blythe Baird (21), quien padeció un desorden alimenticio y decidió expresarlo a través de la escritura:

«El año de las gelatinas sin azúcar,
tomamos ‘Vitamin Water’ y vodka,
brindamos por la secundaria y la supervivencia
mientras nos halagábamos los huecos entre nuestros muslos.

Probamos las dietas que encontramos en Internet:
cigarrillos mentolados, comer frente a un espejo, donar sangre,
reemplazar comidas por otros pasatiempos prácticos
como hacer coronas de flores o desmayarse.

Preguntarme por qué no había tenido mi período en meses,
o por qué el desayuno tenía sabor a derrota,
o de cuántas otras formas más productivas podría haber gastado mi tiempo hoy
además de googlear cuántas calorías tiene el pegamento de un sobre,
o ver America’s Next Top Model como si fuera el evangelio,
o encorvarme desnuda sobre la pesa del baño,
llorando sobre un plato vacío de cereales,
porque sólo me siento linda cuando tengo hambre.

Si no te estás recuperando, te estás muriendo.

Cuando tenía dieciséis, ya había experimentado tener sobrepeso, bajo peso, y obesidad.

Cuando niña, “gorda” era la primera palabra que la gente usaba para describirme, lo cual no me ofendía hasta que descubrí que se suponía que debía hacerlo.

Cuando perdí peso, mi papá estaba tan orgulloso que comenzó a llevar mi foto del ‘antes’ y el ‘después’ en su billetera, tan aliviado de haber dejado de preocuparse de que contrajera diabetes, porque él había visto un programa con una noticia sobre la ‘epidemia de la obesidad’.

Me dijo que estaba muy feliz de verme, al fin, cuidándome a mí misma.

Si desarrollas un trastorno alimentario cuando ya estás flaca, vas al hospital.
Si desarrollas un trastorno alimentario cuando no estás flaca, eres una historia de éxito.

Así que cuando me evaporé, todos me felicitaban por estar saludable.
Niñas en la escuela que nunca me habían hablado antes
me detenían en el pasillo para preguntarme cómo lo había hecho.
Yo les dije: ‘Estoy enferma’.
Ellas me dijeron que no, que era una ‘inspiración’.

¿Cómo podría no haberme enamorado de mi enfermedad?
¿Con tener el tipo de silueta de la cual, se supone, la gente se enamora?
¿Por qué habría querido dejar de estar hambrienta cuando la anorexia era la cosa más interesante de mí?

Entonces, qué afortunada soy de ser aburrida ahora.
La manera que no te lleva al hospital es aburrida,
la manera de mirar una manzana y ver sólo una manzana
y no sesenta, o media hora de sentadillas, es aburrida.

Mi historia puede ahora no ser tan emocionante como solía serlo
pero, al menos, no hay nada que contar.

La calculadora en mi cabeza finalmente se detuvo.

Me encantaba la sensación de beber agua con el estómago vacío,
esperar que la frialdad se deslizara hasta el fondo y aterrizara en el fondo,
no obsesionada con estar vacía pero temerosa de estar llena.

Solía estar orgullosa cuando tenía frío en una habitación cálida;
ahora, estoy orgullosa de haber dejado de buscar venganza contra este cuerpo.
Este fue el año de comer cuando tenía hambre, sin castigarme.

Y sé que suena ridículo, pero esta mierda es difícil.

Cuando era pequeña, alguien me preguntó qué quería ser cuando fuera grande.

Y yo dije ‘pequeña’».

Sophia Bugueño, una jóven chilena entrevistada por BioBioChile, sostiene que:

“Esto parte como un juego, pero cada vez se va apoderando más y más de ti. Ya no puedes controlar tu mente, no dejas de escuchar esa voz que te impide comer. Esa voz que te dice que estás gorda y fea, que escondas la comida cuando nadie está mirándote.

Lo primero que uno necesita para enfrentar esta enfermedad son los recursos. Estar dos meses internada en una clínica no es gratis, y no se trata sólo de una hospitalización. Hay que ver un montón de médicos. Mi papá hacía viajes todos los fines de semana para ir a verme.

La gente piensa que es una enfermedad caprichosa, que una baja de peso para ser flaca, regia, pero no es así… Es realmente la pena interna que se refleja en lo físico.

Siempre me he cuestionado por qué decir ‘tengo cáncer’, ‘tengo diabetes’, o cualquier otra enfermedad es normal, y cuando uno dice ‘tengo anorexia’, la gente critica”.

“Yo jamás quise quedar en los huesitos”, lamenta Sophia, quien, en su estado más crítico, llegó a pesar 42 kilos con una dieta que no superaba las 100 calorías diarias. Fue en ese momento, a los 15 años, cuando sus padres la obligaron a ir al psiquiatra tras las actitudes sospechosas que tenía.

“Mi papá insistía en llevarme a un doctor pero yo me negaba, creía que estaba exagerando. Lo encontraba ridículo. Hasta que un día, junto a mi mamá, me agarraron a la fuerza y me llevaron donde un psiquiatra. En esa primera visita estaba en el límite… Continué con un nutricionista hasta que finalmente la pediatra me diagnosticó la enfermedad”.

En la actualidad, Sophia sigue luchando para visibilizar este tipo de problemas corporales. Podés encontrarla en su página o ver antiguas publicaciones en su blog.

 

Una película reciente, que ganó fama justamente por mostrar este tipo de trastornos y hacerlos más evidentes es To the bone («Hasta el hueso»), protagonizada por la famosa actriz Lily Collins.

Se trata de la historia de una adolescente que padece anorexia; a pesar de algunas críticas, según La Vanguardia es la primera vez en el cine que se muestra un desorden alimenticio con tanta sinceridad, ya que en general es uno de los temas de los cuales no se habla.

Lily sostiene que en la etapa de perder peso para la película, recibía cumplidos, y que ahí es cuando la enfermedad se convierte en algo glamuroso si no se visibiliza correctamente. Pero Collins no estaba sola. Antes de ella, muchas otras celebridades lucharon también contra la “glamurización” de la anorexia.

Por eso, es importante reconocer cualquier tipo de actitud extraña en las personas que nos rodean, sean hombres, mujeres, adultxs o jóvenes, incluso niñxs. Cualquier cambio en el hábito de la alimentación puede ser un indicador de otra cosa, que pasa en lo interno y que no podemos ver. Lo más importante es saber que no estás solx.

 


Fuentes

La rebelión del cuerpo
EverydayFeminism
FamilyDoctor
HealthyChildren
BiobioChile
La Vanguardia