Mujeres sin hijos: la maternidad será deseada o no será

Pasó el día de la madre y, con él, muchas escuchamos un “¿Para cuándo?”. Porque si aún no sos madre, deberías. Para la mayoría de las personas parece impensable que una mujer decida no tener hijos por voluntad propia y sin ningún problema biológico que lo explique. Sin embargo, existimos quienes no queremos maternar.


Mujer no es sinónimo de madre

La idealización y la creencia en la existencia de un supuesto instinto maternal llevan a concebir la maternidad como un destino natural, casi inevitable, de toda mujer que se precie de tal. Cuando una mujer se dedica exclusivamente al desarrollo de su vida profesional se la considera incompleta, pero cuando es al revés, cuando es madre y no trabaja, nadie cuestiona un supuesto estado de incompletud.

El mito del amor romántico parece tener su correspondencia en el mito que señala que toda mujer nace para madre. Sin embargo, son cada vez más quienes desafían el mandato social y se atreven a poner en palabras su (no) deseo. Entre las childfree y las antinatalistas, se cuelan explicaciones que no deberían necesitarse pero que aun así se piden.

«Estos discursos, que definen a las mujeres sin hijos como inferiores a las madres nutrientes o como mujeres inacabadas, tienen una función política, en tanto cumplen el rol de influir en la decisión de las mujeres para tener un hijo, ya que construyen una imagen negativa de las mujeres que no son madres». (Morell, 1994: 147 en Mujeres frente a los espejos de la maternidad: las que eligen no ser madres»)

Childfree y Antinatalistas

A medida que aumenta el número de mujeres en edad fértil que no tienen hijos, se van estableciendo términos para denominarlas. Este sistema clasificatorio incluye también a los hombres que no quieren ser padres, aunque (por supuesto, patriarcado mediante) ellos no son tan cuestionados en su decisión como sí lo son las mujeres.

  • Childfree: quienes deciden no tener hijos porque consideran que estos interferirían con el estilo de vida que desean llevar;
  • Antinatalistas: quienes fomentan la adopción para todos aquellos que quieran vivir la maternidad o la paternidad, aunque no es su único objetivo.

El antinatalismo es una corriente filosófica, ética y política que nació por razones demográficas y hoy encuentra nuevos argumentos: para evitar el dolor ajeno, por la permanente destrucción del medio ambiente, por la lucha contra el sufrimiento animal y por el feminismo, ya que reivindica el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo (lo que incluye la anticoncepción y el aborto).

El derecho a la contracepción

De acuerdo a la ley 26.130 de contracepción quirúrgica (2006)«toda persona mayor de edad tiene derecho a acceder a la realización de las prácticas denominadas «ligadura de trompas de Falopio» y «ligadura de conductos deferentes o vasectomía» en los servicios del sistema de salud». Sin embargo, son muchas las instituciones que violan esta normativa y vulneran el derecho a la planificación familiar y la anticoncepción.

De esta manera, se sigue reproduciendo la cosmovisión de que “toda mujer nace para madre”, y quienes no lo desean, además de ser cuestionadas, quedan reducidas a ciudadanas de segunda que no pueden decidir libremente sus proyectos de vida.

¡Recomendamos! Revista Anfibia: “No quiero ser mamá”.

Naranja y media: ¿del amor romántico al poliamor?

La semana pasada, desde Escritura Feminista hablamos de los mitos del amor romántico. Entre ellos, mencionamos el de la exclusividad, que postula como ¿imposible? que nos guste más de una persona a la vez. Sin embargo, hay quienes practican modalidades de amor menos encorsetadas en la heteronorma ¿Quiénes son y cómo funcionan sus relaciones?

“Se puede estar enamorado de varias personas a la vez, sin traicionar a ninguna”.
Gabriel García Márquez.

En “Vicky, Cristina, Barcelona” (2008) de Woody Allen, los personajes de Javier Bardem, Penélope Cruz y Scarlett Johansson deciden convivir en un vínculo de amor. Sí, una relación amorosa de tres integrantes. La pregunta que dispara la película entonces es: ¿se puede amar a más de una persona o es un pretexto para experimentar sin culpa relaciones sexuales con compañías variadas?

En 1990, el matrimonio constituido por Morning Glory Zell y Overon Ravenheart acuñó el término “poliamor” para designar a la preferencia o el hábito de relacionarse en lo afectivo con más de una persona a la vez, todas ellas con plena consciencia de la situación. Este tipo de vínculo pone énfasis en las relaciones amorosas y no necesariamente en las sexuales, como sí lo hacen las parejas swingers.

“Una definición de poliamor puede ser la de una relación de más de dos personas al mismo tiempo. De amor y compromiso, y no necesariamente sexual, donde todas las personas involucradas saben y están de acuerdo en estar en esa relación. En el poliamor se ama a más de una persona al mismo tiempo, no se trata de follar a la mayor cantidad de gente posible”. (Giazú Enciso, psicóloga, activista e investigadora).

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Una modalidad en crecimiento

La necesidad de organizarse es vital para aquellas minorías que buscan visibilizar sus modos de vida. Para eso, se creó en Washington la ONG “Polyamory Society” que define el poliamor como “una filosofía y práctica ética, no posesiva, honesta y responsable, que enfatiza la elección consciente de tantas parejas como uno desee, en lugar de aceptar las normas sociales que dictan que se debe amar a una sola persona por vez”.

Amar sin poseer.

Resulta imposible determinar la cantidad de personas que practican este tipo de amor de forma activa, debido a la estigmatización que recae siempre en “los diferentes”, aquellos que escapan a lo establecido por la sociedad.

Sin embargo, un dato a tener en cuenta es que, en el 2009, Google registraba 756 000 referencias a la palabra “polyamory” y 30 100 a “poliamor”; en Facebook había 146 grupos con esta denominación, y Amazon.com presentaba una lista de 511 libros sobre el tema (La Nación).

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Es importante destacar que incluso las prácticas que escapan a los cánones sociales padecen la necesidad humana de ser clasificadas dentro de parámetros que nos hagan sentir seguros, o al menos, menos mareados. Es así como muchos “especialistas” establecen que existen diferentes modalidades del poliamor. Según una nota publicada en Infobae.comellas son:  

  1. Los cazadores de unicornio: se trata de una pareja heterosexual que busca en principio a otra mujer para formar una tríada que pueda sostenerse en el tiempo.
  2. La polifidelidad: supone que hay una fidelidad establecida entre los involucrados.
  3. La poligamia: ocurre cuando una persona contrae matrimonio con varias parejas.
  4. La relación grupal: se da cuando los miembros se involucran unos con otros, lo cual puede darse incluso en un matrimonio.
  5. Las relaciones conexas: implica que cada uno puede tener varias relaciones, todas con distintos grados de importancia.

Esta tipología varía de acuerdo a la fuente pero en líneas generales repone, en mayor o menor medida, los cinco puntos arriba mencionados. Se trata de encuadrar al denominado “amor libre” dentro de estructuras que permitan explicarlo, aunque sea tal vez esa misma necesidad la que gradualmente le quite “libertad” a estas prácticas. Como sabemos, la clasificaciones ordenan, pero también limitan.

burgosdijital.net

El derecho de amar en libertad

Desde la ONG “Amor libre” sostienen que el homónimo es “una forma de relacionarse sexoafectivamente de manera honesta y consensuada en la que no se presupone la propiedad de las personas con quienes nos vinculamos, ni de sus sentimientos, acciones o pensamientos”, y consideran que esta definición incluye, además de al poliamor, a otras prácticas como la anarquía relacional (como relaciones de amistad no románticas).

Tanto el amor libre como el poliamor se oponen a la mononorma (regla social que implica que cualquier otra forma de relacionarse es inválida), y consideran que la monogamia no es lo natural (de hecho, la naturaleza brinda innumerables pruebas de ello) sino una forma más de relacionarse, que no es la única ni la mejor.

Fue Michel Foucault quien explicó en Historia de la Sexualidad: La voluntad de saber” que el régimen de poder-saber-placer sostiene el discurso sobre la sexualidad humana. Es decir, las formas en las que nos relacionamos sentimental y sexualmente son producto de una construcción social sostenida en un régimen de poder específico.

Entender esto puede permitirnos constituir relaciones que escapen del “1+1=1” de los cuentos de hadas, y construir en su lugar relaciones que no nieguen las distintas realidades.

Ni media naranja ni príncipe azul: los mitos del amor romántico

Tenemos una mala noticia: el amor y la manera de expresarlo y vivirlo son construcciones socioculturales. Las hemos aprendido e internalizado desde nuestra infancia, a través de nuestros padres y amistades, de la religión que heredamos y/o profesamos, y de los productos culturales que consumimos: películas, novelas, canciones de amor.

“El amor auténtico debería basarse en el reconocimiento recíproco de dos libertades, cada uno de los amantes se viviría como sí mismo y como otro; ninguno renunciaría a su trascendencia, ninguno se mutilaría, ambos desvelarían juntos unos valores y unos fines”. Simone De Beauvoir.

La idea occidental del “amor romántico” –heredera del amor cortés (comparable a la relación de vasallaje), del amor burgués y del victoriano–, educa en el afecto y las emociones de manera diferencial, asociada a estereotipos, roles y mandatos de género, y se consolida en la dependencia entre hombres y mujeres que ha servido a los distintos poderes para perpetuar un sistema social patriarcal que promueve la desigualdad entre hombres y mujeres.

La creencia de que algún otro nos completará, iluminará lo oscuro, dará sentido a nuestras vidas, se extiende a la actualidad. Consciente o inconscientemente desarrollamos expectativas sobre nuestras relaciones amorosas basadas en ese supuesto. Sin ir más lejos, basta con ingresar la palabra “amor” en el buscador del diccionario de la Real Academia Española para encontrar que los primeros tres resultados son:

  1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
  2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
  3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.

Según estas definiciones, somos seres insuficientes en busca de una media naranja que nos complete, y dispuestos a la entrega para encontrar, en ese amor, la razón de nuestro vivir. ¿Qué consecuencias tiene en nuestras vidas cotidianas este sentido hegemónico? ¿Por qué en la búsqueda del príncipe azul permitimos relaciones poco saludables?

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Mitos del amor romántico

Un mito es “un conjunto de creencias socialmente compartidas que no son necesariamente verdaderas ni están validadas científicamente. Se transmiten de generación en generación aunque varían con el tiempo y según cada cultura” (Feim.org).

En el caso del amor romántico, contribuye a reforzar los roles de género: mientras que las mujeres son pasivas, frágiles y delicadas; los hombres son activos, protectores y dominantes. Lo que es peor: enseña a amar según esos mismos roles.

¿Cuáles son los supuestos que nos hacen esperar con ansiedad los amores contrariados y trágicos que vemos en las películas románticas? ¿Qué ideas configuran lo aceptable y normal en una relación de pareja? A continuación, hacemos una lista de los mitos más comunes:

  1. La media naranja. Existencia de una pareja ideal predestinada. Esto puede llevar a una tolerancia excesiva de comportamientos malsanos, y nos muestra como incompletos hasta que no encontremos a esa otra persona.
  2. Emparejamiento. La pareja heterosexual es natural y universal, y la monogamia está presente en todas las épocas y culturas.
  3. Exclusividad. Es imposible que nos gusten varias personas a la vez.
  4. Celos. Son una prueba irrefutable del amor hacia el otro.
  5. Pasión eterna. El amor pasional de los primeros meses debe perdurar para siempre.
  6. Omnipotencia. “El amor todo lo puede”, “cualquier sacrificio es válido por la pareja”.
  7. Concepción mágica del amor. Nuestros sentimientos no están influidos por factores socio-biológicos-culturales.
  8. Matrimonio o convivencia. El amor debe conducir a la unión estable.
  9. Unidad. Ambos miembros de la relación son uno solo.
  10. Equivalencia de amor-enamoramiento. Si desaparece la pasión, es que se ha acabado el amor.

Desde niñas, se nos enseña que si un chico nos maltrata es porque le gustamos. Las películas nos invitan a ser felices y comer perdices. Las canciones de amor nos retratan como propiedades de alguien más. Nos describen como muñecas que se rompen, como flores que se marchitan. Nos enseñan a ir detrás del zapatito mágico.

¿Qué tienen de malo estos mitos sobre el amor?

Pilar Sampedro sostiene que el modelo de amor hegemónico en nuestras culturas constituye uno de los factores que facilita, favorece y sustenta la violencia de género.

“Las mujeres que “aman demasiado”, aquellas que buscan el amor romántico obstaculizado por la elección de personas difíciles, agresivas o controladoras, tienen más posibilidades de vivir en la violencia, consentirla y permanecer en ella, porque esa relación es la que da sentido a su vida” (Pensamiento Crítico).

Confundir naturaleza con construcción cultural conduce al riesgo de aceptar relaciones peligrosas bajo el argumento de que el amor “sucede”, “no lo podemos controlar” y “todo lo puede”. Sin embargo, las relaciones sanas son una elección, que dependen de la deconstrucción de los mitos internalizados, para entender que el amor se elige, se construye, y no, no lo puede todo.

Vamos a querernos, ni mucho, ni para siempre: vamos a querernos sano.