Aniversario de la promulgación del sufragio femenino

Artículo colaboración escrito por Antonela Amore


Hoy, 27 de septiembre, se conmemora la publicación en el Boletín Oficial de la ley 13.010 que instituyó el sufragio femenino en nuestro país. Conocida también como la Ley Evita, fue sancionada el 9 de septiembre de 1947 y promulgada el mismo mes durante el primer gobierno peronista, e implementada recién en las elecciones de 1951. Si bien desde 1912 la Ley Sáenz Peña establecía el sufragio secreto, obligatorio y universal, aquel universal convocaba exclusivamente a los varones.

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La larga tradición de la lucha feminista por los derechos cívicos de las mujeres argentinas construyó la antesala[1] a la emergencia de la ley 13.010 hacia 1947, que toma como protagonista no sólo a las mujeres (nuevas sujetas de derecho) sino también a la figura de Eva Duarte quien “(…) dinamizó la campaña por el voto femenino en los años cuarenta que culminó con la sanción de la Ley 13010 de sufragio femenino en septiembre de 1947”[2]. En este sentido, Eva Duarte participó activamente en el tratamiento del proyecto de ley que el oficialismo presentó hacia 1947 a favor del sufragio femenino en el Congreso, ya que “visitó sindicatos y fábricas nutridas de mujeres para agitar a favor del sufragio, las movilizó a la Plaza de los dos Congresos en apoyo de la medida, las acom­pañó sentada en el palco de los debates hasta la sanción el 9 de septiembre, y unos días más tarde en aquella primavera, habló a una multitud desde el balcón de la Casa Rosada cuando su marido promulgó la Ley 13010”[3].

Palermo (1998) analiza los antecedentes de la ley 13.010 al revisar los precedentes a partir de las seis presentaciones en el Congreso de proyectos de ley entre los años 1919 y 1947 como también los argumentos que legisladores pronunciaban a favor del sufragio femenino en el que subyacen dos tendencias: por un lado la exaltación de un feminismo de la igualdad o individualista en donde se valoraba la igualdad entre los sexos como garantía del acceso equitativo a derechos y deberes y, por otro lado, promulgaban algunos legisladores un feminismo maternalista enmarcado en la exaltación de la diferencia sexual, apelando a la complementariedad de los sexos. El discurso oficial que emanó del primer gobierno peronista durante la presentación del proyecto de ley del sufragio femenino hacia 1947 denotaba un feminismo maternalista que reforzaba los mandatos de maternidad y promulgaba la existencia de una naturaleza femenina: “El peronismo defendió las supuestas bondades de los atributos femeninos y su capacidad para el ejercicio del voto insistiendo en el voto como derecho (…)”.[4] De esta manera apeló a una esencialización de sus funciones biológicas (capacidad de gestar) vinculándolos en efecto a un rol -innato- maternal y doméstico.

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Siguiendo a Barrancos (2014), la lucha por los derechos de las mujeres argentinas tiene un vasto recorrido que nos remonta hacia fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, donde mujeres destacadas como Cecilia Grierson, Elvira Rawson, Julieta Lantieri o Alicia Moreau lograron construir una agenda de derechos como también denotaron una capacidad de agencia al abogar y luchar por el sufragio femenino. A su vez, es menester destacar la injerencia del Partido Socialista a partir de la insistente presentación de proyectos de ley que abogaban por este derecho civil. Es necesario también dar cuenta de la coyuntura y entramado mundial y las transformaciones sociales e ideológicas que acompañaron la adquisición de derechos de las mujeres en el mundo como, asimismo, el ejemplo de la provincia de San Juan a partir de la participación de las mujeres en los comicios del año 1927 (Palermo, 1998).

Ahora bien, la participación política de las mujeres no sólo se expresó en su deber civil y republicano sino en la suscripción de muchas mujeres al Partido Peronista Femenino y la militancia activa durante la campaña electoral de 1951 como hacia la década del setenta la construcción del frente dependiente de la Agrupación Montoneros compuesto por mujeres, llamado Agrupación Evita.

A modo de cierre, es meritorio poner el foco de atención en los efectos de la ampliación de derechos y las condiciones de posibilidad que construyen para las mujeres como asimismo otras identidades sexo-genéricas; es decir, habilitar(nos) a disputar espacios del poder y permitir(nos) transformar nuestra realidad como la de les otres.


[1] Esta antesala incluye la modificación del código civil hacia 1926, la ley 11.357, un importante precedente legislativo al momento de pensar en el proceso que implicó la ampliación de los derechos civiles, el pasaje a una ciudadanía de las mujeres en Argentina durante el siglo XX (Giordano, 2014).

[2] Grammático, Karin (2011), Mujeres Montoneras. Una historia de la Agrupación Evita, 1973-1974, Buenos Aires, Ediciones Luxemburg, p.70.

[3] Barrancos, D.  Participación política y luchas por el sufragio femenino en Argentina (1900-1947)  Cuadernos Intercambio sobre Centroamérica y el Caribe, Vol. 11, No. 1 Enero-Junio, 2014, p. 22.

[4] Palermo, Silvana (1998), “El sufragio femenino en el Congreso Nacional: ideologías de género y ciudadanía en la Argentina”, en: Boletín del Instituto de Historia Argentina Dr. E. Ravignani(Buenos Aires) Tercera Serie, N° 16 y 17. Pp. 177-178.


Bibliografía:

  • Barrancos, Dora, “Participación política y luchas por el sufragio femenino en Argentina (1900-1947)”, en Cuadernos Intercambio sobre Centroamérica y el Caribe, Vol. 11, No. 1 Enero-Junio, 2014, ISSN: 1659-4940, pp. 15-26
  • Barry, Carolina (2009) Evita Capitana. El Partido Peronista Femenino, 1949-1955, Caseros, Universidad Nacional de Tres de Febrero. Capítulos 5 y 6.
  • Giordano, Veronica (2014) De “ciudadanas incapaces” a sujetos de “igualdad de derechos”: Las transformaciones de los derechos civiles de las mujeres y del matrimonio en Argentina; Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Sociales; Sociedad; 1-20
  • Grammático, Karin (2011) Mujeres Montoneras. Una historia de la Agrupación Evita, 1973-1974, Buenos Aires, Ediciones Luxemburg, Capítulos 2 y 3.
  • Palermo, Silvana (1998), “El sufragio femenino en el Congreso Nacional: ideologías de género y ciudadanía en la Argentina”, en: Boletín del Instituto de Historia Argentina Dr. E. Ravignani (Buenos Aires) Tercera Serie, N° 16 y 17.
  • Télam
  • El Historiador

Amy: la magia de volver a la oscuridad

Hace ocho años llegaba la noticia de que Amy Winehouse había muerto. Con su muerte empezaban las especulaciones, el amarillismo extremo, la venta de lo noticiable. Por otro lado, se perdía una de las más grandes voces de la música. Fue una mujer que se abrió paso y dejó a su paso un mundo obnubilado por su voz y su personalidad, además de abrir el camino para artistas de todo el mundo.

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María Elena Walsh: memoria desde el país del no-me-acuerdo

El 10 de enero se cumplieron siete años desde la muerte de la gran María Elena Walsh. Escritora, poetisa, cantautora, dramaturga y música argentina, Walsh supo marcar a más de una generación desde la infancia hasta la adultez con sus magníficas obras.

Nacida en febrero de 1930 en la localidad bonaerense de Ramos Mejía, María Elena Walsh es una de las referentes culturales más importantes que han emergido de nuestro país en el siglo XX. Desde hace décadas, su voz se infiltra en las casas para narrarles a los niños las locuras que ocurren en el Reino del Revés y la historia de una vaca que quería estudiar en la Quebrada de Humahuaca.

La proeza de Walsh le permitió dirigirse a un público muy amplio, desde Manuelita hasta Fantasmas en el parque, su última publicación en 2008. Sus libros para adultos resultan tan provocativos como atrapantes, gracias a la mezcla de un análisis profundo de la realidad porteña con un talento incomparable para manejar la palabra.

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María Elena Walsh fue una ferviente feminista que ya en la década de 1970 exigía la liberación de la mujer del yugo patriarcal. En 1973, de cara al fin de la dictadura de Agustín Lanusse, Walsh publicó la Carta a una compatriota que, sin ir más lejos, comienza con un contundente deseo sororo: «Querría empezar esta carta llamándote hermana, sea cual fuere tu edad y tu condición social».

En los párrafos siguientes, Walsh describe sin pelos en la lengua el contexto machista y paternalista en que vivía, desde la falta de espacio y autoridad femeninos en la política hasta la denegación del derecho al aborto legal y la eterna maternidad obligada a permanecer en el hogar.

«¿Hay que educar, preparar a las mujeres o dejarlas ser dueñas de sus vidas, restituyéndoles las energías que les saquean, embruteciéndolas? ¿Deben prepararse o lo han estado siempre sin que las dejaran ejercer? «¡Las mujeres no están preparadas!» «¡La intuición, virtud esencialmente femenina!» ¿Y nadie dijo que hay que capar a los cretinos, para que no se sigan reproduciendo y produciendo conceptos como éstos?».

En 2008, a partir de la publicación de Fantasmas en el parque (libro en el cual habla abiertamente de “su gran amor”, Sara Facio, exponiendo así su orientación sexual sin tapujos), Walsh deja su opinión sobre las deudas pendientes del feminismo en nuestro país, en especial desde lo social.

Walsh vivió para ver consumada la ley de matrimonio igualitario, no más. Si bien se han dado pasos agigantados en lo jurídico, la crítica (de ya casi una década) sigue resonando en la actualidad como parte de las problemáticas que enfrentamos como sociedad.

«Es un gran tabú que todavía existe. El amor entre hombres está más liberado, porque ellos son piolas y liberan todo en su favor, pero a las mujeres nos cuesta más, y cuando nos sancionan nos dan con todo. Con la desaparición pública, por ejemplo. […] Una cosa es el pánico homosexual y esa forma terrible de discriminación que es la censura, y otra muy distinta el silencio y la reserva asumidos voluntariamente.

En este sentido, creo que las mujeres seguimos siendo poco perdonadas. Si no decime cuántos no verían con malos ojos que una mujer se niegue a la maternidad y diga: “Me revienta ser madre y tener hijos”. Y ahí es donde se nota que en nuestro país no ha habido feminismo. O que si lo ha habido, ha sido una versión tímida, blandengue, autoencerrada por miedo, por pudor, por lo que sea.

En países donde existió y existe el feminismo, se habla de estos temas con mucha más franqueza. Y en la Argentina, mal que nos pese, aún estamos lejos de arriar la bandera del machismo», (entrevista a Página 12).

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Su obra distingue dos categorías claras. Entre sus historias dedicadas a los más pequeños se destacan los Cuentopos de Gulubú (1966), los Versos para cebollitas (1966), el Twist del Mono Liso (1998) y la Reina Batata (1999), y la música que nace de Canciones de Tutú Marambá (1960) y Como la cigarra (1972).

Para continuar su lectura más allá de la infancia, son destacables obras como Otoño imperdonable (1947) y Desventuras en el país-jardín-de-infantes (tanto el libro, 1993, como el artículo periodístico publicado en 1979 como parte de la resistencia cultural contra la dictadura).

María Elena Walsh pidió ser recordada como alguien que quería dar alegría a los demás, aunque no le saliera siempre. Sin dudas, esa alegría se contagió con éxito a los miles de niños que crecimos con su imaginación.