Castigar a la víctima

Circula por las redes sociales una reflexión bastante simple: si 5 varones dicen que una mujer es puta o fácil, no se pone en duda, pero si 5 mujeres acusan a un hombre de violador o acosador, se las cuestiona.

Hasta el momento, 5 mujeres denunciaron haber sido acosadas por el conductor de radio y televisión Ari Paluch. Las experiencias que expusieron hablan de abuso en el ámbito laboral e incluyen frases desubicadas, insinuaciones, cuestionamiento de sus capacidades, maltrato cotidiano.

Estas denuncias se escriben en un marco más amplio, donde encontramos cada vez más víctimas que se animan a contar lo que les hicieron, ya sea porque se impone un clima de época atravesado por el feminismo o porque las redes sociales se convierten en una vía de difusión rápida. El problema es que, al mismo tiempo, las redes sociales dan lugar al nuevo método de lapidación del siglo XXI.

En Argentina, vimos las denuncias de varias jóvenes contra el cantante de Salta la Banca, Santiago Aysine, y contra otros miembros de la misma banda como Santiago Maggi y Juanjo Gaspari. Esta semana, sin ir más lejos, salieron a la luz los testimonios de casi 40 mujeres que aseguraban haber sido abusadas por James Toback, director de cine estadounidense.

No todos los ambientes son iguales y no todas las figuras tienen la misma relevancia, pero hay patrones que se repiten: los denunciados son hombres que gozan de determinada fama y éxito laboral, tienen personas o proyectos a cargo, y ese poder relativo parece traducirse en poder sobre los cuerpos de personas que los idolatran o que están subordinadas a ellos.

La pregunta importante es ¿qué pasa en las audiencias cuando las denuncias toman conocimiento público a través de las redes sociales? Varias reacciones también siguen un patrón.

El desprestigio a las mujeres que denuncian es moneda corriente y va en diferentes sentidos. A veces, porque “no denunciaron en el momento” en que ocurrieron los hechos, como si el ejercicio de romper el silencio fuera simple y automático. Otras veces, porque estiman que son parte de una conspiración contra el denunciado.

También entra en juego alguna cuota de identificación: si es tan fácil que una mujer denuncie a un hombre y “arruine su carrera”, ¿por qué no podría pasarme a mí? Entonces, los fusiles apuntan al feminismo: “Esto es todo parte de una moda”.

En todo caso, la culpa recae siempre en la víctima y en los colectivos del feminismo que llevan adelante sus causas, mientras el acusado puede gozar no sólo de los privilegios con los que ya contaba -como el de tener una posición social cómoda, ser reconocido y admirado, ser jefe-, sino también de un ejército de usuarios de las redes sociales dispuestos a defenderlos y creerles gratuitamente.

Se constituye así una forma actualizada de lapidar reclamos y personas. Si en la Biblia se describía cómo se le arrojaban piedras a María Magdalena por cometer adulterio, hoy los comentarios en las redes sociales suplen esa función con una gran dosis de desapego y apatía: los usuarios desconocen a la víctima y al tema en discusión, y pueden injuriar sin tener ningún tipo de responsabilidad sobre lo que suceda a la persona violentada.

Estas situaciones deben servir para analizar el inconsciente colectivo -si es que hay solamente uno- y la lógica de las redes sociales que, lejos de ayudar a la profundización de los debates, ayuda a banalizarlos.

Cuando se hace necesario debatir por qué tenemos que erradicar el abuso en todas sus versiones posibles o por qué es necesario tomar en cuenta la palabra de la víctima en lugar de desmerecerla, se evidencian las raíces del machismo que nos condiciona.

No sólo queda expuesta una solidaridad generalizada con el abusador, sino que se ve entre líneas la imagen de la mujer en falta. La mujer que está en falta por denunciar, por aprovechadora. La mujer que está en falta por no denunciar a tiempo. La mujer que está en falta por no bancársela, la mujer que está en falta por bancársela. La mujer que está en falta por despertar en el hombre deseos sexuales irrefrenables. La mujer que está en falta por no ceder ante el deseo masculino.

En sí, la mujer que está en falta por ser mujer.

Celebramos la decisión del canal América 24 de rescindir el contrato de Paluch, ya que habla de un gesto de la empresa contra una sociedad menos receptiva y menos comprensiva ante los casos de violencia de género.

Todavía queda cuestionarnos la desigualdad. El día que entendamos que un jefe que abusa de su empleada no puede ser lo normal y que una mujer que habla no debe ser castigada, estaremos hablando de un cambio verdadero.

 

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Alexis Zárate, violador

Tres años después de haber violado a Giuliana Peralta, de 19 años en aquel entonces, Alexis Zárate fue condenado a pasar seis años y seis meses en la cárcel. Tres años pasaron desde la noche en la que la joven quiso quedarse a dormir con su pareja, Martín Benítez (en ese momento, compañero de Zárate en las inferiores de Independiente), y terminó siendo abusada sexualmente.

El hecho ocurrió el 16 de marzo de 2014, cuando luego de pasar un rato en un bar entre amigos, se dirigieron al departamento de Zárate. Según la joven, se despertó en medio de la noche con el violador encima suyo, penetrándola. “¿Vos te cuidás?”, asegura que le dijo el hombre, por lo que empezó a gritar. No hubo reacción de Benítez, quien se encontraba durmiendo a su lado.

Lo que siguió fue un intento desesperado de Martín Benítez (su pareja), Alexis Zárate (el violador) y Nicolás Pérez (amigo de ambos), los tres compañeros del mismo club, por hacer que Giuliana se quedara y no los denunciara. Cuando ella logró escapar, manejó hasta su casa y le contó a su familia lo que le habían hecho.

Giuliana, como ocurre con cada víctima de abuso sexual en el país, tuvo que someterse a una pesadilla, tanto física como psicológica: los estudios ginecológicos, los hisopados, las inyecciones y las pastillas; además, la exposición pública, los juicios de valor y la dificultad que implica llevar adelante una demanda judicial que la obligaría a rememorar una y otra vez lo vivido aquel día.

EL VICTIMARIO, PROTEGIDO Y AVALADO

Mientras tanto, Alexis Zárate continuó ejerciendo como jugador de fútbol sin ningún problema. Incluso el lunes, día en que fue condenado, existió la posibilidad de que participara de un partido como titular del equipo Temperley. Finalmente, la institución decidió dejarlo afuera de la fecha, a pesar de los deseos de sus compañeros y de los propios directivos, quienes expresaron estar “apenados por lo que le toca atravesar” a Zárate. Periodistas deportivos informaron que no volverá a jugar en el club.

Dentro de este entramado siniestro que rodea al abusador, aparte de sus colegas y superiores se destaca su agente, Gustavo Goni, quien declaró en el programa Sportia que “sería una locura que Temperley le rescinda el contrato” [sic]. Goni mantuvo su postura al esgrimir que el jugador “sufrió de igual manera que Giuliana” y que siempre supieron que llegaría la condena, “no por argumentos sino por presión social”, restando importancia al asunto.

Asimismo, se suma el rol de algunos medios y comunicadores que se ocuparon de cubrir y justificar a Zárate, y culpabilizar y juzgar a la víctima. Entre ellos, el conductor Ari Paluch, quien en comunicación radial con el abogado del acusado preguntó si Giuliana Peralta podría ser una “chica fiestera”, repitió que “se supone que él le hizo el amor y que ella no se resistió”, asumió que una parte del relato de la víctima “no era creíble”.

Como conclusión, pasó en limpio una afirmación del abogado: “De modo que, supuestamente, si Alexis la hubiera penetrado pero hubiera eyaculado afuera, usted cree que acá no hubiera habido ningún escándalo”.

SENTENCIA LEVE

Si bien la Justicia consideró probado el delito de “abuso sexual con acceso carnal”, la defensa de Zárate presentará una apelación a la sentencia, por lo que estará libre hasta que la condena quede firme. No está de más mencionar que la fiscalía a cargo del juicio oral solicitaba la pena de siete años, y que la querella pedía su elevación a doce años con detención inmediata.

Por otro lado, Benítez y Pérez pueden llegar a ser juzgados por encubrimiento.

De todos modos, Giuliana manifestó estar contenta por la condena, tras haber esperado tanto tiempo. No así por la falta de detención: “Yo estuve tres años y medio ‘detenida’ mientras él estuvo libre y ahora sigue libre. Espero que se haga justicia, por todas las chicas que pueden pasar por la misma situación”, remató.

Otras fuentes consultadas

Télam

La Nación

Infobae

Página12