¿Por qué necesitamos una ley de envases?

La basura es un problema mundial. ¿Qué hacer con ella? ¿Cómo evitar que contamine fuentes de agua? ¿Cómo reducir la cantidad de basura que generamos? Una respuesta a esto son las 3R: reducir, reutilizar y reciclar. En Argentina, cada día se producen 50 mil toneladas de basura. Kilos y kilos de plásticos, cartón, electrodomésticos, vidrio y restos de comida son desechados sin discriminación. Generalmente, terminan en basurales a cielo abierto o rellenos sanitarios, creando una situación de riesgo ambiental y sanitario que debe ser resuelta.

Acá entran los cartoneros y las cartoneras. Su trabajo es vital para asegurar la separación de los residuos y su correcto reciclaje. Sin embargo, su trabajo es poco reconocido y, en muchas ocasiones, se realiza en condiciones muy precarias. Elles son quienes evitan una crisis sanitaria y ecológica y lo hacen sin cobrar un peso. 

El proyecto de ley de envases con inclusión social busca visibilizar el trabajo de estes recicladores y su contribución diaria a la gestión de residuos. En este sentido, plantea que les productores que colocan envases en el circuito productivo tienen una responsabilidad social extendida sobre ese residuo que están generando. Es por esto que el proyecto establece que son elles quienes deben absorber el gasto del reciclado de sus envases. ¿Cómo? Se propone que paguen una «tasa ambiental» de hasta el 3% del valor del producto. Esta se establece de acuerdo a ciertas variables, entre las cuales se encuentra que tan «amigable» es dicho envase con el ambiente, es decir, qué tan reciclable es. A mayor reciclabilidad, menor es la tasa aplicada.

Si se obtiene una buena calificación por material reciclado contenido y ecodiseño, la tasa de un envase de una gaseosa de litro y medio sería de un 0,55 % de su precio. Fuente: Federación de Cartoneros.

Lo que se recaude de esta tasa se orientará a crear de nuevas plantas de reciclaje y tratamiento de residuos, reducir el costo de la logística y la comercialización y fortalecer las cooperativas de cartoneros y cartoneras, para ir minimizando la cantidad de recicladores que trabajan informalmente. El proyecto plantea la creación de un fideicomiso para administrar esos fondos, que contaría con la participación del Ministerio de Ambiente y de distintos actores como les productores, les cartoneres y las cooperativas. 

Es así que el proyecto busca dignificar a los actores principales de la gestión de residuos y es uno de los primeros en incluir a la economía circular como parte de la solución al problema de la basura. A través del reciclaje, vecines, cooperativas, empresas, comercios y ONG colaboran en esta red que cuida el ambiente y genera trabajo

Se espera que para fin de 2021 se apruebe esta ley en el Congreso. Sin embargo, la oposición empresarial se ha hecho escuchar estos últimos días. Desde el empresariado explican que el proyecto debe implementarse pero no a través de la aplicación de un nuevo impuesto, que se sumaría a la larga fila de cargas tributarias que soportan las empresas. Por otro lado, la oposición afirma que el proyecto se escuda en los rótulos de ecología y de inclusión social para desviar los fondos obtenidos de la «tasa ambiental» para hacer política partidaria y que coloca una nueva carga contra las empresas para continuar creciendo, ya que hoy se encuentran muy debilitadas por la inflación y la falta de dólares.

Una persona produce 1,15 kg de basura cada día.

Además surgió preocupación entre la población. Las personas se preguntaron si no impactaría esta tasa en el precio de los productos que consumen. Es decir, si no serían elles quienes terminarían pagando los residuos poco reciclables al comprar el producto. La ley propone que esto no suceda, sino que sean las empresas y les productores quienes deben absorber el costo del reciclado

Lo cierto es que se trata de una acción necesaria para solucionar el problema de la basura. El apoyo social al proyecto es amplio y el objetivo es formalizar el trabajo de les cartoneres, así como fomentar que las empresas puedan repensar los residuos que generan sus envases


Fuentes:


¿Los residuos electrónicos también se reciclan?

Argentina ocupa el tercer puesto como generadora de desechos electrónicos con casi 500 kilotoneladas (kt), según el reporte Tecnología para la acción climática en América Latina de la Asociación GSMA y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), publicado en junio de 2018. Se estima que se producen anualmente 8,7 kg per cápita.

¿Qué son los residuos electrónicos?

Son los aparatos eléctricos que utilizan energía para funcionar y que tienen algún componente electrónico por dentro. Estos residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) no son basura, sino que son residuos peligrosos ya que poseen sustancias químicas tóxicas —gases y metales pesados— que, si no son tratados correctamente, pueden contaminar el aire, la tierra y el agua y poner en peligro a los trabajadores que los producen.

Un teléfono celular, por ejemplo, tiene entre 500 y 1000 de estos compuestos diferentes. Por esto es necesario desecharlos adecuadamente en centros especializados. Sin embargo, en Argentina no existe una regulación a nivel nacional para su tratamiento sino que cada provincia tiene su propia legislación. Por ello, los RAEE en general terminan en los basurales o en rellenos sanitarios. Esto pone en riesgo la salud de todes les argentines.

En 2008, desde Greenpeace impulsaron una Ley Nacional de Gestión de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos bajo la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), la cual exige que los fabricantes se ocupen de los residuos de sus propios productos. La norma además promueve un sistema de mejora en la fase de producción para eliminar las sustancias tóxicas en los aparatos y una disminución en el consumo. Sin embargo, en 2012 perdió estado parlamentario, luego de que les diputades se negaran a debatirlo en el Congreso.

La ONU advierte que un tercio de todos los residuos urbanos generados en América Latina y el Caribe aún termina en basurales a cielo abierto o en el ambiente. El organismo urge a los países al cierre progresivo de dichos basurales que generan un elevado riesgo para la salud de las personas que viven cerca y de quienes recolectan materiales. Además son un foco de gases de efecto invernadero, infligen serios daños a la actividad turística y agropecuaria y atentan contra la biodiversidad.

¡Peligro! material tóxico

Algunos de los elementos tóxicos que poseen estos compuestos son mercurio, plomo, cadmio, níquel, cromo (que es cancerígeno) y retardantes de fuego bromados (RFB). Estos últimos se utilizan en teléfonos celulares y computadoras y la exposición permanente a ellos puede provocar problemas de aprendizaje y memoria e interferir con la tiroides y con el sistema hormonal del estrógeno.

Por otro lado, el cadmio se encuentra en baterías recargables de computadoras, contactos eléctricos y switches. Tiene la capacidad de acumularse en el ambiente y afecta principalmente a riñones y huesos. El mercurio se emplea en monitores de pantalla plana como dispositivo de iluminación y en pilas no recargables. Puede afectar los sistemas nervioso central —particularmente en etapas tempranas de desarrollo—, cardiovascular y pulmonar así como provocar daños en los riñones y la vista. Es tóxico incluso en dosis muy bajas.

El níquel, por su parte, aparece en baterías, junto con el litio. Ambos producen efectos sobre el sistema respiratorio e irritación en los ojos y la piel. El litio, además, ocasiona afecciones en el sistema nervioso y náuseas. Un solo tubo de luz fluorescente que posee mercurio puede contaminar 16 000 litros de agua; una batería de níquel-cadmio como las empleadas en telefonía móvil, 50 000 litros de agua; mientras que un televisor puede contaminar hasta 80 000 litros de agua. Por eso es importante que sean tratados adecuadamente y no sean desechados cerca de ríos u otros espacios naturales. 

¿Qué hacer con los aparatos eléctricos y electrónicos que ya no usás?

Los desechos electrónicos también pueden reciclarse. Muchos contienen metales preciosos incluyendo oro, plata, cobre, platino, y paladio, pero también un valioso volumen de hierro, aluminio y plásticos. Según Blonda Verde, hay más oro en una tonelada de celulares viejos que en una tonelada de mina de oro.

Todos los aparatos pueden reciclarse y las estimaciones calculan que de los desechos electrónicos pueden obtenerse hasta 55 000 millones de euros al año en materiales. De ser debidamente tratados y reciclados, podrían ser una fuente importante de riqueza. Sin embargo, la región de América Latina y el Caribe solo aprovecha el 10% de estos desechos, a pesar de que el 90% de las partes de los equipos electrónicos puede reciclarse. 

Entonces, primero, evitá tirarlos con la basura domiciliaria o desecharlos en la calle. Lo recomendable es consultar en cada municipio el lugar correcto para llevarlos. También, averiguá si en tu ciudad existen centros de recolección de RAEE y empresas que se dediquen al reciclado y la reutilización, ya que si los residuos electrónicos se depositan en el ambiente o en rellenos sanitarios, comienzan a descomponerse mediante una serie de procesos químicos complejos.

Los productos principales de la descomposición son los líquidos lixiviados y los gases y ambos pueden afectar la salud de las personas que viven alrededor de estos lugares. Por eso, la próxima vez que cambies de teléfono, computadora o televisor, es importante llevarlo a un punto especializado en residuos electrónicos.


Fuentes:


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¿Basura cero en Argentina?

El pasado 3 de julio se conmemoró el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico. Aún hoy, les polítiques a nivel mundial no toman la iniciativa de dar por terminado el uso de estos productos, que duran pocos minutos en nuestras manos pero miles de años en el ambiente. Por eso, se ha vuelto una responsabilidad de todos los días, para nosotres, la reducción de su uso.

El plástico es un material sintético que se obtiene a partir de un proceso químico producido con materias primas como el carbón y el petróleo. Es perfecto para las empresas porque es versátil, liviano, resistente, mantiene la calidad de los productos y, ante todo, es barato. 

Hay dos tipos de plásticos: los termoplásticos que son más fáciles de reciclar y moldear. Los más conocidos son PEBD, PEAD, PP, PET, PVC, PS, EPS y PC; y los termoestables, que son difíciles de reciclar, ya que se queman al querer volver a moldearlos. Son resistentes y duran más. Se encuentra en los botones, raquetas de tenis, rellenos dentales, entre otros.

En Argentina se producen 14 millones de toneladas de basura cada año y la Cámara Argentina de la Industria Plástica afirmó que cada argentine consume 41,9 kilos de plástico por año. Tenemos muchas leyes que hablan de este problema pero no sorprende que estas no se cumplan.

La industria recicladora de Argentina trabaja al 50% de su capacidad y solo se recupera el 23% de los residuos reciclables. En la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Palermo se realizó una investigación que demuestra que las empresas que se dedican a este oficio no pueden ser eficientes porque no pueden abastecerse con las maquinarias necesarias.  

Hay 56 empresas recicladoras registradas en nuestro país, pero solo 15 se ocupan de productos PET (uno de los más usados, por ejemplo, en botellas de plástico), que tardan en descomponerse entre 100 y 500 años. La mayoría de estas empresas son cooperativas sociales, centros de acopio informal o chatarrerías que reclaman falta de precio estándar de compra y venta, una inexistencia de facturación y evasión impositiva.

El código de identificación de plásticos fue creado para dividir los residuos dependiendo su forma de reciclaje.

La actividad del reciclado da impulso a un sector productivo, genera puestos de trabajo y también contribuye a reducir el uso de basurales o rellenos sanitarios.  En 2005, se sancionó la ley No. 1854 de gestión de los residuos urbanos «Basura Cero», que impone al Gobierno de la Ciudad crear metas de sustentabilidad y reducción de residuos con el objetivo de proteger el medio ambiente y los seres vivos.

Pero, ¿esta ley se cumple después de 15 años?

En 2015, en la Ciudad de Buenos Aires se creó un centro de reciclaje que puede procesar más de 760 mil toneladas de desechos sólidos para evitar el relleno sanitario. De todas formas, el gobierno continuó enviando la mayor parte de la basura a ese destino. La meta fijada para la reducción de residuos era del 30% para 2010, 50% para 2012 y 75% para 2017. Para 2017, el porcentaje apenas había trepado al 26%, es decir, ni llegó a las metas que se tenían para el 2010. Como no se alcanzaron esos números, se creó un nuevo objetivo. Con la ley No. 5966, para 2021 la reducción debería ser de un 50%, para 2025 de un 65% y para 2030 de un 80%. 

En 2018, la legislatura porteña aprobó una modificación en la ley de Basura Cero para permitir la incineración de residuos. Esta tarea es altamente contaminante y perjudicial para la salud de les habitantes. De igual forma, somos una de las 10 ciudades del mundo que más trabaja para luchar contra los efectos del cambio climático.

Los distintos tipos de plásticos.

Una mínima porción de lo que se utiliza se recupera y recicla. Por ejemplo, con más de la mitad de las botellas de plástico (PET) se fabrican fibras textiles. El resto se procesa para reutilizar como envase de bebidas o alimentos. Otro de los más usados en el mundo es el PVC (policloruro de polivinilo), que está presente en paquetes de alimentos, cortinas para la ducha y marcos de puertas y ventanas.

El reciclado requiere un 70% menos de energía y emite un 59% menos de gases de invernadero, responsables del cambio climático. Para fabricar una tonelada de PET convencional se consumen 3,8 barriles de petróleo.

Nosotres como consumidores actives de los productos plásticos tenemos la responsabilidad de separarlos y mantenerlos en lo posible secos y limpios. Tomemos acción de nuestros compromisos y reclamemos por una educación ambiental. Lo mejor es tratar de consumir la menor cantidad posible de plásticos para tener un ambiente más limpio y seguro para el futuro.


Fuentes: