Día Mundial de los Océanos: una propuesta especista

Se celebró el pasado 8 de junio. El tema propuesto este año por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) fue «El océano: vida y medio de subsistencia». En esta línea, la organización insiste en que debemos cuidar los mares por los recursos que nos brindan. 

El objetivo de celebrar el Día Mundial de los Océanos es concientizar sobre la importancia de los mismos y poner en relevancia lo urgente que resulta poder gestionar de manera cuidadosa este recurso mundial esencial.

Para Volkan Bozkir, el Presidente de la Asamblea General de la ONU: «El océano es una potencia económica, generando trillones de dólares cada año y es una potencia de biodiversidad». Las palabras del mandatario, pronunciadas en el marco de las celebraciones de la ONU de este día, reflejan la mirada antropocéntrica y especista que mantenemos sobre los mares. Evidentemente, en esta celebración quedan por fuera las víctimas principales de la explotación humana: las especies que habitan las aguas marinas. 

Medusas en Monterrey, Estados Unidos. Foto de Kevin Lanceplaine en Unsplash.

La organización señala en su comunicado que los océanos son «una fuente importante de alimentos y medicina y una parte fundamental de la biósfera» y destaca su importancia económica; explica que son «la mayor fuente de proteínas del mundo». La importancia de este ecosistema que representa más del 70% de nuestro planeta va mucho más allá de los recursos que puede brindarnos. Son una parte vital del ecosistema mundial, ya que contienen el 97% del agua y representan el 99% de la superficie habitable del planeta en volumen.

Además, ayudan a mitigar los impactos del cambio climático: absorben, aproximadamente, el 30% del dióxido de carbono emitido por el ser humano. Son los verdaderos pulmones del planeta, no solo porque absorben este gas, sino porque el fitoplancton que habita en los mares produce entre el 50 y el 85% del oxígeno que se libera cada año a la atmósfera, según datos de National Geographic. Por esto, la salud de los océanos es vital para la salud humana.

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Los microorganismos, los mamíferos, los peces, los cetáceos y los crustáceos son una parte fundamental del esquema marino. Estos mal llamados «recursos» son los seres vivos que permiten que los océanos funcionen. Sin ellos, el equilibrio natural se tambalea y, si bien aún no es tarde para detener la pérdida de biodiversidad que sufren los mares, debemos actuar con rapidez.

A pesar de su importancia, los océanos y sus animales están en peligro. El calentamiento global pone en riesgo toda la vida en el mar. Causa la acidificación de los mares, haciendo del agua un lugar inhabitable para varios miles de especies marinas; derrite las capas polares, hogar de muchos peces, cetáceos, mamíferos y plantas marinas y genera la aparición de zonas sin oxígeno bajo el agua. 

No solo esto, sino que también deben soportar la contaminación constante producida por los humanos. Los contaminantes más comunes son «plaguicidas, herbicidas, fertilizantes químicos, detergentes, hidrocarburos, aguas residuales, plásticos y otros sólidos», explica National Geographic. Pero la contaminación acústica también representa una amenaza para la vida marina. Los buques pesqueros y la búsqueda de petróleo tienden a aturdir a las especies que se comunican con ecolocalización y pueden llegar a causar su muerte. 

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La acción humana está llevando a los océanos a un punto límite

Pescadores en Mui Ne, Vietnam. Foto de Evgeny Nelmin en Unsplash.

Desde que conquistamos los mares como especie, no hemos dejado de explotarlos hasta su destrucción. No solo con los constantes derrames de petróleo, los plásticos que tiramos a sus aguas y la sobrepesca, sino que también la acción humana ha causado que el 90% de las grandes especies marítimas de peces hayan disminuido y que el 50% de los arrecifes de coral hayan sido destruidos, según Naciones Unidas. Además, debemos agregar el bombardeo de los océanos en busca de petróleo, un fenómeno reciente en Argentina, increíblemente dañino para nuestros ecosistemas marinos. 

«Estamos en el punto de, o bien, continuar con esta actitud extractivista de tomar, tomar, tomar de la naturaleza, o darnos cuenta de que lo más importante que tomamos de la naturaleza es nuestra existencia».

– Sylvia Earle, Presidente de Mission Blue.

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La pérdida de biodiversidad que sucede en los océanos no tiene precedentes. La desaparición de muchos de estos seres vivos es imposible de revertir y los efectos de su extinción podrían ser catastróficos. Por ello, si bien la ONU enunció como objetivo la regulación de la pesca para evitar la explotación pesquera, esta medida resulta insuficiente.

Es vital poner en marcha planes de reconstrucción de los corales, iniciativas de reproducción en cautiverio de las especies en peligro de extinción y proyectos que prohíban la pesca indiscriminada y la caza de ballenas. También, como ya dijimos, debemos proteger los mares de los efectos del cambio climático y, para ello, hay que dejar de financiar los combustibles fósiles, restaurar ecosistemas e impulsar políticas ambientales que reconozcan la importancia de las especies marinas. Pero, sobre todo, debemos repensar nuestra relación con la naturaleza y cambiarla por una más respetuosa y consciente. 


Fuentes: 


Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía

Hoy 17 de junio es el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. El lema de este año propuesto por las Naciones Unidas (ONU) es «Restauración. Tierras. Recuperación». De cara a esta fecha, diversas organizaciones han manifestado la necesidad de trabajar para la recuperación de los suelos.

Este día se centra en la concientización de la importancia de la transformación de las tierras degradadas en tierras sanas. Las principales causas de estas problemáticas son: por un lado, la acción humana, que ha alterado casi el 75% de la superficie terrestre y, por el otro, el cambio climático provocado y exacerbado por les seres humanos. La acción conjunta de los países es vital para luchar contra estas problemáticas que amenazan con exacerbar las consecuencias del cambio climático y acelerar la pérdida de biodiversidad. 

Póster oficial de la ONU para el Día de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía.

En Argentina, la deforestación, los incendios forestales y la sobreexplotación de los suelos provocada por la ganadería y la agricultura son la razón del desgaste de la tierra. Según el Informe Ambiental 2021 de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN): «Los procesos que la agricultura y la ganadería moderna han generado son la pérdida de biodiversidad, la destrucción de ambientes naturales por el cambio en el uso de la tierra, niveles críticos de los flujos de nitrógeno y fósforo, excesivo uso de agua dulce y el cambio climático». 

En el resto del mundo las condiciones tampoco mejoran. La creciente necesidad de generar alimento con mayor velocidad y mayor rendimiento y la demanda constante de espacios habitables para las personas son parte del por qué se recurre a la deforestación. 

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Un ejemplo es Brasil donde aumentaron los puntos críticos de deforestación durante la presidencia de Jair Bolsonaro. El presidente, conocido por su oposición a políticas ambientales, prometió abrir la selva amazónica al ganado, la explotación de minerales, la tala y otras industrias cuando asumió su cargo en 2018. Las medidas tomadas por el presidente brasileño han hecho un muy buen trabajo para asegurar que la deforestación ilegal quede impune y se vuelva una práctica frecuente, según Global Citizen.

No es casual que el país haya aumentado la cantidad de hectáreas taladas durante la pandemia, alcanzando niveles récord. Con respecto a esto, el reporte Frentes de Deforestación; impulsores y respuestas en un mundo cambiante del World Wildlife Fund (WWF) afirma que la selva tropical de 395 millones de hectáreas «está por alcanzar un punto sin retorno, en el que perderá su balance y sufrirá una disminución de lluvias y estaciones secas prolongadas».

Cuando se degrada la tierra y se pone en juego su capacidad productiva, esos espacios se transforman y desgastan, causando que aumenten las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y peligre la biodiversidad. También supone la disminución de espacios silvestres que nos protejan de fenómenos climáticos extremos, como las sequías, las inundaciones y las tormentas de arena y polvo. La desertificación y las sequías contribuyen a la alteración de ecosistemas y acelera los efectos del cambio climático. Por estas razones, es vital la restauración de las tierras degradadas.

Las Naciones Unidas (ONU) explican que su recuperación «contribuye a la resiliencia económica, a la creación de empleo, al aumento de los ingresos y a una mayor seguridad alimentaria; ayuda a recuperar la biodiversidad; permite capturar el carbono atmosférico que calienta la Tierra, disminuyendo así el efecto del cambio climático; y favorece una recuperación verde de la pandemia de COVID-19, ya que la restauración de los paisajes naturales reduce el contacto directo entre la vida silvestre y los asentamientos humanos, lo que crea una barrera natural contra las zoonosis».

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Es por todo esto que el Programa para el Medio Ambiente de la ONU propone El Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas. Entendiendo que la salud de nuestro planeta y sus habitantes depende de la salud de los ecosistemas, hace un llamado a los países para que se cumplan su compromiso de restaurar entre 2021 a 2030 al menos 1000 millones de hectáreas de tierras degradadas.

Esto resultaría en aire y agua más limpios, mitigación de condiciones climáticas extremas, mejor salud humana y recuperación de la biodiversidad. Además, estas acciones que previenen y revierten los efectos de la desertificación son clave si queremos cumplir con el objetivo del Acuerdo de París de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 2°C

«La desertificación, la degradación de las tierras y la sequía son grandes amenazas que afectan a millones de personas en todo el mundo, en particular mujeres y niños. Hace 25 años, 197 partes aprobaron una convención histórica encaminada a movilizar la acción mundial. Sin embargo, queda mucho por hacer. Cada año el mundo pierde 24 millones de toneladas de suelo fértil. Además, la degradación de las tierras secas reduce el producto interno nacional. Los países en desarrollo hasta en un 8% anual. Debemos cambiar urgentemente esas tendencias. Proteger y restaurar la tierra y utilizarla mejor, puede reducir la migración forzada, aumentar la seguridad alimentaria y estimular el crecimiento económico. También puede ayudarnos a afrontar la emergencia climática mundial. En este Día Mundial, reconozcamos el imperativo de luchar contra la desertificación como parte de nuestros esfuerzos por alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

– António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas en el marco del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía en 2019.

Para la ONU, la solución a esta problemática está en la cooperación en todos los niveles y en la participación activa de la comunidad, respetando las necesidades y los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales e incorporando sus conocimientos, experiencias y capacidades para garantizar que los planes de restauración se implementen y se mantengan. Por otro lado, es crucial exigir el cumplimiento de las leyes que protegen los bosques y glaciares en nuestro país, así como reclamar que dejen de ser desfinanciadas y demandar la creación de nuevas leyes que protejan la biodiversidad de Argentina y regulen el uso del suelo de una manera sustentable


Fuentes:


Bombardean el mar argentino

Empresas multinacionales buscan petróleo en nuestras costas y, en su afán por conseguir el «oro negro», dañan el ecosistema marino de Argentina.

Greenpeace denunció que varias petroleras están bombardeando el mar argentino en busca de hidrocarburos. Esta práctica perjudica a las especies de animales que habitan allí. Aparentemente, ni el Acuerdo de Megafábricas Porcinas con China, ni los incendios en El Bolsón, ni la deforestación en el Chaco fueron suficientes para hacer entender al gobierno la importancia de cuidar la biodiversidad

La exploración sísmica se realiza a través de una serie de cañones submarinos que provocan un bombardeo acústico dentro del agua. Estas explosiones rebotan en el lecho submarino y permiten a expertos encontrar reservas de petróleo. Estas reservas abarcan buena parte del mar argentino: desde las cercanías de Buenos Aires, pasando por Mar del Plata y la costa patagónica, hasta Tierra del Fuego, en donde actualmente están operando buques de las empresas Exxon y Qatar, en la cuenca Malvinas Oeste.

¿Por qué es perjudicial para la biodiversidad marina?

Para les especialistas, esta práctica afecta y lesiona a la vida marina que allí habita: peces, lobos marinos, delfines y ballenas. Tan solo entre el 20 y el 22 de octubre de 2020 se encontraron 3 cuerpos de hembras de ballena franca austral en las costas bonaerenses de Necochea, Chapadmalal y Miramar. En la provincia patagónica, investigadores del Programa de Monitoreo Sanitario Ballena Franca Austral, que estudian cada ballena que muere en Península Valdés y alrededores, desde 2003 registraron 10 animales muertos hasta esa fecha, aunque podrían ser más los que murieron y no fueron registrados. 

«Desde que comenzaron las prospecciones en el Mar Argentino se han observado varios eventos de varaduras en playas de nuestro país y los animales varados eran principalmente cetáceos. La bibliografía científica hace referencia a los varamientos como posibles consecuencias de esta actividad».

Luisina Vueso, coordinadora de la campaña por la protección del Mar Argentino de Greenpeace para Página/12.

El bombardeo acústico por parte de los buques petroleros podría ser la explicación de la aparición en las costas de ballenas y delfines muertos. Los estruendos pueden producir cambios en su comportamiento: estrés, reducción del crecimiento, discapacidad auditiva, lesiones masivas y hasta la muerte por ahogamiento o varamientos, ya que estos tienen una magnitud similar al de las bombas de Hiroshima o Nagasaki y se extienden a través de un área de 300 mil km², distancia equivalente a la superficie de la Provincia de Buenos Aires.

¿Por qué se permite esto?

En el sitio web del Ministerio de Energía, se menciona que «la costa afuera argentina es uno de los espacios menos explorados de nuestro territorio y con el que podemos ampliar nuestro horizonte de reservas de gas y petróleo a nivel global. Siendo así, una oportunidad única para la atracción de inversiones al país».

La empresa noruega TGS fue la que obtuvo los permisos otorgados por el ex ministro de Energía, Juan José Aranguren, y por el ex secretario de Energía, Gustavo Lopetegui. Dichos permisos tienen vigencia hasta 2025. Hoy, también participan YPF y Shell en esta práctica potencialmente nociva para la vida marina. Desde Greenpeace denuncian que la entrega de los permisos fue por medio de resoluciones ministeriales, sin ningún tipo de consulta pública o tratamiento parlamentario.

Por otra parte, dentro del Reglamento de Reconocimiento Superficial Costa Afuera se expresa en el artículo 19 que una de las cuestiones a considerar para otorgar el permiso es la protección del medio ambiente: «En ningún caso el Permisionario podrá realizar actividades de Reconocimiento Superficial sin la previa evaluación de impacto ambiental, de conformidad con la normativa aplicable»

Sin embargo, desde la organización advierten que, según la información brindada por la Secretaría de Energía a Greenpeace, la empresa adjudicataria «no realizó ni un solo estudio ad hoc, dejando fuera observaciones in situ, antes, durante y después de las prospecciones sísmicas. Es decir que no se realizó una efectiva evaluación de los impactos de la actividad en los ecosistemas del mar Argentino», expresa Vueso. Entendemos por esto que a las empresas habilitadas no les interesa conservar el ecosistema marino de Argentina y que ni el gobierno anterior ni el actual se han esforzado por exigirles ese cuidado.

Los permisos para la exploración sísmica en un millón de kilómetros cuadrados del mar argentino abarcan incluso la región de Península Valdés, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Esta zona recibe anualmente la mayor población reproductora de ballenas franca austral y posee un gran valor ambiental por su biodiversidad. 

«Que se permita la exploración sísmica en el límite de este Patrimonio de la Humanidad es realmente inadmisible. El Ministerio de Ambiente, organismo público que vela por derechos fundamentales, como la protección y conservación del patrimonio natural argentino, y que a su vez tiene como una de sus atribuciones preservar los monumentos naturales, debería impedirlo».

Luisina Vueso, coordinadora de la campaña por la protección del Mar Argentino de Greenpeace para Página/12.

La explotación costa afuera, según la ambientalista, «va en contra de los compromisos asumidos por Argentina en el Acuerdo de París» en noviembre de 2015. «Estamos atravesando una crisis climática global, es momento de abandonar nuestra dependencia de los combustibles fósiles», comenta. Una parte vital para evitar que los efectos de esta crisis empeoren es la conservación de los ecosistemas y de la biodiversidad.

Los ecosistemas marinos juegan un gran papel en mantener la temperatura media del planeta y ayudan a regular la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera. Esto, en conjunto, significa que son aliados sumamente necesarios para prevenir que la temperatura aumente y así permitir que la vida como la conocemos pueda continuar desarrollándose.


Fuentes: