A los jóvenes de ayer (I)

Ensayo colaboración de Francisco D’Amore


El auge de la tecnología y la atención que las nuevas generaciones les dan a géneros como el trap o el rap han provocado una revolución que ningún género hasta ahora había podido lograr: la democratización del arte. El Internet choca con el concepto de ídolo intangible que predominó durante décadas. Los referentes de los centennials y los millennials más jóvenes son terrenales, sus seguidores los consideran pares y esto genera que empaticen más con ellos y con su arte.

La música, desde una concepción artística y no comercial, se ha visto enriquecida con la posibilidad de que cualquier joven con una computadora sea capaz de grabar piezas que compiten con producciones de estudio. La población ha percibido eso y consume más música de plataformas en línea que las promocionadas en radio o televisión. La industria millonaria de la música y las productoras exprimidoras de artistas cumplen cada día un rol menos relevante en el consumo cultural de la mayoría de los hogares.

Esta pérdida económica sin retorno se manifiesta en declaraciones de músicos y productores que atacan las nuevas olas con tal de salvar su negocio o su concepción nostálgica y elitista del arte. A los intentos desesperados de la industria por rasguñarle algo a los géneros urbanos se les suman el prejuicio y la aversión que estos provocan en la población consumidora de géneros tradicionales o «académicos». Esta parte de la población que no se identifica con los géneros callejeros tiende a emitir juicios de valor presentados como verdades irrefutables acerca de algunos aspectos del movimiento que me propongo objetar.

¿Es cierto, por ejemplo, que la lírica de los géneros urbanos es misógina y cosificadora? Esta es una de las afirmaciones más recurrentes e hipócritas que lanzan los puristas al respecto, ya que, si bien es cierta, no es una característica exclusiva. Por ejemplo, los invito a leer la letra de Run for your life del disco Rubber Soul de The Beatles, que entre otras tiene frases como esta:

«I’d rather see you dead, little girl, than to be with another man. (…) You better run for your life if you can, little girl. Hide your head in the sand, little girl. Catch you with another man, that’s the end».

«Prefiero verte muerta que con otro hombre, niña. (…) Mejor que corras por tu vida si puedes, que escondas tu cabeza en la arena, porque si te encuentro con otro hombre será el fin».

O la reconocida canción de Cacho Castaña, Si te agarro con otro te mato, donde el músico describe con detalle como golpeará y matará a su pareja en caso de que ella le sea infiel.

Si los músicos de rock y de géneros populares también manejan estos códigos, ¿por qué se asocian el trap, el rap y el reggaetón con la objetivización de la mujer? Dichos géneros se caracterizan por la extrema literalidad de sus rimas en un intento por plasmar artísticamente la forma en la que se habla en la calle, dando lugar a una incorrectividad y a una temática de contenido sexual que suele pasar la línea de moral aceptada.

A este factor técnico de la composición se le suma uno más cultural: al ser un género que premia la ostentosidad, no es de extrañar que se presuma a la mujer como un bien material que se posee, se gana y se pierde.

Esto se ve en todo género que exprima temáticas de amor romántico o de infidelidades. Sería un error desentender a los artistas de las problemáticas sociales, cuando ellos son parte y víctima del mismo sistema que nos rige e interpela a todos. Tanto los jóvenes traperos como los tangueros de antaño crecieron expuestos a la propaganda machista y cosificante y eso de una u otra forma se plasma adaptado a la estética de sus obras.

Las referentes mujeres de los géneros callejeros tienen, en muchos casos, un alcance incluso más masivo que sus referentes hombres y traen camuflado en sus líricas sexuales un empoderamiento que pocas veces se ha visto en la historia de la música. Mientras el rock, el metal y diversos otros géneros estallan en una epidemia de denuncias por abuso y violencia de género en un ambiente donde la figura de la mujer se ha reducido a la groupie, la bajista sumisa o la front woman delicada y políticamente correcta, en estos nuevos géneros urbanos surge la mujer como líder, comprometida con causas políticas y, lo que más disgusta a los puristas, que utiliza su sexualidad a gusto, invirtiendo roles.

Sara Hebe, Miss Bolivia, Dakillah y demás artistas urbanas protagonizaron desde la cultura los movimientos feministas que han ido en auge en Argentina en los últimos años, con causas como la legalización del aborto. Dakillah incluso polemizó la doble moral de muchos consumidores de trap con el video de su canción Ac1itud donde muestra a hombres bailando con poca ropa, el lugar común de la mujer en casi todos los géneros.

Mi intención en estos párrafos no es justificar la misoginia y tampoco minimizar su importancia, sino remarcar que ninguna forma colectiva de expresión escapa a la sistematización patriarcal que nos atraviesa, y el arte no es excepción. Defenestrar al reggaetón por esto no significa un ataque profundo al engranaje de dicha sistematización sino una insignificante muestra de activismo oportunista. Lo que interesa no es repensar la posición de la mujer en las artes, sino mantener la subliminalización de esa opresión.


[Continúa en A los jóvenes de ayer (II)]

«La angustiante situación de Cacho Castaña»

Cacho Castaña suspendió sus shows previstos para el 23 de enero y el 7 de febrero en Mar del Plata por cuestiones de salud y para evitar un posible “escrache”.

Su productor, Lino Patalano, anunció que el artista “tuvo un pico de presión alta y el médico le prohibió presentarse”. Horas más tarde en un comunicado, su abogado, Fernando Burlando, agregó a esto el “linchamiento mediático” de los últimos días.

El comunicado explica que las cuestiones de salud están directamente relacionadas con “la angustiante situación” que está viviendo Cacho Castaña luego de su desagradable frase: «Ante una violación inevitable, relajate y gozá».

El show también fue suspendido para “preservar a su público ante las amenazas de ‘escrache’ en las inmediaciones de la sala por parte de grupos empeñados en el escarnio más allá de cualquier otra acción reivindicatoria que ayude a sumar y no restar”.

Además, expresa que es importante tener en cuenta el contexto generacional donde estas expresiones no generaban el disgusto y el rechazo que hoy sí, y que por eso no merece tal castigo.

“Quizá no venga al caso querer explicar por qué Cacho dijo lo que dijo. Pero bien valdría la pena mirar en un contexto generacional donde este tipo de expresiones -equivocadas, por cierto- no generaban lo que hoy generan.

Un contexto social que cambió. Que cambió para bien, pero que ese cambio significó un aggiornamiento al que todos no pudieron llegar.

Humoristas de primer nivel discuten hoy estos temas y se preguntan si aquellas cosas con las que «antes» se bromeaba hoy resultan inconvenientes. Así es el tiempo en que vivimos, así marcha la vida y no se puede condenar al escarnio a aquel que no tiene el reflejo que debe tenerse”.

A la vez hace referencia a una especie de “ojo por ojo, diente por diente” de las organizaciones que se manifestaron en su contra.

“Si consideran que Cacho Castaño se ha convertido en un caníbal, pues estas organizaciones demuestran su intención de comérselo. Y ya se sabe que a los caníbales no se los debe comer a riesgo de convertirse en uno de ellos”.

“¿Castigarlo así? No mató a nadie”, opinó Matías Santoiani, actor y amigo del artista, quien cree que el cantante está recibiendo una condena desmedida.

Es cierto que Cacho Castaña es un persona que vivió en un contexto donde este tipo de declaraciones habrían pasado desapercibidas o como un gesto de “picardía”, pero no por eso hay que tolerarlas hoy en día. La sociedad ha evolucionado, se manifestó en contra y ya no quiere ver a Cacho en cartelera.

 

Fuente:

La Nación

Infobae


 

#PoesíaVenenosa: figurita repetida

No me acostumbro a la desgracia de ser mujer

Hoy tuve que colgar un cartel
en el lugar donde trabajo
para que dejaran de acosarme.
Era uno como aquellos que rezan:
«Cuidado con el perro«,
pero que pedía
que se reserven los comentarios
acerca de mi cuerpo
y de mi vestuario.

Debería rezar:
«Cuidado con la feminista:
está harta de caminar por las calles
con los ojos llenos de lágrimas».

Durante esta semana, hemos experimentado algo así como un flashback televisivo. Por desgracia, no es nada nuevo que los derechos de las mujeres sean vulnerados e incluso ridiculizados todos los días.  Sin embargo, cuando esta ridiculización se realiza frente a una cámara y en horario de gran llegada al público, es de esperar que el hecho se repita por todos lados como el eco en una cueva.

Los dichos del cantante Cacho Castaña nos hicieron recordar a aquella entrevista de Gustavo Cordera con estudiantes de periodismo en TEA ARTE, donde soltó comentarios repulsivos y cargados de machismo acerca de las mujeres y las violaciones.

Hagamos un poco de memoria: “Hay mujeres que necesitan, porque son histéricas, ser violadas, porque psicológicamente lo necesitan y porque tienen culpa y no quieren tener sexo libremente”. ¿Lo recuerdan? Porque yo sí.

No quiero ni imaginar cómo se habrán sentido, cómo habrán quedado marcados a fuego, los dichos de este tipo en aquellas mujeres que fueron violadas, no porque “necesitan”, no porque “son histéricas”, no porque “tienen culpa”, como sostuvo este señor; sino porque algún hijo sano del patriarcado se dio cuenta que está inmerso dentro de todo un sistema que lo avala, que le permite decidir qué hacer con el cuerpo, la vida, la mente de una mujer que, para el planeta entero y desde el principio de los tiempos, siempre ha sido menos que él.

Los dichos de Cordera ocurrieron a mediados de 2016. Justo cuando pensábamos que, con la lucha de todos los días, las masivas convocatorias, las numerosas charlas, los grandes movimientos en las calles y en las plazas, y las pequeñas revoluciones en las escuelas, en las universidades y en las casas, ya estábamos ganando terreno y combatiendo al sistema que  nos vulnera y oprime desde que nacemos hasta que morimos, aparece el señor Castaña a decir que “si la violación es inevitable, relájate y goza”.

Lo dijo en tono gracioso, en un móvil de televisión, y sus dichos fueron recibidos tras un silencio en el aire, seguido por intentos de justificaciones por parte de algunos panelistas y el propio conductor del programa Involucrados, nada más ni nada menos que Mariano Iúdica.

(No olvidemos que Iúdica también cuenta con comentarios machistas en su historial, por ejemplo con respecto al acoso callejero: “Las que inventaron que no hay que decir piropos son todas feas, para emparejar de abajo con las lindas”, dicho en el marco del programa Polémica en el bar, también de América).

Respecto a los dichos de Castaña, Iúdica sostuvo que sabía con qué concepto lo había dicho el cantante, como intentando abrir el paraguas ante las inminentes críticas que casi al instante cayeron sobre su entrevistado por parte de reconocidxs del ambiente televisivo.

Más tarde, el cantante argentino intentó disculparse públicamente, alegando que solo repetía “un viejo refrán” que, en sus tiempos de juventud “resultaba gracioso” pero que, sin embargo, entendía que hoy en día ese tipo de dichos ya no causaban gracia y que nunca lo diría en serio ya que “no es su característica ofender a la mujer”.

En su momento, Gustavo Cordera también se había disculpado mediante las redes sociales, además de haber suspendido sus conciertos próximos a realizarse luego de sus declaraciones.

Sin embargo, lxs víctimas, lxs que se solidarizan con el dolor de otrxs, lxs compañerxs feministas en su gran magnitud, ya no perdonamos más.  No importan más las disculpas grabadas con cara de arrepentido. No nos interesan más los extensos comunicados pidiendo perdón a las mujeres cuyo dolor ahora, de repente y como por arte de magia, sienten hasta lo más profundo de su “auténtico ser varón”.

No viene al caso que lo que dijiste haya sido un dicho para reír a carcajada limpia durante tu adolescencia.  Acá lo único que importa e interesa es el dolor que causaste al abrir esa herida en aquellxs que tuvieron la desgracia de sufrir en carne propia lo que vos contaste con tanta gracia.

Al gran macho argentino, ni olvido ni perdón.