El cambio climático también afecta tu salud

El cambio climático también tiene sus consecuencias en nuestra salud. Esta es una realidad que ya no podemos desconocer. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), «el cambio climático es la mayor amenaza para la salud mundial del siglo XXI». La organización también advierte que desde 2030 en adelante, habrá 250 000 muertes adicionales por enfermedades sensibles al clima (estrés por calor, desnutrición, dengue, malaria). Así, vemos que los efectos de esta problemática como las olas de calor, las sequías, las inundaciones y el deterioro en la calidad del aire impactan directamente en la vida de las personas. Y no sólo eso, sino que también sus efectos son desiguales: tanto las personas más pobres, como las que se encuentran en una posición de vulnerabilidad, como mujeres y niñas, son quienes soportan las peores consecuencias de las transiciones ambientales. 

Fuente: CDC

A menudo, las mujeres y las niñas son las últimas en comer o en ser rescatadas, se enfrentan a mayores riesgos de salud y seguridad cuando los sistemas de agua y saneamiento se ven comprometidos y asumen una mayor carga de trabajo doméstico y de cuidado cuando se acaban los recursos, afirman desde Naciones Unidas. Estos efectos en las poblaciones que se perciben femeninas son mayores, si consideramos que la salud ha tenido, históricamente, una perspectiva machista y patriarcal. Son más susceptibles a sufrir desnutrición, estrés por calor, malaria, dengue y discriminación. Además, el riesgo de salud también se incrementa si consideramos que el cambio climático provoca una mayor violencia contra las mujeres. En este sentido, los desastres ambientales y la presión ante la falta de recursos refuerzan los desequilibrios de poder ya existentes, causando que mujeres y niñas en todo el mundo vean amenazado no sólo su bienestar, sino también su vida. 

Por otro lado, el cambio climático también afecta nuestra salud mental. Un término recientemente acuñado por psicólogues y psiquiatres lo explica: la «eco-ansiedad» o ansiedad climática. Ante la inacción actual que vemos por parte de las personas en el poder, es frecuente pensar que ninguna acción es suficiente y tener sentimientos de impotencia. Ante esto, científiques y activistas ambientales fueron les primeres en reportar sentirse abrumades, tristes y ansioses. La necesidad urgente de actuar para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) ha causado que muchas personas sientan culpa por continuar comiendo carne, usando el auto o viajando en avión. Mucha gente cree que o bien no puede hacer nada, o bien no quiere hacer lo que se supone que debe hacer. Algunas veces, no hay un incentivo claro para actuar contra el cambio climático y otras, una persona puede hacer algo pero el resto no actúa, sobre todo las empresas más contaminantes.

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Por esto, es importante hacer hincapié en la perspectiva de salud cuando hablamos de cambio climático, según explican desde la Organización Salud sin Daño. También la CEPAL y la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten sobre el impacto que los cambios en nuestro planeta traen aparejados. Hoy más que nunca es necesario poner en marcha medidas de adaptación y mitigación

¿Qué son la adaptación y la mitigación?  

Traducción de la imagen: «Asegúrense de lavarse las manos y todo estará bien»; COVID-19; recesión; cambio climático. Fuente: Mackay Cartoons.

Es frecuente oír a expertes en cambio climático mencionar estos dos conceptos. El primero se refiere a llevar adelante políticas, medidas y acciones que tiendan a minimizar los impactos del cambio climático.

Por mitigación entendemos a las acciones que determina cada región para disminuir sus emisiones de GEI y así reducir o hacer menos graves los efectos del cambio climático. Estas soluciones tienen como objetivo principal disminuir la vulnerabilidad de las poblaciones y hacerlas más resilientes ante los desastres naturales y otras variables, como la pobreza y la inequidad. 

Existen diversas soluciones de adaptación y mitigación que las naciones pueden realizar. Estas dependen del contexto único de cada comunidad y del mismo país. Las acciones que ponga en práctica una localidad pueden no funcionar para otra y viceversa; por ello, es importante tener en cuenta las necesidades y los recursos con los que cuenta cada región. Así, cada medida de adaptación y de mitigación debe ser diseñada cuidadosamente, para evitar lo que les científiques dieron en llamar «mala adaptación».

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Este término apareció por primera vez en el informe del Grupo de Trabajo II del Panel Intergubernamental de Especialistas sobre Cambio Climático (IPCC) que fue publicado en febrero de 2022. Con él, les especialistas advierten que es vital pensar en las consecuencias a mediano y largo plazo cuando se propone una acción de adaptación o mitigación. No sólo es importante atacar el problema, sino asegurarse, mediante estudios de impacto ambiental, que la solución propuesta no genere nuevos problemas en el clima y los ecosistemas. Un ejemplo de esto es la aforestación. Consiste en sembrar árboles donde antes no había árboles de esa especie. Esta actividad, aunque nació de la buena voluntad y la acción climática, puede tener consecuencias devastadoras sobre un ecosistema que ve su equilibrio amenazado por la invasión de una especie exótica. 

¿Qué hacer?

Es importante, entonces, tener en cuenta todas las variables que afectan a nuestro bienestar. Es un proceso complejo, como también lo es nuestro planeta. Entender a la salud como un concepto integrador, donde también se tenga en cuenta la salud mental, es vital para proponer acciones colectivas contra los efectos nocivos del cambio climático. En este sentido, es vital poner en marcha acciones de adaptación y mitigación. Debemos reclamar, ante les tomadores de decisiones de nuestro país, por acciones climáticas efectivas para disminuir la vulnerabilidad de nuestra población y estar preparades para atender estas consecuencias. Específicamente en Argentina, tenemos que comenzar a hablar del cambio climático y entenderlo como un problema de salud pública mundial. 

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Fuentes:

Sin voluntad política, peligra la ley de Humedales

Además de Ganadería y Pesca, aún resta que evalúen la iniciativa tanto la comisión de Intereses Marítimos, Fluviales, Pesqueros y Portuarios como la de Presupuesto y Hacienda. Es por esto que más de 380 organizaciones ambientalistas exigen que se cree un Plenario de Comisiones para el tratamiento urgente en el recinto de la ley de Humedales.

Todavía tenemos tiempo: #LeyDeHumedalesYa

Después de una serie de noticias que circularon por diversos portales respecto de que el proyecto de ley de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de los Humedales perdería estado parlamentario el 30 de noviembre, la organización EcoHouse aclaró algunas fechas importantes a tener en cuenta mediante sus redes sociales.

La fecha en la que la ley de Humedales finalmente perdería estado parlamentario es el 28 de febrero de 2022, ya que podría tratarse antes del primero de marzo si el presidente de la Nación llamase a sesiones extraordinarias y las comisiones le dieran vía al tratamiento de la ley en el recinto. Sin embargo, cada día cuenta y es probable que esto dependa de las nuevas conformaciones de las comisiones a partir del 10 de diciembre. Es por esto que tanto las organizaciones como les activistas ambientalistas buscan mover todos los recursos disponibles para exigir que el proyecto de ley de Humedales sea tratado.

«No es la primera vez que se impulsa en el Congreso una ley que proteja los humedales y es que, donde se busca proteger recursos naturales que pueden explotar y enriquecer pocas manos, siempre nace un fuerte lobby empresario: en 2013 y en 2016, el proyecto se aprobó en el Senado y luego quedó trabado en comisiones de la Cámara de Diputados. En ambas ocasiones, la cámara baja no le dio tratamiento al proyecto hasta que perdió estado parlamentario».

Tatiana Fernández Santos para Escritura Feminista.

Si no se logra la media sanción antes del 31 de diciembre en la sesiones ordinarias o antes del 28 de febrero si hubiera sesiones extraordinarias, las iniciativas deberán presentarse nuevamente hasta obtener un dictamen favorable como sucedió en noviembre de 2020, cuando la iniciativa que incorpora 15 proyectos presentados por distintas organizaciones y diputades obtuvo dictamen en la Comisión de Ambiente y Recursos Naturales de la Cámara de Diputados.

Listado de miembros de la comisión de Agricultura y Ganadería de Diputados, presidida por el diputado nacional por Corrientes del Frente de Todos José Arnaldo Ruiz Aragón, que cajonea el proyecto de ley de Humedales desde noviembre de 2020.

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¿Tanta saña con una ley que busca proteger al 21,5% del territorio nacional?

Existen distintos tipos de desarrollos que avanzan sobre estos espacios. Historia conocida, negocio de unos pocos en detrimento del ambiente. Lo particular de este ecosistema es que se ve amenazado por tres tipos de negocios.

Primero, los proyectos inmobiliarios —como countries o barrios cerrados—, que suelen construirse sobre humedales como es el caso de Nordelta. Por otro lado, se encuentra la expansión de la frontera agropecuaria o el agronegocio —responsables del origen de los incendios en las islas del Paraná—. Finalmente, otro sector empresario que se perjudicaría con la regulación de los humedales es el que se dedica a la explotación minera de litio.

Estas actividades son parte de un modelo productivo que impacta de manera irreversible sobre territorios de humedales y reservorios naturales de agua.

Humedales para regular el cambio climático

Se trata de ecosistemas naturales indispensables para la vida, que son fuente de agua dulce, de alimentos y de medicinas naturales, que albergan una biodiversidad única. Además, son fundamentales para la regulación de las crecidas de los ríos y para la reducción de emisiones de dióxido de carbono. Es decir, cumplen un rol primordial para prevenir y atenuar los efectos de la crisis climática. En Argentina, 600 000 kilómetros cuadrados de superficie están cubiertos por sistemas de humedales, un poco menos que dos veces la superficie de Italia.

Los humedales son fundamentales por la biodiversidad de flora y fauna que albergan: diversas especies de peces, aves, mamíferos, reptiles y vegetación. De acuerdo a «Ley de Humedales Ya», el 40% de la biodiversidad mundial vive o se reproduce en estos ecosistemas. Asimismo, estas áreas son fuente de agua dulce y funcionan como depuradores de las aguas.

A la vez, los humedales cumplen un rol fundamental para combatir el cambio climático ya que almacenan dióxido de carbono y por ende reducen la emisión de estos gases a la atmósfera. A la vez, mitigan el impacto de las inundaciones y las crecidas de los ríos ya que actúan como esponjas que retienen el agua para luego liberarla de a poco.

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Imagen de portada

Silvio Moriconi

Fuentes: 


Hay que actuar ya: ¿qué dice el nuevo informe del IPCC?

El reporte muestra la información más relevante en materia de cambio climático. Destacó la necesidad urgente de una disminución fuerte y continuada de las emisiones de gases de efecto invernadero, sobre todo de dióxido de carbono.

El cambio climático es irrefutable y la responsabilidad humana sobre él también. Eso concluyó el nuevo informe AR6 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Se trata del reporte correspondiente al Grupo de Trabajo I del IPCC que se ocupa de las bases físicas del cambio climático y el sistema climático. El mismo se presentó el lunes 9 de agosto y advirtió (otra vez) sobre los efectos de esta problemática y la necesidad urgente de actuar.

Fuente: IPCC

El reporte explica que los efectos del cambio climático ya se han hecho presentes y no hay región del planeta que se encuentre a salvo. Como vemos en la imagen, la concentración de dióxido de carbono (CO2) es la más alta en, al menos, 2 millones de años. El aumento del nivel del mar sucede en un ritmo más rápido del que se ha visto en 3 mil años. El área de hielo marino en el Ártico se encuentra en su nivel más bajo en al menos mil años y el retroceso de los glaciares que hoy vemos no tiene precedentes en al menos 2 mil años.

Los eventos climáticos extremos, como las fuertes precipitaciones en Alemania, los incendios masivos en Grecia y la letal ola de calor en Canadá, solo van a intensificarse a medida que pase el tiempo. 

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La influencia humana está 100% relacionada con esto: les más de 230 científiques de 66 países que participaron del escrito pudieron comprobar que la alteración climática provocada por los seres humanos se ha agravado de tal manera que «la temperatura global continuará incrementándose hasta la mitad del siglo XXI» y que sobrepasaremos el objetivo del Acuerdo de París de contener ese recalentamiento en 1,5ºC o 2°C este siglo «a menos que se hagan profundas reducciones en la emisión de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero (GEI) en las próximas décadas». 

No todo está perdido

Por otro lado, el reporte del IPCC explica que algunos efectos del cambio climático son irreversibles. Ciertas consecuencias del calentamiento del planeta, como el aumento del nivel del mar, ya son permanentes y estarán con nosotres durante cientos de años. Sin embargo, el Grupo de Trabajo I hace hincapié que con acciones inmediatas, en pos de reducir la emisión de CO2 y otros GEI, otros efectos, como las olas de calor, las precipitaciones torrenciales y las sequías, pueden suavizarse y no resultar tan extremos.

Esto hace que la necesidad de actuar sea urgente. Rodrigo Rodriguez Tornquist, secretario de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, afirmó: «Tenemos una oportunidad pero es muy pequeña, yo creo que estamos hablando de meses para ponernos de acuerdo de aquí a Glasgow para poder lograr medios de implementación para poder llevar adelante los compromisos que asumimos los países y pocos años para llevarlos a la práctica».

Pero, ¿qué beneficios tiene mantenerse dentro de los 1,5°C, como estipula el Acuerdo de París? Según el World Resources Institute, con un aumento de 2°C, la cantidad de personas expuestas a olas de calor severas afecta hasta casi el 37% de la población, frente al 14% en un escenario de 1,5°C. Además, el impacto sobre los ecosistemas también aumenta a casi el doble: el daño a los ecosistemas y el permafrost y el rendimiento de los cultivos empeora. Esto pone en riesgo la seguridad hídrica y alimentaria. Y lo que es más, ciertos ecosistemas son muy frágiles frente a los aumentos en la temperatura porque no se pueden adaptar rápidamente a cambios tan bruscos, por ejemplo, los arrecifes de coral, que junto con otros ecosistemas marinos, contribuyen al 80% del oxígeno que respiramos.

Otra cuestión a tener en cuenta es lo que explica la científica climática argentina Inés Camilloni: «El cambio climático es un proceso. No es que un día de un año particular va a significar el cambio irreversible. Cuando se habla del objetivo necesario de estabilizar el aumento de la temperatura en 1,5°C, no significa alcanzar la cifra en un año en particular, sino en un promedio de 30 años continuados». Es decir, es necesario mantener la temperatura por debajo de 1,5°C por 30 años o hasta 2100 para evitar las consecuencias más graves del cambio climático. 

Efectos en América Latina

¿Qué sucederá en esta región del planeta? El reporte AR6 detalla los eventos climáticos extremos que afectarán a Sudamérica, fruto del cambio climático. Afirma que la ocurrencia de estos acontecimientos será cada vez más frecuente y que se sufrirán más sequías y olas de calor. También advierte por la suba de la temperatura media en la zona de los Andes centrales y la Patagonia.

Otro de los efectos es el aumento del nivel del mar. Durante las últimas tres décadas, en el Atlántico Sur y el Atlántico norte subtropical el nivel del mar ha aumentado a un ritmo más alto. Es «extremadamente probable» que el aumento relativo del nivel del mar siga aumentando en los océanos alrededor de América Latina y Centroamérica, contribuyendo a la inundación de las costas

Fuente: IPCC

A su vez, el informe propone 5 escenarios posibles a futuro. El primer escenario es el más positivo, solo aquí se cumple el objetivo del Acuerdo de París. El segundo considera que la temperatura media sobrepasará los 1,5°C (mapa del medio). Sin embargo, para mantenernos en estos valores se requiere acción inmediata. Y una novedad: ya no es suficiente con lograr la neutralidad de carbono, sino que también se necesita la captura de CO2 para evitar el calentamiento por encima de los 2°C.

Esto se logrará con la acción conjunta de la tecnología y la reforestación con especies autóctonas. Así, se vuelve una prioridad detener la deforestación de la Amazonia y del Gran Chaco de manera urgente. El resto de los escenarios proyecta un aumento de las temperaturas mucho mayor, llegando en el escenario 5 a sobrepasar los 4°C, con consecuencias catastróficas (mapa inferior).

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La publicación de este escrito se da en un momento clave: a pocos meses de la Conferencia de las Partes N°26 (COP26) en Glasgow, Escocia. Esta reunión entre los países miembro de las Naciones Unidas (ONU) debe ser el momento en que las naciones transformen sus palabras en acciones concretas, urgentes y ambiciosas. No podemos darnos el lujo de esperar otro año a una nueva COP. Debemos poner en marcha políticas públicas que apunten a reducir las emisiones de GEI hasta llegar a la neutralidad de carbono y, así, emprender el camino por la senda de un calentamiento de 1,5°C.

Los contundentes datos del reporte evidencian que cada medida que contribuya a disminuir la emisión de CO2 importa. Si logramos limitar el calentamiento por debajo de 1,5°C, aún sentiremos los efectos del cambio climático pero serán mucho menos graves que si no hacemos nada. Cada grado menos cuenta y cada acción más vale la pena. 


Fuentes:


Día Mundial de los Océanos: una propuesta especista

Se celebró el pasado 8 de junio. El tema propuesto este año por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) fue «El océano: vida y medio de subsistencia». En esta línea, la organización insiste en que debemos cuidar los mares por los recursos que nos brindan. 

El objetivo de celebrar el Día Mundial de los Océanos es concientizar sobre la importancia de los mismos y poner en relevancia lo urgente que resulta poder gestionar de manera cuidadosa este recurso mundial esencial.

Para Volkan Bozkir, el Presidente de la Asamblea General de la ONU: «El océano es una potencia económica, generando trillones de dólares cada año y es una potencia de biodiversidad». Las palabras del mandatario, pronunciadas en el marco de las celebraciones de la ONU de este día, reflejan la mirada antropocéntrica y especista que mantenemos sobre los mares. Evidentemente, en esta celebración quedan por fuera las víctimas principales de la explotación humana: las especies que habitan las aguas marinas. 

Medusas en Monterrey, Estados Unidos. Foto de Kevin Lanceplaine en Unsplash.

La organización señala en su comunicado que los océanos son «una fuente importante de alimentos y medicina y una parte fundamental de la biósfera» y destaca su importancia económica; explica que son «la mayor fuente de proteínas del mundo». La importancia de este ecosistema que representa más del 70% de nuestro planeta va mucho más allá de los recursos que puede brindarnos. Son una parte vital del ecosistema mundial, ya que contienen el 97% del agua y representan el 99% de la superficie habitable del planeta en volumen.

Además, ayudan a mitigar los impactos del cambio climático: absorben, aproximadamente, el 30% del dióxido de carbono emitido por el ser humano. Son los verdaderos pulmones del planeta, no solo porque absorben este gas, sino porque el fitoplancton que habita en los mares produce entre el 50 y el 85% del oxígeno que se libera cada año a la atmósfera, según datos de National Geographic. Por esto, la salud de los océanos es vital para la salud humana.

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Los microorganismos, los mamíferos, los peces, los cetáceos y los crustáceos son una parte fundamental del esquema marino. Estos mal llamados «recursos» son los seres vivos que permiten que los océanos funcionen. Sin ellos, el equilibrio natural se tambalea y, si bien aún no es tarde para detener la pérdida de biodiversidad que sufren los mares, debemos actuar con rapidez.

A pesar de su importancia, los océanos y sus animales están en peligro. El calentamiento global pone en riesgo toda la vida en el mar. Causa la acidificación de los mares, haciendo del agua un lugar inhabitable para varios miles de especies marinas; derrite las capas polares, hogar de muchos peces, cetáceos, mamíferos y plantas marinas y genera la aparición de zonas sin oxígeno bajo el agua. 

No solo esto, sino que también deben soportar la contaminación constante producida por los humanos. Los contaminantes más comunes son «plaguicidas, herbicidas, fertilizantes químicos, detergentes, hidrocarburos, aguas residuales, plásticos y otros sólidos», explica National Geographic. Pero la contaminación acústica también representa una amenaza para la vida marina. Los buques pesqueros y la búsqueda de petróleo tienden a aturdir a las especies que se comunican con ecolocalización y pueden llegar a causar su muerte. 

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La acción humana está llevando a los océanos a un punto límite

Pescadores en Mui Ne, Vietnam. Foto de Evgeny Nelmin en Unsplash.

Desde que conquistamos los mares como especie, no hemos dejado de explotarlos hasta su destrucción. No solo con los constantes derrames de petróleo, los plásticos que tiramos a sus aguas y la sobrepesca, sino que también la acción humana ha causado que el 90% de las grandes especies marítimas de peces hayan disminuido y que el 50% de los arrecifes de coral hayan sido destruidos, según Naciones Unidas. Además, debemos agregar el bombardeo de los océanos en busca de petróleo, un fenómeno reciente en Argentina, increíblemente dañino para nuestros ecosistemas marinos. 

«Estamos en el punto de, o bien, continuar con esta actitud extractivista de tomar, tomar, tomar de la naturaleza, o darnos cuenta de que lo más importante que tomamos de la naturaleza es nuestra existencia».

– Sylvia Earle, Presidente de Mission Blue.

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La pérdida de biodiversidad que sucede en los océanos no tiene precedentes. La desaparición de muchos de estos seres vivos es imposible de revertir y los efectos de su extinción podrían ser catastróficos. Por ello, si bien la ONU enunció como objetivo la regulación de la pesca para evitar la explotación pesquera, esta medida resulta insuficiente.

Es vital poner en marcha planes de reconstrucción de los corales, iniciativas de reproducción en cautiverio de las especies en peligro de extinción y proyectos que prohíban la pesca indiscriminada y la caza de ballenas. También, como ya dijimos, debemos proteger los mares de los efectos del cambio climático y, para ello, hay que dejar de financiar los combustibles fósiles, restaurar ecosistemas e impulsar políticas ambientales que reconozcan la importancia de las especies marinas. Pero, sobre todo, debemos repensar nuestra relación con la naturaleza y cambiarla por una más respetuosa y consciente. 


Fuentes: 


Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía

Hoy 17 de junio es el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. El lema de este año propuesto por las Naciones Unidas (ONU) es «Restauración. Tierras. Recuperación». De cara a esta fecha, diversas organizaciones han manifestado la necesidad de trabajar para la recuperación de los suelos.

Este día se centra en la concientización de la importancia de la transformación de las tierras degradadas en tierras sanas. Las principales causas de estas problemáticas son: por un lado, la acción humana, que ha alterado casi el 75% de la superficie terrestre y, por el otro, el cambio climático provocado y exacerbado por les seres humanos. La acción conjunta de los países es vital para luchar contra estas problemáticas que amenazan con exacerbar las consecuencias del cambio climático y acelerar la pérdida de biodiversidad. 

Póster oficial de la ONU para el Día de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía.

En Argentina, la deforestación, los incendios forestales y la sobreexplotación de los suelos provocada por la ganadería y la agricultura son la razón del desgaste de la tierra. Según el Informe Ambiental 2021 de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN): «Los procesos que la agricultura y la ganadería moderna han generado son la pérdida de biodiversidad, la destrucción de ambientes naturales por el cambio en el uso de la tierra, niveles críticos de los flujos de nitrógeno y fósforo, excesivo uso de agua dulce y el cambio climático». 

En el resto del mundo las condiciones tampoco mejoran. La creciente necesidad de generar alimento con mayor velocidad y mayor rendimiento y la demanda constante de espacios habitables para las personas son parte del por qué se recurre a la deforestación. 

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Un ejemplo es Brasil donde aumentaron los puntos críticos de deforestación durante la presidencia de Jair Bolsonaro. El presidente, conocido por su oposición a políticas ambientales, prometió abrir la selva amazónica al ganado, la explotación de minerales, la tala y otras industrias cuando asumió su cargo en 2018. Las medidas tomadas por el presidente brasileño han hecho un muy buen trabajo para asegurar que la deforestación ilegal quede impune y se vuelva una práctica frecuente, según Global Citizen.

No es casual que el país haya aumentado la cantidad de hectáreas taladas durante la pandemia, alcanzando niveles récord. Con respecto a esto, el reporte Frentes de Deforestación; impulsores y respuestas en un mundo cambiante del World Wildlife Fund (WWF) afirma que la selva tropical de 395 millones de hectáreas «está por alcanzar un punto sin retorno, en el que perderá su balance y sufrirá una disminución de lluvias y estaciones secas prolongadas».

Cuando se degrada la tierra y se pone en juego su capacidad productiva, esos espacios se transforman y desgastan, causando que aumenten las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y peligre la biodiversidad. También supone la disminución de espacios silvestres que nos protejan de fenómenos climáticos extremos, como las sequías, las inundaciones y las tormentas de arena y polvo. La desertificación y las sequías contribuyen a la alteración de ecosistemas y acelera los efectos del cambio climático. Por estas razones, es vital la restauración de las tierras degradadas.

Las Naciones Unidas (ONU) explican que su recuperación «contribuye a la resiliencia económica, a la creación de empleo, al aumento de los ingresos y a una mayor seguridad alimentaria; ayuda a recuperar la biodiversidad; permite capturar el carbono atmosférico que calienta la Tierra, disminuyendo así el efecto del cambio climático; y favorece una recuperación verde de la pandemia de COVID-19, ya que la restauración de los paisajes naturales reduce el contacto directo entre la vida silvestre y los asentamientos humanos, lo que crea una barrera natural contra las zoonosis».

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Es por todo esto que el Programa para el Medio Ambiente de la ONU propone El Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas. Entendiendo que la salud de nuestro planeta y sus habitantes depende de la salud de los ecosistemas, hace un llamado a los países para que se cumplan su compromiso de restaurar entre 2021 a 2030 al menos 1000 millones de hectáreas de tierras degradadas.

Esto resultaría en aire y agua más limpios, mitigación de condiciones climáticas extremas, mejor salud humana y recuperación de la biodiversidad. Además, estas acciones que previenen y revierten los efectos de la desertificación son clave si queremos cumplir con el objetivo del Acuerdo de París de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 2°C

«La desertificación, la degradación de las tierras y la sequía son grandes amenazas que afectan a millones de personas en todo el mundo, en particular mujeres y niños. Hace 25 años, 197 partes aprobaron una convención histórica encaminada a movilizar la acción mundial. Sin embargo, queda mucho por hacer. Cada año el mundo pierde 24 millones de toneladas de suelo fértil. Además, la degradación de las tierras secas reduce el producto interno nacional. Los países en desarrollo hasta en un 8% anual. Debemos cambiar urgentemente esas tendencias. Proteger y restaurar la tierra y utilizarla mejor, puede reducir la migración forzada, aumentar la seguridad alimentaria y estimular el crecimiento económico. También puede ayudarnos a afrontar la emergencia climática mundial. En este Día Mundial, reconozcamos el imperativo de luchar contra la desertificación como parte de nuestros esfuerzos por alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

– António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas en el marco del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía en 2019.

Para la ONU, la solución a esta problemática está en la cooperación en todos los niveles y en la participación activa de la comunidad, respetando las necesidades y los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales e incorporando sus conocimientos, experiencias y capacidades para garantizar que los planes de restauración se implementen y se mantengan. Por otro lado, es crucial exigir el cumplimiento de las leyes que protegen los bosques y glaciares en nuestro país, así como reclamar que dejen de ser desfinanciadas y demandar la creación de nuevas leyes que protejan la biodiversidad de Argentina y regulen el uso del suelo de una manera sustentable


Fuentes:


La importancia de la Cumbre Climática 2021

El pasado jueves 22 y viernes 23 de abril se llevó a cabo la Cumbre Climática 2021, convocada por Joe Biden, presidente de Estados Unidos. Esta reunió a más de 40 líderes de todo el mundo para tratar la problemática urgente del cambio climático.

Fue un encuentro necesario e importante y funcionó como antesala de la Conferencia de las Partes (COP) N° 26 que se hará en noviembre de este año en Glasgow, Escocia. El gran objetivo mundial es que la temperatura media de la Tierra no supere los 2 °C (siendo la meta para 2050 no superar el 1,5 °C) con respecto a las temperaturas preindustriales. Si bien hubieron varias propuestas para mejorar la acción climática global, ¿son estos nuevos compromisos suficientes para frenar el cambio climático?

Metas más ambiciosas

La novedad de la cumbre fue que contó con la participación de los principales países emisores de gases de efecto invernadero (GEI): China, Estados Unidos, Brasil y países de la Unión Europea. Además, muchos de ellos propusieron objetivos de acción climática más ambiciosos que los que habían presentado en años anteriores. Por ejemplo, Reino Unido se comprometió a reducir sus emisiones en un 78% para 2035 comparado con los niveles de 1990, mientras que Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, prometió bajarlas en un 45% para 2030; otro gobierno presente fue el de India que, si bien no hizo promesas sobre el carbono, se comprometió a instalar energías renovables en su país.

Una intervención esperada y necesaria fue la del presidente Jair Bolsonaro, quien se comprometió a erradicar la deforestación ilegal en Brasil para 2030 y lograr la neutralidad de carbono para 2050. Lo cierto es que estas promesas sorprenden, ya que desde que asumió el poder, la deforestación del Amazonas se aceleró, así como la desfinanciación de los órganos ambientales que luchan contra estas problemáticas. Por su parte, Biden prometió que su país reducirá las emisiones en más de un 50% para fines de esta década y China afirmó que va a lograr la neutralidad de carbono para 2060.

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Los 5 principales emisores de GEI son China, Estados Unidos, la Unión Europea, la India y Rusia. Brasil es el país más contaminante de América Latina, ocupando el 7mo lugar. Argentina está en el puesto 19.

¿Qué pasó con Argentina? 

Alberto Fernández abrió su discurso con la frase: «Debemos tomar conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biósfera». Luego anunció nuevos compromisos: «Elevamos nuestra contribución determinada nacional un 27,7% con respecto a la de 2016, que son dos puntos adicionales porcentuales a la ya presentada en 2020». ¿Qué quiere decir esto? 

Primero, las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) son los compromisos asumidos por los países que forman parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y que deben llevar a cabo para intensificar sus acciones contra el cambio climático, ya sea para reducir las emisiones de GEI o para adaptarse a los impactos producidos por ese fenómeno. Las contribuciones de cada país son establecidas en función de sus circunstancias nacionales y sus respectivas capacidades. El conjunto de las NDC presentadas por cada país debería contribuir con el cumplimiento del objetivo del Acuerdo de París

La NDC de 2016 afirmó que la Argentina se comprometió a no exceder la emisión neta de 483 millones de toneladas de dióxido de carbono (MtCO2) para 2030. La NDC publicada el año pasado proponía una reducción más ambiciosa: no exceder la emisión de 359 MtCO2. Ahora, según las palabras de Fernández, nuestro país se compromete a reducir aun más esa cantidad, a unas 349 MtCO2.

Sin embargo, la NDC que incluirá los detalles de cómo se logrará no ha sido publicada aún, sino que se hará camino a la COP26. El presidente argentino también anunció que se adoptarán «medidas profundas para erradicar la deforestación ilegal, tipificándola como un delito ambiental» y que se enviará un nuevo proyecto de ley de presupuestos mínimos de protección ambiental de los bosques nativos al Congreso. Además, llamó a sus colegas de América Latina y el Caribe para coordinar medidas regionales y solidarias.

«Estos son pasos consistentes con la meta de 1,5 °C y con la neutralidad de carbono hacia el 2050».

Alberto Fernández, presidente de Argentina, en el marco de la Cumbre Climática 2021.

Según les expertes, las metas más urgentes que debemos plantear a nivel nacional son las relacionadas con frenar la deforestación, cambiar las prácticas agrícolas y ganaderas para que sean sostenibles y promover una transición energética hacia energías y transporte más sustentables. Esto no puede hacerse sin políticas públicas efectivas y financiación suficiente. 

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¿Por qué limitar el calentamiento a 1,5 °C?

Si bien todas estas metas de los distintos Estados constituyen una mejora, todavía no son suficientes para alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de 1,5 °C, que es el que indican les científiques que nos va a permitir alcanzar un escenario con efectos menos dramáticos para la humanidad. De todos modos, sientan un precedente optimista de cara a la reunión de noviembre en Escocia.

Limitar el calentamiento a 1,5 °C no es imposible pero va a requerir transiciones sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad. Los próximos 10 años son críticos. Las emisiones globales netas de CO2 causadas por el ser humano tendrían que reducirse en un 45% con respecto a los niveles de 2010 para 2030, llegando a «cero neto» alrededor de 2050. Hay claros beneficios en limitar el calentamiento a 1,5 °C en comparación con 2 °C: 420 millones de personas menos expuestas a olas de calor severas, supervivencia de algunos arrecifes de coral tropicales, pérdida de menos especies de plantas y animales y protección de bosques y humedales.

Sin embargo, esta limitación debe ser continuada en el tiempo, ya que solo con alcanzarla no basta. Para que los efectos catastróficos no se hagan presentes debemos mantener la temperatura media por debajo de 1,5 °C. Por ello, la mayoría de los objetivos apuntan a 2030. Esto no significa que las consecuencias surgirán de un día para otro y estaremos condenades. El cambio climático es un proceso. De hecho, ya está causando problemas en todo el mundo. El objetivo planteado en el Acuerdo de París es evitar que estos sean irreversibles

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Las consecuencias del cambio climático ya están acá: sequías, migraciones, desplazamientos, hambrunas, guerras, destrucción de ecosistemas. Pero los impactos tienden a recaer de manera desproporcionada en les más vulnerables y vulnerades, así como en les menos responsables del problema. El cambio climático amenaza a la seguridad de los países y de las personas. Este es el momento para hacerle frente.

«Mientras el mundo se centra en la recuperación del COVID-19, usemos la oportunidad para volver a encarrilarnos para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible y reducir la amenaza del cambio climático. Hago un llamado a todos, gobiernos, sociedad civil y empresas hasta a los ciudadanos individuales, a trabajar para que el 2021 cuente».

Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas.

Fuentes:


¡Alerta! Fuego (también) en Misiones

Si creíamos que había sido suficiente con las 11 provincias incendiadas en este año, ahora hay que sumarle Misiones, uno de los lugares en donde más difíciles es pensar que el fuego empezó solo. Este año fue uno de los más secos y calurosos, por lo tanto, la sequía está presente en varias locaciones de nuestro país, pero eso no nos hace creer que el fuego no sea intencional.

Áreas que fueron focos de incendio en la provincia de Misiones.


Esta provincia del norte de Argentina tiene más de 50 focos de incendio y lleva más de 500 hectáreas quemadas. Se informó que comenzó en la Reserva de la biósfera Yaboty, un área natural que está protegida y en la que hay otras áreas naturales también protegidas como el Parque Nacionales Esmeralda, Moconá y la Reserva Natural Guaraní, entre otras. Son alrededor de 253 000 hectáreas, donde se alberga el 15% de lo que se conoce como Selva Misionera.

Pero, como siempre, sin cuidado y sin leyes que penalicen a las personas que crean estos incendios, el fuego se extendió y empezó a llegar a diferentes partes de Misiones. La provincia es una de las cuales más difícilmente podrían sufrir un incendio por su alto nivel de humedad, pero no ayudó la poca frecuencia de lluvias que tuvimos este año. Esto no quita que el fuego no haya sido creado por alguna persona.

La Selva Misionera es uno de los lugares más amenazados a nivel mundial. Por las grandes deforestaciones sufridas, el suelo se transformó en tierra para el cultivo de té y yerba mate y para ganadería. Debido a estos destrozos, se generan grandes inundaciones que no pueden ser absorbidas por un suelo donde falta vegetación. Parece que se repite la historia, ¿no? Actualmente, esta selva ocupa el 35% del territorio de Misiones, cuando a mediados del siglo XIX cubría la totalidad de la provincia. Recordemos que estas biodiversidades son la cuna de un montón de especies de flora y fauna, entre ellas, las que están en peligro de extinción.

Aunque Misiones cuenta con tres leyes que protegen y controlan las áreas naturales como la ley de áreas naturales Nº 2932/94, la ley de bosques Nº 854 y la ley de bosques protegidos Nº 3426, parecen no terminar de hacerse valer e impedir de alguna forma, aunque sea a través de penalización monetaria, que las personas provoquen estos fuegos. Además de todas esas leyes, se sancionó una ley provincial XVI- Nº 105 donde categorizan al bosque nativo para su conservación y protección. Este mismo año, se emitió la resolución Nº 293 que prohíbe toda quema en la provincia, salvo que haya autorización.

Se estima que en Misiones quedan un millón de hectáreas de bosque nativo. Pero que estas grandes porciones de tierras están en manos de empresas como Papel Misionero (Arcor), Arauco Argentina. Pero supuestamente estas compañías no pueden deforestar ni un árbol sin la autorización del Ministerio de Ecología, a cargo por Mario Vialey.

Ambientalistas y organizaciones están trabajando en un proyecto de ley que podría funcionar con el fin del fuego en la provincia. Su crítica está en la resolución Nº 293 por no ser eficiente, ya que al fin de la cuenta, terminan permitiendo la existencia de la posibilidad del uso del fuego. Reclaman la falta de un sistema de bombeo y mangueras en las zonas de parques nacionales y arroyos, como una ayuda a este problema. De igual forma, exigen a los intendentes a que se responsabilicen y se eduquen en el plan del manejo del fuego.

¿Quiénes viven en estos lugares?

Son varias las comunidades que viven en estas hectáreas, entre ellos, en la Reserva de la biósfera Yaboty vive la comunidad Mbya Guaraní y en Santa Ana, uno de los municipios de Misiones, los Ka’a Kupe, entre otras comunidades. Elles permanecen a solo unos pocos kilómetros del fuego, pero las municipalidades no muestran compasión ni un poco de ayuda.

Pocos días atrás de los 50 focos de fuego, la comunidad Ka’a Kupe sufrió ataques de talas de árboles nativos en su territorio. En los meses de septiembre y octubre, en la Reserva Biósfera de Yabotí habían maquinas desmontando, hasta en las áreas que le pertenecen a la comunidad Mbya. Estas personas sufren y atentan contra sus derechos constantemente.

A principios de 2020, la ONG Greenpeace se mostró a favor de la denuncia de los Ka´a Kupe en la denuncia a la empresa CARBA S.A que habían estado autorizados por el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables en deforestar la zona de Campo Grande, Misiones. Las comunidades acusan al gobierno del ausentismo frente al fuego que perjudicó la fauna y flora.

«Por ahora no tenemos ninguna respuesta del gobierno provincial y el fuego, el incendio sigue avanzando, sigue viniendo hacia la comunidad. Estamos preocupadísimos. Es muy triste para nosotros porque no solamente nos afecta a nosotros sino a los animales, las plantas y eso nos duele mucho».

Cacique Sabino Benítez.
Une de les habitantes de la comunidad al lado de un árbol legendario talado.


Por su parte, el gobierno nacional publicó en el mes de octubre el objetivo de aumentar la producción de cereales y oleaginosas modificadas genéticamente, buscando llegar para antes del 2030 a cosechar 200 millones de toneladas. Lo que llevaría a que se deforeste muchísimo más y se creen monocultivos de alimentos (no naturales ni saludables) en zonas que nada tienen que ver. Esto hace priorizar el dinero en los bolsillos de unos pocos y aumentar las problemáticas en el ambiente y en la salud de les habitantes.

El daño ambiental es irreversible. Hay personas que sigue aportando su granito de arena, como les vecines y les bomberes voluntaries que en todas las provincias les vimos más presentes que el mismo Estado. Sin embargo, quienes producen estos ecocidios no les importa lo que pensemos o hagamos nosotres, por lo tanto, no es momento de quedarnos callades o en el lamento, es hora de actuar.


Fuentes:


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Día de la Tierra: no es una celebración

El 22 de abril de 1970, más de 20 millones de personas salieron a las calles en Estados Unidos para reclamar por la creciente contaminación que veían en sus ciudades. Hoy, 50 años después, conmemoramos este día en nuestros hogares debido a la pandemia. Pero eso no significa que no podamos actuar y exigir nuevas políticas ambientales. El Día de la Tierra es una oportunidad para conectar con la naturaleza que nos rodea y comprender hasta qué punto estamos dañándola.

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