¿Qué censuran cuando nos censuran?

Los senos siempre han despertado críticas e incomodado a la moral patriarcal, llegando a ser su exposición en determinados contextos objeto de repudio. Desde la ya cotidiana costumbre de las redes sociales de prohibir fotos con el torso desnudo de mujeres, travestis, trans y no binaries, hasta las innumerables descalificaciones que recibió hace apenas un mes la primera ministra de Finlandia por utilizar un traje escotado en una entrevista, el odio hacia las tetas da cuenta una vez más de lo mucho que nos falta para lograr una verdadera autonomía sobre nuestros cuerpos.

La doble vara

Si existe un largo y continuo debate que ha puesto sobre la mesa el movimiento feminista en los últimos años es el uso «obligatorio» del corpiño. Y es que la desigualdad que impera sobre los pechos según nuestro género es muy evidente. En la playa, en Instagram, en la televisión, haciendo deporte en la plaza o incluso caminando por la vía pública, no existe ningún impedimento jurídico ni moral para que un hombre cisgénero pueda quitarse su remera haciendo gala de su desnudez.

Como debe suceder, nadie dudará por un solo momento de su hombría ni de sus intenciones. Tampoco se le adjudicará un carácter sexual a dicho acto ni le harán llegar un aluvión de obscenidades aquellos transeúntes que pasen cerca suyo, algo que no podemos afirmar de las mujeres, travestis, trans y no binaries que tengan el coraje de apelar a su comodidad y poder de decisión sobre su cuerpo para dejar al descubierto el busto, sea en Internet o en la calle.

Fuente: Infobae

Pero esta doble vara para sentenciar los cuerpos no solo es opresiva, sino que bordea la irracionalidad. Parecieran ser los pezones el eje central de la «aberración mamaria». Si el pezón no se muestra, la foto de Instagram sale. Si el botón mamario se cubre, no hay problema de salir ridiculizada y en ropa interior en el Bailando. ¿Quién decide realmente cuándo se pueden mostrar y cuándo no?

En otros contextos, como en las clases de educación sexual, queda terminantemente prohibido mostrar imágenes reales sobre nuestro cuerpo. Exceptuando algunas ocasiones, que bien podríamos llamar «revolucionarias», casi siempre se «educa» mediante esquemas lo suficientemente abstractos como para no «perturbar la moral». ¿Censurar nuestras tetas es algo natural o un mero capricho moral? ¿Por qué solo molesta la exhibición de los pechos feminizados y se permiten con total naturalidad los pechos masculinizados? ¿Se las prohíbe en todo momento o solo cuando tenemos la voluntad de decidir?

Quizás te interese leer: «Todes podemos contraer cáncer de mama: que no senos olvide», por Yamila Figueroa, Yanina Bellizzi y Ariadna Birocco

Misoginia y feminización de los cuerpos

Tanto en las redes sociales como en la vida cotidiana, la prohibición y la censura son factores recurrentes que afectan no solo a las mujeres cisgénero sino también a travestis, mujeres trans y no binaries. Incluso podría añadir a esta lista a varones trans que no se hayan realizado una mastectomía.

Esto no es un detalle menor dado que, incluso sin haber nacido con vulva o con una identidad de género diferente, ante los ojos del patriarcado el desarrollo mamario implica una lectura de feminización del cuerpo en cuestión y, como tal, digno de ser repudiado. El binarismo dominante y el odio a lo femenino (o lo asociado culturalmente a la feminidad), bases sobre las que se asienta el machismo, son el principio que rige la negación del cuerpo feminizado. No hay lugar para lo femenino, mucho menos para todo aquello que huye de la dicotomía hombre-mujer.

Pero el hecho de que el malestar y la censura perjudiquen por igual a mujeres cis, trans, travestis y no binaries no hace más que derrumbar el mito del carácter naturalmente sexuado y, por lo tanto, cercenado de la vida pública, de los senos femeninos (entendiendo, en términos biologicistas, como femenino a quienes nacen con vulva). De hecho, en otras culturas es (o fue) normal que una mujer deje al descubierto sus pechos sin por esto serle asignado un carácter lascivo. Una vez más, predominan la irracionalidad  y la misoginia.

¿Y qué es lo que molesta?

Si la «obscenidad de los pechos» fuese el problema, la indignación también se haría presente cuando se hipersexualiza el cuerpo de las mujeres en las publicidades y en los programas de televisión. O el nefasto rol que ocupan las mujeres cis y trans en la pornografía, destinada claramente al deseo y el consumo del hombre cisgénero heterosexual. Pero esa no es la cuestión.

Quizás te interese leer: «Historia de la depilación», por Juana Lo Duca

Si escarbamos un poco, lo que incomoda en realidad es la acción, necesariamente opuesta a la sumisión característica del rol femenino. El poder decidir qué hacer, cómo, cuándo y dónde con nuestro cuerpo. Por ello su postura reaccionaria frente al matrimonio igualitario, frente a la identidad de género y hoy, más que nunca, frente a la legalización del aborto. Arrebatarles la decisión y el permiso, tan arraigados al deseo masculino, insignia del poder que otorga portar y seguir el mandato fálico establecido para ejercer soberanía sobre nosotras, nosotres, es lo que hierve la sangre de muchos. Y, curiosamente, también de muchas.  

Entonces… ¿el corpiño no va más?

El uso del corpiño es un tema muy similar a la depilación, también fundada en la obligatoriedad que nos exige el patriarcado de mostrarnos conforme el deseo masculino. No se trata tampoco de dar vuelta la tortilla y censurar a quienes deseen depilarse o, en este caso, utilizar un corpiño. Lo que debe primar en nuestro sano juicio, lejos de la imposición e indistintamente de nuestro género, es nuestro poder de decisión.

Quizás te interese leer: «El corpiño, ¿un mal necesario?», por Florencia Gamón

No vamos a tolerar más la injerencia sobre nuestro cuerpo, sobre nuestras decisiones, sobre nuestros deseos. Que exista la posibilidad de ser diferentes, de hacer las cosas de otra manera y que ello no represente un peligro o un factor de hostigamiento para nadie debería ser el objetivo de todas, todes y todos. Eso sí: algunas personas van a tener que aprender a ceder sus privilegios.



¿Te gustó la nota?

Invitame un café en cafecito.app

Que sea rock

Iggy Pop prácticamente no tiene fotos con camisa, los Red Hot Chilli Papers hicieron cientos de shows en ropa interior y Charly García sin remera es la imagen de uno de los discos de rock nacional más populares. Pero Marilina Bertoldi no es un tipo. Sigue leyendo Que sea rock

Cuba busca prohibir el reggaetón

Artículo de opinión colaboración de Francisco D’Amore


Cuba ha estado en el centro de la opinión pública en estos últimos días debido a un polémico decreto que pretende «proteger» la cultura de la nación mediante un artículo en el que se implanta el control y la censura de obras con contenido «sexual, vulgar y obsceno».

El artículo Nº 349 fue incluido en un decreto firmado el 20 de abril por el −en aquel entonces− nuevo presidente, Miguel Diaz-Canel, y debía entrar en vigencia el pasado 6 de diciembre, pero su creciente impopularidad ha obligado al Ministerio de Cultura cubano a replantearse la decisión. El mismo ministro declaró que el decreto se irá aplicando de manera progresiva a medida que este gane consenso, y hasta el jefe de Estado cubano aceptó que la cuestión «debió ser más discutida y mejor explicada».

Pero, ¿por qué es tan polémico este asunto? ¿Significa una pérdida para la cultura que se prohíba el reggaeton?

Para analizar estas cuestiones, primero hace falta dimensionar la política que rodea al decreto. Además de sancionar a instituciones e individuos que permitan la escucha de esta música en ámbitos tanto públicos como privados, obliga a los artistas a vincularse con el Ministerio de Cultura cubano, lo cual le otorga a éste la completa libertad de inspeccionar y censurar el contenido artístico que se publica en la isla.

cuba-1202434_960_720

Lejos de ser algo exclusivo del régimen socialista, se trata de una reacción epidémica que están teniendo muchos Estados frente al auge de un movimiento que el conservadurismo no tolera ni controla. México es un claro ejemplo: el pasado 7 de febrero, la diputada Cristina Guzmán Fuentes presentó un proyecto para prohibir el reggaeton en los ámbitos escolares porque sus bailes y sus letras son, según palabras de ella, una «clara incitación al acto sexual».

Resulta imposible dejar de mencionar que, en este último caso, les estudiantes son en general menores de edad y ver en ellos una incitación al acto sexual por un determinado baile es una sexualización como mínimo extraña en una funcionaria adulta.

Esta repulsión de los poderes políticos hacia el reggaeton surge como una estratégica respuesta populista a la incomodidad que sienten las clases acomodadas al ver expresiones artísticas que superan su entendimiento de la moralidad. Sería ingenuo negar el nivel de objetivación y cosificación que contienen la mayoría de las letras de reggaeton, pero también sería hipócrita sostener que esta misoginia es exclusiva de dicho género.

Esta común asociación del reggaeton con el machismo proviene de la literalidad con la que los artistas manejan la letra de sus obras. Al ser una música que pretende emular el vocablo callejero y los modismos modernos, es difícil que encontremos el recurso de metáfora en una lírica reggaetonera. Cuando las letras tocan temas tabúes, los músicos lo relatan de una forma explícita que choca con la costumbre del oyente. Estos códigos incomodan a ciertos sectores sociales que prefieren la metaforización de temas comprometidos como el sexo, las drogas o la delincuencia.

Sería erróneo, además, separar a los artistas de los consumidores, cuando ellos mismos están regidos por el mismo sistema patriarcal. El reggaetonero creció viendo la misma cosificación de la mujer en televisión que nosotros y codeándose con los mismos micromachismos que nosotros.

Teniendo esto en cuenta, no es difícil imaginar que, en un género donde la ostentosidad es una de las principales temáticas, se trate a la mujer como un bien material. Este es un flagelo cultural colectivo que escapa a la responsabilidad individual de cualquier género ya que engloba a todos. Esta ofensiva del Estado cubano está lejos de significar un ataque al machismo sistemático; es una muestra de populismo y oportunismo político que roza con el clasismo y el capacitismo.

Este intento de censura por parte del Estado cubano es una medida irresponsable que intenta negar la identidad y los códigos de todas las clases populares. Las legislaciones deben ir más allá de los juicios de valor de las clases acomodadas y de la literalidad y la sonoridad de una expresión artística.

Decomisaron dos radios y detuvieron a uno de sus directores

El pasado martes 25 por la mañana, efectivos policiales ingresaron de forma simultánea en las instalaciones de Radio M de Virrey del Pino (104.1) y de FM Fórmula 1 de Merlo (87.7), secuestraron los equipamientos y demoraron por más de 6 horas a Ariel Montes, responsable del medio matancero, por pedir explicaciones del accionar policial.

“La policía llegó con órdenes judiciales que los habilitaban a manejarse con violencia si alguien se interponía”, explicó Guillermo Saucedo, presidente de la Unión de Comunicadores Audiovisuales y Afines. “Estaba participando de una radio abierta en el marco de la Escuela Itinerante en Congreso, y me llamó Ariel Montes para contarme que lo estaban llevando preso y que decomisaban la radio”.

En febrero, ambas radios habían recibido notificaciones por parte del Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) en las que se les solicitaba que se solucionaran desperfectos técnicos en sus antenas causantes de interferencias para la aviación. Se realizaron los arreglos correspondientes, aunque sin dar aviso posterior, y los agentes de policía se presentaron esta semana con órdenes judiciales para decomisar las radioestaciones.

El pasado 6 de abril, día de paro general, se publicaron en el Boletín Oficial de la Nación dos resoluciones del Ministerio de Comunicaciones orientadas a “impulsar los procesos sancionatorios de caducidad de licencias de servicios de TIC y de telecomunicaciones”. La resolución N° 2064-E/2017 crea la Dirección Nacional de Control y Fiscalización en la órbita del ENACOM y le otorga la “facultad de disponer la clausura, secuestro, apercibimiento, multa y/o comiso de estaciones radioeléctricas no autorizadas o en infracción (…) con el concurso del poder judicial y la fuerza pública, en caso de ser necesario”. Es decir, permite avanzar sobre medios que consideren fuera de regla y habilita el uso de la fuerza pública para ello, así como el inicio de causas judiciales.

El caso de estas dos radios se suma al de las radios formoseñas decomisadas en febrero de este año (FM Popular, FM La Torre y FM Millenium, entre otras). Para secuestrar el equipamiento de estas últimas, el motivo presentado por ENACOM fue que provocaban interferencia para la Torre de Control del Aeropuerto Internacional Formosa.

“Desde el ENACOM, el gobierno nacional viene por nosotros. Porque resistimos y somos la comunicación comunitaria. No les convenimos, necesitan mercantilizar y monopolizar la comunicación”, opinó Saucedo sobre lo ocurrido.