#Reseña Las aventuras de la China Iron: tradición gauchesca en clave feminista

Las aventuras de la China Iron es una novela de Gabriela Cabezón Cámara en la que se cuenta la historia de la China, olvidada en el clásico Martín Fierro. La protagonista adquiere vida propia, embarcada en una aventura que la lleva desde la penosa existencia en la estancia hasta una comunidad utópica tierra adentro.

Las aventuras de la China Iron es una novela de la escritora Gabriela Cabezón Cámara, publicada en el año 2017. La historia está ambientada e influida por la literatura gauchesca: la protagonista se desprende de «La ida» de El gaucho Martín Fierro y adquiere vida propia. En el poema de José Hernández, la china no tiene nombre; en cambio, en la novela se llama China, con mayúscula, Josephine Star Iron o Tararira, nombre que se da a sí misma cuando decide cambiar su vida.

La historia surge en un contexto en el que por la ley de levas se han llevado a Fierro junto con todos los hombres de la estancia y una alegre sensación de libertad impulsa a la China, de tan solo catorce años, a abandonar a los dos hijos que ha tenido con el gaucho. Los deja al cuidado de un matrimonio de ancianos y se sube a la carreta de Elizabeth, una inglesa culta y hermosa que también ha perdido a su marido y, a diferencia de la protagonista, está decidida a rescatarlo.

Quizás te interese leer: «Romances tóxicos en ficción: ¿qué idea del amor reciben les jóvenes?», por Josefina Anschütz y Mar Cortés

La novela está estructurada en tres partes: El desierto, El fortín y Tierra adentro. En todos narra el viaje, con aventuras y desgracias, de la China Iron junto con su perro Estreya y Liz. Por otro lado, la travesía que ambas mujeres inician por la pampa funciona como iniciación para la protagonista que, durante el recorrido, se alfabetiza, aprende el idioma inglés, lee clásicos de la época, conoce la ceremonia del té y del whisky, aprende las texturas de las telas, tiene la experiencia del sexo deseado y del goce.

«No sabía que podía andar suelta, no lo supe hasta que lo estuve y se me respetó casi como a una viuda, como si hubiera muerto en una gesta heroica Fierro, hasta el capataz me dio su pésame esos días, los últimos de mi vida como china, los que pasé fingiendo un dolor que era tanta felicidad que corría leguas desde el caserío hasta llegar a una orilla del río marrón, me desnudaba y gritaba de alegría chapoteando en el barro con Estreya».

Las aventuras de la China Iron.

La China relata desde un futuro lejano los recuerdos de ese renacimiento personal y celebra la naturaleza explosiva y salvaje de la pampa y de los ríos que se comen las orillas. Hay un tono de realismo mágico en esa naturaleza que por momentos parece cobrar vida. Mágica es también la carreta de Liz que provee, como si fuera la galera de un mago, todo lo que necesitan: especias, artefactos, barriles de whisky.

En el viaje conocen a Rosario, un joven gaucho que anda con su ganado por la pampa. La caravana llega al fortín La Hortensia y los recibe el dueño del casco de estancia, José Hernández, un coronel decadente, alcohólico, que piensa que a las mujeres «hay que darles rebenque hasta que se den cuenta de que quieren ser mandadas» y dice haber copiado los cantos al propio gaucho Martín Fierro que se encuentra allí con él.

Cabezon Cámara plantea escenarios impensados para la época. Por ejemplo, en lugar de la refalosa hay una fiesta del ponche que deviene en orgía desenfrenada donde se liberan todo los límites. Entre otras utopías, la historia narra como a  Fierro «lo han visto a los arrumacos con otro negro como él» y, además, le pide perdón por todo el mal causado a la China a través de una nueva serie de versos.

La autora

Gabriela Cabezón Cámara desafía los límites y apuesta a una historia que lee en clave de género la gauchesca en general y el Martín Fierro en particular. El resultado es una utopía del origen de la nación narrada con imágenes poéticas, explícitas y coloridas, una obra de espíritu carnavalesco que no deja un solo mito literario en pie.

La autora nació en Buenos Aires en 1968 y estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires. En 2013 fue becada como Resident Writer en la Universidad de Berkeley, California, y años mas tarde recibió la beca de la Literarisches Colloquium Berlin. Además, es periodista cultural. Sus artículos fueron publicados en distintos medios como Página 12, Le monde diplomatique, Anfibia, Revista Ñ y la revista Crisis.

Trabajó como editora de Cultura del diario Clarín y como docente en la carrera de Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes e imparte talleres en diversas instituciones. Publicó, entre otros libros, La virgen cabeza, Le viste la cara a Dios y Romance de la Negra Rubia. La novela de la China Iron fue elegida entre los libros del año en la edición en español del New York Times y de El País de España.

Quizás te interese leer: «#Reseña La manada: deconstruir el machismo colectivo», por Luciana Papazian.

Las aventuras de la China Iron es una novela que tiene una relectura y una reescritura de un clásico de la literatura argentina desde una perspectiva feminista, donde la escritora crea un mundo libre e igualitario para todas aquellas mujeres olvidadas por los poetas de 1800. En estos tiempos de avances en materia de género, esta novela propone un pasaje hacia algo que podría llamarse la matria, un territorio regido por mujeres, en el que lo masculino está devaluado por efecto de su propio exceso.


La importancia de la Cumbre Climática 2021

El pasado jueves 22 y viernes 23 de abril se llevó a cabo la Cumbre Climática 2021, convocada por Joe Biden, presidente de Estados Unidos. Esta reunió a más de 40 líderes de todo el mundo para tratar la problemática urgente del cambio climático.

Fue un encuentro necesario e importante y funcionó como antesala de la Conferencia de las Partes (COP) N° 26 que se hará en noviembre de este año en Glasgow, Escocia. El gran objetivo mundial es que la temperatura media de la Tierra no supere los 2 °C (siendo la meta para 2050 no superar el 1,5 °C) con respecto a las temperaturas preindustriales. Si bien hubieron varias propuestas para mejorar la acción climática global, ¿son estos nuevos compromisos suficientes para frenar el cambio climático?

Metas más ambiciosas

La novedad de la cumbre fue que contó con la participación de los principales países emisores de gases de efecto invernadero (GEI): China, Estados Unidos, Brasil y países de la Unión Europea. Además, muchos de ellos propusieron objetivos de acción climática más ambiciosos que los que habían presentado en años anteriores. Por ejemplo, Reino Unido se comprometió a reducir sus emisiones en un 78% para 2035 comparado con los niveles de 1990, mientras que Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, prometió bajarlas en un 45% para 2030; otro gobierno presente fue el de India que, si bien no hizo promesas sobre el carbono, se comprometió a instalar energías renovables en su país.

Una intervención esperada y necesaria fue la del presidente Jair Bolsonaro, quien se comprometió a erradicar la deforestación ilegal en Brasil para 2030 y lograr la neutralidad de carbono para 2050. Lo cierto es que estas promesas sorprenden, ya que desde que asumió el poder, la deforestación del Amazonas se aceleró, así como la desfinanciación de los órganos ambientales que luchan contra estas problemáticas. Por su parte, Biden prometió que su país reducirá las emisiones en más de un 50% para fines de esta década y China afirmó que va a lograr la neutralidad de carbono para 2060.

Quizás te interese leer: «A 42 días de los incendios en el sur argentino: la reconstrucción», por Tatiana Fernández Santos

Los 5 principales emisores de GEI son China, Estados Unidos, la Unión Europea, la India y Rusia. Brasil es el país más contaminante de América Latina, ocupando el 7mo lugar. Argentina está en el puesto 19.

¿Qué pasó con Argentina? 

Alberto Fernández abrió su discurso con la frase: «Debemos tomar conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biósfera». Luego anunció nuevos compromisos: «Elevamos nuestra contribución determinada nacional un 27,7% con respecto a la de 2016, que son dos puntos adicionales porcentuales a la ya presentada en 2020». ¿Qué quiere decir esto? 

Primero, las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) son los compromisos asumidos por los países que forman parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y que deben llevar a cabo para intensificar sus acciones contra el cambio climático, ya sea para reducir las emisiones de GEI o para adaptarse a los impactos producidos por ese fenómeno. Las contribuciones de cada país son establecidas en función de sus circunstancias nacionales y sus respectivas capacidades. El conjunto de las NDC presentadas por cada país debería contribuir con el cumplimiento del objetivo del Acuerdo de París

La NDC de 2016 afirmó que la Argentina se comprometió a no exceder la emisión neta de 483 millones de toneladas de dióxido de carbono (MtCO2) para 2030. La NDC publicada el año pasado proponía una reducción más ambiciosa: no exceder la emisión de 359 MtCO2. Ahora, según las palabras de Fernández, nuestro país se compromete a reducir aun más esa cantidad, a unas 349 MtCO2.

Sin embargo, la NDC que incluirá los detalles de cómo se logrará no ha sido publicada aún, sino que se hará camino a la COP26. El presidente argentino también anunció que se adoptarán «medidas profundas para erradicar la deforestación ilegal, tipificándola como un delito ambiental» y que se enviará un nuevo proyecto de ley de presupuestos mínimos de protección ambiental de los bosques nativos al Congreso. Además, llamó a sus colegas de América Latina y el Caribe para coordinar medidas regionales y solidarias.

«Estos son pasos consistentes con la meta de 1,5 °C y con la neutralidad de carbono hacia el 2050».

Alberto Fernández, presidente de Argentina, en el marco de la Cumbre Climática 2021.

Según les expertes, las metas más urgentes que debemos plantear a nivel nacional son las relacionadas con frenar la deforestación, cambiar las prácticas agrícolas y ganaderas para que sean sostenibles y promover una transición energética hacia energías y transporte más sustentables. Esto no puede hacerse sin políticas públicas efectivas y financiación suficiente. 

Quizás te interese leer: «Un plan de políticas ambientales con sabor a poco», por Martina Storoni

¿Por qué limitar el calentamiento a 1,5 °C?

Si bien todas estas metas de los distintos Estados constituyen una mejora, todavía no son suficientes para alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de 1,5 °C, que es el que indican les científiques que nos va a permitir alcanzar un escenario con efectos menos dramáticos para la humanidad. De todos modos, sientan un precedente optimista de cara a la reunión de noviembre en Escocia.

Limitar el calentamiento a 1,5 °C no es imposible pero va a requerir transiciones sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad. Los próximos 10 años son críticos. Las emisiones globales netas de CO2 causadas por el ser humano tendrían que reducirse en un 45% con respecto a los niveles de 2010 para 2030, llegando a «cero neto» alrededor de 2050. Hay claros beneficios en limitar el calentamiento a 1,5 °C en comparación con 2 °C: 420 millones de personas menos expuestas a olas de calor severas, supervivencia de algunos arrecifes de coral tropicales, pérdida de menos especies de plantas y animales y protección de bosques y humedales.

Sin embargo, esta limitación debe ser continuada en el tiempo, ya que solo con alcanzarla no basta. Para que los efectos catastróficos no se hagan presentes debemos mantener la temperatura media por debajo de 1,5 °C. Por ello, la mayoría de los objetivos apuntan a 2030. Esto no significa que las consecuencias surgirán de un día para otro y estaremos condenades. El cambio climático es un proceso. De hecho, ya está causando problemas en todo el mundo. El objetivo planteado en el Acuerdo de París es evitar que estos sean irreversibles

Quizás te interese leer: «¿Sexta extinción masiva? Informe Planeta Vivo 2020», por Carolina Pinochi

Las consecuencias del cambio climático ya están acá: sequías, migraciones, desplazamientos, hambrunas, guerras, destrucción de ecosistemas. Pero los impactos tienden a recaer de manera desproporcionada en les más vulnerables y vulnerades, así como en les menos responsables del problema. El cambio climático amenaza a la seguridad de los países y de las personas. Este es el momento para hacerle frente.

«Mientras el mundo se centra en la recuperación del COVID-19, usemos la oportunidad para volver a encarrilarnos para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible y reducir la amenaza del cambio climático. Hago un llamado a todos, gobiernos, sociedad civil y empresas hasta a los ciudadanos individuales, a trabajar para que el 2021 cuente».

Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas.

Fuentes:


Granjas industriales de cerdos: ¿solución o problema?

Artículo escrito en colaboración por Tatiana Fernández Santos,
Yamila Figueroa y Florencia Bareiro Gardenal


En un contexto de pandemia cuya causa está directamente relacionada con la degradación ambiental y el hacinamiento de animales para su consumo, la cancillería argentina anunció una «asociación estratégica» con China para «producir 9 toneladas de carne porcina de alta calidad», es decir, 14 veces más que lo que Argentina produjo en 2019.

A raíz de esto, un grupo de científiques, profesionales y organizaciones ambientalistas buscan frenar el acuerdo mediante el documento «No queremos transformarnos en una factoría de cerdos para China, ni en una fábrica de nuevas pandemias».

¿Por qué China necesita que otros países le garanticen la crianza de cerdos para su consumo y está dispuesta a pagar más por esto si antes solo necesitaba importar el alimento que consumían estos animales? Entre 2018 y 2019, la Peste Porcina Africana (PPA), que provoca la muerte del animal entre 24 y 48 horas y no tiene cura, se extendió por todas las regiones del país asiático y obligó a que en 2018 sacrificaran 700 millones de cerdos y en 2019 cerca de 250 millones. China quiere mantener su alto consumo de carne porcina pero hacerlo en su propio país implica un riesgo muy alto.

Si bien en un contexto de crisis económica la posibilidad de producir, exportar y generar divisas extranjeras se presenta como una posible salvación, es necesario detenerse a pensar si mantener el modelo de producción en base a la industrialización de animales criados en hacinamiento y al monocultivo, o incluso potenciarlo al pasar de la producción de 7 millones de cerdos a 100 millones —sumado a la producción de soja y maíz para su alimentación—, es realmente la solución o es parte del problema.

En Escritura Feminista, debatimos acerca del contexto actual de pandemia, de lo que el acuerdo persigue, de su origen y sus consecuencias y entendemos que este tratado no es una solución a la crisis económica sino que es parte del sistema de producción que acumula riquezas en pocas manos, reproduce pobreza y genera un impacto ambiental irreversible. Por esto, compartimos 5 razones para decirle NO a la instalación de granjas de cerdos en Argentina

1. NO, por el impacto veterinario, ambiental y humano

En las granjas industriales, la alimentación de los cerdos se basa en su mayor parte en soja, maíz y alimento balanceado. La gran cantidad de animales que se pretende producir en nuestro país acentuará —aun más— la deforestación masiva y la pérdida de biodiversidad para la plantación extensiva de soja y otros granos. Este alimento producido con nuestras tierras arrasadas, con agrotóxicos y OGM (organismos genéticamente modificados), será alimento de animales hacinados y enfermos que luego consumirá la población China y, lo que sobre y sea de descarte, la población Argentina.

Quizás te interese leer«Agrotóxicos y OGM: impacto sobre la salud», por Yamila Figueroa

El hacinamiento en las granjas industriales es tal que los animales se encuentran uno al lado del otro durante toda la vida, desde que nacen y son destetados de su madre, hasta que mueren para dirigirse al plato del consumidor. La masividad de animales en poco espacio aumenta los riesgos de producir enfermedades infecciosas que se extiendan a la totalidad de un galpón, es decir, si hay un animal enfermo lo más probable es que la infección se extienda, lo cual aumenta la posibilidad de pérdida del «producto».

Para evitar esto, se aplican dosis bajas de antibióticos a todos los animales (sin importar si están enfermos o no) a modo de prevención. Estas dosis favorecen la selección de bacterias multirresistentes que luego se encontraran en el ambiente y en los alimentos, podrán pasar al ser humano y dificultar los tratamientos humanos.

2. NO, por el sufrimiento animal y humano

Un argumento a favor de instalar una granja industrial de cerdos es la generación de nuevos puestos de trabajo. La pregunta es ¿qué tipo de puesto de trabajo quiere generar nuestro país? La respuesta no es para nada sencilla. ¿Cuál es la actividad de alguien que trabaja en un matadero? ¿Asesinar, descuartizar, separar las piezas del animal que se transforma en un pedazo de carne? ¿A quiénes están dirigidos estos puestos de trabajo? ¿Personas con fuerza física y falta de sensibilidad para que puedan soportar ver la muerte a la cara? ¿Masculinidades, hombres, varones, padres de familias? ¿Qué tipo de consecuencias tiene en la vida de un hombre llevar a cabo estas tareas?

Para intentar responder solo algunas de estas preguntas, Escritura Feminista entrevistó a un extrabajador de un frigorífico de cerdos ubicado en González Catán, partido de La Matanza (GBA).

Aviso de contenido en el testimonio: electrocución, menciones de alcoholismo, descripciones explícitas de matanza, fluidos corporales, cáncer.

«Estos animales estaban faenados de una manera… Yo no sé si decir que dentro de la ley “tenés que tener una forma de hacerlo”. Ellos tenían una forma de hacerlo ilegal porque los electrocutaban y eso no es legal. Les daban 220 directo con una pinza en la cabeza, con el peligro que era también para la persona que manipulaba la pinza. Yo cuando veía eso quería huir, me preguntaban si me animaba a hacer eso y les dije que no, no podía verlo, o sea, es una escena horrible… Y cómo queda el animal, ¿no?».

Extrabajador de matadero de cerdos.

En base a este testimonio, lo que se expone es que el sufrimiento no es solo animal, es también humano: nadie elige trabajar en un matadero y ser testigo de este asesinato en masa. Todo lo que se realiza, lo que se huele, lo que se escucha y lo que se vive ahí queda marcado en esa persona para toda la vida.

«Después, lo que sufren estos animales porque están en la manga y saben lo que va a pasar, porque escuchan lo que les está pasando a los que van adelante. Ese sonido que ellos deben identificar, esos gritos alertan a los de atrás. Y los de atrás no quieren caminar por la manga (la manga es por donde ellos van camino al matadero). A medida que ellos se van acercando a las pinzas, saben que se van a morir».

Extrabajador de matadero de cerdos.

Respecto de la persona que realizaba esas tareas, el testimonio concluye:

«Yo pienso que se ocultaba mucho detrás del alcoholismo. Nuestros encargados eran personas que eran totalmente alcohólicas… El alcohol cumplía una función de dormir la conciencia de esas personas. Porque una vez faltó el muchacho de la sierra y me dijeron “andá a la sierra” y cortar esos animales en dos a mí me marcó. Creo que corté a dos y no pude hacerlo más, me temblaba la mano. Aparte te salpicas todo, es algo verdaderamente horrible. Después, con esa misma sierra conocí lo que era el cáncer porque el animal tenía cáncer y vi de qué se trataba, cómo estaba podrido por dentro ese animal».

Extrabajador de matadero de cerdos

3. NO, por la contaminación ambiental

Es necesario profundizar a qué nos referimos cuando hablamos de que el sector ganadero tiene un impacto ambiental de gran magnitud. Según Melanie Joy, autora del libro «Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas», es muy probable que la agricultura animal sea la principal causa de contaminación del agua en el mundo. Pero no termina ahí: la tierra y el aire también se ven afectados.

«El metano que emite el ganado y el estiércol que genera equivale al efecto de calentamiento global que producen 33 millones de automóviles. Los gases de efecto invernadero que produce el ganado constituyen el treinta y siete por ciento de todo el metano, el sesenta y cinco por ciento del óxido nitroso y el sesenta y cuatro por ciento de amoníaco en la atmósfera».

(Joy, 2013)

4. NO, porque necesitamos otro sistema que garantice una alimentación saludable para todas las personas

Ante esta situación, urge repensar nuestros modelos de consumo alimenticios, evaluar el origen y el trayecto que deben recorrer los alimentos hasta llegar a nuestros hogares. La alimentación es un derecho humano y para defender este derecho es necesario poner un freno al sistema mercantilista que se entromete en nuestros platos. Si los alimentos se dejan en las manos de la agroindustria, la respuesta va a seguir siendo la misma: hambre, explotación de la agricultura campesina, alimentos de baja calidad, explotación de trabajadores, contaminación del medioambiente, enfermedad y futuras pandemias.

«Se necesitan unos novecientos kilogramos de grano para producir carne y otros productos procedentes de ganado y animales de cría para alimentar a una persona durante un año. Sin embargo, si esa persona consumiera el grano directamente, en lugar de a través de productos animales, solo necesitaría ciento ochenta kilogramos».

(Joy, 2013)

El consumo responsable, la agroecología y la soberanía alimentaria deben ser una respuesta revolucionaria de la sociedad frente a los abusos del sistema en lo que a alimentación se refiere. Este modelo se basa en un principio completamente diferente, que prioriza el diálogo entre productores y consumidores, la producción de alimentos según temporada, la distribución equitativa y el respeto del medioambiente y les habitantes de los pueblos.

Quizás te interese leer: «¿Qué es la Soberanía Alimentaria?», por Yamila Figueroa

5. NO, porque no queremos gestar la próxima pandemia

Luego de conocerse el posible acuerdo con China, se publicó un documento desde el blog Pacto Ecosocial y Económico en Argentina que advierte: «No queremos transformarnos en una fábrica de nuevas pandemias». El documento desarrolla cómo los criaderos industriales de animales, parte de un modelo agroindustrial cruel, además de generar focos de contaminación son incubadoras de nuevos virus altamente contagiosos y, por ende, son fábricas de nuevas pandemias.

Al documento adhirieron personas que se dedican a investigar cuestiones socioambientales desde hace años, como Maristella Svampa, que en su cuenta de Twitter denunció que con estos sistemas de mal desarrollo agroindustriales «nosotros buscamos al virus, el virus no nos busca a nosotros», citando e interpelando directamente al presidente de la Nación Argentina.

Si bien la Peste Porcina Africana (PPA) no se contagia a les humanes, el hacinamiento de los animales que son constantemente tratados con antibióticos puede generar nuevas resistencias a bacterias y esa resistencia sí pueden transmitirse a las personas, como explicamos en el Punto 1. Es necesario entender que estamos en una pandemia que comenzó mediante la transmisión de un virus de un animal a una persona.

Y, con todo esto, ¿qué hacemos?

Esta es la primera nota de un ciclo que desarrollará cada una de las razonas por las cuales hay que decirle NO a la instalación de granjas industriales de cerdos en Argentina, ya sea para exportar a China o a cualquier país del mundo.

Este es el momento para decirle NO a este acuerdo y hacer correr la voz. La organización ambientalista Jóvenes por El Clima comparte este documento para adherir con tu firma a que no se lleven adelante las granjas industriales de cerdos que van a enriquecer a los mismos empresarios cerealeros y de la agroindustria de siempre, van a incentivar más monocultivo en el país y van a dejarnos un impacto ambiental irreversible como también un foco de riesgo para la creación de nuevos virus.