#Entrevista a Silvia Kochen: Cannabis medicinal y «bodoques de cemento»

Silvia Kochen es investigadora principal del CONICET y directora del Laboratorio de Neurociencia Clínica – Epilepsia y Cognición del Instituto De Robertis Biología Celular y Neurociencia (IBCN). Además es directora de la sección de epilepsia en el Hospital Ramos Mejia, profesora adjunta de la cátedra de Neurología en la facultad de Medicina e investigadora principal del Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires.

Es también una de las fundadoras de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología (RAGCYT), donde se dedica a comunicar los aportes de la neurociencia al conocimiento sobre cerebro y mujer, que permiten discutir los estereotipos binarios de género que están en la base de la mirada dominante respecto de lo femenino.

En esta entrevista para Escritura Feminista, conversamos sobre la nueva regulación sobre Cannabis medicinal en nuestro país, el tratamiento de la epilepsia refractaria y el rol de la mujer en la ciencia argentina. 

Es necesario aclarar que la epilepsia refractaria hace referencia al estado en donde las crisis epilépticas son frecuentes y limitan al paciente de vivir plenamente acorde a sus deseos y su capacidad mental y física. A su vez, coincide con el tipo de epilepsia en donde el tratamiento anticonvulsivante no funciona y se limita el desarrollo normal de la persona.


Escritura Feminista: Según muchas publicaciones e investigaciones a nivel mundial, sabemos que una de las posibilidades para el tratamiento de la epilepsia refractaria es el Cannabis medicinal, ¿por qué no es efectiva la medicina tradicional?

Silvia Kochen: A pesar de contar con más de veinte drogas para el tratamiento de la epilepsia, existe un 30% de les pacientes que no responden a la medicación tradicional que se utiliza y aún no se sabe por qué. En este grupo de pacientes que no responden, se pueden identificar algunos factores de riesgo, pero aún se desconoce el motivo. Frente a esta dificultad, se empezaron a buscar tratamientos alternativos y en este amplio espectro, apareció el Cannabis como una posibilidad. La experiencia inició desde los propios pacientes, familiares y desde la comunidad en general. Ellos detectaron que había pacientes con esta dificultad en quienes sí era efectivo el Cannabis, especialmente del CBD.

E.F.: Muchas veces la farmacología tradicional suele ser agresiva y afectar a varios sistemas de nuestro organismo, en cambio, el Cannabis tiene fama de ser más amigable con el cuerpo. Aquelles pacientes que son tratados con farmacología convencional, ¿podrían ser tratados con Cannabis medicinal?

S.K.: Todas las drogas tienen efectos adversos y esta no es la excepción. Esta es una pregunta abierta porque ni yo ni nadie en el mundo tiene experiencia en población de pacientes que responden al tratamiento convencional. De igual manera, nosotres sabemos que muchas veces les pacientes lo prueban por la suya. Hay reportes anecdóticos y aislados de pacientes que anduvieron muy bien con el tratamiento con Cannabis medicinal y otres que no anduvieron tan bien, pero no hay una evidencia científica comprobada.

E.F.: ¿Sería viable el tratamiento exclusivo con cannabis medicinal para la epilepsia?

S.K.: Más que seguro, en algún momento tendremos este estudio porque siempre que sale una nueva molécula al mercado, lo primero que se hace es probarlo en aquellos que no responden al tratamiento convencional (es decir, los refractarios). Cuando esa molécula finalmente resulta efectiva es cuando se autoriza el uso de monoterapias mediante los organismos reguladores (en nuestro país ANMAT -Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica- o en Estados Unidos la FDA). Esto quiere decir que se empieza a usar como primera opción de tratamiento. Con el Cannabis va a suceder el mismo camino y luego se verá.

E.F.: ¿Qué componente se usa para el tratamiento de la epilepsia?

S.K.: El epidiolex es la primera molécula aprobada por la FDA para uso en epilepsia refractaria. La empresa que lo fabrica además es quien lo cultiva. En cuanto a su composición química tiene un porcentaje mayoritario de CBD [cannabidiol] con menos de un 1% de THC. El hecho de que se cultive y se utilice la planta con esta genética en particular significa que hay otros componentes (algunos trabajos dicen que hasta los terpenos, que son aquellos que les da el olor característico) que tienen efectos terapéuticos.

Además contamos con la evidencia de que cuando se quiso utilizar únicamente el CBD, no tuvo resultado y esto nos dice que lo que hace al tratamiento efectivo es la combinación de todos estos compuestos químicos de la planta y no solo uno aislado en particular. La producción artesanal con genéticas que tengan un predominio de CBD, demuestran muy buenos resultados.

E.F.: ¿Qué avances hay con respecto a los controles de calidad del aceite de cannabis? ¿Es probable la aprobación por ANMAT?

S.K.: Soy parte del consejo consultivo del Ministerio de Salud de la Nación representando al CONICET y se ha visto muy buena predisposición por parte de las autoridades en todo lo que hemos planteado. Dentro de este contexto, fueron tomadas todas las propuestas que les acercamos desde el consejo. Sabemos que ANMAT está trabajando en ver cómo se amplían las categorías para que el Cannabis no quede en la categoría de medicamento sino en una categoría más amplia. Por ejemplo, en Estados Unidos, es un suplemento dietario (esto quiere decir que se lo regula y controla como un suplemento dietario y no como un medicamento). Además, hoy en día, las Naciones Unidas ha sacado un comunicado en donde dice que el CBD no es un producto ilegal. 

«Estamos todes muy contentes porque a partir de esto van a ir aumentando las investigaciones, que no solo se van a limitar a la epilepsia sino también a otros trastornos y patologías. Esto también va a permitir hacer investigaciones en semillas autóctonas, que en nuestro país hay un gran desarrollo».

E.F.: Hace unos días, esta nota comentaba sobre la producción legal de aceite de Cannabis en Jujuy. ¿Existen otras zonas nacionales de cultivo? ¿Qué potenciales tiene nuestro país para este fin?

S.K.: Jujuy es el más conocido pero hay cultivo de Cannabis medicinal a lo largo y ancho de nuestro país. El caso de Jujuy aparece con más prensa ya que se constituyeron como empresa pero hay experiencias en todos lados y yo creo que Argentina tiene todas las condiciones geográficas y especialmente de recursos humanos para ser exitoso. No solo podrá autoabastecerse sino también producir exportaciones. 

E.F.: ¿Se están realizando investigaciones en pacientes?

S.K.: Nosotres estamos haciendo un seguimiento de pacientes que están utilizando Cannabis como opción terapéutica y, en base a esto, se hace una evaluación de cómo es su frecuencia de crisis, sus respuestas, si tienen o no efectos adversos, cómo es la conducta de cada une de les pacientes.

Por otro lado, está en vista empezar con otro ensayo observacional (además del que ya hicimos) en pacientes adultos con epilepsia refractaria que utilizan Cannabis medicinal como tratamiento. Este es un proyecto que está aprobado por el Comité de Ética y estamos viendo los detalles para que se pueda lanzar pronto.

E.F.: ¿Qué resultados están OBteniendo con estas observaciones e investigaciones?

S.K.: Los resultados que hemos estado observando se encuentran publicados y son más o menos parecidos a los que se vienen publicando en otras partes del mundo. Alrededor de la mitad o un poquito más de la mitad de los pacientes que utilizaron Cannabis medicinal tuvieron muy buena respuesta y resultado.

«Esto quiere decir que, gracias a esta droga, bajaron la frecuencia de crisis y que mejoraron algunos aspectos de la conducta como por ejemplo el sueño, el apetito, el conectarse con el medio; es decir, que mejoraron su calidad de vida».

E.F.: Hoy en día, con la nueva modificación de la reglamentación, tanto el Estado como las obras sociales y prepagas deberán hacerse cargo de este tratamiento. ¿Considerás que de alguna manera se termina el tabú y la clandestinidad con este tipo de medicina?.

S.K.: La reglamentación que existía era muy mala, hecha por el gobierno anterior y diseñada específicamente para que no se pueda implementar nada. Esta nueva reglamentación apunta a que a las personas a las cuales se les indique Cannabis medicinal como opción tengan los máximos estándares y controles de calidad. Cuando el Estado no está presente, se da lugar al mercado ilegal. Dentro de este mercado ilegal podemos encontrar personas que trabajan muy bien y que saben muy bien lo que hacen, haciendo productos con alta calidad, pero también hay otras personas que son delincuentes y estafan a les necesitades. Esto se resuelve con controles de calidad, con estándares, con buenas prácticas de cultivo y manufactura. Un poco a esto apuntó la nueva reglamentación. Falta mucho, nosotres colaboramos desde la red de CONICET en la nueva ley que armamos y que va presentar, en enero o en febrero, la diputada por la provincia de Entre Ríos, Carolina Gaillard.

E.F.: Nuestra revista tiene una sección de grandes mujeres y sin lugar a dudas vos sos una de ellas. Como toda mujer de la ciencia, podemos llegar a pensar que tu camino en el ámbito científico y de la salud ha sido difícil. ¿Qué podrías decirnos de tu paso por la ciencia? ¿Sentiste alguna vez el «techo de cristal»?

S.K.: Como una de las fundadoras de la Red, este es un tema que tengo bastante caminado. Millones de veces me enfrenté a situaciones que más que techos de cristal eran bodoques de cemento imposibles de perforar sin morir en el intento. Pero acá estoy, no morí y una puede tener más o menos conciencia pero el patriarcado siempre se siente, tanto en el área de la ciencia y la tecnología como en otras áreas. 

En nuestro caso (la ciencia), no se ve reflejado en el salario y a igual posición académica igual salario, pero lo que sí esta clarísimo es que para que una mujer tenga la misma posición académica que un varón, tiene que mostrar más currículum y ser mejor. Siempre demostrar un poquito más. Nosotras pasamos por pruebas que a los varones jamás se les cuestionan o se les pregunta. 

Nosotras como RAGCyT sabemos que estamos mejor y que esa tijera, en donde las mujeres somos mayoría en los puestos más bajos y vamos desapareciendo en los puestos de mayor jerarquía, está menos presente pero sigue estando, independientemente de la edad y del área temática. Todavía hay un largo camino a recorrer. 

El hecho de que la presidenta de CONICET sea hoy en día Ana Franchi, quien es también fundadora de la Red, es una señal de que vamos en buen camino. Pero de ninguna manera hay que aflojar. Hay que estar siempre alerta y lo que siempre le digo a las mujeres más jóvenes cuando les puedo dar un consejo es que elijan todo y que no se dejen convencer de que si quieren ser madres no pueden ser científicas o no pueden ser amantes o no pueden ser amigas: elijan todo. Porque así como los hombres eligen todo, nosotras también podemos hacerlo. 


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¿Por qué vincular la lucha feminista a la ciencia?

Artículo escrito en colaboración por Yamila Figueroa y Yanina Bellizzi


Desde que tenemos uso de razón podemos nombrar sin ninguna dificultad a al menos tres científicos varones que han hecho historia a nivel mundial. Por ejemplo, es muy fácil vincular a Einstein con la teoría de la relatividad, a Newton con la bien conocida historia de la manzana que derivó luego en la ley de gravitación universal y a Darwin con la tan famosa teoría de la evolución de las especies.

Ahora, si pensamos al revés, ¿podemos recordar con igual facilidad a alguna científica que haya hecho historia? Tal vez no se nos venga ninguna representante de esta área o quizás tan solo recordemos la historia de Marie Curie. ¿Conocemos mujeres científicas? ¿Hay científicas que hayan hecho historia mundial? ¿Por qué sus nombres son menos conocidos y por qué sus logros son menos difundidos? ¿De verdad lograron sus objetivos? ¿O resulta que legitimar esos logros implica ceder un territorio originariamente patriarcal y en disputa?

Desde que somos pequeñes nos han hecho creer que hay actividades, saberes y competencias consideradas de forma exclusiva «de niños» y otras que son «de niñas». Estas actividades históricamente han mantenido una exclusividad sexista y quienes se han animado a atravesar esa línea invisible y divisoria de inmediato se convertían en personas «raras» que no se alineaban con lo «normal». Pero ¿de qué manera este fenómeno pudo condicionar a miles de niñas a lo largo de la historia en su deseo de vincularse con las áreas de Ciencia y Tecnología (CyT)?

Para responder a esta pregunta, debemos rememorar nuestros juegos y juguetes, nuestras actividades extracurriculares a contraturno de la escuela, los programas televisivos que veíamos y los y las referentes que teníamos. También, debemos tener presente el discurso en torno a las posibilidades de las niñas de cumplir sus anhelos o deseos.

Por ejemplo, la frase tradicional «el sueño del pibe», sin quererlo, probablemente cohibió a muchas de nosotras a ingresar en un territorio del cual de forma sistemática e implícita veníamos siendo excluidas. Las distintas formas de violencia y estigmatización empiezan desde muy temprano, se edifican en una estructura hegemónica que se arma de a poco pero de manera muy sólida.

Preguntas instaladas en la sociedad como «¿Qué querés ser cuando seas grande?» han arrojado por mucho tiempo una única respuesta posible para nosotras: algo fácil, con salida laboral rápida, que se adapte a las tareas de cuidado y maternidad que nos fueron asignadas. Si, hipotéticamente, la respuesta fuese «Yo quiero ser científica», la contrapregunta de la sociedad sería «Pero ¿eso no es muy difícil? ¿Vas a poder con todo?». En el contexto de nuestro desarrollo como mujeres está claro que la «dificultad» y el «todo» forman parte de un mandato patriarcal que la sociedad pretende imponer y visibilizar para dar a entender cuál es nuestro único rol posible dentro de ella.

Para aquellas mujeres que, a pesar de las trabas, deciden continuar con una carrera científica, se observa que dedican un esmero incluso más alto que el de sus pares varones en demostrar (y demostrarse) que sí poseen esas cualidades tradicionalmente atribuidas al varón y que, de hecho, son tanto o más valiosas que ellos. De esta manera y con el esfuerzo descomunal que realizan las mujeres por acortar la brecha en el marco de las ciencias, no se cuestionan los ámbitos institucionales y tampoco se ponen en duda las formas de hacer ciencia reproduciendo de manera sistemática el individualismo, la competencia, las jerarquías verticalistas establecidas y la hegemonía patriarcal.

La ciencia y las mujeres de hoy en día

El movimiento de mujeres y diversidad se ha establecido en la agenda cotidiana mundial como brazo propulsor para el tratado de innumerables deudas de la democracia. Según datos de la UNESCO, menos del 30% de les investigadores científiques a nivel mundial son mujeres. En nuestro país la situación resulta muy similar y tan solo el 33% de la totalidad de las mujeres argentinas integran el universo de las carreras de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática (STEM, por sus siglas en inglés). Sin embargo, dentro del sistema científico, el 53% de les trabajadores pertenecen al género femenino. Pese a esta supuesta paridad en cuestiones de género, si evaluamos la estructura científica, observamos que la distribución es desigual y que las mujeres acceden en menor proporción a los cargos de mayor jerarquía.

Teniendo en cuenta estos datos nos es urgente preguntarnos: ¿tiene algo que ver el feminismo con la ciencia?

La ciencia en general y el ámbito científico en particular, lejos de ser neutrales, se encuentran atravesados por una dimensión antropológica, cultural y androcéntrica que limita las potencialidades de las mujeres en el crecimiento profesional/laboral. Así, marcaremos a continuación algunas problemáticas que consideramos relevantes en este marco introductorio (sin desmerecer otras disparidades igualmente importantes, latentes y prevalentes en el sector) y que, desde nuestra perspectiva, presentan un vacío institucional desde hace ya demasiado tiempo en perjuicio de la permanencia y el desarrollo profesional de las mujeres en el contexto de la CyT.

Paridad de género en las áreas y acceso a puestos jerárquicos

La desigualdad en torno a la accesibilidad de puestos de trabajo por parte de las mujeres no es ninguna novedad y menos en el ámbito científico, el cual se jactó siempre de tener una esencia elitista, sexista y patriarcal. Datos obtenidos del análisis de la igualdad de géneros en ciencia, tecnología e innovación en nuestro país indican que un 86% de las autoridades de organismos en el ámbito de ciencia y tecnología corresponden a varones, dejando tan solo el 14% restante a mujeres. Particularmente, en cuanto al nivel alcanzado en puestos de alto rango en la carrera de investigación científica, se observa que un porcentaje menor de mujeres acceden al puesto de investigador superior o principal del CONICET respecto de los varones.

Dentro de este marco, las mujeres deben conformarse con ser investigadoras adjuntas, asistentes o becarias postdoctorales en un contexto en el cual deben esforzarse y hacer más meritorios esos puestos que aquellos varones con el mismo currículum. Sobre la base de esta segregación verticalista es cómo se conforma el denominado «techo de cristal». Es un mecanismo tan eficaz y arraigado en el sistema que no pone en duda el proceso mediante el cual se ejecuta el ascenso laboral y coloca en juicio de valor las condiciones personales interpuestas o el deseo para hacerlo como únicos responsables. Este fenómeno, así como también el denominado «efecto Matilda» o «efecto Curie», enmarcan la estructura científica actual, no solo en nuestro país sino también en el mundo.

Efecto Matilda.
Trayectoria profesional de la mujer y el techo de cristal.

Como ejemplo de lucha y allanamiento del camino que procuraron ciertas mujeres en el ámbito de las ciencias duras, les invitamos a ver la peculiar historia de la primera médica mujer recibida en nuestro país y la primera mujer en recibir un título universitario en Sudamérica, Cecilia Grierson.

En su conjunto, las disparidades mencionadas conforman una brecha de género que no se limita únicamente al acceso a puestos de alta jerarquía, sino que se extiende al desarrollo de otras actividades competentes al sector científico-académico. A modo de ejemplo, podemos mencionar la evaluación de proyectos científicos o de recursos humanos, así como la dirección de proyectos de investigación e incluso la posibilidad de realizar publicaciones científicas en revistas de alto impacto, tanto en Argentina como en Iberoamérica. En nuestro país, estos datos acrecientan aún más la desigualdad teniendo en cuenta que hay un mayor porcentaje de investigadores mujeres que varones trabajando en las áreas científicas.    

El mapa muestra el porcentaje de investigadoras en el mundo.  INSTITUTO ESTADÍSTICA UNESCO.

Carreras científicas coartadas por la maternidad

Resulta claro que las limitaciones en la accesibilidad a puestos jerárquicos y otras desigualdades mencionadas se ajustan perfectamente con el rol patriarcal que se le asigna a la mujer en la sociedad. Cuando hablamos de carreras científicas coartadas por la maternidad, no nos referimos a que la ejecución del deseo de ser madre como hecho que en sí mismo limite la capacidad de la mujer para poder ser competente en su área de experticia, sino que las condiciones del sistema científico en la actualidad no están dadas para que puedan articularse en conjunto. Así, muchas veces, debemos elegir entre una u otra opción, por el simple hecho de que ambos aspectos no están contemplados o alineados en nuestro derecho a desarrollarnos profesionalmente y ejercer la maternidad.

Si bien en estos últimos años en nuestro país se pusieron en práctica algunas contemplaciones y extensiones de plazos en relación al ejercicio de ser madre, las tensiones que provienen de la dificultad de conciliación de la vida privada y profesional tornan imposible esta cohesión. A su vez, la falta de apoyo laboral durante el tránsito de la maternidad y ciertos estereotipos culturales que generan prejuicios sobre las posibilidades de éxito profesional de las mujeres y sus aptitudes para asumir posiciones de poder son factores de tipo científico-estructural que desalientan el avance en sus carreras.

Por estas y por infinitas razones por las cuales vale la pena luchar en nuestro país es que, desde Escritura Feminista, consideramos que la ciencia Argentina no puede verse como una entidad apartada del resto de los compromisos de los feminismos. Creemos que las desigualdades en el ámbito científico son las mismas marginalidades que atraviesan las mujeres a lo largo de sus vidas. Esas mismas injusticias naturalizadas son las que necesitamos visibilizar y cuestionar para poder erradicar.

Para hacer eco de todas estas problemáticas, para difundir proyectos de nuestres invisibilizades, para aprender sobre los lenguajes y métodos de la ciencia, para generar un espacio científico-académico menos sesgado y más genuino, nace este espacio: divulgar ciencia y feminismo para que en este ámbito también caiga el patriarcado.


Fuentes:


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