Buscan censurar una película LGTBI de Corrientes

Artículo escrito en colaboración con Javier Franco


La plataforma Netflix comenzó a distribuir la película Las Mil y Una a comienzos de mes. A raíz de ello, la multipremiada cinta LGTB recibió críticas de les vecines del barrio donde fue ambientada. ¿Se trata de comentarios de odio hacia la diversidad? ¿A quién representa el largometraje?

Las Mil y Una (2020) es la segunda película de Clarisa Navas, directora de cine correntina. La historia retrata la juventud de Iris, una basquetbolista que experimenta su sexualidad a escondidas en un barrio de clase trabajadora plagado de violencias.

La coproducción argentino-alemana recibió diferentes reconocimientos y premios en los festivales de Mar del Plata, San Sebastián, Lima, Valdivia, Toulouse y Guadalajara. Sin embargo, a algunes de quienes viven en el complejo Las Mil Viviendas, donde se ambienta el largometraje, no les pareció digna de elogios.

Un vecino inició una petición en change.org para cambiarle el título, ya que entiende que el retrato no representa a su barrio tal como él lo ve. Algunos comentarios que aparecen en la colecta de firmas, con 65 adherentes al momento, incluso sugieren censurarla y quitarla de circulación.

Fotograma de la película.

¿Qué narra Las Mil y Una?

Navas nos introduce en la vida dentro de unos monoblocks ubicados a 3 km de la capital de Corrientes. En este contexto, retrata en profundidad la cotidianidad de les habitantes del barrio: desde las historias de vida complejas de sus personajes hasta cada sonido que construye el espacio y la falta de privacidad que rodea a les protagonistas. Simultáneamente, expone las dificultades que supone la intersección entre desigualdad de clase, género y discriminación por orientación sexual.

La puesta de cámara tiene su propio protagonismo: nos convierte en un habitante más que recorre, junto a Iris, Renata y sus primos, los pasillos del barrio con extensos planos secuencias. En ocasiones, deja la cámara fija para convertirnos en testigos impotentes que presencian los sucesos sin poder hacer nada. Su elección es interesante para plantear una mirada del lugar en la que todo sucede sin ninguna intervención.

Otro detalle que se construye desde la puesta en escena audiovisual es cómo se materializa la poca intimidad que poseen los personajes, con personas interrumpiendo constantemente y sonidos externos ingresando a escena en todo momento.

Iris, interpretada por la basquetbolista Sofía Cabrera.

Si de representación hablamos…

«Puedo asegurar que esta es la historia de un montón de disidencias del interior que, como yo, se emocionan de ver cuando un personaje cuenta con detalles todo aquello que quisimos ver en otros y nos parecía imposible, porque nos creíamos solas. Pero afortunadamente nunca lo estuvimos».

Mauricio Vila, actor en Las Mil y Una.

El elenco de la película está compuesto por actores y actrices de Corrientes, Formosa y Chaco, lo que no resulta un dato menor en materia de representación. En algunas entrevistas, la directora contó que la historia fue escrita en base a sus experiencias (y las del reparto) viviendo en Las Mil Viviendas.

Además, para la comunidad LGTB de la región, la cinta demuestra una forma de representación gay, trans y bisexual alejada de los clichés y caracterizaciones convencionales. La participación de Pilar Cubells y Mauricio Vila, activistas feministas, también sumó en este sentido.

Lo que pasa detrás de las cámaras

«A mí me dejaron de decir torta, me dicen puto de mierda cuando voy sole caminando por la calle».

Milo, vecine de Las Mil Viviendas.

Varies militantes correntines encontraron al pedido de censura como un ataque hacia las expresiones artísticas que se salen de la heterocisnormatividad. Milo, une joven trans del barrio, relata que vivió en repetidas ocasiones la discriminación en primera persona: «Me pasó un montón de veces de estar tomando mates en la plaza con mi novia y que de repente venga gente a darme su opinión como felicitándonos por ser valientes, o preguntándonos qué hacemos en la plaza».

En su opinión, Las Mil y Una fue una experiencia cinematográfica muy cercana. Cuando vio la película por primera vez en el Festival de Mar del Plata (transmitido en línea), junto a su novia, recuerda que pausaban constantemente para ubicar qué lugar aparecía en cada escena; en qué parada de colectivo estaban las protagonistas; cómo habían usado el boliche gay de la zona. Incluso, en la escena de la fiesta, estaban emocionades buscando a su amiga que participó como extra.

El Colectivo de Mujeres de Corrientes compartió un hilo de Twitter de Iriel Amancay, periodista con perspectiva de género de la provincia, adhiriendo a su reflexión sobre el tipo de representación positiva que la película otorga a su comunidad. La directora de la cinta, por su parte, manifestó en medios locales que quienes se manifestaron contra su audiovisual parecen estar olvidando la dimensión subjetiva del arte.


#Reseña Los que vuelven

El tercer largometraje de Laura Casabé fue filmado en Misiones y ambientado en 1920, cuando la supuesta civilización intentaba desterrar a la pretendida barbarie con espadas más que con la pluma y la palabra. Con perspectiva de género da vuelta el paradigma hegemónico que tenemos para con los pueblos originarios argentinos mediante un drama fantástico de terror.

La selva misionera, sus saltos, los sonidos de la naturaleza y la constante neblina son el contexto de este filme de terror con trasfondo político. Durante 3 episodios, una familia terrateniente de campos yerbateros se deberá enfrentar a la furia de un grupo de personas originarias que buscan recuperar lo que les han quitado.

«La Iguazú es dadora y destructora»

La película comienza con un fragmento de la leyenda de «la Iguazú», a quien describen como dadora y destructora. En una de las primeras escenas se puede ver cómo Julia (María Solda) carga en brazos a un niño sin vida y le pide a la Iguazú que «se lo devuelva». Inmediatamente el niño llora, como signo de vuelta a la vida, pero con él viene también una sorpresa para ella y su marido (Alberto Ajaka). 

La figura de muertos vivos ha sido usada anteriormente para retratar conflictos políticos, pero lo original de esta historia es la forma en la que se cuenta una relectura a la colonización machista, racista y patriarcal realizada a lo largo del territorio argentino

Con la espada… ¿la pluma y la palabra?

Cualquier residente en Argentina conoce la historia oficial que se cuenta con respecto a la colonización de tierras nativas. Contra ese relato hegemónico, se presenta esta película que, a través de una historia de terror sobre el ciclo de la vida y la muerte, deja en claro que hay otra lectura posible.

La perspectiva de género y la conciencia de clase hacen de esta propuesta un combo muy logrado, ya que las mujeres de la casa son tan indispensables para las tareas de cuidado como prescindibles para las decisiones importantes. Por otro lado, se deja en claro que toda la labor de fuerza la realizan los guaraníes, de quienes la burguesía terrateniente se mofa y abusa siempre que tiene la oportunidad de hacerlo.

Laura Casabé

La directora y guionista tiene 38 años y anteriormente realizó otras dos películas: «El hada buena – Una fábula peronista» y «La valija de Benavidez». En esta oportunidad expresa que buscó representar un retrato de la situación opuesto al tipo de la pintura «La vuelta del malón». Ella define el género de su tercer filme como cine de «terror rural con fuerte carga ideológica».

El terror siempre es un buen anclaje para los horrores del sentido común, lamentablemente reproducidos por los medios de comunicación masivos y las instituciones. La forma sutil de presentar un drama social y político está a la altura de la tríada de Lucrecia Martel, «La Cienaga», «La niña Santa» y «La mujer sin cabeza».

La vuelta del malón, Angel Della Valle. 1892.

El mérito del filme además se encuentra en incluir a una gran cantidad de guaraníes autóctonos en el reparto para su representación, planos cenitales de la selva misionera y un sonido envolvente que logra compenetrar al espectador aún si se encuentra en el ápice de la metrópolis.

¿Cuándo y dónde verla?

Hoy sábado a las 22 por Cine.Ar TV; o hasta el 9/10 por Cine.Ar Play


Fuentes:


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