Todo palo es político

El macrismo viene decidido a aplicar la fuerza represiva del Estado como respuesta a la protesta social, tal como se pudo constatar el pasado domingo mientras los docentes armaban la Escuela Itinerante frente al Congreso. La violencia institucional no nació a fines del 2015, pero hay algo novedoso en el ejercicio espectacularizado de la fuerza: la violencia como puesta en escena de una estrategia comunicacional, en víspera de las elecciones 2017.

La consultora Tendencias Económicas contabilizó 110 mil despidos en los primeros dos meses del 2016, cifra récord desde 1985. A este dato, se suma la baja del valor real de los salarios: el Indec calculó una pérdida en el poder adquisitivo del trabajador promedio de entre 8 y 10 puntos respecto de la inflación, estimada en un 40% según el IPC que difunde el Congreso. El Presupuesto 2017 previó recortes en las áreas de Salud, Cultura, Educación y Derechos Humanos, a la vez que incrementó en un 34% el pago de los intereses de la deuda pública con respecto al año pasado.

Las medidas del Ejecutivo no favorecen al sector mayoritario de la sociedad. Marzo fue un mes álgido, signado por una seguidilla de protestas masivas y terminó de afirmar, después de más de un año de gobierno, que las disputas políticas y las negociaciones hoy sólo pueden zanjarse con capacidad de movilización y demostración de fuerza en la calle.

Sin embargo, el macrismo respondió con la represión como método de disciplinamiento. La violencia de las fuerzas de seguridad en el Paro Internacional de las Mujeres y durante la huelga general del 6 de abril se sumó a las imágenes de camiones hidrantes apuntados hacia los trabajadores de Cresta Roja a fines del 2015 y al episodio vivido por los despedidos estatales de La Plata a principio del 2016. Inclusive, luego se reprimió a los trabajadores del Ingenio Ledesma. No son datos menores la existencia amenazante del Protocolo Antipiquetes y el marco persecutorio creado por el encarcelamiento de Milagro Sala y la detención cada vez más frecuente de militantes.

Cada avanzada de los uniformados se dio en coyunturas diferentes, con su propio trasfondo y finalidad. No son iguales las necesidades de un gobierno recién asumido que a meses de las elecciones de medio término. Así, se puede ubicar un común denominador en las últimas situaciones de represión: la presencia de las cámaras y los reflectores. Todos podíamos ver lo que estaba sucediendo en tiempo real, todos pudimos tomar conocimiento y no hubo intención alguna de taparlo. Pareciera tratarse de la construcción de un mensaje unívoco: «Vamos a realizar los sacrificios necesarios para llegar al sueño del país del primer mundo».

Al mismo tiempo, la represión que sí permanece en las penumbras, la que es cotidiana en los barrios más pobres, crece. Dos casos que sí recorrieron los medios son la balacera iniciada por la Gendarmería en enero del 2016 contra la murga barrial del Bajo Flores y la irrupción policial en el merendero Los Cartoneritos en Lanús, hace poco más de una semana. Para noviembre del año pasado, la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) difundió sus índices y denunció un muerto cada 25 horas a manos de la policía. En el 2016 contabilizaron 259 casos y es el récord anual alcanzado por un gobierno constitucional después de la vuelta a la democracia.

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En la marcha del #1A, desfiló por las plazas principales del país una masa que se mostraba contenta y enojada al mismo tiempo. Contenta, porque se sentía a gusto con la gestión macrista y con los valores que el presidente encarna; enojada porque, a pesar de la heterogeneidad en las lecturas, cada manifestante encontraba en la pesada herencia la razón del desequilibrio social. Un auto paseaba con un muñeco disfrazado de militar sobre el techo. Una señora mostraba orgullosa su cartel a las cámaras y sentenciaba: “Desaparecieron los que tenían que desaparecer”.

El oficialismo piensa en las elecciones legislativas, y por ello no hace oídos sordos a las demandas del elenco permanente de votantes PRO, que piden más mano dura y que se esconda o se borre la pobreza. La represión y la decisión de no ceder un centímetro a los reclamos de los trabajadores («los vagos que no trabajan y cortan calles») es, en este punto, otra maniobra de “marketing” electoral.

El Gobierno nacional está atravesando una crisis de representación y nada garantiza la captación del votante indeciso. Elige entonces replegarse y afianzar a los asegurados, que, dicho sea de paso, el primero de abril demostraron no ser pocos y estar bastante convencidos. Si la demanda es aplicar más mano dura y el costo político es mínimo o poco, el oficialismo tendría razones de sobra para intensificar su postura de dureza contra la manifestación popular y además exponerla públicamente.

Una vez más, el macrismo apuesta a una campaña comunicacional efectiva. Su triunfo o derrota en las elecciones 2017 aportará más experiencias para analizar las herramientas explotadas por Durán Barba: muchas cámaras y una meticulosa puesta en escena para intervenir sobre la realidad cuando la política es una cáscara vacía.

 

 

Justicia con cara de mujer

¿Qué pasa con las juezas en nuestro país y en el mundo? ¿La igualdad se puede basar sólo en números? ¿Cuál es la situación real? ¿En qué posición se encuentra el rol femenino tanto en el poder judicial como en la política?

Para poder introducir temas desde la perspectiva de género, lograr la igualdad de derechos laborales, defender a quienes sufren violencia por su condición (ya sea de mujer, hombre, trans, homosexual, lesbiana), reducir el número de muertxs por esta causa y poder tener una justicia justa; para todo esto, es necesario que los organismos judiciales y políticos sean equitativos, es decir, que estén diversificados, sin discriminar, y sean un ejemplo para las causas que deben defender.

Actualmente, tenemos una Vicepresidenta de la Corte Suprema de Justicia, Elena Highton de Nolasco, quien fue la primera mujer nombrada para ocupar este puesto en un gobierno democrático. Margarita Argúas se llevó el honor de ser la primera mujer en integrar un tribunal supremo en América. Carmen María Argibay fue otra ministra designada en 2004 junto a Highton de Nolasco.

Argibay fue una defensora de los derechos de las mujeres, se destacó por realizar proyectos en contra de la trata de las mujeres, se declaró a favor de métodos anticonceptivos para evitar abortos y embarazos no deseados y fundamentó la creación de una política de enseñanza sexual en las escuelas. En 2007, obtuvo el Premio de Justicia Gruber (conjuntamente con el juez chileno Carlos Cerda y la abogada internacional peruana Mónica Feria Tinta) por su trabajo en la promoción de igualdad de género y la eliminación de la corrupción en el sistema judicial.

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Las tres juezas antes mencionadas son las únicas mujeres que aparecen en la lista de representantes de la institución más importante para la justicia, la Corte Suprema, en toda la historia argentina.

«Las mujeres y la justicia»

Por otro lado, en el Poder Judicial de la Ciudad de Buenos Aires, el 49% de los jueces son mujeres. Para celebrar este número y dar a conocer el trabajo que realizan, en el marco del mes de la mujer, el Consejo de la Magistratura de la Ciudad realizará una serie de actividades en distintas sedes de la Justicia Porteña.

Las actividades que se llevarán a cabo consisten en una exhibición de la muestra fotográfica «Nuestras Juezas», la proyección de cortometrajes sobre violencia de género «Hacelo corto» y la muestra de cómics «APOC, género y Mujer». Estas se realizarán en las sedes del Poder Judicial de la Ciudad ubicadas en las calles A.

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Desde una perspectiva mundial, la Asociación Internacional de Mujeres Juezas (IAWJ, por sus siglas en inglés) es la encargada de nuclear todas las asociaciones de juezas de 82 países así como también juezas independientes; en conjunto, suman aproximadamente 5000 miembros.

La IAWJ trabaja con sus miembros alrededor del mundo para:

  • Realizar programas pioneros de educación judicial para promover los derechos humanos, desarraigar el sesgo de género de los sistemas judiciales y promover el acceso de las mujeres a los tribunales;
  • Desarrollar una red mundial de mujeres jueces y crear oportunidades para el intercambio judicial a través de conferencias internacionales, capacitaciones, el boletín de la IAWJ, el sitio web y la comunidad en línea;
  • Fomentar el liderazgo judicial y apoyar la independencia judicial; y
  • Colaborar con otras organizaciones en cuestiones de igualdad de acceso a la justicia.

Actualmente, la IAWJ está trabajando en el fortalecimiento de la capacidad de los jueces de la República Dominicana para hacer frente a la violencia de género, la trata de personas en Haití, mejorar el acceso a la justicia en Malawi, y la creación de redes de apoyo y diálogo para las mujeres magistradas en Egipto, Jordania, Libia y Túnez.

En nuestro país, la Asociación Argentina de Mujeres Juezas (AMJA) se formó en 1993 y obtuvo su personería jurídica en junio de 1997. La primera presidenta fue la ya nombrada Dra. Carmen Argibay,  quien en 1989 había asistido a la reunión por los 10 años de la creación de la Asociación de Mujeres Jueces de Estados Unidos (NAWJ), que invitó a 50 juezas de distintas partes del mundo y donde nació la idea de crear una asociación internacional.

El viernes 10 de marzo, Susana Medina De Rizzo fue reelegida como presidenta de la AMJA; además, fue presidenta electa de la Asociación internacional de Mujeres Juezas durante el periodo 2014-2016.

Asimismo, la Asociación Mujeres Juezas de España (AMJE) reclamó el lunes pasado más presencia de mujeres en tribunales internacionales, especialmente en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) donde ninguna mujer magistrada ha sido elegida hasta la fecha para representar al Estado español. Con esto, buscan reivindicar la verdadera participación de las mujeres en todos los órganos judiciales, especialmente en un tribunal llamado «de los Derechos Humanos».

Las juezas españolas también denunciaron la discriminación que se les impone con el límite de edad situado en 61, ya que ellas tuvieron prohibido por ley el acceso a la Judicatura hasta el año 1996 y, por este motivo, tardan más años en alcanzar un nivel de méritos similar al de sus compañeros varones.

Cuando los números no alcanzan

En su edición del último 8 de marzo, el diario cordobés «La voz» publicó una nota en la que indicó que aunque el 74% del total de funcionarios judiciales son mujeres, la mayoría de ellas ocupan cargos de secretarias y prosecretarias letradas. En cambio, en los Magistrados son minoría, porque el 62% (314 individuos) son hombres y sólo el 38% (194 individuos) son mujeres, según el informe del Centro de Estudios y Proyectos Judiciales del Poder Judicial de Córdoba.

Esto no sucede sólo en nuestro país ni sólo en el ámbito judicial: en un informe realizado por Virginia García Beaudoux, profesora de Comunicación Política y Opinión Pública de la UBA, se explica que la desigualdad no es una cuestión de números sino que muchas veces radica en el tipo de puestos que no ocupan las mujeres.

García Beardoux tuvo la oportunidad de entrevistar a mujeres ligadas a la política en todas partes del mundo en el marco de una investigación que realizó en 2015 para su libro «¿Quién teme el poder de las mujeres?», en busca del paraíso igualitario mas sin éxito, porque lo que la sorprendió fueron historias de desigualdad en los supuestos «países más igualitarios del mundo».

En Suecia y los Países Bajos, las mujeres han logrado ocupar alrededor del 40% de los cargos políticos, pero aun así todas las entrevistadas de estas regiones remarcaron que la verdadera igualdad no es sólo numérica y que aún les queda un largo camino por recorrer para lograr la igualdad sustantiva.

“Cuando hablamos de participación política de las mujeres”, dijo una entrevistada holandesa, “no es sólo una cuestión de números sino de las posiciones para ejercer influencia. Por ejemplo, ¿cuántas mujeres ocupan lugares en áreas clave, como las comisiones de presupuesto? Y ¿cuántas de ellas tienen realmente visibilidad?”

Por eso, todavía falta llegar a una paridad de géneros que sea igualitaria desde todos sus vértices. Por suerte, hay muchas mujeres que están trazando el camino hacia el «paraíso igualitario».


Fuentes:

http://www.iawj.org/index.html

http://amja.org.ar/

http://www.infolibre.es/noticias/politica/2017/03/13/la_asociacion_mujeres_juezas_espana_reclama_mas_presencia_mujeres_tribunales_internacionales_62467_1012.html

¿Igualdad de género? Para las mujeres en política esto no existe

https://consejo.jusbaires.gob.ar/las-mujeres-y-la-justicia-2