Las desventajas de ser invisible

Hoy, 31 de marzo, se conmemora desde el año 2009 el Día Internacional de la Visibilidad Travesti/Trans con el motivo de otorgarles voz a quienes jamás la tuvimos e instar a la reflexión sobre la realidad que nos atañe como colectivo. Si bien podemos decir que en los últimos años hemos adquirido mayor resonancia y llegamos, incluso, a estar en la agenda pública con la ley de identidad de género o el cupo laboral trans, ¿qué es lo que efectivamente se conoce sobre nosotres? ¿Qué se sabe sobre nuestras identidades, corporalidades y vivencias más allá de la falta de oportunidades a la que nos enfrentamos día a día?

Es muy posible que quienes circunden por ámbitos reflexivos y feministas, ya sean marchas, centros culturales, espacios de militancia o a través de simples publicaciones en redes sociales, encuentren familiares los números 35 y 40 cuando hablamos de las personas trans y travesti, especialmente las femineidades: estos reflejan nuestra expectativa de vida como colectivo (entre 35 y 40 años), apenas la mitad en promedio que el resto de la población (cis).

Quienes sean un poco menos osades en su búsqueda de conocimiento, vociferarán las mismas frases cliché que se leen en Internet, aunque quizá con las mejores intenciones: «Vivimos en un cuerpo equivocado», «Soy una niña atrapada en el cuerpo de un niño», «Antes era mujer y ahora es hombre», «Desde pequeña yo jugaba con muñecas y me vestía con la ropa de mi madre».

Por otro lado, nunca faltan quienes también repiten frases hechas pero con la intención de invalidarnos, del tipo: «Se cree mujer por ponerse tetas». A menudo surgen también ciertas presuposiciones sobre nuestras vivencias: la terapia hormonal como único propósito en la vida; la imperiosa necesidad de la operación (en general, en referencia a la vaginoplastia o faloplastia); la ropa, los juegos, los deportes, las actitudes, los rasgos físicos y las preferencias sexuales estereotípicamente femeninas en caso de las mujeres o las masculinas en caso de los varones (no binaries, abstenerse).

Se habla mucho sobre nosotres pero muy poco es lo que de verdad se sabe. Frente a la escasez de ESI se abre lugar al prejuicio y a la desinformación, incluso entre nosotres mismes, lo cual se refleja en una vulneración del acceso a nuestros derechos. ¿Acaso a alguien le explicaron en una clase de ciencias naturales cómo funciona la terapia de reemplazo hormonal o los centros de salud que la propician? Por mi parte, jamás. Como tampoco tuve la oportunidad de encontrar en algún libro de estudio la anatomía de mi vulva. No me explicaron en qué consistía esa operación, ni cómo se vería luego, ni dónde hacerla. La mera experiencia y algún que otro video en YouTube de otra chica trans fueron mi única educación sexual. Y, al parecer, no soy la única, porque a nuestras dudas se le añaden las dudas externas.

InESIstente

Dado que el derecho a la información es universal y más aun cuando se trata de nuestra propia salud, conocer nuestros cuerpos y los de les otres es fundamental para poder vincularnos de manera saludable. Habitar la sexualidad de forma plena y responsable requiere de tener una mínima noción de quiénes somos, qué nos gusta y de qué manera nos relacionamos con ella. De esto, ni siquiera las personas cisgénero pueden jactarse por completo. ¿O acaso todos los hombres cis pueden decir dónde se ubica el clítoris? ¿Sabrán siquiera que vagina y vulva no son sinónimos?

Está claro que si es muy poco lo que se educa sobre sexualidad cis, no se puede pretender que el común de la población entienda algo de la genitalidad travesti/trans. Menos aun cuando se rompen los esquemas de la binariedad. «Existen mujeres con pene y hombres con vulva», solemos decir con rigor desde la diversidad sexual. A esto habría que agregarle que no todas las mujeres trans tienen pene ni todos los hombres trans tienen vagina. Asimismo, no todas las mujeres trans reniegan de su pene ni los hombres de su vagina. El deseo y el goce son indistintos a la identidad de género. Las identidades de género por fuera de la cisnorma no necesariamente implican disforia de género. Y así, cientos de afirmaciones más.

Si no se tiene una amiga trans operada, es factible que se desconozca por completo que la vulva de una mujer trans se constituye íntegramente con restos de piel del mismo pene –por lo que carecemos de órganos internos como el útero u ovarios–, o cuál es el régimen estricto de dilataciones que hay que realizarse para que el canal vaginal no ceda. Es muy posible que nadie sepa que las mujeres trans con vagina también utilizamos toallitas o protectores diarios. No menstruamos –como me han preguntado para mi asombro en más de una oportunidad– pero si secretamos un poco de sangre al comienzo y fluidos de un tono amarillento que ni yo sé bien de qué se tratan. Y ahí se encuentra el punto.

Cuerpes… ¿visibles?

Nadie nunca nos enseñó nada. Ni de nuestra anatomía corporal ni de nuestra identidad. Crecimos en este mundo a escondidas hasta que, por alguna casualidad del destino, nos topamos con la palabra trans –o travesti, dependiendo la generación–. Aquella palabra tan poco nombrada pero que, en caso de utilizarse, enarbola un prototipo hegemonizado de la vivencia disidente.

Las únicas mujeres trans visibles (los hombres trans o y les no binaries parecen no existir) son aquellas que de niñas jugaban con muñecas, vestían la ropa de su madre o hermana y que desde los 3 años son conscientes de su verdadera identidad. Mujeres que desde tan temprana edad detestaban su propio cuerpo –cualquier semejanza con los mandatos de la femineidad es pura coincidencia–, enajenando de su vida hasta el más mínimo atisbo de lo socialmente aceptado como masculino.

No hay lugar para otro tipo de manifestaciones de la identidad y la vivencia personal del género. Apenas sí lo hay en la periferia para aquellas mujeres «que no parecen trans». ¿Qué es parecer trans? No tenemos metas, aspiraciones, sueños, emociones, sensaciones, amoríos. Nuestra condición humana pareciera no existir o estar supeditada meramente a la «transición». ¿Transición de qué? Nuestra identidad es siempre una. Lo otro, nada más que la socialización impuesta bajo los cánones de lo masculino y femenino dependiendo del genital con el que nacimos.

En este día tan paradigmático, sería de gran importancia que nos comencemos a preguntar: ¿somos visibles? Varones y mujeres cis: ¿a cuántas personas trans pueden nombrar? ¿Cuántes familiares, amigues, conocides trans tienen? ¿Cuántas artistas, científicas, políticas, deportistas, empresarias, médicas, periodistas, docentes travas conocen? ¿Qué imagen se les viene a la mente cuando hablamos de travestis y trans? Estoy segura de que no les demandará más de dos minutos pensarlo, pero a nosotres nos demanda la oportunidad de vivir una vida mejor. Visibilizar a quienes sí llegan, que les hay pero en un número muy reducido, y expandir el abanico de posibilidades hacia el conjunto nos resultará más conveniente que añadir nuevas efemérides al calendario.


Imagen de portada: Asociación Civil Infancias Libres


«Julia»: un cortometraje para la visibilización trans

La actriz Daniela Santiago, conocida mundialmente por interpretar a La Veneno en la serie de los Javis (Javier Ambrossi y Javier Calvo), protagoniza un nuevo corto, escrito y dirigido por Miguel Ángel Olivares.

El cortometraje se estrenó el 29 de enero en España, Estados Unidos y Reino Unido entre otros países, por plataformas como FlixOlé, Filmin y Amazon Prime Video. Según un comunicado la distribuidora #ConUnPack, la entrada de este cortometraje en el catálogo de estas plataformas es un paso más en la visibilidad trans. Julia está producido por Gadol Producciones y el proyecto fue apoyado por el Ayuntamiento de Iznajar (Córdoba, España), además de la ONG Apoyo Positivo para la distribución y colaboración social y educativa.

La cinta recibió un galardón en los Premios LGTB de Andalucía 2020 (España), los cuales reconocen la trayectoria de asociaciones, personas e instituciones que luchan por la normalización del colectivo LGTBI+. Asimismo, a menos de un mes desde su estreno, Julia es el contenido más visto en el top 10 de la semana en FlixOlé, la mayor plataforma de cine español con un amplio catálogo de producciones LGBTIQ+.

Imagen Archivo

Julia está encarnada por tres actores: Eros Herrero, en el papel de un todavía Julián durante la infancia; Mario Boraita, como Julián en su adolescencia; y Daniela Santiago, Julia en la actualidad.

La actriz comentó para la Revista Shangay: «Julia transmite básicamente la trayectoria de una persona trans, desde que de niño ya sabe que es una niña hasta todo lo que tiene que luchar por conseguir su propia identidad y al final lo consigue y se transforma en una hermosa mujer. (…) Este proyecto es el segundo que hago dando visibilidad al colectivo trans. Un colectivo castigado y que poco se sabía de él. Gracias a estos proyectos y a directores que apuestan por ellos, la gente está más cerca de comprender lo que antes no entendían», explica la actriz, quien se dio a conocer por dar vida a la icónica Cristina La Veneno y que ahora se pone en la piel de Julia.

Su productor, Miguel Ángel Olivares, debuta como director con esta nueva producción, la cual nació como «una voz para el colectivo» y un arma para «sensibilizar a la gente» tras ver el incremento de ataques transfóbicos, según señaló en una entrevista a Europa Press. «Hablé con Daniela por teléfono y me emocionaron mucho sus palabras y su agradecimiento por acordarme de ellas, las mujeres trans», expresó Olivares, quien se inspiró en la propia historia de la actriz para la trama de Julia.

Si bien nos narra la historia de una chica trans de una forma única y muy íntima, también se puede apreciar que el director nos está exponiendo la travesía, desde una mirada de tolerancia y normalización que las personas trans pasan para tener su propia identidad, pues está inspirada en hechos reales.

Al empezar el corto se puede observar a Julia que, al ver su reflejo en el espejo, se traslada años atrás para revivir en imágenes el camino que ha seguido hasta llegar a ser quien es. Ella, en silencio, se mira ante el espejo y abre una pequeña caja que guarda desde su infancia. Es entonces cuando se ve como un niño que ya sabe que es una niña y desde ahí se narra todo el proceso doloroso que ha tenido que pasar para llegar a la actualidad y verse como es ahora.

Julia escena
Imagen Archivo

Sin duda alguna, una recomendación imperdible que no lleva más de 3 minutos para mirar y que nos permite acompañar a su protagonista en silencio, invitándonos a su recorrido para llegar a ser quien es.


Fuentes:


Memorias familiares en el Archivo Trans

El Archivo de la Memoria Trans Argentina cuenta con mas de 9000 fotos digitalizadas y otro tanto por digitalizar. El viernes 14 de agosto realizó su primer conversatorio online, en el que a través de la plataforma Zoom se presentó una selección de esas imágenes contextualizadas por el relato de las integrantes. Como iniciativa para recaudar fondos, la actividad se repetirá de forma mensual.

El recorrido va desde registros arqueológicos que dan indicios de las identidades trans desde la época prehistórica hasta los años 60 y 70, documentando la vida de personas en los contextos culturales y sociales de distintos puntos geográficos a nivel global.

Maria Belén Correa es una de las fundadoras del Archivo: «A nosotras constantemente nos sigue llegando material. Porque la característica que teníamos es que éramos conservadoras sin saberlo. Eramos coleccionistas sin saber qué significaba eso. Juntábamos fotos familiares y hoy nos convertimos en artistas, archivistas y hacemos todo el trabajo necesario para que ese material sobreviva».

El acervo cuenta con cartas, documentos, fotografías, postales, tarjetas, todo lo que pueda documentar un tiempo y un pasado. Además, hay objetos que no se pueden escanear como, por ejemplo, la ropa, que son derivados a la Biblioteca y Museo Claudia Pía Baudracco, porque allí tienen un espacio físico. Quienes integran el Archivo aún trabajan «con las computadoras bajo el brazo» y van moviéndose hacia los espacios que les prestan.

Una de las historias narradas es la de Casa Susana, un espacio que funcionó en Nueva York en 1960: 

«Allí participaban crossdressers, no estamos hablando de personas trans sino de personas con una vida social-cultural cis que se juntaban en un club para expresar lo que ni siquiera era su sexualidad, porque en aquel tiempo planteaban que lo hacían por el fetichismo de la femineidad. Incluso, si se conocía que alguna de ellas lo hacía de forma sexual, esa persona era rechazada. Era una cuestión muy del patriarcado o de ese margen que había en aquella época. Hay que destacar la situación y el por qué lo hacían en ese ámbito».

En las dos horas del conversatorio, la historia argentina también se nutre del testimonio de integrantes del movimiento travesti-trans del país —que en su origen se llamó Asociación de Travestis de Argentina—. Narrando su experiencia de vida, contextualizan sus fotos familiares.

«Entre nosotras formábamos nuestras propias familias. Las compañeras eran la única familia que yo conocía, parecía que no existía nada más, porque el resto era inseguridad.

En 2011, llegó la derogación de los artículos que nos criminalizaban y ahí conocimos la libertad. Después, llegó la ley de identidad de género. En los cincuenta y siete años que tengo nunca pensé que iba a llegar a vivir lo que vivo. Poder sentarte en un restaurante, poder salir a bailar».

Carolina Figueredo.

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En febrero de este año se entregó el DNI número 9000 con datos rectificados de acuerdo a la ley Nº 26.743, sancionada el 9 de mayo de 2012 por unanimidad en el Congreso y promulgada el 23 de mayo del mismo año. La ley «permite que las personas trans sean tratadas de acuerdo a su identidad autopercibida e inscritas en sus documentos personales con el nombre y el género vivenciado», puntualizó para Filo News Isha Escribano, la compositora y médica que lo recibió.

De acuerdo a un informe elaborado por el RENAPER, de las 9000 personas que accedieron a su nuevo DNI, el 24% tiene entre 30 y 39 años, el 14% tiene entre 40 y 49 años, el 4% entre 50 y 59 años y solo el 1% tiene más de 60 años. Dentro de las nuevas generaciones en acceder, suman un 43% las personas que tienen entre 20 y 29 años mientras el 14% restante son niñes y adolescentes de hasta 19 años.

En esos porcentajes que incluyen a las personas mayores de 40 años, María Belén Correa enfatiza un número: «1710 personas que pelearon y pusieron el cuerpo para defender logros como la ley de identidad de género». Allí hace referencia a la vulneración de derechos del colectivo LGBTTQ+ que sufrió esa generación durante las dictaduras cívico-eclesiástico-militares y a causa de la vigencia de códigos contravencionales que penalizaban la homosexualidad y hasta «vestirse con prendas del sexo opuesto», que fueron eliminados en años posteriores a 1990.

Ante esa necesidad de políticas públicas que garanticen el desarrollo de todas las personas de forma igualitaria y en el marco del disfrute de sus derechos, desde la organización acotan la importancia del apoyo «moral» que reciben desde diferentes sectores de la sociedad. Y destacan: «Tenemos mucho apoyo de este gobierno, en el anterior no nos querían ni ver».

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Imagen expuesta en el Conversatorio

«En 1992, durante la primera Marcha del Orgullo Gay-Lésbico (porque así se llamaba), repartían máscaras porque las personas no se querían hacer visibles porque podían perder a su familia, su estatus. Nosotras, cuando comenzamos a manifestarnos en 1993, no teníamos miedo a perder nada de eso porque ya no lo teníamos. Además el movimiento gay-lésbico pedía por casamiento, adopción, a diferencia de nosotras que pedíamos libertad. Ángela Vanni, abogada que acompañó a las chicas hasta el año 1998, peleó contra edictos policiales que penalizaban a las personas trans. A la comunidad travesti-trans la democracia nos llegó en 2012 cuando nos reconocieron como personas. En 2010, las personas gay-lésbicas ya se podían casar, pero en algunas provincias existían esos edictos, el último existió hasta 2011 en Formosa».

María Belén Correa.

Sobre de las identidades no binarias, destacan que aún no hay registro en el archivo de Argentina porque se trata de una denominación reciente en el país. En documentos de años anteriores es difícil encontrar esa identidad, pero resaltan que quizá se usaba de forma similar la denominación marica. En ese sentido es que esas identidades se podrán ver en el contexto de archivo recién dentro de 15 o 20 años, cuando se documente lo que está pasando en la actualidad.

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Para las nuevas generaciones travestis, trans y no binaries que nacieron en democracia resaltan la importancia de documentar su vida actual, porque servirá para seguir contando la historia. «Es también ayudar a nuestro trabajo. Hoy buscamos lo que escribía la policía sobre nosotras y buscamos en la hemeroteca las publicaciones y la forma en la que nos trataba la prensa. A ese mismo archivo lo comparamos con las historias de las sobrevivientes. Muchas de ellas hoy están exiliadas, esa fue su salvación».

También ocurre con hombres trans que la documentación es mas reciente, de los años 90 en adelante. Por un lado, explican que en la televisión argentina se empezó a hablar del tema en ese momento y, además, porque los hombres trans no vivían en una comunidad familiar, esa es una característica propia del pasado de mujeres trans y travestis, por lo que resulta diferente la forma en que se pueden encontrar archivos.

«Es muy importante que se conozca nuestra historia, porque fuimos toda una vida juzgadas. Hoy, que el archivo nos da la oportunidad de poder contar nuestra vivencia y nos da los materiales para poder luchar por nuestros derechos, es muy valioso».

Carolina Figueredo.

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«Lo más urgente es la ley integral para las personas trans, más una reparación histórica para las trans adultas. Hemos sufrido mucho daño, por eso es un reconocimiento que nos permitiría tener una vejez más aliviada».

Magalí Muñiz.

Desde hace dos años el Archivo trabaja en un libro fotográfico y a la vez en un libro de historia, con anécdotas y relatos de las compañeras. Y si bien recibe donaciones de más documentos con cantidad de historia del colectivo desde diversos lugares de Argentina, no tiene representantes en distintas provincias, sino que el grupo está conformado en Buenos Aires.


Costa Rica: política y religión

Algunos países de América Latina y el Caribe todavía cuentan con grandes grupos ultratradicionalistas, que se oponen a los avances en materia de igualdad de género, a los derechos conseguidos por la comunidad LGBTQI+ y, en consecuencia, a los derechos humanos.

Un ejemplo de los obstáculos que presentan estos agrupamientos se vio reflejado hace algunos meses, también en Costa Rica, cuando se opusieron fervientemente a la legalización del matrimonio igualitario.

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Si bien el Observatorio de Sexualidad y Política (SPW) recoge el accionar de estos grupos en una serie de investigaciones tituladas «Políticas Antigénero en América Latina», nos enfocaremos en el caso de Costa Rica, donde, según Alharaca, líderes evangélicos conservadores fueron posicionándose en la esfera política y parlamentaria, tomando presencia mediática e influyendo en la toma de decisiones, con el objetivo de llegar al gobierno.

Lo fundamental, entonces, es que estas agrupaciones y movimientos no solo intervienen en la vida social como una resistencia frente a las transformaciones y los derechos conseguidos, sino que logran insertarse en el ámbito político, impactando en las resoluciones, afectando a la sociedad y a los derechos de todes en su conjunto. Es por eso que lo religioso se vuelve inseparable de la toma de poder.

La investigación sobre este país, con autoría de Gabriela Arguedas Ramírez —farmacéutica, bioeticista, especialista en Derechos Humanos y consultora del Instituto Interamericano de Derechos Humanos—, busca contribuir a una mirada trasnacional del fenómeno de las ofensivas antigénero. También pretende trazar dinámicas de des-democratización, entendida como una erosión gradual del tejido democrático de la política, que transforma la arquitectura institucional de regímenes democráticos en simulacros.

En el documento, Arguedas Ramírez analiza el contexto de las campañas electorales y las elecciones durante varios años pero, a nivel general, la importancia y la cuestión de fondo radica en el predominio y en el peso del conservadurismo en la totalidad del pueblo costarricense.

La investigación entiende que las nuevas corrientes de activismo conservador y autoritario están vinculadas a las condiciones estructurales y la des-democratización en curso en América Latina, por lo que califica a las ofensivas antigénero como dispositivos de acumulación de poder político integradas por las resistencias frente a las transformaciones referidas a las cuestiones de género y sexualidadque se oponen a una democracia plural e inclusiva.

Además, están en contra de las leyes dirigidas a garantizar derechos sexuales, derechos reproductivos o derechos civiles para las personas homosexuales y trans; incluso han impedido la realización de abortos terapéuticos, previstos por la constitución de Costa Rica desde 1975.

Según el medio digital ecuatoriano Wambra, actualmente les activistas religioses ultraconservadores buscan incidir en el sector público y deslegitimar iniciativas de educación y salud pública que pretenden fomentar la igualdad de género en el país. Los nuevos ataques son en contra de la «ideología de género», a la que utilizan como acusación para oponerse a la educación sexual integral en las escuelas, al acceso a métodos anticonceptivos y a las dinámicas socioeconómicas características de un estado laico.

Pero sus ideales no son el único problema: en reiteradas oportunidades han difundido afirmaciones falsas y discursos armados políticamente en sectores de culto, lo que significa que son privados y, por lo tanto, no hay posibilidad de discusión. La información es unilateral y quienes asisten se ven en la obligación de seguir a su líder y a comprometerse con la fe.

La principal diferencia con otros países latinoamericanos es que estos sectores liderados o fundados por pastores evangélicos iniciaron su participación política a finales del siglo XX. Su función es ofrecer una alternativa con base en los valores y mandatos morales tradicionales, vinculados con las creencias religiosas, contribuyendo a un proceso de relegitimación de la autoridad religiosa dentro de la sociedad.

Esto se logra también con la normalización de los discursos religiosos dentro del campo parlamentario, cuyo objetivo es obstaculizar la labor del Estado en el reconocimiento y la protección en materia de Derechos Humanos. Asimismo, se oponen fuertemente al uso de guías de educación sexual en las escuelas, situación de fundamental importancia si se tiene en cuenta que la tasa de natalidad en adolescentes entre los 15 y 19 años asciende al 53,5% en Costa Rica.

La preocupación de les investigadores recae en la gran influencia que estos grupos logran ejercer. No solo se movilizan en el campo político, sino que también participan y esparcen sus ideales en los principales medios de comunicación costarricenses, como el diario La Nación o medios digitales como El Mundo CR y CRHoy, en donde se expresaron ideas que vinculaban la «ideología de género» con el nazismo y el marxismo y en donde se hacen grandes coberturas a «Marchas por la vida y la familia», organizadas por la iglesia católica.

Como asegura la autora de la investigación, estos discursos incitan a la acción:

«El buen creyente y ciudadano tiene el deber imperativo de actuar, por su bien, el de su familia y el de su país. Los actos de habla que se enuncian en lugares de carácter sagrado tienen un alto impacto en la vida cotidiana de las personas creyentes. Estos lugares, imbuidos de un simbolismo que resiste el paso del tiempo, proveen la fuerza de este acto elocutivo, emitido por los líderes religiosos, que hablan y actúan como líderes políticos».

Al día de hoy, todavía se puede advertir que los medios repiten las mismas ideas. El 15 de mayo, El Mundo CR titulaba:

«Iglesia Católica: «Lamentablemente la ideología de género gana cada vez más terreno en Costa Rica»

Mensaje de la Conferencia Episcopal de Costa Rica con motivo del «Día internacional de la familia».

«La ideología de género niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer y vacía el fundamento antropológico de la familia»

Conferencia Episcopal.

Las acusaciones giran, nuevamente, en torno a los supuestos valores familiares fundamentales que se «pierden» con el avance de dicha «ideología». En estos casos, buscan respaldarse mediante el uso de la coyuntura mundial:

«Para la Iglesia Católica «esta colonización ideológica desprestigia el valor de la persona, la vida, el matrimonio y la familia y dañan, con propuestas alienantes, especialmente a nuestros jóvenes dejándolos desprovistos de raíces para crecer»».

«Ya no se advierte con claridad que sólo la unión exclusiva e indisoluble entre un varón y una mujer cumple una función social plena, por ser un compromiso estable y por hacer posible la fecundidad».

«La familia se considera desde siempre como el “hospital” más cercano, donde gracias a sus cuidados amorosos, se garantiza al enfermo, y a todos sus miembros, la atención y ayuda necesaria. Es una realidad que se ha confirmado durante la pandemia del COVID-19».

El 25 de mayo, el mismo medio digital difundía los dichos de la diputada Nidia Céspedes con respecto a la entrada en vigencia del matrimonio igualitario:

«Mañana celebrarán las minorías, porque la mayoría del país tenemos un gran dolor. Mañana no hay nada que celebrar, al contrario, es un día triste para la familia tradicional costarricense».

«Hoy la esencia del ser costarricense, creyente de Dios, es atropellada por la fuerza de una minoría, que apoyada por los gobiernos PAC, abre portillos a prácticas como el aborto y la ideología de género. Es mi deber y responsabilidad seguir en la lucha contra la agenda que disfraza de «derechos humanos» su intención de imponer una ideología totalmente contraria a los valores y principios de la mayoría del pueblo costarricense».

Si bien la autora sostiene que, dentro del Colegio de Médicos y Cirujanos, los grupos cercanos al Opus Dei buscan implementar medidas contra toda forma de aborto y la patologización de las personas trans, también afirma que la opinión pública ya no sigue fervientemente, como en años anteriores, a las líneas ultraconservadoras.

A partir de una encuesta, se determinó que el 57% de las personas están a favor del aborto terapéutico y que casi un 46% está a favor del aborto en el caso de que el feto tenga malformaciones incompatibles con la vida humana.

Aunque todavía falta mucho por recorrer y mucho por avanzar, los datos muestran una posición menos severa hacia los derechos que se buscan alcanzar.


Fuentes:


Respetá mis pronombres: adolescencias trans

En este artículo se utiliza terminología propia de la diversidad LGBTIA+. Podés repasar los conceptos que desconozcas en nuestro glosario sobre género y sexualidad.


Palermo. Domingo por la mañana. Tres jóvenes trans se reúnen para hablar de sus realidades, del pasado, del presente y del futuro. Las infancias trans apenas empiezan a ser tema de agenda y hace quince años no disponían de las mismas herramientas que hoy para ponerle palabras a su sentir. Masculinidad, femineidad, binarismos y no binarismos. ¿Cómo expresar algo para lo cual no se tienen palabras ni referencias? Las personas trans no estaban en la televisión, no tenían espacio en las escuelas y mucho menos en la mesa familiar.

Lucian (20) se presenta como persona no binaria y usa pronombres neutros o masculinos. Federico e Iván (17) son dos varones trans no binarios, pronombres masculinos, gracias. Los tres coinciden en algo, sin titubeos: el género que se les asignó al nacer no era correcto.

«Un día, una amiga (ese femenino, con muchas comillas) del colegio dijo “¿No les pasa que les molesta que nos vean como mujeres, que nos digan que somos minas?”. Las otras dos chicas del grupo enseguida dijeron que no y yo me quedé pensando, “¿Sabés que sí?”. Nunca lo había pensado pero lo empezamos a plantear y tenía sentido. Nos fuimos descubriendo entre nosotros. Si él no me lo hubiese dicho, hoy yo estaría en la misma igual pero quizás no tendría las herramientas para ponerlo en palabras», relata Iván.

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Fede

No hay edad para el autodescubrimiento. Muchas personas lo saben de pequeñas, otras lo intuyen pero no lo pueden explicar y otras tantas se lo cuestionan en la adultez. Ser testigo del proceso de construcción ajeno ayuda a comprender la tormenta propia de dudas y curiosidad sobre la identidad, y es por eso que resulta vital normalizar y visibilizar las vivencias trans. «Hace años, no se usaba mucho el pronombre “elle” pero cuando lo empecé a escuchar más y empecé a ver personas que eran súper femenines e igual usaban pronombres neutros, igual eran válides, empecé a aceptarme y a verme como una persona válida», recuerda Lucian.

«Desde chico tenía problemas con mi nombre y mi cuerpo. Había algo que no me cerraba pero no tenía idea de qué ni por qué. Veía niños en películas y sentía que quería que me vieran así a mí. En todos mis juegos, yo era un varón y me llamaba Lázaro», afirma Fede. «Años más adelante, investigué, descubrí la denominación “bigénero” y dije “Bueno, creo que me pasa esto”. No fluctúo, hay una esencia mía que no cambia, pero a veces se expresa de una forma y a veces de otra. Me daba mucho miedo pensar en cómo sería mi vida si salía del clóset. Pensaba si me iban a odiar, si me iban a desear, si me iban a querer. Pero yo sentía la cosquillita de saber que eso era lo correcto».

En Argentina, la comunidad trans-travesti y les disidentes de género se mantuvieron como estricto tabú durante décadas, incluso cuando la diversidad sexual comenzaba a asomarse. El avance histórico se vio particularmente ralentizado por las nociones que nuestro país imponía en cuanto a cultura familiar y «estilos de vida correctos», pero estas ideas no eran más que un pensamiento propio de ciertos sectores que pretendían (y aún pretenden) predicarlos como verdades universales.

La cisnorma binaria no es universal y los ejemplos abundan. Les Hijras son una parte del pueblo hindú que existe desde hace más de mil años (las primeras leyendas que narran su origen desde lo divino datan del siglo IX) y se les considera personas de un tercer género. Durante siglos fueron venerades y admirades e incluso oficiaron como consejeres imperiales. En nuestro propio continente, diversos pueblos nativos norteamericanos reconocen hasta cinco géneros distintos y las personas no son juzgadas por su identidad sino por su contribución al desarrollo de sus comunidades. En estos y tantos otros casos, la llegada de los invasores colonizadores significó el comienzo de la opresión a través de la imposición de la ideología europea y cristiana que, al día de la fecha, domina en la mayoría de las culturas del mundo.

Repensar el género en comunidad

«Me sentía una masculinidad pero me daba miedo asumirme como tal porque no quería que la gente me viera como un chabón hegemónico. Si me asumía 100% como una masculinidad, iban a empezar a caer miles de estereotipos sobre mí. Hay algunos que sigo y con los que me siento cómodo, pero otros no. No soy eso», rechaza Iván.

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Lucian

La juventud trans hoy se plantea la esencia misma de qué es ser un hombre, una mujer, ambos o ninguno. Las construcciones de masculinidad viril y femineidad delicada se quedan cortas, pero en una cultura que todo lo codifica como femenino o masculino es imposible construir identidades enteramente aisladas de los estereotipos. «No se trata de perpetuar estereotipos sino de sentirme bien. Me puedo poner un binder [faja que se utiliza para aplanar la zona del busto] y ser más andrógine o pintarme toda la cara y dejarme el pelo largo lleno de rulos. Lo hago por mí, para vivir cómode», explica Lucian.

Existe una definición errada pero muy difundida de lo que significa ser trans: «Para ser “trans en serio”, se debe sufrir disforia». La disforia es un término patologizante que describe a las personas trans como personas que «creen que son víctimas de un error de la naturaleza y que están cruelmente encarceladas en un cuerpo incompatible con su sentimiento interno» y se utiliza para listar a la transexualidad dentro del capítulo sobre trastornos de la identidad sexual del famoso manual médico MSD.

Dentro de la comunidad trans-travesti, esta noción es cada vez más rechazada por haber sido una forma histórica de opresión y violencia médica. La disforia no es una faceta innata del ser trans, sino que se hace presente a partir de la mirada social: cuando una persona trans afirma su género real, la sociedad cisbinarista espera que cambie su cuerpo, su ropa, su comportamiento para alinearse con lo que entiende como «propio» de ese género. Si la transición no ocurre o la persona no logra «verse cis», empiezan los ataques que terminan causando esa disforia: «Tan trans no sos», «Lo decís porque está de moda», «Es una fase, ya se te va a pasar», «Que no te gusten los vestidos no significa que seas varón», «Sin vagina, no sos mujer».

Ser trans es, sencillamente, no ser del género que fue asignado al momento del nacimiento; no es requisito odiar el propio cuerpo ni preferir los estereotipos de un género sobre otros. El género es una vivencia interna, que puede o no reflejarse en la forma de presentarse ante les demás. Desde su experiencia, Fede admite que suele darse un intento de «adaptación» forzado desde lo cultural, porque muchas personas solo aceptan a las identidades trans y travestis cuando estas se adecuan en cuerpo y comportamiento a los estereotipos del género que la persona expresa.

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«A veces me quería poner un vestido y unos shorts que me quedan divinos pero, por ejemplo, con mis xadres no podía porque siempre tuvieron problemas para aceptarme como pibe trans y sentía que no podía hacer nada que les hiciera pensar que yo estaba “volviendo para atrás”. Tenía que ser el estereotipo de pibe macho. En el colegio, era todo muy buena onda pero siempre había un tono de duda, como si me preguntaran “¿Seguro que sos trans?”», recuerda Fede. «Quiero ser visto como un varón trans, que se note que soy varón pero no con los estereotipos cis. Me molesta que, para que la gente me vea como varón, me pidan que me cambie el cuerpo. Yo ya soy un varón, ¿dónde ves una mujer acá?».


¿Querés saber más sobre juventudes trans y feminismo, violencias y representación?

Segunda parte de la nota: Existimos y resistimos: adolescencias trans II


Fotografía: Juana Lo Duca
Maquillaje: Lucía Rossi

Mocha: un horizonte lleno de oportunidades

Mocha Celis es el primer bachillerato trans de Latinoamérica. Nació a finales de 2011 y en 2014 tuvo su primera generación de egresades en un país donde la comunidad trans no logra acceder a la educación con facilidad.

Fundado por Francisco Quiñones Cuartas y Agustín Fuch, el Bachillerato Popular Trans Mocha Celis funciona en el barrio de Chacarita. Actualmente, más de 130 estudiantes forman parte de la institución que funciona como una escuela de nivel secundario con un plan de estudios que dura 3 años. Además, ofrecen una articulación para poder terminar los estudios de nivel primario.

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El cartel que da la bienvenida a la institución.

En el año 2012, se sancionó la ley de identidad de género y gracias a eso el bachillerato logró el reconocimiento del Ministerio de Educación, lo que le otorgó carácter oficial para que, en el año 2014, su primera camada de egresades pudiera recibir un título oficial tras la finalización de sus estudios.

Según una investigación de la Fundación Huesped junto a la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), en el año 2013 (a un año de la sanción de la ley) un 66% de la población trans encuestada no había completado sus estudios secundarios.

Dentro de la currícula del bachillerato, se encuentra una materia llamada «Proyecto Formativo Ocupacional» cuyo objetivo es brindar a les alumnes las herramientas necesarias para fortalecer sus perfiles y poder ingresar al mercado laboral formal tras finalizar sus estudios. Muches de quienes integran el equipo de la institución pertenecen a la comunidad e incluso algunes están percibiendo por primera vez un salario en blanco.

A pesar de haberse hecho conocido como un «bachillerato trans», la institución es un espacio abierto a la comunidad. Hoy en día, solo el 40% de su alumnado está compuesto por personas trans. El resto de les alumnes pertenecen a distintas disidencias y todes son bienvenides a formar parte de la comunidad educativa de Mocha Celis.

Los lugares como Mocha Celis son espacios de inclusión que se encargan de brindar las oportunidades que el Estado debería garantizar en cumplimiento de la ley de identidad de género. Un Estado prácticamente ausente, a cargo de un gobierno que solo utiliza a la comunidad trans para hacer marketing pero sin dar oportunidades reales, sin llevar a cabo políticas concretas que ayuden a que este colectivo deje atrás la marginalidad y pueda, de una vez por todas, acceder a las mismas oportunidades que el resto de la sociedad.

La mujer que le dio nombre al bachillerato

La historia de quien le da nombre a este bachillerato popular refleja la desigualdad de oportunidades que la comunidad trans enfrenta a diario en nuestro país. Mocha Celis fue una mujer trans oriunda de Tucumán. No sabía leer ni escribir y tuvo que enfrentarse a la violencia institucional ejercida por las fuerzas de seguridad contra quienes ejercen la prostitución.

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Mocha Celis, la mujer trans que le dio nombre al bachillerato.

«¿Por qué ponerle al bachillerato Mocha Celis? Porque Mocha no sabía leer ni escribir. Cuando llegábamos a las comisaría detenidas, ella siempre me pedía a mí que le leyera», contó Lohana Berkins en una columna del suplemento Soy de Página/12.

Mocha, como casi el 95% de las mujeres trans de nuestro país, tuvo que ejercer la prostitución para lograr un sustento económico con el cual mantenerse. Sin acceso a la educación, al sistema de salud público y mucho menos a oportunidades laborales formales, la comunidad trans se ve marginada y prácticamente obligada a aceptar trabajos en condiciones precarias e inseguras, conviviendo con la amenaza de las fuerzas de seguridad que muchas veces (por no decir siempre) ejercen violencia institucional con quienes se niegan a ser parte de su sistema corrupto que protege a los clientes y a los llamados «puteros».

Días después de la amenaza de un sargento, Mocha apareció muerta en el Hospital Penna. La causa nunca prosperó y nunca se pudo comprobar que quien la había amenazado se había encargado de quitarle la vida. Mocha no llego a vivir en la época en que la comunidad trans tiene una ley que la protege, porque no la dejaron. Porque así como le arrebataron la vida, le habían arrebatado antes todas las oportunidades, solo por ser una mujer trans.

En febrero de este año, bajo la dirección de Francisco Quiñones Cuartas y Rayan Hindi, se estrenó el documental «Mocha: nuestra lucha, su vida, mi derecho», que cuenta la vida de quien le dio nombre a la institución, así como también la experiencia en primera persona de les estudiantes que a diario recorren las aulas de la institución.


Fuentes citadas:
Página/12
Relevamiento Fundación Huesped y ATTTA
Telam

T de Trans-gresoras

Desde Escritura Feminista, entrevistamos a Juan Tauil, director del documental “T”, que aborda las luchas de la militancia travesti en las épocas previas a la sanción de la Ley de Identidad de Género. Es un trabajo de cuatro años que entrelaza testimonios, discursos, cantos, risas y angustias de figuras como Diana Sacayán, Lohana Berkins, Marlene Wayar, Malva Solís y Susy Shock, entre otras.

“El cuerpo gay no cuestiona, en sí, el propio cuerpo. El cuerpo trans es ineludible”, explica Diana Sacayán con la suavidad particular de su voz, en un debate entre compañerxs activistas. El documental “T” (que también puede encontrarse como: «T, trava el que ve») habla de eso: de las cuerpas que son invisibles para el Estado, pero ineludibles para sí mismas y para el machismo que se empeña en violentar, marginar y discriminar. De las identidades que son transgresoras por existir fuera del binarismo, la heteronorma y lo cisgenérico, que colmaron (y colman) los barrios, las calles, las comparsas, los debates y todos los espacios en los que viven, aman y militan.

Estrenado en 2016 y dirigido por el músico y cronista Juan Tauil, con la participación de luchadoras travestis y trans de Argentina como Lohana Berkins, Diana Sacayán y Marlene Wayar, entre otras, el largometraje cumple el rol de un “álbum fotográfico”: une recortes de discursos, charlas casuales, viajes en micro, reuniones de militancia o entre amigxs. Son testimonios sobre el ser travesti en un país que logró la sanción de la Ley de Identidad de Género (Ley N° 26 743) en el año 2012, pero que sigue arrojando a lxs travestis y trans al limbo del desconocimiento y la inexistencia: al ignorarlxs, tampoco se legisla ni se ofrecen respuestas para ese sector, uno de los más vulnerados de nuestra sociedad.

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Marlene Wayar en intervención artística. Fuente: Documental T.

Las historias que transcurren en los 60 minutos de film dejan la certeza final de que la identidad no es algo natural ni individual, sino que es algo que se construye en comunidad. Bajo esta lógica parece estar tejido el relato: las voces narradoras varían, al igual que la realización de las tomas. Todxs participan en su construcción y no hay personajes pasivos, de la misma manera que no pueden distinguirse entrevistadorxs de entrevistadxs. En comunicación con Escritura Feminista, Juan Tauil opinó: “El trabajo conjunto es el espíritu de todas las luchas colectivas”.

Escritura Feminista: ¿Cómo fue el proceso de rodaje del documental? Da la sensación de que varias personas comparten roles y participación.

Juan Tauil: El rodaje fue de más o menos cuatro años, con tres años de edición solitaria. Las chicas me decían dónde iban a estar y yo, siempre listo, iba a registrar los acontecimientos. Creo que el  elemento que hace sentir esa idea de unidad de múltiples

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Juan Tauil, músico, cronista y director de «T». Fuente: Infojus Noticias.

voces es que la película es, en sí misma, una voz en off conformada por múltiples voces.

E. F.: ¿Podemos decir que es el primer documental travesti del cine argentino?

J. T.: No sé si será el primero o el único, lo que sí te puedo asegurar es que es el primer documental en el que miembras representantes del colectivo travesti hablan en primera persona, sin intermediarios. Dan a conocer en forma directa sus discursos políticos y sus trabajos artísticos.

E. F.: ¿Creés que el documental hoy pasó a ser, en parte, una suerte de homenaje a Diana Sacayán y Lohana Berkins?

J. T.: ¡Ojalá! Sería un gran honor que «T» se convierta en un homenaje a Lohana Berkins, Diana Sacayán, Malva Solís, Klaudia con K, Charly Darling, María Marta Leiva y a todas las chicas que no están más con nosotros, que sufrieron décadas bajo la violencia de Estados inhumanos que las descartaba fuera de los márgenes de la sociedad, condenándolas a 35 años de promedio de vida. También me gustaría que «T» sea un homenaje en vida al trabajo constante de Marlene Wayar, Daniela Ruiz, Julia Amore y otras militantes travestis y trans que luchan actualmente.

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Diana Sacayán acompañada de Graciela, luego compartir una charla y mates en un barrio de La Matanza. Fuente: Documental T.

Memoria Travesti

Este tipo de iniciativas constituye pasos gigantes para empezar a desmoronar la invisibilización de las identidades no binarias ni heteronormativas en lo simbólico y en lo social. Registrar la historia de los colectivos es dejar constancia de su existencia y de sus luchas, de sus angustias y de sus logros. “Yo trabajé el documental según un concepto del documentalista Patricio Guzmán, quien dice algo así: ´un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotos´”, explicó Tauil, y agregó: “La memoria de colectivos vulnerados es indispensable para poder hablar en un futuro de colectivos empoderados”.

Para ver el adelanto de «T», entrá aquí.

 

Ley de Identidad de Género

El pasado 9 de mayo, se cumplieron cinco años de la aprobación de la “Ley de Identidad de Género” (Ley N° 26.743) que reconoce el derecho de todas las personas a mostrarse tal cual se perciben. Se puede hablar de una gran conquista para la comunidad trans, pero aún queda mucho por recorrer en cuanto a una verdadera aplicación de la ley, y ni hablar en materia laboral y educativa. Manuel Goddio (@GoddioManu), un joven trans, nos contó sobre su experiencia con el cambio del DNI, el cual recibió hace unas semanas, y cómo fue atendido en el hospital para un tratamiento de reemplazo hormonal.

Esta sanción permite que las personas trans sean inscritas en sus documentos con el nombre y el género con el cual se perciben, y obliga a que todos los tratamientos médicos de adecuación a la expresión de género sean incluidos en el Programa Médico Obligatorio. Esto quiere decir que no se necesitará ningún diagnóstico médico, psiquiátrico, ni autorización de ningún juez para realizar el cambio de DNI ni para recibir estos tratamientos.

Primero, nos habló sobre el trámite de cambio de identidad de género en su documento. Para ello, es necesario que se realice una rectificación de la partida de nacimiento. Manuel esperó siete meses su turno y afirmó que, una vez en el Registro Civil, los empleados no estaban muy seguros de cómo debería realizarse el trámite. Le dijeron que su partida estaría lista en tres meses, que terminaron convirtiéndose en casi un año y medio. “Durante todo el transcurso del año pasado iba una vez al mes al Registro Civil a preguntar en qué situación estaba el trámite y la mayoría de las veces no sabían explicarme bien qué era lo que pasaba”, nos comentó. Al final de este verano le dijeron que su partida estaba lista, pero que no sabían en dónde se encontraba. Finalmente, pudo resolver el problema gracias a un contacto que trabaja en el Gobierno de la Ciudad, quien lo ayudó a finalizar este asunto. Él afirma que también conoce a más gente que estuvo en situaciones similares por este tipo de desorden administrativo. Finalmente, con su partida nueva, realizó el cambio de documento gratuitamente y en diez días se lo entregaron en la puerta de su casa.

Con su DNI en mano, Manuel ya puede cambiar los datos de cualquier lista donde figure su nombre antiguo, como su título secundario, las listas de su facultad y el carnet de su obra social.

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Luego, nos habló sobre su experiencia con los médicos en el hospital para sus tratamientos y cirugías. Manuel nos dijo que uno de los profesionales le pidió que iniciase con los trámites del cambio de documento. “Se supone que eso es ilegal porque no te pueden obligar a cambies tu nombre para acceder a estos tratamientos. Hay personas trans que quieren modificar su cuerpo pero no cambiar su nombre”, destacó. Al mismo tiempo remarcó que el grupo de endocrinólogos con el que se está atendiendo está muy bien preparado y que está constantemente informándose sobre temáticas de género.

Su siguiente objetivo es conseguir que su obra social cubra los tratamientos con hormonas y cirugías que necesite para la adecuación de género. Esto debería suceder por ley, pero en la mayoría de los casos, las obras sociales se resisten en un principio, por lo que los pacientes deben realizar varios reclamos para que se les cubra lo que les corresponde.

“Tener que pasar por todo ese proceso es desgastante y doloroso también”, nos respondió él.

Cuando le preguntamos a Manuel cuál cree que tiene que ser el próximo paso para la integración de la población trans, nos dijo que debería ser “el real cumplimiento de la Ley de Identidad de Género”. También cree que debería haber más información sobre estos temas en talleres de educación sexual y que se visualice más la transexualidad.

“Creo que la ley es mucho más fácil de cambiar que la mentalidad de las personas», afirmó el joven, «y que se saque una ley de emergencia también para las mujeres trans, porque si ya la vida de la mujer no importa, imaginate la vida de una mujer trans. Literalmente, no existe”.

Si bien se reconoce el avance que implica la Ley de Identidad de Género, el desorden administrativo en el Registro Civil, los largos plazos de espera, la desinformación de algunos médicos y las peleas contra las obras sociales siguen siendo obstáculos en el camino que no pueden permitirse más. Hay que visibilizar estas problemáticas, educar y luchar por sus derechos, para conseguir una mayor integración de la población trans ya. que igualdad ante la ley no significa igualdad de oportunidades.


Foto: Twitter