Día Mundial de los Océanos: una propuesta especista

Se celebró el pasado 8 de junio. El tema propuesto este año por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) fue «El océano: vida y medio de subsistencia». En esta línea, la organización insiste en que debemos cuidar los mares por los recursos que nos brindan. 

El objetivo de celebrar el Día Mundial de los Océanos es concientizar sobre la importancia de los mismos y poner en relevancia lo urgente que resulta poder gestionar de manera cuidadosa este recurso mundial esencial.

Para Volkan Bozkir, el Presidente de la Asamblea General de la ONU: «El océano es una potencia económica, generando trillones de dólares cada año y es una potencia de biodiversidad». Las palabras del mandatario, pronunciadas en el marco de las celebraciones de la ONU de este día, reflejan la mirada antropocéntrica y especista que mantenemos sobre los mares. Evidentemente, en esta celebración quedan por fuera las víctimas principales de la explotación humana: las especies que habitan las aguas marinas. 

Medusas en Monterrey, Estados Unidos. Foto de Kevin Lanceplaine en Unsplash.

La organización señala en su comunicado que los océanos son «una fuente importante de alimentos y medicina y una parte fundamental de la biósfera» y destaca su importancia económica; explica que son «la mayor fuente de proteínas del mundo». La importancia de este ecosistema que representa más del 70% de nuestro planeta va mucho más allá de los recursos que puede brindarnos. Son una parte vital del ecosistema mundial, ya que contienen el 97% del agua y representan el 99% de la superficie habitable del planeta en volumen.

Además, ayudan a mitigar los impactos del cambio climático: absorben, aproximadamente, el 30% del dióxido de carbono emitido por el ser humano. Son los verdaderos pulmones del planeta, no solo porque absorben este gas, sino porque el fitoplancton que habita en los mares produce entre el 50 y el 85% del oxígeno que se libera cada año a la atmósfera, según datos de National Geographic. Por esto, la salud de los océanos es vital para la salud humana.

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Los microorganismos, los mamíferos, los peces, los cetáceos y los crustáceos son una parte fundamental del esquema marino. Estos mal llamados «recursos» son los seres vivos que permiten que los océanos funcionen. Sin ellos, el equilibrio natural se tambalea y, si bien aún no es tarde para detener la pérdida de biodiversidad que sufren los mares, debemos actuar con rapidez.

A pesar de su importancia, los océanos y sus animales están en peligro. El calentamiento global pone en riesgo toda la vida en el mar. Causa la acidificación de los mares, haciendo del agua un lugar inhabitable para varios miles de especies marinas; derrite las capas polares, hogar de muchos peces, cetáceos, mamíferos y plantas marinas y genera la aparición de zonas sin oxígeno bajo el agua. 

No solo esto, sino que también deben soportar la contaminación constante producida por los humanos. Los contaminantes más comunes son «plaguicidas, herbicidas, fertilizantes químicos, detergentes, hidrocarburos, aguas residuales, plásticos y otros sólidos», explica National Geographic. Pero la contaminación acústica también representa una amenaza para la vida marina. Los buques pesqueros y la búsqueda de petróleo tienden a aturdir a las especies que se comunican con ecolocalización y pueden llegar a causar su muerte. 

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La acción humana está llevando a los océanos a un punto límite

Pescadores en Mui Ne, Vietnam. Foto de Evgeny Nelmin en Unsplash.

Desde que conquistamos los mares como especie, no hemos dejado de explotarlos hasta su destrucción. No solo con los constantes derrames de petróleo, los plásticos que tiramos a sus aguas y la sobrepesca, sino que también la acción humana ha causado que el 90% de las grandes especies marítimas de peces hayan disminuido y que el 50% de los arrecifes de coral hayan sido destruidos, según Naciones Unidas. Además, debemos agregar el bombardeo de los océanos en busca de petróleo, un fenómeno reciente en Argentina, increíblemente dañino para nuestros ecosistemas marinos. 

«Estamos en el punto de, o bien, continuar con esta actitud extractivista de tomar, tomar, tomar de la naturaleza, o darnos cuenta de que lo más importante que tomamos de la naturaleza es nuestra existencia».

– Sylvia Earle, Presidente de Mission Blue.

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La pérdida de biodiversidad que sucede en los océanos no tiene precedentes. La desaparición de muchos de estos seres vivos es imposible de revertir y los efectos de su extinción podrían ser catastróficos. Por ello, si bien la ONU enunció como objetivo la regulación de la pesca para evitar la explotación pesquera, esta medida resulta insuficiente.

Es vital poner en marcha planes de reconstrucción de los corales, iniciativas de reproducción en cautiverio de las especies en peligro de extinción y proyectos que prohíban la pesca indiscriminada y la caza de ballenas. También, como ya dijimos, debemos proteger los mares de los efectos del cambio climático y, para ello, hay que dejar de financiar los combustibles fósiles, restaurar ecosistemas e impulsar políticas ambientales que reconozcan la importancia de las especies marinas. Pero, sobre todo, debemos repensar nuestra relación con la naturaleza y cambiarla por una más respetuosa y consciente. 


Fuentes: 


Ganadería y contaminación: dos caras de la misma moneda

Artículo escrito en colaboración por Estefanía ArenaFlorencia Bareiro Gardenal


En el artículo «Granjas industriales de cerdos: ¿solución o problema?», enumeramos las razones por las cuales la instalación de este tipo de establecimientos en nuestro país sería una atrocidad. El siguiente artículo se desprende como una de esas razones: la ganadería es uno de los mayores contaminantes del planeta. ¿Estamos listos para poder modificar un sistema que nos perjudica más que beneficiarnos?

El confinamiento en la Argentina modificó nuestra vida. Jugar al tutti-frutti con amigues vía WhatsApp, el home office, el pan de masa madre, el desempleo. Pero, de todas las líneas de producción afectadas por el brote de COVID-19, la cadena de ganadería y muerte se encuentra dentro de las actividades esenciales.

El sector ganadero se volvió insostenible en el tiempo. Ya no sólo se trata de nuestra alimentación: el aire, la tierra y el agua también se ven afectados. Además, no es menor el gran maltrato animal que hay detrás de este negocio, donde muchos de estos seres nunca conocieron lo que es un pastizal o un rayo de luz solar.

Ante este panorama y en contexto de pandemia, las negociaciones entre Argentina y China continúan firmes con la excusa de la generación de nuevos puestos de trabajo que, como vimos en notas anteriores, son actividades muy poco dignas para la salud tanto mental como física de las personas que trabajarían allí.

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A continuación, presentamos un breve paso a paso de cómo afecta esta industria del mal.

1. deforestación

La mejor amiga de la ganadería es la deforestación. Se necesita destruir bosques, selvas y ecosistemas para poder hacer de este negocio algo concreto. El 80% de las tierras deforestadas son destinadas a la producción de alimentos para la ganadería. ¿Qué pasaría si esos alimentos fueran a les humanes? ¿Seguirían existiendo la pobreza y el hambre en el mundo? En la Argentina, la expansión agrícola es responsable del 45% de la deforestación, mientras que las tierras de cultivos representan más del 43%.

El nuevo acuerdo entre China y Argentina dicta, según las autoridades involucradas (Felipe Solá y Jorge Neme), que las nuevas granjas se instalarían en el norte del país, tanto en la regiones este como oeste, con lo cual la alarma es aún mayor:

«La instalación de estas granjas de cerdos en las provincias que más deforestaron durante las últimas décadas generará aun más presión sobre los bosques, ya que aumentará significativamente la demanda de maíz y soja para alimentarlos».

Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace.

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Según fuentes oficiales, el proyecto implica la instalación de 25 granjas industriales con el objetivo de exportar 900.000 toneladas de carne porcina en cuatro años. Las granjas estarán ubicadas en Santiago del Estero, Salta, Chaco, Formosa y entre otras de esas regiones, buscando «agregar valor» al maíz y la soja que se cosechan en esos lugares al reducir el costo de flete al puerto para su exportación.

2. Extinción

Miles de animales son desplazados de sus hábitats por la deforestación, la sobreexplotación y la actividad humana. Desde 1970, el planeta perdió casi un 60% de las diferentes especies y poblaciones de vertebrados.

En este momento, los humedales del delta del Paraná están ardiendo como consecuencia de la producción agropecuaria y el panorama es devastador: ya se vieron afectadas 90 mil hectáreas, llevando casi a la extinción tanto a la flora como a la fauna autóctona de estos lugares.

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«El suelo quedó como un ladrillo por la temperatura, ahí el fuego quemó todo, hasta los microorganismos y semillas. Será muy difícil que algo vuelva a crecer en breve. Tardará años en recuperarse. Reptiles que en invierno se guarecen e hibernan en cuevas y troncos de árboles como iguanas y culebras, quedaron calcinados. Lo mismo que comadrejas y hurones que el fuego atrapó en sus madrigueras. Similar situación ocurrió con las tortugas al desplazarse hacia aguas más profundas».

Pablo Cantador, experto en avifauna del grupo ecologista El Paraná No se Toca. Fuente: TELAM.
Fuente: Telam

3. Tierra

Los animales, que por su pobre destino terminan en la góndola del supermercado, viven toda su vida alimentándose de soja y otros granos. Estas legumbres suelen ser transgénicas, que provocan que el suelo donde se cultivan termine dañado por el uso masivo de fertilizantes y agrotóxicos. El 70% de las tierras en el Amazonas están ocupadas por pastizales y cultivos de alimento para animales de granja.

4. Agua

No es primicia el hecho de que hay lugares en el mundo donde se imponen restricciones al uso del agua pero esta podría ser una nueva realidad para todo el planeta, ya que para 2050 se espera escasez de agua.

La ganadería es una de las actividades más demandantes de este recurso: el 23% del agua disponible del planeta se usa para la ganadería. Para producir una hamburguesa, se necesitan alrededor de 1695 litros de agua. Además, los desechos de los animales suelen ser arrojados a la tierra, contaminando los acuíferos y afectando a la vida marina y a nosotres.

5. Aire

La ganadería es una de las principales fuentes de emisión de metano, un gas de efecto invernadero relativamente potente que contribuye al calentamiento global. Este se produce en la materia fecal de los animales y se estima que la Argentina produce un 24% estos gases. El sector agrícola es responsable del 24% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y la ganadería del 14,5%. La destrucción de grandes extensiones de bosques tropicales para crear zonas de pastos para ganado hace aumentar la concentración en la atmósfera de CO2

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6. Planeta

En los últimos años, hubo una serie de huracanes, terremotos, incendios forestales, sequías, inundaciones y más desastres en todo el mundo. Una de sus causas es el calentamiento global. Según un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por las siglas en inglés), esto ya ocurre con un grado Celsius sobre la temperatura máxima de la Tierra pero se podría llegar a dos grados Celsius en menos de 20 años si no se reducen las emisiones de dióxido de carbono. El calentamiento global lleva a un aumento en el nivel del mar, tormentas más peligrosas y variaciones en el clima mucho más extremas.

Entonces, el objetivo de la ganadería ¿es el mejoramiento de las condiciones y la productividad de los terrenos de pastoreo, la salud y productividad del ganado? Desde ya que no. A les empresaries de este negocio sólo le interesa el dinero en el bolsillo.

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Un informe de IPCC señala que el mundo va a experimentar grandes problemas antes de lo esperado a medida que las emisiones aumenten. La Argentina está entre los 30 países más contaminantes del mundo, según la ONG internacional Climate Transparency.

No sólo debemos reducir los productos que provengan de animales y explotación, sino que también debemos exigir un gobierno, políticos y leyes que nos defiendan y respalden frente a estas situaciones. La ganadería tiene consecuencias muy graves en la naturaleza, en nuestra salud y en la de los animales. Debemos tomar consciencia de muchas cosas y la reducción de carne es una de ellas.

La biodiversidad se enfrenta al impacto de las personas que están explotando hasta el límite los recursos naturales que ofrece el planeta. Pero, ante esto, existe todo un grupo de seres humanos que, alarmados por la situación, enfrentan a los poderosos exigiendo que sus voces sean escuchadas. Sumémonos. Es díficil reclamar en tiempos de aislamiento pero tenemos a la virtualidad como aliada: este 13 de agosto a las 20 h se hará una manifestación de manera virtual con los videos de todes aquelles que NO queremos la instalación de este sistema del horror.

Si querés formar parte del video que luego se hará como resumen de la manifestación enviá tu grabación a info@somosmiles.org

Fuentes:


Brillo y militancia

Glitter, shibré, purpurina, brillantina, llamalo como quieras. Es uno de los tantos maquillajes que usamos en esta época. Los brillos se convirtieron en un «símbolo de lucha» en las manifestaciones feministas de los últimos años. Sin embargo, su (ab)uso se vuelve problemático cuando pensamos: ¿de qué está hecho el glitter? ¿Cuál es la industria que está detrás? ¿Su uso impacta en el ambiente?

Tenemos naturalizado el uso de la purpurina en el maquillaje, en la ropa, en bolsos y zapatos, en papelería y hasta en cápsulas vaginales. La industria de la «belleza» representa los eslabones de una cadena de consumo que comienza por productores tanto legales como ilegales, sigue por comercializadores e influencers y termina en les consumidores. Dicha cadena decanta en una grave consecuencia ambiental a causa de su composición.

Estos pequeños destellos de brillo llamados «microperlas» están compuestos por microplásticos, de un diámetro inferior a 5 milímetros. Están elaborados concretamente de aluminio y tereftalato de polietileno (PET). Claro está que el glitter no es el único microplástico que consumimos pero sí es uno de los que están relacionados con la lucha y la fiesta en cada evento feminista.

Civilización de plástico

Nuestra sociedad se convirtió en la «civilización de plástico»: simplemente observá a tu alrededor y entenderás el por qué. «China es el principal productor a escala mundial, fabrica alrededor del 50% de los plásticos, seguida de Europa, con una producción del 18%», expresa Balma Oliver, técnica y educadora ambiental, en «Ahogados en plástico». Además, dentro de la industria plástica existe —por supuesto— un mercado ilegal.

Solo el 17% del plástico producido en el mundo se recicla. De esta reutilización, solo se puede repetir el ciclo un máximo de tres veces (Crawford y Quinn, 2017). El 83% del plástico restante termina en basurales y en océanos, convirtiéndose en desechos que causan problemas en la naturaleza en general y en el medio marino en particular.

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Imagen: Greenpeace

«En los ecosistemas marinos, los plásticos representan la mayoría de los residuos, entre un 60% y un 95% y, de estos, el 80% proceden de tierra firme y el 20% de actividades desarrolladas en el mar».

Balma Albalat Oliver, «Ahogados en plástico».

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Los plásticos se clasifican en macro y microplásticos; estos últimos se encuentran en mayor medida en el litoral pero también en las profundidades del mar. Además, son ingeridos por organismos marinos, de forma que se introducen en la cadena alimentaria, afectando a toda la fauna.

Los microplásticos actúan como vectores de compuestos tóxicos. Su presencia en el agua puede desequilibrar y poner en peligro su biodiversidad. Por falta de estudios de investigación, aún se desconocen los efectos concretos que pueden tener sobre el ser humano.

Una industria «brillante»

Son comunes los tutoriales de maquillaje en las redes sociales, como en Instagram y en Youtube. Muches influencers lucran a partir la venta de los productos cosméticos que utilizan en dichos videos. Los brillos son protagonistas tanto en los tutoriales como en los filtros de moda. Un ejemplo es Sara Shakeel, famosa por usar glitter en estrías de manera «artística».

En cuanto a las marcas, Meadowbrooks Inventions, creada en 1934, se considera «el mayor productor, distribuidor y exportador de purpurina del mundo». Sin embargo, podemos encontrar otras miles —más o menos conocidas— en la industria de la cosmética que producen plásticos (como recipientes o envases) y microplásticos (microperlas) de manera indiscriminada y ganan millones de euros por año.

«En general, los envases de champú o jabón líquido son de un plástico no transparente que en muchos lugares se puede reciclar. Pero hay otros envases, por ejemplo del maquillaje, que son de un plástico mucho más duro y contaminado que no se puede reutilizar».

Mark Mineeboo, director regional de América Latina de Plastic Oceans.

Hay maneras de cuidar el ambiente y usar glitter: existen productos veganos y biodegradables como Van Rossum, Eco Glitter Fun o EcoStardust. Estas marcas realizan donaciones a organizaciones benéficas con el cuidado del ambiente pero se traducen en un falso «compromiso social empresarial» porque no terminan de atacar la problemática de base.

Por ello, debemos reclamar medidas de regulación de la gestión de los residuos, comercialización y producción de plásticos a nivel global, nacional y local, ya que se estima, según Crawford y Quinn, que en 2050 habrá tantos plásticos como peces en el mar.

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¿Brillantina en vez de purpurina?

No podemos dejar por fuera el hecho de que la industria cosmetológica global apunta a un género como consumidor en particular: a las mujeres. En ese sentido, mujeres y disidencias que participan de las diversas marchas del movimiento feminista —al menos en países de América Latina y de Europa y en Estados Unidos— se maquillan con purpurina en cada ocasión, ignorando la procedencia de estos productos.

Antes de la cuarentena, miles nos movilizábamos en las marchas del #8M, de Ni Una Menos, del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, las del Orgullo LGBTTIAQ+ y tantas otras autoconvocadas. La mayoría, usando glitter y brillos en les cuerpes y la ropa de manera simultánea.

Ahora que somos conscientes de la contaminación que generan estas microperlas, me pregunto: ¿usamos purpurina porque, para nosotres, es símbolo de alegría y festejo? ¿El brillo nos resalta, por lo tanto, se resaltan nuestros reclamos? ¿O simplemente la usamos porque les demás también lo hacen? ¿Qué representa en nuestra lucha? ¿Qué bandera levantamos cuando usamos glitter?


Fuentes:

Imagen de portada: Marianela Carbone


Granjas industriales de cerdos: ¿solución o problema?

Artículo escrito en colaboración por Tatiana Fernández Santos,
Yamila Figueroa y Florencia Bareiro Gardenal


En un contexto de pandemia cuya causa está directamente relacionada con la degradación ambiental y el hacinamiento de animales para su consumo, la cancillería argentina anunció una «asociación estratégica» con China para «producir 9 toneladas de carne porcina de alta calidad», es decir, 14 veces más que lo que Argentina produjo en 2019.

A raíz de esto, un grupo de científiques, profesionales y organizaciones ambientalistas buscan frenar el acuerdo mediante el documento «No queremos transformarnos en una factoría de cerdos para China, ni en una fábrica de nuevas pandemias».

¿Por qué China necesita que otros países le garanticen la crianza de cerdos para su consumo y está dispuesta a pagar más por esto si antes solo necesitaba importar el alimento que consumían estos animales? Entre 2018 y 2019, la Peste Porcina Africana (PPA), que provoca la muerte del animal entre 24 y 48 horas y no tiene cura, se extendió por todas las regiones del país asiático y obligó a que en 2018 sacrificaran 700 millones de cerdos y en 2019 cerca de 250 millones. China quiere mantener su alto consumo de carne porcina pero hacerlo en su propio país implica un riesgo muy alto.

Si bien en un contexto de crisis económica la posibilidad de producir, exportar y generar divisas extranjeras se presenta como una posible salvación, es necesario detenerse a pensar si mantener el modelo de producción en base a la industrialización de animales criados en hacinamiento y al monocultivo, o incluso potenciarlo al pasar de la producción de 7 millones de cerdos a 100 millones —sumado a la producción de soja y maíz para su alimentación—, es realmente la solución o es parte del problema.

En Escritura Feminista, debatimos acerca del contexto actual de pandemia, de lo que el acuerdo persigue, de su origen y sus consecuencias y entendemos que este tratado no es una solución a la crisis económica sino que es parte del sistema de producción que acumula riquezas en pocas manos, reproduce pobreza y genera un impacto ambiental irreversible. Por esto, compartimos 5 razones para decirle NO a la instalación de granjas de cerdos en Argentina

1. NO, por el impacto veterinario, ambiental y humano

En las granjas industriales, la alimentación de los cerdos se basa en su mayor parte en soja, maíz y alimento balanceado. La gran cantidad de animales que se pretende producir en nuestro país acentuará —aun más— la deforestación masiva y la pérdida de biodiversidad para la plantación extensiva de soja y otros granos. Este alimento producido con nuestras tierras arrasadas, con agrotóxicos y OGM (organismos genéticamente modificados), será alimento de animales hacinados y enfermos que luego consumirá la población China y, lo que sobre y sea de descarte, la población Argentina.

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El hacinamiento en las granjas industriales es tal que los animales se encuentran uno al lado del otro durante toda la vida, desde que nacen y son destetados de su madre, hasta que mueren para dirigirse al plato del consumidor. La masividad de animales en poco espacio aumenta los riesgos de producir enfermedades infecciosas que se extiendan a la totalidad de un galpón, es decir, si hay un animal enfermo lo más probable es que la infección se extienda, lo cual aumenta la posibilidad de pérdida del «producto».

Para evitar esto, se aplican dosis bajas de antibióticos a todos los animales (sin importar si están enfermos o no) a modo de prevención. Estas dosis favorecen la selección de bacterias multirresistentes que luego se encontraran en el ambiente y en los alimentos, podrán pasar al ser humano y dificultar los tratamientos humanos.

2. NO, por el sufrimiento animal y humano

Un argumento a favor de instalar una granja industrial de cerdos es la generación de nuevos puestos de trabajo. La pregunta es ¿qué tipo de puesto de trabajo quiere generar nuestro país? La respuesta no es para nada sencilla. ¿Cuál es la actividad de alguien que trabaja en un matadero? ¿Asesinar, descuartizar, separar las piezas del animal que se transforma en un pedazo de carne? ¿A quiénes están dirigidos estos puestos de trabajo? ¿Personas con fuerza física y falta de sensibilidad para que puedan soportar ver la muerte a la cara? ¿Masculinidades, hombres, varones, padres de familias? ¿Qué tipo de consecuencias tiene en la vida de un hombre llevar a cabo estas tareas?

Para intentar responder solo algunas de estas preguntas, Escritura Feminista entrevistó a un extrabajador de un frigorífico de cerdos ubicado en González Catán, partido de La Matanza (GBA).

Aviso de contenido en el testimonio: electrocución, menciones de alcoholismo, descripciones explícitas de matanza, fluidos corporales, cáncer.

«Estos animales estaban faenados de una manera… Yo no sé si decir que dentro de la ley “tenés que tener una forma de hacerlo”. Ellos tenían una forma de hacerlo ilegal porque los electrocutaban y eso no es legal. Les daban 220 directo con una pinza en la cabeza, con el peligro que era también para la persona que manipulaba la pinza. Yo cuando veía eso quería huir, me preguntaban si me animaba a hacer eso y les dije que no, no podía verlo, o sea, es una escena horrible… Y cómo queda el animal, ¿no?».

Extrabajador de matadero de cerdos.

En base a este testimonio, lo que se expone es que el sufrimiento no es solo animal, es también humano: nadie elige trabajar en un matadero y ser testigo de este asesinato en masa. Todo lo que se realiza, lo que se huele, lo que se escucha y lo que se vive ahí queda marcado en esa persona para toda la vida.

«Después, lo que sufren estos animales porque están en la manga y saben lo que va a pasar, porque escuchan lo que les está pasando a los que van adelante. Ese sonido que ellos deben identificar, esos gritos alertan a los de atrás. Y los de atrás no quieren caminar por la manga (la manga es por donde ellos van camino al matadero). A medida que ellos se van acercando a las pinzas, saben que se van a morir».

Extrabajador de matadero de cerdos.

Respecto de la persona que realizaba esas tareas, el testimonio concluye:

«Yo pienso que se ocultaba mucho detrás del alcoholismo. Nuestros encargados eran personas que eran totalmente alcohólicas… El alcohol cumplía una función de dormir la conciencia de esas personas. Porque una vez faltó el muchacho de la sierra y me dijeron “andá a la sierra” y cortar esos animales en dos a mí me marcó. Creo que corté a dos y no pude hacerlo más, me temblaba la mano. Aparte te salpicas todo, es algo verdaderamente horrible. Después, con esa misma sierra conocí lo que era el cáncer porque el animal tenía cáncer y vi de qué se trataba, cómo estaba podrido por dentro ese animal».

Extrabajador de matadero de cerdos

3. NO, por la contaminación ambiental

Es necesario profundizar a qué nos referimos cuando hablamos de que el sector ganadero tiene un impacto ambiental de gran magnitud. Según Melanie Joy, autora del libro «Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas», es muy probable que la agricultura animal sea la principal causa de contaminación del agua en el mundo. Pero no termina ahí: la tierra y el aire también se ven afectados.

«El metano que emite el ganado y el estiércol que genera equivale al efecto de calentamiento global que producen 33 millones de automóviles. Los gases de efecto invernadero que produce el ganado constituyen el treinta y siete por ciento de todo el metano, el sesenta y cinco por ciento del óxido nitroso y el sesenta y cuatro por ciento de amoníaco en la atmósfera».

(Joy, 2013)

4. NO, porque necesitamos otro sistema que garantice una alimentación saludable para todas las personas

Ante esta situación, urge repensar nuestros modelos de consumo alimenticios, evaluar el origen y el trayecto que deben recorrer los alimentos hasta llegar a nuestros hogares. La alimentación es un derecho humano y para defender este derecho es necesario poner un freno al sistema mercantilista que se entromete en nuestros platos. Si los alimentos se dejan en las manos de la agroindustria, la respuesta va a seguir siendo la misma: hambre, explotación de la agricultura campesina, alimentos de baja calidad, explotación de trabajadores, contaminación del medioambiente, enfermedad y futuras pandemias.

«Se necesitan unos novecientos kilogramos de grano para producir carne y otros productos procedentes de ganado y animales de cría para alimentar a una persona durante un año. Sin embargo, si esa persona consumiera el grano directamente, en lugar de a través de productos animales, solo necesitaría ciento ochenta kilogramos».

(Joy, 2013)

El consumo responsable, la agroecología y la soberanía alimentaria deben ser una respuesta revolucionaria de la sociedad frente a los abusos del sistema en lo que a alimentación se refiere. Este modelo se basa en un principio completamente diferente, que prioriza el diálogo entre productores y consumidores, la producción de alimentos según temporada, la distribución equitativa y el respeto del medioambiente y les habitantes de los pueblos.

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5. NO, porque no queremos gestar la próxima pandemia

Luego de conocerse el posible acuerdo con China, se publicó un documento desde el blog Pacto Ecosocial y Económico en Argentina que advierte: «No queremos transformarnos en una fábrica de nuevas pandemias». El documento desarrolla cómo los criaderos industriales de animales, parte de un modelo agroindustrial cruel, además de generar focos de contaminación son incubadoras de nuevos virus altamente contagiosos y, por ende, son fábricas de nuevas pandemias.

Al documento adhirieron personas que se dedican a investigar cuestiones socioambientales desde hace años, como Maristella Svampa, que en su cuenta de Twitter denunció que con estos sistemas de mal desarrollo agroindustriales «nosotros buscamos al virus, el virus no nos busca a nosotros», citando e interpelando directamente al presidente de la Nación Argentina.

Si bien la Peste Porcina Africana (PPA) no se contagia a les humanes, el hacinamiento de los animales que son constantemente tratados con antibióticos puede generar nuevas resistencias a bacterias y esa resistencia sí pueden transmitirse a las personas, como explicamos en el Punto 1. Es necesario entender que estamos en una pandemia que comenzó mediante la transmisión de un virus de un animal a una persona.

Y, con todo esto, ¿qué hacemos?

Esta es la primera nota de un ciclo que desarrollará cada una de las razonas por las cuales hay que decirle NO a la instalación de granjas industriales de cerdos en Argentina, ya sea para exportar a China o a cualquier país del mundo.

Este es el momento para decirle NO a este acuerdo y hacer correr la voz. La organización ambientalista Jóvenes por El Clima comparte este documento para adherir con tu firma a que no se lleven adelante las granjas industriales de cerdos que van a enriquecer a los mismos empresarios cerealeros y de la agroindustria de siempre, van a incentivar más monocultivo en el país y van a dejarnos un impacto ambiental irreversible como también un foco de riesgo para la creación de nuevos virus.


Día Mundial del Medio Ambiente

El Día Mundial del Medio Ambiente se conmemora el 5 de junio por iniciativa de la ONU desde 1974 para poder reflexionar y sensibilizar a la población sobre las cuestiones ambientales, el cuidado de la naturaleza y la preservación de la biodiversidad. Justamente, este año el tema es la biodiversidad como motivo de preocupación tanto urgente como existencial debido a eventos recientes, como los incendios forestales sin precedentes en Brasil, California y Australia, la invasión de langostas en el Cuerno de África y la pandemia de COVID-19.

En esta oportunidad queremos, en principio, retomar los puntos más importantes del cambio climático que estamos viviendo para poder brindarles información y así entender qué acciones debemos tomar y qué medidas reclamar como políticas públicas que protejan a nuestro territorio de los efectos del cambio climático. Por eso también se esbozarán algunas cuestiones ambientales relacionadas en nuestro país y por último les dejaremos recomendaciones para poder tener una conexión más amigable y sustentable con el medio ambiente.

El cambio climático es causado por los gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por acciones humanas. Estos perduran en la atmósfera por muchos años (de 15 a más de 100). No se emiten homogéneamente sobre el planeta pero después de uno o dos años se esparcen y se mezclan totalmente en la atmósfera y así sus concentraciones se hacen geográficamente casi homogéneas.

Las emisiones de gases de efecto invernadero resultantes de actividades humanas han sido la principal causa del rápido calentamiento del planeta durante los últimos 150 años. El cambio climático no solo afecta a la temperatura global sino, que, como consecuencia de ello, impacta también en las otras variables climáticas: las lluvias, los vientos y el nivel del mar.

¿Cuáles son los principales GEI?

El vapor de agua H2O, el dióxido de carbono CO2, el metano CH4 y el óxido nitroso N2O.

Las emisiones de dióxido de carbono, originadas en la combustión de fósiles, crecieron exponencialmente desde el comienzo del período industrial. A estas se le suman las causadas por la deforestación, por eso este gas es el más peligroso en cuanto su acumulación y la cantidad de años que dura en el planeta.

¿Cuánto duran las alteraciones de cada GEI?

Metano: entre 15 y 20 años.

Dióxido de carbono: entre 100 y 150 años

Óxido nitroso: 100 años.

Otros gases artificiales: entre 40 a varios miles de años (por suerte, estos son de muy baja emisión, pero existen).

¿Cuáles son las principales actividades emisoras de GEI?

Dióxido de carbono: quema de combustible fósil, petróleo, gas y carbón. La deforestación.

Metano y óxido nitroso: se originan principalmente en el sector agrícola ganadero. Las mayores emisiones de metano se originan en la fermentación entérica de los rumiantes, es decir, a través del estiércol y los desechos de los animales que se crían como ganado de manera extensiva para la industria. En la agricultura se emite óxido nitroso en los procesos de fertilización.

Metano: se emiten en la descomposición de basura domiciliaria o industrial.


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¿Qué hay que tener en cuenta de todo esto?

El efecto acumulativo. Aun cuando hoy las emisiones de estos gases se redujeran a 0, la atmósfera continuaría con concentraciones superiores a las del periodo preindustrial: son necesarios siglos para que vuelvan a los valores previos.

Es decir, en este momento, nosotres estamos viviendo las consecuencias del cambio climático relacionadas a las emisiones pasadas y aun así continuamos emitiendo gases, que, según les especialistas, van a impactar gravemente en el clima de la segunda mitad del siglo si es que no se actúa antes.

De esto se desprenden las responsabilidades de los países emisores de GEI que, en el caso de los desarrollados, son muchas más emisiones por habitante que en los que están en vías de desarrollo. No solo tienen una gran responsabilidad por las emisiones presentes sino por las pasadas y, por eso, son los mayores responsables de los cambios climáticos ya observados y que estamos observando, así como de sus impactos.

Al mismo tiempo estos impactos se sienten más en los países en vías de desarrollo, ya que poseen una debilidad institucional y una falta de recursos humanos y materiales que los hacen más vulnerables a las consecuencias del cambio climático.

¿Qué pasa en Argentina?

La expansión de la frontera agropecuaria con siembra directa, nuevos agroquímicos y especies transgénicas elevaron los rendimientos de la producción en nuestro país. Pero esto significó que esta frontera atravesara la selva misionera, las zonas de yungas de las sierras de Orán y Tucumán, el pastizal y monte pampeanos semiáridos y la región chaqueña. Si bien esta expansión trajo grandes beneficios económicos a corto plazo, las consecuencias ambientales son críticas por el avance sobre los ecosistemas naturales a los cuales están deteriorando. La deforestación del bosque nativo es el aspecto de la expansión agropecuaria con mayores impactos ambientales y es la región chaqueña el lugar donde este proceso es más intenso.

Por otra parte, en épocas de aislamiento social a causa del COVID-19, en nuestro país aumentó la generación de energía renovable debido a que en este momento es más barata que las que están generadas a base de combustibles fósiles. Hay que tener en cuenta que vivimos en un país donde prima la producción de energías no renovables, que cuentan con subsidios y el apoyo por parte de los gobiernos, aún cuando la opciones como la energía eólica y solar signifiquen una oportunidad más justa a nivel humano y climático.

Lo que nos lleva a preguntar: ¿habrá un cambio respecto al uso y la producción de energía en Argentina una vez que pase el aislamiento obligatorio?

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¿Qué podemos hacer?

Seguir informándonos.

• Reclamar políticas públicas y acción por parte de los gobiernos para que preserven los ecosistemas autóctonos y tomen medidas que reduzcan el impacto ambiental.

• Reducir el consumo de animales como alimentos. Elegir apoyar emprendedores locales que producen de manera agroecológica como la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) como una opción tanto saludable con las personas como con el ambiente.

• Animarse a crear la propia huerta incluso si vivís en un departamento, hay maneras, siempre se puede investigar sobre la agricultura urbana y la horticultura vertical o la hidroponía.

• Plantar árboles (parece algo cliché pero es realmente muy importante en estos momentos críticos que estamos viviendo).

• Reflexionar sobre nuestra movilidad. Es importante pensar varias veces antes de hacer un viaje innecesario, principalmente en avión. También es sano aprovechar algunas cuadras para caminarlas, correrlas, andar en bici, en skate, en longboard o la manera más entretenida que encuentres, no sólo como un juego, sino como un habito de movilidad que llega para quedarse en tu vida.

• Reducir el consumo de plásticos y reemplazar determinados productos por otros que sean reutilizables y sustentables: el uso de los productos de higiene menstrual reutilizables (copas menstruales, toallitas y protectores de tela, entre otros) además mejora la salud de la persona ya que evita infecciones provocadas por lo químicos que tienen los productos descartables.

• Reducir la cantidad de basura que se destinan a los basurales: compostar es una buena estrategia para esto y hay muchas maneras de hacerlo tanto si vivís en un departamento como en una casa, cada una se puede ajustar a tu ambiente y necesidades. La clave es reducir lo que podamos.

• Charlar sobre este tema con nuestres seres querides y con las personas que nos rodean, cambiar nuestros hábitos alimentarios y cotidianos: el mundo no es descartable.

Recomendaciones:

Literarias:
  • «Más luz por favor» de Connie Isla.
  • «Cambiemos el mundo» de Greta Thunberg.
  • «Malcomidos» y «Mala Leche» de Soledad Barruti.
  • «La Argentina y el cambio climático» de Inés Camiloni y Vicente Barros.
Audiovisuales en Netflix:
  • Nuestro planeta
  • A plastic ocean
  • Cowspiracy: el secreto de la sostenibilidad
  • Rotten

Fuentes:

  • Barros, Vicente y Camilloni, Inés (2016) «La Argentina y el cambio climático: de la física a la política». En Eudeba: Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
  • RedAccion.com.ar
  • ONU

Los transgénicos no paran

La importancia de los negocios antes que la salud parece ser un ejemplo para gran parte de la agronomía. En los campos, las fumigaciones con agrotóxicos continúan. Nosotres tenemos la obligación de mantenernos protegidos en nuestros hogares, pero nuestros alimentos siguen enfermándonos.

Hace unas semanas, organizaciones ambientales, sociales y rurales denunciaron el aumento y el descontrol de fumigaciones en lo que va de la cuarentena. Esto sucede en provincias como Santa Fe, Santiago del Estero, Entre Ríos y Buenos Aires. A les habitantes les fumigan a menos de 50 metros y por aire. 

Les vecines exigen a los municipios que tomen cartas en el asunto y empiecen a cuidar a sus ciudadanes. ¿Será que les gobernantes son parte de este mercado arrasante y especulador? Nos deberíamos replantear el modelo agropecuario para poner la salud de la población en un primer plano. 

En Argentina existe la ley 25.675, ley general del ambiente, la cual impulsa al gobierno a tomar las medidas necesarias para proteger de riesgos en la salud de les ciudadanes y al medioambiente. Aunque fue sancionada en 2002, hasta ahora no vemos avances. Por año, se estima que el uso de agrotóxicos ronda los 500.000 litros, que 3 millones de personas se enferman por agroquímicos y que mueren más de 220 mil. Lo que significa que hay 660 muertes por día, 25 muertes por hora. 

En Misiones, 5 de cada 1000 niñes nacen con problemas en el sistema nervioso por Meliomelingocele. Esta patología aparece cuando la médula espinal no se desarrolla con normalidad. Dado que las probabilidades generales de que nazcan niñes con esa enfermedad es de 1 cada 1000, pareciera que Argentina lleva la delantera. 

Este modelo productivo tiene como base la química. El glifosato es uno de los diferentes fertilizantes usados, pero uno de los más efectivos para destruir nuestros ecosistemas y crear una pérdida inimaginable en nuestra biodiversidad. En 2018, investigadores de la Universidad de la Plata encontraron glifosato en la cuenca del Río Paraná en el tramo argentino, una de las fuentes de provisión de agua para consumo humano.

Las empresas se preocupan únicamente por su negocio, mientras que en la mayoría de los casos sus productos no quedan en el país. Destruyen bosques nativos, dañan nuestros suelos, fumigan viviendas, escuelas, barrios enteros e impulsan el desalojo de les campesines y pueblos originarios.

La crisis global que estamos viviendo beneficia a estas compañías. Sus métodos de publicidad, como, por ejemplo, hacer campañas con el lavado de manos en el día mundial de la salud, regalar alcohol en gel e incluso entregar alimentos transgénicos a comedores, resultan irónicos por la forma en que se contraponen con el perjuicio que nos ocasionan.

Nosotres, como consumidores, tenemos la responsabilidad de debatir qué tipo de modelo queremos para nuestros pueblos y decidir qué tipo de alimentos queremos consumir. Somos actores sociales fundamentales en esta cadena. Debemos ser protagonistas responsables del bienestar común, nuestro y del ambiente. 

El coronavirus nos demostró el consumismo exacerbado que existe en lo ambiental y en la manera en que nos presentamos frente a la naturaleza. Es aquí cuando nos tenemos que replantear nuestra alimentación para mejorar nuestra salud y, desde un cuerpo sano, poder hacerle frente al COVID-19.


Fuentes:

El agua vale más que el oro

El lunes 4 de mayo de 2020, el pueblo de Esquel se movilizó como todos los 4 de cada mes y a pesar del aislamiento obligatorio para decirle nuevamente «No a la mina». En el año 2003, casi el 82% de los votantes de un plebiscito popular rechazaron la explotación minera. Sin embargo, la nueva Ley de Ministerios de Arcioni y el acuerdo entre la minera canadiense Yamana Gold con el grupo IRSA ponen en alerta a las organizaciones chubutenses. ¿Es la minería la única posibilidad que tiene Chubut para salir de la crisis?

La movilización autoconvocada mediante redes sociales por vecinos, trabajadores estatales y comerciantes de Esquel presentó una serie de reclamos que preocupan a la población. Además de reivindicar la postura antiminera, se demandó la reactivación económica de la ciudad que aún no presentó casos de COVID-19 positivos, se solicitaron salidas recreativas para niños y niñas y se exigió el pago de salarios estatales adeudados.

Viviana Moreno, de la Asamblea No a La Mina en Esquel, entiende que el aislamiento es una manera de atenuar la pandemia y que, al no haber tratamiento ni vacuna, es la mejor forma de evitar el colapso del sistema público. Sin embargo, denuncia que el gobierno chubutense utiliza esta medida como una maniobra política para retener dentro de las casas a los habitantes de la provincia que están sin cobrar los sueldos hace dos meses. Además, desde la provincia buscan instalar la actividad minera prohibida por ley.

La lupa puesta en el gobierno chubutense

En diciembre de 2019, se aprobó la Ley de Ministerios propuesta por el gobernador de la provincia de Chubut, Mariano Arcioni. Esta Ley buscaba darle rango ministerial a «Minería» al sumarlo a la cartera de «Hidrocarburos». Sin embargo, al momento de la votación, vecinos y vecinas irrumpieron en la legislatura chubutense para manifestarse en contra de la actividad extractivista. Si bien lograron que no se conforme el «Ministerio de Hidrocarburos y Minería», el artículo original de la Ley no se modificó.

Es decir que la ley de Ministerios 665 mantiene los términos para la actividad extractivista. El artículo 15 de la ley habla en sus incisos explícitamente de minería. De esta manera, la nueva ley entra en conflicto con la ley provincial 5.001 que prohíbe la actividad minera metalífera en la provincia de Chubut. La ley 5.001 fue sancionada a partir del Plebiscito de 2003. De acuerdo a la asambleísta Moreno, esto es una burla:

«Cambiarle el título es disfrazar la realidad, es un engaño. Normalmente tratan de disfrazar la realidad por eso nosotros estamos muy atentos. Hasta ahora no han logrado una vía para llevar a cabo los proyectos mineros y nosotros no estamos dispuestos a permitirlo. Eso les tiene que quedar claro».

Lobbistas y operadores locales

Yamana Gold anunció una alianza con el empresario argentino del grupo IRSA Eduardo Elsztain para el proyecto Suyai. ¿Qué es el proyecto Suyai? Nada más y nada menos que el Proyecto Cordón Esquel rechazado en 2003 por el plebiscito popular pero bajo otro nombre.

De acuerdo a la Organización No a La Mina, esto significa que Elsztain asumirá la responsabilidad de todos los asuntos ambientales, sociales y de gobierno y, en caso de lograr la aprobación del proyecto, tendrá derecho de adquirir hasta un 40% de participación. Es ahora el grupo IRSA el que debe lograr la modificación de la ley provincial y los permisos ambientales.

«Elsztain tiene que invertir alrededor de 33 millones de dólares y no los va a invertir si alguien no le dio la garantía de que se pueda explotar el proyecto. Tiene que resolver la parte ambiental y legal pero también tiene que resolver lo social y eso no lo va a lograr, nosotros lo sabemos».

Viviana Moreno, Asamblea No a la Mina Esquel.

Además, Pan American Silver busca avanzar en el proyecto Navidad en la meseta patagónica y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Esquel advirtió que el gobierno de Chubut contrató a un lobbista minero, quien percibirá un salario de $450.000 pesos. Esta contratación se hace en el marco de una crisis en la cual la provincia adeuda salarios estatales hace dos meses.

 

Las crisis ¿son oportunidades?

Desde el año 2000 a la fecha, grandes empresas mineras han buscado instalarse en Chubut bajo la promesa de generación de empleo y reactivación económica. Las crisis son claramente oportunidades para las empresas extractivistas. Pero que los beneficios de la minería se quedan en los países de donde se extraen los minerales es un mito.

En el libro 15 Mitos y Realidades de la minería transnacional en Argentina se demuestra que las leyes nacionales de minería benefician siempre a las empresas pero muy poco a las localidades donde se realiza la actividad. De acuerdo al artículo 22 de la Ley 24.196, las provincias no podrán cobrar un porcentaje superior al 3% sobre el valor «boca mina» del mineral extraído. Este porcentaje se ve reducido por los gastos operativos. Además, los controles y la transparencia en los métodos de cálculo no son fiables.

Les autores del libro explican este método de cálculo con la experiencia de la actividad minera en la Provincia de San Juan: la empresa Barrick Gold aportó en el año 2009 solo el 1,7% en concepto de regalías del mineral extraído en Veladero, la mina más grande de la provincia. Esto significa que la minera aportó menos del 1% del total de los ingresos provinciales. ¿A costa de qué?

De acuerdo a los estudios de Machado et al (2011): «La minería demanda enormes cantidades de agua y contamina frecuentemente las cuencas hídricas con metales pesados y sustancias químicas como el cianuro. El drenaje ácido, y otras formas de contaminación, son efectos comprobados y a veces comienzan después de que se retiró la empresa y se cerró la mina».

Además, en promedio se extrae un 0,5% de cobre de la roca y 0,0001% en el caso del oro. Por cada onza de oro producida, se genera un promedio de 79 toneladas de desechos. El proyecto Suyai asegura una capacidad de producción de 250.000 onzas de oro por 8 años, que representaría 19.750.000 toneladas de desechos.


Fuentes:

Imágenes: Nicolás Palacios
Montaje: Tatiana Fernández Santos

#Opinión El alto costo de la vida

Nota por Julieta Lovera


El día 23 de abril de 2013, las personas que se encontraban en sus puestos de trabajo habituales observaron anomalías y grietas en las paredes del edificio pero, a pesar de las quejas y por pedido de sus supervisores (los cuales aseguraban que el lugar era seguro), sin tener otra alternativa, al día siguiente retomaron sus tareas en el lugar.

Alrededor de las nueve de la mañana del 24 de abril se produjo el colapso del edificio Rana Plaza, en Savar, distrito de Dacca, Bangladesh, que dejó un total de 1127 muertos y 2437 heridos. Fue el segundo derrumbe más grande después del ocurrido en 2001 en el World Trade Center de Nueva York. A partir de ese día, en el Rana Plaza nada sería como antes; en un segundo, aquel edificio de 8 pisos pasaría a ser solo escombros teñidos de sangre.

Les propongo hurgar en la naturalización de uno de los bienes más comunes que tenemos y que, a su vez, es una de las industrias que más dinero recaudan a nivel mundial. Una industria que genera devoción en algunos, extremo rechazo en otros, y un sentimiento de indiferencia o acostumbramiento en la mayoría de nosotros: la famosa industria de la moda.

Pocas personas cuestionan a este negocio al nivel que lo hacen a otro tipo de industrias, como las alimenticias, financieras, o tecnológicas. ¿Pensaron alguna vez qué hay oculto atrás de ese mundo de alta costura, chicas hermosas, y creatividad sin límites?

Si pensaron más allá de lo simple, están pensando bien: ocultos detrás todo eso se pueden encontrar salarios bajos, desigualdad de género, niños alejados de sus familias, hacinamiento, violencia, trabajo infantil, consumismo, malas condiciones laborales, contaminación, enfermedades y muertes, sólo por nombrar algunas cosas.

No es habitual hablar de la precarización laboral en los países menos desarrollados de Asia, ya que estos tópicos quedan tapados por las problemáticas de precarización en nuestro territorio latinoamericano, pero sin embargo deberíamos empezar a mirar hacia el este con una nueva perspectiva.

Este texto surge del documental The True Cost, el cual da en la tecla dentro de la cabeza del espectador como algo que se rompe y nunca más podrá arreglarse. ¿Acaso no es una de las sensaciones más desgarradoras pero apasionantes cuando nos ponen la realidad en la cara?

Sin tapujos ni censura, este documental te frota los ojos con la problemática y grita “Mirá, esto es lo que vos naturalizás todos los días. Esta es la injusticia que ignorás cuando te levantás cada mañana. Esto pasa en el mundo también y vos sos cómplice”. Como espectadora, me sentí invadida, vulnerable y culpable, por todas las veces que miré a un costado y sin siquiera preguntarme el por qué de muchas cosas.

Como bien se titula, el documental trata el verdadero costo de la ropa que usamos cada día de nuestras vidas, de lo que se conoce como Fast Fashion (“moda rápida”). Así es como nos tiene (mal)acostumbrados el consumismo que, a su vez, es generado por el sistema capitalista en el cual nos encontramos envueltos, y que se alimenta de sí mismo.

La “moda rápida” es fácil de definir: utilizamos y tiramos. Los must de la indumentaria son desechables en menos de un mes y las dos temporadas pasan a ser obsoletas con el objetivo de vender más en menos tiempo. ¿Quiénes son los damnificados detrás de esta industria? Desde los compradores compulsivos que nunca logran saciar sus necesidades de consumo hasta los niños que no tienen agua potable porque los ríos de sus pueblos están contaminados.

Como vemos, la moda low cost tiene su verdadero costo en el factor social. Marcas tales como H&M, GAP, Zara y Wal-Mart, entre otras, son partidarias de este sistema perverso en el cual al costo de vida le bajan el costo de la ropa. La ropa que usamos todos los días  puede estar contaminando ríos y lagos, o quizás esté siendo fabricada por las manos de un nene de 10 años que debería estar aprendiendo en el colegio o jugando en un parque.

El día que vi el documental, no pude parar de llorar. “Somos monstruos” me dije a mí misma con una camisa de Zara puesta. Me dí asco. Pero con el tiempo quise que ese asco se transformase en voz.

Entre los datos más desgarradores involucrados en la moda tratada en el documental, podemos contar que:

  • Alrededor de 250 000 productores de algodón en India se suicidaron en los últimos años por deudas contraídas en la compra de semillas de algodón genéticamente modificadas.
  • En todo el mundo, la compra de ropa aumentó en un 400% durante las últimas dos décadas.
  • El 90% de la ropa que se tira termina en vertederos o contaminando ríos, lagos y mares.

¿Acaso esto no es motivo suficiente para que nos demos cuenta de que algo malo está pasando? Los invito a que vean The True Cost, y se sientan tan o más invadidos que yo.

Motivos hay miles, pero comenzar a pensarlo es parte de la solución.

 

 

Fuente consultada:

https://truecostmovie.com/

https://www.youtube.com/watch?v=iSa2SwzhzT0