En casa no estamos seguras

La pandemia es una caja de resonancia que agudiza situaciones históricas de desigualdad. En este escenario las mujeres que sufren violencia intrafamiliar, especialmente aquellas que deben transitar el aislamiento obligatorio junto a su agresor, corren el riesgo de convertirse en las víctimas ocultas de la pandemia porque se dificultan sus posibilidades de denunciar así como el acceso a sus redes de contención.

En América Latina, en promedio 1 de cada 3 mujeres ha padecido violencia física o sexual en una relación íntima a lo largo de su vida. Además, de los 25 países con los números más elevados de femicidios, 14 están en nuestra región: nueve mujeres son asesinadas cada día. Una de las principales estrategias de control de los perpetradores de violencia doméstica es la de aislar a la víctima, es por eso que las mujeres nos encontramos resistiendo a dos pandemias letales: el Covid-19 y el machismo.

Según datos recogidos por Naciones Unidas, en Argentina, México, Colombia y otros países de la región, la violencia familiar contra las mujeres creció este año entre 30% y 50%. En nuestro país, desde la cuarentena obligatoria dispuesta como medida sanitaria contra el coronavirus, aumentaron los llamados a las líneas de ayuda por violencia de género y familiar: en la línea 144 recibieron un 40% más de llamados y en la 137 subió un 20%.

Quizás te interese leer: «No solo nos mata una pandemia», por Candela Ayala

¿De qué hablamos cuando decimos violencia de género?

En el año 1995, la Organización de las Naciones Unidas, definió a la violencia de género como: «todo acto de violencia sexista que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psíquico, incluidas las amenazas, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la privada».

Esta primera definición de la ONU contempla los tipos de violencia física, sexual y psicológica, pero existen otras. La ley N° 26.485 sobre prevención, sanción y erradicación de las violencias contra las mujeres en todos los ámbitos en que estas desarrollen sus relaciones intrapersonales, nos da un marco teórico para comprender los diversos aspectos de la violencia.

La ley enuncia que se entenderá por violencia contra las mujeres «toda conducta, acción u omisión que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público o privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedando comprendidas también las perpetradas por el Estado o sus agentes».

La cuarentena que obliga a convivir a las mujeres junto a su agresor puede exacerbar los riesgos de violencia a partir de los siguientes factores:

  • Aumenta el tiempo de contacto entre la mujer y su agresor.
  • El estrés es mayor y las mujeres son las más afectadas por el cuidado de familiares durante esta pandemia.
  • La pérdida o disminución del contacto con las redes sociales (familiares y amigues) que pueden brindar apoyo y protección contra la violencia.
  • Otros servicios, como líneas directas y refugios, también pueden reducirse.

Además de las situaciones de daño físico (golpes, violación, femicidio), durante la cuarentena el distanciamiento social le permite al abusador ejercer otras formas de control y maltrato psicológico que incluyen:

  • Limitación al acceso a las noticias y otros medios, convirtiéndose en la fuente de toda la información.
  • Retención y ocultamiento de documentos, tarjetas de crédito y de obra social o medicina prepaga.
  • Control sobre las interacciones en línea o uso del teléfono celular para coartar su acceso al mundo exterior.
  • Justificación de tácticas de aislamiento basándose en la «seguridad» de la víctima.

El Estado es responsable

Con la intención de combatir la violencia de género en todos sus ámbitos, desde el Estado se crearon medidas como la implementación de nuevas vías de comunicación además de la línea 144, se permitió que las mujeres en situación de violencia pudieran circular en cualquier momento a pesar de las restricciones y hasta se realizó un convenio para que quienes necesitaban ayuda se acercaran a las farmacias y pidieran un «barbijo rojo».

Pero nada alcanza, las mujeres con o sin denuncias previas se encuentran desprotegidas frente a sus agresores que las hacen padecer todo tipo de violencias, humillaciones y, en el más extremo de los escenarios, las matan. Por su parte, programas como el de Educación Sexual Integral deben servir para educar desde edades tempranas a los varones en otros patrones socioculturales, varones que hablen a otros varones de estos temas, que no sea solo un tema de mujeres.

La pandemia silenciosa

Graciela, Ivana, Úrsula o Vanesa; Córdoba, Jujuy, Neuquén o Buenos Aires. Los nombres propios son intercambiables pero la situación es la misma: una mujer denuncia a su agresor, un violento que se cree que las mujeres son un objeto del que se puede disponer, una justicia ineficaz, un Estado ausente o con respuestas que no alcanzan, una mujer que pide ayuda desesperada y, finalmente, un femicidio.

En 2020 la pandemia no frenó los asesinatos por razones de género. Según el análisis de medios gráficos y digitales realizado por el Observatorio Ahora que sí nos ven, del 1 de enero al 30 de diciembre, ocurrieron 298 femicidios, 25 femicidios en el mes de diciembre. Lo que equivale a una mujer asesinada cada 29 horas.

Fuente: Observatorio Ahora que sí nos ven

Los datos nos vuelven a confirmar que quienes dicen amarnos son quienes nos matan, ya que en el 64,5% de los casos el femicida fue la pareja o ex pareja de la víctima. Respecto del lugar donde ocurrió el femicidio, en el año 2020 el 65% tuvo lugar en la vivienda de la víctima. Tal como venimos señalando, el hogar no es un lugar seguro para las mujeres.

El Observatorio Lucia Pérez, del medio de comunicación La Vaca, creó un mapa y un padrón colaborativo para brindar información acerca de la violencia machista. Los datos brindados muestra que en lo que transcurrió del año 2021 se cometieron 65 femicidios, 54 niñes perdieron a su madre y, en muchos casos, su padre es el femicida.

Precarizarnos también es violencia

La pandemia de Covid-19 ha profundizado la pobreza estructural de las mujeres en todos los ámbitos. La ONU calcula que unas 47 millones más de mujeres y niñas caerán por debajo de la línea de pobreza, revirtiendo así décadas de progreso para erradicar la pobreza extrema.

Este aumento en la pobreza de las mujeres se debe a que, en su gran mayoría, son ellas y las niñas quienes cargan con las labores de cuidados, haciendo aportes fundamentales para intentar enfrentar el virus. Además, la mayoría de quienes ponen el cuerpo por bajos salarios trabajando como enfermeras, docentes y empleadas de casas particulares son mujeres.

Quizás te interese leer: «Obviedades de pandemia: el trabajo feminizado no va más», por Luciana Vartabedian

Las tácticas de supervivencia que pueden desarrollar las mujeres en situación de violencia de cualquier tipo deben estar acompañadas por acciones externas de la comunidad, de las organizaciones que trabajan directamente con las mujeres en situación de riesgo de violencia y de las instituciones de todos los poderes del Estado (nacional, provincial y municipal) para que el mensaje #QuedateEnCasa no ponga en riesgo a mujeres y niñes.

Las mujeres no deberían ser las únicas que busquen soluciones. Para erradicar la violencia machista también es necesario el compromiso de los varones para construir nuevas masculinidades y transformar estas relaciones asimétricas de poder que sostienen un sistema patriarcal que nos explota, empobrece y mata.


Fuentes:

Imagen de portada: Canal Abierto


Breve guía sobre las vacunas contra el coronavirus

Durante todo 2020, la humanidad giró alrededor de un único objetivo: crear las vacunas que harían frente a la COVID-19. A medida que surgía en el horizonte una difusa esperanza de intentar ponerle fin a esta pandemia, se fue gestando a paso agigantado una epidemia paralela que lejos de cesar, se expande como veneno alrededor de todo el mundo: la infodemia. Como nunca antes ha circulado información; de la buena, creada por comunicadores científiques comprometides, pero también de la errada, falsa y conspiranoica que pone en jaque la seguridad de la población y la posibilidad de volver a alguna estabilidad.

Es por esta razón que desde Escritura Feminista creamos esta breve guía sobre las vacunas disponibles y las que vienen para entender: ¿cuáles son las vacunas que están disponibles?, ¿Cómo funcionan? ¿Cuáles son sus diferencias? ¿Cuáles son sus ventajas y desventajas? Para que a la hora de dar el «sí, quiero» tengas toda la información del bien a mano, basada en evidencia y aprobada por la comunidad científica.

Como primera medida para entender de qué se tratan las vacunas contra la COVID-19, debemos comprender una generalidad que las divide, principalmente, en tres grandes grupos: las de adenovirus (o vector viral), las de material genético (ARNm) y las de virus inactivados. La mayoría de las vacunas candidatas a combatir esta infección están dirigidas a una proteína del coronavirus -la proteína S (spike o espiga)- que es la «llave» que abre la puerta a nuestro organismo y aumenta la posibilidad de enfermarnos. Por esto, es el «blanco» a combatir.

Vacunas de adenovirus (vectorizadas o de vector viral)

Como te contamos en esta nota, las vacunas vectorizadas son aquellas que utilizan como herramienta un virus distinto al coronavirus. El objetivo de esto es ayudar a transportar al interior del organismo una información determinada que va a colaborar en el proceso de generar inmunidad. En este caso, el virus que se utiliza como «ayudante» es el adenovirus que produce infección en chimpancés y la información que se transmite es la de la proteína S del coronavirus.

Una vez en el interior de nuestro cuerpo, el adenovirus se pondrá en contacto con nuestras células y comenzará a replicarse (proceso normal de todos los virus). Tal como dijimos, este adenovirus lleva la información de la proteína S y, por lo tanto, nuestro sistema inmune detectará a esta presencia como extraña y comenzará a producir una respuesta inmune evidente y especializada dirigida hacia la proteína S. De esta manera, quedaremos inmunizades y, en caso de adquirir el SARS-CoV-2 en el futuro, nuestro organismo podría combatirlo.

Este tipo de tecnologías basadas en adenovirus son herramientas conocidas, probadas y utilizadas en gran cantidad de vacunas y fármacos que actualmente se aplican y comercializan en todo el mundo. Por ejemplo, las vacunas utilizadas contra el ébola, además de una serie de estudios para combatir otras enfermedades infecciosas como el zika, la influenza y el VIH. Por esta razón, la eficacia y seguridad fue confirmada en gran cantidad de protocolos previos a esta pandemia.

Las vacunas que funcionan de esta manera son: 

  • Sputnik V: esta vacuna presenta una eficacia del 91,6% según los datos publicados en The Lancet en las últimas semanas. Su presentación es en dos dosis y cada una de estas tiene componentes distintos. Como ya sabemos, se encuentra en circulación en nuestro país: se ha vacunado a más de 300 mil personas desde diciembre hasta hoy y estamos a la espera de millones de dosis más que llegarán durante el primer semestre de 2021. 
  • Vacuna Oxford-AstraZeneca: esta vacuna presenta una eficacia alrededor del 80% y una presentación de dos dosis, pero a diferencia de la anterior, estas son iguales. 

Quizás te interese leer: «¿Qué pasa con la Sputnik V?», por Ari Birocco

Una de las grandes ventajas que presentan las vacunas con vectores de adenovirus es que pueden almacenarse entre 2 y 8°C, es decir, a temperatura de una heladera convencional, lo que universaliza el acceso a zonas con pocos recursos y facilita la logística de distribución. Un dato no menor para países como el nuestro, con evidentes problemas de desigualdad en el acceso a la salud.

Vacunas de material genético (o ARN mensajero)

Este tipo de vacuna utiliza moléculas de material genético que, en este caso, es ARN mensajero. De esta manera y para el caso del coronavirus, se transporta la información para producir la proteína Spike. Esta tecnología «enseña» a nuestras células a producir la proteína S. Una vez que nuestro organismo «aprendió» a producir dicha proteína, se desencadenará la respuesta inmune específica contra ella otorgándonos inmunidad frente a esta infección.

Si bien estas son las primeras vacunas de ARNm que se aprueban en humanos, la tecnología aplicada es de larga data y les científiques llevan años trabajando en este tipo de vacunas. Incluso se sabe que podría ser el punto de partida para encauzar tratamientos oncológicos, síndromes autoinmunes y enfermedades neurodegenerativas, entre otras innumerables aplicaciones que podrían desarrollarse a partir de esta innovación.

Las vacunas que funcionan de esta manera son la de Pfizer + BioNTech + Fosun Pharma y la de Moderna. Ambas presentan una eficacia que ronda el 95% y son administradas en dos dosis idénticas. La desventaja de la primera es que el almacenamiento debe realizarse en un freezer que alcance una temperatura de -70°C, lo que dificulta su distribución en zonas más inhóspitas. Para Moderna, la temperatura de distribución es de -20°C (temperatura de un freezer común). 

Vacunas a virus inactivados

Las vacunas a virus inactivados utilizan la versión «muerta», inactiva o fragmentada del virus que causa la enfermedad. Una vez en nuestro organismo, el sistema inmune confunde a ese virus muerto o los trocitos de este con el patógeno en cuestión y desarrolla la respuesta inmune. Por lo general, este tipo de vacunas no suelen proporcionar protección tan marcada pero se trata de una tecnología muy empleada a lo largo de la historia de la vacunación.

Con esta tecnología tenemos como representante más próximo a arribar a nuestro país la vacuna de origen Chino, Sinopharm, que también requiere dos dosis para alcanzar una efectividad de alrededor del 80%. Como ventaja podemos decir que su conservación y distribución puede realizarse en heladeras convencionales (2 a 8°C)

¿Cuánto tiempo dura la inmunidad de estas vacunas?

Debido a que estas vacunas son muy nuevas y aún no existen poblaciones completas inmunizadas como para evaluar el comportamiento a larga data, no se sabe con precisión cuánto dura la inmunidad. Lo que sí podemos saber es que todas previenen los casos graves de la enfermedad por coronavirus.

Si ya tuve Covid-19, ¿me debo vacunar?

La vacunación también está recomendada en aquelles pacientes que ya han atravesado la enfermedad. Si bien hay muches pacientes que presentan inmunidad (anticuerpos) luego de la Covid-19, se cree que esta solo es evidente durante los primeros tres meses luego de la infección. Por esta razón es que la vacunación está recomendada tanto para quienes no han presentado la enfermedad como para quienes se han recuperado. 

¿Tienen efectos secundarios?

Todas las vacunas y medicamentos tienen efectos secundarios y esta no es la excepción. Para la gran mayoría de estas vacunas se han reportado los siguientes signos y síntomas: dolor, hinchazón, calor y enrojecimiento en el sitio de inyección, cansancio, dolor de cabeza, fiebre, escalofríos, dolor muscular y en las articulaciones, náuseas, síntomas seudogripales y/o malestar general. Pero tranquile: lo más probable es que no presentes todos estos síntomas a la vez, ya que en la gran mayoría de los casos se presentó solo alguno o ninguno. 

¿Sí o sí me debo dar las dos dosis?

El diseño de todas las vacunas anteriormente nombradas es de dos dosis, por lo que la recomendación de la comunidad médica y científica es que se lo respete para alcanzar la efectividad propuesta. Sin embargo, para aquellas vacunas que presentan dos dosis idénticas (y debido a la escasez) se está evaluando la posibilidad de administrar una única dosis que alcance una eficacia menor. Esto último se encuentra sujeto a investigación para saber si es conveniente vacunar a más personas aunque alcance menor eficacia o vacunar a menos personas con mayor eficacia. En el caso de Sputnik V, esto no sería posible debido a que sus dos componentes son distintos y actúan sobre distintos objetivos en nuestro sistema inmune.

¿Sirven para las cepas mutadas?

Este es uno de los grandes interrogantes de la comunidad científica. Algunas investigaciones observan que ciertos anticuerpos son menos específicos frente a las nuevas cepas o variantes, pero lo interesante es saber que nuestra respuesta inmune presenta un montón de componentes para hacer frente a esta infección por lo que, a priori, estaríamos cubiertes con las vacunas disponibles.

Seguramente esta condición pueda cambiar en un futuro, que pase a necesitarse dosis y refuerzos extras. Pese a esto, no debiera existir motivo de alarma o frustración ya que la tecnología está y les científiques se encuentran trabajando arduamente para adelantarse a estos hechos. Algo interesante a destacar es que la vacuna de la gripe, por ejemplo, disponible todos los otoños, va cambiando año a año porque este virus tiene una alta tasa de mutación.

¿Quiénes se pueden vacunar?

Por el momento, en nuestro país, las vacunas las está recibiendo el personal de salud que se encuentra en la primera línea de combate, les voluntaries del Plan Vacunate de la Provincia de Buenos Aires y, en menor medida, les adultes mayores que viven en residencias. Hasta el momento, los estudios aseguran eficacia en adultes y adultes mayores. En la última semana, el Ministerio de Salud presentó un comunicado en el cual recomienda la vacunación a aquellas personas en periodo de gestación, lactancia y personas inmunocomprometidas o con enfermedades autoinmunes que se encuentren en zonas de alta exposición o presenten enfermedades subyacentes y complicaciones.

Aún tenemos amplios interrogantes sin respuesta con respecto a las vacunas, pero tenemos muchas certezas y no hay razones para no creer que la vacunación es el único camino posible para un mejor mañana. Como reiteramos en varias oportunidades, las vacunas son nuestra responsabilidad ciudadana y nuestra mejor carta de solidaridad. 

Las vacunas son seguras, efectivas y salvan vidas. Así que, amigue, cuando te llegue el turno, ¡vacunate! 


Fuentes:



¿Qué pasa con la Sputnik V?

Recientemente se publicaron resultados de la fase 3 de la vacuna rusa Sputnik V, en la reconocida revista científica The Lancet: se demostró que tiene una eficacia del 91,6% frente al coronavirus. A partir de esta noticia, parecía que la controversia a su alrededor iba a tener punto final, pero el debate sigue en pie. Entonces, ¿qué sucede con la Sputnik V?

«Cuando llegue la vacuna…» era la frase que se escuchaba allá por mayo del año pasado, el desenlace casi idílico a ese presente incierto que transitábamos. La vuelta a la normalidad se empezaba a dibujar en el horizonte con las primeras noticias de su incipiente desarrollo. Tiempo después, la vacuna ya está entre nosotres: no es «la» sino «las vacunas» y éstas distan de ser soluciones simples. Además, no llegaron solas: vinieron acompañadas de información engañosa, fake news, opiniones mal fundamentadas y hasta conspiranoicas: la infodemia. Hoy disponemos de más información que nunca, pero nunca desconfiamos tanto de ella.  

La campaña de vacunación argentina contra la COVID-19 comenzó el 29 de diciembre pasado con la vacuna Sputnik V, previamente aprobada por la ANMAT (el ente encargado de la aprobación para el uso de medicamentos en Argentina). Desde antes que esta medida de salud pública fuera un hecho, la vacuna fue criticada y defendida por polítiques, famoses, y periodistas no especializades.

Ningún medio masivo de comunicación se ha quedado afuera del debate sobre esta inyección «polémica» y lo mismo se puede decir de innumerables usuarios de redes sociales. Es sorprendente pensar que esta controversia se esté dando alrededor de una vacuna, pero nos hemos acostumbrado a debatir cuestiones relativas a la salud desde el comienzo de la pandemia de COVID-19. 

La urgencia de la situación sanitaria mundial ha obligado a la comunidad científica a abocarse al desarrollo de tratamientos para la COVID-19 y vacunas para prevenirla. Constantemente, están siendo reportadas nuevas estrategias desarrolladas por grupos de científiques en todo el mundo. A la fecha, se han notificado más de 200 vacunas en desarrollo (incluso una argentina) y tan solo 3 de estas fueron autorizadas para uso de emergencia: la vacuna de Pfizer/BioNtech, la de Moderna y la Sputnik V, esta última desarrollada por el Instituto Gamaleya de Rusia y aprobada en nuestro país.

Desde Escritura Feminista consideramos que toda conversación referida a la salud pública, especialmente en un momento tan incierto como este, debe darse desde la transparencia, con fuentes confiables y citando expertes en el tema. Por eso, buscamos responder algunas preguntas sobre las últimas noticias de la vacuna Sputnik V para echar luz a este panorama tan complejo.

Lo que dice el estudio

Los resultados publicados en The Lancet corresponden a un estudio de fase 3 realizado en Moscú, Rusia, que involucró a 19.866 voluntaries: 14.964 recibieron las dos dosis de la vacuna y 4.902 el placebo (es decir, una sustancia inocua que no es la vacuna). Posteriormente, se analizó cuántes de elles desarrollaron COVID-19.

Cómo funciona la vacuna Sputnik V. Fuente: Instituto Gamaleya

La eficacia de la Sputnik V se calculó en base a los contagios registrados en cada grupo: 62 personas en el grupo placebo y 16 personas en el grupo de les vacunades. De acá viene el famoso 91,6% de eficacia, pero también se puede extrapolar otro dato aún más esperanzador: se reportó que les 16 contagiades de COVID-19 en el grupo vacuna solo padecieron síntomas leves. Esto permite afirmar que la eficacia de la vacuna contra las formas graves de la enfermedad sería del 100% .

También se evaluó qué tan efectiva es la protección que confiere luego de la primera dosis. Como la vacuna se aplica en dos dosis, separadas por 21 días, se evaluó cuántes voluntaries desarrollaron COVID-19 entre el día 15 y el día 21. Con este enfoque, la eficacia alcanzó el 73,6%. Esto es relevante ya que, dado que la cantidad de vacunas actualmente no alcanza para inmunizar a toda la población, este dato permite analizar y ajustar la estrategia sanitaria de cada país: ¿conviene vacunar a menos personas con la dosis completa? ¿O vacunar con una sola dosis, alcanzando una eficacia menor pero protegiendo más gente? En este punto es importante considerar que las dos dosis de la vacuna Sputnik V son ligeramente diferentes y para alcanzar la máxima protección contra el virus es necesario recibir ambas dosis.

¿Y los efectos adversos?

Según les investigadores, el 94% fueron leves: molestia en el sitio de la inyección, dolor de cabeza y algunos cuadros gripales leves. El restante 6% son episodios considerados «eventos adversos graves» no relacionados con COVID-19 que reportaron 68 participantes del estudio. De estos, 23 fueron del grupo placebo y 45 del grupo vacunado. A simple vista esto parecería alarmante, pero aquí surge la utilidad de tener un grupo placebo: todo se reduce a los números.

El grupo vacunado es 3 veces más grande que el grupo placebo, este último -reiteramos- no recibió la vacuna. A su vez, las personas vacunadas que reportaron efectos adversos graves son el doble de las personas del grupo placebo que reportaron estos efectos. Entonces, los efectos adversos que se observaron en el grupo de la vacuna son muy parecidos a los observados en el grupo placebo. Esto quiere decir que la vacunación no causaría efectos adversos.

Por último, el estudio también tuvo en cuenta las edades de les voluntaries, lo que permitió observar más de cerca lo que pasa en cada grupo etario, especialmente en les mayores de 60 años, calificades como «de riesgo». Se demostró que la eficacia en este grupo es de un 91,8%, es decir, es igual a la eficacia en general de la vacuna.

Lo que (sí) se puede decir del estudio

Los estudios que se publican en revistas científicas tienen que cumplir con reglas rigurosas que garantizan que los datos presentados sean confiables. Para eso, la información es analizada por expertes que no tienen relación alguna con les autores del estudio, es decir, son independientes y recién con su aprobación se puede publicar.

En el caso del ensayo clínico de fase 3 de la vacuna Sputnik V, mientras se realizaba este análisis, la información se mantenía confidencial y solo bajo ciertas condiciones podía ser develada. Una de estas excepciones es la presentación de los datos a los organismos regulatorios de los países que querían autorizar la vacuna para su utilización. Por esto, los expertos de la ANMAT conocían la eficacia y seguridad de la vacuna rusa, pero no hicieron pública la información en su comunicado, ya que en ese momento continuaba siendo confidencial para el resto de la población.

Es válido cuestionarse por qué en un momento sanitario crítico como el que vivimos no se revelan antes al público resultados de esta envergadura. Sin embargo, este proceso de revisión de datos es habitual en el sistema científico. Por un lado, las revistas científicas solo publican resultados «originales» (un resultado deja de ser original una vez que es divulgado, en una revista o donde sea) y, por otro lado, no hay que olvidar que en un ensayo clínico participan personas cuya privacidad debe ser respetada. Respetar los tiempos del sistema científico también es transparencia.

Lo que quedó pendiente

La eficacia de la vacuna Sputnik V es más alta de la esperada. Sin embargo, el estudio dista de estar completo: los resultados son intermedios, ya que el ensayo clínico continúa en su fase 3. Lo mismo sucede con las vacunas de Pfizer/BioNtech, Astra Zeneca y Moderna, que también han publicado resultados intermedios en los dos últimos meses. Es importante tener presente que ninguna de las vacunas disponibles ha finalizado sus ensayos clínicos y por eso son aprobadas bajo la figura de autorización de emergencia en los países donde se las utiliza.

En los próximos meses se espera que les investigadores responsables del desarrollo de la Sputnik V hagan pública información referida a la seguridad y eficacia en grupos particulares de personas como niñes, personas cursando un embarazo, personas con un sistema inmune comprometido por otras patologías, entre otros.

Lo que nos queda a nosotres como sociedad

El esfuerzo de la comunidad científica es astronómico: es la primera vez en la historia que una pandemia será combatida por vacunas (no una, sino varias) desarrolladas en un lapso menor a un año. Este logro no surge de la nada, sino que se fundamenta en múltiples avances y conocimientos generados por científiques de todo el mundo en el pasado, que son algo así como los ladrillos de un gran edificio de la ciencia que permite el desarrollo de estas vacunas. Hay miles de personas trabajando en hacer crecer este edificio y miles de inversiones que aportan el capital para hacerlo. Por eso es tan importante hacer ciencia: es construir para una posteridad (que, en este caso, es hoy).  

Resulta paradójico, entonces, que un evento científico de esta magnitud se acompañe de una creciente desconfianza en la vacunación.

En parte, se debe a que el desarrollo de las vacunas se convirtió en una carrera geopolítica entre potencias y esto, muchas veces, aportó confusión. Por ejemplo, la Sputnik V se denominó «aprobada» en Rusia el 11 de agosto de 2020, lo que causó un gran impacto en el resto del mundo, pero solo quería decir que esta comenzaba su fase 3, no que los estudios estaban terminados.

No obstante, hay que destacar la virtud de la comunidad científica de tomar la mejor evidencia disponible a la hora de evaluar una situación. En el caso de la vacuna rusa, dos expertes independientes del Instituto Gamaleya aseveran en la misma revista The Lancet: «El desarrollo de la vacuna Sputnik V fue criticado por el apuro, los atajos y la ausencia de transparencia. Pero los resultados reportados son claros y el principio de inmunización queda demostrado, lo que significa que otra vacuna puede sumarse a la lucha para disminuir la incidencia de Covid-19».

Fuente: Pictoline

La otra gran (ir)responsable es la pandemia de la desinformación, el esparcimiento muchas veces deliberado de información falsa con el fin de ganar algunos clics y la falta de consecuencias sobre quienes realizan esta práctica que, en este contexto, es peligrosa para la población. La percepción de las vacunas como un riesgo hace creer a las personas que no vacunarse eliminará ese riesgo. Cuando, en realidad, esa decisión enmascara que esas personas están aceptando el riesgo de enfermarse.

Las vacunas son el segundo desarrollo científico que más vidas ha salvado en la historia, después del agua potable. En Argentina en particular tenemos históricamente un calendario de vacunación obligatorio y completísimo que nos ha protegido por generaciones frente a multiplicidad de patógenos. El intento de los medios masivos de comunicación para imprimir tintes ideológicos en las noticias sobre vacunas, particularmente la Sputnik V, solo desvía el foco de lo importante: protegernos de la COVID-19.

Por eso, hoy más que nunca, debemos informarnos con consciencia, buscar fuentes confiables, esparcir la información que fue chequeada por expertes y frenar, desde nuestro lugar, la circulación de las noticias falsas o engañosas. Así, también, es como nos cuidamos entre todes.


Fuentes: 

Imagen de portada: Buenos Aires gob



Obviedades de pandemia: el trabajo feminizado no va más

Artículo colaboración por Luciana Vartabedian


La pandemia vino, entre otras cosas, a traer al frente una obviedad: la noción de trabajo feminizado pone a las mujeres en situación de mayor vulnerabilidad frente a cualquier factor que precipite una crisis económica. En el caso de las trabajadoras de salud y de las trabajadoras domésticas, es aun más evidente.

La desigualdad de género en el ámbito laboral es una condición inherente a las formas más ancestrales del patriarcado. Todo el sistema giró siempre en torno a una distribución de las tareas que ponía a la mujer en el lugar de cuidadora del hogar y al hombre en el espacio público. Con el tiempo, este mandato se fue modificando, pero los impedimentos y objetivaciones hacia las mujeres permanecieron.

Hoy en día, con el desafío mundial que implica el COVID-19, vemos cómo se acentúa esta inequidad, ya sea en las horas dedicadas al cuidado, en la pérdida de empleo, en la feminización absoluta de ciertos puestos que implican mayor exposición, o cuando atacan de manera implícita a las jefas de Estado mujeres al asegurar que su éxito en el control de la pandemia se debe solo a sus «habilidades blandas». 

En el caso puntual de Argentina, si bien el impacto del virus es generalizado a múltiples sectores productivos y comerciales, las desigualdades se acentuaron y generaron una mayor vulnerabilidad en las mujeres. Según un estudio reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre casos reales de nuestro país, las trabajadoras domésticas son quienes están más expuestas, seguidas por el personal de salud. 

Para comprender por qué las mujeres son las más afectadas, es esencial entender la distribución del empleo en Argentina. Trabajo doméstico, salud, comercio y educación son los principales sectores en los que se registra una presencia mayoritaria de mujeres, siendo 97%, 69%, 42% y 75% respectivamente el porcentaje total de ellas en cada área.

De esta manera, ya podemos llegar a una primera conclusión: las estructuras laborales que más se han visto afectadas por la pandemia están principalmente ocupadas por mujeres. Esta es la consecuencia de un proceso de antaño que ha convertido a ciertos tipos de tareas en trabajos considerados solo aptos para ser realizados por mujeres o, a la inversa, que ha creado un imaginario de mujer que solo era apta para realizar estas tareas. Así, surgen los trabajos feminizados que, entre otras cosas, están reforzados por las nociones de «techo de cristal» y «pisos pegajosos» que tanto censuraron la expansión profesional de las mujeres en otras áreas. 

Tomemos primero la situación de las trabajadoras de salud. En el caso de nuestro sistema, el número de empleades por cada 100 mil habitantes es mucho menor que en otros países y, a su vez, este número de empleos es ocupado en un 78% por mujeres. Por lo tanto, hay una sobredemanda en el trabajo para aquellas mujeres que trabajan en estas áreas que, además, según el mismo estudio de la OIT, han expresado en un 56% que las horas extras suelen ser no pagas. 

En este sentido, otro problema fundamental es el nivel de agresión y discriminación que muchas trabajadoras de la salud sufren casi cotidianamente. Un 40% de ellas manifestó haber sido violentada de alguna manera por pacientes, jefes, compañeres, público o clientes. Esto es algo que va atado a los niveles de informalidad y la poca protección que garantizan les empleadores, dejando expuestas a sus trabajadoras no solo monetariamente sino también emocional y psicológicamente. 

Por el otro lado, cuando hablamos de las trabajadoras domésticas, el problema es mucho mayor, principalmente por los niveles de trabajo no registrado que este sector tiene. Repasando el mismo informe, más del 40% de las trabajadoras perdieron su trabajo durante la pandemia y un 77% se encuentra en la informalidad. Estas estadísticas conjuntas nos acercan también a una obviedad: no hay resarcimiento tras el despido, así como tampoco es contemplado el decreto emitido por el Ejecutivo que prohíbe por 180 días este tipo de decisión. 

Según reveló la Encuesta de actividades de niñas, niños y adolescentes (EANNA) realizada por la Secretaría de Gobierno de Trabajo y Empleo de la Nación en 2018, aproximadamente el 20% de las mujeres asalariadas corresponden a este sector. En un país donde la desigualdad está tan enraizada, este porcentaje es alarmante porque implica no solo precarización e informalidad sino también, muchas veces, trabajo infantil. 

De esta manera, la pandemia nos invita a reflexionar acerca de un mundo desigual y precarizado. El coronavirus expuso algo que siempre estuvo ahí y que tras el aislamiento se reforzó. Argentina llegó a esta situación en un contexto que es deficitario hace años y que expone en mayor medida, sanitaria y económicamente, a aquelles que necesitan salir a la calle para conseguir un ingreso. 

En el caso de las mujeres, además, se suma la preocupación y el trabajo extra de mantener los propios hogares. Y no es solo eso: también está el problema de la violencia intradoméstica, muchas veces potenciada por la dependencia económica que la convierte en un ciclo opresor. 

Así dicho, un futuro mejor es complicado de vislumbrar, pero existe y es posible a través de el fomento de políticas públicas que estén atravesadas por perspectiva de género como, por ejemplo, extender el acceso a los derechos laborales, proponer incentivos laborales para las horas extras, establecer campañas de sensibilización e información y, sobre todo, avanzar en medidas que garanticen la formalización.

Elva López Mourelo, economista en la OIT, propone: «Pensemos qué diferente hubiese sido la pandemia ante una mayor formalización de las trabajadoras, ante una mayor situación de registro y ante unas instituciones de mercado mucho más fortalecidas». Probablemente, muy diferente. 

Con este escenario hipotético en mente, debemos dejar de considerarlo un sueño y pensarlo como una realidad a la que queremos llegar como sociedad; que, sin duda, nos va a permitir estar preparades ante situaciones tan inesperadas como la que en este presente nos encuentra. 


Fuentes:

Escuela de la Tierra

 

Cuando se habla de revolución, ¿se tienen en cuenta los cambios que deberían incorporarse en los programas educativos para que ciertos hechos y errores no vuelvan a repetirse?

Como consecuencia de la cuarentena obligatoria y el cierre de fábricas e industrias a nivel global, flora y fauna sorprenden al mundo con su reaparición y su libertad. Videos e imágenes recorren las pantallas e invitan a reflexionar sobre el impacto humano en la Tierra.

Debido a la curiosidad que nuevas y no tan nuevas especies despiertan en niños, jóvenes y adultos, organizaciones ambientalistas aprovecharon el boom para fomentar e incentivar el cuidado del planeta y los cambios que pueden hacerse (incluso en cuarentena) para que, al volver a las calles, haya más noción sobre ciertos comportamientos y, de esta forma, se pueda gestar el cambio buscado desde hace tiempo.

La Organización de Naciones Unidas y TED, dos instituciones de gran impacto, no podían quedarse atrás frente a esta nueva oportunidad y es por eso que lanzaron el pasado 22 de abril (el Día de la Tierra) un programa educativo de 30 días para que personas de todas las edades y nacionalidades puedan acceder a un curso gratuito, titulado Earth School (Escuela de la Tierra), para tomar clases ambientales.

«Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), más de 1.500 millones de estudiantes están afectados por el cierre de escuelas a causa de la COVID-19. La pandemia ha causado una crisis de salud, económica y educativa y ha conllevado a una serie de limitaciones físicas y sociales en medio de las cuales surge una gran necesidad de alfabetización científica».

Las clases se publicarán día a día durante 6 semanas. Cada una inspecciona y profundiza un tópico en particular. Además, pueden elegirse de entre 10 idiomas para tomar el curso, desde cualquier dispositivo móvil y al tiempo de cada uno. La Escuela de la Tierra compartirá su último video el 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente.

Educación ambiental y tecnología: ¿aliados?

En su libro ¡Sálvese quien pueda!, Andrés Oppenheimer dedica un capítulo entero a analizar cómo los métodos de educación cambiarán debido al constante avance tecnológico. Pero al hacer su investigación y publicarla en el año 2018, el periodista no contaba con la pandemia del COVID-19 que hoy mantiene al mundo alerta y dentro de sus casas.

La teoría de Oppenheimer, entonces, se puso en práctica (en algunos campos, al menos) antes de lo previsto. Instituciones educativas, empresas, Pymes y trabajadores independientes se vieron forzados a trasladar su presencia, trabajo y educación al mundo virtual.

En palabras del periodista:

«Con las «clases del revés», en lugar de estudiar en la escuela y hacer las tareas escolares en sus casas, como lo hicimos la mayoría de nosotros, los jóvenes estudiarán en sus casas –con sus visores de realidad virtual o sus robots– y harán sus tareas en la escuela, con la ayuda de su profesor y en colaboración con sus compañeros. Es un sistema que está probando ser mucho más efectivo y socialmente justo que el tradicional».

Si bien hay ciertas propuestas y aparatos tecnológicos que no llegaron a comercializarse de modo masivo, dado el tiempo que se necesita para probar, aprobar y producir un producto, a su vez, económicamente accesible y aceptable para la sociedad, el comienzo de una escuela en casa con aparatos electrónicos e Internet como aliados ya está en marcha.

De esta forma, en materia ambiental como en muchos otros casos, sería posible que los usuarios accedan a todo tipo de información, visualicen e, incluso, tengan la posibilidad de empatizar con el impacto que la humanidad causa en el mundo y sus consecuencias. Pero, ¿es suficiente? ¿Es un sistema justo para la juventud que recurre a los colegios para poder comer además de aprender?

En el capítulo «¡Edúquese quien pueda! El futuro de los docentes», el autor hace referencia al sistema tradicional y los beneficios de su cambio: «El sistema tradicional de ir a la escuela de día y hacer las tareas en casa por las tardes es una receta para la inequidad social: aquellos que tienen la fortuna de tener padres que han terminado la escuela o la universidad pueden pedirles ayuda para hacer los deberes o pueden recibir clases privadas de un tutor».

Y agrega: «Los niños de hogares humildes no pueden darse ese lujo. Regresan a hogares donde a menudo no hay ningún padre que pueda ayudarlos con las tareas escolares, ni mucho menos pagar un tutor privado. El modelo tradicional deja totalmente desprotegidos a los niños de hogares pobres». Esta afirmación puede ser aplicable a alguna de las realidades que viven los niños y jóvenes hoy en Argentina, pero no abarca todos los contextos sociales.

¿Qué sucede, entonces, con aquellos que no tienen acceso al agua potable, mucho menos a una computadora e Internet? Hace falta cambiar no solo los programas educativos sino, también, la forma en que son impartidos para que en esta nueva normalidad que parece avecinarse a pasos agigantados haya acceso y educación equitativa para niños y jóvenes de toda clase social y edad.

Pensar globalmente, actuar localmente

La Escuela de la Tierra concretada por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y TED-Ed con la ayuda de varias organizaciones ambientales, científicas y tecnológicas es una innovación en muchos aspectos y busca despertar la acción del cuestionar y repensar en los usuarios; además de invitarlos a aprender sobre la cadena de consumo, la naturaleza, la sociedad, el impacto del cambio de hábitos, las acciones individuales y colectivas, entre otras cosas.

¿Puede este modelo inspirar un programa ambiental que sea trasladado al sistema educativo nacional? Según Lucía Torres Bustos, profesora de educación secundaria de Geografía en el partido de Esteban Echeverría, especializada en educación ambiental y educación sexual integral (dos tópicos que vincula dentro de su materia), es posible que un programa de escala internacional como el propuesto por la ONU y TED sea trasladable a la educación nacional.

«Siempre y cuando se pueda relacionar lo que pasa en el mundo con nuestro país va a ser más significativo. En las clases se tiene que enseñar por qué lo que sucede en Medio Oriente con el petróleo impacta en nuestro país, qué es lo que los relaciona. Cuando trabajé cambio climático, a cada grupo le di una noticia internacional: la salida de los Estados Unidos del Acuerdo de París, las sequía intensas que en ese momento sufría Australia (hecho que llevó a los incendios durante diciembre y enero) y los incendios del Amazonas; analizamos qué medidas tomaron los distintos gobiernos con respecto a estos efectos sobre el ambiente, qué hizo Trump, qué hizo el gobierno australiano y qué hizo el gobierno de Brasil.

En cuanto a la Argentina, compartí una noticia sobre movilizaciones a favor del medio ambiente y qué estaba haciendo el Estado argentino por preservar nuestros recursos en comparación con las medidas que se tomaban en el mundo. Sacamos, en equipo, la conclusión y en la clase siguiente trabajamos la ley nacional de bosques, el ordenamiento territorial, las categorías de conservación y qué es lo que pasa en nuestro país a raíz de esto. Entonces sí, funcionaría traer un programa educativo como ese, siempre y cuando se pueda relacionar lo que hacemos nosotros y ver, también, lo que hace el mundo».

Lucía Torres Bustos, profesora de educación secundaria.
Cortesía de argentina.gob.ar/ambiente/educacion

¿Son suficientes los espacios educativos, como los que lleva acabo Lucía, para sanar un planeta cuyos recursos cada vez se agotan con más rapidez? En palabras de Inger Andersen, directora ejecutiva de PNUMA: «Miles de millones de niños están actualmente fuera de la escuela debido al COVID-19. Pero el aprendizaje no puede parar. Este virus nos ha revelado cuán profundamente interconectada está toda la vida en el planeta».

Plataformas, instituciones y dispositivos tecnológicos unen fuerzas para hacerle frente al aislamiento y, a su vez, mostrar que una nueva oportunidad educativa (como plantea Andrés Oppenheimer) es el futuro inmediato del cual nadie puede escapar y que les da la oportunidad a espacios como la Escuela de la Tierra a educar sobre el planeta en el que vivimos para que futuras generaciones puedan sanar lo que fue explotado.

La Escuela de la Tierra parecería ser, por lo tanto, una nueva oportunidad a la educación al mismo tiempo que una distracción y aprendizaje sobre los hechos actuales.

En palabras de Logan Smalley, director fundador de TED-Ed:

«Este proyecto muestra que, a pesar de estar confinados en sus hogares, los estudiantes, padres y maestros de todo el mundo aún pueden participar juntos en el aprendizaje y las aventuras basadas en la ciencia. La Escuela de la Tierra es una colaboración entre educadores talentosos y socios increíbles en todo el mundo. Por eso estamos orgullosos y emocionados de ver cómo la iniciativa alimenta la curiosidad de los jóvenes que deben permanecer en su hogar, todos los cuales son los futuros guardianes ambientales de nuestro planeta».

Si escuelas como las que proponen Anderson y Smalley son posibles en tiempos de crisis, ¿hay alguna probabilidad de que, pasada la pandemia, se aplique lo aprendido y ciertos comportamientos que impactan e impactaron de forma negativa en el ambiente, como el tráfico de animales (que, según organizaciones e investigadores de la Organización Mundial de la Salud, es uno de los espacios de donde podría haber surgido el contagio del virus), puedan evitarse y fomentar así acciones en consecuencia con el cuidado ambiental?


Fuentes:

  • Unenvironment.org
  • Ted-ed
  • Oppenheimer, Andrés (2018) «Sálvese quien pueda». Colección Debate, Penguin Random House.