#Entrevista a Bibiana Fabre: el estrés del personal de salud en pandemia

Todes seguramente tenemos algune familiar, amigue o pareja a le cual escuchamos constantemente quejarse sobre la situación sanitaria actual. Incluso los medios de comunicación nos alertan de forma reiterada sobre lo estresades que estuvieron (y están) aquelles que como personal de salud enfrentan día a día la COVID-19. Dicha apreciación, que tal vez muches podrían catalogar como subjetiva y con una carga emocional muy grande, se convierte en realidad cuando la evidencia científica así lo sustenta.

En ese sentido, miembros del Hospital de Clínicas realizaron un estudio para evaluar los niveles de estrés en el personal de salud que habitualmente asiste a la institución. ¿Cómo lo hicieron? En primer lugar, tomaron una muestra de cabello de médiques, enfermeres, residentes y personal administrativo, tanto de quienes se encontraban en contacto con pacientes como aquelles que no. Luego, evaluaron los niveles de cortisol (una hormona que es liberada por el cuerpo en respuesta al estrés crónico) y relacionaron estos resultados con índices de estrés psicológicos conocidos y utilizados en diversas partes del mundo para determinar el grado de desgaste emocional de esa persona. 

Para conocer un poco más sobre este proyecto, desde Escritura Feminista nos comunicamos con Bibiana Fabre, la investigadora a cargo. Ella nació en Resistencia (Chaco), es Dra. en Bioquímica de la UBA, profesora adjunta de una de las materias de la carrera de Bioquímica (UBA) y jefa del área asistencial del sector de endocrinología. Además, cuenta con numerosos posgrados que avalan su especialización en endocrinología clínica y control de calidad. 

Escritura Feminista: ¿Cuál es la importancia que reviste este proyecto para vos, tanto a nivel profesional como social en este contexto en particular?

Bibiana Fabre: Lo novedoso o particular en cuanto este proyecto de investigación es que establecimos un procedimiento único en el mundo, porque desarrollamos un método que permite medir el cortisol en cabello mediante un sistema automatizado de bajo costo mientras que en el resto del mundo se realiza por métodos manuales o automatizados de alta complejidad. En cuanto al impacto social, resulta relevante ya que el estrés crónico está asociado a un gran número de patologías de alta prevalencia como la obesidad, enfermedades cardiovasculares y hasta cáncer. 

E.F.: ¿Este proyecto surgió a raíz de la pandemia o hicieron una medición de este estilo pre-pandemia? 

B.F.: Realizamos una medición de este estilo previo a la pandemia, en el año 2012, intentado poner a punto un método de determinación de cortisol en cabello diferente a los convencionales, ya que el procedimiento de referencia es muy costoso y se necesita de personal especializado para poder procesar las muestras. Luego de mucho trabajo y de sumar colaboraciones que nos permitieran solventar económicamente el gasto que implica, recién en 2019 pudimos publicar la validación completa del método automatizado para la medición de cortisol en cabello de acuerdo a las normas y estándares internacionales. 

E.F.: En pocas palabras, ¿por qué cortisol y en cabello? ¿Qué ventaja tiene el método automatizado con respecto a otros?

B.F.: La ventaja que tiene el método automatizado es que presenta muy bajo costo, utiliza una muestra no invasiva y permite medir los niveles de cortisol de les pacientes en los últimos tres meses en muchas muestras en simultáneo. Diría que la ventaja más importante del método es la utilización de cabello para la determinación ya que mediante el uso de muestras convencionales, como saliva o sangre, solo es posible cuantificar los niveles de esta hormona en ese momento particular.

«Así, la medición de cortisol en cabello se asemeja a medir la concentración de hemoglobina glicosilada en diabéticos y por eso hoy en día se lo propone como el mejor biomarcador de estrés crónico».

E.F.: ¿Hicieron alguna distinción por género en cuanto a los niveles de cortisol encontrados y la correlación con los otros parámetros de estrés medidos?

B.F.: Sí, si bien la población considerada en el análisis incluyó tanto a varones como a mujeres, del total de profesionales de la salud evaluades las mujeres constituyeron un 71%. Así, se infiere que las mujeres se encontraron más afectadas que los varones como personal de salud en el año de pandemia. Los resultados indicaron que, del 100% de la población, un 40% presentó niveles de cortisol en cabello alterados y de ese porcentaje, un 12% un índice de Bernaut (encuesta de estrés laboral a nivel psicológico) elevados. Asimismo, de ese porcentaje casi un 80% del personal estudiado (médiques, residentes y enfermeres) tenía contacto frecuente con les pacientes.

E.F.: Si el índice de Bernaut solo evalúa el estrés laboral, ¿cómo se puede incluir dentro de la medición el estrés por fuera que trae cada individuo? Considerando, por ejemplo, que en general las mujeres al llegar a sus casas cuentan con tareas extra. 

B.F.: Para incluir condicionantes no laborales del estrés determinamos varias encuestas psicológicas: estrés percibido por el individuo, nivel de apoyo social y escala de eventos de vida Home-Rahe. En esta última, que tal vez sea la más subjetiva de todas, se hacen preguntas muy generales y se le indica a la persona que marque qué sucesos acontecieron en su último año (por ejemplo, muerte de une familiar, separaciones y problemas económicos). Así, una vez recopilados estos datos y los niveles de cortisol en cabello, pudimos establecer que los niveles hormonales presentaron una asociación marcada con los índices de estrés emocional evaluados, particularmente con escala de estrés percibido. Asimismo, algo que es muy interesante, es que los niveles de cortisol en cabello tienen una relación inversa con la edad. En otras palabras, se hallaron altos niveles de este biomarcador en personas más jóvenes y esto está muy relacionado con el accionar de les residentes, quienes fueron y son les que desde el primer momento asistieron en la pandemia sin restricciones horarias. Otra vinculación interesante es que evidenciamos una relación inversa entre la escala de eventos de vida y el apoyo social, es decir que aquellos individuos que tuvieran menor apoyo social tenían mayores eventos de vida. 

E.F.: ¿Se tomaron o toman medidas orientadas a revertir estos resultados? 

B.F.: Sí, lo que se hizo fue ofrecerles a todes les participantes, independientemente de los niveles de cortisol en cabello encontrados, una serie de videos cortos (duración menor a 5 minutos) donde se les enseñaban técnicas de relajación, de respiración y de reestructuración cognitiva.

E.F.: ¿Tienen algún proyecto pensado a futuro para hacer un seguimiento de la evolución del personal de salud afectado? 

B.F.: Sí, en julio vamos a volver a realizar una medición de cortisol en cabello en les agentes de salud del Hospital de Clínicas. En principio pensábamos que en esa fecha íbamos a estar libres de pandemia, pero como no es el caso, probablemente lo que veamos sea el impacto en el personal de salud habiendo transitado la segunda ola (ya que la medición hormonal determina el estado de estrés de la persona durante los tres meses anteriores). Además, vamos a realizar un estudio de estrés multicéntrico, con otros nosocomios, con la finalidad de determinar el impacto de la pandemia en una población más amplia y diversa. Algo que me parece importante recalcar acerca de este estudio es que uno de los hospitales que participará (San Isidro) utiliza como herramienta de contención para el personal de salud talleres de meditación. Considerando esto, podríamos ver si existen diferencias en los resultados a partir de la aplicación de este recurso.

E.F.: Sabiendo que hoy en día codirigís este proyecto de investigación y sos la jefa del sector asistencial de endocrino, ¿fue difícil llegar allí? ¿Con qué limitaciones te encontraste a lo largo del camino? ¿Ser del interior fue un limitante? ¿Y ser mujer particularmente en tu experiencia?

B.F.: Sí, realmente fue muy difícil. Sinceramente, porque al ser mujer todo cuesta más. También el ser del interior suma, ya que si bien parece que une pertenece al lugar luego de muchos años de trabajo, en realidad no. Tampoco fue fácil patentar el método de medición de cortisol en cabello por la UBA. Creo que cuesta mucho el ser reconocida, por los condicionantes que antes te mencionaba e incluso desde lugares prestigiosos dirigidos por mujeres. 

E.F.: Por último, ¿tenés algún mensaje que quisieras darle a las mujeres de la ciencia que vienen o que quieren realizar un proyecto de investigación del estilo?

B.F.: Fundamentalmente que une tiene que seguir adelante siempre, confiar, ser fiel a sus valores y no dejarse condicionar por la discriminación a nivel de género. En ese sentido, creo que une tiene que enfocarse en lo que hace y no mirar a les otres. Eso me ha servido para crecer y canalizar las energías positivas en todos los proyectos que encaré. Además, acompañando a esos objetivos personales, es muy importante formar un equipo de trabajo armonioso donde «les alumnes superen a le maestre» para que el trabajo pueda perpetuarse y el conocimiento se traslade.

«Creo que ese tipo de transmisión es muy rica y necesaria, ya que tenemos que entender que ningune es imprescindible. Esto resulta especialmente difícil de entender en un ámbito tan competitivo, egoísta, elitista y de muy difícil reconocimiento entre pares como es el científico».


Bibliografía

  • Ibar, C., Fortuna, F., Gonzalez, D., Jamardo, J., Jacobsen, D., Pugliese, L., … & Fabre, B. (2021). Evaluation of stress, burnout and hair cortisol levels in health workers at a University Hospital during COVID-19 pandemic. Psychoneuroendocrinology, 128, 105213.
  • Hospital de Clínicas

La pandemia se gestiona mejor en manos de mujeres

Un estudio reciente publicado en el Centro de Investigación Económica y Política (CEPR), elaborado por dos economistas inglesas, dio a conocer que las gobernantes mujeres habrían manejado mejor la crisis por el coronavirus que sus pares varones.

Las investigadoras se preguntaron si, a raíz del género de quienes lideran países, podía existir una diferencia significativa y sistemática en el número de casos y muertes. Para ello, examinaron cuáles fueron las respuestas políticas de les gobernantes a la crisis como posibles explicaciones para las diferencias encontradas.

¿En qué consistió el estudio?

Para realizar la medición, tomaron un método conocido como el vecino más cercano. Consiste en comparar países en base a una serie de criterios en común: PBI per cápita, población total, población en aglomeraciones y población mayor de 65 años (grupo de mayor riesgo). A su vez, tuvieron en cuenta otras variables como la paridad de géneros, la apertura al turismo y la calidad del sistema de salud. Es decir: se comparan países que comparten elevadas similitudes en materia de datos sociodemográficos.

La muestra contó con un total de 194 países de los cuales solo el 10% (19 naciones) son liderados por mujeres. Entre los resultados arrojados, las investigadoras aseguran que los países conducidos por mujeres tienen una menor tasa de casos y de muertes a raíz del coronavirus. Ejemplo de ello son Angela Merkel (Alemania), que administra una población de 83.2 millones donde se registraron 239 608 casos y 9356 muertes; Sanna Marin (Finlandia), que en una población de 5.5 millones registró 8019 positivos y 335 muertes; y Tsai Ing-wen (Taiwán), que entre los 23 millones de habitantes que gobierna registró 487 casos y 7 muertes.

Gráfico de la publicación del CEPR.

¿Por qué ellas gestionaron la crisis mejor que ellos?

Los datos contabilizados son indicadores del manejo de la crisis durante sus comienzos (contando hasta el mes de mayo de 2020). Entre las posibles causas de una mejor gestión, en comparación con sus pares vecinos masculinos, las investigadoras señalan varias razones: por un lado, la reacción rápida y decisiva frente a la amenaza. Muchas gobernantes decidieron cerrar rápidamente sus fronteras al enterarse que la COVID estaba dentro de sus naciones.

Otra posible razón es una comunicación mejor y más clara. Como ejemplo de ello, la primera ministra de Noruega respondió preguntas e inquietudes de niñes de su país. Otra muestra fue la actitud de Jacinda Ardern, primera ministra neozelandesa, quien realizó una conferencia por Facebook Live donde les ciudadanes podían dejarle planteadas sus inquietudes en comentarios.

Por último, el estudio plantea la posibilidad de que las líderes femeninas lograron hacer esfuerzos coordinados a partir de una gran efectividad de su liderazgo. Sus sociedades podrían recepcionar con mejor predisposición sus comunicados debido a la confianza en sus dirigentes.

Como dato de color para concluir, cabe destacar que si bien Argentina es dirigida actualmente por un presidente hombre, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), nuestra nación recibió un reconocimiento como el país que más políticas con perspectiva de género implementó contra el coronavirus.


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Vos, varón, doná plasma

El viceministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, hizo público un dato que nos hizo revolear los ojos una vez más: el 70% de quienes se ofrecen como donantes de plasma son mujeres. ¡Sorpresa! Además agregó que «más de la mitad de los infectados por COVID-19 son hombres». Bueno. Esto abrió varios interrogantes: ¿qué pasa en la población masculina que se resiste a colaborar con el tratamiento que puede ayudar salvar vidas, tal como dijo el ministro de Salud, Daniel Gollan? ¿Les da vergüenza? ¿Miedo? ¿Son demasiado egoístas? 

El plasma es el componente líquido de la sangre que ayuda a la coagulación y la inmunidad. Como contiene anticuerpos que combaten las infecciones, puede contribuir al tratamiento de la enfermedad que acecha a cada vez más personas en nuestro país y en el mundo, para la cual aún no hay vacuna. Se necesitan donantes ya que es un tratamiento nuevo que ha funcionado en varios casos; por eso es importante, si sos paciente recuperado de COVID-19, colaborar con la donación.

Lo llamativo del dato es que completa el círculo vicioso de la feminización de los cuidados. Desde los controles preventivos y la detección de los primeros síntomas hasta la contribución para con el tratamiento y la recuperación de otres, suelen ser las mujeres quienes se responsabilizan por la salud personal y de les demás. ¿Qué pasa con los varones? ¿Acaso no se dan cuenta que viven en sociedad?

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Nadie se salva sole

A esta altura ya es prácticamente imposible no entender la gravedad de la situación mundial por la alerta sanitaria. Sin embargo, aún hay quienes se resisten a acatar las medidas de prevención y seguridad o les resulta indiferente la integridad del resto. Los rebrotes son una realidad en aquellos países que parecían «volver a la normalidad», no hay salida si no es colectiva.

La concientización es necesaria y urgente. Muchos gobiernos apuestan a la responsabilidad individual de su población y últimamente las estadísticas demuestran que esa responsabilidad recae en su mayoría en las feminidades, porque existe gran parte de la población masculina que, como Maradona con la paternidad, no se hace cargo de la parte que le toca.

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Al parecer, la solidaridad, la preocupación por les otres y el sentido de comunidad también pueden ser valores asociados a lo femenino. «El cumplimiento de las reglas es, muchas veces, equiparado a la sumisión, por lo tanto, asociado a lo femenino, que por oposición a lo masculino es percibido como negativo», afirma Milena D’Atri, investigadora de Grow, género y trabajo.

En las películas, los hombres son los que salvan el mundo; en la vida real, cuando tienen la posibilidad de colaborar con un tratamiento que puede salvar vidas, son los menos los que se animan a hacerlo. ¿Será que donar plasma los hace sentir menos hombres? ¿Existe una sensación de «acatamiento de normas» si se prestan a hacerlo? ¿Puede la indiferencia ser más fuerte que la empatía?

Les interesades en donar plasma en la provincia de Buenos Aires deben llamar al Centro Único Coordinador de Ablación e Implante (Cucaiba) a la línea gratuita 0800 222 3131 de lunes a viernes de 8 a 17 horas.


Fuentes:


¿Cristina Pérez vs. Alberto Fernández?

El pasado miércoles por la noche, Alberto Fernández fue entrevistado en el noticiero central de Telefé, en el cual la conductora, Cristina Pérez, le hizo una pregunta que incluyó adjetivaciones. El presidente de la Nación se detuvo a observar esta intencionalidad en la construcción de la pregunta y en varias ocasiones corrigió a la entrevistadora en sus expresiones. A raíz de estas correcciones, las redes sociales estallaron en comentarios.

Ya sea para ovacionar la pregunta de Pérez o para aplaudir la respuesta de Fernández, el foco fueron las personas y no los mensajes. Este accionar polarizante y repetitivo en las redes sociales es uno de los síntomas que aquejan a nuestra sociedad hoy en día, el problema de la posverdad

«Hablamos de posverdad cuando el discurso público (el de las personas, el de los estadistas, el de los medios) se inunda de prejuicios por motivos sentimentales, políticos o económicos que, en vez de ser confrontados con lo que sabemos, se consideran una verdad alternativa», apuntó Guadalupe Nogués, docente y comunicadora, autora de «Pensar con otros: una guía de supervivencia en tiempos de posverdad».

En este sentido, resulta imprescindible comenzar a tener una visión más amplia en este tipo de cuestiones como los debates sobre actualidad, política y economía. Dejar de lado los juicios que cargamos sobre quienes ejercen la palabra y trascender las personalidades para ir hacia el mensaje y poder discutir ideas y no personas. No es sencillo pero hay que intentarlo.

Para ir un poquito más allá en la polémica sobre las preguntas de la conductora del noticiero, es interesante pensar el rol que tuvieron sus colegas Rodolfo Barili y Reynaldo Sietecase o el de la producción que la acompañaba en el vivo y no advirtieron (o no quisieron advertir) lo incisivo de la pregunta. Pudieron intervenir pero no lo hicieron. 

Pérez tuvo que cargar con la responsabilidad de todo un equipo de trabajo, ya que podemos pensar en la preproducción que significa entrevistar a un presidente. Las preguntas, generalmente (y es recomendable que así sea), están pautadas con anterioridad, es decir, es lógico sospechar que esa intencionalidad estaba pactada de antemano. No es la primera vez que la dupla noticiosa de Telefé entrevista a une Jefe de Estado pero, sin embargo, sí es la primera vez que se cuestiona una pregunta al aire por parte del entrevistado.

Vamo’ a calmarno’

Estamos en un momento delicado en cuanto a la información que se maneja. Todos los días la actualización de los casos positivos, las muertes y el contador de días de cuarentena generan incertidumbre y ansiedad. Hoy más que nunca les comunicadores debemos tener la responsabilidad y la delicadeza de abordar la problemática sin contribuir a la paranoia, a la sensibilidad y al malestar social. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió sobre el problema de la «infodemia». ¿Qué es esto? Se refiere a un gran aumento del volumen de información relacionada con un tema en particular. A partir de la pandemia, hemos entrado en una etapa de sobreinformación pero también de desinformación y manipulación mediática, lo que dio lugar a fake news y hasta teorías conspirativas. 

En los últimos 30 días, se han publicado 361.000.000 de videos en YouTube en las categorías de «COVID-19» y «COVID 19» y, desde que comenzó la pandemia, se han publicado cerca de 19.200 artículos en Google Scholar. En el mes de marzo, unos 550 millones de tweets incluyeron los términos «coronavirus», «corona virus», «covid19», «covid-19», «covid_19» o «pandemia», según apunta un informe de la OMS para advertir el fenómeno. 

¿Cómo hacer frente a la infodemia?

«Estar inundados de información no es lo mismo que estar bien informados. Estar bien informados requiere hacerlo de forma medida, de buenas fuentes y encontrar tiempo lejos de las pantallas, tiempo introspectivo para analizar esa información pero también para pensar cómo nos sentimos», señaló Pablo González, comunicador científico parte del equipo de «El Gato y la Caja».

«Se ven repetidas las narrativas polarizantes, las que construyen de alguna manera un otro tribal, un «nosotros» y un «ustedes» y siempre amplificamos la información que afirma cualquier postura que refuerza la idea de que mi tribu, mi espacio de pertenencia, los míos son buenos y los otros son malos».

Pablo González, «El Gato y la Caja».

¿Es posible que la producción de Telefé y  hasta el presidente hayan sido parte de este fenómeno? ¿Cómo hacer para detectar las intencionalidades en las preguntas, el abordaje de noticias y no contribuir al malestar propio y de otres? ¿Tuitear furioses a lo Tano Pasman en contra de Cristina Pérez o Alberto Fernández sirve de algo?

«La única salida es coordinada, cooperativa y colectiva. La solución para la desinformación implica sí o sí tomar un rol activo en la información que retransmitimos. Y también poder conversar sobre la veracidad de la idea, centrándonos en atacar la idea y no a la persona», aconseja González.

Así como con las medidas de prevención sanitarias, entender el rol de cada une y asumir la responsabilidad individual ante el manejo de información, su replicación consciente, la recepción crítica y atenta pueden contribuir a que los debates sean medidos, respetuosos y en pos de acompañarnos en medio de la incertidumbre que genera el contexto.


Fuentes:

Salud, lingüística y memoria 

El coronavirus también afecta a las comunidades indígenas y les deja consecuencias más allá de la enfermedad porque repercute, además, en la conservación de su lingüística y subjetividad. 

Un gran porcentaje de población indígena está en situación de extrema pobreza, sometida a condiciones de desigualdad. En muchos casos, manifestaron no tener acceso a la salud ni al agua potable y estar expuestes a vulnerabilidades sanitarias como desnutrición, diabetes y dengue, entre otras. El no tener acceso al agua potable hace imposible la prevención del contagio de enfermedades y estas condiciones se profundizan en el momento actual que se está viviendo por la pandemia, que deja expuesta la crisis más amplia en la que están inmerses. 

Si bien se han producido algunos avances en el reconocimiento de sus derechos, no se tomaron las medidas necesarias para poder garantizar fundamentalmente el derecho a la salud. Desde el Estado no se tomaron medidas específicas para los pueblos indígenas que tuvieran en cuenta que se trata de una población en riesgo por las malas condiciones sanitarias en las que viven.

La profundización de una crisis previa a la pandemia afecta diversos aspectos de la vida tanto social como económica, política, cultural y ambiental. En parte, también, es consecuencia de un sistema capitalista que va en contra de la naturaleza y los derechos humanos: la desigualdad estructural queda así profundizada, acrecentando la marginación, el racismo y la vulneración a sus derechos. 

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El cuidado ambiental se ve amenazado por los derrames de sustancias tóxicas, que aumentan el riesgo de contagio de enfermedades en las comunidades. Sumado a eso, continúan los abusos de poder por parte del gobierno. Si antes lo hacían dejándoles sin protección frente a la pandemia, ahora se agregan los nuevos asesinatos cometidos a indígenas que han querido defender sus territorios.

No solo se les invisibiliza dejándoles en situación de abandono sino también con aquellas cuestiones vinculadas a los aspectos subjetivos de la comunidad. No se los nombra ni en los medios de comunicación, ni en los discursos, ni en las políticas públicas y tampoco en las estadísticas. Esto impide conocer(les) sus situaciones de contagio, muerte e historicidad. 

Borrar la memoria histórica de algunas comunidades indígenas impide conocer el pasado, en el que fueron arrasadas por la gripe, el cólera o la tuberculosis. De esta manera, también se les niega la posibilidad de llevar adelante estrategias de intervención en esos aspectos. Se ocultan las marcas de la historia que comprueban cómo muchas de las epidemias anteriores fueron usadas por los colonizadores como instrumentos de poder para dominar y controlar a  los pueblos indígenas, apropiándose de sus territorios. Historia que, además, niega los orígenes: los suyos que también atraviesan las raíces de toda América Latina. 

En estas primeras semanas de llegada del virus, los pueblos indígenas desarrollaron distintas estrategias de autoprotección de los miembros de sus comunidades, utilizaron sus propios conocimientos sanitarios y de supervivencia e implementaron estrategias en red entre distintos pueblos y al interior de su comunidad. Una de esas medidas ha sido el cierre de fronteras para impedir el ingreso de personas extranjeras. Algo que parecía una buena medida para intentar paliar una de sus vulnerabilidades dejó en evidencia otra de las tantas a las que están expuestas: la represión policial, en este caso, debido al cierre mismo. 

Por otro lado, la pandemia también afecta la subjetividad de las comunidades indígenas. Quienes residen en áreas urbanas se enfrentan a otro tipo de exclusión: la lingüística. Eso se traduce en desempleo, ausencia de medidas de prevención, daño psicológico y discriminación. La negación sistemática de sus derechos afecta directamente en la subjetividad de las personas que viven en estas comunidades indígenas, dejando un saldo de abandono y, en muchos casos, de muerte.

Existen un abanico amplio de palabras utilizadas en el habla cotidiana que tienen su origen en muchas de estas comunidades lingüísticas como, por ejemplo, el quechua: chacra, maíz, tomate, hamaca, petaca y apapachar, son solamente algunas de ellas.

En Argentina hoy se hablan al menos 14 lenguas indígenas, que tienen contacto con el castellano desde hace más de 500 años. Esto sin tener en cuenta otros territorios como Bolivia, Perú, Brasil y Colombia, por mencionar solo algunos. Muchos pueblos dejaron de hablar sus propias lenguas debido a procesos históricos de colonización, racialización, discriminación, negación y dominación, entre otros factores. 

El respeto y el reconocimiento de la diversidad de lenguas es parte de la identidad de cada pueblo. Forma parte de la subjetividad y la historia tanto de las comunidades en lo colectivo como de las personas que la componen individualmente. Por eso es importante que sean reconocidas e incluidas. 

Un aliado histórico de los mecanismos de homogeneización y dominación ha sido la escuela. Se encargó de unificar las diferentes hablas y construir un ideal común con respecto a las diversidades lingüísticas. En la actualidad no siempre son contempladas estas diversidades en las políticas educativas, a pesar de que la ley de educación nacional 26.206 lo contempla, garantiza ese derecho a las poblaciones indígenas y reconoce las variaciones lingüísticas y culturales que respetan los valores de los pueblos. El negarle su lengua a una comunidad y, así, excluirla y negarle su identidad e historia es violencia simbólica

En ese punto, son importantes las políticas educativas que contemplen esas diversidades dentro del aula pero también es fundamental la formación docente para que esas políticas puedan llevarse a cabo. 

A los pueblos indígenas se les debe garantizar el derecho a la salud y a la prevención de las enfermedades, y deben tomarse las medidas necesarias para que puedan vivir dignamente. También es necesario que se les garantice el respeto por la diversidad y la multiplicidad cultural, atendiendo a los distintos actores que conforman la comunidad. 

¿Cómo se puede contribuir a la lucha antirracista sin apropiarnos de ella?

Le activista indígena Nia (@haluami) propuso una serie de medidas que se pueden implementar para apoyar los reclamos desde situaciones de privilegio sin invadir sus espacios. @pibaafroqom @sandra_chagas09 @afroargentina @mmujeresindigenas son algunas de las cuentas de activistas indígenas que difunden actividades y propuestas antirracistas. 

Entre las medidas de apoyo a la comunidad que escribió Nia se encuentra la difusión a activistas racializades sin hablar por elles sino cediéndoles nuestro lugar de privilegio para que elles mismes lo hagan. Por otro lado, es importante practicar el antirracismo cotidianamente y dejar de apoyar personas que perjudican la lucha de los pueblos indígenas. También se puede colaborar aportando monetariamente a activistas que están en situaciones de pobreza estructural y, en muchos casos, situaciones interseccionales aun más difíciles si se trata de feminidades.


Fuentes:

Imagen: Facundo Rodriguez fotografía

Obviedades de pandemia: el trabajo feminizado no va más

Artículo colaboración por Luciana Vartabedian


La pandemia vino, entre otras cosas, a traer al frente una obviedad: la noción de trabajo feminizado pone a las mujeres en situación de mayor vulnerabilidad frente a cualquier factor que precipite una crisis económica. En el caso de las trabajadoras de salud y de las trabajadoras domésticas, es aun más evidente.

La desigualdad de género en el ámbito laboral es una condición inherente a las formas más ancestrales del patriarcado. Todo el sistema giró siempre en torno a una distribución de las tareas que ponía a la mujer en el lugar de cuidadora del hogar y al hombre en el espacio público. Con el tiempo, este mandato se fue modificando, pero los impedimentos y objetivaciones hacia las mujeres permanecieron.

Hoy en día, con el desafío mundial que implica el COVID-19, vemos cómo se acentúa esta inequidad, ya sea en las horas dedicadas al cuidado, en la pérdida de empleo, en la feminización absoluta de ciertos puestos que implican mayor exposición, o cuando atacan de manera implícita a las jefas de Estado mujeres al asegurar que su éxito en el control de la pandemia se debe solo a sus «habilidades blandas». 

En el caso puntual de Argentina, si bien el impacto del virus es generalizado a múltiples sectores productivos y comerciales, las desigualdades se acentuaron y generaron una mayor vulnerabilidad en las mujeres. Según un estudio reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre casos reales de nuestro país, las trabajadoras domésticas son quienes están más expuestas, seguidas por el personal de salud. 

Para comprender por qué las mujeres son las más afectadas, es esencial entender la distribución del empleo en Argentina. Trabajo doméstico, salud, comercio y educación son los principales sectores en los que se registra una presencia mayoritaria de mujeres, siendo 97%, 69%, 42% y 75% respectivamente el porcentaje total de ellas en cada área.

De esta manera, ya podemos llegar a una primera conclusión: las estructuras laborales que más se han visto afectadas por la pandemia están principalmente ocupadas por mujeres. Esta es la consecuencia de un proceso de antaño que ha convertido a ciertos tipos de tareas en trabajos considerados solo aptos para ser realizados por mujeres o, a la inversa, que ha creado un imaginario de mujer que solo era apta para realizar estas tareas. Así, surgen los trabajos feminizados que, entre otras cosas, están reforzados por las nociones de «techo de cristal» y «pisos pegajosos» que tanto censuraron la expansión profesional de las mujeres en otras áreas. 

Tomemos primero la situación de las trabajadoras de salud. En el caso de nuestro sistema, el número de empleades por cada 100 mil habitantes es mucho menor que en otros países y, a su vez, este número de empleos es ocupado en un 78% por mujeres. Por lo tanto, hay una sobredemanda en el trabajo para aquellas mujeres que trabajan en estas áreas que, además, según el mismo estudio de la OIT, han expresado en un 56% que las horas extras suelen ser no pagas. 

En este sentido, otro problema fundamental es el nivel de agresión y discriminación que muchas trabajadoras de la salud sufren casi cotidianamente. Un 40% de ellas manifestó haber sido violentada de alguna manera por pacientes, jefes, compañeres, público o clientes. Esto es algo que va atado a los niveles de informalidad y la poca protección que garantizan les empleadores, dejando expuestas a sus trabajadoras no solo monetariamente sino también emocional y psicológicamente. 

Por el otro lado, cuando hablamos de las trabajadoras domésticas, el problema es mucho mayor, principalmente por los niveles de trabajo no registrado que este sector tiene. Repasando el mismo informe, más del 40% de las trabajadoras perdieron su trabajo durante la pandemia y un 77% se encuentra en la informalidad. Estas estadísticas conjuntas nos acercan también a una obviedad: no hay resarcimiento tras el despido, así como tampoco es contemplado el decreto emitido por el Ejecutivo que prohíbe por 180 días este tipo de decisión. 

Según reveló la Encuesta de actividades de niñas, niños y adolescentes (EANNA) realizada por la Secretaría de Gobierno de Trabajo y Empleo de la Nación en 2018, aproximadamente el 20% de las mujeres asalariadas corresponden a este sector. En un país donde la desigualdad está tan enraizada, este porcentaje es alarmante porque implica no solo precarización e informalidad sino también, muchas veces, trabajo infantil. 

De esta manera, la pandemia nos invita a reflexionar acerca de un mundo desigual y precarizado. El coronavirus expuso algo que siempre estuvo ahí y que tras el aislamiento se reforzó. Argentina llegó a esta situación en un contexto que es deficitario hace años y que expone en mayor medida, sanitaria y económicamente, a aquelles que necesitan salir a la calle para conseguir un ingreso. 

En el caso de las mujeres, además, se suma la preocupación y el trabajo extra de mantener los propios hogares. Y no es solo eso: también está el problema de la violencia intradoméstica, muchas veces potenciada por la dependencia económica que la convierte en un ciclo opresor. 

Así dicho, un futuro mejor es complicado de vislumbrar, pero existe y es posible a través de el fomento de políticas públicas que estén atravesadas por perspectiva de género como, por ejemplo, extender el acceso a los derechos laborales, proponer incentivos laborales para las horas extras, establecer campañas de sensibilización e información y, sobre todo, avanzar en medidas que garanticen la formalización.

Elva López Mourelo, economista en la OIT, propone: «Pensemos qué diferente hubiese sido la pandemia ante una mayor formalización de las trabajadoras, ante una mayor situación de registro y ante unas instituciones de mercado mucho más fortalecidas». Probablemente, muy diferente. 

Con este escenario hipotético en mente, debemos dejar de considerarlo un sueño y pensarlo como una realidad a la que queremos llegar como sociedad; que, sin duda, nos va a permitir estar preparades ante situaciones tan inesperadas como la que en este presente nos encuentra. 


Fuentes:

A Ramona la mató la desidia estatal

El 3 de mayo, Ramona denunciaba que en la Villa 31 habían pasado 9 días sin agua, mientras las campañas de prevención de coronavirus recomendaban el lavado de manos como uno de los cuidados básicos para «combatir el virus». Dos semanas después, el 17 de mayo, Ramona murió por COVID-19. No, corregimos. A Ramona la mató el abandono del Estado, a Ramona la mató la extrema desigualdad, a Ramona la mató la violencia estructural. Pero su voz es imposible de callar. ¿Quién era Ramona Medina y cuáles eran sus reclamos y los de su barrio?

Ramona era una referente barrial y comunicadora social de la Garganta Poderosa. Ramona era una persona comprometida, lo fue hasta el último minuto. Ramona dirigía el área de salud en la Casa de las Mujeres y las Disidencias del barrio. Ramona tenía 42 años de edad. Ramona era esposa y madre. Ramona hacía trámites para personas con discapacidad.

Ramona cocinaba y vendía pan casero para cubrir los medicamentos y la dieta específica de su hija Guadalupe. Ramona era diabética insulino-dependiente. Ramona esperaba desde hacía cuatro años que se cumpliera la promesa de relocalización. Ramona era población de riesgo y pasó 12 días sin agua. Ramona era imprescindible. Ramona exigió hasta el cansancio y las lágrimas una respuesta del Estado.

Vamos a repetir su nombre hasta que quede grabado en la retina de todas y todos. Vamos a repetir su nombre porque el nudo que tenemos en la garganta ante la injusta partida de Ramona, cuya muerte se podía prevenir, no nos permite escribir de otra manera. Que cada argentino y cada argentina sepa quién era Ramona y qué fue lo que pasó. Que cada argentino y cada argentina conozca los reclamos y las luchas de Ramona. Que cada argentino y cada argentina sepa que las crisis y el coronavirus no afectan a todes por igual.

Ramona y su familia estaban en riesgo y ella lo sabía. Por eso, lo denunció mediante el escrito «No se puede vivir así» el 29 de abril de 2020. Si bien relató su situación particular, su historia refleja la de muchas otras familias. La familia de Ramona fue vulnerada por la desigualdad extrema, por el hacinamiento en el que le tocó nacer y vivir, por la falta de agua y por la ausencia de respuestas por parte de los gobiernos para atender a los efectos y las causas de esa desigualdad. Por la inacción del gobierno de la Ciudad de garantizar el derecho de acceso al agua ante los reclamos reiterados del Barrio 31.

«En mi familia esto golpea mucho más fuerte porque somos seis personas, cuatro en población de riesgo: mi marido Alexis, mis hijas Guadalupe y Maia y mis sobrinos Damián y Soledad.

Vivimos hacinados y eso complica los cuidados que tomamos con Guada, que desde los cinco meses fue diagnosticada con Síndrome de West y Síndrome de Aicardi, además sufre convulsiones refractarias y tiene 34 puntos por una operación de escoliosis que empeoran con la humedad».

Ramona Medina, 29 de abril de 2020.

Desidia y abandono

«Si hubieran individualizado y registrado a los grupos de riesgo cuando lo empezamos a pedir en informes que escribimos en el mes de marzo, y que están publicados en todos los diarios, tal vez hoy Ramona estaría acá», aseguró Nacho Levy, referente de la Garganta Poderosa, en una entrevista con A24. Desde que aparecieron los primeros casos de Coronavirus en el AMBA, las asambleas de los barrios populares denuncian y exigen respuestas por su situación de riesgo: la mayoría de las familias viven hacinadas y comparten baño entre dos, tres, cuatro o más familias.

El 20 de abril se confirmó el primer caso de Coronavirus en la Villa 31. Un mes después, ya hay casi 2.600 casos en los barrios populares de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de los cuales 1.665 corresponden al Barrio 31. El 30 de abril, la asamblea La Garganta Poderosa le pidió al Gobierno de la Ciudad una reunión por la situación en las villas: hacinamiento y falta de agua. Pero la reunión llegó junto al aumento exponencial de casos y tras el recibimiento de las asambleas en dos ocasiones por el presidente de la Nación, Alberto Fernández.

De acuerdo a la publicación de La Poderosa: «Las compañeras de Ramona exigieron la renuncia del Secretario de Integración Urbana y Social de la Villa 31, Diego Fernández, por haber desviado los 170 millones de dólares que bajó el Banco Mundial para la integración urbana del barrio». Según las declaraciones de Levy en la primera declaración pública de la organización tras la muerte de Ramona, el informe anual del Banco Mundial correspondiente a 2019 indica que esas obras hídricas para 46 mil personas avanzaron un 0% en los últimos 3 años.

Desigualdad extrema y violencia estructural

Ramona murió en un país con extrema desigualdad, donde el 10% de las familias más ricas posee el 31,9% de la riqueza total del país mientras que el 10% más pobre apenas accede al 1,6% de la riqueza. Ramona murió en un país donde, según el Indec, el 53% de los menores de 14 años son pobres: 1 de cada 2 niños y niñas vive en la pobreza.

Ramona murió en un barrio donde más de 40 mil personas viven hacinadas y donde muchas familias pasaron hasta 12 días sin acceso al agua potable. El barrio de Ramona está ubicado en la ciudad más rica del país, ciudad que cuenta con 150 mil viviendas ociosas.

Las más afectadas: las mujeres de los barrios populares

Como afirmamos en ediciones anteriores, no es casual que los primeros casos en los barrios populares hayan sido mujeres, ya que son las mujeres quienes llevan adelante los hogares y las tareas de cuidado pero también quienes organizan los comedores, quienes salen a buscar alimentos y quienes se exponen en las filas del cajero. En esta línea, Lilian Andrade, compañera de militancia de Ramona, denunció en entrevista con Página 12 cómo las mujeres se ven más expuestas ante el COVID-19.

«Ramona se tuvo que exponer ella primero y después tuvo que exponer su cuerpo porque al final siempre terminamos siendo nosotras, las mujeres, quienes no solamente sostenemos las ollas populares, los comedores y un montón de otras cosas más, sino también quienes terminamos poniendo el cuerpo y exponiendo nuestra salud para poder garantizar derechos básicos que no son garantizados y fue por todo eso también que ahora Ramona se vio expuesta al contagio».


Imagen y testimonios: La Garganta Poderosa

Científicas en la trinchera

En épocas de pandemia mundial causadas por el SARS-CoV2, mucho hemos escuchado y aprendido sobre el tema. La información de los diversos medios de comunicación es constante, reiterativa y hasta abusiva a cualquier hora y en cualquier lugar de nuestro territorio. Sigue leyendo Científicas en la trinchera