Reina de corazones: dándole luz a la vida travesti trans

Este trabajo no es un estreno pero lo traemos a colación porque creemos que es muy importante para conocer el mundo tal y como es, o por lo menos una parte de él que suele estar bastante escondida. Reina de Corazones muestra las distintas aristas del mundo travesti y trans, un mundo que para muches es desconocido, lo cual provoca falta de empatía, discriminación y juzgamiento injustificado.

Reina de Corazones fue premiado en festivales de Argentina, Estados Unidos, España y Colombia, como también fue declarado Proyecto de Interés por el Ministerio de Desarrollo Social y por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.

¿Cómo empezó todo? Guillermo Bergandi, su director, es actor, director de cine y profesor de teatro y cine. En 2014 comenzó a dar clases de actuación en la Cooperativa Arte Tv Trans, en el sótano de una florería. Con el correr del tiempo, conoció la historia de la Cooperativa y de quienes la conformaban y eso lo motivó a darle vida al documental Reina de corazones. Con el objetivo principal de mostrar al mundo lo que él veía en ellas, esa búsqueda de un sentido en la vida, puso quinta a fondo y fue a conquistar su propósito. Además, buscaba que a través de su difusión ellas pudieran conseguir trabajo y herramientas alternativas a la prostitución.

«Veía que las cosas se les hacían tan difíciles y eran personas tan hermosas en cuanto a la actitud que le ponían a los problemas que atravesaban».

Guillermo Bergandi

¿Qué cuentan sus historias?

Este relato cuenta la intimidad de la vida de sus protagonistas, dónde viven, a qué se dedican y quiénes son (una pregunta difícil de responder para muches). Cada testimonio es tan importante como invaluable porque deja ver una experiencia distinta, para algunes hasta inimaginable, que dista mucho de lo que es social y culturalmente conocido y lo que está (mal) establecido como «normal». Son historias únicas, con otros obstáculos y otros recorridos.

Una de las técnicas de Guillermo para mostrar lo más expresamente posible la singularidad de estas historias fue preguntarle a cada una qué es ser trans o travesti para ellas. «Para mí, la palabra trans es una palabra mágica, es como que vos trascendiste algo», afirma Emma.

En sus voces, el relato avanza contando el camino que transitaron hasta conseguir vivir a pleno su identidad autopercibida. Para algunas fue más difícil que para otras, pasaron por usar los vestidos de mamás y abuelas, por pintarse con rouge cuando nadie las veía y por enfrentarse a la difícil experiencia de ir al colegio en un marco de gran discriminación hacia el colectivo LGBTIQ+.

El director recapitula una a una cada historia. Nos cuenta, a través de ellas, cómo fue tomar la decisión de usar por primera vez ropa de mujer o cómo fue montarse con la ropa de una hermana y sentirse plenas. Cuándo y qué decidieron operarse y cuál es su visión sobre pasar por el bisturí o tomar pastillas anticonceptivas.

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Ver este documental es adentrarse en la vida de 10 mujeres que tuvieron que ser fuertes e independientes desde el día en que se dieron cuenta de que eran mujeres, tuvieron que ponerse firmes en sus casas y enfrentarse a sus familias. Pasaron por el miedo de no ser aceptadas como también por el acogedor abrazo de un padre y una madre que lo entendieron todo. Sus vidas tuvieron idas y vueltas pero ellas siempre supieron cuál era el camino.

En cada palabra hay una enseñanza, como cuando Nicole dice que dentro de una persona existen muchos sexos y que a veces nos lleva toda una vida definir qué somos, porque lo externo puede demostrar algo físico mientras que lo interno puede demostrar algo totalmente opuesto.

Por su parte, Emma, que hoy es socia fundadora y presidenta de la Cooperativa, nos contó en conversación con Escritura Feminista cómo fue su experiencia sin dejar de dar cátedra con sus palabras, «Hacer el documental fue una experiencia reflexiva porque fue mirar para atrás y recorrer el comienzo. Lo más fundamental es transmitirle a las nuevas generaciones que hay que hacer. Nosotras somos un grupo que hizo y hace porque la vida de eso se trata, de no caerse en un pozo a llorar, hay que seguir, levantarse y volar. Creo que es lo que hicimos siempre en la Cooperativa».

Una experiencia reveladora

Hablando con Escritura Feminista, Guillermo nos contó cómo fue el proceso de llevar adelante el documental. Antes de conocer a la Cooperativa y a las chicas, él no tenía contacto con el feminismo y su lucha ni con la deconstrucción por la que hoy en día se trabaja tan arduamente. Todo ese mundo lo conoció a través de ellas.

«Mi relación con el colectivo fue por ellas, fueron muy generosas conmigo, me incorporaron en el grupo como si yo fuese una trans más, nunca hicieron diferencia».

Guillermo Bergandi.

Entre que empezaron y terminaron el filme, los movimientos feministas y LGBTIQ+ y todo su trabajo se hicieron cada vez más visibles. Esto se reflejó en la repercusión de la película: la pedían por todos lados, se presentaron en más de 30 festivales y ganaron cinco premios en distintas partes del mundo. Estaba sucediendo lo que el director había planeado, se estaba conociendo el mundo travesti trans.

«Dejar algo así, por más chiquito que fuera, me hizo muy feliz. Sé que generó cosas en muchas personas porque me lo hicieron notar, se les abrió la cabeza. ¿Qué más puedo pedir?», reflexiona Bergandi.

(De izq. a der.) Guillermo, Estefi y Emma. Imagen del Facebook de Cooperativa Arte Trans.

La experiencia fue un antes y un después en la vida de Bergandi. A partir del primer trabajo juntes, pudo dirigirlas en otras obras de teatro, siguieron el vínculo y como no podía ser de otra manera, se hicieron amigues. Luly nos transmitió el mismo sentir, Reina de Corazones marcó un antes y un después en su vida personal: «Fue mi primer trabajo artístico, me pone muy contenta ver cuando lo pasan en Canal Encuentro y también recordar ese momento histórico en mi vida».

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Cuando empezó a gestarse el documental, Luly era docente en el Bachillerato Popular Travesti Trans Mocha Celis. Trabajó cinco años en el mismo lugar y después de la pandemia comenzó a hacerlo en el Ministerio de Salud, en un programa de diversidad. Este cambio nos da la pauta de cómo fueron cambiando las cosas, de los derechos que fue ganando el colectivo y la libertad que obtuvo.

Otro punto a destacar de este trabajo según Luly es que Guillermo se centró en no catalogar a todas las actrices en la prostitución, sobre todo con la intención de romper ese estereotipo que encasilla a mujeres trans y travestis como prostitutas, que venden drogas y están en cárceles de varones. Lu, por ejemplo, en ese momento era trabajadora sexual pero el director decidió omitir ese dato y, en cambio, contar que estaba cursando la carrera de enfermería en la Universidad de Buenos Aires y que daba clases en el bachillerato. Un intento por abrir perspectivas.

«Le tengo mucho cariño al documental porque mostró el mensaje: sí se puede salir adelante, se puede salir del estereotipo de la marginalidad, de la miseria, de la expulsión y de la exclusión y en cambio mostrar que hay otras realidades travestis y trans».

Luly Arias.

Estefi también nos relató lo importante que fue para ella el paso por este documental: «Fue importante por ser mi primer documental, por no mostrar algo clásico y porque ayuda a visibilizar mucho la vida de las personas trans».

Cooperativa Arte Trans

La Cooperativa Arte Trans, antes llamada Arte Tv Trans, funciona desde 2010. Comenzó agrupando a mujeres trans y travestis de Latinoamérica y luego se expandió a personas LGBTIQ+ que quieren dedicarse a la actuación y que encuentran en el arte una profesión que les enorgullece. De ahí surgieron las protagonistas de este documental. Ellas estudian teatro y dejan todo para realizar obras. La primera fue «Hotel Golondrina» de Daniela Ruiz, fundadora de la cooperativa. ttambién dieron vida a «Los monólogos de las Tetas con Pene» y «La casa de Bernarda Alba».

Imagen de la Cooperativa Arte Trans

Luly destaca la importancia de la Cooperativa en su vida: «Me abrió un abanico de posibilidades y me ayudó a pensar que no estamos solo predestinadas a la prostitución, sino que podemos hacer otras cosas, como actuar. Entonces me impulsó a llegar a un sueño que ya tenía pero venía dejando de lado por muchas cuestiones que nos atraviesan a las mujeres trans, como hacernos sentir vergüenza de nuestras voces o de nuestros cuerpos o el prejuicio de que no se nos iban a abrir las puertas».

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Con respecto a la importancia del documental para la Cooperativa, Emma nos expresó que «fue una experiencia consagratoria, porque con todo lo que estaba logrando merecía un reconocimiento de su recorrido».

Sus sueños son grandes, mira al futuro con esperanza y espera poder llegar a ser una gran productora de contenidos: ya lo es, con contenidos audiovisuales, teatrales y artísticos presenciales. De hecho, el proyecto ya comenzó a ver la luz a través de lo que llamaron «DiverSIcuentos», cuentos infantiles sobre diversidad para ayudar a pensar en crianzas libres y diversas.

El arte fue su motor para seguir adelante, para cancelar estereotipos, levantar la cabeza y cumplir sus sueños. La vida tiene mucho para darles y van a buscar todo eso y más. Sentir el apoyo del resto de la comunidad es una pilar fundamental para continuar en el camino. Es importante, de nuestra parte, cumplir con el papel que nos toca: estar con ellas y elles a capa y espada, para seguir conquistando derechos, para poder vivir la vida que eligieron lo más plenamente posible.

#Reseña Dancing with the devil

Aviso de contenido: mención de drogas, sobredosis, trastornos alimenticios, abuso sexual y experiencia cercana a la muerte.


«Me extralimité como nunca. Perdí el control», comienza Demi Lovato en su documental Dancing with the devil, en donde comparte uno de los momentos más difíciles de su vida: una sobredosis por drogas adulteradas que la dejaron al borde de la muerte. El filme, a cargo del cineasta Michael D. Ratner, consta de cuatro capítulos y está disponible en YouTube.

Bailando con el diablo

El documental se extiende por cuatro capítulos de alrededor de 20 minutos cada uno, en donde Demi Lovato se propone ser totalmente genuina, como lo manifiesta al principio del primer episodio. De esta manera, la cantante pop nos relata en primera persona lo sucedido en torno al 24 de julio de 2018, cuando sufrió una sobredosis que casi le cuesta la vida y de la que aun hoy carga con las secuelas.

A través de relatos de su círculo más cercano, como sus padres, sus hermanas y sus amigues, vamos reconstruyendo una historia de drogas y violencia que se esconde detrás de los lujos y la adrenalina de la industria musical.

Archivos de un documental anterior que estaba en proceso cuando ella sufrió la sobredosis dejan ver por un lado la felicidad, los gritos y la emoción de cantar y de hacer algo que ama, mientras que la voz en off de la Demi actual nos cuenta lo difícil que era seguir las dietas y los regímenes que le imponían al tiempo que repite una y otra vez cuán angustiada se sentía.

El documental

Desde el minuto cero nos queda claro qué es lo que Demi quiere expresar: honestidad y verdad. La norteamericana resalta y reafirma que su objetivo es poder contar su historia real, como una suerte de catarsis que le ayude a superar todo el trauma que atravesó y con el que se encuentra día a día. Los títulos de cada capítulo nos interiorizan en el relato: Perdiendo el control, A cinco minutos de la muerte, Retomando el control y Renacimiento.

«Tuve tres derrames cerebrales. Tuve un infarto. El doctor me dijo que me quedaban entre cinco y diez minutos [de vida]».

Demi Lovato.

En los primeros dos capítulos experimentamos lo más duro de la serie, con un relato crudo y genuino que nos cuenta los meses previos a la sobredosis -giras demandantes y restrictivas, el consumo de drogas y la historia de adicción en la familia- así como la noche del suceso: la llegada al hospital, el trauma de un abuso sexual a manos de su dealer y las varias secuelas (físicas y psicológicas) consecuencia de estupefacientes adulterados.

En los dos apartados restantes, nos sumimos en su regreso a la música (de la mano del polémico Scooter Braun, productor y manager cómplice de los ataques sistemáticos de Kanye West a Taylor Swift) y el proceso de rehabilitación, el cual es reafirmado por Demi como algo complicado y sumamente personal, en donde cada une debe crear sus experiencias para hacer su propio camino.

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El último capitulo, además, cuenta con la aparición de estrellas de renombre y amigues de la cantante como Christina Aguilera, Will Ferrell y hasta el mismísimo Elton John, quien en su juventud sufrió una sobredosis similar y lleva más de 40 años sobrio, para dedicar palabras de apoyo y opiniones respecto a lo que sucedió.

Los inicios de Demi

Demi Lovato es una cantante de música pop quien dio sus primeros pasos en la industria con una participación en el programa infantil Barney y sus amigos, de donde surgieron otras estrellas como Selena Gómez y Debby Ryan.

Su salto al reconocimiento internacional llegó de la mano de Disney, cuando protagonizó Camp Rock, una película musical en donde compartió pantalla con los Jonas Brothers. Así todo se fue para arriba: Demi se convirtió en una de las caras del canal del ratón, tuvo su propia serie, Sunny entre estrellas, y comenzó una carrera musical con varios discos.

Demi Lovato y Jonas Brothers en Camp Rock (2008).

Sin embargo, el documental nos cuenta que desde allí las cosas ya empezaban a desmoronarse: Demi no escatima palabras en hablar de su desorden alimenticio -que todavía la acecha- y en la confesión de haber sufrido violencia y abuso sexual por parte de un compañero de rodaje a los 15 años. En consecuencia, Demi llegó a los 26 años -edad que tenía en 2018- con una carrera en ascenso pero con grandes conflictos para cumplir con estándares de belleza y de bienestar, lo que la hizo recaer en adicciones cada vez más duras.


#Reseña Canela

Canela es un documental acerca de una arquitecta, docente, hija, madre, abuela y amiga. Por sobre todo, es la historia de la construcción de una identidad. El estreno fue online y al alquilarlo donás dinero a la Liga LGBTIQ+ de las Provincias.

En este film, Canela Grandi se representa a sí misma: una mujer trans exitosa laboralmente que se plantea si el camino comenzado hace unos años debe terminar allí o avanzar hacia una operación de cambio de sexo. Con 58 años de edad sus miedos no solo se corresponden a la peligrosidad que conlleva tal intervención a su edad, sino también al acompañamiento que podría (o no) tener en el proceso.

Arquitectura de una identidad

Áyax Grandi se recibió de arquitecto en la Universidad de Rosario, donde hoy da clases como Canela. A los 48 años de edad y con tres hijes decidió reconocerse como mujer en un ámbito laboral mayormente masculino. Escenas de obras que ella dirige se intercalan con sesiones de terapia y entrevistas con profesionales de la salud. El filme presenta una analogía entre el trabajo de construcción que ella realiza y su propia construcción como mujer.

Toda la determinación característica de Canela en su ámbito de trabajo se opone a la indecisión que la abruma en el ámbito personal. En sus charlas con amigues y familia se sincera por completo: no está segura de necesitar el cambio de sexo, aunque lo piensa como una tarea pendiente para sentirse «completa». La película transita por su intimidad y sus mayores anhelos, mientras le espectadore se vuelve testigo de la construcción de su identidad.

«A mí me dejaron solo, cuando era hombre. Me dejaron solo en la calle con el menemismo, con un hijo y nadie me dio una mano. Nadie. Esto que yo pasé mis hijos no lo van a pasar».

Entre paseos en camioneta por las calles de Rosario y conversaciones con otras mujeres trans, Canela intenta dilucidar qué debe hacer. Aun habiendo vivido la infancia de sus hijes como padre, Canela como madre reconoce todas las responsabilidades de cuidado que se le asignan. De allí se corresponden muchos de los impedimentos para operarse. Ella no quiere, sin embargo, en pos de proteger a sus hijes, postergar su momento de vivir. La charla con elles se muestra siempre verosímil, en un ir y venir constante entre comprensión y distanciamiento.

El sexo no tiene género

El tema que se debate en esta película es controversial. Desde la teoría, Nelly Richards (2002) aporta que la desvinculación significante entre género y sexo es un logro del feminismo. La teorización ha demostrado cómo esa vinculación se vuelve una taxonomía identitaria. Mediante el concepto «género» se demuestra que las identificaciones sexuales no pueden reducirse a las propiedades anatómicas. Deben entenderse como producto de complejas tramas de representación y poder. Por eso se vuelve importante recordar que el sexo no define el género, ni mucho menos.

El mayor mérito del largometraje es sentirse por un momento en los zapatos de alguien que no nace con la identidad que se reconoce y los avatares que debe enfrentar en una sociedad tan transfóbica como en la que vivimos. Su importancia también radica en que un porcentaje de su recaudación será destinado al sector más necesitado de la comunidad LGBTIQ.

La rosarina Cecilia del Valle guionó, dirigió y produjo su ópera prima Canela (2020) en la que documentó la vida de su amiga. Debido a la cuarentena obligatoria el estreno del film fue mediante la plataforma de cine independiente de la Asociación de Directores «Puentes de cine». En el marco de su reproducción lanzaron un ciclo gratuito sobre «lo trans» que incluye películas como Marilyn (2018), Mía (2011), y Tangerine (2015).

Podés ver Canela en Puentes de cine


#Reseña La mariposa que cambiaba de capullo todos los días

Marsha P. Johnson fue una leyenda, un mito viviente. Nacida el 24 de agosto de 1945, fue una de las activistas más importantes para el movimiento LGBTIA+ en los Estados Unidos. En 1992, la encontraron muerta a orillas del río Hudson, a unas cuadras del bar Stonewall donde la activista trans protagonizó a fines de los años 60 la primera revuelta clave para el desarrollo de los derechos civiles de la comunidad LGBTIA+ en Nueva York.

Si bien la causa fue caratulada por la justicia de Nueva York como suicidio, la familia de Johnson, sus amigos y otros miembros de la comunidad LGBTIA+ creen que no es posible que se haya suicidado. La abogada Victoria Cruz, quien también es una activista trans, busca esclarecer su caso 25 años después. En 2012 lograron reabrir el caso y caratularlo como posible homicidio.

El documental sobre Marsha, disponible en Netflix, no solo muestra la vida de importantes activistas transgénero sino que además muestra la forma de vivir de quienes componen la comunidad. También deja al descubierto la injusticia y la violencia permanente a las que las chicas trans están sometidas históricamente. 

Victoria Cruz comienza a indagar sobre la vida de Marsha, cómo era, en qué pensaban sus allegadxs y, sobre todo, subraya que hay pruebas que faltan, archivos que no se encuentran y circunstancias que hacen que lo determinado por la justicia no sea creíble. El documental atrapa por esa reconstrucción de los hechos y la búsqueda hace que el espectador se mantenga la expectativa.

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Otra gran exponente del activismo trans, amiga y compañera de Marsha, fue Sylvia Rivera, quien puso el cuerpo a la defensa de la comunidad trans y se enfrentó tanto a los de afuera como a los adentro de la propia diversidad, como los varones gay transfóbicos, en distintas apariciones públicas y en su vida cotidiana. Como mujeres transgénero, no tenían los derechos y el lugar que merecían pero Sylvia y Marsha se unían para transformar su época.

Juntas cofundaron la organización Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR; «Activistas travesti revolucionarias de la calle»). Ambas fueron madres de la Casa Star, donde trabajaban a diario, juntando ropa y comida y albergando a quienes lo necesitaban. 

Marsha era reconocida en las calles por su activismo y también en el ambiente artístico: fue fotografiada por Andy Warhol como parte de una serie de polaroids que se titularon «Damas y caballeros» y llamaba la atención en todos los lugares a los que iba, ya que era espontánea, impredecible. Sobre todo lo demás, era una persona bondadosa y una gran líder, que lo daba todo y siempre estaba dispuesta para ayudar a los demás.

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El documental de David France no solo narra la muerte de Marsha P. Johnson, sino que muestra una problemática de género. Habla de la violencia que todavía existe en la sociedad, sobre todo por parte de varones cis heterosexuales, pero además deja al descubierto las falencias que existen en la justicia y las fuerzas policiales a la hora de investigar y de juzgar los crímenes cometidos hacia mujeres transgénero a lo largo de la historia, en los Estados Unidos en particular y en otros países.

Lo que se pone de manifiesto es que, incluso hacia dentro de la comunidad LGBTIA+, las personas transgénero han sido parias, hostigadxs y matratadxs. Aún hoy siguen sin ser juzgados con condenas justas o ejemplares los crímenes transfóbicos. Es este el hilo conductor del documental: la búsqueda de la verdad sobre la muerte de Marsha va dando cuenta del sufrimiento pero también del agradecimiento, la unión y las batallas ganadas de las trans y las drag queens.

El documental se luce en sus imágenes de archivo y en su planteamiento. Es seguir conociendo, y reconociendo en cierta forma, a personas que fueron también personajes y que construyeron algo de lo que somos hoy. Aunque los tiempos políticos, sociales, económicos e históricos cambien, la comunidad trans sigue siendo violentada de forma recurrente y es responsabilidad de todes cambiar eso.

Documental sobre el origen del orgullo LGBTIQ

«La muerte y la vida de Marsha P. Johnson» es una película obligatoria para quienes defiendan los derechos humanos de alguna minoría. El documental toma la forma de película policial, y narra la investigación que lleva a delante incansablemente Victoria Cruz, quien tiene un propósito: brindar evidencias sobre el homicidio de la activista transgénero Marsha P. Johnson.

Estamos frente a una película excepcional que desde el presente hace historia en la búsqueda de visibilización de los crímenes contra las personas transgénero que suceden en el mundo hace décadas.

La película no tiene grises a la hora de defender a las fundadoras del movimiento LGTBIQ, y plantea un justo reconocimiento a Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera por haber estado presentes en la revuelta espontánea de Stonewall, a partir de la cual la comunidad gay comenzó a defenderse de la persecución, la extorsión y el acoso policial en Nueva York.

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Sin lugar a dudas, esta película pone en crisis valores como «progresismo», «civilización» y «sentido común». Cuando Sylvia Rivera, viviendo en la calle, se lamenta al expresar que «el mundo me volvió loca», uno siente que nada en el mundo tiene sentido.

Sin embargo, la película construye sentido al colocar a estas míticas luchadoras en la memoria de todas nosotras, las personas.

Género: documental
País: Estados Unidos
Año: 2017
Duración: 105 minutos
Director: David France

Disponible en Netflix

Joan Didion: la potencia hecha palabra

Joan Didion, a sus ochenta y tres  años, viene a demostrarnos que sigue siendo esa gran mujer, hacedora y trabajadora de la palabra. A través del documental de Netflix “Joan Didion, el centro cede”, pueden conocer no solo a una gran escritora, sino también a una mujer que se sobrepuso a la muerte de sus seres más amados para poder escribir y hacer literatura con ello.

Un sector de la crítica literaria menosprecia la llamada “literatura de duelo”, como si acaso alguna persona deseara sufrir una pérdida dolorosa en su vida para escribir un libro. Una vez más, recordemos que la palabra sana, la palabra transforma, la palabra nos rearma.

El documental llevó mucho tiempo de trabajo. Es ameno, honesto, familiar. Lo realizó el sobrino de Didion, quien al principió pensó que ella no iba a aceptar hacerlo.

En el documental biográfico se pueden ver diferentes etapas de la escritora. Sus fotos, las de su esposo, las de su hija. Cientos de imágenes de archivo para representarla. A la vez, podemos escuchar las palabras de sus libros, sus miedos, los temas que la ocuparon como escritora y relatos de su vida privada.

Esa Joan que se ve ahí, tan flaca y de apariencia frágil, es la que escribe desde los cinco años, la que traspasa barreras y países para traernos sus letras, sus guiones, su fuerza sin descanso. Una mujer fuerte, una escritora detallista, perfeccionista y honesta.

John Dunn y Quintana: pensamiento mágico y noches azules

“La vida cambia en un instante. Te sientas a comer y la vida que conocías se acaba de repente”, escribe Didion en El año del pensamiento mágico, un libro que habla de la muerte de su esposo John, padre de su hija Quintana, compañero de toda su vida, otro escritor, su corrector, su consulta.

El libro es crudo y atraviesa distintos temas además de la muerte, como la forma de enfrentar la vida, el sentido de las acciones, las profesiones, las voces internas. El creer que no se puede más, y sí poder.

Joan, aquella deseada mujer que trabajó para Vogué, para Vainity Fair, que escribió “Según venga el juego” y fue éxito a nivel mundial. Esa misma mujer creyó por un momento que su vida se había acabado.

En la navidad de 2003, su hija Quintana entró en coma por una enfermedad. Una semana después, su esposo se desplomó sobre la mesa mientras comía. Poco tiempo más tarde, Quintana falleció. Sus seres más amados se fueron y dejaron una Joan llena de preguntas, llena de palabras que gritaban en el silencio de una casa que debía tomar una nueva forma.

¡Y vaya si cambió de forma! Es claridad sobre lo oscuro, sobre el tabú de la muerte. Recorrer el libro es vivir un poco de aquello, nos haya pasado o no. La muerte, como la vida, nos atraviesa a todos.

Un cuaderno número 5

“Mi primer cuaderno fue un enorme big número 5 que me dio mi madre, con la sensata sugerencia de que dejara de quejarme y aprendiera a entretenerme escribiendo mis pensamientos”, se escucha en el documental.

Frente a la pantalla, el espectador sonríe y agradece por la sugerencia (y por todo lo que vino). Porque la periodista, escritora y guionista no dejó de crear desde aquel cuaderno número cinco.

Nos abre las puertas, nos dice: “Lee, aprende, trabaja, vive la literatura. La información es control”. Y aprendemos, vivimos y rondamos por todos los huecos de la vida. Los tormentosos, los días de sol. Vemos los mundos, somos mejores, abrimos los ojos y salimos al ruedo. Porque ahí está, no son letras unidas. Son vidas, son fuente de creación, es lo narrado puesto en el cuerpo y el cuerpo con voluntad de dar voz.

Ella, la de las noches azules, la del pensamiento mágico, no para, no deja de contar(nos) para encontrarse. Para enfrentar a lo que le teme. Dice que nos contamos historias para poder vivir, y que sobrevivimos más de lo que creemos poder. Viene a recordarnos que vivimos, que podemos. Que no hemos muerto todavía.


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#Opinión El alto costo de la vida

Nota por Julieta Lovera


El día 23 de abril de 2013, las personas que se encontraban en sus puestos de trabajo habituales observaron anomalías y grietas en las paredes del edificio pero, a pesar de las quejas y por pedido de sus supervisores (los cuales aseguraban que el lugar era seguro), sin tener otra alternativa, al día siguiente retomaron sus tareas en el lugar.

Alrededor de las nueve de la mañana del 24 de abril se produjo el colapso del edificio Rana Plaza, en Savar, distrito de Dacca, Bangladesh, que dejó un total de 1127 muertos y 2437 heridos. Fue el segundo derrumbe más grande después del ocurrido en 2001 en el World Trade Center de Nueva York. A partir de ese día, en el Rana Plaza nada sería como antes; en un segundo, aquel edificio de 8 pisos pasaría a ser solo escombros teñidos de sangre.

Les propongo hurgar en la naturalización de uno de los bienes más comunes que tenemos y que, a su vez, es una de las industrias que más dinero recaudan a nivel mundial. Una industria que genera devoción en algunos, extremo rechazo en otros, y un sentimiento de indiferencia o acostumbramiento en la mayoría de nosotros: la famosa industria de la moda.

Pocas personas cuestionan a este negocio al nivel que lo hacen a otro tipo de industrias, como las alimenticias, financieras, o tecnológicas. ¿Pensaron alguna vez qué hay oculto atrás de ese mundo de alta costura, chicas hermosas, y creatividad sin límites?

Si pensaron más allá de lo simple, están pensando bien: ocultos detrás todo eso se pueden encontrar salarios bajos, desigualdad de género, niños alejados de sus familias, hacinamiento, violencia, trabajo infantil, consumismo, malas condiciones laborales, contaminación, enfermedades y muertes, sólo por nombrar algunas cosas.

No es habitual hablar de la precarización laboral en los países menos desarrollados de Asia, ya que estos tópicos quedan tapados por las problemáticas de precarización en nuestro territorio latinoamericano, pero sin embargo deberíamos empezar a mirar hacia el este con una nueva perspectiva.

Este texto surge del documental The True Cost, el cual da en la tecla dentro de la cabeza del espectador como algo que se rompe y nunca más podrá arreglarse. ¿Acaso no es una de las sensaciones más desgarradoras pero apasionantes cuando nos ponen la realidad en la cara?

Sin tapujos ni censura, este documental te frota los ojos con la problemática y grita “Mirá, esto es lo que vos naturalizás todos los días. Esta es la injusticia que ignorás cuando te levantás cada mañana. Esto pasa en el mundo también y vos sos cómplice”. Como espectadora, me sentí invadida, vulnerable y culpable, por todas las veces que miré a un costado y sin siquiera preguntarme el por qué de muchas cosas.

Como bien se titula, el documental trata el verdadero costo de la ropa que usamos cada día de nuestras vidas, de lo que se conoce como Fast Fashion (“moda rápida”). Así es como nos tiene (mal)acostumbrados el consumismo que, a su vez, es generado por el sistema capitalista en el cual nos encontramos envueltos, y que se alimenta de sí mismo.

La “moda rápida” es fácil de definir: utilizamos y tiramos. Los must de la indumentaria son desechables en menos de un mes y las dos temporadas pasan a ser obsoletas con el objetivo de vender más en menos tiempo. ¿Quiénes son los damnificados detrás de esta industria? Desde los compradores compulsivos que nunca logran saciar sus necesidades de consumo hasta los niños que no tienen agua potable porque los ríos de sus pueblos están contaminados.

Como vemos, la moda low cost tiene su verdadero costo en el factor social. Marcas tales como H&M, GAP, Zara y Wal-Mart, entre otras, son partidarias de este sistema perverso en el cual al costo de vida le bajan el costo de la ropa. La ropa que usamos todos los días  puede estar contaminando ríos y lagos, o quizás esté siendo fabricada por las manos de un nene de 10 años que debería estar aprendiendo en el colegio o jugando en un parque.

El día que vi el documental, no pude parar de llorar. “Somos monstruos” me dije a mí misma con una camisa de Zara puesta. Me dí asco. Pero con el tiempo quise que ese asco se transformase en voz.

Entre los datos más desgarradores involucrados en la moda tratada en el documental, podemos contar que:

  • Alrededor de 250 000 productores de algodón en India se suicidaron en los últimos años por deudas contraídas en la compra de semillas de algodón genéticamente modificadas.
  • En todo el mundo, la compra de ropa aumentó en un 400% durante las últimas dos décadas.
  • El 90% de la ropa que se tira termina en vertederos o contaminando ríos, lagos y mares.

¿Acaso esto no es motivo suficiente para que nos demos cuenta de que algo malo está pasando? Los invito a que vean The True Cost, y se sientan tan o más invadidos que yo.

Motivos hay miles, pero comenzar a pensarlo es parte de la solución.

 

 

Fuente consultada:

https://truecostmovie.com/

https://www.youtube.com/watch?v=iSa2SwzhzT0

 

#Reseña The Keepers: no puedes enterrar la verdad

Abusos, asesinato, conspiración, ocultamiento. El clero, la policía y el Estado son responsables. Miedos, mentiras, corrupción. Todo esto ocurrió en Baltimore en los años 60. La serie documental que intenta desenmarañar un crimen sin resolver.

Atención: esta nota contiene spoilers. Aun así, la importancia real de este documental no reside en el desarrollo de la trama, puesto que en el primer capítulo ya se brinda la información completa de lo que sucedió en los años 60 en Baltimore. Lo impactante es la serie misma, su organización, su narración y su estética.

The Keepers empieza narrando un crimen cometido en 1969. Cathy Cesnik, una monja estadounidense que impartía clases en un colegio femenino de Baltimore, había sido asesinada a la corta edad de veintiséis años. Sus antiguas alumnas, quienes hoy tienen más de 60 años, la recuerdan con mucho cariño, describiéndola como una mujer entusiasta, trabajadora, humilde y atenta; una persona a la que podían acudir en busca de apoyo y consuelo. La única monja que supo empatizar con sus alumnas.

La hermana Cathy había desaparecido una noche en circunstancias misteriosas, cuando volvía de comprar un regalo para su hermana quien estaba a punto de casarse. Su automóvil había quedado mal estacionado frente a la casa de la monja, pero ella nunca más regresó a su casa. Dos meses más tarde, su cadáver fue hallado en un bosque cercano.

El crimen, oficialmente, quedó sin resolver. En aquellos años, la policía manejó la hipótesis de que tanto la monja como otra mujer de la zona habían muerto a manos de un “lobo solitario”, algún psicópata sexual que estaba de paso por la zona, ya que ambas eran guapas y jovenes.

Esta serie documental cuenta con siete episodios dirigidos por Ryan White, quien ha dedicado su carrera a este tipo de proyectos de investigación, y está bajo el listado de las producciones de Netflix, plataforma que ya ha producido más de una docena de programas en ese formato. Además, ha sido nominada para el premio Emmy al mejor documental. No contiene imágenes fuertes, amarillistas, ni golpes bajos: es un documental que moviliza una gama muy amplia de sentimientos por el impacto que genera cada palabra testimonial de sus protagonistas.

La historia es de verdad escalofriante, no recomendable para interiorizarse antes de dormir puesto que invita a la reflexión sobre las mayores miserias humanas que pueden manifestarse: el abuso sexual a menores de edad, la consecuente manipulación psicológica y emocional para hacerlos callar, y el asesinato de una persona. Luego de 40 años, dos alumnas comienzan a recordar momentos oscuros de su niñez y deciden investigar estos sucesos. Todo comienza con el recuerdo de aquella tierna monja que un día no volvió a darles clases: empiezan a buscar datos de su muerte en periódicos antiguos y otros archivos, y luego crean una página de Facebook mediante la cual piden colaboración ciudadana sobre el caso.

Cathy Cesnik daba clases en una prestigiosa escuela católica, el Instituto Arzobispo Keough, al que acudían chicas adolescentes de familias bien posicionadas económicamente. En Baltimore abunda la población católica, sobre todo de origen centroeuropeo, y la Iglesia católica tiene una influencia muy grande en todos los niveles de la sociedad, mayor que en otros lugares de Estados Unidos, donde imperan las comunidades protestantes.

El cuerpo de Cesnik fue encontrado dos meses después de su desaparición. Tenía un agujero en la parte posterior del cráneo y, de acuerdo con la autopsia realizada, fue el resultado de un trauma tras un golpe contundente. Este suceso es la punta de un iceberg de proporciones enormes y desagradables.

Innumerables alumnos del Keough habían sido víctimas de abusos sexuales por parte del padre Neil Magnus y el padre Joseph Maskell, sacerdotes del instituto, ambos muertos hace algunos años sin haber sido juzgados como corresponde en este mundo terrenal. Así las cosas, gracias a la Iglesia católica, a la Justicia, y a la Policía de Baltimore, quienes ocultaron los hechos en lugar de encarcelar a los culpables.

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Cabe destacar que el asesinato de Cesnik se produjo justo después de que la joven monja amenazara con sacar a la luz las atrocidades perpetradas por la Institución eclesiástica, que implican no sólo el abuso sexual, sino un acto de manipulación que nada tiene de improvisado: generar un sentimiento de culpa en las víctimas, hacer que sientan que todo lo que les pasa es porque se lo merecen, porque tienen al “diablo” en el cuerpo, y que ellos tienen un pene “mágico” con poderes de exorcismo. Todas las acciones perfectamente medidas, estudiadas; curas con conocimientos en psicología. Nada estuvo librado al azar.

El padre Maskell tenía un hermano policía y era amigo de las autoridades locales. Estos curas no fueron los únicos implicados en los abusos: hubo policías que también acudían al despacho de la secundaria de Keough para violar a las alumnas. Parte de la metodología para el horror consistía en hacer creer a las víctimas que quizás, algún día, podrían ser perdonadas por sus pecados. Se trataba de niños a quienes se les enseñaba una religión, un necesario temor a Dios, la culpa y por último, el silencio. Esta ha sido la fórmula casi perfecta para las atrocidades.

La actitud de la archidiócesis local sobre el asunto, tras recibir decenas de denuncias, fue de negación, encubrimiento. Claro, ¿acaso podemos esperar que la Iglesia se arrepienta de sus pecados? Una maquinaria que llegó equipada a América en el siglo XV para imponer su evangelio derramando sangre a cada paso. Es insostenible la idea de que las autoridades policiales, eclesiásticas y judiciales son independientes: estamos hablando de la tríada patriarcal por excelencia, se sostienen mutuamente. Lo que hacen es evitar el efecto dominó.

Fuerza, esperanza, justicia. Esto es lo que representan las exalumnas de Keough. Un grupo de mujeres que tuvieron que sumergirse primero en la desesperación, intentar borrar las huellas de una infancia oscura, deconstruir supuestos, para volver a construirse, repararse, comprenderse, valorarse y decidir echar un poco de luz donde un homicidio quedó sin respuestas a casi 50 años del hecho.

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