Nómadas Bici-bles: cicloviajes y feminismos

Artículo colaboración escrito por Sofía Fuentes


Rodando sobre la ruta, Guadalupe y Melissa inician su recorrido desde la capital cordobesa en dirección a Ushuaia, bordeando la Cordillera de los Andes. Guada es veterinaria, nacida en Salta, Argentina; Meli es socióloga, nacida en Bogotá, Colombia. ¿Qué las une? Su amistad, sus bicicletas y una misma meta: pedalear en búsqueda del intercambio de saberes y prácticas locales que contribuyan a construir un mundo más sostenible.

Descripción de imagen: de pie en una plaza arbolada, Melissa (izquierda) y Guadalupe (derecha) sostienen sus bicicletas con sus alforjas añadidas como equipaje sobre la rueda trasera. Ambas tienen cabello castaño oscuro largo hasta los hombros y sonríen a la cámara.

Con el kilómetro cero puesto sobre el suelo cordobés, Guadalupe y Melissa aterrizan en el Taller Popular de Mecánica Suipacha, ubicado en el barrio Pueyrredón de la ciudad de Córdoba. Reciclan un cuadro, colocan la dirección, ensamblan y centran las ruedas, hasta concluir con el armado de sus bicicletas. Poco tiempo después, con todo listo para arrancar, se dirigen a su primer voluntariado en Río Ceballos, ubicado al norte de la provincia de Córdoba. Pero, de repente, todo se detiene: la propagación del virus COVID-19 comienza a extenderse por nuestro país y, con ello, los planes de las cicloviajeras cambian de dirección. La cuarentena las obliga a asentarse en el monte durante el invierno de 2020, hasta finalmente volver al ruedo. Luego de casi dos años del inicio de esta aventura, el tiempo transcurrido las coloca hoy en otro panorama de sus vidas.

Movilizadas por el interés de conocer, visibilizar y promover acciones más amigables con el cuidado del planeta, así comenzaban Guadalupe y Melissa su proyecto de cicloviaje autogestivo Nómadas Bicibles. Dos mujeres unidas por la pasión de la ciclomecánica, por las bicicletas como medio de transporte sostenible y por sus militancias ecofeministas, emprenden su recorrido hasta llegar a Ushuaia, su destino final.

Descripción de imagen: con montañas bajas y estepa de fondo, Melissa y Guadalupe pedalean por una ruta patagónica con sus cascos de seguridad puestos.

El proyecto nace en el Tercer Foro Argentino de la Bicicleta celebrado en septiembre de 2019 en Salta, evento organizado año tras año por Argentina en Bici, una agrupación conformada por 36 organizaciones de la Capital Federal y 14 de diferentes puntos del país. Dicho foro tiene el objetivo de promover iniciativas sobre ciclismo urbano y mejoramiento de ciclovías así como reflexionar sobre el cuidado del ambiente, el respeto por el ciclista en la vía pública y la necesidad de gestionar movilidades menos contaminantes.

Para las cicloviajeras, este evento marcó un antes y un después en sus vidas. Fue allí donde se gestó su proyecto que unifica la ecología y sus militancias feministas: «En principio, sabíamos que queríamos darle una perspectiva ecofeminista [al proyecto], que va de la mano con pensarnos de nuevo y volver a un equilibrio entre ese lado femenino y masculino que está en cada une de nosotres, de volver a reconectarnos con ese lado protector para cuidar la tierra, cuidar la vida». Desde esta corriente, que sostiene un vínculo estrecho entre la mujer y la defensa de los territorios, Guada y Meli se acercan a oriundas de cada localidad que realicen acciones sostenibles con el fin de entrevistarlas y rescatar los saberes y la cultura que caracteriza a cada lugar. Al mismo tiempo, intercambian semillas agroecológicas y organizan talleres de ciclomecánica dirigidos a mujeres y disidencias principalmente.

Descripción de imágenes: en ambas fotografías, tomadas en distintos talleres de ciclomecánica, aparecen varias personas manipulando neumáticos de bicicletas.

El recorrido de Nómadas no solo implica llegar a la meta final, sino también llevar adelante acciones afines al cuidado del planeta. Su participación como voluntarias de la cooperativa Reciclando Utopías, ubicada en Río Ceballos y en una granja familiar en Potrero de Garay a principios de octubre de 2020, les permitió llevar al territorio sus militancias ecofeministas, incentivando a vecines a amigarse con la iniciativa Basura Cero para disminuir el consumo de plásticos en el día a día.

A su vez, continuaron manteniendo esta práctica a lo largo del viaje, siempre y cuando el contexto lo posibilite. «En el caso de producir plástico, hacemos ecoladrillos, pero la idea es no consumir productos envasados con plástico, por lo que usamos tuppers, frascos de vidrio, bolsas de tela. Para la higiene menstrual, llevamos la copita (menstrual) y toallitas de tela. En los lugares donde se puede hacemos compost y baño seco, entre otras acciones que nos permiten estar un poquito más en armonía y no contaminar tanto el agua», explica Guada.

Detenerse en el camino también implica poder compartir experiencias sobre nuestra cultura originaria con diferentes comunidades. «Este proyecto también busca reconectar con el buen vivir de los pueblos originarios, entendido este como una cosmovisión andina de pensar bien, sentir bien, para hacer el bien», afirma Melissa, quien rescata los aprendizajes que se llevan de comunidades de pueblos originarios de zonas rurales, como les comechingones en Río Cuarto (Córdoba), les huarpes en San Luis y Mendoza, les tehuelches en Río Negro y Chubut, como así también de chamanas y madres huerteras.


Descripción de imagen: de pie sobre terreno nevado, Melissa y Guadalupe se apoyan sobre sus bicicletas de espaldas a la cámara, observando el río de confluencia Traful, de cauce ancho y color azul intenso, y las montañas nevadas que se extienden detrás.

Una vez que la cuarentena en nuestro país comenzó a flexibilizarse, Guada y Meli retomaron la ruta en dirección a los próximos destinos. Adentrándose en los pueblos de la patagonia argentina, sus paradas siguientes fueron en San Martín de los Andes, Bariloche, El Bolsón, El Hoyo, Epuyén, Cholila, Esquel, Tecka, Gobernador Costa y Río Mayo, con el objetivo de ingresar a la provincia de Santa Cruz a mediados de noviembre para continuar el último tramo que comprende lugares tales como Los Antiguos, Parque Nacional Perito Moreno y El Chaltén, entre otros, hasta acercarse a la última parada: Ushuaia.

Descripción de imagen: de frente a la cámara, avanzando hacia esta, Melissa pedalea por una ruta patagónica bordeada de árboles y arbustos. A sus espaldas, el camino continúa hasta perderse entre montañas nevadas.

Pero como toda experiencia, el viaje en bicicleta también incluye la búsqueda de lugares donde descansar luego de tantos kilómetros recorridos. De todos los lugares mencionados, sus paradas en Confluencia Traful (Neuquén) y El Hoyo (Chubut) son las que recuerdan con más nostalgia. Fue allí donde, por primera vez, los sitios donde poder descansar eran casi imposibles de hallar. En el caso de la zona chubutense, el último incendio en la comarca andina había arrasado con un pueblo entero a mediados de marzo de 2021 y un lugar donde dormir era lo que más escaseaba, incluso para les oriundes de las diferentes localidades. En Neuquén ya les había tocado vivir una situación similar debido a los incendios forestales que suceden año tras año en la cordillera patagónica.

«Cuando nosotras llegamos en mayo a Confluencia Traful, llevábamos seis meses pedaleando y no había lugar donde pasar el invierno», señala Guada y agrega que, para encontrar ese lugar tan deseado, apelaron a la filosofía de cicloviajeros que consiste en proyectar y esperar que eso aparezca. «Para eso hicimos un ritual al lado del río, dijimos exactamente lo que queríamos y soltamos», continúa Meli, quien describe ese ritual con un brillo en sus ojos: «En ese entonces, decíamos que queríamos un lugar donde estemos tranquilas, donde podamos recuperarnos. Y a los seis días nos ofrecieron hospedarnos en un lugar cuidando tres casas frente al río Traful. Fue exactamente lo que pedimos».

«Viajar en bicicleta es la vida misma», reflexiona Meli sobre lo significativo que es este proyecto para ellas y agrega: «La bici es una herramienta que te muestra que tu fuerza te puede llevar a un montón de lugares que ni te imaginabas».


Descripción de imagen: Guadalupe y Melissa sonríen a cámara, sentadas con las piernas cruzadas sobre el pasto. Detrás de ellas, sus bicicletas se apoyan sobre una pared en la cual está escrito el mensaje: «Si no es ahora, ¿cuándo?» en letras grandes de color celeste y rojo.

Las ruedas se deslizan lentamente sobre el camino de tierra. Se oyen las respiraciones, por momentos agitadas en las subidas más empinadas. Mientras pedalean con firmeza, un mundo de sensaciones las recorre por dentro. Detrás de ellas van quedando los caminos recorridos, petrificados con el paso del tiempo. Y cuando menos lo esperan, los cincuenta kilómetros de ripio que se extienden desde Cholila hasta el Parque Nacional Los Alerces también comienzan a quedar atrás.

Poco a poco, el ruido de un motor interrumpe el silencio propio de la ruta patagónica, fría y desierta. Cada vez es más fuerte. Al pasar a toda velocidad junto a ellas, las bicis tambalean un poco, pero vuelven al ruedo habitual. Otro vehículo se aproxima minutos después y, al verlas pedalear, larga un bocinazo de apoyo —un tanto amigable—. Nuevamente, el silencio propio de la ruta vacía las invade. A su derecha, el reflejo tenue de los picos nevados de las montañas sobre el azul verdoso del Lago Futalaufquen atrae sus miradas. Guada, quien va adelante, voltea su cabeza buscando a Meli. Cruzan miradas la una a la otra y sonríen, cómplices, mientras la brisa de la bajada las envuelve en un abrazo de libertad.


Fuentes:

Corrientes del ecofeminismo

¿Sabés qué es el ecofeminismo? En la entrega anterior te contamos cómo surgió, cómo se desarrolla en el norte y en el sur global y cuáles son las miradas locales desde Argentina y Latinoamérica. En esta segunda entrega, conocé cuáles son algunas de las corrientes del ecofeminismo.

Además del contraste norte-sur global de este pensamiento y su praxis, el «ecofeminismo» hace referencia a una diversidad de posiciones: no existe un ecofeminismo, como no existe un feminismo. Esto se ve marcado en el desarrollo de las distintas líneas de pensamiento a través del tiempo. Si bien los primeros ecofeminismos son criticados por esencialistas, la corriente constructivista puede relacionarse con el activismo interseccional.

Ecofeminismo clásico

El ecofeminismo clásico nace de corrientes del feminismo radical estadounidense hacia los años 70. Aseguraba que la cultura masculina, al estar obsesionada con el poder, envenena y destruye la tierra, el agua y el aire. En cambio la mujer, al ser «más próxima a la naturaleza», es la esperanza de conservación de la vida. Se trata de una postura esencialista que asegura que las mujeres son no agresivas y por sus «aptitudes maternales» tienden al pacifismo y contribuyen a la preservación de la naturaleza.

Entre sus exponentes se encuentran Mary Daly y Susan Griffin. La propuesta de las ecofeministas clásicas se basa en recuperar los valores matriarcales y convertir lo que consideran «el rol reproductivo indiscutible de la mujer» en un instrumento de autoempoderamiento.

Este biologicismo fue fuertemente criticado por otras corrientes feministas. En el año 1949, Simone De Beauvoir ya había denunciado la construcción cultural y patriarcal de las implicancias del «ser mujer» y revelado que no existe un destino biológico ni natural ni esencial en la mujer. Asimismo, este esencialismo que conecta a la mujer y a la naturaleza excluye toda posibilidad de existencia de personas que no sean cisgénero.

Ecofeminismos espiritualistas

Estos movimientos surgen hacia los años 80 en países del sur global y critican el modelo de desarrollo occidental. En algunos puntos están vinculados a las tendencias místicas del primer ecofeminismo e incorporan una dimensión espiritualista vinculada al carácter sagrado de la naturaleza y de la vida. Se relaciona esta visión a países empobrecidos desde donde se denuncia la destrucción de los recursos naturales y de las formas de vida tradicionales de muchos pueblos indígenas y campesinos. De esta manera identifican al patriarcado como fuente principal de la destrucción ecológica global.

Una de sus exponentes es Vandana Shiva, activista del movimiento en la India. Shiva fue una de las primeras en mostrar el deterioro de las condiciones de vida de las mujeres rurales pobres debido a un desarrollo colonizador que extermina los cultivos de subsistencia familiar, los bosques nativos y la biodiversidad. Shiva expone que «la naturaleza fue reemplazada por el patriarcado y las mujeres, parte de la naturaleza, se encuentran subordinadas frente al hombre y a la producción». Shiva retoma una noción esencialista de la mujer que debe ponerse en duda.

Ecofeminismo constructivista

Esta corriente se diferencia de las corrientes clásica y espiritualista ya que sostiene que no hay una relación esencial entre las mujeres y la naturaleza, sino que históricamente las mujeres estuvieron más expuestas a la destrucción ambiental, en especial en los países más empobrecidos. Esto tiene que ver con los roles que se les asignaron en relación al cuidado y el abastecimiento de alimentos, leña y agua, lo que les permite ver de primera mano las agresiones ecológicas contra campos, bosques y ríos.

Entre sus exponentes se encuentran Val Plumwood, Bina Agarwal y Donna J. Haraway. El feminismo constructivista está relacionado al feminismo interseccional ya que describe un modelo de opresión que tiene en cuenta la clase, la raza, el género y la dominación de la naturaleza. Además, ve la necesidad de deconstruir el patriarcado capitalista en todas sus manifestaciones e insiste en que tanto mujeres como hombres y quienes no se clasifican en una concepción binaria del género somos naturaleza y cultura a la vez.


Fuentes:

¿Qué es el ecofeminismo?

¿Escuchaste alguna vez hablar de ecofeminismo? Se trata de un movimiento que está en permanente construcción y que se desarrolla de diversas maneras en el norte y en el sur global. En esta primera entrega, conocé cómo surge y cuáles son las miradas locales desde Argentina y Latinoamérica.

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Creemos (en) un mundo mejor

Durante los últimos meses, han circulado imágenes de cielos azules más limpios que nunca y animales transitando por calles desiertas que habitualmente se encuentran hiperpobladas. Desde nuestra ventana, el otoño nos golpeó la cara mostrándonos tardes soleadas y noches estrelladas que nos dejaron con las ganas de saborearlas al aire libre. Sigue leyendo Creemos (en) un mundo mejor

¿Qué tienen que ver el feminismo y el ambiente?

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