¿Dónde está mi ESI? Por les pibes, para les pibes

Les alumnes de la escuela secundaria N° 14 Carlos Vergara, de la ciudad de La Plata, se encontraron con una necesidad latente y preocupante que veían en la mayoría de las escuelas del país: la falta de implementación de la ley de educación sexual integral, aprobada en 2006.

No existen números oficiales sobre la información que reciben les alumnes pero una encuesta publicada el año pasado por la Fundación Huésped indicó que apenas la mitad de les docentes entrevistades había recibido algún tipo de capacitación por parte del Estado, mientras que el 57% busca información por sus propios medios.  

En el marco del programa Jóvenes y Memoria de la Comisión Provincial por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires, les alumnes decidieron hacer lo que el Estado no, para visibilizar cómo se les vulnera su derecho y el de tantes estudiantes.

Con la coordinación de la profesora de Literatura Andrea Beratz pensaron, diseñaron y escribieron el libro «¿Dónde está mi ESI?», una suerte de manual educativo que trata temas como identidad de género, matrimonio igualitario, legalización del aborto, violencia de género, trata de personas y más, con herramientas tales como guías de preguntas o recomendaciones de libros y películas para abordarlos en clase.

manual-esi

Después de la presentación del proyecto en Chapadmalal, donde se realizó el encuentro de todas las escuelas participantes del programa, y gracias a la nota de Mariana Carbajal en Página 12 (quien, además, escribió el prólogo del libro), se produjo un difusión tan masiva a nivel nacional que ningune de elles esperaba.

«Lo que demostró la repercusión es que [el libro] no era necesario solamente para les adolescentes sino que era urgente para les docentes. Nuestra primera idea era que el libro le sirviera a les pibes; si le sirve a los docentes, bienvenido sea»,  cuenta Andrea.

El libro está en formato digital, porque no obtuvieron financiación para imprimir muchos ejemplares. De todas formas, llegó en cuestión de días a escuelas de toda la geografía argentina para cuestionar y romper el abordaje de la educación sexual integral.  

«Me escribió una profesora de Tilcara para decirme que ya estaban trabajando el libro. Eso era algo impensado para nosotros, sabiendo lo necesario que es en las provincias del norte», dice Andrea sin ocultar la sorpresa que le genera la anécdota.

«Vos tenés una ley de identidad de género pero nadie te explica cómo abordar los cambios de género en la escuela, donde se tiene que respetar el nombre que le pibe eligió sin necesidad de haberse cambiado el documento», explica Andrea. Ella se encontró, también, aprendiendo y deconstruyendo ideas, creencias y formas tanto de su vida privada como de su rol como docente.  

El libro demuestra por sí solo el compromiso de les estudiantes ante el dedo acusador del aparato social e institucional que constantemente se encarga de resaltar la «incapacidad» de lograr un producto intelectual por su condición de jóvenes (ligada a la vaguedad y a la falta de sabiduría).

A esto, Andrea responde: «El compromiso de les pibes fue gigante desde la elección del tema hasta el proceso de trabajo. La producción del libro implicó juntarnos más horas en la escuela, los fines de semana y los feriados, con todo lo que eso implica para une adolescente. ¿Qué adolescente se queda cinco horas más en la escuela?».

«La escuela transforma y se transforma, y la tenemos que transformar dándole lugar a les pibes en función de sus necesidades. Hay que escuchar sus intereses e involucrarse con ello».

Eso fue lo que les pibes hicieron: tomaron el toro por las astas para demostrar que el cambio de paradigma viene de la mano de elles, que escriben libros, marchan en las calles y revolucionan la escuela.

Pueden encontrar el libro aquí.

#Pañuelazo dentro de las aulas

Los alumnos del Instituto Padre Márquez de Ranelagh, ubicado en Berazategui,  protestaron contra los carteles «provida» pegados en las paredes del colegio.

El lunes 26 de marzo, los alumnos del Instituto Padre Márquez de Ranelagh se encontraron con carteles que espetaban “Toda vida vale” desplegados en las paredes del gimnasio del colegio. Al cabo de una serie de averiguaciones, los alumnos de sexto año comprendieron que los directivos les habían pedido a los chicos de cuarto que los pegasen, quienes creían estar pegando carteles por el Día de la Memoria.

Luego de que los alumnos de sexto hablaran con los de cuarto y ellos comprendieran lo que les habían hecho hacer, los más chicos se negaron a seguir empapelando el colegio con mensajes en contra de la despenalización del aborto. El director de la institución continuó pegando los carteles al toparse con la negativa de los alumnos.

“Nos indignó ver los carteles porque en el colegio nos dijeron muchas veces que estaban orgullosos de que podamos expresarnos libremente y mostrar nuestros pensamientos. Ver eso no nos gustó, porque ninguno se sentía identificado”, nos comenta una de las chicas que fue partícipe.

Ante esta situación, dos alumnas de sexto año decidieron organizar una manifestación pacífica dentro del colegio el día miércoles 28 de marzo.

Los alumnos que quisieran portarían un distintivo con el característico color verde de la campaña de la legalización del aborto durante el primer recreo, para así mostrar su disconformidad con los carteles “provida” y para visibilizar el hecho de que no eran unos pocos los que pensaban así, sino que eran mayoría y estaban juntos.

“Me encargue de leer el reglamento del colegio para ver qué cosas podíamos hacer y qué cosas no, para que no nos amonestaran. La idea era mandar un mensaje de que estábamos en desacuerdo con los carteles y también apoyarnos entre nosotros para poder decir no a esas bajadas de línea sin sentir miedo a que nos retaran”, dice una de las líderes de la manifestación.

La movida se viralizó a través de Twitter, luego de que una exalumna de la institución publicara una foto.

“Se hizo correr la voz entre tercero, cuarto, quinto y sexto, ya que los de primero y segundo son más chicos. Como es probable que no sepan del tema, no queríamos hacerlos participar de algo que no entendían, porque además los directivos podían pensar que los estábamos presionando”, dijo Lucía Sastre, alumna que fue partícipe de la manifestación.

Los directivos se enteraron de la organización de esta protesta y el día martes pasaron por los distintos cursos a explicar que el pegado de carteles era una orden que bajaba del Obispado, y que, más allá de eso, autorizaban la manifestación del día siguiente. Incluso ofrecieron, a partir del mes de abril, abrir un espacio de debate para todos aquellos que quisieran hablar sobre el tema aborto.

“Eso es algo que nos molestó que no se haya dicho [en otros medios], porque a pesar de los carteles, los directivos aceptaron que nos hayamos negado a pegarlos y nos brindaron un espacio. Y eso es un logro siendo un colegio religioso”, nos cuenta Lucía.

Una vez más, las nuevas generaciones nos demuestran que hay que luchar todos juntos, ya que nunca nadie logró nada quedándose de brazos cruzados.