Un femicidio cada 27 horas

Dana Berenice, Josefina Cruceño, María José Gramajo, Sofía Micaela Catán, Priscila Arce, Débora Jesús de la Pasión Barros, Karen, Violeta Argentina Fernández, Marcela Amalia Maydana y Viviana Olga Sagastizabal son los nombres de las mujeres que sabemos asesinadas en lo que va del mes de abril. La situación se repite: una mujer es violentada por su pareja durante años, intenta dejarlo o denunciarlo, el Estado no la protege, el violento la mata. Después, la frase más utilizada por los femicidas: «Me mandé una cagada».

Los femicidios en Argentina no paran. En lo que va de 2021, una mujer fue asesinada en manos de su pareja o expareja cada 27 horas. Las medidas dispuestas por el gobierno y el trabajo de diferentes organizaciones no alcanzan, las mujeres en situación de violencia siguen quedando desamparadas después de denunciar.

Guadalupe estacionó su vehículo frente al destacamento de bomberos, fue al cajero automático para retirar dinero y, cuando regresaba al vehículo, la atacó y asesinó su ex quien la seguía con un cuchillo. Sofía, después de agonizar poco más de una semana, murió en una cama de terapia intensiva del Hospital Regional. Las lesiones internas que provocaron las quemaduras que sufrió en más del 50% de su cuerpo fueron demasiado para su corazón que no lo toleró y se detuvo.

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Priscila estaba en su habitación y le dijo a su mamá «Dame unos minutos y salgo». Cuando entró, ella ya no estaba y no volvieron a verla viva. Encontraron su cuerpo, tras varios días de búsqueda, en la cava de un basural de la ciudad santafesina de Marcelino Escalada. Ludmila fue a una previa con sus amigas. A las siete de la mañana del día siguiente avisó a sus xadres que iba de camino a su casa pero nunca llegó. Su cadáver fue hallado el domingo, semidesnudo y entre dos colchones, en la vivienda de Jerez, vecino del lugar donde había sido la fiesta; murió de asfixia por estrangulamiento.

No somos cifras, somos mujeres asesinadas

Según el Observatorio Lucia Pérez de violencia patriarcal, creado por el medio La Vaca, en lo que va de 2021 se cometieron 94 femicidios. Como consecuencia de estos crímenes, 71 niñes quedaron huérfanes. También se realizaron 139 movilizaciones exigiendo que paren de matarnos. Del mismo modo, entre marzo de 2020 y marzo de 2021 hubo 304 femicidios y travesticidios. Dentro de los datos del informe se destaca que:

  • 37 víctimas eran mayores de 60 años.
  • Hubo 260 tentativas de femicidios.
  • 320 niñes quedaron huérfanes.
  • 41 femicidas tenían denuncias previas.
  • Se realizaron 314 marchas en tiempos de aislamiento social obligatorio.
Femicidios mes por mes. Fuente: Observatorio Lucía Pérez.

En relación a los femicidios de este año, desde el Observatorio Mumalá advierten que el 25% de las víctimas había denunciado a su agresor, mientras que el 15% tenía orden de restricción de contacto o perimetral. Además, el 14% de los femicidas se suicidó mientras que el 8% lo intentó.

La policía no nos cuida

Uno de los informes de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) señala que en el año 2018 uno de cada cinco femicidios fue llevado a cabo por integrantes de las fuerzas de seguridad y con sus armas reglamentarias. En este sentido, CORREPI señala que los femicidios por agentes uniformados se convierten en la primera causa de muerte de mujeres y mujeres trans en manos del aparato represivo estatal.

El 1° de enero de 2021, Noelia Albornoz fue asesinada por su pareja Marcos Suasnada, miembro de la policía de La Rioja. Luego de dispararle con su arma reglamentaria, se suicidó. Al femicidio de Noelia, le siguió el de Úrsula Bahillo, quien había denunciado a su expareja en varias oportunidades. Matías Martínez, integrante de la policía bonaerense, la hostigó durante varios meses con violencia psíquica y física hasta que terminó con su vida.

Siguiendo el comportamiento de sus compañeros, el 15 de febrero, el policía retirado Carlos Medina asesinó a su expareja, Mirna Funes, en Formosa y luego se suicidó. También, Ivana Módica de 47 años fue asesinada por su pareja, Javier Galván, miembro de la Fuerza Aérea. Ivana fue intensamente buscada durante varios días, hasta que el femicida confesó el lugar en donde había dejado el cuerpo.

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El comportamiento abusivo de las fuerzas represivas no se limita a los momentos en los cuales están en servicio. Por el contrario, la mayoría de los policías lleva su arma reglamentaria aun fuera del horario laboral. Los datos brindados por el Observatorio Mumalá en relación al año 2021 detallan que el 17% de los femicidios fue cometido por personas de las fuerzas de seguridad y en el 38% de los femicidios cometidos por armas de fuego, se utilizó un arma reglamentaria.

La punta del iceberg

La violencia que sufren las mujeres es multidimensional. Sus peores manifestaciones, el femicidio, el transfemicidio y las violaciones, son solo la punta de un iceberg que incluye la violencia económica, obstétrica, política y patrimonial que se desprende de la discriminación laboral, los prejuicios de género, la agresión simbólica y la desigual distribución de tareas domésticas y de cuidado.

Fuente: Amnistía Internacional

Con apresar al femicida no alcanza. La ayuda a las víctimas tiene que llegar antes de que sean asesinadas, incluso antes de sufrir violencia. En esta perspectiva, un artículo publicado por CIPPEC propone un listado de políticas públicas que podrían ayudar a erradicar la violencia:

  1. Avanzar en la implementación de un sistema integral de cuidados: la expansión de la oferta pública de servicios de crianza, enseñanza y cuidado. Un sistema de licencias y políticas de conciliación universal.
  2. Transversalizar la perspectiva de género en los servicios públicos de empleo: atender a las necesidades específicas de las mujeres. Derribar estereotipos de género que contribuyen a la desigualdad.
  3. Implementar medidas que contribuyan a derribar paredes y techos de cristal: establecer metas de género en los programas de formación tradicionalmente masculinos.

Según la abogada Natalia Gherardi: «El femicidio es la expresión más extrema de la violencia, y la violencia contra las mujeres es la manifestación extrema de la discriminación». Una sociedad que sigue sosteniendo y permitiendo la desvalorización de las mujeres, la cosificación, la violencia simbólica y su consumo sexualizado en los medios de comunicación es una sociedad que sostiene y permite una estructura social patriarcal de sometimiento de un género.


Fuentes:

Imagen de portada: Juana Lo Duca


Femicida no se nace

«Me mandé una cagada», le dijo Matías Martínez a su tío después de asesinar a Úrsula Bahillo. Una «cagada», así como quien por torpeza comete un accidente, se le pasa la mano, no calcula. Así se delata la intención del macho de adoctrinar con golpes, palabras, manipulación y amenazas. Porque femicida no se nace, se hace.

¿Qué le dijo ese tío al otro lado del teléfono? ¿Cómo reaccionaron sus superiores cuando se enteraron de que Martínez tenía varias denuncias por violencia de género? ¿Qué hicieron sus colegas policías cuando la familia y les amigues de Úrsula fueron a pedir justicia a la comisaría de Rojas? ¿Cómo se sostiene la impunidad de un asesino?

En Argentina un varón mata a una mujer cada 22 horas. Sí, un varón es el que da el golpe final, pero muchos más son los que acompañan, cómplices, al violento en su camino para volverse un femicida. El tío, los amigos, los compañeros de trabajo que le dispararon en la cara a la amiga de Úrsula cuando fue a exigir justicia, los que se negaron a tomarle la denuncia, los que la desestimaron, no una, sino tres veces.

De los 44 femicidios registrados en lo que va del año, el 12% fue cometido por miembros de fuerzas de seguridad en actividad o retirados. La institución, la Justicia y el Estado permitieron que Martínez se convirtiera en un asesino. Es un sistema que les permite a todos los Martínez que andan sueltos violar perimetrales, amenazar y, finalmente, matar. 

Una Justicia feminista no es un discurso idealista sino una necesidad imperiosa si queremos que realmente sirva de algo denunciar, sin que esto genere exponer a la persona en situación de violencia. En un momento histórico que cuenta con un Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad y con feministas en el gobierno como nunca antes, es tiempo de tomar las decisiones que pueden significar un cambio de paradigma institucional.

Mi amigo es un violento

«Todas tenemos a una amiga violentada pero nadie a un amigo violento. Hay un pacto de silencio que los vuelve doblemente culpables», escribió Pupina Plomer en Twitter y en minutos se viralizó. No actúan solos, la violencia tiene cómplices: son los amigos, los compañeros de laburo, los familiares, los fiscales, los jueces; ahí donde el feminismo todavía no llegó. 

El pacto de machos está presente en todos los ámbitos de la vida, desde el fulbito del sábado a la tarde hasta las mesas de negociación donde son los señores los que toman las decisiones. Se cuidan las espaldas, descreen las denuncias, porque un mundo sin privilegios los asusta. Si cae uno, caen todos y la virilidad es una construcción social muy débil, que necesita reafirmarse por la negativa (soy hombre porque no soy mujer), por lo cual es en otros pares en donde se refugia.

Como nunca antes, aparecieron en redes consignas interpelando a varones, ya no invitándolos, como pacientemente hemos hecho cada vez que nos sentamos a explicar de qué nos quejamos o por qué es más importante la vida de una piba que un poco de pintura en la pared, sino cuestionando por qué aún no se involucran en una problemática que siempre los tuvo de protagonistas.

Porque son ellos los que causan terror, es de ellos de quienes nos cuidamos cuando salimos a la calle, nos subimos al taxi, vamos a una entrevista de trabajo, tenemos una cita o nos ponemos en pareja. Es a ellos a quienes denunciamos en las comisarías, de quienes nos defendemos en los juzgados, son ellos los que nos violan y matan.

Sin embargo, aún siguen siendo muy pocos los varones que se hacen cargo, que revisan sus conductas, les paran el carro a sus amigos, se animan a debatir, a romper pactos, a señalar actitudes machistas, propias y ajenas. A cuestionar amistades, maneras de relacionarse. Aún son muy pocos los que tienen los huevos para escapar de un mandato que los convierte en acosadores, abusadores y femicidas.

¿Dónde están los aliados?

Cuando se trata de ir a las marchas, colgarse el pañuelo verde, compartir fotos en redes sociales o felicitar a las compañeras y compañeres, no faltan aquellos varones «copados» que acompañan la lucha y sostienen las banderas. Pero cuando cuando la posibilidad de intervención se presenta son muchos los miedos que salen a flote: las represalias como las burlas, los comentarios, el castigo físico, la exclusión. El machismo del otro es lo que asusta, igual que a nosotras y a nosotres. 

La paciencia se agotó, ya no podemos perder tiempo en seguir explicando la urgencia de nuestro reclamo. Desde 2015, con el primer #NiUnaMenos, el grito es de hartazgo. Ya es momento que se hagan cargo de que el 98% de los femicidios ocurren en manos de varones, de los cuales el 76% fue cometido por parejas, exparejas o familiares y el 24% por hombres conocidos del círculo íntimo de la víctima.

Es momento de que salgan a la cancha, desde el lugar que les toca: a hacerse cargo, varones cis.


Fuentes: