Casa Barreda: de símbolo de violencia a centro de asistencia a mujeres

Artículo colaboración escrito por Sofía Fuentes


La ministra de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual bonaerense, Estela Díaz, confirmó que la casa en la que vivió el femicida Ricardo Barreda será entregada a la municipalidad de La Plata con el fin de crear un centro de asistencia y prevención de violencia de género.

El destino de la casa ubicada en 48 y 11 había quedado trabado tras disponerse su expropiación por ley provincial en 2013 para crear el centro de asistencia para víctimas de violencia de género. A fines del año pasado, la Justicia citó a la familia de las víctimas, que se presentó como heredera y afirmó estar de acuerdo con que el inmueble sea concedido para esos fines. «El caso Barreda fue un hecho emblemático para la ciudad y el país entero y siempre se planteó desde las organizaciones feministas que la casa se recupere para los derechos de las mujeres», explicó Díaz.

En diálogo con Radio Provincia, Díaz resaltó la complejidad de llevar a cabo el proyecto dada por el estado de abandono en el que se encuentra la casa, lo que implica una «inversión inmensa» para su reconstrucción. Aun así, la funcionaria destacó el compromiso por parte del gobierno de continuar resignificando espacios para la memoria, brindando herramientas para seguir avanzando en materia de derechos humanos.

«Cuando la memoria tiene una función de construir un recorrido y que nunca más ocurra algo así, hay una tarea que hay que hacer y poner decisión política y recursos para que se cumpla el objetivo político de la prevención y erradicación de la violencia».

Ministra Estela Díaz.

La apropiación y recuperación de sitios para la memoria por parte del gobierno es una práctica activa que se realiza desde 2002, con la sanción de la ley N° 26.691 de preservación y señalización de sitios de memoria, a partir de la cual en Argentina reforzamos el grito de Nunca Más a la violencia, tortura, y desaparición forzada de personas.

El caso Barreda se suma a la memoria colectiva como hecho que marcó un antes y un después para la historia argentina. Hoy, a 28 años del cuádruple femicidio en la ciudad de La Plata, nos preguntamos quién fue Ricardo Barreda y por qué es tan importante la toma de posesión de su antigua vivienda.

De odontólogo a femicida

Odontólogo platense, maestro mayor de obra y fanático del club Estudiantes de La Plata, la vida de Barreda acabó el día en que decidió ejecutar con una escopeta a todas las mujeres de su familia: su esposa Gladys McDonald (57 años), su suegra Elena Arreche (86 años) y sus dos hijas, Cecilia (26 años) y Adriana (24 años). El cuádruple femicidio cometido en 1992 se volvió tan mediático que el juicio oral dictado en 1995 fue televisado y cubierto por diarios y radios de todo el país.

Barreda durante el juicio.

El 15 de noviembre de 1992, el día del cuádruple femicidio, Barreda salió de su casa alrededor de las dos y media de la tarde hacia lo de su amiga, con quien había estado tomando mates la tarde anterior y la mañana del crimen. Luego, condujo hacia Punta Lara, donde arrojó la escopeta en el arroyo El Gato de la localidad balnearia del partido de Ensenada. Una vez que se deshizo de la escopeta y de los cartuchos, estos últimos descartados en una de las bocas de tormenta del camino, manejó hacia el cementerio de La Plata, al otro lado de la ciudad cerca de Los Hornos, para llevarles flores a sus padres y comentarles lo que había hecho. Después fue al zoológico, donde se sentó a mirar a los elefantes y alimentar a las jirafas. «Los animales me calman», diría en su declaración. Más tarde, se encontró con su amante Hilda Bono para ir a un hotel alojamiento, donde Barreda «tuvo sexo sin problemas», según destacó el psiquiatra ante lo que se llamó «lujuria homicida», la compulsión que tienen los asesinos después de matar de saciar la falta de adrenalina con sexo.

Antes de volver a su casa, el odontólogo y su amante fueron a comer a una pizzería, y a medianoche el hombre regresó a su casa, solo, donde aún lo esperaban los cuatro cadáveres.

En su declaración en el juicio, el femicida reconstruyó el recorrido que había hecho luego de la escena del crimen: desde su visita al zoológico hasta el encuentro con su amante en un hotel alojamiento. Pero la figura que más resaltó en su historia para psicólogos y peritos, menos para la justicia, fue la visita a su amiga Pirucha Guastavino, su amiga de la infancia y sostén emocional. «Supongo que he sido yo. Intuyo que las maté yo porque éramos cinco en la casa y de pronto me encontré con cuatro cadáveres».

Barreda afirmó en el juicio haber sentido «una sensación de alivio, de liberación» y que había hecho «justicia» al asesinar a las cuatro mujeres de su familia. En su versión, nunca acreditada en el juicio, justificó su accionar como un «arranque de furia» ante el supuesto maltrato y la humillación que recibía por parte de su familia. Decía que lo provocaban llamándolo despectivamente «Conchita», apodo que psiquiatras y amigas de las víctimas consideraban que las mujeres no utilizaban, sino más bien que era como él se refería a sí mismo. «Eran ellas o yo», había sido la frase que, según el psiquiatra y perito Maldonado, resonaba en la cabeza de Ricardo Barreda día y noche.

Después de 28 años entre escombros, la tierra y el moho en las paredes de la casona de 48 y 11 quedaron en pausa junto a los movimientos de la familia platense, símbolo de la violencia machista desencadenada aquel domingo por el femicida Ricardo Barreda. El proyecto de apropiación del espacio habilita la posibilidad de transformación y reconstrucción de los significados en ese sitio particular, haciéndolo visible en tanto soporte y vehículo de esa narrativa particular que marcó la historia pasada. Aquel espacio que por largos años representó una de las tantas caras del poder patriarcal, hoy se resignifica como ejemplo de la memoria colectiva para que los hechos no se repitan nunca más.


Fuentes:

  • Diario El Día (La Plata)
  • 0221 (La Plata)
  • Feminacida
  • Secretaria de Derechos Humanos – Sitios y Espacios de Memoria

Inglaterra: el 97% de las mujeres ha sufrido acoso sexual

Un estudio realizado por la ONU en Inglaterra reveló que el 97% de mujeres entre 18 y 24 años de edad ha sufrido acoso sexual en espacios públicos. El 96% de ellas no denunciaron la situación porque no creen que se pueda hacer justicia. El caso de Sarah Everard que conmociona a Gran Bretaña es tan solo la punta de un enorme iceberg.

El estudio se llevo a cabo a través de la recolección de testimonios e historias de más de 1000 mujeres y niñas de Inglaterra. Con el objetivo de generar conciencia sobre la realidad en el país, ahora buscan que les polítiques legislen a favor de las mujeres y su seguridad.

La ONU define al acoso sexual como una práctica violenta contra las mujeres que puede tomar varias formas: violación, otras formas de abuso sexual, toma y circulación de imágenes sexuales sin consentimiento y piropos o silbidos. Los datos son abrumadores: tan solo el 3% de mujeres entre 18 y 24 años dijeron que no habían sufrido ninguna de las distintas formas.

Londres es la ciudad con las tasas más altas de acoso de Gran Bretaña y los espacios públicos son donde más se llevan a cabo; lugares como los medios de transporte, las veredas y los bares son donde esta realidad afecta más a las británicas.

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Lo que narra el estudio se vio ilustrado por el caso de Sarah Everard, de 33 años, que fue asesinada a principios del mes pasado. Luego de visitar a una amiga, a las 21 h salió de regreso a su casa a la que nunca llegó. Unos días después fue hallada muerta en un bosque en Kent. La investigación tiene como principal sospechoso a un policía que la habría secuestrado y luego asesinado.

Desde que se dio a conocer el caso de Sarah, miles de mujeres se manifestaron tanto por redes sociales como en movilizaciones reclamando por justicia y acción política. Una oleada de ira se apoderó de las calles de Inglaterra: los colectivos y las mujeres están cansadas de esta realidad y buscan obtener justicia por Sarah y por todas las que han sufrido algo similar.

Traducción del cartel: «Vivimos con miedo. No todas sobreviven. La policía no nos cuida». Fuente: Shutterstock.

¿Y la justicia?

Los sistemas encargados de reducir la violencia y el acoso no están funcionando. Los dos motivos principales por los cuales las victimas no realizan denuncias contra sus acosadores son porque no creen que haya sido lo suficientemente grave como para reportarlo o porque no creen que hacerlo sirva de algo. Las encuestadas también declararon que no sienten que hacer la denuncia evite que estas situaciones sigan ocurriendo.

Cuando llega la hora de denunciar, otro estudio realizado por la Universidad de Washington reveló que la policía y la justicia suelen creerle más a las mujeres «convencionalmente atractivas» y que actúan de manera más «femenina» cuando reciben sus denuncias. Esto crea una gran división entre las experiencias de las mujeres que presentan sus denuncias, ya que algunas son tomadas como más validas que las de otras.

Cuando se percibe el acoso, también se establece una conexión con la idea de feminidad, pero esta forma en que entendemos a la feminidad se define de una manera muy rígida y estereotipada. Entonces, para cualquiera que se salga de esta definición, es difícil establecer la conexión con el acoso.

De esa manera, no solo se ve afectado el derecho de las mujeres de sentirse a salvo en los espacios públicos sino que además el de recibir justicia cuando esos derechos son violados. La ONU entiende que para solucionar esto se debe buscar la manera de que los sistemas judicial y penitenciario brinden confianza al público, además de que el proceso sea tomado con seriedad por parte de las autoridades brindando seguimiento y atención a las afectadas.

El problema va más allá de Inglaterra. Esto sucede en todo el mundo: casi 9 de 10 mujeres no se sienten seguras en espacios públicos y cada 10 minutos una adolescente muere como resultado de violencia machista.

Un primer paso

Tan solo diez días después de la publicación de este estudio que pasmó a gran parte de la población, el gobierno de Inglaterra realizó un cambio en la legislación que sirve como primer paso para garantizar justicia: la misoginia es considerada un crimen de odio.

Se espera que este cambio en la ley colabore con las víctimas en los procesos judiciales. El año pasado tan solo una de cada 70 denuncias de violación resultó en condena. Esta claro que queda un enorme y arduo camino por delante pero este parece ser un buen primer paso.


Fuentes:


«Macho lindo»: la construcción de la violencia en la música

El 8 de enero se cumplió un nuevo aniversario de la muerte del femicida y boxeador Carlos Monzón. Con la intención de recordarlo salió a la luz una canción que Los Palmeras grabaron hace ya varios años, lo que generó repudió por parte de quienes luchan por los derechos de las mujeres. La canción «Macho lindo» instala un debate acerca de nuestro consumo cultural y la costumbre de venerar violentos.

«Macho lindo, corazón de valor, fuerza y guapeza,

que tuviste la grandeza de consagrarte campeón,

glorioso fue tu destino, valiente Carlos Monzón […]

Mi humilde canto no alcanza a rendirte el homenaje

que la ley de tu coraje merece toda alabanza».

Canción «Macho lindo» de Los Palmeras.

Esta milonga fue reversionada por Los Palmeras hace más de veinte años y está dedicada al boxeador muerto en 1995 en un accidente de tránsito, cuando volvía de una de las salidas transitorias de la cárcel donde cumplía condena por matar a Alicia Muñiz, crimen cometido el 14 de febrero de 1988. Si bien tuvo denuncias por violencia por parte de todas sus parejas, los medios de comunicación hablaron del hecho como una historia menor y nunca dejaron de llamarlo campeón.

En un contexto en el que una mujer muere cada 22 horas en manos de un violento, la organización Ni Una Menos de Santa Fe repudió tanto la canción como los homenajes a Monzón. Marcos Camino, líder del grupo musical, brindó una entrevista en la que aseguró que la canción fue grabada hace mucho tiempo y que la letra del tema no es autoría de Los Palmeras. Del mismo modo, sostuvo que «los temas que fueron grabados y se encuentran en la web, son de la gente; si reaparecen en tiempos como estos, no somos responsables».

Grupo musical Los Palmeras.

¿Qué escuchamos y repetimos sin analizar? ¿De qué hablan las canciones con las que bailamos o pasamos diferentes momentos de nuestras vidas? La canción de Los Palmeras es solo un ejemplo de como la cultura y, por lo tanto, la música reflejan el pensamiento que fue validado hasta hace unos años y una parte de la sociedad intenta dejar atrás. Se trata de una cultura patriarcal que crea y ampara violentos.

La cultura machista de siempre

«Si te agarro con otro te mato,

te doy una paliza y después me escapo.

Dicen que yo soy violento

pero no te olvides que yo no soy lento,

dicen que yo soy celoso

pero no te olvides que yo fui tramposo.

Dicen que soy absorbente

porque siempre quiero tenerte presente,

dicen que soy aburrido

pero cuando quiero lo que quiero es mío».

«Si te agarro con otro te mato», de Cacho Castaña.

Muchas veces se hace referencia a que algunas canciones estaban «permitidas» porque pertenecen a otra época, pero esa no es una justificación real. El machismo está presente tanto en los tangos que cantaban nuestros abuelos como en las canciones de reggaetón que se bailan en la actualidad. Algunas con frases más violentas y otras con alusiones que pasan casi desapercibidas, pero todas refuerzan los roles de género que perpetúan el patriarcado: amor romántico, belleza hegemónica, mujeres libres consideradas «putas» o peligrosas y varones fuertes que tienen el derecho de hacer con ellas lo que deseen.

Un ejemplo es el cantautor Ricardo Arjona, quien durante varios años fue considerado un romántico que cantaba para las mujeres, pero es otro personaje que perpetua estereotipos y violencias en cada una de sus letras. Podría hacerse referencia a la canción «Ladrón» que dice: «Soy el ladrón que robó tus muñecas, te quitó las calcetas y te hizo mujer […]», o dentro de las más populares: «Tu reputación son las primeras seis letras de esa palabra, llevarte a la cama era más fácil que respirar […]».

Fuente: Colectivas Deseantes

Otra cuestión presente es la construcción de relaciones sexoafectivas tóxicas y violentas. «Por eso ahora tendré que obsequiarte un par de balazos pa’ que te duela», entonaba Café Tacvba, quienes se vieron obligados a dejar de cantar el tema por el repudio que generaba. Los medios de comunicación, el arte y la cultura contienen formas de representación, maneras de narrar y significaciones sociales que nos presentan una única visión del mundo. En gran parte de las canciones se muestran, al menos, dos mitos patriarcales: el de la belleza hegemónica y el del amor romántico.

Estamos acostumbrades a vivir en una sociedad donde el maltrato, los estereotipos, el bullying y los abusos son moneda corriente; mediante los productos culturales que consumimos naturalizamos situaciones que marcan las formas de relacionarnos con los demás. Por eso debemos destacar que el mito del amor romántico que todo lo puede y todo lo perdona es frecuente en las letras de los artistas más populares y esta no es la excepción.

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En el último tiempo, diferentes músiques han generado espacios donde se pueden crear canciones sin necesidad de denigrar a las mujeres ni fomentar la imagen de varones como machos violentos. No se trata de la cancelación: cada quien puede bailar o cantar la canción que más le guste. Pero es necesario revisar qué modelos y estereotipos genera la música dentro de nuestra cultura y cómo influyen en nuestra vida social.



El femicida Fabián Tablado otra vez detenido

Fabián Tablado, asesino de Carolina Aló, fue otra vez detenido luego de violar la perimetral que le prohíbe acercarse a menos de 500 metros a la familia de la víctima. Tras obtener el beneficio de 2×1 y ser liberado en febrero de este año, el femicida no solo tenía prohibido acercarse a los familiares de Carolina sino también a su exesposa e hijas, quienes lo habrían denunciado por violencia y amenazas.

Tablado fue captado por las cámaras de seguridad mientras caminaba con sus hijas a una cuadra y media del trabajo de Edgardo Aló. El padre de la joven asesinada habría realizado la denuncia en noviembre pero los hechos corresponderían al 19 de octubre. El fiscal Sebastián Fitipaldi pidió la detención por el delito de desobediencia y fue detenido recién el miércoles pasado.

Tablado tiene una tobillera de monitoreo electrónico con la que el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) lo controla por otra perimetral, que le fue impuesta por la misma jueza de familia para que no se acerque a menos de 300 metros de su exmujer, Susana Villarejo -con quien se casó en la cárcel en 2007, luego se separó y amenazó de muerte-, ni a sus hijas. En los videos de las cámaras de seguridad se lo puede ver con sus hijas, por lo que no solo violó una perimetral sino también la que la jueza le había impuesto.

En la puerta de la Fiscalía de Violencia de Género de Tigre donde Tablado iba a ser indagado, su madre María Esther Gallardo afirmó ante la prensa que su hijo no hizo nada malo, que cometió una «infracción» y que solo «llevó a sus hijas a tomar un helado». Por este motivo, Gallardo señaló: «No se merece lo que le está pasando, ni él ni sus hijas, se ve que el señor Aló le tiene miedo, no sé de qué le tiene miedo».

No olvidemos a carolina

El 27 de mayo de 1996, Fabián Tablado, de 20 años de edad, asesinó a Carolina Aló (17 años) de 113 puñaladas en la casa de la familia del femicida. Por lo que se pudo reconstruir, luego de tener relaciones sexuales y «discutir por celos», el agresor persiguió por toda la vivienda a quien entonces era su novia, con diferentes cuchillos.

Tablado escapó, le confesó lo sucedido a un amigo y se fue a esconder debajo del puente de la calle Tedín, en Tigre, a unas 20 cuadras del lugar del crimen y seis de la escuela a la que ambos asistían y de la cual ese día se habían retirado antes para verse. Unas horas más tarde, la policía lo detuvo en su escondite.

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Como entonces no existía el concepto de femicidio, en 1998 fue condenado a 24 años de prisión por homicidio simple. En 2013 sumó una segunda condena por amenazar a su exmujer y su exsuegra y se le unificó en una pena de 26 años y seis meses que concluía a fines de 2022. Por su buena conducta y por la realización de cursos dentro del programa de estímulo educativo obtuvo el beneficio de la derogada «ley del 2×1», lo que redujo la condena que se dio por concluida el 28 de febrero de este año, cuando abandonó la Unidad 21 de Campana y se fue a vivir a la casa de Tigre donde hace 24 años cometió el femicidio de Carolina.

Padre de Carolina reclama justicia.

Si bien en los últimos años se ha trabajado mucho para visibilizar las distintas problemáticas de género y frenar la violencia machista, venimos de una sociedad en la cual si matás a tu novia de 113 puñaladas sos condenado por homicidio simple y si dentro de la cárcel amenazas a tu exmujer te benefician por buen comportamiento.

matar en nombre del «amor»

No solo las leyes suelen estar del lado de los femicidas: en los años noventa, el caso tuvo una gran cobertura mediática donde se hizo mención a los celos, el exceso de amor y la vida sexual de la joven. Los medios de comunicación hablaban de crimen pasional, del noviazgo que tenían y la popularidad del caso no estuvo relacionada a que un hombre asesinara a su novia sino a los detalles macabros del crimen.

Luego de varios años de lucha por parte de los familiares de la víctima, el 27 de mayo de 2013 se decretó el Día de la Prevención de la Violencia en el Noviazgo, a través de la ley 4.547, en homenaje a Carolina Aló. Pero, si bien pasaron más de 20 años y hoy palabras como femicidio, machismo y violencia de género son mencionadas dentro de la sociedad, las mujeres siguen siendo asesinadas por sus parejas y exparejas.

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En el marco del Día Internacional de la Eliminación de las Violencias contra las Mujeres, desde el Observatorio de las Violencias de Género «Ahora Que Sí Nos Ven» dieron a conocer las cifras de femicidios en Argentina entre el 1 de enero y el 20 de noviembre del año 2020, elaboradas a partir del análisis de medios gráficos y digitales de todo el país. Las cifras, lejos de disminuir, muestran que 265 femicidios se cometieron entre el 1 de enero y el 20 de noviembre, lo que es igual a 1 femicidio cada 29 horas.

Algunos datos destacados:

  • Ocurrieron 184 femicidios durante los períodos de ASPO y DISPO entre el 20 de marzo y el 20 de noviembre.
  • El 63,8% de los femicidios fueron cometidos por las parejas o exparejas de las víctimas.
  • El 64,5% de los femicidios ocurrieron en la vivienda de la víctima.
  • 61 víctimas habían realizado una denuncia o tenían medidas judiciales de protección.
  • Al menos 230 niñes perdieron a sus madres como consecuencia de la violencia machista en 2020.

Según los datos registrados, el hogar de las mujeres continúa siendo el lugar más inseguro, ya que el 64,5% de los femicidios ocurrieron en la vivienda de la víctima. Este dato cobra mayor relevancia en el contexto de aislamiento social, preventivo y obligatorio, dado que las víctimas se encuentran más expuestas al estar aisladas con su agresor. Del mismo modo, se puede observar que las mujeres no están seguras dentro de su propio entorno dado que los femicidas pertenecen a su círculo cercano: en más del 60% de los casos la víctima había tenido un vínculo sexoafectivo con su agresor.

Además, desde el Observatorio aseguran que «todo femicidio es político, es un disciplinamiento que mujeres y diversidades sufrimos producto de la desigualdad estructural de nuestra sociedad y las relaciones de poder que siempre configuran en un rol de superioridad a los hombres y de inferioridad a mujeres y personas LGBTIQ+».

Dado que la Justicia y el Estado no logran prevenir las relaciones violentas que terminan en el peor de los casos en femicidios, la educación sexual integral y los grupos de contención de mujeres sirven para visibilizar y combatir la violencia machista. Cuando la Justicia no alcanza, las familias, amigas y grupos feministas se vuelven esenciales para apoyar a las mujeres en situación de violencia. Si tu pareja te cela, te prohíbe ir a determinados lugares, te aísla de tu círculo íntimo, te grita, insulta o amenaza también es violencia y es importante que sepas que no estás sola.

Si sufrís violencia de género podes comunicarte de manera gratuita con la línea 144 los 365 días del año.


Fuentes:

Imagen de portada: Perfil



Los femicidios no tienen cuarentena

Ludmila tenía 14 años de edad y había desaparecido el sábado a la noche cuando salió con amigues. Su cuerpo fue encontrado sin vida el domingo. Estaba semidesnudo dentro de una bolsa entre dos colchones, en una casa ubicada a cinco cuadras de la suya, en el barrio Villa Escobar de Francisco Álvarez, en Moreno, provincia de Buenos Aires.

El crimen ocurrió entre las 6 de la mañana y las 12 del mediodía del domingo. Quienes asistieron a la fiesta dijeron ver a Ludmila salir de la casa cerca de las 7 de la mañana pero minutos más tarde volvió a entrar. Durante la manifestación pidiendo justicia, vecines dijeron que cerca de esa hora escucharon gritos que partían desde el interior de la casa.

Si bien el feminismo se afianza como el camino para lograr que la sociedad se construya sobre pilares más igualitarios y menos violentos, vencer al patriarcado es un compromiso de todes. La voz de la joven al grito de «Me quiero ir» fue escuchada por les vecines, pero creyeron que se trataba de una «pelea normal» y no hicieron nada.

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La hipótesis de les investigadores es que intentaron abusar de ella, se resistió y la asesinaron. Hasta el momento, se aguardan los resultados con una ampliación del informe forense. El cuerpo fue hallado en la casa gracias a la intervención de un tío de la víctima, que es policía y utilizó una aplicación para lograr la geolocalización de su celular, que seguía señalando su presencia en la casa del principal sospechoso.

La causa quedó en manos de la UFI N° 4 del departamento judicial de Moreno y General Rodríguez a cargo del Dr. Federico Soñora. Según sus familiares, la joven les escribió que se había tomado un remis y que estaba regresando a su casa. Pero nunca llegó. Su teléfono celular estuvo conectado hasta las 8 de la mañana y luego se apagó.

Ludmila no fue la única víctima. El Observatorio «Lucía Pérez» de Violencia Patriarcal registró, entre el viernes 4 y el viernes 11 de septiembre, siete femicidios en cinco provincias del país: cuatro ocurrieron el mismo día, tres de ellas estuvieron desaparecidas y dos eran menores. El medio La Vaca al cual pertenece el informe expresó que «no son cifras. Reconstruimos sus historias para exigir al Estado que haga aquello que está obligado: políticas públicas efectivas para prevenir, erradicar y sancionar la violencia machista».

el femicida estuvo en la comisaría

El principal sospechoso es Cristian Adrián Jerez de 19 años de edad, quien alquilaba la casa donde se halló a Ludmila. Jerez se presentó el domingo en la comisaría y dijo que debía ir a buscar su DNI pero escapó. El padre de la victima aseguró que vio cómo el sospechoso declaraba, al igual que otros jóvenes, para aportar datos que ayudaran a la búsqueda.

El joven, quien permaneció prófugo más de 30 horas, fue detenido durante un rastrillaje realizado en un descampado de la misma localidad luego de que les investigadores detectaran actividad de su teléfono y un testigo alertara al 911 sobre su presencia en las inmediaciones. Tras su detención, se negó a declarar y quedó imputado por el delito de homicidio agravado por mediar violencia de género.

El mal accionar de la policía generó la indignación de amigues y familiares de Ludmila, quienes se manifestaron frente a la comisaría: algunes tiraron piedras al edificio y quedaron demorades. La localidad de Moreno se encuentra en la mira: el pasado 15 de abril la policía también dio con el cuerpo de Camila Aldana Tarocco, una joven de 26 años, enterrado en un descampado de un predio deportivo sindical en la zona.

Ni caso ni aislado

Los femicidios no son casos aislados producidos por «enfermos», sino que forman parte de la consecuencia más cruel de una sociedad machista y patriarcal que somete a mujeres y disidencias. Los femicidas son personas que conviven, trabajan, se mueven y socializan con normalidad dentro de la comunidad.

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La semana pasada se dieron a conocer los datos del Observatorio Nacional Mumalá: «Mujeres, Disidencias, Derechos». El registro recopila datos publicados en medios de comunicación entre el 1 de enero y el 30 de agosto de este año. Según el informe, se cometieron 181 femicidios, lo que equivale a 1 cada 32 horas. Además, hubo 167 intentos de femicidios y 193 niñes quedaron sin madre.

Observatorio Nacional Mumalá.

El contexto actual de pandemia pone en peligro a las mujeres en situación de violencia dado que, del total de femicidios, 118 se realizaron durante el aislamiento social obligatorio: el 41% de los agresores fueron la pareja y el 22% la expareja; en relación al lugar donde se perpetró el femicidio, el 36% fue en la casa de la víctima y el 32% en la vivienda compartida con el agresor.

Observatorio Nacional Mumalá.

En el país de los Encuentros Plurinacionales de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales y No Binaries, el feminismo organizado por el #NiUnaMenos y el aborto legal y las organizaciones de derechos humanos, siguen matando mujeres. Seguimos siendo violadas, asesinadas y tiradas como si fuésemos basura. ¿Qué hacemos mal como sociedad? Necesitamos urgente políticas públicas que pongan freno y fin a la violencia machista.


Fuentes:


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Las omisiones que le hacen mal a la Argentina

El pasado viernes, la noticia principal fue la cantidad de personas abarrotadas en las puertas de los bancos. La escena le cayó mal al presidente Alberto Fernández que se desayunaba, programas televisivos mediante, que sus funcionarios no habían coordinado con Anses y el Banco Central. Se pidieron renuncias de funcionarios. En Tucumán, en tanto, la policía no accionaba frente a un posible femicidio que se consumaría ese mismo día. Las omisiones le hacen mal a la Argentina. Sigue leyendo Las omisiones que le hacen mal a la Argentina

#Reseña Laëtitia o el fin de los hombres

Artículo colaboración por Marisol Andrés


Laëtitia Perrais desapareció el 18 de enero de 2011. Semanas después se encontró su cuerpo: había sido violada y descuartizada. Laëtitia se convirtió en el caso que paralizó Francia. Conmoción mediática, marchas blancas, oportunismo político del entonces presidente Nicolás Sarkozy y huelga de magistrados. En medio del caos, el historiador y sociólogo Ivan Jablonka busca reconstruir una vida vulnerada desde su primera infancia. Sigue leyendo #Reseña Laëtitia o el fin de los hombres

Femicidios: un hecho social

En el país del #NiUnaMenos, los Encuentros Plurinacionales de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales y No Binaries, el feminismo organizado, la paridad de género y la «Marea Verde», siguen matando mujeres. ¿Qué hacemos mal como sociedad? 
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