#Reseña Laëtitia o el fin de los hombres

Artículo colaboración por Marisol Andrés


Laëtitia Perrais desapareció el 18 de enero de 2011. Semanas después se encontró su cuerpo: había sido violada y descuartizada. Laëtitia se convirtió en el caso que paralizó Francia. Conmoción mediática, marchas blancas, oportunismo político del entonces presidente Nicolás Sarkozy y huelga de magistrados. En medio del caos, el historiador y sociólogo Ivan Jablonka busca reconstruir una vida vulnerada desde su primera infancia. Sigue leyendo #Reseña Laëtitia o el fin de los hombres

Se respiran las cenizas de Notre Dame

Esta semana, París fue protagonista de un hecho que algunos podrían considerar apocalíptico: la Catedral de Notre Dame, uno de los edificios más importantes y turísticos del país, ardió en llamas frente a una multitud de franceses y sus plegarias. El humo del incendio cruzó el charco –con un poco de ayuda de la paloma tuitera– y todos los medios nacionales estuvieron pendientes de este fenómeno.

En vísperas de Semana Santa, se vieron movilizados tanto aquellos que tuvieron la oportunidad de recorrer sus recovecos como los que sólo la conocen por foto. Si bien no hay forma de negar el valor arquitectónico, histórico y cultural detrás de esos vitrales con más de 800 años de historia, lo cierto es que este hecho ha demostrado que, en pleno siglo XXI, cuando el debate por la separación de la Iglesia y el Estado se puso sobre la mesa y cada vez hay más pañuelos naranjas colgando de las mochilas, la religión y el catolicismo continúan siendo grandes íconos en nuestro país.

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Desde que comenzaron a circular las primeras imágenes se generó la división de aguas en redes sociales: ¿realmente es tan trascendental para la vida cotidiana esto que sucede a miles de kilómetros? Más tarde, cuando empezaron a anunciarse las enormes sumas de dinero que ofrecerían algunos empresarios y particulares (que hasta ahora acumulan un total €800 millones), la pregunta fue ¿vale la pena invertir tanto dinero en un monumento de la humanidad en lugar de realizar algo de verdad útil por ella?

Más allá de los sentimientos encontrados, como bien explicó Héctor Borrat en su libro El periódico, actor del sistema político, las producciones periodísticas tienen el poder de excluir, incluir y jerarquizar hechos, fuentes, ideas, tendencias, etc. Resulta que no hubo medio que pasara por alto lo sucedido en Notre Dame. Clarín y La Nación le dedicaron la primera plana en sus ediciones impresas, mientras que en la web la cantidad de notas con curiosidades, historias y fotografías se multiplicaban.

Como contrapunto, al mismo tiempo que ocurría el incendio en Notre Dame, otro fuego consumía uno de los salones de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, considerada la tercera locación más importante para el Islam. Aunque sus daños fueron mucho menores en comparación con la Catedral, la noticia no tuvo ni la mitad de minutos al aire. No tuvo su lugar en la primera página. De hecho, los titulares indicaban que «Una mezquita se incendió al mismo tiempo que Notre Dame».

Es irrebatible que la Edad Media quedó atrás y el debate avanzó hacia una sociedad que tal vez ya no sea tan devota de la Iglesia como en épocas de la Inquisición. Pero, aun así, uno de los principales diarios de nuestro país tomó la decisión de titular «Se incendió la identidad de Occidente». ¿Cuánto valor le otorgamos a ciertas ideas hegemónicas frente a sus dominadas?

Simone Veil: un ícono de la dignidad humana

Abogada y política francesa, logró que se promulgase la ley conocida como “Loi Veil” mediante la cual se despenalizó el aborto en Francia, nada más y nada menos que en 1975. Fue la primera mujer presidenta del Parlamento Europeo y más adelante fue impulsada a formar parte del Consejo Constitucional de Francia. ¡Bravo, Veil!

Nació en 1927. De padres judíos, Simone y su familia fueron deportados a los campos de concentración de Auschwitz en 1944. Solo sus hermanas y ella pudieron contar la historia. Antes de los horrores del Holocausto ya había comenzado a estudiar derecho y ciencias políticas, como si su lugar en el mundo fuese incuestionable.

Creía en la «banalidad del mal»: tras haber comprendido que el ser humano puede emanar bondad y maldad en iguales proporciones, según de las circunstancias, coincidió con la ideología de la filósofa Hannah Arendt.

Entre 1974 y 1979 fue ministra de Salud, Seguridad Social y Familia. Durante su mandato, consiguió la aprobación de las leyes para el acceso a los anticonceptivos (1974) y la legalización del aborto (1975). ¡Voilà! Desde cierto punto del globo, Simone hizo de este mundo un lugar un poco más justo.

Como toda mujer de acción, ha sido (y sigue siendo) criticada por la Iglesia Católica y el judaísmo, hasta el extremo de haberla asemejado al mismo Hitler al comparar los crímenes de lesa humanidad cometidos con el pedido de un derecho social que debía estar en la agenda de la salud pública. El mismo debate que sucede en la Argentina, con algunos años de demora…

En Francia, la interrupción voluntaria del embarazo puede llevarse a cabo a petición de la mujer; la semana número 12 de gestación es la fecha límite para ser realizada, por los riesgos que conlleva. Por otra parte, existe la interrupción médica del embarazo, que no tiene límites en cuanto al tiempo y puede ser practicado siempre que existieran malformaciones del feto o peligro de muerte para la mujer embarazada.

Simone logró que la modificación de la legislación incluyera no sólo el derecho a abortar, sino también la contención integral a cada mujer en centros de salud maternoinfantil. En cada centro, se encuentren los medios necesarios para poder ayudar e informar a las mujeres que soliciten un aborto. Desde 2013 a esta parte, se suma el carácter de gratuidad de la intervención.

La interpretación del discurso de presentación del proyecto podría hacernos creer que la intención principal fue convencer a las mujeres de que el aborto no es la mejor solución posible, que el Estado puede otorgar contención económica si ese fuera el problema, o incluso proponer la adopción como opción.

Sin embargo, no hay que olvidar el contexto en que Veil afrontó el proyecto, y que, en realidad, el análisis discursivo nos remite a su verdadero sentir, que es reconocer que en definitiva «la decisión última sólo puede ser tomada por la mujer».

¿Cuál era el panorama anterior a los derechos sexuales y reproductivos?

La pena de muerte.

Entre los antecedentes a la Ley Veil, podemos destacar dos acciones concretas:

En 1971, se publicó el “Manifiesto de las 343”, firmado por mujeres de la vida pública que declararon haber abortado alguna vez, como la filósofa Simone de Beauvoir y la actriz Catherine Deneuve, entre otras mujeres. Luego, en 1973, se publica el manifiesto de los 331 médicos que declararon haber practicado abortos. Eran aires parisinos de cambio.

Dentro del texto integral de la Ley Veil podemos notar que ningún actor social estará involucrado en un aborto si no lo desea: ni el médico, ni la partera ni ningún asistente está obligadx a proceder con una solicitud de interrupción del embarazo ni a practicarla, pero debe informarle su parecer a la persona interesada, para que ella pueda acceder a otrx profesional.

“Para algunos, las cosas son simples: si existe una ley represiva, sólo hay que aplicarla”, sostuvo con decisión Simone Veil durante su discurso en 1974, mediante el cual presentaba de manera oficial el proyecto de despenalización ante una Asamblea Nacional casi exclusivamente masculina.

Mujer de fuertes convicciones y pura valentía. El mundo es un poco más justo cuando por él transitan personas de la talla de Simone Veil, mujer que ha resignificado hasta los horrores del Holocausto para ofrecer dignidad humana allí donde pareciera que todo estaba perdido.

 


Fuentes:

Texte intégral de la loi Veil de 1975

Discurso del 26 de noviembre de 1974 en la Asamblea Nacional francesa

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