Hay que actuar ya: ¿qué dice el nuevo informe del IPCC?

El reporte muestra la información más relevante en materia de cambio climático. Destacó la necesidad urgente de una disminución fuerte y continuada de las emisiones de gases de efecto invernadero, sobre todo de dióxido de carbono.

El cambio climático es irrefutable y la responsabilidad humana sobre él también. Eso concluyó el nuevo informe AR6 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Se trata del reporte correspondiente al Grupo de Trabajo I del IPCC que se ocupa de las bases físicas del cambio climático y el sistema climático. El mismo se presentó el lunes 9 de agosto y advirtió (otra vez) sobre los efectos de esta problemática y la necesidad urgente de actuar.

Fuente: IPCC

El reporte explica que los efectos del cambio climático ya se han hecho presentes y no hay región del planeta que se encuentre a salvo. Como vemos en la imagen, la concentración de dióxido de carbono (CO2) es la más alta en, al menos, 2 millones de años. El aumento del nivel del mar sucede en un ritmo más rápido del que se ha visto en 3 mil años. El área de hielo marino en el Ártico se encuentra en su nivel más bajo en al menos mil años y el retroceso de los glaciares que hoy vemos no tiene precedentes en al menos 2 mil años.

Los eventos climáticos extremos, como las fuertes precipitaciones en Alemania, los incendios masivos en Grecia y la letal ola de calor en Canadá, solo van a intensificarse a medida que pase el tiempo. 

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La influencia humana está 100% relacionada con esto: les más de 230 científiques de 66 países que participaron del escrito pudieron comprobar que la alteración climática provocada por los seres humanos se ha agravado de tal manera que «la temperatura global continuará incrementándose hasta la mitad del siglo XXI» y que sobrepasaremos el objetivo del Acuerdo de París de contener ese recalentamiento en 1,5ºC o 2°C este siglo «a menos que se hagan profundas reducciones en la emisión de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero (GEI) en las próximas décadas». 

No todo está perdido

Por otro lado, el reporte del IPCC explica que algunos efectos del cambio climático son irreversibles. Ciertas consecuencias del calentamiento del planeta, como el aumento del nivel del mar, ya son permanentes y estarán con nosotres durante cientos de años. Sin embargo, el Grupo de Trabajo I hace hincapié que con acciones inmediatas, en pos de reducir la emisión de CO2 y otros GEI, otros efectos, como las olas de calor, las precipitaciones torrenciales y las sequías, pueden suavizarse y no resultar tan extremos.

Esto hace que la necesidad de actuar sea urgente. Rodrigo Rodriguez Tornquist, secretario de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, afirmó: «Tenemos una oportunidad pero es muy pequeña, yo creo que estamos hablando de meses para ponernos de acuerdo de aquí a Glasgow para poder lograr medios de implementación para poder llevar adelante los compromisos que asumimos los países y pocos años para llevarlos a la práctica».

Pero, ¿qué beneficios tiene mantenerse dentro de los 1,5°C, como estipula el Acuerdo de París? Según el World Resources Institute, con un aumento de 2°C, la cantidad de personas expuestas a olas de calor severas afecta hasta casi el 37% de la población, frente al 14% en un escenario de 1,5°C. Además, el impacto sobre los ecosistemas también aumenta a casi el doble: el daño a los ecosistemas y el permafrost y el rendimiento de los cultivos empeora. Esto pone en riesgo la seguridad hídrica y alimentaria. Y lo que es más, ciertos ecosistemas son muy frágiles frente a los aumentos en la temperatura porque no se pueden adaptar rápidamente a cambios tan bruscos, por ejemplo, los arrecifes de coral, que junto con otros ecosistemas marinos, contribuyen al 80% del oxígeno que respiramos.

Otra cuestión a tener en cuenta es lo que explica la científica climática argentina Inés Camilloni: «El cambio climático es un proceso. No es que un día de un año particular va a significar el cambio irreversible. Cuando se habla del objetivo necesario de estabilizar el aumento de la temperatura en 1,5°C, no significa alcanzar la cifra en un año en particular, sino en un promedio de 30 años continuados». Es decir, es necesario mantener la temperatura por debajo de 1,5°C por 30 años o hasta 2100 para evitar las consecuencias más graves del cambio climático. 

Efectos en América Latina

¿Qué sucederá en esta región del planeta? El reporte AR6 detalla los eventos climáticos extremos que afectarán a Sudamérica, fruto del cambio climático. Afirma que la ocurrencia de estos acontecimientos será cada vez más frecuente y que se sufrirán más sequías y olas de calor. También advierte por la suba de la temperatura media en la zona de los Andes centrales y la Patagonia.

Otro de los efectos es el aumento del nivel del mar. Durante las últimas tres décadas, en el Atlántico Sur y el Atlántico norte subtropical el nivel del mar ha aumentado a un ritmo más alto. Es «extremadamente probable» que el aumento relativo del nivel del mar siga aumentando en los océanos alrededor de América Latina y Centroamérica, contribuyendo a la inundación de las costas

Fuente: IPCC

A su vez, el informe propone 5 escenarios posibles a futuro. El primer escenario es el más positivo, solo aquí se cumple el objetivo del Acuerdo de París. El segundo considera que la temperatura media sobrepasará los 1,5°C (mapa del medio). Sin embargo, para mantenernos en estos valores se requiere acción inmediata. Y una novedad: ya no es suficiente con lograr la neutralidad de carbono, sino que también se necesita la captura de CO2 para evitar el calentamiento por encima de los 2°C.

Esto se logrará con la acción conjunta de la tecnología y la reforestación con especies autóctonas. Así, se vuelve una prioridad detener la deforestación de la Amazonia y del Gran Chaco de manera urgente. El resto de los escenarios proyecta un aumento de las temperaturas mucho mayor, llegando en el escenario 5 a sobrepasar los 4°C, con consecuencias catastróficas (mapa inferior).

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La publicación de este escrito se da en un momento clave: a pocos meses de la Conferencia de las Partes N°26 (COP26) en Glasgow, Escocia. Esta reunión entre los países miembro de las Naciones Unidas (ONU) debe ser el momento en que las naciones transformen sus palabras en acciones concretas, urgentes y ambiciosas. No podemos darnos el lujo de esperar otro año a una nueva COP. Debemos poner en marcha políticas públicas que apunten a reducir las emisiones de GEI hasta llegar a la neutralidad de carbono y, así, emprender el camino por la senda de un calentamiento de 1,5°C.

Los contundentes datos del reporte evidencian que cada medida que contribuya a disminuir la emisión de CO2 importa. Si logramos limitar el calentamiento por debajo de 1,5°C, aún sentiremos los efectos del cambio climático pero serán mucho menos graves que si no hacemos nada. Cada grado menos cuenta y cada acción más vale la pena. 


Fuentes:


Lo que faltaba: se incendió el océano

A principios de este mes, el día 2 de julio, las imágenes impactantes de un «ojo de fuego» enorme en el medio del mar recorrieron el mundo. ¿Por qué sucedió? ¿Qué consecuencias tiene para el ambiente?

El incendio fue provocado por una fuga de gas en un ducto submarino de Petróleos Mexicanos (Pemex), ubicado en aguas del Estado de Campeche, en el Golfo de México. Además, según la empresa, el fuego se inició debido a las fuertes descargas eléctricas, producto de una tormenta que ocurría en la zona al momento de la fuga de gas. En resumen, mala suerte. Pero, ¿solo podemos culpar a la mala suerte? 

Las llamas fueron apagadas por operadores de la empresa petrolera después de 5 horas. Desde Pemex comunicaron que «no existió derrame de crudo» y que las acciones para controlar el fuego «evitaron daño ambiental». Sin embargo, no pueden asegurarlo ya que no se realizó ninguna investigación posterior para evaluar los daños al ecosistema.

Sumado a esto, la petrolera afirmó que pudo controlar las llamas gracias a que «utilizó nitrógeno» sobre el oleoducto. Esta sustancia «es el peor contaminante del mundo que afecta a los océanos», explica el Instituto Ocean River, porque causa la proliferación de algas nocivas, el enriquecimiento excesivo en nutrientes del ecosistema acuático y la aparición de zonas muertas del océano por hipoxia. En conjunto, hace que la vida marina sea más vulnerable a las enfermedades, que se reduzca la biodiversidad, que se degraden los ecosistemas oceánicos.

Por otro lado, el nitrógeno en las floraciones de algas también produce óxido nitroso (N20), un gas de efecto invernadero (GEI) mucho más potente que el dióxido de carbono. Todos estos efectos contribuyen al calentamiento global, ya que se degradan aún más los océanos al aumentar la acidez del agua a medida que los océanos absorben cada vez más carbono.

Son plataformas como la del Golfo de México las que se quieren poner en el mar argentino. El aumento en la explotación de petróleo que pretende el gobierno de Alberto Fernández no solo dañará el ecosistema marino, sino que también va en contra de la meta de reducción de la emisión de GEI con la que se comprometió Argentina en la última Contribución Nacional Determinada (NDC). Aún estamos a tiempo de evitar otra catástrofe similar en nuestro país.

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El incendio en el Golfo de México demuestra la falacia de la seguridad que intentan instalar las petroleras. Estos mal llamados «accidentes» se repiten varias veces en el año: hay reportes de fugas de gas en líneas de Pemex ocurridas en agosto y septiembre de 2019 y en febrero y abril de 2021. Y estos son solo los que han sido informados al público.

En este caso, el video del «ojo de fuego» fue compartido en Twitter, Instagram y Facebook por millones de personas. Esto hizo que la empresa Pemex tuviera que dar explicaciones. Sin embargo, si nadie hubiera grabado ese video o nadie hubiera sacado una foto, ¿tendríamos hoy conocimiento de esta catástrofe?

El incendio puede haber tenido consecuencias terribles para el ecosistema marino. Tal vez no veremos las evidencias de este ecocidio hasta dentro de algunos años. Para Greenpeace se considera ecocidio porque es un «acto ilícito o arbitrario perpetrado a sabiendas de que existen grandes probabilidades de que cause daños graves, extensos o duraderos al medio ambiente». Lo cierto es que la vida marina no preocupa a las petroleras, solo interesan las ganancias.

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Las empresas que explotan los combustibles fósiles operan con impunidad en todo el mundo. El caso de Pemex, además, es particular porque el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, apoya fuertemente la explotación del petróleo y busca basar la economía del país en el autoabastecimiento de combustibles. La protección del presidente de México para con Pemex es tal que ha propuesto hacerse cargo de la deuda millonaria que tiene a la empresa en bancarrota desde hace años, según France 24.

Pero el aval a la explotación petrolera debe terminar. Greenpeace México denunció que el complejo Ku-Maloob-Zaap, donde ocurrió el incendio, representa «el 40% de los 1,68 millones de barriles diarios de crudo que produce Pemex». Desde la organización ambiental calculan que esas instalaciones emiten 158.390 toneladas de CO2 a la atmósfera por día. En este sentido, resulta vital que la petrolera disminuya sus emisiones de GEI si se quiere cumplir con el Acuerdo de París

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Pemex ocupa el tercer lugar entre las empresas petroleras con mayor riesgo ambiental del planeta, según el análisis del Think Tank México Evalúa. Además, como lo evidencian las múltiples fugas y rupturas de líneas, tiene infraestructura muy vieja cuya operación ha bajado significativamente el rendimiento y ha aumentado el riesgo para el planeta. Esto se agrava cuando consideramos que esta empresa se encuentra en el puesto 9 de 20 en cantidad de emisiones de metano y dióxido de carbono. Asimismo, la explotación de petróleo hace que México sea el quinto país a nivel mundial con más emisiones de dióxido de azufre, un gas altamente tóxico que tiene severos impactos a la salud. 

Es evidente, entonces, que esta actividad extractiva solo acelera el calentamiento global y, mientras dejamos morir a los océanos, no nos damos cuenta que los necesitamos para nuestra propia supervivencia como especie. Lo ocurrido es otro ejemplo de la necesidad urgente que tiene la humanidad de dejar de financiar la explotación de combustibles fósiles y transicione a energías renovables y sostenibles.


Fuentes:


La importancia de la Cumbre Climática 2021

El pasado jueves 22 y viernes 23 de abril se llevó a cabo la Cumbre Climática 2021, convocada por Joe Biden, presidente de Estados Unidos. Esta reunió a más de 40 líderes de todo el mundo para tratar la problemática urgente del cambio climático.

Fue un encuentro necesario e importante y funcionó como antesala de la Conferencia de las Partes (COP) N° 26 que se hará en noviembre de este año en Glasgow, Escocia. El gran objetivo mundial es que la temperatura media de la Tierra no supere los 2 °C (siendo la meta para 2050 no superar el 1,5 °C) con respecto a las temperaturas preindustriales. Si bien hubieron varias propuestas para mejorar la acción climática global, ¿son estos nuevos compromisos suficientes para frenar el cambio climático?

Metas más ambiciosas

La novedad de la cumbre fue que contó con la participación de los principales países emisores de gases de efecto invernadero (GEI): China, Estados Unidos, Brasil y países de la Unión Europea. Además, muchos de ellos propusieron objetivos de acción climática más ambiciosos que los que habían presentado en años anteriores. Por ejemplo, Reino Unido se comprometió a reducir sus emisiones en un 78% para 2035 comparado con los niveles de 1990, mientras que Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, prometió bajarlas en un 45% para 2030; otro gobierno presente fue el de India que, si bien no hizo promesas sobre el carbono, se comprometió a instalar energías renovables en su país.

Una intervención esperada y necesaria fue la del presidente Jair Bolsonaro, quien se comprometió a erradicar la deforestación ilegal en Brasil para 2030 y lograr la neutralidad de carbono para 2050. Lo cierto es que estas promesas sorprenden, ya que desde que asumió el poder, la deforestación del Amazonas se aceleró, así como la desfinanciación de los órganos ambientales que luchan contra estas problemáticas. Por su parte, Biden prometió que su país reducirá las emisiones en más de un 50% para fines de esta década y China afirmó que va a lograr la neutralidad de carbono para 2060.

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Los 5 principales emisores de GEI son China, Estados Unidos, la Unión Europea, la India y Rusia. Brasil es el país más contaminante de América Latina, ocupando el 7mo lugar. Argentina está en el puesto 19.

¿Qué pasó con Argentina? 

Alberto Fernández abrió su discurso con la frase: «Debemos tomar conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biósfera». Luego anunció nuevos compromisos: «Elevamos nuestra contribución determinada nacional un 27,7% con respecto a la de 2016, que son dos puntos adicionales porcentuales a la ya presentada en 2020». ¿Qué quiere decir esto? 

Primero, las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) son los compromisos asumidos por los países que forman parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y que deben llevar a cabo para intensificar sus acciones contra el cambio climático, ya sea para reducir las emisiones de GEI o para adaptarse a los impactos producidos por ese fenómeno. Las contribuciones de cada país son establecidas en función de sus circunstancias nacionales y sus respectivas capacidades. El conjunto de las NDC presentadas por cada país debería contribuir con el cumplimiento del objetivo del Acuerdo de París

La NDC de 2016 afirmó que la Argentina se comprometió a no exceder la emisión neta de 483 millones de toneladas de dióxido de carbono (MtCO2) para 2030. La NDC publicada el año pasado proponía una reducción más ambiciosa: no exceder la emisión de 359 MtCO2. Ahora, según las palabras de Fernández, nuestro país se compromete a reducir aun más esa cantidad, a unas 349 MtCO2.

Sin embargo, la NDC que incluirá los detalles de cómo se logrará no ha sido publicada aún, sino que se hará camino a la COP26. El presidente argentino también anunció que se adoptarán «medidas profundas para erradicar la deforestación ilegal, tipificándola como un delito ambiental» y que se enviará un nuevo proyecto de ley de presupuestos mínimos de protección ambiental de los bosques nativos al Congreso. Además, llamó a sus colegas de América Latina y el Caribe para coordinar medidas regionales y solidarias.

«Estos son pasos consistentes con la meta de 1,5 °C y con la neutralidad de carbono hacia el 2050».

Alberto Fernández, presidente de Argentina, en el marco de la Cumbre Climática 2021.

Según les expertes, las metas más urgentes que debemos plantear a nivel nacional son las relacionadas con frenar la deforestación, cambiar las prácticas agrícolas y ganaderas para que sean sostenibles y promover una transición energética hacia energías y transporte más sustentables. Esto no puede hacerse sin políticas públicas efectivas y financiación suficiente. 

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¿Por qué limitar el calentamiento a 1,5 °C?

Si bien todas estas metas de los distintos Estados constituyen una mejora, todavía no son suficientes para alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de 1,5 °C, que es el que indican les científiques que nos va a permitir alcanzar un escenario con efectos menos dramáticos para la humanidad. De todos modos, sientan un precedente optimista de cara a la reunión de noviembre en Escocia.

Limitar el calentamiento a 1,5 °C no es imposible pero va a requerir transiciones sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad. Los próximos 10 años son críticos. Las emisiones globales netas de CO2 causadas por el ser humano tendrían que reducirse en un 45% con respecto a los niveles de 2010 para 2030, llegando a «cero neto» alrededor de 2050. Hay claros beneficios en limitar el calentamiento a 1,5 °C en comparación con 2 °C: 420 millones de personas menos expuestas a olas de calor severas, supervivencia de algunos arrecifes de coral tropicales, pérdida de menos especies de plantas y animales y protección de bosques y humedales.

Sin embargo, esta limitación debe ser continuada en el tiempo, ya que solo con alcanzarla no basta. Para que los efectos catastróficos no se hagan presentes debemos mantener la temperatura media por debajo de 1,5 °C. Por ello, la mayoría de los objetivos apuntan a 2030. Esto no significa que las consecuencias surgirán de un día para otro y estaremos condenades. El cambio climático es un proceso. De hecho, ya está causando problemas en todo el mundo. El objetivo planteado en el Acuerdo de París es evitar que estos sean irreversibles

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Las consecuencias del cambio climático ya están acá: sequías, migraciones, desplazamientos, hambrunas, guerras, destrucción de ecosistemas. Pero los impactos tienden a recaer de manera desproporcionada en les más vulnerables y vulnerades, así como en les menos responsables del problema. El cambio climático amenaza a la seguridad de los países y de las personas. Este es el momento para hacerle frente.

«Mientras el mundo se centra en la recuperación del COVID-19, usemos la oportunidad para volver a encarrilarnos para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible y reducir la amenaza del cambio climático. Hago un llamado a todos, gobiernos, sociedad civil y empresas hasta a los ciudadanos individuales, a trabajar para que el 2021 cuente».

Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas.

Fuentes:


Día Mundial del Medio Ambiente

El Día Mundial del Medio Ambiente se conmemora el 5 de junio por iniciativa de la ONU desde 1974 para poder reflexionar y sensibilizar a la población sobre las cuestiones ambientales, el cuidado de la naturaleza y la preservación de la biodiversidad. Justamente, este año el tema es la biodiversidad como motivo de preocupación tanto urgente como existencial debido a eventos recientes, como los incendios forestales sin precedentes en Brasil, California y Australia, la invasión de langostas en el Cuerno de África y la pandemia de COVID-19.

En esta oportunidad queremos, en principio, retomar los puntos más importantes del cambio climático que estamos viviendo para poder brindarles información y así entender qué acciones debemos tomar y qué medidas reclamar como políticas públicas que protejan a nuestro territorio de los efectos del cambio climático. Por eso también se esbozarán algunas cuestiones ambientales relacionadas en nuestro país y por último les dejaremos recomendaciones para poder tener una conexión más amigable y sustentable con el medio ambiente.

El cambio climático es causado por los gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por acciones humanas. Estos perduran en la atmósfera por muchos años (de 15 a más de 100). No se emiten homogéneamente sobre el planeta pero después de uno o dos años se esparcen y se mezclan totalmente en la atmósfera y así sus concentraciones se hacen geográficamente casi homogéneas.

Las emisiones de gases de efecto invernadero resultantes de actividades humanas han sido la principal causa del rápido calentamiento del planeta durante los últimos 150 años. El cambio climático no solo afecta a la temperatura global sino, que, como consecuencia de ello, impacta también en las otras variables climáticas: las lluvias, los vientos y el nivel del mar.

¿Cuáles son los principales GEI?

El vapor de agua H2O, el dióxido de carbono CO2, el metano CH4 y el óxido nitroso N2O.

Las emisiones de dióxido de carbono, originadas en la combustión de fósiles, crecieron exponencialmente desde el comienzo del período industrial. A estas se le suman las causadas por la deforestación, por eso este gas es el más peligroso en cuanto su acumulación y la cantidad de años que dura en el planeta.

¿Cuánto duran las alteraciones de cada GEI?

Metano: entre 15 y 20 años.

Dióxido de carbono: entre 100 y 150 años

Óxido nitroso: 100 años.

Otros gases artificiales: entre 40 a varios miles de años (por suerte, estos son de muy baja emisión, pero existen).

¿Cuáles son las principales actividades emisoras de GEI?

Dióxido de carbono: quema de combustible fósil, petróleo, gas y carbón. La deforestación.

Metano y óxido nitroso: se originan principalmente en el sector agrícola ganadero. Las mayores emisiones de metano se originan en la fermentación entérica de los rumiantes, es decir, a través del estiércol y los desechos de los animales que se crían como ganado de manera extensiva para la industria. En la agricultura se emite óxido nitroso en los procesos de fertilización.

Metano: se emiten en la descomposición de basura domiciliaria o industrial.


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¿Qué hay que tener en cuenta de todo esto?

El efecto acumulativo. Aun cuando hoy las emisiones de estos gases se redujeran a 0, la atmósfera continuaría con concentraciones superiores a las del periodo preindustrial: son necesarios siglos para que vuelvan a los valores previos.

Es decir, en este momento, nosotres estamos viviendo las consecuencias del cambio climático relacionadas a las emisiones pasadas y aun así continuamos emitiendo gases, que, según les especialistas, van a impactar gravemente en el clima de la segunda mitad del siglo si es que no se actúa antes.

De esto se desprenden las responsabilidades de los países emisores de GEI que, en el caso de los desarrollados, son muchas más emisiones por habitante que en los que están en vías de desarrollo. No solo tienen una gran responsabilidad por las emisiones presentes sino por las pasadas y, por eso, son los mayores responsables de los cambios climáticos ya observados y que estamos observando, así como de sus impactos.

Al mismo tiempo estos impactos se sienten más en los países en vías de desarrollo, ya que poseen una debilidad institucional y una falta de recursos humanos y materiales que los hacen más vulnerables a las consecuencias del cambio climático.

¿Qué pasa en Argentina?

La expansión de la frontera agropecuaria con siembra directa, nuevos agroquímicos y especies transgénicas elevaron los rendimientos de la producción en nuestro país. Pero esto significó que esta frontera atravesara la selva misionera, las zonas de yungas de las sierras de Orán y Tucumán, el pastizal y monte pampeanos semiáridos y la región chaqueña. Si bien esta expansión trajo grandes beneficios económicos a corto plazo, las consecuencias ambientales son críticas por el avance sobre los ecosistemas naturales a los cuales están deteriorando. La deforestación del bosque nativo es el aspecto de la expansión agropecuaria con mayores impactos ambientales y es la región chaqueña el lugar donde este proceso es más intenso.

Por otra parte, en épocas de aislamiento social a causa del COVID-19, en nuestro país aumentó la generación de energía renovable debido a que en este momento es más barata que las que están generadas a base de combustibles fósiles. Hay que tener en cuenta que vivimos en un país donde prima la producción de energías no renovables, que cuentan con subsidios y el apoyo por parte de los gobiernos, aún cuando la opciones como la energía eólica y solar signifiquen una oportunidad más justa a nivel humano y climático.

Lo que nos lleva a preguntar: ¿habrá un cambio respecto al uso y la producción de energía en Argentina una vez que pase el aislamiento obligatorio?

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¿Qué podemos hacer?

Seguir informándonos.

• Reclamar políticas públicas y acción por parte de los gobiernos para que preserven los ecosistemas autóctonos y tomen medidas que reduzcan el impacto ambiental.

• Reducir el consumo de animales como alimentos. Elegir apoyar emprendedores locales que producen de manera agroecológica como la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) como una opción tanto saludable con las personas como con el ambiente.

• Animarse a crear la propia huerta incluso si vivís en un departamento, hay maneras, siempre se puede investigar sobre la agricultura urbana y la horticultura vertical o la hidroponía.

• Plantar árboles (parece algo cliché pero es realmente muy importante en estos momentos críticos que estamos viviendo).

• Reflexionar sobre nuestra movilidad. Es importante pensar varias veces antes de hacer un viaje innecesario, principalmente en avión. También es sano aprovechar algunas cuadras para caminarlas, correrlas, andar en bici, en skate, en longboard o la manera más entretenida que encuentres, no sólo como un juego, sino como un habito de movilidad que llega para quedarse en tu vida.

• Reducir el consumo de plásticos y reemplazar determinados productos por otros que sean reutilizables y sustentables: el uso de los productos de higiene menstrual reutilizables (copas menstruales, toallitas y protectores de tela, entre otros) además mejora la salud de la persona ya que evita infecciones provocadas por lo químicos que tienen los productos descartables.

• Reducir la cantidad de basura que se destinan a los basurales: compostar es una buena estrategia para esto y hay muchas maneras de hacerlo tanto si vivís en un departamento como en una casa, cada una se puede ajustar a tu ambiente y necesidades. La clave es reducir lo que podamos.

• Charlar sobre este tema con nuestres seres querides y con las personas que nos rodean, cambiar nuestros hábitos alimentarios y cotidianos: el mundo no es descartable.

Recomendaciones:

Literarias:
  • «Más luz por favor» de Connie Isla.
  • «Cambiemos el mundo» de Greta Thunberg.
  • «Malcomidos» y «Mala Leche» de Soledad Barruti.
  • «La Argentina y el cambio climático» de Inés Camiloni y Vicente Barros.
Audiovisuales en Netflix:
  • Nuestro planeta
  • A plastic ocean
  • Cowspiracy: el secreto de la sostenibilidad
  • Rotten

Fuentes:

  • Barros, Vicente y Camilloni, Inés (2016) «La Argentina y el cambio climático: de la física a la política». En Eudeba: Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
  • RedAccion.com.ar
  • ONU