Agrotóxicos y OGM: el impacto sobre la salud

Desde hace algunos años, América Latina y Estados Unidos encabezan la lista de consumo mundial de agrotóxicos empleados principalmente en cultivos transgénicos (donde se utilizan los OGM) como la soja o el algodón. El Estado líder mundial es Brasil, superando incluso al imperio del norte. Argentina no se queda atrás y le sigue a estos dos gigantes del mal ejemplo. En nuestro país se utilizan más de 100 plaguicidas prohibidos en otras partes del mundo y además somos los «campeones» y líderes mundiales en el consumo de glifosato administrado en los campos.

«Es un país de aventuras vegetales el mío; lo más importante que pasa le pasa a la semilla, sucede sordo y a ciegas, sucede en ese barro primordial del que vendríamos y al que vamos seguro: se hincha de humedad la semilla en la negrura, esquiva cuises y vizcachas, se rompe en tallo, en hoja verde, atraviesa la entraña, emerge todavía munida de sus dos cotiledones hasta que logra extraer la fuerza suficiente del sol y del agua como para dejarlos caer y ahí aparece la vaca y se la come a la hierbita esa que le nació al suelo y se reproduce, la vaca, y se multiplica lenta y segura en generaciones de animales que van a parar, casi todos, al degüello y cae la sangre al suelo de las semillas y los huesos le construyen un esqueleto de delicias para caranchos y lombrices y la carne viaja en los barcos frigoríficos hasta Inglaterra, otra vena, una cruenta y helada, de esa trama que va de todas partes al centro, al corazón voraz del imperio».

«Las aventuras de la China Iron», Gabriela Cabezón Cámara.

Abordar esta catástrofe es urgente. Para eso, es necesario comprender cómo el modelo de consumo actual se traduce en el daño irreversible de la salud de la población toda, no solo de aquelles que se encuentran cerca de las zonas fumigadas sino también de quienes se alimentan con productos rellenos de enfermedad y muerte.

La explotación exhaustiva del medioambiente, el desposeimiento de los campesinos, la pobreza, la enfermedad, la degradación ecológica, son parte de una de las caras de la moneda. En la contraparte se encuentran el modelo de producción actual, la explotación de las tierras, el agronegocio, el poder y la ignorancia. Para plantear esta problemática nos contactamos con quienes levantan bandera, intervienen, enseñan, comunican y curan.

En la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario existe el Instituto de Salud Socioambiental a cargo del Dr. Damián Verzeñassi. Este instituto se encarga del ciclo de Practica Final cuyo examen, que otorga el título de médico, consiste de la participación de les estudiantes en Campamentos Sanitarios haciendo relevamientos en pueblos de la provincia de Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y Provincia de Buenos Aires.

En una entrevista con Escritura Feminista, Salud Socioambiental nos cuenta cómo es el trabajo de intervención en un área muy afectada del país en cuanto a lo que agrotóxicos y organismos genéticamente modificados (OGM) refiere y cuál es la tarea de este equipo médico comprometido que lucha codo a codo por la salud medioambiental.

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¿Qué son los Campamentos Sanitarios?

Los Campamentos Sanitarios surgieron como una evaluación final de la carrera de Medicina de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR en el año 2010. Con este tipo de intervenciones se buscaba otorgar otra impronta a les graduades de la facultad. El programa apunta a generar prácticas que fortalezcan los derechos humanos de las comunidades en el marco de la construcción colectiva de la salud, entendiendo que los saberes y las prácticas que constituyen y hacen asequible el derecho humano a la salud deben ser producto de la participación de todes sus actores (sujetes, comunidades, instituciones y organizaciones sociales).

Los campamentos tienen un rol fundamental en la identificación, selección y evaluación de las prioridades de las acciones a desarrollar en cada zona y del análisis de sus resultados. De esta manera se evita la generación de conocimientos fragmentados y las intervenciones verticalistas y unilaterales.

Desde el ciclo de Practica Final de la Carrera de Medicina y el Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Medicas de la UNR consideran que se debe garantizar que todes les ciudadanes que pasen por el programa tengan oportunidad de vivir la experiencia de practicar y reflexionar en el quehacer de su elección, de modo que se pueda ejercer responsablemente la profesión, no solo con un saber técnico-reflexivo sino también con conciencia social, ética y ecológica.

Los campamentos: intervención, acción y decisión

Los campamentos sanitarios tienen una duración de cinco días en donde les estudiantes próximos a la graduación se encargan de diversas actividades vinculadas con el compromiso político y social para con las distintas comunidades donde estén trabajando. Generalmente se realizan en la provincia de Santa Fe, aunque también se han llevado a cabo en localidades de la provincia de Entre Ríos, Córdoba y Buenos Aires.

Estos trabajos se han realizado en la región pampeana, donde la producción principal es el monocultivo de soja. En base a esto, es importante destacar que las problemáticas sociales y de salud que se encuentran en estas zonas corresponden principalmente a este tipo de producción. Para la convocatoria de la población de la zona se realiza una actividad de barrido de población del orden censal y las entrevistas se realizan casa por casa a todes les habitantes de la zona. El porcentaje de relevamiento suele ser superior al 65%.

Una de las actividades que se realizan en los primeros dos días de las intervenciones es el relevamiento epidemiológico para la construcción del perfil de morbimortalidad (la mortalidad es el número de defunciones en una población y un tiempo determinado; la morbilidad se refiere al conjunto de enfermedades mortales que han afectado a una cantidad de personas en un tiempo y lugar determinado). En el tercer día del campamento se realiza el control de la salud de les niñes en edad escolar también para la construcción del perfil de morbilidad en esta población.

Durante el cuarto día se desarrolla una tarea de capacitaciones mediante talleres que promueven la salud, la seguridad y la prevención de enfermedades. En el ultimo día se lleva a cabo la presentación del informe preliminar, convocando a vecines de la localidad, autoridades locales y estudiantes a cargo del Campamento Sanitario. De esta manera se asegura la difusión comunitaria de la situación actual de la localidad, evidenciando los problemas comunes y las particularidades de la zona.

Fragmento del documental «Viaje a los pueblos fumigados» en donde Salud Socioambiental presenta los Campamentos Sanitarios y explica cómo se llevan a cabo

Análisis de datos: ¿En qué condiciones se encuentran les habitantes de los pueblos fumigados?

Mediante el análisis de los perfiles de morbimortalidad de los pueblos expuestos a las fumigaciones se pudo evaluar la percepción de contaminación de los propios habitantes en referencia al campo y las fumigaciones. Muchas veces es muy difícil establecer una relación lineal entre la enfermedad de les habitantes y la exposición por el escaso registro de las comunidades pero se ha podido observar una gran cantidad de enfermedades oncológicas en algunas comunidades, patología que causa la muerte de les habitantes.

También se han detectado patologías relacionadas con trastornos cardiovasculares en relación a una elevada parte de la población que presenta problemas de obesidad, sobrepeso y malnutrición. Además se encontraron enfermedades que se relacionan con los disruptores endocrinos (sustancia química ajena al cuerpo humano o animal que altera el equilibrio hormonal de la especie, generando una interrupción en los procesos fisiológicos controlados por las hormonas), como el hipotiroidismo, así como una cantidad notable de abortos espontáneos.

¿Por qué Argentina no prohíbe el uso de OGM y agrotóxicos?

La evidencia científica es inmensa y avala el daño a la salud en la población, principalmente de las poblaciones expuestas a las fumigaciones pero también de manera indirecta de quienes se alimentan de productos fumigados. Los ejemplos de prohibición en otras partes del mundo también son suficientes. Entonces, si la evidencia y los ejemplos son claros, ¿por qué los gobiernos argentinos adoptan una estrategia de pasividad frente a esta problemática? Desde la visión de Salud Socioambiental, lo que necesita Argentina es una decisión política que restablezca las políticas agrarias y la distribución de las tierras a les campesines y habitantes de la zona.

Para profundizar la no decisión de los Estados, los pooles de siembra y las multinacionales (con los gobiernos de testigo) priorizan el negocio y la economía por sobre la salud de la población. Pero en este tema ya no se puede hacer la vista gorda: la reducción —y eliminación— de agrotóxicos debe ser una política pública como ya se está desarrollando en otros países, con una transición a la agroecología donde la soberanía de los pueblos pueda respetarse, así como también sus formas de producción y su hábitat.  

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¿Y qué pasa con el ganado?

El aumento de la superficie cultivable con soja (manipulada genéticamente y expuesta a agrotóxicos) derivó en un faltante de pasto para los animales de pastura, haciendo que el alimento de estos sea reemplazado en su mayoría con granos de maíz y sorgo y con silajes de planta entera de ambas especies. Esto es lo que conocemos hoy en día como «feedlots», que hace referencia a los grandes corrales típicos del campo estadounidense donde se potencia la producción de manera rápida y efectiva, engordando a los animales con alimentos balanceados a base de maíz, soja y suplementos especiales.

Basándonos en este modelo exhaustivo de producción de cárnicos, de animales engordados con alimentos de dudosa procedencia y cuyo único propósito es la obtención de más kilogramos de carne, es importante preguntarnos: ¿qué tan saludable puede ser un animal —que luego se utilizará para consumo humano— que se engorda en un hábitat fumigado, cuya agua no es segura y que se encuentra hacinado?

En base a esto, nuestres entrevistades aseguran que el consumo del ganado que se alimenta de este tipo de alimentos puede afectar la salud humana, incluso mas allá del enorme impacto medioambiental y animal que representa. Además, la gran cantidad de antibióticos que los animales reciben para poder estar confinados en áreas reducidas en muy perjudicial, ya que se administran en pequeñas dosis que se impregnan en el animal, las aguas y los suelos.


Fuentes:


OGM: ¿armas de guerra?

«La lucha de la Humanidad contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido».

Milan Kundera

En el mundo de hoy, pensar en la erradicación del hambre es un objetivo utópico. Las grandes desigualdades sociales, la concentración del poder y la riqueza, las transnacionales extractivistas y avasallantes y la producción desmedida son algunos de los pilares en los que se sostiene el modelo de sociedad de consumo actual.

A raíz de esto, los últimos datos publicados por la OMS nos dicen que más de 800 millones de personas en el mundo padecen hambre y que este número está en constante aumento. Si bien la tecnología puede responder a muchos interrogantes, no puede por sí sola resolver el problema del hambre, ya que no se trata de disponibilidad de alimentos sino de distribución de tierras, de distribución de riqueza.

La producción de alimentos actual es suficiente para alimentar a toda la humanidad y, pese a ser el derecho a la alimentación un derecho humano, una buena parte de la población no posee los recursos económicos para comprarlos. ¿Habrá algo más injusto y que perpetúe más la desigualdad social que esto?

Para resolver los problemas del hambre arribó la tecnología transgénica de la mano de Monsanto pero, a más de 20 años de la introducción de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) en la agricultura, el hambre no solo no ha cesado sino que ha ido en un aumento sostenido. Este argumento no solo ha sido una falacia sino que también ha sido causa de la destrucción de ecosistemas naturales en pos de convertir en mercancía a los alimentos y de concentrar el rédito de los mismos en manos de unos pocos.

Monsanto es líder mundial en ingeniería genética de semillas y en la producción de herbicidas. El glifosato es el más conocido, patentado como «Roundup». Pero Monsanto es mucho más que eso: esta empresa construye su imperio de riquezas incalculables sobre la tierra destruida, la expulsión de las poblaciones rurales, el envenenamiento y la muerte.

Para ponernos en contexto: ¿Qué son los OGM?

Los OGM son bacterias, hongos, plantas o animales cuya información genética (ADN) ha sido manipulada y modificada mediante técnicas de ingeniería genética. La modificación genética se realiza con el objetivo de que estos organismos produzcan proteínas de interés industrial o con el propósito de modificar o incorporar determinados rasgos como, por ejemplo, la resistencia a plagas, la calidad nutricional, la tolerancia a heladas o a herbicidas, entre otros.

Aplicación de glifosato

Partiendo de la base de que los OGM pueden ser diversos y aplicables a una gran cantidad de industrias y productos, evaluemos en particular el caso de la soja. Entonces imaginemos, por un lado, la planta de soja (sin manipular o silvestre, como la Pacha la trajo al mundo) y, por el otro lado, el glifosato (o Roundup para les «amigues» de Monsanto). 

El glifosato es un potente herbicida de amplio espectro desarrollado para la eliminación de hierbas y arbustos que se aplica muy fácilmente sobre las hojas de la planta. Hoy en día es el herbicida más utilizado de todo el mundo. La consigna era que fuese aplicado de manera cuidadosa, sobre aquellas «malezas» o plantas indeseables que crecían en los aledaños del cultivo de interés. En caso de que el glifosato cayera sobre la soja silvestre, esta moriría, básicamente porque la soja es una planta y el glifosato un herbicida.

Mediante manipulación genética y bajo las normas de Monsanto se crea la soja «Roundup ready» (soja RR). Se trata de una planta de soja a la cual se le agrego un gen para que sea resistente al glifosato. Entonces, si tenemos una planta que resiste al glifosato, podremos aplicarlo indiscriminadamente por encima de esta (y de toda la extensión del campo), ya que no sufrirá ninguna alteración y se exterminará solo aquello que no posea el gen de resistencia.

¿La tecnología transgénica produce un ecocidio?

Las consecuencias fisiológicas, ecológicas y/o evolutivas que puede acarrerar cualquiera de estas modificaciones cuando los OGM son introducidos a campo abierto en cultivos industriales extensivos o en la alimentación animal o humana son potencialmente múltiples e impredecibles.

Dentro de las amenazas que podemos encontrar cuando introducimos los OGM existe la contaminación genética, que consta de la introducción —accidental o no— de transgenes (aquellos producidos por ingeniería genética) a cultivos no transgénicos que se encuentran en los aledaños. Esta contaminación genética es irreversible y la presencia de estos genes contaminantes reduce la diversidad biológica, convirtiendo a todos los cultivos en transgénicos. Un ejemplo de esta catástrofe es el caso del maíz en México.

Otra problemática causada por los OGM es la erosión genética que consta en el cultivo de variedades transgénicas de alta rentabilidad, lo cual favorece la producción de monocultivo (es decir, dedicar toda la tierra disponible al cultivo de una sola especie vegetal). El monocultivo lleva a la perdida de variedades locales que dejan de cultivarse, favoreciendo un único cultivo por sobre los demás: menor variedades genética equivale a menor variedad de alimentos. Esta disminución en la variabilidad genética aumenta la vulnerabilidad frente a plagas y enfermedades.

Además, la utilización sostenida de glifosato genera una presión de selección que hace que cada vez más plantas y malezas presenten el gen de resistencia al glifosato haciendo que cada vez se necesiten concentraciones más altas del herbicida para producir el mismo efecto. De esta manera, llegará un momento que las plantas (cultivo deseado y malezas de alrededor) serán totalmente resistentes y será necesario cambiar por un herbicida mucho más potente.

A la severidad de estos problemas debemos sumarles los riesgos que aun no se pueden predecir y que aumentarán a medida que se desarrollen nuevos y más efectivos transgénicos con «mejores» y más potentes biocidas (sustancias que destruyen o neutralizan cualquier organismo nocivo para el hombre).

De la aplicación del glifosato al plato de alimento: impactos sobre la salud humana

Elementos de protección personal que se requieren para la aplicación de glifosato. ¿Qué seguridad puede dar un producto si para su aplicación se necesita esta indumentaria?

En el año 2000 expiró la patente de Roundup y a partir de entonces muchas empresas fabrican sus propios herbicidas con glifosato como principio activo principal.

Desde que se comenzó a comercializar estalló la polémica. Los detractores y quienes aseguraban su inocuidad alzaron la voz pero fue en los últimos años que surgió una gran cantidad de ambientalistas, científiques, médiques, productores y agricultores preocupades por los efectos causados por la aplicación masiva de glifosato sobre el ecosistema y la salud de la sociedad.

Si bien varios de los estudios científicos publicados sobre la toxicidad del glifosato fueron escritos por investigadores que representan los intereses de Monsanto y las demás empresas que venden el glifosato —les pagan a científiques para que escriban a favor del producto, ¿conflicto de interés? ¿Qué es eso?—, las evidencias sobre los casos de cáncer (y otras enfermedades) a causa de la aplicación del glifosato vienen en constante aumento en los últimos años.

La planta de soja no puede tapar al monocultivo. La evidencia sobre la toxicidad del glifosato en las poblaciones humanas fumigadas, en les consumidores de los productos fumigados y en los ecosistemas fumigados es enorme, clara, concisa y basada en evidencia científica. Como decía el científico Andrés Carrasco:

«Creen que pueden ensuciar fácilmente treinta años de carrera. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria».

Andrés Carrasco, científico CONICET.

Los ojos bien abiertos y el puño en alto

En el año 2018 y por una suma de 63 mil millones de dólares, la farmacéutica Bayer compró a Monsanto. Un negocio redondo y multimillonario que gira sobre su propio eje de cura-enfermedad: Monsanto distribuye la enfermedad para que luego Bayer venda la cura. Así que si es Bayer, no es bueno.

Es necesario abrir campo a este tipo de discusiones y debates, en donde se deben considerar el impacto económico-social, ambiental y en la salud humana, así como también el marco jurídico, ético y político en el que se inscriben estos problemas. Es necesario poder confiar en la ciencia digna e independiente, en les investigadores comprometides que no se someten al poder manipulador de turno ni al capital mezquino que pretende comprarles.

Pese a todo, un destello de esperanza nace y reverdece entre tanto monocultivo y campo muerto: es la Soberanía Alimentaria, que propone una alimentación garantizada por los propios pueblos, sobre las prácticas y saberes actuales y ancestrales, en donde la alimentación es accesible y sustentable, en donde el plato de comida está garantizado, es sano y de confianza.

Quizás te interese leer: ¿Qué es la Soberanía Alimentaria? por Yamila Figueroa



Recomendaciones:

  • Documental: «Andrés Carrasco. Ciencia Disruptiva», dirigido por Valeria Tucci.
  • Documental: «La vida según Monsanto», dirigido por Maria Monique Robin.
  • Libro: «Ciencia entre todxs. Alicia Massarini», de Adriana Schnek.
  • Libro: «¿Cómo los ricos destruyen el planeta?», de Hervé Kemp.

Fuentes: