#Reseña Mrs. America

 Artículo colaboración por Mariana Parodi Navone


La semana pasada terminó Mrs. America, la serie de Hulu y FX que se adentra en la lucha que constituye la Enmienda por la Igualdad de Derechos (E. R. A.) en los Estados Unidos, situada a finales de los 70. Por un lado tenemos a Phyllis Schlafly, un ama de casa conservadora que fue la impulsora de campañas contra el aborto y la E. R. A. (Equal Rights Amendment). Por otro, nos muestra la segunda ola del feminismo en su esplendor con grandes representantes tanto en política como en agrupaciones o revistas.

La miniserie de 9 capítulos muestra las representaciones de las mujeres más relevantes de esa época como la congresista Bella Abzug (Margo Martindale), la candidata presidencial y primera congresista mujer afroamericana Shirley Chisholm (Uzo Aduba), la congresista conservadora pero feminista Jill Ruckelshaus (Elizabeth Banks), la autora de La mística de la feminidad Betty Friedan (Tracey Ullman) y la activista feminista Gloria Steinem (Rose Byrne). También participan Sarah Paulson y John Slattery.

En la imagen se ve a la actriz Rose Byrne interpretando a Gloria Steinem y a Margo Martindale en el rol de Bella Abzug.

Su creadora, Dahvi Waller (Mad Men/Desperates Housewives), toma una postura neutral estructurando los episodios en base a cada una de las mujeres que fueron importantes en el feminismo (y el antifeminismo), mostrando sus luchas personales, las contradicciones internas del movimiento feminista y cómo se formó su oposición analizando históricamente a la ultraderecha, tan vigente y presente ayer como hoy.

La narración en base a Phyllis Schlafly (Cate Blanchett) la muestra tan humana como se puede, sufriendo machismo aún sin percibirlo, y enriquece el relato sin condenarla, dejándola a nuestro juicio. Muestra a una mujer inteligente y privilegiada con dotes para la política que aprovecha para formar una oposición enérgica aún sin importarle esa lucha porque no es su lucha. Su radicalidad se volvió su enemiga y logró que Reagan buscara a otro tipo de conservadora, más diplomática, para el cargo que ella soñaba.

Defensora de los roles de género tradicionales, donde la mujer debe ser fiel esposa y madre, consiguió ser la oposición fuerte argumentando que la E. R. A. supondría el reclutamiento de mujeres en el servicio militar, baños unisex y eliminaría los beneficios de «esposa dependiente». También negaba la educación sexual y el acoso sexual porque no eran un problema «para las mujeres virtuosas».

En la imagen se ve a Cate Blanchett interpretando a Phyllis Schlafly.

¿Qué es la Enmienda de Igualdad de Derechos?

Es una propuesta de enmienda a la Constitución de los Estados Unidos diseñada para garantizar la igualdad de derechos legales para todos los ciudadanos americanos sin importar el género. Busca terminar con las distinciones legales entre hombres y mujeres en temas como divorcio, propiedad, empleo y otros. La primera versión de la E. R. A. fue escrita por Alice Paul y Crystal Eastman en diciembre de 1923.

En los 60, en plena oleada del feminismo, la E. R. A. obtuvo mucho apoyo y tras ser reintroducida fue aprobada por la Cámara de Representantes y por el Senado de los EE. UU. La enmienda fue enviada a las legislaturas de los Estados para su ratificación y cuando alcanzó 35 de las 38 ratificaciones estatales necesarias, con apoyo bipartidista, apareció en escena una casi desconocida Phyllis que movilizó a las mujeres conservadoras para oponerse. Ellas argumentaban que la enmienda pondría en desventaja a las amas de casa y perderían protecciones como la pensión alimentaria.

En la imagen se ve a Phyllis Schlafly. Fuente: CORDON PRESS

En 1978, el Congreso la aprobó y el presidente Carter firmó una resolución para ampliar el plazo de ratificación hasta el 30 de junio de 1982. La validez de esa extensión fue controvertida y se ha intentado ampliar o eliminar el plazo desde esa época. Al día de hoy, casi un siglo después, se ratificó en 38 estados pero debe superar otros obstáculos legales para poder agregarla a la Constitución de Estados Unidos.

La serie, que aún no está disponible en Argentina, nunca pierde la conciencia de ese pasado donde se forjaron las raíces del feminismo de hoy y cruza un paralelismo con el presente donde la ultraderecha se encuentra a la vuelta de la esquina.


                                                                          

Nos dicen feminazis

“Feminazi” es la expresión a la que se recurre cuando se quiere obturar el debate feminista. ¿Por qué se usa un término que asocia a ciertas mujeres con el nazismo? ¿Quién lo popularizó y qué se esconde detrás de él?

Cuando la actriz británica Emma Watson dio un discurso en Naciones Unidas para la presentación del programa “He for She” (2014), se lamentó del sentido que había adquirido la palabra “feminismo”.

“Hace seis meses fui elegida como embajadora de buena voluntad de ONU Mujeres. Y entre más hablaba de feminismo, más me daba cuenta de que la lucha por los derechos de las mujeres frecuentemente se traducía en odio hacia los hombres”.

La tergiversación es otra de las formas que utiliza el patriarcado para perpetuarse.

En este sentido, el término “feminazi” pretende desviar la atención de los verdaderos cuestionamientos y reclamos que plantea el feminismo, ese movimiento heterogéneo y complejo integrado por múltiples feminismos diversos que, si algo tienen en común, es la búsqueda de la equidad de género. Ni machismo al revés, ni hembrismo. La lucha es por la igualdad, no por la superioridad de un género sobre otro/s.

El origen de la falacia

El vocablo “feminazi” fue popularizado por el locutor de radio y comentarista político conservador estadounidense Rush Limbaugh en 1992 para criticar –y estigmatizar– a las mujeres que defendían el derecho al aborto, y luego extendió su uso contra el feminismo en general.

De acuerdo al propio Limbaugh, el término servía para describir a las mujeres que hacen del feminismo un estilo de vida fanático. Esta definición sirve para explicar su uso en la actualidad.

Lo que parece molestar a muchxs (está claro que no sólo quienes se autoperciben como hombres usan la expresión “feminazi”) es que el feminismo ya no se conforma con denunciar la cara más visible de la violencia de género (los femicidios y abusos sexuales/violaciones) sino que va por todo. Cuestiona un sistema entero que enseña roles de género, que se convierten en estereotipos que violentan las libertades de quienes quieren otra cosa.

Y ahí molesta. Porque señala con el dedo y propone renombrar costumbres que ya no están naturalizadas para que adquieran el significado que en verdad tienen: si la mujer dice “no”, no es “sí”, es no. El acoso callejero es acoso, no piropo. El cuerpo es soberanía de la mujer, no del Estado, ni de la Iglesia, ni de ningún hombre.

Estos cuestionamientos requieren, del otro lado, la puesta en práctica de un ejercicio de deconstrucción al que muchxs no están dispuestos.

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Cuenta no feik, Feminazi 2, CC BY-SA 4.0

¿Cuál es el genocidio feminista?

Por otra parte, que el término sea un acrónimo formado a partir de la combinación de las palabras “feminista” y “nazi” no es casual. Tiene la clara intención de graficar un supuesto escenario en el que las mujeres tratarían a los hombres de una forma similar al tratamiento que los judíos y otras minorías recibieron de parte de los nazis (despojo de su dignidad como personas y de sus derechos civiles).  

En 1996, la periodista y escritora feminista Gloria Steinem criticó el uso que Limbaugh hizo de la expresión “feminazi”, argumentando que Hitler accedió al poder posicionado en contra del movimiento feminista alemán (muchas de quienes lo integraban fueron asesinadas en campos de concentración), cerró las clínicas de planificación familiar y declaró al aborto un crimen contra el Estado.

Asimismo Alda Facio, experta internacional en género y Derechos Humanos, define en el Diccionario de la Transgresión Feminista al feminismo radical (del que son acusadas las supuestas “feminazis”) como “una corriente del feminismo que no hace alusión a una excesiva beligerancia o fanatismo, como la palabra radical podría sugerir, sino a que esta corriente sostiene que para lograr eliminar la desigualdad social es indispensable atacar la raíz del problema”.

Mientras algunxs usan la expresión desde el desconocimiento hacia el feminismo, otrxs muchxs lo hacen porque, como dicen por ahí, “cuando estás acostumbrado al privilegio, la igualdad se siente como opresión”.

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Visibilizando realidades

Después de luchar por los derechos de la mujer durante más de cincuenta años, la feminista y defensora de los derechos humanos Gloria Steinem crea una serie documental de dos temporadas, aprovechando las nuevas tecnologías para difundir los padecimientos de miles de mujeres alrededor del mundo.

“La raza humana es como un pájaro con dos alas, si una de ellas está rota el pájaro no podrá volar” – Gloria Steinem

A principios de 2016 el canal de television VICELAND de Estados Unidos comenzó a emitir una nueva serie documental titulada “Woman” (mujer), donde en cada capítulo se detallan las diferentes realidades de mujeres alrededor del mundo. Gloria Steinem, una de las representantes más importantes del feminismo en los Estados Unidos, es quien produce el programa y presenta cada episodio. “Solo quiero recordarles -y recordarme- esta noche, que esto es una revolución” y “Somos las mujeres de las que nuestros padres nos advirtieron” son dos de las contundentes y acertadas frases de Gloria, con las que comienza cada capítulo de esta serie documental ya nominada a un premio Emmy.

“En la intersección entre la violencia y la estabilidad, la opresión y el progreso, se encuentran las mujeres” comenta la descripción de la serie documental. La idea de Steinem al crear la serie, lo que intenta demostrar, es que, como dice en la introducción, “confrontando los problemas una vez marginados como cuestiones de mujeres se pueden destruir los grandes peligros del siglo XXI”. Por esta razón, y con un notorio trabajo de producción, cada capítulo de veintidós minutos se desarrolla en diferentes partes del mundo donde hoy las mujeres se ven atrapadas en situaciones de violencia de género que, a la vez, desarrollan y forman parte de problemas que transforman la realidad de miles de personas a nivel mundial.

El primer episodio presenta una investigación llevada a cabo por la producción y la corresponsal Isobel Young en la Republica Democrática del Congo, donde diferentes grupos armados intentan tomar el control de las tierras con riqueza mineral. Para esto, utilizan violaciones y mutilaciones como arma de guerra. 1.8 millones de mujeres han sufrido esta táctica y se ven desamparadas, sin ayuda del gobierno actual, que hace ojos ciegos ante la situación que se vive. En el Congo, las mujeres que han tenido relaciones sexuales sin estar casadas (han sido violadas) y los niños que han nacido de esas violaciones son excluidos de la sociedad y marginados a vivir en pequeñas villas lejos del pueblo. Esto causa que la única fuente de trabajo con la que cuenten sean las minas de minerales que están tomadas por los grupos rebeldes, los cuales venden lo obtenido para ganar  dinero, comprar más armas y continuar así la guerra. Es un ciclo que no termina y está altamente vinculado a las miles de violaciones que se producen cada año. He ahí la idea de Steinem de que aquellos problemas, años atrás tratados como “exclusivamente de mujeres”, son a veces la clave para terminar con situaciones mucho más amplias.

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La serie cuenta con ocho episodios que se desarrollan en distintos países, con sus correspondientes temáticas. Republica del Congo: violaciones como arma de guerra. Colombia: mujeres en la FARC. Canada: la nación con más personas desaparecidas. Zambia: niñas novias. EE.UU: madres tras las rejas. El Salvador: femicidios. EE.UU: violaciones en la milicia. Pakistan: en las fronteras. Cada uno de estos episodios está compuesto por una introducción al tema narrada por Gloria Steinem, y una o dos historias protagonistas con testimonios directos. Las periodistas van al centro de la problemática; es así que Alice Speri (Colombia: Mujeres en la FARC), permanece una semana viviendo dentro de uno de los campos de la FARC, luego de tres días de viaje sin descanso para encontrarlo. Con casi un año de producción antes de lanzar la serie, entran en la vida de aquellas mujeres que en muchos casos lo han perdido todo, para poder mostrarle al mundo la realidad que ellas están viviendo. A su vez al finalizar cada capítulo se da información para poder ayudarlas mediante diferentes ONG.

Miles de mujeres están en estos momentos sufriendo violencia de género de formas que en nuestra sociedad son difíciles de imaginar. Violencia de género que, en estos casos, se expande más allá de las mismas mujeres, con consecuencias que afectan a toda una población. Incluso en la actualidad, cuando se ha avanzado notoriamente en la concientización acerca de la violencia hacia la mujer y su visibilización, sigue siendo tratado como un tema aislado del resto de las problemáticas que cada país debe afrontar. Estas series documentales vienen a demostrar lo contrario. Al llegar al último capítulo, se puede apreciar con más claridad el mensaje de Steinem: las mujeres son parte de la solución a los grandes problemas globales que se deben enfrentar en la actualidad.