Alfonsina Storni: derribar su muerte y leerla ardiendo

Artículo escrito en colaboración por Eugenia Jambruia y Julieta Iriarte


Hoy, 25 de octubre, se cumplen 82 años del fallecimiento de Alfonsina Storni, una de las poetas y referentes feministas más importantes de Hispanoamérica. 

Si bien se la vincula directamente con la —curiosa— manera en que dejó el mundo terrenal, Alfonsina supo mostrar, a través de sus escritos, una crítica feminista con respecto a lo que se esperaba del ser mujer. 

Nació en Suiza en 1892 después que, por recomendaciones del médico de la familia, sus padres decidieran irse de vacaciones para disminuir las tensiones que estaba trayendo la caída del negocio de su padre en la provincia de San Juan, Argentina. Atravesó su infancia trabajando mientras padecía los vaivenes económicos que terminaron de estallar cuando falleció su padre en 1906. Sin embargo, pudo viajar a Buenos Aires (desde Rosario, donde residía), recibirse de maestra y llegar a ser directora de un colegio en la localidad de Marcos Paz. 

Los primeros trazos de Alfonsina Storni los dio de chica, al dejarle bajo la almohada un poema a su madre en el que hablaba de la tristeza de la vida. Esa mirada oscura la mantuvo a lo largo del tiempo a la vez que se fue profundizando debido a los constantes episodios de depresión que sufrió. 

En una Argentina donde el feminismo empezaba a dar sus pasos (para 1910 se había hecho el Primer Congreso Femenino), en particular luchando por los derechos cívicos con referentes como Julieta Lanteri, Alfonsina Storni se dedicó a plasmar en libros y poemas ciertas críticas al rol asignado socialmente a la mujer y los estereotipos construidos alrededor del género. 

Para la época de 1910-1920, solamente los «varones calificados» podían votar (en la Ley Saenz Peña las mujeres no tenían prohibido votar de forma expresa pero solo podían hacerlo quienes estaban en el padrón del servicio militar, es decir, los varones) y Alfonsina dedicó varios textos para esgrimir su repudio. Uno de ellos fue publicado en 1920 en el diario La Nación con su seudónimo, Tao Lao, en el que hablaba del segundo simulacro de voto femenino dando estadísticas sobre quiénes eran las votantes y destacaba la organización de la Unión Feminista Nacional (en la que estaba Alicia Moreau).

Como decía Virginia Woolf: «En la mayor parte de la historia, “anónimo” fue una mujer» y Alfonsina no fue la excepción. En ese tiempo, poder habitar el terreno del pensamiento y la acción no solo era osado; además, era muy difícil de lograr. Storni le puso el cuerpo a la poesía y al periodismo y desde allí construía su lugar en el mundo y abría paso.

Debemos recordar que la historia literaria no escapa a la historia contada por hombres, así como también los libros que nos llegaban, la información que circulaba, entre otras cuestiones. Es por eso que debemos, como tarea de reconstrucción, volver otra vez a leer a Alfonsina. Debemos olvidarnos de esa mítica muerte, debemos olvidarnos por un momento de aquella «Alfonsina vestida de mar» para poder ver realmente a esa mujer pionera y feminista, una mujer revolucionaria para la época. 

Alfonsina era imagen pura en sus textos, podemos ver todo eso que nombra. Cada metáfora es un continuo ir y venir entre la vida y la muerte; entre los polos opuestos de lo que significa estar viva, estar ardiendo y escribir. En ese juego dialéctico, la libertad era toda de ella. Logró, a partir de su libro Languidez (1920), crear algo nuevo. Romper la métrica, utilizar una primera persona, tomar términos que provenían de la oralidad y lograr un efecto maravilloso que agradecemos hasta hoy. 

«Mundo de siete pozos»

Se balancea,
arriba,
sobre el cuello,
el mundo de los siete pozos:
la humana cabeza.
(…) Y se abren praderas rosadas
en sus valles de seda:
las mejillas musgosas.
Y riela
sobre la comba de la frente,
desierto blanco,
la luz lejana de una luna muerta (…)

Mujer inquieta, mujer andante. Incursionó también en la dramaturgia y en el teatro para niñes. En el año 1927 estrenó en el Teatro Nacional Cervantes la obra El amo del mundo; en 1931, Dos farsas.  Y en su andar de libertad tuvo, también, la valentía de ser madre soltera en una época en la que eso era algo inaceptable. Todo lo plasmó en su obra: todo lo que en ella habitaba nacía en forma de palabras.


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Científicas del pasado, presente y futuro

¿Existe una brecha entre varones y mujeres profesionales de las ciencias? ¿Existió en el pasado? ¿Cuál es el panorama del futuro?

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Cinco #GrandesMujeres de la ciencia olvidadas por los libros de historia

Como cada año, el 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. Por décadas, la fecha fue bastardeada y su origen oculto bajo un manto de capitalismo descontrolado que buscaba vender tantas licuadoras y lavarropas como fuera posible para “homenajearlas en su día”.

El Día de la Mujer fue instaurado durante la segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras celebrada en Dinamarca en 1910, como consecuencia de las reiteradas exigencias de los distintos movimientos de mujeres desde hacía ya más de 50 años, como por ejemplo el derecho al sufragio.

Apenas un año más tarde, ocurrió la tragedia del incendio de una fábrica textil en los Estados Unidos donde 123 obreras (de entre 14 y 50 años) perdieron la vida al no poder escapar del edificio, ya que sus patrones las habían encerrado dentro. Este hecho fue clave en la historia de los derechos laborales de la mujer, y cementó la necesidad de un día dedicado a pensar y analizar la inequidad sexista en el mundo.

Un siglo fue más que suficiente para que se comercializara la fecha y se alivianara la carga histórica del reclamo que le dio vida. El feminismo moderno, ayudado por la tecnología de comunicaciones que expande el mensaje de forma masiva con facilidad, lucha para devolverle su significado original y adaptarlo al sexismo que nos ahoga hoy en día.

Así, podemos encontrarnos con las distintas movilizaciones de mujeres a lo largo del mundo que siguen protestando, a veces por las mismas consignas que han sido ignoradas durante décadas. El Paro Internacional de Mujeres, que se dará el jueves de esta semana, busca hacer notar la falta del brazo femenino en el mundo moderno para exigir políticas públicas que protejan a las mujeres de la violencia machista.

En honor a la fecha, desde Escritura Feminista presentaremos a cinco mujeres de la ciencia, cuyas contribuciones han sido clave para el desarrollo de la sociedad moderna, aunque sus nombres no aparezcan en los libros de historia que se enseñan en nuestras escuelas.


 

#1 Bárbara McClintock  (16 de junio de 1902 – 3 de septiembre de 1992)

Nacida en Estados Unidos, McClintock fue una citogenetista pionera, galardonada en 1983 con el Premio Nobel de Fisiología por sus descubrimientos en el campo de la genética. Su trabajo sobre la transposición de información genética en cromosomas, desarrollado entre las décadas de 1940 y 1950, fue ignorado hasta principios de 1970, cuando varones científicos llegaron a sus mismas conclusiones y validaron su investigación.

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Bárbara McClintock.

#2 Lise Meitner (7 de noviembre de 1878 — 27 de octubre de 1968)

Fue una doctora en física austriaca que, a pesar de la persecución del régimen nazi y la legislación misógina, realizó aportes de inestimable valor a la ciencia: fue la primera científica en articular una fisión nuclear. Su nombre fue omitido en todas las publicaciones oficiales, y el Premio Nobel de Química fue concedido en solitario a Otto Hahn en 1944, pese a haberlo ganado gracias investigaciones de 30 años conjuntas con Meitner.

Fue la única científica en negarse al recibir la propuesta de trabajar en la bomba atómica que acabaría con la Segunda Guerra Mundial.

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Lise Meitner.

#3 Alice Ball (24 de julio de 1892 — 31 de diciembre de 1916)

Fue la primera mujer afroestadounidense en obtener un máster en Química en la Universidad de Hawái. Falleció con apenas 24 años de edad por una enfermedad, aunque no sin antes desarrollar un método para aislar los componentes activos del aceite de chaulmoogra, y así lograr una variante inyectable que fue el tratamiento más eficaz y recomendado para tratar la lepra hasta la década de 1940.

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Alice Ball.

#4 Ada Lovelace (10 de diciembre de 1815 — 27 de noviembre de 1852)

Matemática y escritora británica, es considerada la primera programadora de computación. En la década de 1840, tradujo un artículo sobre la Máquina Analítica de Babbage y añadió un conjunto de notas propias cuya extensión triplicaba el contenido original. En ellas, describía un algoritmo diseñado para ser implementado en una máquina, el cual se considera el primer programa de computación escrito de la historia.

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Ada Lovelace.

#5 Flossie Wong-Staal (27 de agosto de 1947; 70 años)

Bióloga molecular y viróloga nacida en China y emigrada a Estados Unidos en su juventud, es reconocida como la primera científica en clonar el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y determinar la función de sus genes, lo cual significó un paso esencial para demostrar que el VIH es la causa del SIDA. Durante la década de 1990 se enfocó en la terapia génica y hoy se desempeña como profesora de investigación en la carrera de Medicina (Universidad de California en San Diego).

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FlossieWong-Staal.

 

Mujeres de ciencias, provenientes de países y contextos sociohistóricos distintos, comparten una característica muy particular: todas ellas fueron alentadas desde pequeñas por sus padres a perseguir sus ambiciones y saciar su sed de conocimientos.

En un mundo legislado para someter a la mujer mientras el varón recibe todas las oportunidades, el apoyo de las figuras adultas a una niña interesada en las ciencias es un factor determinante para su futuro.

Este Día de la Mujer, celebremos a quienes nos precedieron en el camino de liberación recordando a estas y tantas otras mujeres ocultas por la historia, y alentemos a nuestras niñas a vivir, estudiar y ser todo lo que sueñen, para allanarles el camino de la misma forma que grandes mujeres del pasado lo hicieron por nuestra generación.


Fuente:

Mujeres Con Ciencia

La perra de Hiparquía

En el capítulo quinto de la segunda temporada de la serie catalana Merlí se hace referencia a la primera filósofa de la historia: Hiparquía. Sí, es inquietante enterarse de que existe una primera mujer filósofa (que no aparece en ningún plan de estudios de nuestro país, ya sea en la escuela secundaria o en la universidad) a través de una serie, pero así es.

Hiparquía, Hipárchîa o  Ἱππαρχία vivió entre los años 346 a. C. y 300 a. C. en Maronea de Tracia. Perteneció a la escuela de los cínicos junto a su esposo Crates de Tebas y su hermano Métrocles. En una época en la cual se legitimaba al ciudadano (hombre) libre de la polis, ella rompió con el esquema, fue contestataria y libertina. Se la considera, además de la primera filósofa, la primera feminista de la historia occidental.

¿Perros cínicos?

La escuela cínica a la que perteneció Hiparquía fue fundada por Antístenes. Además de ella, Crates y Métrocles, otro de sus filósofos más representativos fue Diógenes de Sinope, quien fuera su mentor.

El nombre de «cínicos» tiene dos orígenes diferentes asociados a sus fundadores. El primero viene del lugar donde Antístenes fundó la escuela y solía enseñar la filosofía, el santuario y gimnasio de Cinosargo, cuyo nombre significa kyon argos, es decir, «perro ágil» o «perro blanco».

El segundo origen tiene que ver con el comportamiento de Antístenes y de Diógenes, que se asemejaba al de los perros, por lo cual la gente los apodaba con el nombre kynikos, la forma adjetiva de kyon (perro). Por tanto, kynikos o «cínicos» los calificaría como «similares al perro» o «perruno».

Esta comparación viene dada por el modo de vida que habían elegido estos personajes, por su idea radical de libertad, su desvergüenza y sus continuos ataques a las tradiciones y los modos de vida sociales.

Otro Diógenes, no de Sinope sino de Laertes (o sea, «Laercio») se dedicó a escribir sobre los grandes filósofos de la historia en el libro “Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres”, en el que le dedica un capítulo a Hiparquía, la única mujer filósofa que figura en el índice:

“También Hiparchia, hermana de Metrocles, se dejó llevar por los discursos de Crates: ambos eran naturales de Maronea. Agradábale tanto la vida y conversación de Crates, que ninguna ventaja de sus pretendientes, las riquezas, la nobleza, ni la hermosura la pudieron apartar de su propósito, pues Crates era todas estas cosas para ella.

Aun amenazaba a sus padres con que se quitaría la vida si no la casaban con él. Finalmente, como sus padres rogasen a Crates que la removiese de su resolución, hizo este cuanto pudo, mas nada consiguió. Sacó, por último, todos sus muebles a su presencia, y le dijo: ‘Mira, este es el esposo y estos sus bienes. Consulta contigo misma, pues no podrás ser mi compañera sin abrazar mi instituto’.

Eligiólo ella al punto, y tomando su vestido, andaba con Crates, usando públicamente su matrimonio, y concurriendo ambos a las cenas”.

El rol de la mujer en la antigua Grecia

Hiparquía eligió el camino que quería seguir, aun cuando la quitase de toda zona de confort y la confrontara con el mandato que se tenía para la mujer en aquel entonces.

“Las cortesanas existen para el placer; las concubinas, para los cuidados cotidianos; las esposas, para tener una descendencia legítima y una fiel guardiana del hogar”. Texto atribuido por Foucault a Demóstenes, Contra Neera.

La ética griega es una ética viril, es una ética de y para varones libres. A la mujer se la excluye del ámbito público, que es el ámbito natural de la actividad del ciudadano. Además, hay una partición de deberes-funciones que tienen al hombre, el hogar o la descendencia como destinatarios naturales.

El privilegio exclusivo de los hombres griegos era el de poder amar simultáneamente o uno tras otro a un muchacho o una muchacha sin por ello comprometer su misma naturaleza o la legitimidad de su deseo. En el matrimonio, conocía una única esposa pero fuera de la estructura matrimonial, el hombre tenía permitido un campo vasto y complejo de obtención de placer.

Esto no sucedía con las mujeres. La búsqueda de placer fuera del matrimonio entraba en un circuito de reprobación moral y social. El matrimonio era el ámbito natural de procreación, y tomaba la relación sexual sólo en su función reproductora; de allí que el lugar del placer estuviera fuera de este, pero que fuera cosa de hombres obtenerlo, gozarlo y administrarlo. En las mujeres, el primer gran tema de interés debía ser ofrecerle al marido una descendencia legítima, sana y noble.

En este contexto, Hiparquía rompió el esquema de todas las formas posibles: ella escogió a su compañero de vida, a su esposo, a quien amaba desde la base del conocimiento y la ideología que compartían. Tanto es así que consumó su matrimonio con Crates haciendo el amor en un portal público.

Esto parte de la enseñanza cínica (y su desprecio por lo convencional), en la que cualquier acción suficientemente virtuosa como para llevarse a cabo en privado, no sería menos virtuosa en público.

Pintura mural que muestra el Cínico filósofos Cajas y Hiparchia. Desde el jardín de la Villa Farnesina, el Museo delle Terme, Roma
Pintura mural que muestra a Hiparquía y a Crates. Jardín de la Villa Farnesina, Museo delle Terme, Roma.

Tanto Hiparquía como Crates se destacaron por llevar vidas en todos sus aspectos de acuerdo con el principio cínico de anaideia (falta del sentido del ridículo). El discípulo de Hiparquía y Crates, Zenón de Citio, fue el fundador del Estoicismo, que abogaba por la igualdad de sexos y el amor libre.

Tuvieron al menos un hijo, Pasicles, educado y criado desde su nacimiento según los valores del Cinismo. Según Eratóstenes y Diógenes Laercio, Hiparquia no abandonó su vida de ejercicio durante todo su embarazo, y cuando nació Pasicles, lo lavaba en la concha de una tortuga con agua fría; en ningún caso cambió su austera dieta.

Hiparquía, la perra feminista

El intercambio dialéctico más famoso de Hiparquía, donde defiende su posición como mujer filósofa y cínica, se da con Teodoro el Ateísta quien cuestionó la presencia de una mujer en un simposio, a lo cual ella argumentó:

“Lo que pudo hacer Teodoro sin reprensión de injusto, lo puede hacer Hiparchia sin reprensión de injusta”.

A esto, Teodoro tiró de su ropa para avergonzarla en público, pero Hiparquía no mostró señal alguna de alarma ni perturbación, debido a que su falta de sentido del ridículo era inmutable. Teodoro le respondió:

“¿Eres la que dejaste la tela y lanzadera?”.

Y la respuesta de Hiparquía fue:

“Yo soy, Teodoro: ¿te parece, por ventura, que he cuidado poco de mí en dar a las ciencias el tiempo que había de gastar en la tela?”.

Se dice que Hiparquía escribió tres libros: Hipótesis filosóficas, Epiqueremas y Cuestiones a Teodoro llamado el Ateo. Por desgracia, no se conserva ninguno de ellos.

“Yo, Hiparquía, prefiero a la muelle labor femenina

la vida viril que los cínicos llevan;

no me agrada la túnica sujeta con fíbulas; odio

las sandalias de suela gruesa y las redecillas

Brillantes. Me gustan la alforja y el bastón de viajero

y la manta que en tierra por la noche me cubre.

No me aventaja en verdad la menalia Atalanta,

que el saber a la vida montaraz sobrepuja”. 

Epigrama de Antipatro (II a. C.) dedicado a Hiparquía, titulado “A las mujeres”.


Fuentes

Ellas también revolucionaron

Ayer se conmemoró un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, 217 años desde el momento en el cual comenzamos a trazar el camino independentista de una España dominante y arrasadora.  Si hacemos un poco de memoria, notaremos que todo lo que leímos y/o estudiamos tiene voz y cuerpo masculino.

Algo que los relatores de la historia se han encargado de resaltar fue el importante rol de los hombres de la patria, pero lo que no pudieron invisibilizar fue el sustancioso papel que jugaron las mujeres. Sin el aporte ni la presencia de estas mujeres, llenas de garras y espíritu revolucionario, la rebelión de 1810 y la posterior independencia de 1816 no hubiesen sido posibles; incluso, podemos remontarnos a años anteriores: ya habían participado en la ofensiva contra las invasiones inglesas de 1806 y 1807.

Parte de la revolución se gestó en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, mujer tenaz y de gran valor que defendió sus ideas y sentimientos al oponerse a su padre, quien deseaba obligarla a casarse con un hombre que ella no quería. Tan rupturista fue, que se casó a escondidas con su primo, Martín Thompson, poniendo como punto de partida en la sociedad la revalorización del amor por sobre los intereses y los mandatos familiares.

Fue en su casa donde, por primera vez, se cantó el himno nacional y donde, además, se organizaron las tertulias destinadas a la llamada “rosca política”, para definir quiénes ocuparían determinados lugares en la organización que se gestaba y pedir colaboración para las campañas.

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El sustento económico de los hechos sucedidos en 1810 provino, en gran parte, de las donaciones de mujeres adineradas, dueñas de hectáreas, mansiones y joyas. Muchas otras pusieron al servicio su mano de obra para tejer y coser prendas, dar asilo a soldados, cocinar y hacer obras de inteligencia y espionaje para combatir al enemigo, como lo hicieron Macacha Güemes y María Remedios del Valle.

Al momento de dar batalla, las mujeres agarraron el fusil y abrieron fuego a riesgo de sufrir la pérdida de sus compañeros e, incluso, de sus hijos. Ese fue el caso de Juana Azurduy, quien luchó junto a su ejército “Los Leales” en el Alto Perú para avanzar contra el dominio español, acción que se le reconoció con el nombramiento exclusivo de Teniente Coronela pero le hizo perder a sus cuatro hijos. El destino quiso llevársela un 25 de mayo en Chuquisaca.

Martina Silva, en Salta, dirigió un ejército de hombres bajo el visto bueno de Belgrano. Pascuala Meneses, en Mendoza, se vistió de varón para enlistarse en el Ejército de los Andes, pero no duró mucho porque fue descubierta y enviada de regreso.

La revolución de 1810 comprometió a todo aquel que bregara por liberarse de España, aquel que se sintiera oprimido en algún sentido de su vida. Este momento clave en la historia de nuestro país provocó revoluciones en otros niveles, al punto de generar nuevas condiciones sociales y culturales dando lugar, por consiguiente, a otras miradas sobre estos aspectos.

La mujer no comenzó a ganar terreno, sino que encontró el lugar y momento indicado para desarrollarse. Algunas lo hicieron en el campo de batalla, otras en sus casas, en sus círculos familiares, en su pareja. Nunca dejaron de moverse ni de poner el cuerpo a la liberación nacional y personal, por lo que es menester tenerlas presentes en este festejo patrio.

Fuentes:

Romances turbulentos de la historia argentina, Daniel Balmaceda, editorial Norma, año 2012

Mujeres tenían que ser, Felipe Pigna, Editorial Planeta, año 2011


La pornografía es una cuestión estatal

“El Estado es masculino en el sentido feminista. La ley ve y trata a las mujeres como los hombres ven y tratan a las mujeres”.

Catharine Mackinnon.

Catharine Mackinnon es abogada estadounidense, activista, profesora, escritora y experta en igualdad de género. Se doctoró en Derecho y luego en Ciencias Políticas en la Universidad de Yale y dedicó sus labores principalmente a la escritura en rechazo al acoso sexual, a la pornografía de estructura patriarcal y realizó trabajos internacionales intensos desde su área.

Batalló públicamente a la pornografía, atreviéndose a confrontar a uno de los negocios millonarios a nivel mundial. La autora sostiene que “la pornografía es el fascismo diario de las democracias” y que “no es una cuestión moral”. Uno de los argumentos de denuncia es que notoriamente “no hay voluntad política para erradicarla, el gobierno simplemente la ha hecho disponible para todos al no combatirla”.

A través de sus herramientas como especialista en Derecho, Mackinnon, junto con las habilidades de la activista y escritora Andrea Dworkin, crearon un Modelo de Ordenanza Antipornográfica, aunque el Estado liberal sólo optó por aproximarse a un intento falaz de regulación de la pornografía mediante las leyes de Obscenidad.

Mackinnon sostuvo al respecto en sus libros que la obscenidad es un concepto un tanto abstracto, y que remite netamente a prácticas morales, en cambio, la pornografía es en realidad una práctica política, por lo tanto, no aplica la teoría constitucional estatal. A partir de esta fuerte y valiente denuncia, la autora recibió amenazas de muerte para que deje de lado su postura pública.

¿Qué significa la sexualidad para una pensadora de magnitud como Mackinnon?

Es un constructo social de poder masculino, que está íntegramente definido por los hombres, impuesto a las mujeres y es constituyente del significado de género. Aunque la autora lamenta que para la cultura, históricamente, la concepción de lo sexual está puntualmente ligada a todo lo que produzca una erección a un hombre.

Dice Mackinnon: “Las mujeres son transformadas y se las hace acoplarse con cualquier cosa que sea considerada inferior al ser humano: animales, objetos, niños y (por supuesto) otras mujeres. Todo aquello que las mujeres han reclamado como propio -la maternidad, el atletismo, los puestos tradicionales de los hombres, el lesbianismo, el feminismo- se vuelve particularmente erótico, peligroso, incitante, castigado, apropiado por los hombres en la pornografía”.

Según dicho argumento, la pornografía es un medio a través del cual la sexualidad se construye socialmente, un sitio de construcción, mediante el cual el dominio de ejercicio es llevado a cabo por los hombres. Analizando sitios web que proveen audiovisuales pornográficos, podemos observar que en promedio, las categorías habituales son las siguientes:

  • Colegialas/ Jovencitas
  • Incesto
  • Culonas
  • Transexuales
  • Gordas
  • Anal
  • Mamadas
  • Doble penetración
  • Sexo fuerte
  • Fisting (introducción de la mano dentro del ano o vagina)
  • Lésbicas
  • Asiáticas
  • Latinas
  • Negras
  • Interracial
  • Sadomasoquismo
  • Vírgenes
  • Violaciones

Lo que se observa en la pornografía que circula libremente en las profundidades de la red, es lo que los hombres quieren: mujeres pasivas, atadas, sometidas, golpeadas, humilladas, violadas, o en el mejor de los casos, mujeres que desean ser usadas. Pareciera que las mujeres tienen derecho a desear, siempre y cuando deseen ser tratadas como objetos.

Pareciera ser además, que tanto lo prohibido, como los tabúes, son una maquinaria productora de excitación a niveles extraordinarios. El hombre ha sido históricamente el constructor social del “deseo femenino”, de todo lo comprendido como potencialmente “erótico”, “sensual”, “apasionado”, y hasta “violento”, término que nuestro lenguaje utiliza como un sinónimo más de la palabra “apasionado”. De ahí que durante años el periodismo haya utilizado la expresión “crimen pasional”, para referirse a los “femicidios”.

La restricción, el servilismo, la exhibición, la automutilación, la pasividad impuesta, la humillación, y la presentación del ser femenino como “algo bello”, se convierten en parte del contenido de la sexualidad adecuada para las mujeres. Asimismo, el supuesto de que las mujeres quieren lo mismo que los hombres desean de ellas, es lo que convierte a la violación, en sexo.

La pornografía muestra cómo los hombres ven el mundo, cómo se apropian de él, cómo lo poseen, cómo lo moldean. Si bien la autora hace una férrea crítica, su dirección está lejos de relacionarse con las moralidades, es un intento por mover las estanterías de lo estatal, ya que la búsqueda de una sexualidad igualitaria sin una transformación política, equivale a buscar la igualdad bajo condiciones de desigualdad.

Bibliografía:

MACKINNON, Catharine. “La pornografía no es un asunto moral” en MACKINNON, Catherine y POSNER, Richard. Derecho y pornografía. Siglo del Hombre Editores, Santafé de Bogotá, 1996.

MACKINNON, Catharine. “Sexuality”, capítulo del libro Toward A Feminist Theory of the State, publicado por Harvard University Press, USA (1987), pp. 127 – 154.