5 series con personajes no binarios

Dentro de la comunidad LGBTIQ+, son frecuentes los reclamos ya que las identidades que integran el colectivo no tienen todas el mismo nivel de representación y visibilidad a nivel social. ¿Cómo se muestra a les no binaries en ficción?

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Existimos y resistimos: adolescencias trans II

Para saber más sobre juventudes trans, te recomendamos leer la primera parte de esta entrevista: «Respetá mis pronombres».


Durante los últimos meses, una de las cuestiones más divisorias entre las ramas del feminismo en Argentina ha sido la presencia de personas trans en el movimiento. Las líneas interseccionales insisten en la inclusión de las mujeres trans por ser mujeres mientras las más radicales hablan de separar la lucha de las «hembras humanas» del transactivismo, subrayando la genitalidad como factor determinante y desconociendo la identidad de los varones trans.

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Iván

En esta coyuntura se alza el transfeminismo, rama a la que adhieren Lucian, Iván y Fede. «Pienso que la militancia se tiene que hacer con las personas trans y las pibas; con las transmasculinidades, las transfeminidades, las disidencias no binarias y las mujeres», afirma Lucian. El sistema patriarcal ataca todo lo que percibe como «femenino» o como antítesis de la masculinidad tradicional y en esa categoría entran las mujeres cis pero también las mujeres trans (que deben luchar para reafirmar su identidad femenina), los varones trans (que viven opresión sistémica porque no se reconoce su género y se feminiza su genitalidad) y las demás identidades disidentes (que pueden mostrarse con características codificadas como femeninas).

«No se puede luchar contra el patriarcado si no luchás codo a codo con todas las personas a las que oprime, que no son todas mujeres. El feminismo es la liberación del sistema patriarcal opresor y ese sistema cruza muchas identidades», explica Fede y resalta la importancia de llevar el transfeminismo a los barrios, al territorio. «El otro día, se acercó una vecina a mi espacio de militancia a preguntarnos qué era “ser no binarie”. Hay que poner en la agenda política y en el discurso a las personas trans. Que no nos nombren hace que no podamos construir».

Así comienza una de las tantas formas de violencia y opresión: con el silencio. El hogar es el primer espacio donde ser honestes sobre la identidad puede culminar en la marginación y la expulsión, mientras que el ocultamiento y la invalidación pueden deteriorar la salud mental a niveles trágicos. «Me pasa mucho que me da tanto miedo que la gente me ataque que no menciono mi género. A la única violencia a la que me expongo es a que me traten en femenino, solo para no tener que exponerme a violencia mayor», cuenta Lucian.

Las violencias continúan y se diversifican cuando las relaciones sociales se amplían más allá de lo familiar. La calle, las instituciones educativas, los centros de salud y de recreación, los espacios públicos y privados representan una amenaza constante cuando no todas las personas conocen la ley de identidad de género ni desean mostrarse empáticas con las personas trans.

Iván no realizó el cambio registral para rectificar su DNI. Aunque el director de su colegio aceptó darle un permiso especial para usar los baños del personal cuando él expresó sentirse incómodo en los baños binarios de alumnos y alumnas, una profesora intentó impedirle el acceso en varias oportunidades y lo humilló tratándolo en femenino al decir: «Ah, vos eras la que dijo una pavada de los no binarios y no sé qué».

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La ley de identidad de género es clara al hablar de la obligatoriedad del trato digno, que implica el uso del nombre elegido y los pronombres correctos en todos los ámbitos, aunque la persona trans no haya tramitado el cambio registral.

«La situación más violenta que viví en público fue cuando fui al ginecólogo. Todavía no tenía el DNI rectificado y le expliqué a la secretaria que aunque ahí no decía Federico, ese era mi nombre para que me llamaran así. La chica me dijo que sí pero al rato el médico me llamó por mi deadname [nombre de nacimiento]. Cuando salí, busqué la ley y se la leí a la secretaria para mostrarle que tenía que cambiar mi registro. Me empezó a decir que no, que la lista del médico es otra cosa, que hablara con administración. Ahí me dijeron que no porque tenían un reglamento interno, pero un reglamento interno no está por encima de la ley. Me hicieron dar un montón de vueltas, tardaron más de media hora en atenderme, querían que yo me cansara y me fuera».

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Lucian

El nombre es una parte intrínseca de las personas y una de las primeras informaciones que divulgamos al presentarnos. El llamado deadname («nombre muerto», en inglés) es el nombre con que se registró a la persona trans al momento del nacimiento, que suele cambiarse por el nombre elegido cuando se afirma el género correcto. Llamar a alguien por su deadname es una de las violencias verbales más comunes infligidas sobre la comunidad trans, ya que puede desencadenar pensamientos y recuerdos dolorosos de cuando la persona era forzada a ocultarse; es una manera de negar la identidad misma.

La elección de nombre es un proceso personal. Para algunes, como Lucian, el peso del deadname no es tan agotador. «Cuando nací me pusieron Luciana y por mucho tiempo pensé “Voy a llamarme Luciane porque es el inclusivo” [risas]. Al ser no binarie, me gusta la idea del signo de pregunta cuando termina. “Lucian”. Listo, termina ahí. Podría haber una a, podría haber una o, podría haber una e o cualquier cosa».

Para otres, es una transformación casi espiritual. Fede había considerado varios nombres que habían sido parte de su vida, como el que usaba para jugar de niño o el del primer personaje de ficción con quien se había identificado, hasta que notó que Federico siempre había orbitado su vida. «Fue una historia que se gestó sola. Yo ya tenía nombre, solo que no me había dado cuenta». También puede tratarse de una conexión mucho más emocional, como en el caso de Iván: «Cuando era muy pendejo, hacía básquet en un club. Mi primer crush fue uno de los pibes que jugaban conmigo y se llamaba Iván. No me puse el nombre por él sino por el recuerdo inocente de afecto infantil. Lo probé y lo sentí cómodo desde el principio».

Futuros cada vez más ciertos

Por la combinación de violencias que se ejercen sobre los cuerpos trans, el promedio de vida de las personas de esta comunidad no supera los 36 años. La falta de empleo formal, la prostitución, los crímenes de odio y las enfermedades (que suelen no tratarse a tiempo por evitar el sistema de salud maltratador) quiebran a la mitad sus posibilidades. Una parte muy importante de la lucha de la comunidad trans se orienta a revertir esta situación, para poder atreverse a soñar con una vida larga y plena.

Como tantes otres jóvenes trans, Lucian, Fede e Iván están a la mitad de ese pronóstico. Tienen sueños y futuros pensados, y el derecho humano de poder cumplirlos. Desde responsabilidades a corto plazo, como adoptar un perro o conseguir un trabajo, hasta proyectos que prometen años de esfuerzo. «Quiero estudiar Filosofía en UBA y ser profesor de nivel inicial, pero me interesa el trabajo en cárceles, en particular el tema de los jardines de infantes en las cárceles para niñes con xadres en situación de prisión y cómo se gesta la construcción de la personalidad en ese contexto», declara Fede.

Por su parte, Lucian piensa en poner sus dotes artísticas al servicio de su comunidad. «Quisiera dar cursos de manualidades, encuadernación, bordado, cerámica y esas cosas. Quiero darle trabajo a la gente trans, ofrecerles un espacio seguro donde puedan estar cómodes y conseguir ayuda, contención. A mí me pasó y agradezco mucho a mi casa de lesbianas a donde voy a hacer cerámica, Taller Limbo. Poder expresarme de forma artística sin tener que censurarme con mis pronombres me hizo mucho bien».

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Desde sus primeras organizaciones, las personas de la comunidad trans debieron cuidarse y sostenerse entre sí para sobrevivir frente a la hostilidad de las sociedades transfóbicas. Esa hermandad trans se mantiene hasta hoy: al hablar sobre personas que los inspiran y los representan, los tres coinciden en resaltar a sus compañeres, sus iguales. «Casi te diría que todas las personas trans que conozco», se ríe Iván. «Un compa trans, Osiris, me hizo mucho bien al alma. Cuando conté en Twitter que estaba en proceso de cambiar el DNI, me habló porque él había pasado ese proceso solo y se ofreció a acompañarme y apoyarme. Me hizo sentir que no estaba solo, no por la lucha en común nada más sino en el día a día», agradece Fede.

«Yo lo tomo para el arte porque dibujo y escribo poemas. Me inspiro mucho con mis compas: Camilo Dibuja, Ratatrola, Don Samuel, Iván del Conurbano, Mariano Camilo, Samuel Valentín. Tienen mi edad, están en la misma que yo y tal vez me leen un poema y me mueven el piso. Son compas que me inspiran a seguir adelante, más que nada», reflexiona Lucian.

«Nos une algo mucho más profundo», concluye Fede. El sentimiento de comunidad está vivo entre les hermanes trans. Tal como afirma Lohana en su última carta, «El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo».


Fotografía: Juana Lo Duca
Maquillaje: Lucía Rossi
Arte: Lucian

Mi identidad, mi derecho

Artículo colaboración por Oliver Nash


La ley de identidad de género representa un antes y un después en la vida de las personas trans y en la reglamentación en cuanto a género en la Argentina y el mundo.

Argentina es uno de los pocos países donde, por ley, una persona puede tener el documento según la identidad autopercibida, es decir, según el género que es, y puede modificar el género impuesto al nacer en el DNI sin necesidad de pasar por un tratamiento o estudios, como ocurre en otros países en los que las personas trans son obligadas a medicarse o a ir al psiquiatra para realizar el cambio registral. Esta ley es una de las pocas que no discrimina y es modelo para el mundo, al permitir a la persona registrar su género en el documento ya sea hombre, mujer, no binarie o cualquier identidad fuera del binarismo de género.

Este año se cumplieron 7 años de la sanción de la ley, ocurrida el 9 de mayo de 2012. Llegar a la ley no fue fácil y significó décadas de lucha por parte de uno de los colectivos más oprimidos y dejados de lado por la sociedad. En la actualidad, cientos de personas trans tienen su documento con el género correcto gracias a esta ley, que mejoró su calidad de vida al permitirles acceder a estudiar y trabajar, a poder operarse u hormonarse si así lo quisieran y acceder a la salud con su identidad.

Uno de los principales puntos de la ley es el reconocimiento de la identidad de género de toda persona, no solo si figura en el documento sino en todos los casos y ámbitos. En el artículo 2° se define la identidad de género como:

«La vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales».

Es decir, este artículo determina que la identidad de género no es solo «hombre» o «mujer», sino que se sale del binarismo: la identidad de género dependerá de la persona. La ley argentina es inédita en esto y una de las pocas que respeta a los géneros no binarios. Además, no obliga a las personas a tomar hormonas, a operarse, a la castración química, a declararse enfermos, a ir a la justicia, a hacer tratamientos psicológicos o a ser declarados enfermos por un psiquiatra, como en muchos países.

Antes, las personas trans eran judicializadas o tratadas como personas enfermas (lamentablemente, muchas siguen siendo tratadas así). A las personas trans no binarias o las que salen del binarismo de género, el Estado les está negando el documento de identidad y está en instancias judiciales para evitar que puedan tener su documento, como el caso de Lara Bertolini.

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Lara Bertolini frente al Congreso de la Nación.

Es tal la fuerza que tiene la cisnorma binaria que ni siquiera con una ley sancionada hace años es posible que todas las personas tengan su género en el documento y se respete su identidad de género. De este modo las personas trans no binarias y otras personas trans, como Lara, siguen luchando hoy contra el Estado para que se reconozca su identidad, se respete la ley y se cumpla con los derechos humanos.

Por eso, esta ley no solo significa cambiar un documento, sino que es darle lugar y poner en el centro un tema evitado por gran parte de la sociedad. Es mostrar que hay una cisnorma dominante.

La ley que marcó un antes y un después

Antes de 2012, existía el decreto ley N° 17.132 que determinaba que no se podían llevar a cabo intervenciones quirúrgicas que modificasen el «sexo del enfermo», salvo que fueran efectuadas con posterioridad a una autorización judicial. Es decir, las personas trans no podían operarse a menos que completaran un proceso judicial para recibir la autorización y, si lo hacían sin autorización, los médicos eran procesados y perseguidos. La ley derogó este decreto y permitió a las personas trans acceder a tratamientos hormonales o de reasignación de sexo quirúrgicos de manera gratuita y sin necesidad de pasar por ningún juez que decida sobre su género o sobre lo que debieran hacer con su cuerpo.

La ley N° 26.743 de identidad de género fue presentada por las diputadas Diana Conti, Juliana Di Tullio y Silvana Giudici. Fue aprobada en la Cámara de Diputados de la Nación el 1 de diciembre de 2011 con 167 votos a favor, 17 en contra y 7 abstenciones. En el Senado, fue aprobado al año siguiente, por 55 votos a favor y 1 abstención. Fue promulgada por Cristina Fernández de Kirchner el 24 de mayo de 2012.

Esto se logró gracias a la lucha del colectivo trans y de referentes como Lohana Berkins, quien en 2010 ya había conformado el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género y que, con las diferentes agrupaciones, trabajó en el proyecto unificado de ley que se presentó. Otras referentes indispensables en este logro fueron Diana Sacayán, que también impulsó la ley del cupo laboral trans que sigue sin reglamentarse, y Claudia Pía Baudracco, quien en medio del debate por la ley en el Congreso dijo:

«Hubo masacres, hubo torturas, pero sobre todo hubo falta de identidad que significó en nosotras una impunidad sobre nuestros cuerpos. Ser trans, no tener identidad, significa que cualquiera pueda vulnerar tus derechos […]. Cuando hablamos de derechos, hablamos de derechos humanos».

Por ella, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires determinó que el 18 de marzo sea el Día de la promoción de los derechos de las personas trans.

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La ley argentina respeta a las personas trans, no obliga; respeta sus derechos humanos básicos y su derecho a la identidad. Lo que falta es que el Estado haga cumplir la ley. El derecho a la identidad no es un invento: los derechos de las personas trans son derechos humanos.


Imagen de portada: Esteban Marchand

Yo quiero ser nena

«Un día estábamos en el auto y creo que paró mi papá y yo le dije: quiero ser nena».

Es un sueño que tenía todas las noches: que cuando se despertaba era una nena y cuando se veía al espejo también, porque ella quería ser una nena.

Tiziana creció en Salta, Argentina, y con solo 10 años se convirtió en la niña trans más joven en obtener el cambio de documento de identidad en su provincia.

El camino hacia la búsqueda de la aceptación y la conformación de una identidad de género no binaria fue largo. Aunque Tiziana decía ser tímida, tímido en esos tiempos, logró abrirse al mundo y, principalmente, a su familia. Se sintió bien y logró continuar yendo al colegio con normalidad, pero su madre siempre se preocupó por ella ya que la imagen que reflejaba a los demás no se amoldaba a los estándares que la sociedad le reclamaba.

«No puede ser que su hijo venga con las uñas pintadas».

Aunque la madre de Tiziana sabía de sus deseos y de sus sueños, ser el sostén incondicional no alcanzaba. Admite que por dentro tenía miedo, porque siempre en la televisión «a las personas trans se las asocia con policiales y se las encuentra muertas o golpeadas».

La heteronorma en números

«En el descubrimiento de la identidad de género, lxs niñxs y adolescentes en general pueden fluctuar entre las expresiones de género de forma lúdica en el autodescubrimiento, para finalmente definirse como hombre, mujer, o no binarix (es decir, tomar varios, todos o ningunos aspectos de lo que significa ser hombre o mujer, rompiendo el binomio)». (Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans y sus Familias de la FALGBT)

Como la ley 26.061 de protección integral del niño reconoce, por la capacidad de madurez progresiva de les niñes, elles pueden definir a su identidad no en una edad exacta sino dentro del período de infancia-adolescencia en general.

Si bien el primer lugar de exclusión suele ser el hogar, también es importante que su entorno social y sus pares conozcan sobre diversidad sexual, para poder romper con la naturalización de esquemas sexistas delimitados que generan prejuicios, discriminación y violencia.

El sistema educativo, los académicos y los profesionales no están adquiriendo una formación conforme en cuanto a educación sexual y diversidad con las herramientas pedagógicas suficientes para actuar con la debida sensibilidad para que las personas no binarias no comiencen a forjar una personalidad dañada desde lo emocional o lo físico.

Conocer en profundidad la ley de identidad de género es vital a la hora de frenar la discriminación, sobre todo en la propia familia y las instituciones educativas ya que «la ley de identidad de género es muy clara con respecto al trato digno, especialmente en el caso de niños y niñas adolescentes», aclara María Rachid, dirigente social del área de derechos humanos y del colectivo LGBT argentino.

«El trato digno es una obligación de cualquier persona, institución, etc., hacia todas las personas, específicamente a niños-niñas adolescentes. Sin la autorización de nadie, se respeta».

Vivir como nena

YO NENA 2

«Para mí, ser gay, lesbiana o trans es normal, es ser LIBRE».

Tiziana, a sus 10 años, ya tiene una nueva partida de nacimiento y un documento de identidad que reflejan al fin su verdadero género.  

A la pregunta de por qué es importante para ella, responde que esto «confirma lo que siento y que soy una nena llamada Tiziana Sarai». Sabe que, a los ojos ajenos, es una demostración de quién es.

«Cuando recibí mi DNI, lo recibí como si fuera mi primer cumplido de nena y ahora lo tengo acá y es como mi placa».

Tiziana comenzó a repartir abrazos por todo el mundo. Fue la caricia después de tantos golpes.

«Es momento de que la sociedad reconozca que la heterosexualidad cis no es el único camino de ser, de sentir ni de amar y que esta normatividad sólo genera rechazo a lxs otrxs y a veces a unx mismx. Es una normatividad cultural y aprendida». (Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans y sus Familias de la FALGBT)

Cuando hablamos de que niñes y adolescentes puedan crecer libres de prejuicios y estigmas, pedimos por una sociedad más inclusiva, justa, equitativa e igualitaria. Porque no debería significar un logro obtener un DNI, aunque nuestra pequeña Tiziana lo visualice así. Todes deberían tener una infancia libre con pleno goce y acceso a los derechos, a los derechos de ser niñes sin diferenciar su género.

Por estar acostumbrados a la comodidad de su ignorancia, la madre de Tiziana responde que la principal causa a la violencia es la falta de empatía y la desinformación, cuando no se pide más que respeto aunque lo que vean no se amolde a los parámetros que consideran ordinarios.

Respetar pronombres y no cuestionar la expresión de género (cómo viste, qué nombre utiliza) son factores importantes a la hora de acompañarles, pues así les niñes se sentirán segures para desenvolverse, ser sí mismes y confiar en le otre.

Antes, Tiziana era una personita triste y, ahora, es una nena plena. Su madre dice que su hija no va a morir antes de los 35 años como dicen las estadísticas. Se va morir de vieja y, por sobretodo, feliz.

 


Fuentes:

Imagen: Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs

¿Existe la ideología de género? Aportes para debatir

Un movimiento que rechaza los avances en materia de derechos sexuales y reproductivos, educación sexual, matrimonio igualitario, adopción y reconocimiento de la identidad de género denuncia la expansión de lo que llaman «ideología de género». En este artículo proponemos analizar los alcances de este movimiento, sus orígenes y las posibles respuestas feministas.


La expansión del movimiento

En Perúlucharon para frenar la enseñanza de la educación sexual; en Chile y Méxicoun autobús naranja circuló por las calles con la consigna «Si eres mujer, seguirás siéndolo», que pretendía resignificar a Simone De Beauvoir. En Colombiacontribuyeron a impugnar el Acuerdo de Paz con las FARC porque «facilitaba el homosexualismo». En Brasilquemaron una efigie de Judith Butler y lograron el recorte de planes contra la homofobia en las escuelas.

La lista sigue: en Guatemala, promueven la iniciativa 52/57 que propone penalizar el aborto y establecer un régimen de conyugalidad heterosexual. En Españase movilizaron en 2005 contra el matrimonio igualitario. En Paraguaylograron que se revisara la perspectiva de género en las escuelas y en Bolivia, que la Corte Constitucional derogase la ley de identidad de género.

En Argentina, la cruzada fue primero contra la ley de matrimonio igualitario –cuya sanción significó una importante derrota– y hoy se movilizan contra la legalización del aborto y la implementación de la ley de ESI, aunque también piden la derogación de la ley de identidad de género.

Lejos de la improvisación o la mera denuncia virtual, estos grupos en permanente expansión en América Latina y Europa Occidental tienen influencia en las agendas políticas y han logrado muchos de sus objetivos, a la vez que obstaculizan el pleno ejercicio de los derechos humanos de las mujeres y disidencias sexuales, y se arrogan la potestad de educar a sus hijos según sus creencias, atropellando el rol del Estado.

¿Qué implica y cómo surge el término «ideología de género», acuñado en 1997 por la periodista católica conservadora Dale O’ Leary?

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El planteo anti «ideología de género».

Los orígenes

Transcurría el año 1994 cuando en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo, Egipto) se utilizó el término «género» por primera vez, alertando a quienes rechazan la dimensión cultural que complementa a la biológica y escinde sexo de género.

Sin embargo, serían dos hitos posteriores los que darían lugar al surgimiento organizado de estos grupos y a la articulación de sus denuncias y estrategias de acción. El primero de ellos fue la IV Conferencia de la Mujer en Beijing (1995) que introdujo un llamado al desarrollo de políticas públicas con enfoque de género. A partir de este encuentro, se estableció que los problemas que sufren las mujeres son estructurales, es decir, dependen de cómo están organizadas las sociedades.

Además, se institucionalizó el concepto de género como «la forma en que todas las sociedades del mundo determinan las funciones, las actitudes, los valores y las relaciones que conciernen al hombre y a la mujer. Mientras el sexo hace referencia a los aspectos biológicos que se derivan de las diferencias sexuales, el género es una definición de las mujeres y los hombres construido culturalmente y con claras repercusiones políticas».

El segundo hito relevante para la configuración transnacional de este movimiento fue la Declaración de los Principios de Yogyakarta (2007)que estableció estándares legales para el reconocimiento de la identidad de género autopercibida.

A partir de entonces, agrupaciones religiosas –principalmente católicas y evangélicas– y sectores conservadores seculares comenzaron su cruzada moral en defensa de lo que consideran un «orden natural» amenazado por «la ideología de género».  En su época como cardenal, el ex Papa Benedicto XVI sentenció: «La ideología de género es la última rebelión de la criatura contra su condición de criatura».

En Argentina, las caras más conocidas son las de Agustín Laje y Nicolás Márquezquienes en el año 2016 publicaron «El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural». En él, tergiversan las diversas líneas de pensamiento feminista, trans y queer. El primero sostiene que «la ideología de género es un conjunto de ideas anticientíficas que con propósitos políticos autoritarios desarraigan a la sexualidad humana de su naturaleza y la explican monopólicamente por la cultura».

De acuerdo a Cornejo-Valle y Pichardo (2017), los trabajos producidos sobre ideología de género en distintas latitudes dan cuenta de características compartidas:

  • La coordinación entre organizaciones locales y movimientos internacionales de carácter conservador (seculares o religiosos);
  • El uso de «lenguaje hiperbólico» común que presenta los avances en equidad de género y diversidad sexual como catástrofes para la humanidad;
  • Las manifestaciones urbanas en varios países del mundo;
  • El uso de símbolos comunes, relacionados con la familia, la niñez y lo natural;
  • El recurso al miedo vía pánico moral para frenar cambios jurídicos y sociales propiciados por las luchas feministas y LGBTI; y
  • El uso de una retórica polarizada que determina posiciones y relaciones entre agentes antagonistas.

Además, hacen referencia a un supuesto escenario de complot internacional para acabar con la familia y promover la homosexualidad, niegan la existencia de la violencia de género y equiparan al feminismo con el machismo.

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¿Existe la ideología de género? Algunas respuestas feministas

La primera observación que surge de los argumentos de estos grupos conservadores es que pretenden imponer sus posiciones morales a toda la sociedad. El caso más claro es su postura ante el aborto: mientras ellos lo rechazan porque lo consideran un atentado a la vida, pretenden obligar a las personas gestantes a continuar con sus embarazos no deseados. Por el contrario, quienes promueven su legalización, no obligan a nadie a abortar.

Si continuamos el análisis, aparece el enfrentamiento entre lo «natural» y lo «cultural/social». En este caso, ambas posturas aparecen como irreconciliables. Desde la perspectiva de género hay lecturas que sostienen que no se discute la realidad de las diferencias sexuales, sino la legitimidad de los estereotipos construidos por la sociedad sobre esas diferencias (Maffía, 2003).

Lecturas como la propuesta por Diana Maffía argumentan que «el sexo anatómico mismo, y su presunta dicotomía, son producto de una lectura ideológica» (que disciplina a los cuerpos que no se adaptan a la lectura que se espera de ellos, como es el caso de las personas intersex). «La paradoja de la ambigüedad anatómica pone en cuestión que macho y hembra sean datos biológicos que fuerzan la cultura de dos géneros».

En un nivel de análisis aún más profundo, surge la necesidad de pensar en el concepto de «ideología». Desde los años setenta, las lecturas feministas de Louis Althusser sirvieron para comprender que el género, en tanto organización imaginaria de relaciones sociales entre los sexos, opera como una ideología. «El análisis del género como ideología otorgó rigor teórico a una comprensión de lo personal como efecto de una organización político-sexual» (LATFEM).

En este mismo sentido, el filósofo Darío Sztajnszrajber sostiene que no se puede no ser ideológico porque «uno siempre parte desde un lugar que supone una cuestión subjetiva y una intención de poder. Hay una decisión de ordenar de acuerdo a ese paradigma, consciente o inconscientemente».

Asimismo, la ecofemini(s)ta Danila Suárez Tomé afirma: «Lo que ellos no ven es que lo que llevan adelante, también es una ideología. O sea, un conjunto de representaciones del cual deriva un cierto programa social» (FILO). Vale decir que, si ambos posicionamientos son ideológicos, este argumento deja de ser válido para movilizarse en detrimento de la ampliación de derechos de las mujeres y disidencias sexuales.

¿Será ese «orden natural» a proteger tan frágil que requiere de una maquinaria falaz y violenta para sustentarlo?


Material consultado:

Más licencia por paternidad es más igualdad de género

En pleno debate por las licencias parentales, surge la necesidad de plantearse qué otras modalidades de cuidado son posibles y necesarias. ¿Cómo es el régimen actual de licencias? ¿Qué sucede con las nuevas conformaciones familiares? ¿Cuál es la meta soñada? Hablamos de la campaña de ELA y de la situación en el país.

Licencias familiares HOY

Argentina es uno de los países con menos días de licencia por paternidad de América Latina: de acuerdo a la Ley de contrato de Trabajo (LCT), a los hombres les corresponden 2 días y a las mujeres un período de 90 días pagos de cese de la actividad laboral –45 antes del parto y 45 después–. El país se encuentra lejos de los estándares recomendados por organismos internacionales.

Además, si tenemos en cuenta que en el 80% de los hogares las tareas domésticas y el cuidado cotidiano de niños, niñas, adolescentes recaen exclusivamente sobre las mujeres (INDEC 2013), podemos ver que la disparidad en las licencias no hace más que reproducir estereotipos de género que perpetúan la desigualdad. Estas convenciones sociales hacen que muchas mujeres no sean contratadas en nuevos trabajos ante la posibilidad de quedar embarazadas.

Asimismo, la normativa actual sólo tiene en cuenta a las parejas heterosexuales. En la práctica, el régimen de licencias quedó obsoleto respecto de las nuevas conformaciones familiares, contempladas en leyes como las de Matrimonio Igualitario e Identidad de Género.

Como ejemplo de país igualitario, y en contraposición a Argentina, podemos mencionar a Islandia. Allí, hay 9 meses de licencia compartida entre ambos progenitores: tres para el gestante, tres para el no gestante y tres para ser distribuidos entre ellos como decidan.

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Cuidado compartido: la campaña

La organización ELA lanzó la campaña Más licencia por paternidad para visibilizar esta problemática. La propuesta consiste en «intervenir un lugar que históricamente le asigna la crianza a la mujer: los carteles del transporte público». Para ello, crearon un sticker con la apariencia de los carteles de asientos reservados, pero la figura ahora es la de un varón. La idea es que  lxs usuarixs los peguen en sus recorridos diarios.

Desde ELA sostienen que es necesario promover cambios culturales que apunten a una mayor corresponsabilidad entre varones y mujeres dentro de las familias.

Para un mundo más justo se proponen…

  • Licencias por maternidad acordes a las recomendaciones de organismos internacionales como la OIT;
  • Licencias por paternidad con la misma extensión;
  • Equiparación entre los días otorgados por nacimiento y los otorgados por adopción;
  • Contemplación de familias integradas por dos madres o dos padres;
  • Extensión de licencias familiares ante necesidades de cuidado específicas, en reconocimiento de que las necesidades de cuidado van más allá de los primeros meses de vida y que no solo se refieren a los hijos y las hijas.

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«No están aceptando la realidad de que la infancia trans existe»

La historia de Tiziana representa una de las tantas luchas en busca de derechos, contra el bullying y el acoso; de experimentar un nuevo mundo, perseguir la felicidad y la comodidad con unx mismx. Dos años después de compartir con sus papás su sentimiento de ser mujer, Tiziana logró ser reconocida por la justicia salteña y pudo cambiar su género en el Documento Nacional de Identidad.

Desde ese día sostiene que la gente debe respetarla por lo que es, y que ella se siente como cualquier otra nena de su edad.

Sin embargo, con tan solo 10 años tuvo que enfrentar burlas y faltas de respeto por parte de las autoridades del colegio Alejandro Gauffin, al cual asistía. A pesar de la pérdida de algunxs amigxs, el lunes comenzará las clases en otra escuela, en la cual busca mayor contención y una nueva oportunidad de disfrutar su infancia.

Graciela Puchetta, madre de la niña, presentó ante el INADI una denuncia en la que informa el maltrato y la discriminación de los que era víctima su hija, tanto por parte de sus pares como por parte de las autoridades del colegio.

Sus compañerxs le decían “doble”, “puto famoso”. Puchetta afirma que su hija no quería ir a clase por temor a las maestras. Cuando se enojaban con ella, la llamaban con nombre de varón o le decían “papito”. Tiziana tenía miedo de hablar y, por eso, no le contaba a sus padres el tormento por el que pasaba, del que se enteraron a raíz de una discusión que tuvo con un compañero de clase.

Graciela habló con la vicedirectora del establecimiento, y en ese momento entendió que quienes estaban al poder tampoco respetaban la identidad de su hija: se referían a ella como “niñito”. Por eso decidió realizar las denuncias correspondientes, en defensa de Tiziana y para evitar que esto vuelva a pasar.

«Me decían que los varones no usaban pelo largo y aritos, pero Tiziana era una nena y me hacían mandar autorizaciones firmadas para que pudiera usarlos. Ahora, hasta con un papel, siguen vulnerando los derechos de mi hija y no piensan cambiar».

Tiziana no es la única víctima de este tipo de situaciones, que muchas veces son fomentadas desde los medios de comunicación, cuando por ejemplo ultrajan la identidad de figuras como Florencia de la V.

Por este tipo de razones, entre otras, es de suma urgencia que se aplique la ley de Educación Sexual Integral en las escuelas (ESI), en espera de que la información sobre identidades sexuales eduque y termine con la discriminación.

«Estoy contenta pero pienso pedir audiencia con la ministra de educación. Tengo esperanzas de que no le pase lo mismo en la nueva escuela. Voy a seguir las denuncias pertinentes, pido a todas las organizaciones y les activistas que también lo hagan. No están aceptando la realidad de que la infancia trans existe. Quiero que respeten a mi hija y también a todes les niñes trans», sostuvo la madre de Tiziana.


Fuentes

Educación sexual para decidir

En el año 2006, se sancionó la Ley de Educación Sexual Integral pero, al día de hoy, sigue sin cumplirse. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué es necesaria su implementación? 

«Establécese que todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal», líneas introductorias a la ley 26.150 (ESI).

A pesar de que la ley cumplirá 12 años desde que fuera sancionada, aún hoy sigue sin implementarse de manera adecuada y, por lo tanto, quedó desactualizada.

Según la ley, la ESI comprende tanto los aspectos biológicos de la sexualidad como los psicológicos, sociales, afectivos y éticos. Esto implica que las escuelas no deben simplemente hablar del sistema reproductor y enseñar a usar los métodos anticonceptivos de manera efectiva, sino que además deben explorar la diversidad, el respeto hacia las parejas sexuales y la sexualidad responsable, entre otras cosas.

«En cuarto año, una profesora de salud y adolescencia se animó a hablarnos, pero cada vez que teníamos su clase tenía que cerrar las puertas, y que nada de lo que habláramos saliera del curso porque, si no, corría «riesgos»». Rocio, exalumna de un colegio católico de Lanús.

Actualmente, la educación sexual es abordada en las escuelas de manera paupérrima, si es que siquiera se aborda. Se habla poco y nada, en clases de biología o salud mayormente. Muchas veces, se realizan talleres a pedido de los propios estudiantes, pero sigue sin abordarse de manera transversal como la ley indica.

«En mi colegio, la Educación Sexual se habla en marco del pedido de lxs estudiantes estrictamente. En cuatro años de cursada, todas las actividades en torno a E.S.I. fueron organizadas por el centro salvo una excepción el año pasado donde se trató violencia de género». Cassandra, alumna de una escuela pública de Balvanera.

La educación sexual es importante, no sólo para poder concebir una sexualidad responsable desde temprana edad, sino también para poder derribar los estereotipos de género y el desconocimiento por la diversidad sexual. Sin embargo, la sexualidad sigue siendo abordada desde una mirada cisheteronormativa que no incluye a las distintas identidades de género ni tampoco contempla las diversas orientaciones sexuales.

«Me hubiera gustado que hablen de las orientaciones sexuales. Yo, como una persona bisexual, me sentí súper invisibilizada. Lamentablemente, la única vez que tocamos el tema fue cuando uno preguntó si la OMS consideraba a la homosexualidad una enfermedad. La respuesta de la profesora fue un «no» y cambió de tema». Aylén, alumna de una escuela católica de Morón.

Lo más habitual es que los contenidos de educación sexual se vean en los últimos dos años de secundaria, con alumnos de entre 16 y 18 años. Según distintos estudios, en nuestro país los adolescentes comienzan su vida sexual antes de los 16 años: por ende, estos temas se abordan de manera tardía.

«Todo lo que nos dieron de educación sexual, ya lo había aprendido antes fuera del colegio. Ya sea por las redes sociales, mis viejes, amigues, etc. Decidí no esperar a cumplir 17 años y llegar al último año de secundario para aprender cosas que me parecen sumamente importantes y que se tendrían que enseñar mucho antes». Lucas, exalumno de una escuela católica del microcentro porteño.

Dado que hay un artículo de la ley que establece que cada institución escolar tiene derecho a decidir sobre el proyecto institucional para abordar el tema, muchas escuelas (principalmente religiosas) abordan solo la sexualidad con fines reproductivos e incluso desalientan el uso de métodos anticonceptivos.

Según una encuesta realizada por la Fundación Huesped, el 86% de los alumnos siguen asociando la educación sexual al sistema reproductivo. Si bien hoy en día hay movimientos estudiantiles interesados en promover la ESI, la situación no es homogénea dentro de la comunidad educativa.

La ESI debería poder otorgar herramientas a los jóvenes para disfrutar de su sexualidad de manera responsable y libre de prejuicios. Para educarse en la diversidad y el respeto hacia el otro. Para derribar los estereotipos de género y educar una sociedad más equitativa.

Aunque mucha gente decida hacer oídos sordos, una de las bases de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto es la lucha por la Educación Sexual Integral. Si no tenemos una educación sexual integral, transversal y que se cumpla en todas las escuelas, tenemos una sociedad desinformada, que desconoce sus derechos, que no puede elegir libremente.

Educación sexual para decidir.

Anticonceptivos para no abortar.

Aborto legal para no morir.


Fuentes:
Ley de Educación Sexual Integral
Fundación Huesped