Lo que faltaba: se incendió el océano

A principios de este mes, el día 2 de julio, las imágenes impactantes de un «ojo de fuego» enorme en el medio del mar recorrieron el mundo. ¿Por qué sucedió? ¿Qué consecuencias tiene para el ambiente?

El incendio fue provocado por una fuga de gas en un ducto submarino de Petróleos Mexicanos (Pemex), ubicado en aguas del Estado de Campeche, en el Golfo de México. Además, según la empresa, el fuego se inició debido a las fuertes descargas eléctricas, producto de una tormenta que ocurría en la zona al momento de la fuga de gas. En resumen, mala suerte. Pero, ¿solo podemos culpar a la mala suerte? 

Las llamas fueron apagadas por operadores de la empresa petrolera después de 5 horas. Desde Pemex comunicaron que «no existió derrame de crudo» y que las acciones para controlar el fuego «evitaron daño ambiental». Sin embargo, no pueden asegurarlo ya que no se realizó ninguna investigación posterior para evaluar los daños al ecosistema.

Sumado a esto, la petrolera afirmó que pudo controlar las llamas gracias a que «utilizó nitrógeno» sobre el oleoducto. Esta sustancia «es el peor contaminante del mundo que afecta a los océanos», explica el Instituto Ocean River, porque causa la proliferación de algas nocivas, el enriquecimiento excesivo en nutrientes del ecosistema acuático y la aparición de zonas muertas del océano por hipoxia. En conjunto, hace que la vida marina sea más vulnerable a las enfermedades, que se reduzca la biodiversidad, que se degraden los ecosistemas oceánicos.

Por otro lado, el nitrógeno en las floraciones de algas también produce óxido nitroso (N20), un gas de efecto invernadero (GEI) mucho más potente que el dióxido de carbono. Todos estos efectos contribuyen al calentamiento global, ya que se degradan aún más los océanos al aumentar la acidez del agua a medida que los océanos absorben cada vez más carbono.

Son plataformas como la del Golfo de México las que se quieren poner en el mar argentino. El aumento en la explotación de petróleo que pretende el gobierno de Alberto Fernández no solo dañará el ecosistema marino, sino que también va en contra de la meta de reducción de la emisión de GEI con la que se comprometió Argentina en la última Contribución Nacional Determinada (NDC). Aún estamos a tiempo de evitar otra catástrofe similar en nuestro país.

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El incendio en el Golfo de México demuestra la falacia de la seguridad que intentan instalar las petroleras. Estos mal llamados «accidentes» se repiten varias veces en el año: hay reportes de fugas de gas en líneas de Pemex ocurridas en agosto y septiembre de 2019 y en febrero y abril de 2021. Y estos son solo los que han sido informados al público.

En este caso, el video del «ojo de fuego» fue compartido en Twitter, Instagram y Facebook por millones de personas. Esto hizo que la empresa Pemex tuviera que dar explicaciones. Sin embargo, si nadie hubiera grabado ese video o nadie hubiera sacado una foto, ¿tendríamos hoy conocimiento de esta catástrofe?

El incendio puede haber tenido consecuencias terribles para el ecosistema marino. Tal vez no veremos las evidencias de este ecocidio hasta dentro de algunos años. Para Greenpeace se considera ecocidio porque es un «acto ilícito o arbitrario perpetrado a sabiendas de que existen grandes probabilidades de que cause daños graves, extensos o duraderos al medio ambiente». Lo cierto es que la vida marina no preocupa a las petroleras, solo interesan las ganancias.

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Las empresas que explotan los combustibles fósiles operan con impunidad en todo el mundo. El caso de Pemex, además, es particular porque el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, apoya fuertemente la explotación del petróleo y busca basar la economía del país en el autoabastecimiento de combustibles. La protección del presidente de México para con Pemex es tal que ha propuesto hacerse cargo de la deuda millonaria que tiene a la empresa en bancarrota desde hace años, según France 24.

Pero el aval a la explotación petrolera debe terminar. Greenpeace México denunció que el complejo Ku-Maloob-Zaap, donde ocurrió el incendio, representa «el 40% de los 1,68 millones de barriles diarios de crudo que produce Pemex». Desde la organización ambiental calculan que esas instalaciones emiten 158.390 toneladas de CO2 a la atmósfera por día. En este sentido, resulta vital que la petrolera disminuya sus emisiones de GEI si se quiere cumplir con el Acuerdo de París

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Pemex ocupa el tercer lugar entre las empresas petroleras con mayor riesgo ambiental del planeta, según el análisis del Think Tank México Evalúa. Además, como lo evidencian las múltiples fugas y rupturas de líneas, tiene infraestructura muy vieja cuya operación ha bajado significativamente el rendimiento y ha aumentado el riesgo para el planeta. Esto se agrava cuando consideramos que esta empresa se encuentra en el puesto 9 de 20 en cantidad de emisiones de metano y dióxido de carbono. Asimismo, la explotación de petróleo hace que México sea el quinto país a nivel mundial con más emisiones de dióxido de azufre, un gas altamente tóxico que tiene severos impactos a la salud. 

Es evidente, entonces, que esta actividad extractiva solo acelera el calentamiento global y, mientras dejamos morir a los océanos, no nos damos cuenta que los necesitamos para nuestra propia supervivencia como especie. Lo ocurrido es otro ejemplo de la necesidad urgente que tiene la humanidad de dejar de financiar la explotación de combustibles fósiles y transicione a energías renovables y sostenibles.


Fuentes:


Paren de incendiar las Islas

El 12 de junio pasado, Fridays For Future Rosario publicaba en Instagram la frase «Paren de incendiar las Islas», a raíz de los incendios en las islas ubicadas sobre el río Paraná, en la localidad entrerriana de Victoria. Si bien estas quemas son habitualmente provocadas para acondicionar el terreno y la pastura para la cría y el engorde del ganado, causan irreparables daños en el ecosistema del humedal. Además, la situación se agravó por la falta de lluvias y la bajante del río que ocurrieron este año. 

No sólo miles de animales se vieron afectados por los más de 3000 focos de incendio no autorizados, sino también los habitantes de la ciudad de Rosario, quienes sufrieron bajo la nube de humo y cenizas que ahogó la ciudad durante días. Ellos utilizaron las redes sociales para mostrar la realidad brutal de los incendios provocados, tomando fotos y videos que reflejaban la increíble extensión de lo que muchos calificaron como un ecocidio.

Sumado a esto, un estudio realizado por el laboratorio de Medio Ambiente de la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura de la UNR encontró que la calidad del aire en Rosario se vio severamente afectada por estos incendios. El informe afirma que la presencia de partículas contaminantes (polvo por combustión de rastrojos) llegó a superar hasta cinco veces las permitidas durante las jornadas con mayor cantidad de focos. También se corroboró que, por efecto del viento, las partículas contaminantes se distribuyeron a una distancia de hasta 60 kilómetros a la redonda.

«En Argentina existen aproximadamente 600.000 km2 de humedales, lo que representa el 21,5% del territorio nacional. Los humedales son ecosistemas naturales que proveen un conjunto de bienes y servicios que garantizan la calidad de vida tanto de los pobladores locales como de los habitantes de áreas vecinas. La provisión a la sociedad de esos bienes y servicios ecosistémicos depende del mantenimiento de la integridad ecológica de los humedales».

Wetlands International

Entendemos, entonces, que no es sólo una práctica peligrosa para el ambiente y la salud, sino que es una irresponsabilidad no cuidar al máximo un ecosistema de tanta importancia para el país. La Secretaría de Ambiente del gobierno entrerriano, que es quien tiene la facultad de otorgar permisos para la explotación de esos terrenos, asegura no haber emitido ninguno últimamente, por lo que estas quemas son ilegales. Además, desde el gobierno de Entre Ríos dijeron no tener recursos para fiscalizar el uso y evitar las quemas. Es claro que se necesitan políticas más específicas y rígidas.

Por su parte, Nación declaró la emergencia ambiental y amenazó con severas sanciones contra «los inescrupulosos que queman pastizales», según afirmó Juan Cabandié, ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Además, anticipó que realizará una denuncia penal y que buscará que los responsables de las quemas ilegales se hagan cargo de los costos millonarios de los operativos para sofocar incendios, que podrían superar los $20 millones. Sin embargo, a pesar de las múltiples denuncias y acciones judiciales iniciadas en la provincia, aún no hay imputados

Ley de Humedales

Entre el 15 de mayo y el 14 de junio pasados, se quemaron un total aproximado de 250 kilómetros cuadrados en la zona que va desde San Lorenzo al norte hasta Villa Constitución al sur. Unas 25 mil hectáreas, una superficie equivalente a «una Rosario y media», escribió en Twitter el naturalista y viverista César Massi, tras analizar datos abiertos y de público acceso de la información sobre incendios para el sistema de gestión de recursos Firms, de la NASA.

Aquí es donde organizaciones como Fridays For Future y El Paraná No Se Toca remarcan la necesidad de una ley de humedales. Ya en 2012 se inició un proyecto para lograr establecerla, que en 2013 logró la media sanción por unanimidad en el Senado. Sin embargo, en la Cámara de Diputados no fue aprobada y en 2015 el proyecto de ley de presupuestos mínimos para la protección y uso racional y sostenible de los humedales de la Argentina perdió estado parlamentario. 

La integridad de los humedales se ve cada vez más afectada por la actividad desregulada del hombre, las megaurbanizaciones, el avance de frontera agrícola, la industrialización de procesos de pesca y la deforestación. Se requiere una respuesta urgente que regule y proteja estos ecosistemas que brindan servicios ambientales fundamentales como la regulación de inundaciones, la depuración de agua, la provisión de alimentos, maderas y fibras y el reservorio de carbono, entre otros. Según Roy López Molina, abogado, escribano, vicepresidente primero del Concejo Municipal de Rosario y ferviente defensor de la necesidad de la sanción de esta ley: «Esa vía puede estar en la postergada ley de humedales, una herramienta indispensable que puede otorgar un ordenamiento territorial».

«De esa manera, cada provincia podrá decidir qué porción conservar y cuál destinarla a actividades productivas. Debe ser en una escala compatible con el mantenimiento del ecosistema. Las actividades quedarán así perfectamente normadas y habrá áreas en las que quedará erradicado el uso del fuego. Pero, además, para no correr detrás del fuego necesitamos una ley de humedales».

Roy López Molina.

Fuentes:

Amazonas: ¿y ahora?

Artículo escrito en colaboración con Candela Niesl


#ActForAmazonia es trending topic en las redes sociales: es la bajada de las fotos que muestran árboles en llamas, animales con quemaduras graves y el humo negro que brota desmedido y ahoga un ecosistema cuya misión es brindar el 20% del oxígeno a la atmósfera terrestre. ¿Cuál es la chispa que inició este incendio?

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