El proyecto de ley de Protección de Características Sexuales llegó al Congreso

Con el apoyo de la diputada Gabriela Estévez, del Frente de Todes, y quince firmantes más*, llegó a la Cámara de Diputades el proyecto de ley de Protección de Características Sexuales. La normativa busca garantizar que ninguna persona en todo el territorio argentino sea sometida a violaciones de derechos humanos sobre la base de sus características sexuales. Además, se propone exigir que la Educación Sexual Integral (ESI) incluya contenidos sobre intersexualidad.

El escrito, compuesto por 27 artículos, no solo plantea evitar las intervenciones quirúrgicas invasivas e innecesarias en menores de edad y garantizar el derecho a la diversidad corporal, sino que también hace mención al derecho a la información para que quienes hayan sido sometides a cirugías en su infancia puedan conocer qué intervención se les realizó y recibir una reparación por ello.

«En la articulación del proyecto hay una propuesta para crear con una Comisión de la Verdad para que quienes ya hemos atravesado estas cirugías podamos recuperar nuestras historias. Nuestras historias clínicas desaparecen, no tenemos acceso a saber a ciencia cierta qué intervenciones nos hicieron, quiénes autorizaron, quiénes participaron».  

Paula Sosa, activista de Potencia Intersex.

Asimismo, la presentación ocurre luego de que, el pasado 1 de octubre en Ginebra (Suiza), treinta y seis Estados de diversas regiones del mundo pidieran al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que proteja de forma urgente a las personas intersex en su autonomía corporal y su derecho a la salud. Argentina, entre ellos.

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«Los derechos humanos del colectivo intersex han sido histórica y sistemáticamente vulnerados. Esta vulneración comienza en la primera infancia a través de intervenciones médicas normalizantes, innecesarias y no consentidas, las cuales acarrean toda una serie de consecuencias para su salud y bienestar a lo largo de sus vidas. Argentina se ha caracterizado por liderar en el mundo el reconocimiento y la protección de los derechos humanos de las personas LGBTI.

Así lo hicimos con el matrimonio igualitario, siendo el primer país de la región; con la ley de identidad de género, la primera del mundo en despatologizar a las personas trans; y actualmente con el proyecto de inclusión laboral trans que avanza en el Congreso. Este proyecto, elaborado por las propias organizaciones intersex, se inscribe en esa historia de lucha con el objetivo de reconocer y proteger los derechos humanos de un colectivo históricamente invisibilizado y violentado: el colectivo intersex».

Gabriela Estévez, diputada nacional por el Frente de Todes.

Según Justicia Intersex, el proyecto se creó de forma colectiva: «Fue trabajado con la Red Plurinacional Intersex, incluyendo a Orquídea Intersexual, NOA Intersexual, Potencia Intersex y activistas independientes; con Abosex, con la Liga LGTBIQ+ de las Provincias y con aliades de todas partes».

Paula Sosa, integrante de Potencia Intersex, nos explicó que el activismo intersex es relativamente nuevo en el país. Justicia intersex se organizó en 2013 y desde entonces está trabajando en la ley para frenar las mutilaciones genitales en la infancia. Hacia 2015, se sumaron nuevas voces: «Hemos tenido varias reuniones virtuales, en el marco de la pandemia y antes también. Inauguramos un poco las reuniones virtuales porque somos pocas personas y nos encontramos bastante distantes en el territorio».

La legislación se discutiría el año próximo en el Congreso. Queda esperar y seguir dándole apoyo público a la causa para que se garanticen derechos humanos fundamentales.

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* Mónica Macha, Carolina Gaillard, María Rosa Martínez, Carla Carrizo, Paola Vesvessian, Jimena López, Maximiliano Ferraro, Brenda Austin, Mara Brawer, Leonardo Grosso, Florencia Lampreabe, Lucila Masin, Josefina González, Santiago Igon y Gabriela Cerruti.


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Países Bajos: tribunal autoriza el tercer género en documentación oficial

El pasado lunes, un tribunal de la ciudad neerlandesa de Roermond ordenó a las autoridades la emisión de un documento de identidad que no especifique género para une ciudadane de identidad reservada que así lo exigió.

Le ciudadane beneficiade por la medida es una persona intersex que había sido designade varón al nacer y cambiado legalmente su género a femenino en 2001.

«Al momento del nacimiento, no pudo determinarse el género de la persona y sus padres decidieron registrarle como varón, para facilitar las cosas», expresó la declaración final del tribunal. «Con el tiempo, la persona decidió que la categoría de género femenino tampoco era correcta. En su experiencia personal, le ciudadane identifica su género como “neutro”: no se siente ni un hombre ni una mujer».

La medida fue celebrada por activistas trans e intersex del país como un paso muy importante para alcanzar el reconocimiento y la igualdad de derechos. Pese a tratarse de un fallo que afectará solo a la persona demandante, sienta un precedente para el resto de la comunidad que podrá citar el caso en sus propias demandas.

Además, posibilita el registro con la leyenda “indeterminado” en la categoría género para niñes recién nacides cuyo sexo no pueda identificarse en el binario normativo.

Les jueces involucrades señalaron que «llegó el momento de reconocer un tercer género» acorde con los avances sociojurídicos, y animaron a les legisladores a trabajar en leyes que conviertan este desarrollo en una realidad para todes les ciudadanes de los Países Bajos.

 

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Fuentes:

 

Cuerpos perfectos: introducción a la intersexualidad

Ni trastorno ni enfermedad. Hablar de intersexualidad es hablar de diversidad corporal y de las normas sociales que establecen cuáles son los cuerpos normativos, deseables, válidos y legítimos. Es poner el mundo del revés, para enderezarlo y que tengan lugar en él otros mundos posibles.

Ser o no ser lo que la sociedad quiere

Intersexualidad no es lo mismo que hermafroditismo. Mientras que este último concepto refiere a un individuo cuya corporalidad se compone de ambos sexos (es decir, que cuenta con pene y vagina), la intersexualidad abarca un conjunto muy amplio de corporalidades posibles y no un cuerpo en particular.

“El término intersexualidad engloba un amplio espectro de situaciones en las que el cuerpo sexuado de una persona varía de manera congénita respecto del modelo corporal ‘masculino/femenino’ hegemónico” (INADI, Intersexualidad, 2016). Se estima que cada año un 1,7% de niños y niñas en todo el mundo nacen con variaciones en sus características sexuales (Amnistía Internacional).

El concepto de “variación” resulta fundamental para entender de qué hablamos cuando hablamos de personas intersex. Existen diferentes tipos de variaciones de los modelos estándar de corporalidad masculina y femenina:

  • Aquellas que involucran a los cromosomas (XXY);
  • Configuraciones y localizaciones particulares de las gónadas (coexistencia de tejido testicular y ovárico, testículos no descendidos, etc);
  • Configuraciones de los genitales (pene “demasiado” pequeño, clítoris “demasiado” grande; vagina ausente; final de la uretra desplazado de la punta del pene a uno de sus costados).

Estas variaciones, en algunos casos, pueden comprometer la asignación del sexo al nacer. Es entonces que ingresan la cultura y la necesidad humana de clasificar, para intentar “poner orden” al supuesto desorden biológico.

“La intersexualidad no es una ‘urgencia’ médica en sí misma; en todo caso, es el modo en que la sociedad aborda y trata la intersexualidad lo que se constituye como problemático”, (INADI).

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Medicalización y activismo

“Del proceso de generización se derivaron los protocolos atencionales aún vigentes en nuestras sociedades: a la asignación temprana al género femenino o masculino debe seguir, de modo imprescindible, la intervención “normalizadora” sobre el cuerpo” para ubicarlo dentro del binarismo masculino/femenino, sostiene Mauro Cabral (activista trans e intersex) en “Cuando digo intersex: un diálogo introductorio a la intersexualidad” (entrevista realizada por Gabriel Benzur).

Entre las justificaciones de las intervenciones médicas sobre los cuerpos que no pueden ser pensados en términos genérico-sexuales se encuentran la búsqueda de “normalizar” la apariencia de los genitales para que el individuo no se quede “sin género” y el temor a la discriminación (la asignación genérica aseguraría el ingreso de ese individuo en la subjetividad sexuada, en la ley y en el lenguaje).

Ante las respuestas medicalizadas y patologizantes, fue necesario el surgimiento de un activismo que cuestionara las concepciones hegemónicas en torno del cuerpo, la identidad y la sexualidad. Surge así en 1993 la Sociedad Intersex de Norte América, cuya demanda principal consistió en exigir el cese inmediato de todo tratamiento médicamente innecesario y no consentido destinado a la “normalización” de los cuerpos.

Como resultado de las cirugías y otras intervenciones médicas, a las personas intersex se les vulnera su derecho a la integridad física y al libre desarrollo y expresión de su identidad de género autopercibida.

“El parámetro de adecuación es impuesto en función del coito heterosexual y penetrativo, a la vez que las expectativas sociales estandarizadas se colocan por encima de la sensibilidad, el desarrollo y el consentimiento de la propia persona intersex”, (INADI).

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Alianzas con el feminismo

Ante una posible alianza con el movimiento feminista, Mauro Cabral sostuvo: “Si asumimos que el sujeto del feminismo son las mujeres, y la definición de mujer (y de hombre) no es puesta siquiera en duda, difícilmente la introducción de cuestiones intersex llegue a buen puerto, porque el activismo intersex viene a cuestionar, justamente el funcionamiento del género, el carácter prescriptivo de la diferencia sexual que en muchos casos el feminismo acepta acríticamente”.

Ante este posicionamiento, es bueno destacar que el movimiento feminista no sólo es heterogéneo, sino que hay muchos debates aún no saldados en su interior.  Entre ellos, se cuestiona la definición del género, y los modos de ser mujer y hombre en nuestras sociedades. En este sentido, una alianza no sólo resultaría posible sino también necesaria.

Actualidad

Recientemente se han producido algunos avances orientados a la despatologización de las personas intersex y al respeto por su autodeterminación. El “Acta de Identidad de Género, Expresión de Género y Características Sexuales” (Malta, 2015) prohíbe las intervenciones sobre los cuerpos de los/as niños/as intersex y reconoce el derecho de sus madres y padres a demorar la inscripción de su sexo en la partida de nacimiento.

Sin embargo, este tipo de medidas también ha recibido críticas, porque muchas personas intersex no se sienten neutras o indefinidas, sino que adscriben al género femenino o masculino, de acuerdo a sus propias trayectorias personales.

Será cuestión de escuchar a todas las voces y poner el mundo del revés, para enderezarlo y que, en él, tengan lugar otros mundos posibles.

Identidad sexual y género: la mirada cinematográfica en XXY, de Lucía Puenzo.

¿Y si no hay nada que elegir?

Si de identidad de género hablamos, cabe destacar que partimos de la base común donde entendemos y compartimos que la noción de género, en palabras de Judith Butler, no es sinónimo de mujer u hombre, sino una construcción cultural de las sexualidades.

Cada individuo comienza a leer el mundo a partir de una perspectiva de género desde que tiene uso de razón, desde que puede recordar escenas de la vida cotidiana o incluso desde antes, por el contexto que lo circunda. Llega un momento en el que mamá, papá u otro familiar explica que la genitalidad es distinta “en los nenes” y “en las nenas”. Pero, ¿qué pasa con aquello que es excluido y condicionado? ¿Qué pasa con lo diferente, con lo más tabú de la sexualidad? ¿Qué ocurre con las resistencias al orden establecido?

En la cinematografía argentina, al igual que sucedía en tantos otros campos sociales, la temática sobre género no había sido jamás abordada del modo en que Lucía Puenzo se aventuró a hacerlo. Es por esto que resulta inevitable plasmar una puesta en valor de su filmografía, que abre interrogantes sobre dicha temática y su forma de abordaje, una crítica abierta a la imposición de definiciones sexuales y una invitación a la reflexión, hacia el respeto por las diversidades.

El cine y su aporte acotado sobre la diversidad sexual mostraban mayormente lo gay, trans y lésbico como algo que aparece bajo los estereotipos de otredad que les impone el sistema hegemónico heteropatriarcal: se impone la figura del bailarín gay, la lesbiana deportista, el peluquero travesti. Puenzo reivindica los derechos del individuo como dueño de su cuerpo y sus acciones, y es definitivamente una pionera, referente nacional y digna de admiración.

En el caso puntual de XXY, la directora condena la violencia física y simbólica que ejercen algunos discursos científicos, ciertas prácticas médicas, e interacciones sociales sobre las personas intersexuales. Esta violencia nace de la imposición de un determinado género y orientación sexual, que presenta al cuerpo intersexual como algo ininteligible, algo que necesariamente hay que corregir, delinear, moldear a imagen y semejanza de una sociedad incapaz de comprender que, quizás, no haya que elegir entre A o B.

Vayamos ahora hacia la trama. Álex es una adolescente intersexual de 15 años, que creció viviendo como mujer para su entorno y tomando medicinas que suprimían sus rasgos masculinos por sentencia de sus padres, quienes a su vez decidieron dejar Buenos Aires apenas nació e instalarse en una cabaña situada a orillas de la costa uruguaya para que Álex creciera sin los prejuicios del entorno y más protegida. La intención parece quedar trunca.

El caso es que Álex no se identifica en un cuerpo con genitalidad «de mujer», y decide dejar de tomar los corticoides que evitaban la virilización, mostrando su resistencia a esta forma de control sobre su cuerpo, tanto por parte de sus padres como de una sociedad que exige definiciones y discrimina sin reparos. La película celebra el cuerpo intersexual, no como un estado transitorio sino como una forma legítima de corporeidad, haciendo una fuerte crítica cultural e invitación a la reflexión.

El relato de Puenzo señala lo problemático de la falsa idea de las “identidades puras” como algo cerrado y definido, sobre lo cual adherimos a la idea de identidad como una construcción social y, en las visiones de Freud o Stuart Hall, como un proceso de articulación, sobredeterminación, no habiendo lugar para totalidades suturadas. Un ser siempre en formación.

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La idea que atraviesa esta historia de principio a fin es la posibilidad de someter a Álex a la castración, el impulso hacia una determinación de matriz binaria: ser mujer u hombre. Al respecto, la filósofa contemporánea Judith Butler invita, a través de sus escritos, a pensar el género por fuera del dato biológico, ya que el género, la sexualidad y las identidades se construyen en el discurso, se arman, y se delinean desde un orden dominante, con el fin de reproducir el orden establecido: una sociedad patriarcal- heteronormativa-monogámica.

“Dijiste que no rebanaba nada y ahora me decís que le gusta cortar dedos”, sostiene Álex en diálogo con su nuevo amigo Álvaro, cuyo padre es cirujano, en una fuerte crítica a la cirugía que busca amputar todo lo que entiende la medicina que “sobra”, que está fuera de los parámetros de la “normalidad” impuesta.

La escena clave de la apuesta de Puenzo tiene que ver con un padre reflexivo que empieza a comprender que sólo su hijx puede tomar una decisión al respecto. Acto seguido, Álex le dirige la mirada al padre y sostiene: “¿Y si no hay nada que elegir?

En cuanto a la estética, es menester destacar que la música original de los films de los Puenzo, tanto padre como hija, es composición de Andrés Goldstein y Daniel Tarrab, quienes, a rasgueado de guitarras logran imprimir una atmósfera de oscuridad, pesadez, incomodidad, padecimiento constante, sin hacer abuso del recurso. La banda sonora está presente cuando es realmente necesaria.

Por otro lado, la historia es narrada como un drama intimista y angustiante, a la vez sobrio, realista, elegante, sin sentimentalismos, con una fotografía en tonos azules que recrea la atmósfera de incomodidad constante de todos los personajes y del espectador que se angustia a la par por la situación.

La mujer como cineasta: el género desde la mirada femenina.

XXY se estrenó en 2007 y es la ópera prima de Lucía como directora, en un contexto político cultural de transformaciones clave en materia de género, de miradas cada vez más inclusiva, de despojo de tabúes, donde no es casualidad que el mismo año haya asumido en Argentina la primera mujer como Presidenta. Un contexto que reivindica los derechos de la mujer y los derechos humanos en general, una década que destaca a la mujer en los distintos campos sociales, en sus diversos roles y legados: la luchadora del cotidiano, la cineasta, la mandataria.

Tampoco es casualidad que hayamos sido pioneros latinoamericanos respecto de la Ley de Matrimonio Igualitario sancionada en julio de 2010, que en el plano de lo simbólico inauguró un paradigma que continuó con la ley de Identidad de género y el nuevo Código Civil, entre otras acciones que manifiestan un discurso de inclusión y equidad.

Es importante contemplar el trabajo de Puenzo como parte de una camada de mujeres realizadoras argentinas que hacen cine de autor. Entre ellas se encuentran Lucrecia Martel, Albertina Carri, Julia Solomonoff, Sandra Gugliotta, Ana Katz, Paula Hernández, y como puntapié inicial, la referencia de María Luisa Bemberg.

Bemberg se destacó como directora de películas en temáticas referidas a la emancipación y reivindicación de la mujer. Su película “Camila”, cuyo estreno fue en 1984, causó sensación y es recordada como un clásico del cine nacional. Se trata de la historia de una joven de familia aristocrática que se enamora del sacerdote jesuita de su parroquia y deciden escaparse juntos. Basada en un hecho real, enmarcado en el segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas, una mujer que cuestiona la violencia entre Unitarios y Federales, que de forma clandestina lee libros prohibidos por el rosismo y que tiene la valentía de vivir la historia de amor que ella eligió. ¿Elegir? ¿En esta sociedad? ¡Que tupé!

A propósito del estreno de su primer largometraje, la directora expresó: “Sabía que si mi película salía mal no iban a decir ¡qué bestia, la Bemberg! sino ¿No ven que las mujeres no sirven para hacer cine? Y ahí caían en la volteada millones de mujeres inocentes”. Ha sido firme activista sobre los derechos de la mujer y referente, sin dudas, para la siguiente generación de cineastas.

Especializada en la problemática femenina, los roles impuestos y el enfrentamiento a la sociedad patriarcal argentina, ayer, Bemberg estrenaba películas como “Señora de nadie”, “Yo, la peor de todas”, y “De eso no se habla”. Hoy, mujeres como Puenzo y Albertina Carri expanden el campo hacia las cuestiones de género, la identidad, la violencia física y simbólica, el abuso.

Definitivamente la mirada femenina en el cine ha sido un valiosísimo aporte para un mercado de industrias culturales argentinas que durante la última década le dio mayor impulso a la producción de obras que destacan la importancia de reconocer y respetar las diversidades, así como también los derechos del individuo como único dueño de su cuerpo.

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Fotografía de la directora Lucía Puenzo

Sheila Daiana Castagna.