Twerk Army: el ejército que se planta bailando

Daniela Pérez de Udaeta y Victoria Hortel son las directoras de esta tropa de bailarines que comenzó en la ciudad de La Plata en 2015, con la simple intención de probar nuevos movimientos en la danza. Al día de hoy, tienen un ejército que pisa fuerte en escenarios, festivales, competencias y shows, haciendo de la danza una herramienta de lucha.

Día a día, este ejército de culos (como se autoproclaman) busca romper con los estereotipos impuestos por esta sociedad patriarcal que rodea a todes y ofrece un espacio seguro en el que cada une puede ser libre sin ser juzgade.

Escritura Feminista: ¿Qué las motivó a crear Twerk Army?

Daniela Pérez: Al principio no éramos tan conscientes del movimiento en sí, lo hicimos porque queríamos hacer algo nuevo. Nos llamó la atención, nos gustó el twerk y lo quisimos probar sin darnos cuenta de la magnitud de lo que sucedería después. Ni siquiera tenía nombre, le decíamos booty dance al principio. Fuimos autodidactas porque no existía en ningún lugar, solamente había otro grupo que eran las «Altas Wachas», que lo hacían en Capital Federal, a las que conocimos después.

Victoria Hortel: Empezamos siendo un grupo de mix dance en el que probamos cosas y de repente nos encontramos siendo 20 chicas haciendo twerk, así que nos pusimos un nombre y empezamos a probar. En el momento nos imaginamos como un ejército por esto de que éramos «las locas contra todo»: se creía que éramos «las putas que movían el culo contra todo lo demás», entonces, nos agarramos del ejército para hacerle frente a lo que viniera. No sé si en ese momento éramos conscientes de a qué nos enfrentábamos, pero dijimos: «Nos plantamos, no sabemos bien pero nos vamos a plantar igual y acá estamos».

E. F.: En paralelo al surgimiento de Twerk Army se dio la irrupción del feminismo, ¿se sintieron interpeladas?

V. H.: A mí personalmente me pasó que el twerk fue el ejercicio práctico del feminismo más fácil que tuve. También tuvimos muchas alumnas feministas entonces ellas nos guiaban también. Fue una construcción que salió del grupo y por ahí había un montón de cosas que no estábamos pensando pero ya las estábamos haciendo.

«No es casualidad, para mí, que haya irrumpido el feminismo y nosotras hayamos empezados con Twerk Army al mismo tiempo y que, por algo, terminaron convergiendo».

D. P.: Se fueron juntando también porque venían medio en paralelo, el feminismo nos venía atravesando a nosotras a la misma vez que empezábamos a formar Twerk Army.

Capaz que, unos años antes, ni te imaginabas hacer una cosa así porque estaba mal visto, significaba llevar una marca de «mirá a la puta esa, no sabe hacer nada, baila mal, entonces mueve el culo nada más».

E. F.: ¿A qué se le tuvieron que plantar? ¿A qué le hicieron frente?

V. H.: Nosotras teníamos que promocionar las clases y queríamos hacerlo porque estábamos muy entusiasmadas pero subir un video en Instagram era enfrentarse a ser. «¿Cómo vas a decir que sos profesional si estás moviendo el culo y lo estás subiendo a las redes?». Eso fue a lo primero que nos tuvimos que plantar porque, de pronto, se nos cuestionaba nuestra condición de bailarinas y artistas. Fue toda una decisión porque dijimos: «Bueno, van a decir esto de nosotras, no es nuestro problema la opinión del resto».

D. P.: Trabajando con artistas nos pasó que algunos entendían que era nuestro laburo, nos dejaban decidir a nosotras como coreógrafas, podíamos decidir qué hacer, qué ponernos y cómo bailar. Mientras que otros lo tomaban desde el lugar típico de la mina moviendo el culo frente a cámara y en el que nos pedían que nos subiéramos más el short.

«Una vez nos invitaron de un programa de televisión y estábamos todes haciendo un juego que era mover un vaso con la cola. Cuando terminó el programa, Twitter explotaba de comentarios como «Qué asco el culo de esa mina, estoy comiendo», «Mi hija está viendo este programa, es una vergüenza, no lo veo más». ¡Y todes habíamos jugado! ¿Por qué a nosotras nos estaban lapidando?».

En un momento nos empezaron a surgir trabajos diferentes que tuvieron que ver con el rumbo que tomamos después. Dejaron de aparecer los comerciales pero empezaron a aparecer otras cosas que nos interesan más en este momento. El año pasado estuvimos en el Provincia Emergente: pudimos hacer un show de twerk, enseñarle a bailar a la gente y fuimos presentadas así. Era Twerk Army bailando para la gente, mostrando ese show. Fue algo nuestro, propio.

V. H.: ¿Qué es lo que tuvimos que soportar todo este tiempo? Hacerle entender a la gente que nosotras elegimos hacer esto por motu proprio y es nuestro trabajo. Que por mover el culo no dejamos de ser serias. La danza mucho tiempo solo fue folclore, danza clásica y contemporánea y resulta que la danza creció un montón fuera de esos tres ejes técnicos y somos muches les que vivimos de la danza.

Nosotras somos bailarinas haciendo twerk que, por lo general, no es lo normal porque la mayoría no son del palo técnico sino que vienen de otras ramas. Nosotras nos encontramos con el estilo y usamos las herramientas del clásico y del contemporáneo para entender el twerk. Y eso fue algo que molesto un montón.

Así como vemos que todo está viejo y hay que cambiarlo, todo lo que es danza clásica todavía sigue siendo arcaico: el método de enseñanza, la bajada de línea de las clases, los comentarios sobre los cuerpos, sobre la vestimenta, sobre lo poco o muy femenina que hay que ser, etc.

E. F.: ¿Se sintieron apoyadas por el entorno de la danza?

D. P.: Fue mal recibido por la gente y por el entorno de la danza en La Plata que hiciéramos twerk porque todos pensaban que se mataban estudiando danza para que nosotras, moviendo el culo, nos lleváramos todo. Nosotras también estudiamos danza.

V. H.: A mí me han llegado a decir: «Yo no necesito mostrar el culo para que me vaya bien en la danza». En algún momento, nosotras entendimos que la gente no entiende y no podemos andar educando por todos lados.

E. F.: ¿Cuál es el mensaje que pretenden transmitir puertas adentro y hacia el afuera?

V. H: Twerk Army es un ejercicio práctico del feminismo porque nos invitó a pensar qué estábamos haciendo, por qué y cómo lo íbamos a hacer. El mensaje que vamos a dar siempre es que la gente venga a sentirse cómoda, a disfrutar, a entender su cuerpo.

D. P.: Una de las cosas que promovemos es la libertad. Cuando empiezan a ser parte de Twerk Army, les alumnes empiezan a ser libres a la hora de salir a bailar, de vestirse… Les cambia mucho la cabeza.

V. H.: Es increíble ver como una persona entra a la primer clase toda indefensa y, de repente, se encuentra en un lugar en el que simplemente puede ser, donde nadie le va a decir nada y de pronto se convierten en algo increíble.

«La gente que va ahí encontró en las clases de twerk un espacio en el que pueden desarrollar su personalidad sin ser juzgada y se encuentran con personas en la misma».

D.P.: En Twerk Army no se da lugar a la gilada. Cada une está en la suya, hay buena onda continua y, si no la hay, bajamos nosotras una línea para que la haya. No se permite ningún tipo de rivalidad. Se liberan un montón porque encuentran un espacio donde no tienen que ajustarse a cierta apariencia. Todo lo que es Twerk Army (las clases, las fiestas que armamos, les alumnes) tiene una personalidad que une no puede mostrar en otros ámbitos, que no es socialmente aceptada.

V.H.: ¿Qué mensaje queremos dar? Que se puede ser re piola y no joder a nadie. Podemos encontrarnos en la danza sin tener que ser, sin tener que tener el cuerpo ese que hay que tener para bailar, sin tener que ponerte determinada ropa. Vení que va a estar todo piola, va a ser un lugar seguro.

Nosotras somos un ejército de twerk, enseñamos la técnica, buscamos formar a la gente desde ese lugar pero, además, trabajar esto hace que la gente se empiece a replantear un par de cuestiones de su vida que nosotras nos tuvimos que replantear también.

La danza es una herramienta de lucha y el twerk viene perfecto para romper todo lo que hay romper. Te presenta en la cara todo lo que está mal y hay que reventar. Y encima hay un montón de gente que nos avala para pelear contra esto. Vamos a seguir en esta.


Imagen de portada: Luisina Baigorria


Crónica de un Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales y No Binaries

Un fin de semana inolvidable, relato de la expresión política más inmensa y ninguneada de la historia. Sigue leyendo Crónica de un Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales y No Binaries

«A la vejez, Cilantro»: cómo repensarnos a través de amor

Cada sábado se apagan las luces y comienza la función. «A la vejez, cilantro» es una obra teatral para compartir, para divertirse mucho y también repensar un tema transcendental en la vida de todo ser humano: la vejez. Sea que nos falte mucho o poco, o porque tenemos pisando ese suelo a nuestros padres o abuelos, los textos y las actuaciones de esta obra no pasan inadvertidos: van variando entre la gracia y la sinceridad rotunda entre las amigas Marga y Ornella, que se encuentran en un geriátrico.

Ornella y Marga son dos mujeres que deben rondar la década número 7, o tal vez un poquito más. Son amigas de toda la vida, desde la escuela, y es allí en el geriátrico donde vuelven a encontrarse, donde son lo mejor que tienen ambas. Pero son muy distintas: Marga es una mujer que se considera de otra clase, con un apellido para repetir y sacar a relucir cuando algo no le gusta o no le cae en gracia. Ornella, en cambio, es una mujer honesta, que fue docente y que tiene una historia que contar.

Lo que ambas mujeres pudieron callar en otros momentos de su vida, ahora ya no lo quieren mantener guardado. «A la vejez, cilantro» es una comedia dramática con matices que sorprenden al público y es también un pequeño salvavidas para los tiempos que corren. ¿Por qué? Porque provoca las carcajadas en todo el público sin sacrificar los momentos que conmueven. Pareciera ser una obra pensada desde una historia mínima, desde esas personas que están ahí, que existen, que nos cruzamos todos los días y a veces no logramos ver.

A estas señoras que tanto divierten y conmueven las acompaña Elvirita, una enfermera joven que trabaja allí pero está estudiando porque quiere ser otra cosa. Es cómplice y al mismo tiempo muestra su costado pícaro, pero también deja ver lo que conlleva el trabajo de acompañar a personas mayores en un lugar así. Para completar el escenario se suma Lisandro, el nieto de una de ellas. Un hombre, al parecer, un tanto ortodoxo, metódico y con un dejo de misterio para descubrir.

Lisandro viene a mostrar un poco lo que hoy en día muchas mujeres queremos ir soltando. Cuando una no lo ve, la otra lo alerta: «Hay decirle a Lisandro, él tiene que saber», dice Elvira y le explica que si él no acepta las decisiones ajenas, o la vida tal como es, se va a quedar en el otoño (un lugar a dónde una de ellas manda a todas las personas y todos los recuerdos que no quiere en su vida).

Sobre todas las cosas, esta es una obra para repensar el amor, para pensarse dentro del amor y no por fuera. Tomar decisiones y aceptar las cosas como se dan. Que sea palpable el encuentro con otras personas y cómo eso alimenta toda nuestra historia. 

«A la vejez, cilantro» está hecha de forma autogestiva. Escrita y dirigida por Flavia Alcuaz (quien también se pone en los zapatos de Elvira), con asistencia de dirección de Fabián Asís, luces y sonido de Victoria Municoy y maquillaje a cargo de Carla Rod. Arriba del escenario están Graciela Rapaccini (Marga), Monona Candia (Ornella) y Adrián Flores (Lisandro).

Mañana es el último sábado de funciones programadas, pero ojalá se extienda. Son necesarios los refugios artísticos para hacerle frente a la realidad.

¿Cuándo? Sábado 22 de junio a las 21 h.

¿Dónde? CiPAE, calle 54 n° 1324, La Plata.

Valor de la entrada: $200.

Las pibas tienen que jugar

Las jugadoras que integran los distintos equipos de básquet de los clubes de la ciudad de La Plata se unieron en un reclamo por la conformación de una selección platense de básquet femenino.

Hace unos meses, comenzaron a plantearse la inquietud de no poder participar en torneos provinciales de manera continua. Es por eso que decidieron visibilizar esta situación que atraviesan, en los partidos y a través de las redes sociales bajo la consigna LAS PIBAS QUEREMOS SELECCIÓN.

Con respecto al marco legal, no existe una reglamentación que exija un seleccionado femenino. Sin embargo, las distintas categorías de básquet masculino (como U17 y U19, entre otras) sí disputan torneos provinciales.

La falta de continuidad anual en la conformación de equipos dificulta bastante la posibilidad de jugar en la provincia de Buenos Aires y las pibas se ven limitadas a jugar en el ámbito local.

«Creemos que generar una etapa formativa en los clubes puede generar bases para conformar una selección. La idea es que las jugadoras tengan expectativas más altas y no se conformen con un alcance regional de sub-basquet», expresa Irene Mackanic Galuk, jugadora de Banco Provincia.

En 2016, la selección femenina de La Plata fue subcampeona provincial den la categoría mayores en Mar del Plata. En 2017, volvió a armarse la selección local y, por primera vez, La Plata disputó el Provincial U13, pero luego no se volvió a organizar ninguna selección.

«Esperamos contar con el apoyo de la Asociación Platense de Básquet y de todos los clubes que la conforman. La idea es poder es seguir trabajando para que eso se concrete», resalta Irene.


 

¿Dónde está mi ESI? Por les pibes, para les pibes

Les alumnes de la escuela secundaria N° 14 Carlos Vergara, de la ciudad de La Plata, se encontraron con una necesidad latente y preocupante que veían en la mayoría de las escuelas del país: la falta de implementación de la ley de educación sexual integral, aprobada en 2006.

No existen números oficiales sobre la información que reciben les alumnes pero una encuesta publicada el año pasado por la Fundación Huésped indicó que apenas la mitad de les docentes entrevistades había recibido algún tipo de capacitación por parte del Estado, mientras que el 57% busca información por sus propios medios.  

En el marco del programa Jóvenes y Memoria de la Comisión Provincial por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires, les alumnes decidieron hacer lo que el Estado no, para visibilizar cómo se les vulnera su derecho y el de tantes estudiantes.

Con la coordinación de la profesora de Literatura Andrea Beratz pensaron, diseñaron y escribieron el libro «¿Dónde está mi ESI?», una suerte de manual educativo que trata temas como identidad de género, matrimonio igualitario, legalización del aborto, violencia de género, trata de personas y más, con herramientas tales como guías de preguntas o recomendaciones de libros y películas para abordarlos en clase.

manual-esi

Después de la presentación del proyecto en Chapadmalal, donde se realizó el encuentro de todas las escuelas participantes del programa, y gracias a la nota de Mariana Carbajal en Página 12 (quien, además, escribió el prólogo del libro), se produjo un difusión tan masiva a nivel nacional que ningune de elles esperaba.

«Lo que demostró la repercusión es que [el libro] no era necesario solamente para les adolescentes sino que era urgente para les docentes. Nuestra primera idea era que el libro le sirviera a les pibes; si le sirve a los docentes, bienvenido sea»,  cuenta Andrea.

El libro está en formato digital, porque no obtuvieron financiación para imprimir muchos ejemplares. De todas formas, llegó en cuestión de días a escuelas de toda la geografía argentina para cuestionar y romper el abordaje de la educación sexual integral.  

«Me escribió una profesora de Tilcara para decirme que ya estaban trabajando el libro. Eso era algo impensado para nosotros, sabiendo lo necesario que es en las provincias del norte», dice Andrea sin ocultar la sorpresa que le genera la anécdota.

«Vos tenés una ley de identidad de género pero nadie te explica cómo abordar los cambios de género en la escuela, donde se tiene que respetar el nombre que le pibe eligió sin necesidad de haberse cambiado el documento», explica Andrea. Ella se encontró, también, aprendiendo y deconstruyendo ideas, creencias y formas tanto de su vida privada como de su rol como docente.  

El libro demuestra por sí solo el compromiso de les estudiantes ante el dedo acusador del aparato social e institucional que constantemente se encarga de resaltar la «incapacidad» de lograr un producto intelectual por su condición de jóvenes (ligada a la vaguedad y a la falta de sabiduría).

A esto, Andrea responde: «El compromiso de les pibes fue gigante desde la elección del tema hasta el proceso de trabajo. La producción del libro implicó juntarnos más horas en la escuela, los fines de semana y los feriados, con todo lo que eso implica para une adolescente. ¿Qué adolescente se queda cinco horas más en la escuela?».

«La escuela transforma y se transforma, y la tenemos que transformar dándole lugar a les pibes en función de sus necesidades. Hay que escuchar sus intereses e involucrarse con ello».

Eso fue lo que les pibes hicieron: tomaron el toro por las astas para demostrar que el cambio de paradigma viene de la mano de elles, que escriben libros, marchan en las calles y revolucionan la escuela.

Pueden encontrar el libro aquí.

¿Querés ver genocidas sueltos? Veraneá en La Feliz

A finales de 2017, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 6 le otorgó la prisión domiciliaria a Miguel Etchecolatz. Repasamos quién es y repudiamos sus días de paseo por Mar del Plata.

Miguel Osvaldo Etchecolatz fue, durante la última dictadura cívicomilitar, el Director de Investigaciones de la Policía Bonaerense. Coordinó los grupos de tareas (encargados del secuestro, la tortura, el asesinato y la desaparición de personas) y los 21 centros clandestinos de detención de la provincia de Buenos Aires, conocidos como el «Circuito Camps» (en alusión a Ramón Camps, jefe de la policía bonaerense de ese entonces).

Junto a Camps, estuvo a cargo de la Noche de los lápices: el secuestro organizado de estudiantes secundarios en septiembre de 1976 en la ciudad de La Plata. Solo cuatro de los secuestrados lograron sobrevivir, y seis permanecen desaparecidos al día de hoy.

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Izq. a der.: Daniel A. Racero, María Clara Ciocchini, Horacio Ungaro, Francisco Lopez Muntaner, Claudio de Acha, María Claudia Falcone.

En el año 1986, Etchecolatz fue condenado a 23 años de prisión en el marco de la Causa Camps, como responsable de 95 delitos de tormentos. En 2004, fue condenado a 7 años de prisión en la Causa Sanz, por la supresión de la identidad de Carmen Sanz, hija de desaparecidos. En esa causa se le otorgó el beneficio de la prisión domiciliaria por primera vez, que luego le sería revocado por tener un arma de fuego en su domicilio.

A fines de la década de 1990, se iniciaron los Juicios por la Verdad. Fue entonces cuando Jorge Julio López se presentó a declarar en calidad de testigo en los juicios llevados a cabo en La Plata. López había sido secuestrado durante la dictadura y permaneció detenido en varios de los centros clandestinos a cargo de Etchecolatz.

En el año 2006, tras la derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, Miguel Etchecolatz fue el primer genocida en enfrentarse a un juicio oral. Se lo condenó a prisión perpetua por los delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura y, por primera vez, se usó el termino «genocidio» en una condena de este tipo.

Durante este juicio, conocido también como la Causa Etchecolatz, Julio Lopez se presentó a declarar en tres oportunidades, la última en junio de 2006. El 18 de septiembre de 2006 fue el último día en que se vio a Julio Lopez con vida, quien al día de la fecha permanece desaparecido.

En el año 2014, Etchecolatz fue condenado nuevamente junto a otras 14 personas que intervinieron en el centro clandestino de detención «La Cacha». En el marco de ese juicio, Leo Vaca, fotógrafo de InfoJus, tomó una foto donde el genocida tiene un papel en su mano, en el que se lee «Jorge Julio López. Secuestrar».

 

En marzo de 2016, se lo volvió a condenar a cadena perpetua por el secuestro y la desaparición  de Daniel Favero y María Paula Alvarez. Al sumarse las cuatro sentencias anteriores, se le unificó una reclusión perpetua.

En diciembre de 2017 fue beneficiado con prisión domiciliaria debido a su «delicado cuadro de salud», sumándose así a los casi 600 genocidas que gozan de este beneficio. Desde entonces,  reside en su casa en el Bosque Peralta Ramos, en Mar del Plata, donde vive también una de sus víctimas.

A pesar del repudio de vecinos, organizaciones de Derechos Humanos y distintos movimientos políticos, el represor, genocida y torturador transcurre sus días en la comodidad de su casa. Incluso, el pasado domingo 21 de enero se lo vio mientras era trasladado a la Clínica Colón sin siquiera estar esposado.

La única casa de un genocida es la cárcel. Pero parece que, por ahora, los dejamos veranear en La Feliz.


Fuentes:
La Izquierda Diario
Página 12
Diario Veloz
Agencia Paco Urondo
Perfil

Dos casos de aborto y una problemática urgente

En los últimos 5 días, se dieron a conocer a través de algunos medios dos casos de mujeres que quisieron interrumpir sus embarazos, y al tener que hacerlo en malas condiciones, debieron ser hospitalizadas de urgencia. Uno fue en Rosario de la Frontera, Salta, y el otro en La Plata, Buenos Aires.

El punto es que no se trata de situaciones aisladas o excepcionales, sino que representan una problemática instalada de salud pública, justicia social y derechos humanos de mujeres, en su mayoría, jóvenes y de sectores populares.

Pocos medios reflejaron el hecho ocurrido en Salta el jueves pasado, cuando una chica de 15 años se introdujo un palo forrado en goma para poder abortar. Lo mismo pasó el domingo, en el caso de La Plata, donde una joven trató de interrumpir su embarazo en su casa. El tratamiento mediático puso el foco en culpabilizar y repudiar a esas mujeres y sus decisiones.

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El diario Hoy califica como «indignante» el hecho de que una mujer decida sobre su propio cuerpo. Fuente: Twitter.

“Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” es el lema por el que trabaja la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito; una frase que expresa un pedido cada día más urgente. En este sentido, resulta importante cuestionar por qué esas decisiones que toman a diario algunas chicas sobre su propio cuerpo deben darse en condiciones inseguras.

En el sitio web de la Campaña, hay un señalamiento clave: “Esto implica realizar modificaciones en los sistemas de Educación, Salud y Justicia, y también, por supuesto, profundos cambios culturales”. Entonces, no es errado asumir que la salud de muchas mujeres sigue en peligro en función de la ausencia del Estado, o peor, su presencia cargada de intereses que se oponen a la libertad de las mujeres.

conmocion
Cuando conmociona más el modo en que se interrumpen embarazos que la inacción del Estado. Fuente: QuePasaSalta.

La situación requiere entender que en nuestro país son 500 mil mujeres, aproximadamente, las que cada año recurren al aborto clandestino. Otro dato vital es que, según cifras oficiales, las complicaciones por interrupciones de embarazos de manera insegura son la principal causa evitable de mortalidad materna en Argentina.

A partir de esta información, se puede deducir que el cambio en materia pública no implicaría un aumento de los casos, sino una garantía de derechos y un reconocimiento de la dignidad de esas mujeres con falta de recursos económicos, quienes hoy en día ya deciden interrumpir embarazos no deseados pero que mueren en el camino.

Por nuestra parte, podemos luchar por esos derechos mediante el debate, el reclamo social y la visibilización de la problemática desde esta óptica. Incluso, como ejercicio personal o colectivo, decodificar y cuestionar el mensaje de aquellos medios que castigan a quienes se encuentran vulneradas, y repudiar a aquellxs que faltan a su responsabilidad de asegurar condiciones dignas y justas de salud pública.

Fuente imagen destacada

M.A.F.I.A.

Fuentes consultadas:

Web de Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito

Johana Ramallo: su familia pidió iniciar una investigación paralela como delito por trata de personas

A casi dos meses de su desaparición, la familia de Johana pide un cambio de caratula en la causa, para que se investigue como secuestro y delito por trata de personas. Además, expusieron no estar conformes con el desempeño de la fiscal Betina Lacki, quien lleva adelante la investigación como «averiguación de paradero».

Al cumplirse los 56 días de la desaparición de Johana Ramallo, su familia presentó en los Tribunales Federales de La Plata una denuncia por delitos de trata de personas. De esta manera, se hará una investigación paralela a la que lleva adelante la fiscal provincial Lacki.

Desde que se inició la búsqueda de Johana, se ha alzado la voz de diferentes formas para que se cambie la carátula de la causa: con radios abiertas, marchas, concentraciones y tomas pacíficas de edificios públicos. Lacki no tomó en cuenta dicho pedido, pasados casi dos meses sin tener noticias de Joahana.

Ella tiene que aparecer con vida, pero para eso la justicia debe moverse de forma rápida y  eficaz, y no es lo que está sucediendo.

Silvia Perugino, una de las abogadas que acompaña a la familia de Johana (desaparecida desde el 26 de julio) explicó que consideraban que Johana no está ausente por su propia voluntad, sino porque la están reteniendo. Una de las hipótesis que el equipo de abogados y la familia de la joven manejan es que Johana es víctima de una red de trata de personas.

Porque la justicia provincial hizo caso omiso a los pedidos de la familia y por la forma en la que están llevando la investigación adelante, se presentaron ante los Tribunales Federales con una denuncia por trata de personas.

Marta, la madre de Johana, cree que “la fiscal, además de poner trabas, está haciendo un manoseo en la causa, y que no tiene una línea fija de investigación”. Además, dijo que no se estaban ocupando de la causa de su hija y que siente que hay muchísima gente detrás de la desaparición de Johana.

Lo que se intenta es direccionar la investigación a un delito específico, para llegar a algún lugar. «Hay que correr a las fuerzas que tienen una vinculación conocida con el delito de trata en la zona donde Johana desapareció», dijo una de las abogadas.

El día martes 26 de septiembre, al cumplirse dos meses de la desaparición de Johana, se hará una nueva marcha que saldrá desde 1 y 63 (lugar donde vieron por última vez a Johana) hasta la fiscalía, a las 17 hs.