Las dos jaulas

Ficción colaboración escrita por Micaela Abdala


El Sr. y la Sra. Picklets habían estado casados por casi veintisiete años. Él era corredor de bolsa y ella una simple ama de casa.

Henry Picklets consideraba a los de su especie jefes de familia, los únicos capaces de traer dinero a la casa, dinero bien ganado con la fuerza de su trabajo. En su vida y en sus pensamientos, su mujer era solo una acompañante de sus logros. Las opiniones de ella no interesaban y, a pesar de eso, la relación entre ellos se mantenía estable, siempre y cuando al llegar a casa la cena estuviera lista. Nada de lo que ella hacía era suficiente para recibir un reconocimiento por parte de él. Los unía la costumbre, la visión que tenían del mundo, la idea de sentir que ambos pertenecían a alguien.

A Amanda Picklets esto no le afectaba. Sabía cómo era desde el momento en que lo conoció porque se había criado de la misma forma que él. No le importaba que sus opiniones no fueran tenidas en cuenta, tampoco estar en la casa encerrada las veinticuatro horas del día. No consideraba un problema el no tener amigos y tampoco que su marido le prohibiera algunas actividades. Se encontraba cómoda con su vida. Para ella, las restricciones que le imponía Henry no eran más que una muestra de cariño y cuidado.

Su rutina giraba en torno a las preocupaciones que le demandaba el mantenimiento de su hogar. No tenía hijos de los que ocuparse, mascotas a las que comprarles alimento, ni un trabajo que odiar. Toda su vida se reducía a lo que sucedía entre las paredes que la separaban del mundo exterior y que le recordaban día a día lo felices que eran sus vecinos. Siempre que podía, se hacía un tiempo para espiarlos desde su balcón mientras desayunaba. En ellos veía reflejado sus primeros años de noviazgo. 

Decía que amaba la soledad, el silencio, el poder disfrutar de un tiempo de tranquilidad, pero quizás no recordaba lo que era sentirse acompañada. A veces se encontraba a sí misma rememorando con anhelo las salidas con sus viejas amigas en Milán, quienes comenzaron a formar parte del pasado cuando Henry se convirtió en su presente y su futuro. Habían transcurrido muchos años desde la última vez que había compartido un trago en un bar. Ya no recordaba lo que era llegar borracha a casa, ni reír hasta que las mejillas comenzaran a dolerle. 

De forma inesperada y casi sin permiso, llegó el día en que dejó de contar sonrisas y se convirtió en coleccionista de miradas inexpresivas. Una parte de su alma se concibió encarcelada y, como un acto de revelación, se separó de su cuerpo y emprendió un viaje del que no regresó. Un viaje que le estaba costando su ser.

De lo que Amanda estaba segura era de que amaba leer: le gustaba ser parte de millones de historias en las que ella era la protagonista. Probablemente eso era lo que la mantenía con vida. Había leído cientos de libros -incluso algunos más de una vez-, pero ninguno de ellos era sobre historias de amor, porque al Sr. Picklets le parecían tonterías y, al fin y al cabo, él era quien le compraba los libros. 

«Una mujer tan linda y con gustos tan ordinarios», le dijo Henry aquella tarde de otoño cuando le quitó sin permiso el ejemplar de Anna Karenina que ella tenía en sus manos. «Cuando me conozcas, esto no te va a hacer falta», agregó, acercándose a un tacho de basura y soltando aquel libro. «El amor no se lee, se siente y yo lo percibí en el mismo instante en que crucé la calle y te vi», terminó diciendo. Sus palabras, la seguridad en cada una de ellas, fueron lo que hizo que cayera rendida a sus pies. Lo que él no supo es que, cuando le dejó su número y se fue, ella revolvió la basura hasta encontrarlo. Todavía lo tenía guardado, envuelto entre la ropa en la que él nunca buscaría. 

Una mañana en soledad, no tan diferente al resto de las mañanas, mientras regaba las plantas de su inmenso jardín, descubrió entre los árboles una pequeña puerta de metal incrustada sobre el suelo. De la innumerable cantidad de veces que había pasado por allí, esta era la primera vez que la veía. Observó hacia todos lados como si la respuesta ante tal acontecimiento se encontrara a su alrededor. Temerosa, pero guiada por la curiosidad, la abrió y encontró una escalera que conducía hacia un largo pasillo. La puerta se cerró a sus espaldas cuando bajó el primer escalón y su corazón latió muy fuerte. Paso a paso recorrió el extenso camino en la oscuridad. El olor a humedad impactó directo en sus sentidos y el suelo áspero bajo sus pies le indicó el camino. Al final se encontró con la entrada de un pequeño cuarto.

Empujó y, en cuanto esta se abrió, sus ojos salieron de sus órbitas con lo que allí vio. Por un instante se sintió como Alicia en el País de las Maravillas. Era una sala repleta de libros: estaban por todas partes y divididos en secciones. Nunca había visto tantos en un solo lugar y, como un acto reflejo, corrió hacia los libros de romance que tanto anhelaba. Creyó sentir el momento en que su alma retornaba y se unía a su otra mitad. Recostándose sobre un pequeño sillón pasó la tarde inmersa en nuevas historias. El tiempo corrió lo suficientemente rápido para darse cuenta de que pronto Henry llegaría a casa y despidiéndose de aquel mágico lugar partió a preparar la cena.

Las sonrisas habían vuelto a su puerto, pensó, mientras revolvía la sopa de calamares.

Cuando su marido llegó, le contó lo sucedido y con emoción lo acompañó fuera para enseñarle aquel cuarto soñado, pero se llevó una gran decepción al notar que al levantar la tapa, todo había desaparecido, dejando en su lugar un montón de elementos de jardinería.

—Si no te dejo trabajar es para que te ocupes de la casa —le dijo su marido de mala manera—. Estás por volverte loca —agregó y se marchó, dejándola sola y confundida.  

Aquella noche Amanda no durmió y lloró en silencio al lado de quien decía ser la persona que más la amaba. Las palabras de León Tolstói resonaban como consuelo en su cabeza: «Cada familia infeliz lo es a su manera». 

Al día siguiente esperó ansiosa la partida de su esposo y, en cuanto este puso un pie fuera de la casa, se dirigió al jardín. Miró al cielo, contuvo la respiración, cerró los ojos, se persignó y empujó aquella puerta. La sonrisa se abrió camino nuevamente en su rostro. 

—¡Sabía, sabía que no estaba loca! —gritó mientras saltaba. 

Encontró las escaleras a esa pequeña habitación y emocionada corrió por aquel pasillo como una niña a repetir lo que había hecho el día anterior.

Así, en compañía de su pequeño secreto, pasaron varias semanas en su vida. Era tal el afán que tenía por las miles de historias que leía que comenzó a devorarse libros enteros día a día. Solo había un problema: ninguna de las historias que allí se describían era similares a la suya. No había malos tratos, ni golpes, ni insultos. Poco a poco comenzó a replantearse otra forma de amor. Llegó a sentirse miserable al darse cuenta de que, en realidad, aquello que creía verdadero sobre amar no era ni la mitad de bueno de lo que vivían los personajes de esos relatos. Amanda deseaba tener un amor como los que allí se describían. 

Sabía que su camino para conseguirlo no estaba allanado; estaba casada, apenas salía de casa y solo conocía a unas pocas personas de la ciudad, no tenía familiares ni nadie a quien acudir pero sentía que debía darse la oportunidad y buscar a alguien que la hiciera sentir como la antigua joven de veinte años. Alguien que la hiciera coleccionar risas. Tenía miedo y sabía que no podía huir porque no tenía a dónde ir, todo lo que hacía o conocía de su vida estaba manejado por su marido.

En su mente afloró la idea de mudarse a aquella pequeña habitación, él nunca la buscaría allí. Cada día que partía al trabajo, llevaba parte de sus cosas y las instalaba, hasta que por fin logró crear su propio espacio. 

Ni siquiera tuvo que dar explicaciones de por qué muchas de las cosas del hogar habían comenzado a faltar y pensó que, quizás, ella sería para él una de esas.

«El amor sí se lee», escribió en aquella nota que le dejó sobre la mesa. 

Regó las flores del jardín por última vez, se despidió de la casa y se prometió a sí misma que cuando estuviese lista volvería a salir al mundo. 

Mientras tanto, allí, con todas las historias que aún no había podido leer, aprendería del amor todo aquello que le había sido negado durante los últimos veintisiete años. 


Foto de portada: Gabriel Abdala.


Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia: dos libros para comprender la época

El 24 de marzo en nuestro país es el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, fecha en la que se conmemora a las víctimas de la última dictadura militar autodenominada «Proceso de Reorganización Nacional», que usurpó el gobierno del Estado Nacional argentino entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983. Desde Escritura Feminista, recomendamos dos libros de autoras mujeres para comprender desde historias puntuales una época llena de miedos y abusos de poder.

La historia de Laura Carlotto

El libro Laura, vida y militancia de Laura Carloto, publicado en el año 2013, es una investigación de la periodista María Eugenia Ludueña, en la cual se reconstruye la historia de Laura, militante del movimiento guerrillero Montoneros e hija de Estela de Carlotto, presidenta de la Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo que se dedica a la búsqueda de desaparecides durante la última dictadura cívico-militar argentina.

«Soy la mamá de Laura. La primera hija, la soñada, la querida, la esperada, igual que los otros tres que vinieron después. Pero ella fue algo especial por la vida que vivió: una vida corta, intensa, con mucho contenido. Vivió apurada, empapándose de su tiempo. Estaba atenta a aprender de cada momento, de cada lectura, de todo lo que la ayudara a pensar, hacer y participar».

Estela de Carlotto para el prólogo del libro «Laura, vida y militancia de Laura Carloto».

La protagonista comenzó militando para la Juventud Universitaria Peronista y luego pasó al grupo de izquierda peronista Montoneros, como encargada del área de prensa. El relato de Ludueña sigue la historia de Laura y sus compañeres militantes, recrea una época, la historia de Montoneros, sus protestas, sus enfrentamientos y la relación con Juan Domingo Perón.

El libro todo el tiempo va contextualizando la historia individual de Laura con las luchas universitarias y la represión creciente en la región. La autora relata la vida de les militantes platenses en la década del 70 y la brutalidad de la dictadura militar mediante una minuciosa reconstrucción gracias a la documentación judicial obtenida y por los numerosos relatos de les familiares de Laura, sus hermanos y compañeres de militancia.

También permite conocer los comienzos de la militancia de Estela de Carlotto, que pasa de ser una maestra y ama de casa anónima a convertirse en una de las referentes mundiales del activismo por los derechos humanos y la búsqueda de desaparecides. Además, el libro comienza y termina con la muerte de Laura y la desaparición de su hijo Guido, que nació dentro de una cárcel clandestina. El joven fue recuperado luego de la publicación del libro, en agosto de 2014.

La casa de los conejos

El segundo libro se titula La casa de los conejos y es una novela escrita por Laura Alcoba, publicada en 2007, en la que narra su propia historia de cuando era niña. Hija de padres militantes, le tocó vivir en los años 70 una infancia marcada por la clandestinidad y luego por el exilio. Está dedicado a Diana Teruggi y en las primeras páginas le pide perdón por dudar o tardar en contar su historia.

La novela relata en primera persona cómo una niña de apenas nueve años, hija de una militante montonera, pasa a la clandestinidad junto con su madre durante los violentos meses previos al llamado «Proceso de Reorganización Nacional». Se mudan del centro a las afueras de la ciudad de La Plata, a una casa donde se supone que se crían conejos para vender escabeches, pero que en realidad es la imprenta clandestina del periódico de oposición, Evita Montera, en el que han colaborado sus xadres.

Lo interesante de esta novela radica en que los hechos están narrados desde el punto de vista de una niña, la cual solo interrumpe sus recuerdos para aportar datos contextuales que le sirven tanto a ella como a le lectore para comprender los modos de actuar de les personajes: la clandestinidad, la militancia y el miedo. La novela ha tenido gran éxito en nuestro país, en Francia y en Inglaterra.

«Mi madre se decide finalmente a explicarme, a grandes rasgos, lo que pasa. Hemos tenido que dejar nuestro departamento, dice, porque desde ahora los Montoneros deberán esconderse. Es necesario, ciertas personas se han vuelto muy peligrosas: son los miembros de los comandos de las AAA, la Alianza Anticomunista Argentina, que “levantan” a los militantes como mis padres y los matan o los hacen desaparecer. Por eso debemos refugiarnos, escondernos y también resistir. Mi madre me explica que eso se llama “pasar a la clandestinidad”. “Desde ahora viviremos en la clandestinidad”, esto, exactamente, es lo que dice».

Fragmento de «La casa de los conejos».

La historia Teruggi-Mariani

La novela no cuenta el final de la historia de quienes vivían en la casa ni la lucha de Chicha Mariani -abuela de Plaza de Mayo- por obtener justicia. En la casa de los conejos vivían Diana Teruggi y Daniel Mariani, quienes tenían una bebé, llamada Clara Anahí, de tan solo tres meses de edad. Sus vecines desconocían que en el quincho de la casa, tras una pared falsa, funcionaba un embute. Elles aparentaban tener un lugar para criar conejos y venderlos, pero tras poner en contacto dos cables, un segmento de la pared se abría paso y allí se encontraba la imprenta clandestina de la revista Evita Montonera.

El 24 de noviembre de 1976, alrededor de las 13:15 hs, cuando se preparaban para almorzar, la vivienda del matrimonio Mariani-Teruggi fue rodeada y atacada por las distintas fuerzas de la dictadura militar. En un operativo que duró más de cuatro horas, 200 efectivos rodearon la casa y la manzana, ubicados tanto en la calle como en los techos vecinos. La cuadra fue cortada y luego de dar la voz de alto comenzaron a disparar. La agresión fue de tal brutalidad que el lugar quedó destruido casi por completo.

En ese momento se encontraban allí Diana, Clara Anahí y cuatro militantes -aunque pueden haber sido más-: Daniel Mendiburu Eliçabe (de 25 años, estudiante de Arquitectura), Roberto César Porfidio (de 31 años, Licenciado en Letras), Juan Carlos Peiris (de 28 años, antenista) y Alberto Oscar Bossio (34 años, médico). Les cinco mayores fueron asesinades tras un sinfín de balas, de las cuales aún hoy permanecen marcas en las paredes. Daniel sobrevivió por no estar en la ciudad, pero el 1 de agosto de 1977 fue asesinado por las fuerzas de seguridad en las adyacencias de 132 y 35, también en la ciudad de La Plata.

Casa Mariani-Teruggi ubicada en 30 N° 1134, entre 55 y 56, ciudad de La Plata.

Desde esa fecha y hasta su muerte en el año 2018, la abuela María Isabel Chorobik de Mariani (conocida como Chicha) no dejó de buscar a su nieta Clara Anahí. Luego del ataque la casa permaneció con custodia policial cerca de un año y recién en 1998 la Asociación Anahí logró que devolvieran el inmueble, que aún conserva los impactos de balas. Desde entonces, las familias Mariani-Teruggi intentaron mantener la casa tal como quedó luego del ataque y se encuentra abierta un día a la semana para ser visitada por cualquier persona, institución educativa o familia.

Existen cientos de libros y películas que sirven para retratar lo que sucedió en la época más oscura de nuestro país. En todas las producciones que narran ese tramo de la historia se puede ver el miedo, la militancia, el abuso de poder de los militares dentro del Estado y la lucha incansable de las madres y abuelas por recuperar a sus familiares. Todo sirve para un mismo fin: ejercer la memoria, para que atrocidades como estas no vuelvan a suceder.


#Reseña Á(R)MAME

Audrey Jordan, una psicoanalista que -en sus palabras- no ha logrado sobrevivir a su propia psiquis, es la protagonista de Á(r)mame. Presa del estrés producto de una vida colmada de obstáculos personales y familiares, se desarma ante ellos al punto de mirarse frente a frente con la depresión. La cama se convierte en atajo hacia el decaimiento total y sostén durante largos días de licencia. Una noche, un mensaje anónimo la levanta para no dejarla volver. Sigue leyendo #Reseña Á(R)MAME

#NosotrasMovemosElMundo y al CCK también

Artículo escrito en colaboración por Martina Musso y Micaela Gallo


La primera edición de la Feria del Libro Feminista fue allá por 2018. La FilFem, como la llaman entre conocides, es un lugar en el que la literatura y el feminismo se encuentran para dar batalla y, sobre todo, para promover la literatura feminista. Esta vez, del 4 al 7 de marzo, bajo la consigna #NosotrasMovemosElMundo propuesta por el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad junto al Ministerio de Cultura, y en el marco de la semana de actividades por el 8M, la Feria abrió sus puertas en el Centro Cultural Kirchner (CCK). Sigue leyendo #NosotrasMovemosElMundo y al CCK también

#Reseña Enojate Hermana

Ya sea en la playa, en un micro, a la orilla de un río o en el bondi con 40ºC de calor, recomendamos fuerte esta entretenida lectura de verano. ¿Por qué de verano? Porque se lee rápido, fácil y justo a tiempo para empezar el año a pura furia feminista. ¿Quién ha iniciado el fuego? Sigue leyendo #Reseña Enojate Hermana

La cita de todos los martes

En la época del WhatsApp, las stories de Instagram y los 240 caracteres, No Me Olvidé de Vos te propone una historia a través de cartas entre gente que aún cree en las cartas.

«No Me Olvidé de Vos» nació en el año 2015, luego de que sus creadoras congeniaran en redes sociales y decidieran emprender este proyecto en conjunto.

“Nos seguíamos por Twitter hacía ya un tiempo, y en 2015 yo [Julieta Habif] tenía un podcast en el que hablaba de amor y literatura, a grandes rasgos. Para el tercer episodio la invité a Belu [Marchese], a quien leía, y charlamos sobre relaciones longevas”.

Todas las historias (o intercambios, como ellas y quienes las leen los llaman) tienen un mismo formato: cartas, a veces correos electrónicos, pero siempre un ida y vuelta entre dos o más personas.

“Las cartas tienen una cuota de magia y de verdad casi inevitable. Yo siempre digo que si mentís en una carta, la convertís en una nota”, dice Julieta. Y es así: no hay un acto más sincero que escribir una carta, de puño y letra, y dejar todos los sentimientos plasmados en un papel. 

Lo más interesante de estas historias, además de lo descabelladas y reales que pueden ser, es que surgen como verdaderos intercambios. Ellas mismas van creando sobre la marcha a sus personajes y las respuestas que se darán. No hay un arreglo previo, sino tan solo una idea que se va dejando llevar.

“Cada intercambio es iniciado por una de nosotras, por la que no inició el anterior. Algunas ideas salen de nuestras propias vidas, otras son historias que nos cuentan, y otras simplemente surgen y son verosímiles para trabajarlas. No nos pautamos nada la una a la otra, la historia va tomando forma carta a carta, no sabemos qué va a pasar o cómo va a terminar”.

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Con un nuevo intercambio todos los martes, ya tienen más de 100 intercambios en su haber. Fue por eso que el año pasado, tras su primer aniversario, decidieron publicar su primer libro con las historias más queridas por sus lectores y algunas otras inéditas.

Fue una locura hermosa. Cuando publicamos la primera historia, no teníamos ni cuenta de Twitter. Dos años después, pum, un libro con nuestros nombres en la tapa. Significó una alegría inexplicable, una sensación de profunda satisfacción. Estamos orgullosas de haber podido concretar este logro y conmovidas por la buena recepción que tuvo, cuenta Belén

Ellas

El rasgo distintivo de este proyecto son sus creadoras y la forma en la que lograron combinar lo mejor de las dos para darle vida a estos intercambios.

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Belén Marchese y Julieta Habif, en la presentación de su libro.

Dificilísimo encontrar una respuesta a ‘quién soy’ que me deje a gusto, pero aquí va: Tengo 26 años, soy licenciada en comunicación social y escribo, me gusta mucho, mucho escribir. Paso la mayoría de mi tiempo trabajando (en la oficina de prensa de una Universidad) y fastidiando a mi perra, Palta. Julieta, según Julieta.

 

Soy algunos títulos que no ejerzo y otras tantas vocaciones que me encontraron de casualidad. Tengo 32 años y trabajo en una imprenta (negocio familiar) pero soy actriz, escribo y todo lo que involucre la posibilidad de expresarme me calza bastante bien. Belén, según Belén.

Ambas cuentan que se conocieron a través de las redes sociales, ya que se leían una a otra. Hoy en día, afirman que se formó una amistad intercambio a intercambio.

Tanto en sus historias como en sus vidas y sus redes sociales, son partes activas del movimiento de mujeres. Desde sus experiencias personales, se sintieron interpeladas y decidieron no callarse ante el machismo.

Uno de sus intercambios (Ismael & Guillermina) cuenta la historia de una joven feminista y un hermano que parece no terminar de comprender el significado del movimiento. Si bien ambas dicen que no buscaban darle cierto tono de «dejar en evidencia» a una parte de la sociedad, lograron captar una realidad que muchas jóvenes viven en sus familias.

“La idea fue, más que nada, hablar sobre feminismo. Contar por qué creemos en lo que creemos y peleamos por lo que peleamos. Me parece que eso es mucho más fructífero que definir el intercambio por la negativa, por ‘mostrar lo errados que están los otros’”.

Si bien aún queda mucho por hacer, ambas son optimistas sobre los logros que el movimiento de mujeres ha conseguido en este último tiempo.

“Avanzamos desde todos los frentes: político, social, económico y cultural. Pusimos en evidencia a cientos de acosadores, sacamos a mujeres inocentes de la cárcel, los ejemplos no se agotan. (…) No solo estamos avanzando, estamos arrasando”. (Belén)

 

“Avanzamos porque cada vez más personas reconsideran sus estructuras mentales y sociales, porque hay menos tabú en la sexualidad de la mujer, porque poco a poco, declaración a declaración, el miedo se va erosionando. Y eso es producto de acompañarnos todo el tiempo, sin intenciones de bajarnos ni frenar”. (Julieta)

En un mundo donde todo parece ser efímero, no nos olvidemos que hay un lugar donde, cada martes, hay cartas para quienes seguimos creyendo en ellas y su cuota de verdad.

 


Fotos:
No Me Olvide De Vos

Mujeres que corren con los lobos (en la inmensidad)

Clarissa Pinkola Estés es la psicóloga que escribió este libro, que puede ser un tesoro. Invirtió más de veinticinco años en los recopilatorios de la mitología popular, para narrar diferentes momentos y representaciones de la mujer que habita en todas las demás. La Mujer Salvaje saldrá a la luz cuando dejemos de temerle a nuestro poder.

 

El libro llegó a mí en forma de regalo, como tantos otros. La diferencia fue que era un momento especial, de mucho cambio y autoconocimiento, y ahí estaban una vez más esas mujeres amigas que venían a enseñarme mucho más de lo que imaginaba.

Pinkola Estés es psicoanalista Junguiana, poeta, contadora y guardiana de los antiguos relatos de la tradición latinoamericana. A través de los años se ha dedicado a enseñar, y también a curar -o liberar (me gusta pensarlo en otros términos)- a sus pacientes mujeres de la opresión impuesta por la sociedad, por la misma psiquis y por una cultura que desde su nacimiento le temió al poder de las mujeres.

Los cuentos y las recopilaciones, minuciosamente seleccionados por la autora, tienen diferentes procedencias, así como también representan distintos momentos por los que atravesamos las mujeres, diferentes batallas a las que se enfrenta la psiquis. Cada cuento o relato es distinto y tiene un sentido, representa un modelo arquetípico; sobre todo, están puestos al servicio de la figura de la Mujer Salvaje.

Porque de eso se trata: de que cada una encuentre o pueda reconocer a esa loba que lleva dentro, esa mujer indómita, llena de instintos, de creatividad, de intuición y de sabiduría. Llena de vida interior y poder. Ella apela a la narrativa oral y recrea las historias que le fueron contadas por sus ancestras en distintas partes del mundo.

Lo hace con una profunda vocación, y convencida de que a la psicología tradicional muchas veces  le faltaban respuestas o miradas sobre algo fundamental para todas las mujeres: lo intuitivo, lo arquetípico, lo sexual y lo cíclico, las edades, el saber innato y el adquirido, y el fuego creador.

A través de cada página vamos comprendiendo y entendiendo lo que Pinkola Estés plantea, a dónde quiere llegar. Todo comienza a cargarse de sentido, no solo en esas páginas sino, además, en cada acto nuestro. Cada amor, cada cuento, cada encuentro sexual, cada proyecto por donde pudimos expandir ese fuego creador del que ella habla.

Allí está todo en la palma de la mano, para demostrarnos que sí, que somos esa Mujer Salvaje, y que nos habitan también nuestras ancestras, todo nuestro linaje (las que deseamos que lo hagan y las que no; las que quisimos y las que no quisimos).

Ahí están todas las mujeres, todas las diferencias y las similitudes unidas en la generación que sigue, y así  hasta el infinito. En nuestro andar, en nuestras voces, en la forma de movernos o de habitar los espacios; en nuestra caderas finas o anchas, en nuestros cabellos, en el brillo de los ojos, e incluso en nuestras elecciones diarias, en profesiones y vocaciones, en la maternidad o no maternidad, y en cada cosa que representa la vida.

«Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Este anhelo tiene muy pocos antídotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Nos hemos dejado el cabello largo y con él ocultamos nuestros sentimientos. Pero la sombra de la Mujer Salvaje acecha todavía a nuestra espalda de día y de noche. Dondequiera que estemos, la sombra que trota detrás de nosotros tiene sin dudas cuatro patas».

Esto puede leerse en el prefacio, que es la invitación perfecta para abrir las puertas y disfrutar del viaje que propone la autora. Un viaje que no necesariamente deja excluido a ningún hombre, pero que sí incluye e identifica fuertemente al género femenino, y en una mirada mucho más actual puede incluir a otros géneros.

“Mujeres que corren con los lobos” es un libro completo, para leer con atención y disfrutarlo. Sin prisas, identificando cada detalle, pensando y repensándonos. Además de cada narración, coincidente con un momento y modelo arquetípico, tiene un apéndice que permite consultar y salvar dudas si algo no quedó claro.

Los relatos elegidos, que surgen a partir de su consultorio, recrean los dramas psíquicos de sus pacientes. Sobre todo, muestran el papel de redención de la Mujer Salvaje, que no surge así como así sino que sólo escapa cuando nos corremos de todo aquello que la cultura, la sociedad, y nosotras mismas hemos marcado: mostrarnos más dulces, comprensivas, cariñosas, egoístas o débiles de lo que somos en realidad.

Clarissa viene con su libro a hacernos ese chasquido de dedos, ese aplauso para que sacudamos la cabeza y despertemos (si es que estábamos adormecidas). Para que veamos todo aquello que los guardianes de la conciencia aconsejan no ver. La autora se corre del eje que marca el psicoanálisis y focaliza en el alma.

Dirá: “Cuando trabajamos el alma, ella, la Mujer Salvaje, crea una mayor cantidad de sí misma”. Para eso hay que hacer espacio, soltar los viejos patrones y asumir quienes ya somos. Es decir, la Mujer Salvaje.

La mujer tiene otros nombres en las distintas culturas: la que sabe, la Trapera, la Huesera o la Loba. Todos los nombres representan la feminidad, la potencia de la mujer, su luz y su oscuridad, pero sobre todo, representan su fuerza y ​​poderío.

Los relatos nos invitan a conocernos, a vernos, a tomarnos tal cual somos y pensarnos en relación a lo femenino y nuestros vínculos.

Algo interesante respecto del compañero que elegimos: será auténtico compañero aquel que acepte y desee a la Mujer Salvaje. Quien realmente entienda esa esencia y no quiera domarla sino acompañarla y vivirla como se presenta. Habrá quiénes no quieran encontrarse con La Loba.

En esencia, Mujeres que corren con los lobos funciona como una llave mas no para abrir una puerta a una habitación confortable y llena de objetos de ensueño. No. La llave abre la puerta y se sale al bosque, donde hay tormentas, hay ruidos, hay hombres que aparecen, hay guardianes que intentan frenar la marcha, hay mujeres que desean acomodarnos y brujas que quieren enseñarnos.

Hay de todo, y depende de nosotras lo que recojamos allí afuera o cuanto tardemos en darnos cuenta de todo lo Salvaje que somos y seremos.

En palabras de Pinkola Estés, debemos salir a que nos ocurran los cuentos, es decir la vida, y trabajar con ellos en nuestra propia vida. Regarlos con nuestra sangre, nuestras lágrimas y nuestras risas hasta que florezcan. Hasta florecer.

 

Bibliografía:

Clarissa Pinkola Estés, «Mujeres que corren con los lobos», Editorial: B de bolsillo.

 

 

 

Feria del Libro de Buenos Aires: lectura en la infancia

Entre el 27 de abril y el 15 de mayo, se realizó en Buenos Aires la 43° edición de la Feria del Libro, un evento infaltable en la agenda cultural de nuestro país. Como cada año, cientos de editoriales y librerías dijeron presente en el predio de La Rural, y el público no se hizo esperar: 1.200.000 visitantes recorrieron los pabellones este año.

La importancia de la lectura en la sociedad fue protagonista una vez más. En un mundo en cambio constante, lleno de tecnologías novedosas, en ocasiones los libros son erróneamente relegados al pasado y la lectura se marca como una actividad “aburrida”, comparada con los juegos electrónicos y demás. La aparición de los e-books o libros electrónicos se anunció como “la muerte del libro de papel”, pero en la práctica representó solo una opción más, aún segunda en popularidad por detrás del papel.

Aprender y enseñar a leer son parte de los actos más significativos en la formación del ser humano. Ser capaces de realizar una lectura comprensiva de un texto significa ser capaces de pensar por nosotros mismos, de analizar la información que el mundo nos ofrece de manera incesante, y poder decidir qué creemos y qué no, qué nos resulta relevante y qué tipo de vida queremos vivir.

Hoy en día, en nuestro país, la situación socioeconómica de la población es la problemática principal que afecta el nivel de alfabetización de los niños en edad escolar. Cuando un niño sufre hambre, frío o se ve forzado a trabajar para sobrevivir, la escuela es muchas veces empujada hacia abajo en la lista de prioridades. Una familia presente, que fomente el hábito de la lectura en sus niños, es entonces de vital importancia para su desarrollo y su futuro.

Saber leer no es lo mismo que entender lo que se lee. La lectura comprensiva se logra solo a través del hábito que, como adultos, debemos acompañar. Enseñar a los más jóvenes las herramientas para que sepan cómo leer de forma crítica, cómo rescatar de un texto su contenido más elemental y cómo relacionarlo con otros conceptos, es una de las maneras más eficientes de prepararlos para comprender así la vida y mejorar su forma de relacionarse consigo mismos y con el mundo que los rodea.  No ser esclavos de la ignorancia, fáciles de manipular y engañar.

La lectura es imposible de imponer. Por ello, existen muchísimas maneras de atrapar la atención de los chicos, para que realmente disfruten y saboreen cada libro que pase por sus manos, en lugar de leerlo por obligación y olvidarlo al cabo de unos días.

Un claro ejemplo de estos enfoques menos tradicionales es el trabajo que lleva a cabo la compañía Picnic Teatro a la Carta. A través del teatro clown y la música, recrean la famosa obra de Shakespeare Romeo y Julieta de una forma única y divertida, sumándole elementos de la cultura popular argentina y la chispa cómica del grupo de payasos.

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Florencia Piturro, directora de Julieta a la Romeo, inspiró su adaptación teatral en el libro El mundo de Willy, de Laura Silva, que retoma tres de las obras más populares de William Shakespeare y las narra para pequeños lectores. Tras presentarse en el Teatro Nacional Cervantes en noviembre pasado y ser parte de la programación del Festival Shakespeare 2017, la fundación El Libro los convocó para que llevaran su espectáculo a la Feria del Libro.

Además de representar la obra entera ante una Sala Javier Villafañe colmada de espectadores, la compañía se sumó a la firma de libros que realizó Laura Silva en el stand de la Editorial Nazhira y tomó los pasillos de la Feria para leer la historia a los visitantes. Ángela y Ayelén se sentaron junto a las decenas de niños que pasaban y se quedaban a participar, atraídos por la música y la simpatía de las payasas.

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“Fue una tarde maravillosa, muchísimos chicos se acercaron y trabajamos con un ‘Romeo’, un señor mayor que se animó con el libro a decir las frases de Romeo en la famosa escena del balcón”, nos contó Florencia.

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Ángela Chuffo y Ayelén Selleng, actrices de la compañía.

La compañía realiza funciones en colegios primarios y secundarios, aunque gracias a las referencias culturales añadidas y el carisma de quienes forman parte, la obra resulta muy entretenida para un público de todas las edades.

El próximo domingo 21 de mayo a las 18:30 hs., Picnic Teatro a la Carta se presentará en el Teatro Taller del Ángel.

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Imágenes propias y cortesía de Picnic Teatro a la Carta.