¿Por qué todo el mundo habla de Heartstopper?

Heartstopper (2016) es una novela gráfica creada por la autora británica Alice Oseman. La historia que nos propone cuenta el surgimiento de un romance entre Charlie y Nick, dos jóvenes compañeros de escuela que entablan un vínculo amoroso.

El relato surgió a partir del primer texto de Oseman, Solitaire. En él, se desarrolla la historia de la hermana de Charlie, Tory Spring. La relación de los protagonistas de Heartstopper aparece mencionada como algo secundario, lo que inspiró a la autora a desarrollarlos como protagonistas en sus propios libros.

Descripción de imagen: dos páginas del cómic. La página 1 está dividida en 6 cuadros, uno debajo del otro: un par de manos se posan sobre el teclado de una computadora; las manos se aprietan en puños; primer plano de perfil de Nick, un adolescente de piel blanca y cabello rubio. Nick aprieta los labios con expresión nerviosa; una mano comienza a escribir en el teclado; aparece una pantalla de búsqueda en línea y en la barra de búsqueda se lee «¿soy gay?» en inglés; un dedo aprieta la tecla Enter. La página 2 se divide en dos secciones. Arriba: un cuadro muestra a Nick en primer plano con expresión nerviosa, ligeramente sonrojado. Alrededor, aparecen 5 fragmentos de la pantalla de búsqueda donde se leen palabras y frases sueltas en inglés como «Test gay», «¿Qué tan gay eres?», «divertidísimo», «¿Soy gay?», «curiosidad» y «Por fin, una respuesta». La palabra «gay» se repite en todos los fragmentos. Abajo: un dedo aprieta rápidamente la tecla Retroceder. Nick, sentado en un puf con la computadora apoyada en el regazo, comienza a teclear con frenesí.
Ilustración del libro.

Al momento, la tira cuenta con cuatro volúmenes publicados. En cada uno de ellos, la autora profundiza no solamente en la relación entre los protagonistas sino también en la complejidad de sus personajes: se habla de diversidad LGTBIQ, experiencias de bullying, bifobia y trastornos de salud mental y de la alimentación.

A pesar de tocar temáticas tan sensibles y recurrentes en la actualidad (en la Argentina, entre el 12% y el 15% de les adolescentes padecen de anorexia o bulimia nerviosa, siendo el 90% de las afectadas mujeres y el 10% varones), Oseman logra darle un tono adecuado y responsable a su mensaje.

En una entrevista con un medio británico, ella reconoció que fue una decisión enunciativa apostar un relato LGTBIQ que no caiga en los típicos clichés o el tono del drama y la tragedia. Por el contrario, el enfoque habla de orgullo, diversidad y empatía.

Descripción de imagen: un cuadro del cómic. Aparecen 4 fotografías de Nick y Charlie impresas en una hoja. En la primera, se abrazan fuerte, sonriendo con los ojos cerrados, mejilla contra mejilla. En la segunda, Nick sostiene el rostro de Charlie mientras lo besa en la mejilla con los ojos cerrados. Charlie abre los ojos, sonrojado. En la tercera, Charlie sostiene el rostro de Nick mientras lo besa en los labios, ambos sonrojados. En la cuarta, Nick mira a cámara, sonrojado con una sonrisa, mientras Charlie sonríe con el rostro medio escondido tras la mejilla de Nick. Alrededor de la hoja impresa, flotan flores dibujadas en estilo sencillo, casi como garabatos.

En la versión del cómic disponible en la web, que se puede leer en inglés de forma libre y gratuita acá, se incluyen advertencias de contenido en las escenas que pueden ser fuertes para ciertos públicos. Sin embargo, la edición en español que se comercializa en librerías argentinas decidió omitir estos avisos.

Las ilustraciones, que se inspiran en el anime, hacen que el relato sea adictivo y que una, como lectora, considere hasta tatuarse a algún personaje. Los colores pasteles de las portadas también nos hablan del tono de la historia que vamos a leer. Sin dudas, un gran acierto para acompañar un relato repleto de ternura.

Hasta Netflix y más allá

El éxito de la obra llevó a la escritora a firmar un contrato con Netflix para hacer una serie con la historia de Nick y Charlie. Los papeles protagónicos serán interpretados por Joe Locke y Kit Connor, respectivamente. Se espera que el estreno de esta tira, producida por See-Saw Films, tenga lugar en otoño de 2022.

Descripción de imagen: diez jóvenes posan sonrientes, mirando a cámara, al aire libre. Algunes están sentades sobre un muro pequeño, algunes están de pie detrás del muro y algunes están sentades en el suelo frente al muro. Son personas negras, blancas y asiáticas, de distintas corporalidades y géneros. Varies sostienen en las manos y muestran a cámara el guion de la serie Heartstopper.
Imagen del elenco.

El resto del elenco estará compuesto por William Gao como Tao Xu, Yasmin Finney como Elle Argent, Corinna Brown como Tara Jones, Kizzy Edgell como Darcy Olsson, Sebastian Croft como Ben Hope, Cormac Hyde-Corrin como Harry Greene, Jenny Walser como Tori Spring, entre otres actores.

El quinto volumen, que se publicará el próximo 13 de mayo, será el último de la saga. ¿Qué tiene de nuevo una historia sobre un romance juvenil LGTBIQ, en una época en la que se siente que ya todo fue contado? Lucila, una joven lectora del cómic de 12 años, resumió su experiencia de lectura de la siguiente manera:

«Conocí Heartstopper porque una amiga me lo recomendó. Al principio dudaba sobre leerlo, porque no sabía de qué se trataba, pero al final me encantó ( ´◡` ). Lo que más me gusta de la historia es la relación de Charlie y Nick, ya que son muy unidos, siempre se apoyan y se quieren mucho. Me parece muy tierno y hermoso <3».

Mientras las expectativas del romance, en tanto género literario, suelen estar puestas en las tensiones sexuales, las idas y vueltas o el tercero en disputa, Heartstopper narra al amor como un vínculo -antes que nada- de amistad genuina y comunicación. Quizás las historias de amores trágicos, apasionados y violentos ya pasaron de moda: tenemos suficiente con la realidad, ¿para qué lo vamos a seguir consumiendo en la ficción?


La figura femenina en el universo Almodóvar

«Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que soñó de sí misma…».
Todo sobre mi madre (1999)

Cuando se estrenó La mala educación (2004), película que estuvo a punto de ser censurada por hablar de los abusos sexuales cometidos por los clérigos de una España católica-conservadora y al mismo tiempo hipócrita, Pedro Almodóvar visibilizó un tema del que se sabía pero del que nadie hablaba.

En una entrevista para El País, el director dijo que su película era la más íntima hasta el momento, puesto que tomaba muchos elementos de su infancia y su juventud.

Con esta premisa, indagamos en su filmografía empezando con su gran obra que lo catapultó en Hollywood, Todo sobre mi madre, en donde hace referencia a la bondad y voluntad de la mujer y que nos adentra al universo Almodóvar entre homenajes, estética, guiños y, lo mas notable (al menos para sus admiradores), referencia a sus próximas películas. Como, por ejemplo, en Los abrazos rotos (2009) hay una escena donde aparece un cartel de su próxima película (aun en rodaje), Madres paralelas.

Los abrazos rotos (2009)

Es sabido que no da muchas entrevistas más que para promocionar sus películas. Es un hombre de bajo perfil que vivió la revolución de la juventud, una época mala para España pero buena para el cine, debido a que en los años 80 se regresaba a la democracia después del fascismo. En un Madrid que vivía el movimiento punk, el hippie y la new wave -todo junto-, pasado por el filtro de ese país aún medio paleto y medio desarrollado, pero un país, por fin, sin miedo y con urgencia por hacer. Un Madrid donde descubrió «la ciudad, la cultura y la libertad».

La libertad de poder contar historias que posiblemente no nos son tan ajenas, esas historias que solo él puede y sabe contar y transformar en arte. Dando visibilidad a temáticas que él ha vivido o presenciado, como la muerte, la madre, la mujer, la prostitución, las drogas, los abusos, los excesos, entre otras. Donde les da luz y color en cada película, con una magnífica banda sonora que te sobrecoge el corazón cuando la escuchás, porque te transporta a lo que él te quiere transmitir.

Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980)

Un aspecto a tener en cuenta es la sensibilidad a la hora de narrar el universo femenino. Esto se observa con claridad en sus películas, donde presenta muchas veces una imagen idealizada de las mujeres. De hecho, a lo largo de su carrera como cineasta se ha interesado principalmente por desarrollar personajes femeninos desde sus múltiples matices. Las mujeres se convierten, salvo en pocas excepciones, en las protagonistas dentro de su cine, aspecto que lo caracteriza.

El hecho de que las mujeres sean las protagonistas de sus películas es algo que, sostiene, surge en él de modo instintivo a la hora de escribir y crear personajes. Almodóvar piensa que los personajes femeninos cuentan con una capacidad de decisión de la que carecen los personajes masculinos, a los que califica como «elementos dramáticos de una sola pieza», mientras que en las mujeres hay mayor capacidad de sorpresa, más variación, admitiendo muchos más matices, son más fuertes, más autónomas y más activas.

«Las mujeres resisten mejor que los hombres los golpes de la vida. Esta capacidad de resistencia siempre me ha inspirado». Este sentimiento ha estado presente en todas sus producciones, desde Mujeres al borde de un ataque de nervios, pasando por Todo sobre mi madre hasta ahora con Los abrazos rotos.

Entre las temáticas en las que el director hace mayor hincapié en relación a estos personajes se encuentran: la maternidad, el amor, el vínculo que establecen con los hombres y la familia. Pedro ha logrado, como pocos otros directores, abordar la psicología femenina sin caer en estereotipos y ha comprendido y reflejado, fielmente, el mundo de las mujeres.

Tuvo sus primeras impresiones fuertes como observador de la vida durante las conversaciones de su madre con sus vecinas, mujeres rústicas, casi todas sometidas a sus maridos de por vida. En esas rondas cotidianas asistió al mundo sorprendente de la cocina de los engaños a los hombres, que creían manejar cosas que muchas veces se resolvían a sus espaldas.

Todo sobre mi madre (1999)

Y siempre combinado con lo rural, lo pueblerino, con la cultura ancestral «de las abuelas». Entre ambas vertientes corre la biografía de Pedro o, como lo manifiesta él, «lo que más me interesa de la realidad es, además de vivirla, desarrollar todas sus sugerencias. Y eso lo hago tanto en el cine como en mi propia vida. No me siento comprometido por el éxito, sino que quiero sentirme más libre que nunca».

Se puede apreciar en sus películas la madurez que va adquiriendo, no solo estéticamente sino en las historias que cuenta a medida que pasan los años. Desde Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) hasta Julieta (2016), este último definido por el director como un drama «seco y aséptico». Seco porque no deja llorar a sus actrices, porque no quería lágrimas en esta historia dura de pérdidas, a pesar de la tristeza, y aséptico porque es un drama en todas las letras. No hay tintes de comedia. No hay brochazos de cine negro. 

Julieta es Almodóvar sin Almodóvar. Almodóvar destilado, la esencia. El artista que mezclaba géneros. El de las putas, los taxistas, los curas pedófilos, el de las amas de casa desesperadas, las toreras, las madres sufrientes y valientes, las señoras de pueblo. El de los colores saturados. El de los guiños constantes. El de las canciones como personajes. El de las líneas de guión certeras y exuberantes.

La verdadera historia de Pedro Almodóvar se cuenta en sus películas. Porque esa veintena de películas son, en cierta manera, solo una. Como si estuviera rodando la misma cinta. Con esas secuencias que van y vienen de una obra a otra, esos personajes reincidentes, esas ideas, esos escenarios. «A lo largo de mis películas podría ir extrayendo una autobiografía con cada secuencia, pero nunca de un modo literal», lo explica él.

La flor de mi secreto (1995)

En su última película, Dolor y Gloria, estrenada en 2019 y la cual será recordada como la más desnuda y reveladora de Almodóvar, nos habla sobre la soledad más absoluta y reordena su vida: de la luminosa infancia a la decadencia física, sin olvidarse de aquellas personas que han marcado su existencia: la madre omnipresente, un amor roto a su pesar y alguna lealtad inquebrantable. Ha llegado el momento de saldar viejas cuentas, perdonar y salvarse a sí mismo. Porque, aunque no sea su biografía, las comparaciones son inevitables.

También contó historias en las escenas de violencia, violaciones o sometimiento como las que aparecen en Kika (1993), Átame (1989) y ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984) y tantas otras.

Átame (1989)

Al respecto se le preguntó si se le ocurrió volver a rodar algo por el estilo, a lo que Pedro contestó: «Yo me atrevería, pero la reacción sería muy mala y puede que hasta tuviera problemas para estrenarlas. […] El movimiento feminista está consiguiendo grandes avances, y creo que los hombres debemos reformularnos para saber cuál es nuestro papel. Hay que definir una nueva masculinidad porque lo que está pasando no es una guerra entre hombres y mujeres, sino todo lo contrario».

Festival de Cannes (2019)

Habrá que esperar su nueva película, Madres Paralelas, un proyecto que Almodóvar lleva madurando desde hace 10 años. El rodaje empezó el pasado mes de marzo y según afirmó el director manchego será un «drama intenso». «Vuelvo al universo femenino, a la maternidad, a la familia. Hablo de la importancia de los ancestros y de los descendientes. La presencia inevitable de la memoria. Hay muchas madres en mi filmografía, las que forman parte de este relato son muy distintas. Como narrador, en este momento me inspiran más las madres imperfectas», señaló.

Además, hace unos días se confirmó que la actriz Daniela Santiago protagonizará una escena al lado de Penélope Cruz. La actriz malagueña hará así su debut en la gran pantalla.

En cada entrevista, televisada o escrita, Almodóvar es una persona coherente, sensata, que hizo de su vida un arte.


Fuentes:


Hasta que la muerte las separe

Colaboración por Candela Fumale


Mi abuela Lita vivió cincuenta y tres años con la prima Estela. Mamá decía que vivían juntas para abaratar el alquiler. En cambio, papá me contaba que la convivencia era una forma de hacerse compañía, porque ninguna de las dos había conseguido casarse. Y, como una versión no contradecía a la otra, crecí sin dudar de ninguna de las dos.

Durante años fui a tomar la leche a lo de mi abuela. Siempre las miraba mientras me preparaban la chocolatada. Se metían las dos en la cocinita y mientras una batía la leche y el polvo, la otra me ponía vainillas en una bandeja. A veces se chocaban y una le ponía un brazo en la espalda a la otra, como pidiendo perdón. Yo creía que las unía un cariño parecido a la necesidad. Que se daban la mano porque las mujeres tienen permitidas ciertas demostraciones de sentimientos que la hombría vedaba a los hombres. O que los sábados hacían reuniones con otras señoras concubinas y se ponían corbatas solo para inventar a los maridos que quisieran tener.

Me acuerdo el momento exacto cuando pregunté por qué Lita y Estela dormían en una cama grande. Mamá se quedó quieta con los platos llenos de detergente y la canilla corriendo. Papá la miró a mamá. Entre los dos me explicaron que su dormitorio era bien chiquito y una cama matrimonial entraba mejor que dos camas simples, pero que no se me ocurriera preguntarle eso a ellas, las podía ofender por tener poco espacio. Pero los nenes no conocen la discreción, así que una vez que me puse a mirar tele con mi abuela en la cama, me ganó la curiosidad. Ella se rió y me contestó que hay amores que no entran en una cama chica.

Hace diez años, cuando se promulgó la ley de matrimonio igualitario, Lita y Estela fueron las primeras del pueblo en ejercerla. Colgaron un portarretratos enorme con la foto del civil en la cocina. Al lado pusieron encuadrada la libreta de matrimonio, en la que vi por primera vez el apellido de la prima Estela. ¿De quién era prima la prima si no había nadie más con ese apellido en la familia? Cuando exigí saber, mis padres me dieron más respuestas dudosas: que «prima» es una forma cariñosa de decir «amiga» y que el matrimonio era para que ambas pudieran compartir la misma obra social, ahora que ya estaban jubiladas.

Tengo veinte años y vengo del crematorio de mi abuela. Estela murió hace tres meses, Lita no aguantó la casa vacía. Veo tanto espacio vacío y pienso cómo nunca me di cuenta de todo el amor que habitaba esos cuartos. Que Estela pintó las paredes hasta el último año que pudo subirse a una escalera, que tenían fotos de las dos en todos los muebles, que la repisa está llena de los libros que se regalaban y no hay uno solo sin dedicatoria, que Lita llevaba en la billetera un rulo de cuando Estela tenía veinticinco años. Cómo nunca racionalicé eso que todos callaban y yo no sabía nombrar.

Hoy me enteré, en medio de abrazos y parentela, que mis tíos habían querido desalojarla a la prima Estela, porque «le gastaba el sueldo a la abuela». ¿Sería eso o sería que hubieran preferido que la abuela gastase su sueldo en un hombre, o mejor, que un hombre se gastase el sueldo en ella? Sea cual fuere, cuando ellas se casaron, la orden de desalojo que mis tíos habían conseguido firmar de forma poco elegante quedó sin efecto. Entonces, es cierto que un papel no garantiza el amor pero cuando el amor desborda, un papel te garantiza derechos.


Recomendaciones: libros LGBTQ+

Junio es el #MesDelOrgullo pero hoy la situación de celebración no puede ser igual a la de los últimos tiempos. No se pueden hacer marchas ni fiestas; ni siquiera se puede festejar con amigues cercanes. A pesar de todo, podemos celebrar a la comunidad LGBTQ+ de otro modo. ¿Y qué mejor manera que leer acerca de personajes que integran y representan a la comunidad en el mundo literario?

«La hermana, la extranjera», de Audre Lorde (1984)

Esta colección de ensayos y discursos es perfecta para quienes disfrutan buenos análisis a nivel social. Si bien este libro ya tiene sus años, eso no significa que los temas que aborda no sigan en boga aún hoy: desde la necesidad de que exista un feminismo interseccional hasta la marginación sufrida por las parejas LGBTQ+ que crían hijes. Audre Lorde examina la desigualdad económica, la marginación, la homofobia, el machismo y la discriminación racial y social. 

«Se espera que las personas negras y del tercer mundo eduquen a las personas blancas sobre nuestra humanidad. Se espera que las mujeres eduquen a los hombres. Se espera que las lesbianas y los hombres homosexuales eduquen al mundo heterosexual. Los opresores mantienen su poscición y evaden su responsabilidad por sus propias acciones. Hay una pérdida constante de energía que podría utilizarse mejor para redefinirnos y diseñar escenarios realistas para alterar el presente y construir el futuro».

La hermana, la extranjera.

«Tan poca vida», de Hanya Yanagihara (2015)

A pesar de haber dejado la lista de bestsellers del New York Times hace un tiempo, este libro continúa en boca de muchas personas. Si bien es controversial por los temas que trata, quien lo ha leído puede dar fe de que es una historia impactante e inolvidable. Sigue a cuatro amigos que se conocen en la universidad y forjan una estrecha amistad. Este es un libro fuertemente vincular, desde relaciones de amistad y de pareja (incluye varias parejas homosexuales) hasta las familiares. Pero también explora situaciones de abuso, de autoflagelación y de enfermedades mentales. Es un libro difícil de leer por sus temáticas pero es uno que marca un antes y un después en la vida de une lectore. 

Advertencias de contenido: autolesiones, ideas de suicidio, intento de suicidio, desórdenes de alimentación, abuso físico de un menor, abuso doméstico, abuso de personajes con discapacidad, pérdida de un hijo, abuso, adicción a las drogas, agresión, violación sexual, pedofilia, trastorno de estrés postraumático, prostitución forzada de un menor de edad.

«¿Por qué la amistad no era tan buena como una relación? ¿Por qué no era aún mejor? Eran dos personas que permanecían juntas, día a día, no atadas por sexo o atracción física o dinero o hijos o propiedad, sino solo por el acuerdo compartido de continuar, la dedicación mutua a una unión que nunca podría codificarse».

Tan poca vida.

«George: simplemente sé tú mismo», de Alex Gino (2015)

Cuando las personas ven a George, la ven como un varón de 10 años. Sin embargo, ella sabe que no es un varón, es una chica. Esta es una historia sobre amistades, sobre descubrirse a une misme, sobre aceptación y sobre combatir contra los prejuicios y las injusticias. Si bien este libro está dirigido hacia una audiencia más joven, puede ser leído por todas las edades sin perder su calidad e impacto ya que trata una temática sumamente importante con una delicadeza y dulzura única. 

Advertencias de contenido: bullying, transfobia, misoginia.

«George se detuvo. Era una pregunta tan corta y pequeña pero no podía hacer que su boca formara sonidos: Mamá, ¿y si soy una niña?».

George: simplemente sé tú mismo.

«Todo me lleva a ti», de Nina Lacour (2014)

Ideal para quienes tengan interés en trabajar en cine, televisión o diseño de producción, este libro se trata de Emi, una chica que acaba de terminar sus estudios y empieza a trabajar en un set de grabación. Allí va forjando su camino con nuevas amistades y conoce a Ava, una persona completamente magnética. Este es un libro que explora las relaciones humanas modernas mientras hace un balance equilibrado entre temas serios y temas más livianos.  

Advertencias de contenido: sobredosis, vínculos familiares tóxicos, indigencia adolescente.

«Nos encantan las películas porque nos hacen sentir algo. Hablan de nuestros deseos, que nunca son pequeños. Nos permiten escapar, soñar y mirar a los ojos que son increíblemente hermosos y enormes. Nos llenan de anhelo. Pero también nos dicen que recordemos. Nos hacen acordar a la vida. Recuerden, dicen, cuanto duele que te rompan el corazón».

Todo me lleva a ti.

«Días sin final», de Sebastian Barry (2016)

Esta novela histórica, nominada para el Man Booker Prize en 2017, cuenta la historia de dos hombres durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Si bien está ambientada en un momento sumamente violento y cruel, el libro no deja de mostrar el lado más tierno de la vida: profundiza en particular en la vida de los dos amantes y su hija adoptiva. Es un texto que analiza las distintas dinámicas familiares y de pareja en un contexto completamente diferente al del día de hoy. 

«La memoria de un hombre tal vez tiene solo cien días claros y ha vivido miles. No se puede hacer mucho al respecto. Tenemos nuestra reserva de días y la gastamos como borrachos olvidadizos».

Días sin final

Algunas menciones especiales para seguir explorando otras historias:

  • «Orlando» por Virgina Woolf.
  • «La trilogía de la tierra fragmentada» por J. K. Jemisin.
  • «Un hombre soltero» por Christopher Isherwood.
  • «En la tierra somos fugazmente grandiosos» por Ocean Vuong.
  • «La canción de Aquiles» por Madeline Miller.
  • «Si yo fuera tu chica» por Meredith Russo.
  • «Qué nos hace humanos» por Jeff Garvin.
  • «Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo» por Benjamín Alire Sáenz.
  • «Variaciones Enigma» por André Aciman.
  • «Delta de Venus» por Anaïs Nin.

Películas y series feministas y LGTBI+ (II)

Esta semana, te traigo la segunda parte de recomendaciones de series y películas cuyos personajes nos enseñan tanto sobre empatía e igualdad, claves para este movimiento. Algunas son un canto a la liberación y otras una denuncia clara de una situación concreta. Te proponemos maratonear estas series y películas que han allanado el camino hacia una mejor representación en la pantalla.

NO SIN MI HIJA (1991)

Basada en una historia real y en el libro de la protagonista, nos cuenta la historia de Betty Mahmoody y su marido Moody, iraní residente en Estados Unidos, quien convence a su esposa de pasar las vacaciones en Teherán junto a su hija, Mahtib. Al transcurrir las dos semanas, Moody decide quedarse de forma permanente sin consultar a Betty y, amparado por la ley iraní, la obliga a establecerse en el país. Betty, al verse acorralada por una cultura diferente planea marcharse con su hija pese a que la ley de dicho país no la avale.

Esta cinta nos muestra la valentía y el coraje de Betty, que pese a que se encuentra sola en un país ajeno, toma el valor de irse y luchar no solo por la vida de ella si no la de su hija.

HABITACIÓN EN ROMA (2010)

Cinta española que relata la historia de dos mujeres que se encuentran en una gran ciudad. Allí pasaran la noche compartiendo desde sus más profundos secretos hasta sus ilusiones, en una comunión espiritual que, sin darse cuenta, las llevará poco a poco a sentirse atraídas mutuamente.

Traje esta historia puesto que nos revela que los sentimientos y el amor son iguales para todes. El lenguaje y el diálogo que mantienen entre ellas te mantienen atente sobre la intimidad de cada una y nos dejan una buena película romántica. *Avisamos que durante gran parte de la película, las protagonistas permanecen desnudas.

LOS CHICOS NO LLORAN  (1999)

Filme basado en la historia verídica sobre la vida de Brandon Teena. Un hombre transgénero, quien nunca fue aceptado en su circulo cercano, decide marcharse a un pueblo de Nebraska. Ahí conocerá nuevas amistades y a Lana, con quien mantendrán una relación. Desgraciadamente su nuevo entorno descubre su secreto y este hecho desatará una serie de eventos trágicos.

Fue mi primera película de esta temática. Tenía 10 años de edad y sentí la impotencia al ver la estigmatización y violencia con que se trataba (y trata, a día de hoy inclusive) al colectivo trans. Por ese motivo recomiendo esta película, ya que nos acerca el tema sobre la crueldad que llegan a sufrir por ser como son.

VIVA (2016)

Esta cinta se centra en la vida de Jesús, quien trabaja como peluquero en La Habana mientras sueña con convertirse en artista de un club nocturno de show travesti. Pese a las dificultades, Jesús luchará para hacer su sueño realidad.

Es una historia fácil de ver. El personaje nos transmite calidez así como coraje al enfrentar situaciones y personas que no lo aceptan, pero su lucha constante por ser fiel a sí mismo es por lo que recomiendo esta película.

La veneno (2020)

La última serie de Los Javis (Javier Calvo y Javier Ambrossi), nos cuenta la historia de Cristina Ortiz, más conocida como La Veneno. Fue ícono trans en la España de la segunda mitad de los 90 (no hablamos de hace tanto tiempo tampoco), donde ser retrógrado estaba en la agenda del día (lamentablemente, no ha cambiado mucho). La serie repasa la vida de ella desde su niñez hasta su etapa adulta. 

Cristina fue el juguete roto de la televisión española. Referente trans que pese a tener una personalidad arrolladora era el reflejo de una vida muy difícil, una luchadora que nunca se comportó como víctima, abrió camino y mostró una realidad invisible en los medios: lo que la gente no quería ver.

Esta serie os la he puesto como última opción puesto que solo está disponible el primer capítulo en AtresPlayer TV, ya que por la situación que atraviesa el mundo en pandemia fueron suspendidas las grabaciones. Hasta que no se retorne a la «normalidad», no se podrá seguir con la continuación de la serie. ¡Pero estaros atentis!


«Pinkwashing»: de arcoíris y nubes negras

El 17 de mayo de 1990, la comunidad LGBTIAQ+ logró una victoria enorme a nivel internacional: la Organización Mundial de la Salud eliminó de su lista de trastornos mentales a la homosexualidad. Debieron pasar casi 30 años hasta el siguiente gran paso en esa misma línea, cuando en junio de 2018 se modificó la clasificación de la «transexualidad» y esta pasó de considerarse un trastorno a una «condición relacionada con la salud sexual».

Es indiscutible que, poco a poco, el cambio empieza a hacerse ver en la cultura y la sociedad. Las personas LGBTIAQ+ empiezan a aparecer en medios de comunicación y ficciones en todos sus formatos, se legislan nuevas leyes para ampliar el acceso del colectivo a derechos básicos y la bandera arcoíris deja de ser tabú en muchas mesas del mundo. Estamos viviendo un cambio de paradigma en tiempo real, que inevitablemente se ve entrelazado con otros aspectos de esta sociedad que construimos.

Cuando el oportunismo y el capitalismo se cruzan con estas transformaciones sociales, surgen corrientes como el pinkwashing y el purplewashing, que describen el uso político o publicitario de símbolos y movimientos de derechos humanos sin ofrecer apoyo real a los grupos oprimidos ni escuchar sus reclamos concretos. Las instituciones, las empresas y las personas que utilizan estas técnicas buscan ganar la simpatía de esos grupos, mostrar una fachada «progresista» sin bases reales y que, muchas veces, se contradice con las acciones y las decisiones que se toman detrás de escena.

Pinkwashing: que el arcoíris no tape las nubes negras

El término «pinkwashing» (traducible como «lavado de imagen en rosa») surgió en 1992 desde la organización dedicada a la concientización sobre el cáncer de mama Breast Cancer Action (BCA). La BCA denunciaba así el mal uso del famoso lazo rosado que simboliza esa lucha, con motivos meramente comerciales de parte de empresas que solo buscaban posicionarse mejor o vender más productos alineándose de forma ficticia detrás de la causa.

Aplicado a los derechos de la comunidad LGBTIAQ+, los ejemplos de pinkwashing son incontables. Hace apenas unos días, una usuaria de Twitter compartió dos piezas de comunicación de un banco famoso que indicaban: «No importa cómo te define tu DNI. Importa cómo te definís vos». La campaña, publicada en la red social LinkedIn, fue eliminada enseguida.

En tan solo dos oraciones, enterraban una de las batallas más duras que debió librar la comunidad travesti/trans argentina, como si tener un documento necesario para vivir en sociedad que te identifica como alguien que no sos no fuera doloroso e irrespetuoso. Otra usuaria compartió su experiencia con el banco y dejó todavía más en claro el caso de pinkwashing: «Lo más genial de todo esto es que el sistema de Santander no está preparado para que una persona haga cambio de género en el DNI».

#LoveIsLove, la campaña incompleta

La campaña #LoveIsLove nació como una forma de validar las relaciones afectivas no heterosexuales y ganó notoriedad a partir del empuje por la legalización del matrimonio igualitario en distintos países del mundo. La premisa es simple: el amor es amor, sin importar el género de las personas involucradas.

Sin embargo, el capitalismo se encargó muy rápido de vaciarla de contenido real. Como en el caso de las tareas de cuidado, se toma la idea del amor como «fuerza que todo lo puede» y se barren bajo la alfombra las demás problemáticas que rodean a la comunidad. No es casual que la frase «Si ya pueden casarse, ¿qué más quieren?» siempre aparezca cuando se acerca la Marcha del Orgullo. La publicidad antes mencionada lo ejemplifica a la perfección: ¿para qué seguir peleando por ampliar nuestros derechos si lo que importa es lo de adentro?

Una campaña centrada en el amor es ideal para las empresas que quieren ganar clientes de grupos oprimidos sin perder a los clientes de grupos opresores. Cada año, cientos de grandes marcas se pintan de colores y modifican sus logos durante el mes de junio, reconocido internacionalmente como Mes del Orgullo. Sin embargo, se siguen dando casos de violencia contra miembros de la comunidad en sus locales y no se invierte en instrucción con perspectiva de género para sus empleades. Muchas empresas patrocinan las Marchas del Orgullo en distintos países para que sus nombres aparezcan en la foto y a la vez se involucran en el financiamiento de campañas de polítiques abiertamente antiLGBTIAQ+.

«Leyes relacionadas a la orientación sexual en el mundo – 2019». Los países coloreados de azul oscuro son los que cuentan con mayores medidas de protección a la comunidad mientras que los del extremo rojo penalizan con la muerte las relaciones no cisheterosexuales. Fuente: ILGA.

La libertad afectiva no es el único reclamo de la comunidad pero sí es el menos radical. El amor es un valor universal y abstracto que puede generar empatía mucho más rápido porque, al fin y al cabo, es más aceptable la idea de que no elegimos de quién enamorarnos.

Otra es la historia con cuestiones como la libertad sexual y la identidad de género. La sexualidad sigue siendo considerada tabú en gran parte del mundo y las relaciones no cishetero puramente sexuales, por fuera de un vínculo afectivo, son vistas como perversiones y fetiches. La identidad de género sigue siendo erróneamente atada a las corporalidades y se acusa a aquelles que deciden someterse a tratamientos hormonales o cirugías de adecuación de mutilarse el cuerpo.

Asuntos más profundos, como el acceso igualitario a derechos básicos, dependen de la aceptación de lo anterior. Difícilmente se tomará en serio a una persona trans en una entrevista laboral si se la ve como «confundida» o «perversa» por vestirse con ropa del género «incorrecto». Difícilmente podrá continuar sus estudios una persona que es acosada de forma constante por su identidad, su orientación o su presentación.

Más allá de algunas publicidades bonitas, ¿qué hacen las empresas y las organizaciones para combatir estas problemáticas desde sus posiciones? ¿Adaptan sus propias políticas internas, dan trabajo a personas de la comunidad o se visten de colores para vendernos sus productos y se olvidan de nosotres cuando nuestros reclamos no les generan ganancias?


Imagen de portada: edición por Macarena Varicci

Películas y series feministas y LGBTI+ (I)

Ahora que estamos en época de cuarentena, ¿qué mejor que ver pelis y series para motivarnos? Muchas de las siguientes narran historias de personas que han superado dificultades y alzado su voz para mostrar lo que atravesaban, no solo elles sino también más personas. 

Muchos de estos testimonios me dieron nuevas perspectivas y por ese motivo les invito a disfrutarlas en esta primera parte de mis recomendaciones. ¡A tomar nota! Sigue leyendo Películas y series feministas y LGBTI+ (I)

Mapa de grafitis

Ficción colaboración por Candela Fumale


Todos los días vuelvo en colectivo desde la facultad hasta mi casa. A veces, cuando me olvido el libro, me recuesto hacia atrás y cuento las cuadras mientras van pasando. Sesenta cuadras. Cuarenta y cinco minutos.

Quizás hoy estoy demasiado melancólica para jugar así. Mis amores están todos repartidos por la ciudad y, en general, voy por ahí como si no los viera. Eso es lo que se hace con las cosas del pasado, supongo. Pero las escenas siguen impresas en las paredes como un grafiti, esperando que decida volver a mirarlas. En mi mente se despliega entonces un mapa de situaciones amorosas. Y quizás divida el trayecto no en cuadras sino en esquinas donde me besé con alguna piba, donde la esperé hasta que llegara su colectivo, o donde me senté a llorar cuando nos separamos.

Las personas que viven solas van guardando los recuerdos de sus parejas en cajoncitos adentro del ropero. Cuando viene la tristeza los abren. Ponen play a esos cortometrajes que parecieran hechos en la misma locación aunque por diferentes directores. La misma cama en todas las escenas de sexo, diferente la secuencia. Un perro recibe a los visitantes moviendo la cola, cada año un poco más despacio por la artritis. Las charlas en el balcón son muy variadas considerando que las enmarca el mismo horizonte.

Los estudiantes como yo no tenemos casa sola todavía así que vamos desparramando momentos pasionales por las calles. Besamos, metemos manos, desabrochamos botones en calles cortadas y tramos mal iluminados. Con mucha suerte, conseguimos un auto. Casi nunca.

Si bien cada uno tiene su método, la mayoría entra en los siguientes dos grupos. Están los que repiten lugares porque una vez que se encuentra una buena trinchera, no se la abandona por nada. Y después estoy yo, que siento que volver a los escondites con otras chicas es sinónimo de repetir historias. Mi máxima es «piba nueva, lugar nuevo».

Probablemente mi estrategia sea una cagada y lo único que termine haciendo sea plantarme recuerdos por todos lados para tropezar con ellos después. Como un campo minado. Vas caminando, cantando una canción X en tu mente. En realidad no es una canción X. Es una canción pop que le gustaba a tu ex, porque a vos esa banda no te gustaba tanto pero te gustaba que le gustara. Y te alegra poder cantarla sin ponerte de mal humor. Como cuando pasás el dedo por una cicatriz reciente y comprobás que ya no duele. Vas caminando, mirando las casas de enfrente, casa antigua, edificio en construcción, casa fea, ¡pum! El bar donde se vieron las primeras veces.

Aunque la inercia te haga seguir caminando tus ojos se quedaron en el bar. Se quedaron en la mesita donde se sentaron. Se quedaron en ella, cruzada de piernas enfrente tuyo. Imposible detener el recuerdo una vez que empezó a caer. Tenés que dejarlo que se reviente contra el suelo, que los pedazos terminen de moverse, antes de poder barrerlo. Los pedazos grandes son contundentes, te acordás que se fue, que volvió a molestarte un tiempo después, que era hermosa, pero se recogen fácil, así con la mano nomás, y se los tira directo al tacho. No te cortan porque podés esquivarles el filo. Ahora, los chiquitos son peores porque no se ven, pensás que los sacaste y siguen ahí, con una punta diminuta hacia arriba para cuando pases caminando descalza y ay, la escuchaste otra vez diciendo que le des un beso, o sentiste la liviandad de su cuerpo en tus muslos mientras miraban el partido ese, México-Túnez, hasta que se fuera la madre y después garcharon como nunca.

Recién cuando llegás a la otra calle lográs salirte del campo magnético de ese lugar. Te sentís mejor porque en realidad sí la superaste, solo que el recorrido te tomó por sorpresa. Desde el colectivo es más fácil porque la visión del poste de luz donde te apoyaste para que te bese la piba esa de rulos que viste una sola vez dura apenas un segundo y medio. Si tenés suerte y prevenís todos esos grafitis, llegás psicológicamente ilesa a tu casa. Si te salteaste alguno, te cae como cachetazo y te bajás en la parada divagando sobre cosas como el destino.

Hasta ahora vengo bien. Ya pasó la mitad del recorrido y vi los grafitis de siempre. Están un poco descoloridos y me los sé de memoria. En cinco cuadras viene la calle de mi última novia. Ahí me bajaba los días que la veía después de cursar. A veces no le avisaba, a veces solo no quería volver a mi casa y ella lo sabía, me prestaba su cueva para esconderme unas horas, unos días.

Mi cerebro empieza a cantar una canción de rock que a ella no le gustaba pero me la cantaba porque yo se la cantaba y le decía que a ese ritmo me latía el corazón. Me parece que estoy lista para disfrutar de esa canción otra vez. Me lo merezco. Porque la canción era mía primero. Y se la di, como le había dado tanto, sin pensar en que dejaría de pertenecerme. Y ahora es un buen momento para recuperarla.

El colectivo frena en el semáforo. Esa es la esquina, esa es la parada. Ya me estaría bajando apurada por verla. El corazón se me acelera apenas, aunque lo suficiente como para adelantarse al ritmo de la canción que no podía dejar de cantar. Miro hacia afuera. El ángulo no me da para ver la cara del conductor de al lado. Solo veo un brazo colgando por la ventanilla abierta. Los dedos golpean la chapa, de alguna forma, de alguna manera, por alguna razón inexplicable del tiempo y espacio, al ritmo exacto de la canción en mi cabeza. Se acoplaron a mi música como un instrumento que espera para entrar a compás.

El semáforo cambia, todos ponen primera. Hoy también voy a llegar a mi casa divagando sobre cosas como el destino, como el ritmo, como la gente que entra justo a compás en mi mente. Pero esta vez se siente bien.


Ilustración de portada: Malakkai – Isaac Mahow