#Reseña La Chaco: darles voz a las invisibles

La novela comienza con un prólogo escrito por la activista trans Susy Shock, en el cual asegura que se deben narrar sus historias «para contrarrestar la violenta ignorancia desde donde hablan y castigan nuestros cuerpos por no ser como ellos. Porque no somos peores ni mejores, somos otras, así, con A mayúscula de sentirnos travas».

La novela cuenta la historia de Ximena, Lucy, Galaxia, Hiedra y Carina, cuyas vidas el destino entrecruza. En este sentido, el libro está dividido en tres partes: Gusano, Crisálida y Mariposa. El autor hace una analogía entre esas tres facetas contando la niñez de las protagonistas, su llegada a Buenos Aires, el comienzo del ejercer la prostitución y el presente.

«A nosotras no nos hacen el amor, a nosotras nos violan, había dicho Galaxia ese viernes al mediodía que se apareció en casa con la nariz llena de sangre y los quinientos pesos que faltaban para pagar el alquiler».

La Chaco, Juan Solá.

La novela, publicada por primera vez en 2017, vuelve a las historias palpables, tangibles, cercanas. La Chaco es una mezcla entre la belleza de una prosa poética y el testimonio crudo y doloroso de quienes están en la sombra y padecen injusticias. Sin embargo, más allá de las denuncias y la crudeza del relato, en los capítulos finales el autor menciona el crecimiento del movimiento LGBTIQ+, la ocupación de la calle con las marchas del Orgullo y la adquisición de derechos.

«Los mismos que querían prohibirnos la calle por lo que éramos, ahora nos veían pasar, como sorprendidos, incapaces de entender que inevitablemente lo que hicieron con nosotros algún día estallaría, incontenible, como una estampida de todos los colores persiguiendo el sol que se alejaba por Avenida de Mayo».

La Chaco, Juan Solá.

En cada capítulo, el autor narra sin prejuicios historias difíciles de digerir, que duelen y escandalizan. Le da voz a las que están al margen, las que abandonan la escuela porque son discriminadas, las que no van al hospital porque no quieren que se burlen y las llamen por su nombre del DNI, las que los padres rechazan y las que no encuentran refugio más que en sus amigas de la calle.

En una entrevista con Infobae, Solá se refirió a la elección del tema: «Andrés Mego, de la editorial Hojas del Sur, me dijo que quería un libro mío para el sello que dirige y que podría escribir sobre lo que más quisiera y acepté. Hacía tiempo que quería hablar de la identidad y la vida trans, tan ignorada, que ocurre en las sombras. Sobre todo en las ciudades más pequeñas donde las nuevas leyes muchas veces no alcanzan para que los vecinos tomen conciencia de que lo trans existe y respira».

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Mostrar la realidad

La dureza del relato coincide con la realidad: distintos estudios concuerdan en que el promedio de vida del colectivo travesti-trans no supera los 40 años. A su vez, según la Fundación Huésped y ATTTA (2014) más del 70% no ha terminado el secundario, resultado de la exclusión sistemática y la estigmatización que pesa sobre las mujeres trans. A esto se suma la expulsión temprana de estas personas de su hogar y la violencia ejercida en este.

En la misma línea, el informe «La revolución de las mariposas» revela que casi el 90% de quienes tienen entre 18 y 29 años está en situación de prostitución o se considera trabajadore sexual. Además, la mayoría de las investigaciones coinciden en que el 80% de las mujeres travestis o trans trabajan en la informalidad, ya que manifestar la identidad autopercibida lleva a la imposibilidad de acceder a un trabajo formal.

Según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT 2020, del total de personas de la comunidad víctimas de crímenes de odio, el 84% de los casos corresponden a mujeres travestis o trans. Estas cifras podrían ser incluso mayores ya que solo se cuentan casos relevados por los medios de comunicación o denunciados ante el Estado.

Si bien en los últimos años leyes como la de identidad de género y cupo laboral han intentado reparar la invisibilización histórica que la comunidad trans ha sufrido a lo largo de la historia, tanto la novela como la realidad denuncian que todas estas desigualdades se deben en gran medida a la ausencia del Estado.

«Mala suerte de ser travesti.

Mala suerte es tener que llevar una vida ficticia con un nombre ficticio.

Mala suerte es ser la presa favorita de la cana.

Mala suerte es que los presidentes no gobiernen para vos y que tu viejo no te quiera porque sos demasiado sensible».

La Chaco, Juan Solá.

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Imagen: Sudestada

Sobre el autor

Juan Solá es escritor y guionista. Sus textos siempre tienen como denominador común una carga social y por sobre todo humana. Nació en La Paz, Entre Ríos pero se crió en Resistencia, Chaco, donde cursó sus estudios y publicó su primer libro a los diez años: Cuentos para compartir.

Además, es autor de Naranjo en fluo (2015), Microalmas (2016), Épica Urbana (2017), Ñeri (2018) y Galaxia (2020). Durante el año pasado la Editorial Sudestada editó Los Amores Urgentes, una trilogía que incluye La Chaco, Ñeri y Galaxia.

«En la escuela me lo hacían siempre: “¿Por qué no hacen como él?”, decían las maestras en voz alta, y mis compañeros me tomaban una bronca… “Miren cómo estudia, miren cómo sabe todo”, pero lo que no sabía esa maestra es que yo estudiaba para que no me cagara a palos mi papá y porque era la única promesa que tenía para salir de ese lugar. No estudiaba por amor a la tabla periódica, estudiaba porque mi papá me había dicho: “Si vos estudiás bien, idioma, computación, vas a tener un buen trabajo”».

Juan Solá.

Según sus palabras, estudiar computación le sirvió para conseguir trabajo en un call center y aprender inglés «para que me putearan los gringos que atendía todos los días». «Cuando me di cuenta de que no era así como me lo habían pintado, me volví agresivo, resentido, y fue la militancia lo que me fue devolviendo la esperanza en mí mismo», aseguró.


Fuentes:

Reina de corazones: dándole luz a la vida travesti trans

Este trabajo no es un estreno pero lo traemos a colación porque creemos que es muy importante para conocer el mundo tal y como es, o por lo menos una parte de él que suele estar bastante escondida. Reina de Corazones muestra las distintas aristas del mundo travesti y trans, un mundo que para muches es desconocido, lo cual provoca falta de empatía, discriminación y juzgamiento injustificado.

Reina de Corazones fue premiado en festivales de Argentina, Estados Unidos, España y Colombia, como también fue declarado Proyecto de Interés por el Ministerio de Desarrollo Social y por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.

¿Cómo empezó todo? Guillermo Bergandi, su director, es actor, director de cine y profesor de teatro y cine. En 2014 comenzó a dar clases de actuación en la Cooperativa Arte Tv Trans, en el sótano de una florería. Con el correr del tiempo, conoció la historia de la Cooperativa y de quienes la conformaban y eso lo motivó a darle vida al documental Reina de corazones. Con el objetivo principal de mostrar al mundo lo que él veía en ellas, esa búsqueda de un sentido en la vida, puso quinta a fondo y fue a conquistar su propósito. Además, buscaba que a través de su difusión ellas pudieran conseguir trabajo y herramientas alternativas a la prostitución.

«Veía que las cosas se les hacían tan difíciles y eran personas tan hermosas en cuanto a la actitud que le ponían a los problemas que atravesaban».

Guillermo Bergandi

¿Qué cuentan sus historias?

Este relato cuenta la intimidad de la vida de sus protagonistas, dónde viven, a qué se dedican y quiénes son (una pregunta difícil de responder para muches). Cada testimonio es tan importante como invaluable porque deja ver una experiencia distinta, para algunes hasta inimaginable, que dista mucho de lo que es social y culturalmente conocido y lo que está (mal) establecido como «normal». Son historias únicas, con otros obstáculos y otros recorridos.

Una de las técnicas de Guillermo para mostrar lo más expresamente posible la singularidad de estas historias fue preguntarle a cada una qué es ser trans o travesti para ellas. «Para mí, la palabra trans es una palabra mágica, es como que vos trascendiste algo», afirma Emma.

En sus voces, el relato avanza contando el camino que transitaron hasta conseguir vivir a pleno su identidad autopercibida. Para algunas fue más difícil que para otras, pasaron por usar los vestidos de mamás y abuelas, por pintarse con rouge cuando nadie las veía y por enfrentarse a la difícil experiencia de ir al colegio en un marco de gran discriminación hacia el colectivo LGBTIQ+.

El director recapitula una a una cada historia. Nos cuenta, a través de ellas, cómo fue tomar la decisión de usar por primera vez ropa de mujer o cómo fue montarse con la ropa de una hermana y sentirse plenas. Cuándo y qué decidieron operarse y cuál es su visión sobre pasar por el bisturí o tomar pastillas anticonceptivas.

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Ver este documental es adentrarse en la vida de 10 mujeres que tuvieron que ser fuertes e independientes desde el día en que se dieron cuenta de que eran mujeres, tuvieron que ponerse firmes en sus casas y enfrentarse a sus familias. Pasaron por el miedo de no ser aceptadas como también por el acogedor abrazo de un padre y una madre que lo entendieron todo. Sus vidas tuvieron idas y vueltas pero ellas siempre supieron cuál era el camino.

En cada palabra hay una enseñanza, como cuando Nicole dice que dentro de una persona existen muchos sexos y que a veces nos lleva toda una vida definir qué somos, porque lo externo puede demostrar algo físico mientras que lo interno puede demostrar algo totalmente opuesto.

Por su parte, Emma, que hoy es socia fundadora y presidenta de la Cooperativa, nos contó en conversación con Escritura Feminista cómo fue su experiencia sin dejar de dar cátedra con sus palabras, «Hacer el documental fue una experiencia reflexiva porque fue mirar para atrás y recorrer el comienzo. Lo más fundamental es transmitirle a las nuevas generaciones que hay que hacer. Nosotras somos un grupo que hizo y hace porque la vida de eso se trata, de no caerse en un pozo a llorar, hay que seguir, levantarse y volar. Creo que es lo que hicimos siempre en la Cooperativa».

Una experiencia reveladora

Hablando con Escritura Feminista, Guillermo nos contó cómo fue el proceso de llevar adelante el documental. Antes de conocer a la Cooperativa y a las chicas, él no tenía contacto con el feminismo y su lucha ni con la deconstrucción por la que hoy en día se trabaja tan arduamente. Todo ese mundo lo conoció a través de ellas.

«Mi relación con el colectivo fue por ellas, fueron muy generosas conmigo, me incorporaron en el grupo como si yo fuese una trans más, nunca hicieron diferencia».

Guillermo Bergandi.

Entre que empezaron y terminaron el filme, los movimientos feministas y LGBTIQ+ y todo su trabajo se hicieron cada vez más visibles. Esto se reflejó en la repercusión de la película: la pedían por todos lados, se presentaron en más de 30 festivales y ganaron cinco premios en distintas partes del mundo. Estaba sucediendo lo que el director había planeado, se estaba conociendo el mundo travesti trans.

«Dejar algo así, por más chiquito que fuera, me hizo muy feliz. Sé que generó cosas en muchas personas porque me lo hicieron notar, se les abrió la cabeza. ¿Qué más puedo pedir?», reflexiona Bergandi.

(De izq. a der.) Guillermo, Estefi y Emma. Imagen del Facebook de Cooperativa Arte Trans.

La experiencia fue un antes y un después en la vida de Bergandi. A partir del primer trabajo juntes, pudo dirigirlas en otras obras de teatro, siguieron el vínculo y como no podía ser de otra manera, se hicieron amigues. Luly nos transmitió el mismo sentir, Reina de Corazones marcó un antes y un después en su vida personal: «Fue mi primer trabajo artístico, me pone muy contenta ver cuando lo pasan en Canal Encuentro y también recordar ese momento histórico en mi vida».

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Cuando empezó a gestarse el documental, Luly era docente en el Bachillerato Popular Travesti Trans Mocha Celis. Trabajó cinco años en el mismo lugar y después de la pandemia comenzó a hacerlo en el Ministerio de Salud, en un programa de diversidad. Este cambio nos da la pauta de cómo fueron cambiando las cosas, de los derechos que fue ganando el colectivo y la libertad que obtuvo.

Otro punto a destacar de este trabajo según Luly es que Guillermo se centró en no catalogar a todas las actrices en la prostitución, sobre todo con la intención de romper ese estereotipo que encasilla a mujeres trans y travestis como prostitutas, que venden drogas y están en cárceles de varones. Lu, por ejemplo, en ese momento era trabajadora sexual pero el director decidió omitir ese dato y, en cambio, contar que estaba cursando la carrera de enfermería en la Universidad de Buenos Aires y que daba clases en el bachillerato. Un intento por abrir perspectivas.

«Le tengo mucho cariño al documental porque mostró el mensaje: sí se puede salir adelante, se puede salir del estereotipo de la marginalidad, de la miseria, de la expulsión y de la exclusión y en cambio mostrar que hay otras realidades travestis y trans».

Luly Arias.

Estefi también nos relató lo importante que fue para ella el paso por este documental: «Fue importante por ser mi primer documental, por no mostrar algo clásico y porque ayuda a visibilizar mucho la vida de las personas trans».

Cooperativa Arte Trans

La Cooperativa Arte Trans, antes llamada Arte Tv Trans, funciona desde 2010. Comenzó agrupando a mujeres trans y travestis de Latinoamérica y luego se expandió a personas LGBTIQ+ que quieren dedicarse a la actuación y que encuentran en el arte una profesión que les enorgullece. De ahí surgieron las protagonistas de este documental. Ellas estudian teatro y dejan todo para realizar obras. La primera fue «Hotel Golondrina» de Daniela Ruiz, fundadora de la cooperativa. ttambién dieron vida a «Los monólogos de las Tetas con Pene» y «La casa de Bernarda Alba».

Imagen de la Cooperativa Arte Trans

Luly destaca la importancia de la Cooperativa en su vida: «Me abrió un abanico de posibilidades y me ayudó a pensar que no estamos solo predestinadas a la prostitución, sino que podemos hacer otras cosas, como actuar. Entonces me impulsó a llegar a un sueño que ya tenía pero venía dejando de lado por muchas cuestiones que nos atraviesan a las mujeres trans, como hacernos sentir vergüenza de nuestras voces o de nuestros cuerpos o el prejuicio de que no se nos iban a abrir las puertas».

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Con respecto a la importancia del documental para la Cooperativa, Emma nos expresó que «fue una experiencia consagratoria, porque con todo lo que estaba logrando merecía un reconocimiento de su recorrido».

Sus sueños son grandes, mira al futuro con esperanza y espera poder llegar a ser una gran productora de contenidos: ya lo es, con contenidos audiovisuales, teatrales y artísticos presenciales. De hecho, el proyecto ya comenzó a ver la luz a través de lo que llamaron «DiverSIcuentos», cuentos infantiles sobre diversidad para ayudar a pensar en crianzas libres y diversas.

El arte fue su motor para seguir adelante, para cancelar estereotipos, levantar la cabeza y cumplir sus sueños. La vida tiene mucho para darles y van a buscar todo eso y más. Sentir el apoyo del resto de la comunidad es una pilar fundamental para continuar en el camino. Es importante, de nuestra parte, cumplir con el papel que nos toca: estar con ellas y elles a capa y espada, para seguir conquistando derechos, para poder vivir la vida que eligieron lo más plenamente posible.

Diversidad y militancia en una nueva edición del Festival Hablemos

Bajo la conducción de Agustina Triano y Joana Abigail, se pudo disfrutar de las voces de Barbie Pascual, Débora Rodríguez, Juampi Medrano y Victoria Davancens, entre otres. También hubo espacio para el trap de la mano de Agustín Redman y Felipe Batiz, y danzas a cargo de la escuela Usurbanos. Cabe mencionar que el evento de arte y diversidad es organizado por el Espacio de Géneros Hablemos con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Las Flores y, a partir de esta edición, del Ministerio de Cultura de la Nación.

El festival estuvo acompañado por un patio de comidas que contó con opciones dulces y saladas, incluyendo menú vegetariano y sin TACC y cerveza artesanal de productores florenses. También hubo una muestra de arte y puestos de emprendedores locales. El eje del encuentro fue la diversidad pero, sin embargo, hubo tiempo para mencionar otros temas de interés para la sociedad. Por ejemplo se pudo escuchar un rap a Santiago Maldonado, rimas en contra de la policía y a favor de reclamos sociales aplaudidos por el público.

Además de la parte artística, hubo momentos de reflexión a cargo del Espacio para la Memoria, las Doulas y les organizadores, quienes destacaron que «Después de todo lo que pasamos, creemos que es más necesario que nunca poder celebrar que estamos acá, que estamos vivos y que podemos volver a encontrarnos».

El espacio y su lucha

El Espacio de Géneros Hablemos lleva más de cuatro años trabajando por los derechos de la comunidad LGBTIQ+ en la ciudad de Las Flores y su inicio estuvo marcado por una muestra de arte que luego se transformó en festival. Como elles mismes se presentan: «Hablemos surge de un grupo de chiques impulsades por la necesidad de romper con ciertos prejuicios y crear espacios de pertenencia abiertos e inclusivos». Además de visibilizar el reclamo por los derechos de las personas LGBTIQ+, militan por el aborto legal y los derechos humanos, organizan manifestaciones contra la violencia de género, han pintado la senda peatonal con los colores de la bandera LGBTIQ+ para visibilizar la diversidad y trabajado con el Espacio para la Memoria de dicha ciudad.

Pero, más allá del apoyo, siempre hay oposición a sumar derechos. Antes del evento, desde la organización del festival denunciaron que es frecuente recibir agresiones en cada una de sus publicaciones. Lo que muestra que a pesar de que parte de la población acompañe este proyecto, otra parte de la sociedad responde con frases de odio a cada una de sus propuestas.

Otro de los reclamos de la organización es la creación de la Plaza de la Diversidad. El proyecto que busca tener un espacio de encuentro para la comunidad LGBTIQ+ y para todes en general está aprobado desde el año 2018 pero aún falta su realización. En la actualidad lo único que tiene es un cartel con su nombre, el cual fue vandalizado durante el mes de enero.


Imágenes: Espacio Hablemos

Custodia de los derechos humanos

Artículo escrito en colaboración por Camila Cortez y Lorena Fernández Bravo

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Discriminación hacia las personas mayores LGBTIQ+

Las personas adultas mayores suelen recibir malos tratos debido a su edad. Además, reflejando el efecto de la interseccionalidad, aquellas que se identifican como pertenecientes al colectivo LGBTIQ+ sufren una estigmatización adicional que se agrava en tiempos de pandemia y puede seguir empeorando por distintos factores.

La población mayor se compone de personas empoderadas, activas, participativas, que cuentan con el capital de la experiencia como uno de sus valores más preciados. Sin embargo, esta parte de la sociedad sufre malos tratos sin cesar.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) observa que «las niñas, niños y adolescentes LGBTI+ suelen enfrentar el rechazo de sus familias y su comunidad, quienes desaprueban su orientación sexual, identidad de género o diversidad corporal, lo que tiende a conducir a situaciones generalizadas de discriminación, estigmatización, intimidación, acoso, abuso, maltrato y violencia física, psicológica, sexual y, en casos extremos, incluso la muerte».

Y aclara que esta problemática alcanza a la población que aquí nos compete: «Lo mismo ocurre con las personas LGBT+ en la etapa adulta de sus vidas e incluso con las personas adultas mayores, con ciertas especificidades referentes al aislamiento social cada vez más prolongado que experimentan, en la medida en que postergan o evitan el acto de asumir públicamente su orientación sexual o identidad de género».

En esta línea, Edgardo Corts, miembro fundador de la organización Mayores en la Diversidad y vicepresidente del Centro de Jubilados y Pensionados de ATE Capital, en diálogo con Escritura Feminista, describió algunas de las situaciones a las que se exponen como, por ejemplo, el ser encasillades como población fuera de actividad.

«La sociedad constituye a las personas mayores como sujetos pasivos. Eso significa fundamentalmente que hemos salido de los circuitos de producción masivos y más rentables económicamente pero eso no nos inhabilita ni nos define como pasivos sin posibilidades. Estas están adaptadas a la edad y las circunstancias biológicas de los y las mayores».

Edgardo Corts.

Además del estigma de la poca actividad, también se les tilda de asexuades sin preguntarse por lo que sucede en sus camas. Tengamos en cuenta que con el ritmo de vida que llevamos todes, entre trabajo, estudio, entrenamiento, más estudio, hijes, familia y amigues, a muches les queda poco tiempo para la actividad sexual. De hecho, podríamos pensar que les viejes tienen más tiempo que la población más joven.

Graciela Balestra, creadora de Puerta Abierta, el primer Centro de Jubilados LGBTIQ+ del país, señaló a este medio que la «poca» actividad sexual y el «mal» estado de salud de les adultes mayores es un mito que se debe desterrar y expresó: «Los de 40 o 50 vivimos todos estresados, es cuando menos sexo se tiene, después de los 70 uno vuelve a recuperar el erotismo».

Continuando en el marco de la actividad sexual, Edgardo explica el peligro de esta caracterización: «Cuando vamos al médico pueden revisarnos cualquier tipo de patología pero en ningún momento investigan temas como VIH, hepatitis o enfermedades de transmisión sexual porque no nos consideran sujetos activos sexualmente. Que si bien los adultos mayores tenemos una sexualidad adaptada a este período de la vida, seguimos siendo, nacemos y morimos sexuados. Eso también nos invisibiliza y nos pone fuera de la asistencia».

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Tener más de 60, ser LGBTIQ+ y vivir en pandemia

En el contexto actual, les adultes mayores de 60 años integran el grupo de «población de riesgo», junto a embarazadas y personas con patologías crónicas, lo cual les hace permanecer en sus hogares para cuidar su salud. El problema se presenta cuando viven soles y necesitan salir a comprar comida, medicamentos o ver a sus médicos y médicas: no todes pueden hacer consultas online o pedir comida por teléfono. A esta situación se suma la falta de afecto por no poder ver a sus familias y amigues ni hacer sus salidas habituales.

Esto, que tiene mal aspecto para cualquier persona mayor, se vuelve aún más grave al pertenecer al colectivo LGBTIQ+. En este sentido, Edgardo explica:

«Pertenecemos a una generación en la que muchos y muchas han permanecido en el placard. Entonces en este momento de la vida se da que algunos de ellos o ellas tienen que vivir en centros geriátricos, en hogares de larga estadía, o bien volver a sus grupos familiares de origen. Y allí se ha dado que aquellos que toda la vida estuvieron en el placard tienen que seguir estándolo y aquellos y aquellas que pudieron salir, al estar en estos lugares, vuelven a ingresar al placard. Es como un reingreso a la no identidad».

Por su parte, Graciela, en el mismo sentido, afirma: «Hay mucha soledad. Muchos, cuando se asumen, la familia no les da más bolilla, los echan o no quieren que vean más a los nietos. Hay personas que se casaron y tuvieron hijos y cuando se dieron cuenta de que no eran heterosexuales se separaron y los hijos les dijeron que no vean más a los nietos o los obligaron al silencio».

Además, detalla brevemente cómo se da la discriminación hacia las personas mayores con identidades diversas: «A los viejos ya los discriminan por viejos por más que no sean gays y, si además sos lesbiana, se da una doble discriminación; si, además, llegas a ser pobre o negra, sonaste».

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El desafío de llegar a la vejez siendo trans

Las personas trans en Argentina tienen una expectativa de vida de 35 años. Mónica Roque, médica a cargo de la Secretaría de Derechos Humanos, Gerontología Comunitaria, Género y Políticas de Cuidado del PAMI, profundizó sobre esta problemática en diálogo con BAE: «Según las proyecciones de INDEC, para 2020 la expectativa de vida para una mujer (cis) será de 81 años. La de las mujeres trans será de 35 años. La inequidad es terrible. Hay mujeres trans que llegan pero en las peores condiciones. Tenemos algunas en PAMI. La historia de vida en una mujer trans, que seguramente estuvo en la prostitución y que antes no tenía acceso a los tratamientos hormonales médicos adecuados, hace que llegue en condiciones de vida bastante malas».

Sin embargo, como bien dice la especialista, hay algunas excepciones que logran superar las expectativas. La fundadora de Puerta Abierta cuenta que en el Centro de Jubilados hay algunos casos pero también detalla cómo lo hicieron: «las personas que vienen al Centro y son trans, si llegaron a los 60 o 70 años fue a costas de no asumir nunca el cambio de identidad. Hay personas que siguen siendo hombres cuando se sienten mujeres. Yo digo: salvaron su vida pero a costa de matar su deseo».

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Garantizar los derechos humanos de las personas mayores LGBTIQ+

Defender sus derechos y desestigmatizar a este colectivo implica la ardua tarea que llevan a cabo organizaciones como Puerta Abierta y la Casa del Orgullo, establecimientos en los que se crean redes de apoyo y contención. Según explica Graciela, que participa en ambos espacios, «son como familias alternativas para que cuando tienen que cortar con su familia de origen, por la falta de aceptación, no caigan en el vacío».

Entre sus acciones también se encuentran la concientización sobre derechos, la capacitaciones de personas que cuidan adultes mayores, la asistencia psicológica y los talleres culturales, entre otros.

La garantía de derechos va acompañada por el cambio de la imagen de las personas mayores: no todes son abuelos y abuelas, ni tienen problemas de salud ni están soles en sus casas sin saber qué hacer. Por el contrario, Graciela aclara que «cuando hacíamos un baile, por ejemplo, las de 80 años bailaban toda la noche, saltan más que yo, tienen ganas de vivir».

Con respecto a la invalidez de los estereotipos que rondan a hombres y mujeres mayores, menciona: «Ahora una mujer de 80 es joven, contrariamente a lo que uno pensaba antes. Las veo muy vitales, viajan, salen, bailan, van y vienen, no son esas viejitas que no se pueden mover. No todos están enfermos, hay más sexo que en las personas jóvenes».

Como población activa que continúa en la lucha por sus derechos, Edgardo hace hincapié en que:

«Más allá de la edad, todos somos sujetos de cuidado y mucho más en un proceso de pandemia como el que estamos viviendo y, además, nos identificamos como hombres y mujeres políticos. Por eso seguimos trabajando por un nuevo proyecto de ley para conseguir la cura del VIH, adaptado a estos contextos actuales y contemporáneos. Ese objetivo y la defensa de los derechos humanos de las personas mayores en la diversidad son los que en este momento perseguimos».

Para quienes quieran contactarse con Puerta Abierta para tener asesoramiento terapéutico o jurídico sobre casos de discriminación o de violencia de género, hacer consultas o participar del espacio, pueden solicitarlo a través del número telefónico 11 4470 9852.


Fuentes:


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