La figura femenina en el universo Almodóvar

«Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que soñó de sí misma…».
Todo sobre mi madre (1999)

Cuando se estrenó La mala educación (2004), película que estuvo a punto de ser censurada por hablar de los abusos sexuales cometidos por los clérigos de una España católica-conservadora y al mismo tiempo hipócrita, Pedro Almodóvar visibilizó un tema del que se sabía pero del que nadie hablaba.

En una entrevista para El País, el director dijo que su película era la más íntima hasta el momento, puesto que tomaba muchos elementos de su infancia y su juventud.

Con esta premisa, indagamos en su filmografía empezando con su gran obra que lo catapultó en Hollywood, Todo sobre mi madre, en donde hace referencia a la bondad y voluntad de la mujer y que nos adentra al universo Almodóvar entre homenajes, estética, guiños y, lo mas notable (al menos para sus admiradores), referencia a sus próximas películas. Como, por ejemplo, en Los abrazos rotos (2009) hay una escena donde aparece un cartel de su próxima película (aun en rodaje), Madres paralelas.

Los abrazos rotos (2009)

Es sabido que no da muchas entrevistas más que para promocionar sus películas. Es un hombre de bajo perfil que vivió la revolución de la juventud, una época mala para España pero buena para el cine, debido a que en los años 80 se regresaba a la democracia después del fascismo. En un Madrid que vivía el movimiento punk, el hippie y la new wave -todo junto-, pasado por el filtro de ese país aún medio paleto y medio desarrollado, pero un país, por fin, sin miedo y con urgencia por hacer. Un Madrid donde descubrió «la ciudad, la cultura y la libertad».

La libertad de poder contar historias que posiblemente no nos son tan ajenas, esas historias que solo él puede y sabe contar y transformar en arte. Dando visibilidad a temáticas que él ha vivido o presenciado, como la muerte, la madre, la mujer, la prostitución, las drogas, los abusos, los excesos, entre otras. Donde les da luz y color en cada película, con una magnífica banda sonora que te sobrecoge el corazón cuando la escuchás, porque te transporta a lo que él te quiere transmitir.

Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980)

Un aspecto a tener en cuenta es la sensibilidad a la hora de narrar el universo femenino. Esto se observa con claridad en sus películas, donde presenta muchas veces una imagen idealizada de las mujeres. De hecho, a lo largo de su carrera como cineasta se ha interesado principalmente por desarrollar personajes femeninos desde sus múltiples matices. Las mujeres se convierten, salvo en pocas excepciones, en las protagonistas dentro de su cine, aspecto que lo caracteriza.

El hecho de que las mujeres sean las protagonistas de sus películas es algo que, sostiene, surge en él de modo instintivo a la hora de escribir y crear personajes. Almodóvar piensa que los personajes femeninos cuentan con una capacidad de decisión de la que carecen los personajes masculinos, a los que califica como «elementos dramáticos de una sola pieza», mientras que en las mujeres hay mayor capacidad de sorpresa, más variación, admitiendo muchos más matices, son más fuertes, más autónomas y más activas.

«Las mujeres resisten mejor que los hombres los golpes de la vida. Esta capacidad de resistencia siempre me ha inspirado». Este sentimiento ha estado presente en todas sus producciones, desde Mujeres al borde de un ataque de nervios, pasando por Todo sobre mi madre hasta ahora con Los abrazos rotos.

Entre las temáticas en las que el director hace mayor hincapié en relación a estos personajes se encuentran: la maternidad, el amor, el vínculo que establecen con los hombres y la familia. Pedro ha logrado, como pocos otros directores, abordar la psicología femenina sin caer en estereotipos y ha comprendido y reflejado, fielmente, el mundo de las mujeres.

Tuvo sus primeras impresiones fuertes como observador de la vida durante las conversaciones de su madre con sus vecinas, mujeres rústicas, casi todas sometidas a sus maridos de por vida. En esas rondas cotidianas asistió al mundo sorprendente de la cocina de los engaños a los hombres, que creían manejar cosas que muchas veces se resolvían a sus espaldas.

Todo sobre mi madre (1999)

Y siempre combinado con lo rural, lo pueblerino, con la cultura ancestral «de las abuelas». Entre ambas vertientes corre la biografía de Pedro o, como lo manifiesta él, «lo que más me interesa de la realidad es, además de vivirla, desarrollar todas sus sugerencias. Y eso lo hago tanto en el cine como en mi propia vida. No me siento comprometido por el éxito, sino que quiero sentirme más libre que nunca».

Se puede apreciar en sus películas la madurez que va adquiriendo, no solo estéticamente sino en las historias que cuenta a medida que pasan los años. Desde Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) hasta Julieta (2016), este último definido por el director como un drama «seco y aséptico». Seco porque no deja llorar a sus actrices, porque no quería lágrimas en esta historia dura de pérdidas, a pesar de la tristeza, y aséptico porque es un drama en todas las letras. No hay tintes de comedia. No hay brochazos de cine negro. 

Julieta es Almodóvar sin Almodóvar. Almodóvar destilado, la esencia. El artista que mezclaba géneros. El de las putas, los taxistas, los curas pedófilos, el de las amas de casa desesperadas, las toreras, las madres sufrientes y valientes, las señoras de pueblo. El de los colores saturados. El de los guiños constantes. El de las canciones como personajes. El de las líneas de guión certeras y exuberantes.

La verdadera historia de Pedro Almodóvar se cuenta en sus películas. Porque esa veintena de películas son, en cierta manera, solo una. Como si estuviera rodando la misma cinta. Con esas secuencias que van y vienen de una obra a otra, esos personajes reincidentes, esas ideas, esos escenarios. «A lo largo de mis películas podría ir extrayendo una autobiografía con cada secuencia, pero nunca de un modo literal», lo explica él.

La flor de mi secreto (1995)

En su última película, Dolor y Gloria, estrenada en 2019 y la cual será recordada como la más desnuda y reveladora de Almodóvar, nos habla sobre la soledad más absoluta y reordena su vida: de la luminosa infancia a la decadencia física, sin olvidarse de aquellas personas que han marcado su existencia: la madre omnipresente, un amor roto a su pesar y alguna lealtad inquebrantable. Ha llegado el momento de saldar viejas cuentas, perdonar y salvarse a sí mismo. Porque, aunque no sea su biografía, las comparaciones son inevitables.

También contó historias en las escenas de violencia, violaciones o sometimiento como las que aparecen en Kika (1993), Átame (1989) y ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984) y tantas otras.

Átame (1989)

Al respecto se le preguntó si se le ocurrió volver a rodar algo por el estilo, a lo que Pedro contestó: «Yo me atrevería, pero la reacción sería muy mala y puede que hasta tuviera problemas para estrenarlas. […] El movimiento feminista está consiguiendo grandes avances, y creo que los hombres debemos reformularnos para saber cuál es nuestro papel. Hay que definir una nueva masculinidad porque lo que está pasando no es una guerra entre hombres y mujeres, sino todo lo contrario».

Festival de Cannes (2019)

Habrá que esperar su nueva película, Madres Paralelas, un proyecto que Almodóvar lleva madurando desde hace 10 años. El rodaje empezó el pasado mes de marzo y según afirmó el director manchego será un «drama intenso». «Vuelvo al universo femenino, a la maternidad, a la familia. Hablo de la importancia de los ancestros y de los descendientes. La presencia inevitable de la memoria. Hay muchas madres en mi filmografía, las que forman parte de este relato son muy distintas. Como narrador, en este momento me inspiran más las madres imperfectas», señaló.

Además, hace unos días se confirmó que la actriz Daniela Santiago protagonizará una escena al lado de Penélope Cruz. La actriz malagueña hará así su debut en la gran pantalla.

En cada entrevista, televisada o escrita, Almodóvar es una persona coherente, sensata, que hizo de su vida un arte.


Fuentes:


#Reseña: Todos somos normales

Cuando era adolescente, la literatura funcionaba como una forma de escapar a la realidad que no toleraba: peleas con mamá, necesidad de aprobación en mi entorno social, enamoramientos y exigencias escolares. Así fue como encontré representación en Katniss Everdeen, la protagonista de la saga Los juegos del hambre, que se debate entre el amor de Peeta y Gale; y en Bella Swan, la chica que cautivó los ojos de Edward Cullen en Crepúsculo. Todas, ficciones… heterosexuales.

Si bien hay excepciones, como la serie televisiva Glee que incluye romances gays y lésbicos (aunque, bueno, la pareja protagónica –Rachel y Finn– es heterosexual) o el caso de la película Las ventajas de ser invisible, donde Patrick tiene una relación a escondidas con el deportista más popular de la escuela, lo cierto es que una buena parte de la ficción juvenil continúa reproduciendo estereotipos románticos desde una perspectiva heterosexual. En este sentido, la novela argentina Todos somos normales (2018) rompe con esta lógica.

¿De qué se trata?

La novela fue escrita por Florencia Méndez, comunicadora por la Universidad Nacional de La Plata, y Bel Riddle, abogada y bookstagramer. Ambas pertenecen a la comunidad de Bloggers, Booktubers y Bookstagrammers (BBB) de Argentina. A partir de este vínculo online que comparten con otros lectores, consiguieron publicar esta historia que tiene como protagonista a una joven lesbiana y asexual.

La narración presenta una atmósfera típica de secundaria: la historia comienza con la necesidad de resolver un trabajo grupal para una materia, con compañeros que parecen entorpecer la tarea más que ayudar a resolverla. Sin embargo, la escena cotidiana dará un giro de 360 grados cuando un intento de violación tiene lugar en la casa donde se encuentran reunidos.

«Hace ya bastante que Guada está de novia con Mica, su mejor amiga desde siempre, su confidente. De a poco y a su lado descubrió la etiqueta que define su sexualidad y las lógicas de una pareja. Por ser asexual creía que jamás tendría una relación romántica, pero el tiempo le demostró lo contrario.
Un viernes, Guada y Mica deciden postergar su salida en pareja para juntarse con algunos compañeros y hacer, de una vez por todas, el trabajo práctico final de Escritura Creativa. Sin embargo, el devenir de la jornada toma un curso siniestro: Guada sufre un intento de violación, un miembro del grupo resulta asesinado y sobre Guada recae la decisión final que podría cambiar la vida de varias personas para siempre, incluso la de ella».

Sinopsis de Todos somos normales

La representación plural que necesitamos

Un estudio reciente sobre telenovelas y representación LGTBIQ+ afirma que, en los últimos tiempos, los televisores argentinos recibieron un sinfín de enlatados turcos en los canales de aire: Las mil y una noches, ¿Qué culpa tiene Fatmagul? y Esposa Joven son tan solo algunos de los ejemplos. En ellas, la representación de la diversidad es nula, lo que indica que la cultura de ese país está muy cerrada aún respecto a estos temas. Sin embargo, cabe destacar que en Argentina resultaron tener un elevado éxito en rating.

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Todos somos normales narra la asexualidad en primera persona, tomando como base para la construcción del personaje principal, Guada, las vivencias de una de sus autoras, quien también es asexual. En este sentido, nos encontramos con pasajes muy nítidos que describen la orientación sexual de un modo muy claro y sin estigmas.

«Ahora, con más conocimientos sobre las relaciones, las películas y las orientaciones románticas y sexuales, me causa un poco de gracia: las reacciones que siempre tuve a ese tipo de ficción romántica, siempre sintiéndola tan alejada, siempre pensando que era demasiado irreal, nunca entendiendo a la gente que creía en esa clase de amor… Todo se debía a que yo no lo experimentaba, ni deseaba hacerlo».

Cita del libro

Guada cuenta en carne propia cómo fue su salida del clóset, pero sin que ello signifique el conflicto principal de la trama, lo cual es un punto a favor. Asimismo, la historia también muestra el costado complicado de la diversidad: tener que soportar las burlas o el menosprecio de quienes no están habituados a convivir en la diferencia.

¿Vale la pena leerlo? Spoiler: sí

Por un lado, el hecho de que sea una novela juvenil (recomendada desde 14 años en adelante), le brinda mucha facilidad y fluidez a la lectura. No es una historia pesada y eso se agradece en tiempos de pandemia, home office y clases virtuales. Personalmente, al principio me generó cierta distancia que los personajes hablasen en español neutro cuando, en mi imaginario, me había hecho la idea de una escena argentina. Sin embargo, eso no impidió empatizar con la trama.

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La narración del abuso está muy bien lograda porque genera rechazo e incomodidad al leerla. Esta ficción aborda el tema desde una mirada feminista sin llegar a sostener un punto de vista demasiado fanático o fundamentalista y eso siempre se agradece para crear un verosímil ameno y realista.

El punto más jugoso del libro es el desarrollo de una protagonista asexual, que está en pareja con una chica, sin hacer de eso una rareza llamativa. No son pocas las veces en que nos encontramos frente a ficciones que hacen que la función del personaje gay sea… salir del armario. Ya es hora de naturalizar que la orientación sexual es sólo una dimensión más dentro de la vida de cada persona.

Como recomendación final: el Anexo, al final del libro, narra una historia aparte pero que le da un cierre hermoso a toda la obra. Si tenés la oportunidad de leerlo, no lo dejes pasar.


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Cigarrillos de colores

Julián cerró con llave la puerta de su habitación y se quedó parado con el picaporte en la mano. La tarde del segundo martes de febrero se le había hecho larga. Estaba húmedo y el transporte público se había tomado el trayecto de vuelta a su casa con suma calma, similar a la lentitud de las gotas de sudor que bajaban por su espalda. 

Después de caminar las cuadras que lo separaban de la parada, pasó por el kiosquito de la esquina, con la mirada dirigida a las cajas de cigarrillos detrás del mostrador. Los últimos años había fumado Philip Morris religiosamente, pero ahora todas las marcas le parecían iguales. Suaves, normales, Marlboro, Camel. En realidad, no entendía mucho la diferencia.  

«Los mentolados son de puto», le había advertido un no-tan-amigo un par de años antes, cuando aún estaba en la secundaria. «Que no te vean fumando esos porque ya sabes qué pasa»

Finalmente, en el confinamiento de su habitación, abrió el paquete de mentolados que después de tanto tiempo se había animado a comprar. Se sentó en la cama, con la mirada hacia la ventana. La humedad cubría la pared del patio y una planta estaba muerta en una solitaria maceta. Apretó la bolita del filtro del cigarrillo y, luego de encenderlo, se lo llevó a la boca para dar la primera pitada. 

Con la sensación de frescura en la boca, se sacó el uniforme de trabajo y lo dejó hecho una bola en el piso. Debía lavarlo y tenerlo seco para el otro día, pero Julián no estaba tan seguro de querer volver al supermercado, su lugar de trabajo. 

Quizás era una decisión que debió haber tomado cuatro meses antes, al segundo día de haber sido contratado, pero las palabras de su padre lo habían acobardado. 

«Andá a trabajar. Hacete hombre y deja de mariconear por cualquier cosa». 

Claro que su padre no entendía que, aquel primer día, el gerente le había explicado el trabajo parado a metros de distancia con las dos manos detrás de la espalda. No había dicho nada pero Julián no era lento a la hora de comprender el lenguaje corporal. Solo una mirada bastaba para experimentar la incomodidad y la vergüenza. Solo un gesto facial, para leer lo que pasase por una mente prejuiciosa.

A pesar de su corta edad, Julián había transitado lo suficiente para entender que él no corría con la ventaja de «no parecer». Sabía demasiado bien que cualquier cosa que él hiciese era motivo para detonar el conservadurismo y la discriminación.

Durante las siguientes semanas, de todas maneras, había tratado de adaptarse y de generar lazos laborales, sencillos y superficiales pero lazos al fin. El supermercado solo tenía empleados hombres y jóvenes. Su madre lo había alentado a que se relacionara. 

«A ver si de una vez por todas tenés un amigo varón, Julián».

Era una lástima que entre los pocos empleados y él hubieran diferencias sustanciales.

El primer comentario lo tomó desprevenido y casi le causó gracia. Fue un miércoles, el tercero que trabajaba. Llegó temprano y decidió esperar su turno en la sala de descanso. Luego de saludar a uno de sus compañeros con un tímido «hola» no correspondido y antes de que se generase un silencio incómodo, le preguntó al sujeto cuánto hacía que estaba en la sucursal, como para sacar charla. 

—Mirá que yo no soy puto, eh. O sea, todo bien con los gays, pero a mí me gustan las minas —contestó bruscamente y de inmediato, sin dirigirle siquiera la mirada.

Julián no había sabido qué responder, las palabras lo habían dejado congelado. «El out of context más out of context del mundo», pensó. Y, sin embargo, se quedó allí, asintiendo con la cabeza y retrayendo para que el reloj corriera más rápido. 

El humo mentolado salió de su boca y lo sacó del trance. Subió las piernas a la cama y se apoyó sobre el respaldar. Rió de manera irónica ante el recuerdo y la inocencia de pensar que eso era lo más jodido que le había pasado en el trabajo. 

Pero no fue tan difícil volver a tropezar con la misma piedra. La segunda vez, todavía en su plan de hacer amigos, la había encontrado con sus compañeros antes de levantar las persianas. Era lunes y los comentarios sobre la fecha del campeonato inundaban la charla. 

Se ubicó a un costado del grupo para poder escuchar y cuando mencionaron Boca-Aldosivi no dudó en participar. 

—Para mí, no era para roja la patada —dijo con total naturalidad.

El grupo se quedó callado, hasta que uno de ellos —el sujeto— lanzó el chiste más obvio pero que menos esperaba. 

—A este le debe gustar cuando intercambian las camisetas al final —exclamó sin mirarlo. Sin reconocer siquiera su comentario, ignorando prácticamente la presencia de Julián.

Unos pares estallaron en ridículas risas, otros fingieron gracia y los menos se quedaron callados. Julián esperó que, al menos, después del chiste tuviesen la decencia de seguir la conversación pero se encontró con el silencio y la distancia absoluta.  

Acomodó la espalda en la almohada y le dio dos pitadas fugaces al cigarrillo. Sin aviso previo, sintió las lágrimas caer por su cara hinchada. Ácidas y saladas, las sentía hervir contra su mejilla. Todo porque rompía con la normatividad pactada. Todo porque siempre le iban a gustar más los mentolados. 

En retrospectiva, Julián entendió que desde aquel día ya tenía escrita la condena. Aun antes de haber hablado el tema en Recursos Humanos.  El reporte quedó en la nada pero le había valido dos semanas de castigo, ejercido por los propios empleados, que pasó limpiando todo el supermercado. Había sido duro volver tan abajo en la cadena de mando. Injusto. 

Sin embargo, Julián se encontró con que ninguna situación anterior tenía comparación con lo que había sucedido horas antes ese martes. Ni los malos tratos, ni los chismes detrás de su espalda. Nada se le asimilaba.  

Durante el mediodía, se había cruzado con su compañero en el sector de toallitas femeninas. Generalmente le indicaban acomodar ese sector, una y otra vez. Mientras Julián acomodaba las góndolas superiores, el sujeto, un par de años más grande que él, se agachó al costado para reponer el stock de los estantes inferiores.

Si bien los separaba un carrito lleno de paquetes de pañales, Julián tenía vista panorámica del empleado de rodillas. No quiso reír, pero pudo evitar soltar un leve bufido al recordar lo que le había dicho ese empleado la primera vez que habían hablado. 

«Mirá que no soy puto, eh» y sin embargo ahí estaba, agachado casi a su lado, solo separados por un chango.

Julián soltó una risa ante lo bizarro del pensamiento y continuó acomodando. Su mirada se despegó de la góndola por unos segundos pero eso alcanzó para soltar el desastre. 

—¿Vos te estás riendo de mí? —le preguntó desde el suelo, con prepotencia.

Julián se despabiló de sus pensamientos y lo miró desconcertado.

—¿Qué? —respondió, con tono desorientado. 

—¿Que qué? ¿Me estabas mirando, pelotudo? —el sujeto se paró de un salto. Una mezcla de ira y rabia internalizada le empapaba la cara. La bronca que emitía lo hacía crecer de tamaño.

—N-no, nada que ver —llegó a decir, entrecortado. Tenía aún dos paquetes de toallitas en las manos. 

—Me estabas mirando el culo, ¿no, pelotudo? —la inacción de Julián parecía enojarlo aún más. 

El sujeto empujó el chango hacia atrás con fuerza. Julián sintió la manija chocar contra su abdomen. No tuvo tiempo de cubrirse con los brazos. El sujeto se acercó a él y lo impulsó contra las góndolas de manera violenta con las manos aferradas a las solapas de su remera. 

—Escuchame, puto de mierda, a mí no me mandás más al frente, ¿entendiste? —Julián sintió las gotas de saliva en su cara, al tiempo que el aliento caliente inundaba todo a su alrededor. Estaba agitado, los latidos del corazón le zumbaban en los oídos pero la sangre se le había helado. 

—¡¿Entendiste?! —reiteró el sujeto fuera de sí. Lo zamarreó de las solapas y provocó que se golpeara contra los estantes. 

Julián no dijo nada. Solo asintió. Rápido, con la cara pálida y la boca en una línea recta. Tenía la garganta seca, apenas podía respirar. El sujeto lo soltó y lo empujó una vez más contra las góndolas, como si quisiera darle un ultimátum. 

—Más te vale que no te enganche de nuevo mirándome el culo —reiteró con un dedo acusador mientras se alejaba. 

Se había quedado inmóvil hasta que escuchó que alguien más se acercaba. Al ver a una clienta, se incorporó y fingió acomodar los productos en el estante mientras hacía fuerza para no romper en lágrimas. 

El mentolado del cigarrillo aromó las palabras que, aun en su habitación, seguían retumbando en su cabeza. Las paredes reproducían las frases de manera amplificada y Julián no podía calmar el llanto. Lloraba demasiado para un hombre con un cuerpo tan escueto y tan pequeño. 

Puto de mierda, escuchaba. Al eco se le unieron los retos de su abuelo y las risas de sus primos.  

Puto pelotudo.

Percibió las burlas de sus compañeros de la secundaria y los llamados de atención de sus maestros. 

Puto marica.

Oyó las acusaciones de su padre y los lamentos al cielo de su madre. 

Puto asqueroso.

Por último, le retumbó el silencio. Pero no el propio, sino el silencio desolador de todos aquellos que se habían quedado callados, que no habían saltado a darle una mano. 

Puto fracasado. 

Con la imagen de mil dedos índices que apuntaban hacia él, siguió llorando y fumando su mentolado. 

Puto y todas sus variaciones. 

Julián se sentía devastado. Había pagado muchas cuotas durante su vida fuera del clóset, muchas multas por faltar a la heteronorma. No podía evitar frustrarse, ¿hasta cuándo las abonaría? 

Aquel atardecer, decidió nunca más volver. Terminó el cigarrillo mentolado. Escuchó la puerta de entrada y el sonido distintivo de su padre. Se secó la cara y se vistió con ropa de casa. Se dirigió fuera con intención de saludarlo. En una reacción instantánea, escondió los mentolados entre el colchón y la madera de la cama y salió a recibir a su padre con la caja de Philip Morris en la mano.


Recomendaciones: libros LGBTQ+

Junio es el #MesDelOrgullo pero hoy la situación de celebración no puede ser igual a la de los últimos tiempos. No se pueden hacer marchas ni fiestas; ni siquiera se puede festejar con amigues cercanes. A pesar de todo, podemos celebrar a la comunidad LGBTQ+ de otro modo. ¿Y qué mejor manera que leer acerca de personajes que integran y representan a la comunidad en el mundo literario?

«La hermana, la extranjera», de Audre Lorde (1984)

Esta colección de ensayos y discursos es perfecta para quienes disfrutan buenos análisis a nivel social. Si bien este libro ya tiene sus años, eso no significa que los temas que aborda no sigan en boga aún hoy: desde la necesidad de que exista un feminismo interseccional hasta la marginación sufrida por las parejas LGBTQ+ que crían hijes. Audre Lorde examina la desigualdad económica, la marginación, la homofobia, el machismo y la discriminación racial y social. 

«Se espera que las personas negras y del tercer mundo eduquen a las personas blancas sobre nuestra humanidad. Se espera que las mujeres eduquen a los hombres. Se espera que las lesbianas y los hombres homosexuales eduquen al mundo heterosexual. Los opresores mantienen su poscición y evaden su responsabilidad por sus propias acciones. Hay una pérdida constante de energía que podría utilizarse mejor para redefinirnos y diseñar escenarios realistas para alterar el presente y construir el futuro».

La hermana, la extranjera.

«Tan poca vida», de Hanya Yanagihara (2015)

A pesar de haber dejado la lista de bestsellers del New York Times hace un tiempo, este libro continúa en boca de muchas personas. Si bien es controversial por los temas que trata, quien lo ha leído puede dar fe de que es una historia impactante e inolvidable. Sigue a cuatro amigos que se conocen en la universidad y forjan una estrecha amistad. Este es un libro fuertemente vincular, desde relaciones de amistad y de pareja (incluye varias parejas homosexuales) hasta las familiares. Pero también explora situaciones de abuso, de autoflagelación y de enfermedades mentales. Es un libro difícil de leer por sus temáticas pero es uno que marca un antes y un después en la vida de une lectore. 

Advertencias de contenido: autolesiones, ideas de suicidio, intento de suicidio, desórdenes de alimentación, abuso físico de un menor, abuso doméstico, abuso de personajes con discapacidad, pérdida de un hijo, abuso, adicción a las drogas, agresión, violación sexual, pedofilia, trastorno de estrés postraumático, prostitución forzada de un menor de edad.

«¿Por qué la amistad no era tan buena como una relación? ¿Por qué no era aún mejor? Eran dos personas que permanecían juntas, día a día, no atadas por sexo o atracción física o dinero o hijos o propiedad, sino solo por el acuerdo compartido de continuar, la dedicación mutua a una unión que nunca podría codificarse».

Tan poca vida.

«George: simplemente sé tú mismo», de Alex Gino (2015)

Cuando las personas ven a George, la ven como un varón de 10 años. Sin embargo, ella sabe que no es un varón, es una chica. Esta es una historia sobre amistades, sobre descubrirse a une misme, sobre aceptación y sobre combatir contra los prejuicios y las injusticias. Si bien este libro está dirigido hacia una audiencia más joven, puede ser leído por todas las edades sin perder su calidad e impacto ya que trata una temática sumamente importante con una delicadeza y dulzura única. 

Advertencias de contenido: bullying, transfobia, misoginia.

«George se detuvo. Era una pregunta tan corta y pequeña pero no podía hacer que su boca formara sonidos: Mamá, ¿y si soy una niña?».

George: simplemente sé tú mismo.

«Todo me lleva a ti», de Nina Lacour (2014)

Ideal para quienes tengan interés en trabajar en cine, televisión o diseño de producción, este libro se trata de Emi, una chica que acaba de terminar sus estudios y empieza a trabajar en un set de grabación. Allí va forjando su camino con nuevas amistades y conoce a Ava, una persona completamente magnética. Este es un libro que explora las relaciones humanas modernas mientras hace un balance equilibrado entre temas serios y temas más livianos.  

Advertencias de contenido: sobredosis, vínculos familiares tóxicos, indigencia adolescente.

«Nos encantan las películas porque nos hacen sentir algo. Hablan de nuestros deseos, que nunca son pequeños. Nos permiten escapar, soñar y mirar a los ojos que son increíblemente hermosos y enormes. Nos llenan de anhelo. Pero también nos dicen que recordemos. Nos hacen acordar a la vida. Recuerden, dicen, cuanto duele que te rompan el corazón».

Todo me lleva a ti.

«Días sin final», de Sebastian Barry (2016)

Esta novela histórica, nominada para el Man Booker Prize en 2017, cuenta la historia de dos hombres durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Si bien está ambientada en un momento sumamente violento y cruel, el libro no deja de mostrar el lado más tierno de la vida: profundiza en particular en la vida de los dos amantes y su hija adoptiva. Es un texto que analiza las distintas dinámicas familiares y de pareja en un contexto completamente diferente al del día de hoy. 

«La memoria de un hombre tal vez tiene solo cien días claros y ha vivido miles. No se puede hacer mucho al respecto. Tenemos nuestra reserva de días y la gastamos como borrachos olvidadizos».

Días sin final

Algunas menciones especiales para seguir explorando otras historias:

  • «Orlando» por Virgina Woolf.
  • «La trilogía de la tierra fragmentada» por J. K. Jemisin.
  • «Un hombre soltero» por Christopher Isherwood.
  • «En la tierra somos fugazmente grandiosos» por Ocean Vuong.
  • «La canción de Aquiles» por Madeline Miller.
  • «Si yo fuera tu chica» por Meredith Russo.
  • «Qué nos hace humanos» por Jeff Garvin.
  • «Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo» por Benjamín Alire Sáenz.
  • «Variaciones Enigma» por André Aciman.
  • «Delta de Venus» por Anaïs Nin.