Mariana Enríquez: la exponente del terror en lo cotidiano

Mariana Enríquez es una periodista, escritora y docente argentina, perteneciente al grupo de escritores contemporáneos conocido como «nueva narrativa argentina».​ Sus cuentos, novelas, relatos de viajes y perfiles han recorrido el mundo entero y pisan fuerte en el escenario local. Actualmente fue seleccionada en la lista de Booker International con el libro de cuentos Los peligros de fumar en la cama y desde el año 2020 se desempeña como directora de Letras en el Fondo Nacional de las Artes.

Mariana nació en Buenos Aires, Argentina, en 1973. Se licenció en Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata y como periodista es subeditora del suplemento Radar del diario Página 12. Ha colaborado en las revistas TXT, La Mano, La mujer de mi vida y El Guardián. También participó en radio, en el programa «Gente de a pie», de Radio Nacional.

Como escritora publicó su primera novela, Bajar es lo peor, a los 21 años. Le siguieron Cómo desaparecer completamente (2004) y Chicos que vuelven (2011). Además editó los libros de relatos Los peligros de fumar en la cama (2009) y Las cosas que perdimos en el fuego (2016). Del mismo modo, cuenta con ensayos como Mitología celta (2007), Alguien camina sobre tu tumba: Mis viajes a cementerios (2013) y La hermana menor, un retrato de Silvina Ocampo (2014).

Fue galardonada en 2017 con el Premio Ciudad de Barcelona en la categoría «Literatura en lengua castellana» por su libro Las cosas que perdimos en el fuego. Y en 2019 se alzó como ganadora del Premio Herralde de la Editorial Anagrama con su última novela Nuestra parte de noche.

Mariana se ha constituido a través del tiempo como una exponente del género del terror. Reacia cuando se piensa en la literatura de mujeres como una literatura de lo íntimo, en una entrevista con el medio El Periódico le preguntaron acerca de por qué la atrae la oscuridad a la hora de contar historias y ella explicó que «leía sobre las torturas militares y a la vez a Poe».

Admiradora de Stephen King, la mayoría de sus cuentos no tienen un final completamente cerrado y se podría decir que terminan donde hay lugar para que empiece otro. La escritora toma la idea del terror de la realidad para crear una literatura inquietante que aprovecha los miedos de la clase media. Enríquez se inspira de los tropos otros autores, como Lovecraft y King, para crear una atmósfera preocupante, pero creíble en sus narrativas.

A la hora de escribir no se bloquea y cree que eso tiene que ver con su profesión de periodista. Le puede pasar que eso que sale no le gusta, pero sale. Por otro lado, ha confesado que en este momento de su vida preferiría escribir por las mañanas, pero aunque lo intenta no tiene tiempo: «Escribir es algo mucho más desordenado».

Mariana tiene una forma de narrar y de decir que sorprende. Compone los escenarios, relata la oscuridad y la tensión pero a la vez es totalmente accesible en sus palabras. En cuanto a otros géneros, lee mucha poesía, le gustan autores como Eliot, Rimbaud, Sylvia Plath, Antonio Cisneros. Pero, según sus palabras, no se atreve a escribirla.

«Cuando trabajaba en Sociedad en Página 12, le hizo una nota a un australiano que había viajado en bicicleta por África. En medio de la entrevista, el tipo se levantó y le dio un beso. Años después se casaron. Hoy viven juntos en una casa de Parque Chacabuco».

Fragmento de revista Anfibia.

Lo fantástico y los problemas sociales

Más allá de que sus relatos pertenecen al género fantástico y a lo extraño, sus historias no esquivan el contexto social ni las realidades más duras de nuestro país. Entre el suspenso y el misterio se pueden ver temas que dejan entrever la violencia de género, el bullying, la dictadura militar, las crisis socioeconómicas y la pobreza, entre otros.

Uno de sus cuentos más conocidos, «Chicos que vuelven», relata la historia de niñes perdides que reaparecen años más tarde en las mismas condiciones (de edad y físicas) en que desaparecieron.  Lo que en un principio para la autora fue un relato de zombis inspirado en una leyenda irlandesa que cuenta que las hadas se llevan a una persona y dejan otra idéntica en su lugar, en nuestro país no tardo en relacionarse con la trata de personas y con la desaparición de personas durante la dictadura cívico militar. «Después, hablando con Mariana Eva Pérez, la autora de Diario de una princesa montonera, ella me dijo: “En ese cuento hablás de gente como mi hermano, ¿no?”», confesó en una entrevista con Infobae.

Otro ejemplo puede observarse en Las cosas que perdimos en el fuego, un libro de relatos realistas atravesados por el terror, lo sobrenatural. En el cuento «El chico sucio», se relatan mediante la historia de un niño que duerme en la calle la pobreza y la indiferencia de la sociedad. Además, en este relato puede verse el contraste existente en el barrio de Constitución, donde hay pocas cuadras de diferencia entre los hoteles pertenecientes a grandes cadenas internaciones y las personas que viven en la extrema pobreza: duermen en la calle y pasan frío y hambre.

Quizás te interese leer: «#Reseña: Las cosas que perdimos en el fuego», por Eugenia Jambruia.

Pero la autora no se enmarca en un solo género. Este es el mar, en cambio, es una novela fantástica. Una novela breve que desarrolla un mundo nacido de una fusión de mitologías: la clásica y la del rock. Al mejor estilo Gaiman, crea hadas, mezcla de musas y destructoras, encargadas de producir leyendas. Surge así una explicación sobre las extrañas muertes de las más conocidas estrellas de rock: John Lennon, Jimi Hendrix y Kurt Cobain. Allí se pueden ver dos tópicos interesantes: el final del rock y el maltrato a las fanáticas.

En su literatura, Enríquez nos trae a una frontera entre nosotros y el otro y en ese espacio explora no solo la falta de humanidad entre humanos, sino también los problemas que envuelven a las grandes ciudades. Podría decirse que los tropos góticos de Mariana Enríquez encarnan los miedos de la gente real que vive en Buenos Aires.  El gótico urbano, género con el que se la identifica, representa las ansiedades de la clase media actual.


Fuentes:

Anfibia

Infobae

Foto de portada: El país


#Reseña Cometierra

Cometierra (2019) es la primera novela de Dolores Reyes. Luego de dedicarla «a las víctimas y sobrevivientes de femicidios», la joven escritora argentina se mete de lleno en una temática tan actual como sensible con un tratamiento que está a la altura de las circunstancias.

«Antes tragaba por mí, por la bronca, porque les molestaba y les daba vergüenza. Decían que la tierra es sucia, que se me iba a hinchar la panza como a un sapo. (…) Después empecé a comer tierra por otros que querían hablar. Otros, que ya se fueron».

«Cometierra».

La novela corta adelanta desde el comienzo, de forma clara y en primera persona, el particular hábito de su protagonista: comer tierra. Desde allí adquiere el apodo que titula esta historia. A pesar de que nunca sabemos cuál es su nombre real, llegamos a conocerla desde muy cerca a partir de un episodio que marcará su infancia para siempre: en el entierro de su madre, ella se entera mediante una visión que fue su padre quien la asesinó en un episodio de violencia de género.

Entre ranchos de chapa y barrios humildes, la pequeña deberá buscar junto a su hermano mayor, «el Walter», la forma de sobrevivir sin sus xadres. Ante la necesidad, ella decide empezar a cobrar por sus servicios, sacando provecho de su poder.

«LA TIERRA PARECE ENVENENARME»

El aditamento fundamental de esta novela es lo que sucede cuando Cometierra le hace honor a su apodo. Cuando ingiere tierra relacionada con ciertos cuerpos, ella tiene visiones. Y no cualquier tipo de visiones: puntualmente, ve qué les sucedió a personas desaparecidas que fueron violadas, secuestradas, golpeadas, asesinadas. Ve si están muertas o vivas. Ve en qué lugar les sucedió y hasta a veces ve a los victimarios.

No es algo que disfrute. De hecho, es un hábito que le genera bastante displacer. Sin embargo, con tal de ayudar a su hermano, comienza a aceptar una remuneración por sus servicios. Además, aunque aparenta ser una joven ruda y fría, siempre termina empatizando con esas víctimas y sus seres queridos, quienes buscan consuelo cuando lo único que les queda es la esperanza. La idea surgirá a partir de la insistencia de varios de sus vecinos, que le dejan anónimamente una botella con tierra, el nombre de la desaparecida y un teléfono en el frente de su casa.

tiempo y espacio

La riqueza de esta novela radica en que pudo haber pasado en Retiro, en Avellaneda, en Rosario, en Posadas o en cualquier barrio precario de la extensa Argentina. No es un factor de verdad importante dónde y cuándo transcurre una historia que traspasa la geografía y la temporalidad ya que, lamentablemente, la desaparición, el cautiverio y el asesinato de mujeres y feminidades en manos de la violencia de género es una realidad en nuestro país hace bastante tiempo.

Cometierra no busca ser una heroína. Ella recibe un don y con el tiempo comprende que puede ser muy útil cuando las instituciones estatales y policiales hacen agua en una investigación de este tipo. Si bien es algo que trasciende todas las clases sociales y estilos de vida posibles, sabemos que los índices de violencia de género son aun mayores en barrios carenciados. Cuando en su propia vecindad es moneda corriente el maltrato contra las mujeres, la responsabilidad de Cometierra crece más y más hasta un punto en el que quiere desligarse por completo de ese sexto sentido.

DOLORES REYES

La autora de «Cometierra» es docente, feminista y activista de izquierda. Nació en Buenos Aires, vive en Caseros y tiene siete hijos. Estudió Letras en la UBA pero confesó que el empujón para publicar se lo dieron los talleres de escritura de autores contemporáneos como Selva Almada o Julián López.

Comenzó a escribir esta historia cuatro años antes de publicarla, luego de escuchar una frase de un compañero que le sirvió de disparador: «tierra de cementerio». En ese mismo momento se imaginó a la pequeña Cometierra de espaldas, con las manos y la boca sucias de restos de tierra mezclada con restos humanos. Ella no lo ve como un elemento fantástico sino como un retorno a las raíces. Raíces en sentido figurativo y metafórico. La madre Naturaleza, luego de acoger a la madre de Cometierra, comienza a susurrarle sus secretos.

Cometierra – lavaca
Fuente: La Vaca.

Cuando le preguntan a Dolores qué relación tiene la novela con la actualidad argentina dice que mucha. Y es que Cometierra tiene el plus de un dialecto de fácil lectura para adolescentes, brindando a las vidrieras de las librerías más ostentosas un dialecto de conurbano o villero que le aporta verosimilitud al relato.

En Argentina ya va por la quinta edición y fue vendida a Estados Unidos y Europa. La historia que se compone de desapariciones, conurbano y cerveza barata está dando la vuelta al mundo. La recomiendo con fervor, ya que su extensión es inversamente proporcional al tiempo que continúa acechando en la memoria de le lectore, con cierta dulzura ácida. Igual que un trago de birra caliente en ayunas.


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